Candy bailaba al son de la música y jaló a Albert hacia ella para que se divirtieran juntos pero él no sabía cómo moverse, los músicos se rieron pues parecía un robot todo tieso, se apiadaron de él al ver su incompetencia con él ritmo y la siguiente pieza que tocaron fue música clásica con los instrumentos latinoamericanos idónea para bailar abrazados, en ese momento Albert la tomó por la cintura sintiéndose seguro supo los pasos, de pronto vio todo borroso, la cabeza le dio vueltas, se imaginó en un gran salón los que estaban a su alrededor tenían ropas muy elegantes charlaban con copas de champaña en las manos a lo lejos le pareció ver a una anciana conocida y a un hombre de cabello negro con bigotes, miró a su compañera de baile pensó que era Annie Britter.
—Lo siento Annie, me duele la cabeza, es mejor que sigas bailando con Archibald.
— ¿Quién es Annie?— le preguntó Candy con el entrecejo fruncido.
Albert volvió al presente y miró el rostro serio de la rubia.
—Candy, me mareé y mi mente se trasladó a otro lugar.
—Esto confirma que quizás si tengas pareja.
—No lo creo, a la mujer que me pareció ver sentí que me desagradaba.
Algunos transeúntes los habían rodeado para observarlos bailar, sonriente le propuso a Candy: ¿Quieres dar un espectáculo callejero?
—Si— respondió alegre, tenía tiempo que no se divertía la joven rubia.
El la guió, Candy parecía una muñeca en sus brazos pues él la hizo como quiso, algunas parejas de ancianos suspiraron al verlos, era hermosa la escena ambos guapos y atractivos en su sexo respectivo, al terminar les aplaudieron.
—Te invitaré helado o ¿Qué se te antoja? —preguntó Candy.
—Yo soy el que te debo invitar, soy el varón el que debe correr con los gastos del paseo.
— ¡Pero te quedaste sin dinero en una cena para mí!
—Dime que se te antoja de lo que venden en el parque.
—Una manzana enchilada
— ¿Ahorita de noche? Te puede dar gastritis lo picante.
—Si, para que al vendedor no se le eche a perder la mercancía.
Se sentaron en una banca para degustarla, Albert se compró una bañada con chocolate.
—No debes comer chocolate o te saldrá acné es más, me imagino que un hombre como tú ha de tener altos niveles de testosterona.
Albert comentó: El chocolate es bueno para la memoria además que da energías, en lo que estoy lúcido no me he visto ningún grano en la cara.
—Está bien, si tú lo dices— Candy pensó: Típico en los hombres no quieren cederle la razón a las mujeres.
—Me matriculé en la universidad abierta.
— ¡Excelente! Lástima que no puedas estudiar en el mismo campus al que asisto, me encantaría ser tu compañera de estudios eres muy inteligente, gracias por ayudarme con la investigación.
—No tienes que darme las gracias, es más deseo saber la calificación que te pondrán, pero mientras esté de chofer de Terry podemos vernos en la biblioteca del campus para hacer tareas, lo bueno de estar en la mansión del Duque es que hay equipos de cómputo por todos lados.
—Debes de tener tu equipo personal—Le sugirió Candy
—Trataré de dar un enganche en mi próxima quincena, el hijo del Duque quizás me pueda prestar la de él para hacer mis investigaciones.
El viento empezó a soplar, las hojas empezaron a caer, ellos se miraron fijamente y se besaron a Albert le quedó el rico sabor picoso de Candy y a ella lo dulce del chocolate de la manzana de él después de ese beso la llevó a su departamento. La mamá como siempre la puso a ejercitarse.
Albert llegó a la mansión del Duque fue a la biblioteca de la propiedad para conectarse en la universidad en línea, a las 10 de la noche entró Terry.
— ¿Qué haces aquí Albert?
—Estoy bajando los vídeos de mis clases en línea, sólo que está muy lento el equipo.
—Yo vine a buscar un libro, no me acordaba de una tarea ¿Por qué no me ayudas y te daré 50 libras? Además de prestarte mí laptop para que bajes más rápido tus vídeos, la tengo que entregar mañana a las 12 de día.
