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"AYUDA DE LOS CIELOS QUE VIENE DESDE LAS PROFUNDIDADES"
Los libros son maravillosos, te llevan a lugares que nunca imaginaste poder visitar, a mundo completamente desconocidos salvo por la imaginación, a tiempos lejanos que posiblemente ya no existen en nuestros días… Pero lo más hermoso de los libros es que son seguros, sabes que si abres un libro de sus páginas no saldrá un cocodrilo con intención de morderte una mano, tampoco abrirás la puerta del baño y encontrarás a Lord Voldemort apuntando con su varita cuando vas a media noche, no, los libros nunca dejarían escapar a los monstruos al exterior… porque los monstruos ya están afuera… ¿O no?
…
Tan cerca y tan lejos- seguía pensando Mag.
¿Cómo escapar? ¿Cómo evitar que Capricornio volviera a encerrarla en la cripta? Y aun mucho mejor ¿Cómo evitar que Basta les rebanara el cuello a cada uno de ellos?
Dedo Polvoriento bufaba al verse atrapado, los chaquetas negras iban a terminar por reagruparse y no dejarían que escaparan, y mucho peor él también sería encontrado culpable por ayudarles ¿cómo explicaría que le había llevado un libro a un lector? ¡Por qué había sido tan tonto para creer que esta inexperta chica iba a poder regresarlo a su libro! ¡Ella no era Lengua de Brujo!
El inspector Javert se llevó una mano al hombro presionando con fuerza intentando inútilmente de detener la sangre que no dejaba de correr. Jean Valjean intentó ayudarle pero fue separado bruscamente por parte del inspector francés.
¿Qué hacer? El tiempo se acababa y parecía que ninguno de ellos era capaz de pensar en un plan de escape. ¡Escape! ¡Eso era! ¡Él era Jean Valjean! ¡Con un poco de ayuda de la Providencia sabía que lo lograrían!
Tengo una idea- llamó de pronto la voz tranquilizadora del francés.
Mag se giro para verlo agradecía que por fin el problema del idioma se hubiera superado, tal vez los personajes de los libros después de superar el choque de ser arrancados de sus historias terminan por responder al idioma del lector que los trajo a este nuevo mundo. No importaba, lo que realmente significaba algo era que al menos uno de ellos tenía una idea y aunque fuera la más disparatada del mundo en ese momento Magdala la apoyaría.
Vamos a saltar- indicó Jean Valjean.
Mag se corrigió mentalmente "aunque fuera una idea disparatada que no incluyera saltar del puente que separaba al pueblo de Capricornio del resto del camino hacia el vacío infinito y chocar contra las frías aguas del río que corría por debajo a muchos metros de profundidad en una noche como esa la apoyaría"
¿Saltar?- fue lo único que se le ocurrió repetir.
Jean Valjean asintió.
¡Te has vuelto loco!- gritó sin importarle que los hombres de Capricornio ya se escuchaban más cerca.
Debemos escapar- explicó Jean Valjean.
¡Y en eso sois un experto!- gruñó Javert molesto tanto por la estúpida idea del exconvicto como por la herida de su hombro.
¿Saltar? Pensaba Javert ¡Quién pensaría en saltar de un puente!
Mag no quería terminar ahogada en un libro, es más se había sorprendido de la cara que había puesto Javert siendo que en el libro él mismo se… bueno, no importaba, en ese momento no importaba.
Yo no saltaré- declaró Dedo Polvoriento- así que no gracias.
Jean Valjean sabía que no tenían tiempo que perder así que mientras explicaba iba actuando.
Primero abrió la mochila de Dedo Polvoriento sacando a la martha con cuernos aun adormilada lanzándola contra su dueño, el animal mostro los afilados dientecillos como agujas pero no alcanzo a morder al antiguo señor Magdalena, una vez que la criaturilla fue sacada desparramo por todo el empedrado las cosas del escupe fuego como si se las hubieran arrebatado.
El saltimbanqui lo entendió al momento ¡Todo sería parte del espectáculo! El mismo Dedo Polvoriento ayudo al momento a Jean Valjean para que pareciera más real al fin y al cabo ya no tenían tiempo. Una vez listo el exconvicto le dio un ligero golpe a Dedo Polvoriento en la mejilla surcada por las cicatrices.
¡Qué estás haciendo!- preguntó Mag.
Haciendo que se vea más real- explicó ahora Dedo Polvoriento- yo me encargo, ahora escapen.
¿Qué pasará contigo?- volvió a preguntar Mag.
Dedo Polvoriento mostró una de sus enigmáticas sonrisas.
Soy un cobarde para saltar, les daré tiempo- y sin decir más se dejó caer en el suelo.
Esa era la señal, ya no había tiempo que perder, pese a las protestas de Mag, Jean Valjean la cargo como a un bulto de patatas sobre sus anchos hombros sin importarle los pataleos jaló con una mano libre al inspector Javert por el brazo donde el hombro no estaba lastimado y sin darles tiempo ni a uno ni a otro de decir algo más saltó del puente todo en el mismo instante en que Basta y Nariz Chata seguido de todos los jovencillos que habían reclutado llegaban para echarles una mano encima.
…
Los parques de diversiones sirven para dos cosas: una para vomitar el desayuno en la rueda de la fortuna y dos para gritar como loco por el horror de subirse a la montaña rusa. Saltar de un puente a plena noche sin saber si sobrevivirás o te romperás la cabeza contra las rocas es muy semejante a gritar como loco por el miedo de la caída libre o vomitar el desayuno porque el estomago te sube a la garganta.
