DISCLAIMER: Los personajes de la serie y el manga Candy Candy no me pertenecen, todos son propiedad de Kyoko Mizuki, yo solo los uso como fuente de inspiración.

Muchas gracias a todos por leer, por sus reviews y consejos. Les prometo que va a haber muchos besitos y sorpresas con nuestra querida parejita más adelante. Gracias por acompañarme en este viaje. Aquí les dejo el cuarto capi.

Capítulo IV: Un día aciago

La tarde del día domingo llegó y con ella la reunión anual de la familia Ardley. Las trompetas sonaron dando inicio a la cacería.

Aunque ya había pasado su presentación que era lo más serio, Candy todavía por alguna razón se sentía muy tensa.

-Ven Candy, por aquí- le pidió Anthony pasando en su caballo al lado de ella, Candy apresuró el suyo y le siguió.

-Anthony nos estamos alejando mucho-

- Sí Candy, lo hice a propósito es que quiero que conozcas un lugar muy especial para mí-

Los dos jóvenes llegaron a una pequeña colina en los límites de la propiedad de Lakewood, desde donde se podían observar los bosques y las propiedades vecinas.

-¡Es hermoso!- exclamó Candy maravillada. Anthony descendió de su caballo y se ofreció a ayudarla a bajar. Candy le sonrió en agradecimiento, colocó las manos sobre sus hombros mientras él la sostenía de la cintura para luego atraerla a tierra. Aquella acción los hizo quedar muy juntos.

Candy no podía dejar de mirar los grandes ojos de Anthony, y él no podía despegarlos a su vez de su boca roja como fresa, virginal, que invitaba a ser besada. Pero antes de que aquellos pensamientos hicieran presa de él y no se pudiera detener, se alejó, pensando que aquello podría asustarla. Jamás habría echo algo para faltarle el respeto a su pequeña pecosa. Candy sintió la falta de su cercanía.

-Este es uno de mis lugares favoritos- carraspeó el joven para aclarar la voz, disimulando los nervios.

-Me recuerda tanto a la colina de Pony- dijo ella alegremente acercándose a él, encantada de observar el paisaje.

-Solía jugar mucho aquí de pequeño, al igual que tú Candy en tu colina-comentó Anthony

-¡Genial, entonces la llamaremos la segunda colina de Pony!-dijo Candy con entusiasmo

-Tenemos que venir aquí más seguido-

-Lo haremos-respondió él – Candy me gustaría ir al Hogar de Pony, quiero conocer tu lugar especial, aquel donde viviste tantas alegrías-

-Pues te llevaré, es una promesa- respondió ella y le ofreció su dedito meñique en señal de alianza. El lo cruzó, aunque luego ya no se lo quería soltar. Ambos rieron.

El joven la miraba con amor y la niña se daba cuenta, aquello la hacia estar rebosante de alegría. Se alejó un poco, para sentir la fresca brisa de la tarde. Metió las manos en los bolsillos de su traje y pateó una piedrita del suelo, cuando se dio la vuelta vio que Anthony aún la miraba pero parecía algo triste, algo le ensombrecía, por lo que se acercó enseguida.

-¿Pasa… algo Anthony?- le preguntó, pero él no le sostenía la mirada.

-Sabes Candy, creo que he descubierto la identidad de tu príncipe- confesó

- ¿Qué dices?…- Candy entendió que eran los celos lo que lo ponían así y se tranquilizó- Ya no me importa el príncipe, Anthony, ya te lo dije antes, ya encontré a mi príncipe… eres tú- le dijo con ternura.

Los ojos azules de Anthony se iluminaron de felicidad. Una vez más Candy se puso roja de la vergüenza, pero se sentía más tranquila por haber dejado en claro sus sentimientos. Nerviosa, enseguida se subió al caballo. Anthony la imitó. Se acercó a ella con un sonriente gesto y la rodeó con su caballo.

Se sentía tan hermoso sentirlo a su alrededor, Candy simuló mirarse las uñas.

-Candy- le llamó él con dulzura.

-¿Qué?- ella trató de simular indiferencia, pero Anthony fue más rápido y sorprendiéndola le tomó una mano

Yo también te quiero princesa- le dijo depositando en ella un tierno beso. Candy sentía que el corazón se le iba a salir y Anthony pareció darse cuenta de ello puesto que con una sonrisa de victoria se alejó en su caballo.

-Sabes Candy, estaba pensando en decirte algo muy importante cuando fuéramos al Hogar de Pony, pero creo que mejor te lo diré esta noche en el baile… Vamos Candy tengo que atrapar al zorro para poder ser tu pareja durante toda la noche- la animó con un movimiento de cabeza que lanzó su pequeño flequillo rubio hacia atrás y se encaminó a la vereda del camino para empezar a buscar a la presa.

Candy lo observó empezar a cabalgar. Sabía que le gustaba la equitación y lo hacía con gallardía. Era caballero encantado y su fiel corcel. Cuando estaban juntos el jinete y su caballo parecían volverse uno. Con asombro lo vio correr a velocidad y lleno de concentración hasta saltar una empinada cerca de setos. Su grito de júbilo por el logro le corroboró lo felíz que estaba. Anthony le brindó una sonrisa llena de amor, sólo para ella, que estaba maravillada. Otra vez el efecto de la gravedad empezaba a aflorar aunque estuvieran a considerable distancia, y entonces sucedió algo que los distrajo. Escucharon un ruido provenir de entre unos arbustos cercanos.

Candy lo vio avanzar a Anthony lleno de curiosidad respirando aún con dificultad por el esfuerzo y su reciente excitación. Sin saber por qué le volvió su inexplicable nerviosismo.

Anthony ten cuidado!- exclamó

Pero él pareció no escucharla, continuó avanzando hasta que vio a lo lejos al animal más buscado.

-¡Allí está!- gritó - ¡Es mío! – y se lanzó a capturarlo.

-¡Anthony espérame! – le gritó Candy y avivando a su caballo salió tras él.

El zorro que había estado escondido detrás de un árbol decidió que era el momento de salir de su escondite ante la proximidad de su cazador, por lo que empezó a correr en busca de un mejor refugio, Anthony iba en pos de él ya con una mano en el lado derecho del cinturón donde llevaba la pistola con tranquilizantes que dormirían al animal por unas cuantas horas, como habían acordado vía cartas con el abuelo William y sus primos para no dañar a ninguna criatura del bosque. Más cuando ya lo tenía casi acorralado vio como un ejemplar mayor posiblemente la madre salía en defensa de su cría.

Candy que seguía todo muy de cerca, sabía que Anthony no iba a hacer nada para dañar a esa familia de zorros, y sin equivocarse observó como se obligaba a sí mismo a hacer una desviación brusca del caballo. Con angustia tanteo con la vista toda la extensión del área donde se encontraban y sus pupilas verdes que no le fallaban le permitieron divisar algo oxidado escondido entre la maleza. Con horror comprendió lo que era.

-¡Una trampa para osos! ¡Dios mío!- gritó llena de pánico, mientras veía a Anthony forcejear con el caballo para poder volver a ponerlo en el camino, cada vez más cerca del objeto. Sin saber como ni de donde sacó fuerzas, Candy se disparó en la dirección de Anthony demostrando toda la destreza de jinete que los años de experiencia en el Hogar de Pony le habían dejado.

"No puedo dejar que le pase nada, no puedo permitirlo" pensó.

-¡Anthony quítate!- gritó justo antes de arremeter contra él para sacarlo del camino.

-¡Candy que haces!- exclamó Anthony sin comprenderlo, este hecho hizo a su caballo blanco encabritarse pero supo reaccionar a tiempo. Pero Candy no corrió con la misma suerte y la calamidad que había estado evitando para él la tomó ella misma.

El caballo que montaba cayó en la trampa, y comenzó a brincar y retorcerse de dolor como un endemoniado, Candy intentó aferrarse con todas sus fuerzas para evitar caer, pero no pudo hacerlo por mucho tiempo.

-¡Candyyyy!- escuchó a su Anthony gritar con angustia, un instante antes de que el caballo frenara enviándola despedida por los aires.

-¡Candyyyyyy!- gritó el joven sin poder hacer nada.

Candy cayó rodando en un pantano que había a un lado del camino, golpeándose la cabeza peligrosamente con una roca en el acto.

El joven saltó de su caballo y corrió hacia ella a toda velocidad desaforado, llamándola, pero ella no respondía. Es más, por mucho que quería hacerlo no podía, no podía moverse siquiera.

Candy yacía boca abajo en el agua, podía escuchar a Anthony. Su niño bello estaba preocupado por ella. Sintió como llegaba hasta ella desesperado metiéndose en el fango y la tomaba entre sus brazos.

-Candy preciosa respóndeme- le suplicaba casi llorando y tocándole la cara.

Candy escuchaba su voz lejana, estaba sangrando, podía sentirlo. Intentó abrir los ojos pero la luz la cegaba, apenas podía definir su silueta.

-Anthony…- fue todo lo que pudo decir antes de que el dolor que sentía en la cabeza cobrara más intensidad provocando que todo a su alrededor se volviera negro. Había empezado su camino a la inconciencia.