¡Splash!
El golpe con el agua fue todavía cien veces peor que la caída libre. "Mantener las piernas derechas" había dicho su instructor de natación en la universidad, desafortunadamente para Mag se ahogaba en un vaso de agua. Jean Valjean había caído perfectamente al agua, un clavado perfecto mientras que Mag escupía agua como un animal marino que se hubiera perdido en mar abierto.
Gracias a la Providencia que ambos se mantenían a flote. Un momento ¿ambos? Ambos no son tres, les faltaba alguien ¿Dónde estaba Javert? Mag comenzó a gritar su nombre, a esa distancia era imposible que Basta les escuchara.
Jean Valjean se zambulló en las oscuras aguas, no veía nada más allá de su nariz. No es lo mismo escapar de presidio saltando al río a pleno día que a media noche.
El corazón de Mag latía con fuerza ¿Dónde estaban ambos franceses? ¿Dónde estaba Javert? ¿Y si se había ahogado? Una cosa es que el autor, que Víctor Hugo hubiera matado a su personaje en su libro, matado a un personaje de tinta y papel y otra muy diferente que tú, lector hubieras matado a un personaje que se había convertido en una persona de carne y hueso.
El agua estaba helada y la pobre chica ya no sabía si titiritaba de frío o de miedo por no tener noticias de ninguno de los dos personajes de Los Miserables, sentía que pasaba un minuto, dos segundos, tres… sin que tuviera noticias de ellos, ya estaba a punto de zambullirse a su vez para intentar buscarlos cuando con un sonoro bufido Jean Valjean sacó la cabeza exigiendo oxigeno.
Una vez más en esa misma noche Jean Valjean había salvado la vida del inspector Javert (ambos personajes seguían pensando que no había pasado más que unas horas después de que abandonaran la barricada de la calle Chanvrerie)
¿Qué había pasado? Jean Valjean y Mag habían caído uno perfectamente y la otra con esfuerzos decentemente al agua mientras Javert al estar lastimado de un hombro no había logrado caer lo más recto posible y había golpeado de lleno al agua quedando inconsciente, sin saberlo parecía que su final se repetiría en este mundo como había pasado en su libro si no hubiera sido por Jean Valjean que en el último momento había logrado atraparlo por la gabardina jalándolo hacia arriba.
Rápidamente Jean Valjean nado hacia la orilla izquierda del río luchando contra la fuerza de la corriente mientras Mag era prácticamente remolcada por este hombre santo. Solo llegar a la orilla y estar a salvo de ser jalados de nuevo por las aguas pudieron darse un ligero respiro.
Jean Valjean depositó el cuerpo de Javert en la tierra. Aunque los dientes de Mag no dejaban de chocar por el frío se acercó a ver como estaba el inspector.
-¿Javert? ¡Il n'est pas à respirer!
Mag no necesito enterder el francés de Jean Valjean para darse cuenta de lo desesperado de la situación ¡Javert no estaba respirando! En ese momento hasta el frío se le olvido.
Ahora fue el turno de Jean Valjean de hacerse a un lado. Mag no perdió ni un segundo en actuar, primero inclinó ligeramente la cabeza del inspector hacia atrás, después apretó suavemente su nariz al momento que cerraba su boca sobra la boca abierta del inspector sellándola completamente.
Para Jean Valjean era algo completamente nuevo.
Mientras Mag respiraba en la boca de Javert no perdía de vista pese a la oscuridad que los envolvía que el pecho del inspector se elevara. La chica se separó del francés mientras mentalmente contaba cinco segundos, nada, Javert seguía sin respirar. Una vez más volvió a repetir la operación, cinco segundos, Mag comenzaba a sentir miedo, Javert seguía sin respirar, no, no era momento de sentir miedo, una vez más volvió a colocarse sobre el inspector mientras su pecho seguía sin elevarse ni un poco a cada bocanada de aire.
Vamos, vamos- decía en voz alta- vamos…
Otros cinco minutos más, nada, Javert seguía sin arrojar toda el agua que había tragado. Dejando un momento la respiración boca a boca Mag comenzó a hacer presión a la altura de la boca del estomago del inspector. Cuando éste por fin comenzó a escupir el agua tanto Jean Valjean y Mag dieron un gran grito de alivio.
¡No podían creerlo! ¡Se habían salvado! ¡Habían escapado del pueblo de Capricornio!
Y una vez más la Providencia había venido en su auxilio, Javert se había salvado y respiraba por si mismo aunque había caído una vez más inconsciente tanto por el casi ahogarse y por la herida de su hombro. Jean Valjean con ayuda de Mag lo había acomodado en su fuerte espalda como en el libro había transportado a Marious.
No habían tenido que caminar mucho cuando encontraron la entrada de alguna mina abandonada, solamente ver que no había peligro se metieron y encendieron un agradable fuego para secarse y permitirle a Javert descansar.
Sabes- habló Mag por primera vez desde hacía un muy buen rato- me alegra que estén aquí conmigo… sin ustedes, no hubiera logrado salir de ahí… ustedes y Dedo Polvoriento.
Jean Valjean no dijo nada, solamente se acercó más a ella y le paso el brazo por los hombros como hacía con Cosette cuando era pequeña y tenía miedo o frío.
Gracias- musitó de nuevo Mag sintiéndose protegida como no se había sentido en mucho tiempo.
Lentamente se fue quedando dormida aun con la ropa mojada bajo el fuerte brazo de Jean Valjean.
Continuara…