Albert pensó: No es correcto pero necesito dinero para comprarme mi computadora personal.
—Dígame el tema, yo se la hago.
—Pero me la tienes que dar antes para que lea un poco sobre el tema—le advirtió Terry.
—Se la daré temprano.
Terry le pasó su Mac Book Apple a Albert quien esa noche se quedó haciendo la tarea del castaño, la terminó a las dos de la mañana, la imprimió y aprovechó para hacer una de sus tareas ahí, puso una carpeta con su nombre, la máquina tenía un buen procesador por lo que pudo descargar sus vídeos rápidamente.
Al siguiente día Candy sacó la calificación más alta con la investigación que hizo y Terrence también aunque no le entendió nada a lo poco que estudió.
Después de la noche que Terry pasó con Susana se le quitó el interés por ella y trataba de esquivarla haciendo eso se metió a la biblioteca del campus viendo a unos metros que Albert estaba platicando con Candy.
—La novia de Albert es bonita, con razón se gastó casi todo su sueldo en una cena para impresionarla—Pensó Terry.
Candy le estaba exprimiendo un granito en la cara a Albert, él se quejaba un poco.
—Ahora te aguantas, te dije que te saldría acné por el chocolate, mi debilidad es exprimir los puntos negros y barritos, por cierto saqué la mejor puntuación en la investigación.
—Me alegra.
—Albert he visto tus ánimos de superarte y sería bueno que pusiéramos algún negocio ambos somos inteligentes, no importa que empecemos en la calle, así me iría del departamento de mi mamá y ya no manejaría mi vida.
El bostezó y ella se sintió un poco ofendida pues pensó que no le interesaba su plática.
— ¿De qué quieres platicar? veo que hasta sueño te está dando mi conversación—Le reprochó Candy.
—No pequeña no pienses eso, anoche me quedé haciendo un trabajo terminé hasta las dos de la mañana para ganarme algo extra, aquí entre nosotros fue una tarea para mi jefe chico.
—Albert eso no está bien, así no aprenderá nada, tan siquiera conmigo, me señalas donde leer y yo misma hago mi resumen.
—Lo sé pero así podré comprar más rápido mi computadora.
Ella se enterneció por los deseos de superarse de él.
Terry se acercó a ellos.
—Albert ¿No me presentas a tu novia?
—Señor Terrence, ella es Candy.
—Candy mucho gusto, soy el hijo del Duque de Granchester—dijo Terry extendiéndole la mano para estrechársela.
—Qué bueno– Dijo Candy poniéndose de pie—Albert me toca mi última clase luego te hablo, fue un gusto conocerlo Terrence—contestó pero no le dio la mano.
Ambos se quedaron embobados al verla partir.
—Está impresionante tu chica Albert.
—La de usted no se queda atrás hace rato me preguntó si lo había visto.
—Nunca le digas donde estoy, me iré apartando poco a poco de ella.
Albert sintió pena por Susana por como jugó Terry con sus sentimientos.
Esa tarde el Duque de Granchester le dijo a Albert que lo requería.
—Iré a una feria de emprendedores y quiero que vayas como mi asistente, para que luego me digas a quienes es factible apoyar.
Albert tuvo que hablarle a Candy para cancelar su cita con ella.
—De acuerdo pero necesito que me revises mi tarea para ver si está bien—negoció Candy con él.
—Mándamela a mi email—Albert le dio su dirección.
A las siete de la noche Albert recorrió todo el recinto donde lo llevó el Duque.
—Bien, dime con cuál de los emprendedores me voy.
—Yo me iría con la señorita china que fabrica los vidrios para las pantallas de los celulares—respondió Albert con seguridad.
El Duque le hizo la misma pregunta a su asesor financiero al cual le pagaba 5,000 Euros por cada asesoría y le contestó lo mismo.
Cuando iban de regreso a la mansión Granchester…
—Sabes Albert he decido nombrarte mi asistente personal, te pagaré 1,500 Euros quincenales.
Albert se preocupó pues ya no le sería posible ver a Candy en los recesos de la universidad porque siendo chofer de Terry podían pasar tiempo juntos, pero si se convertía en el asistente del Duque tendría que estar encerrado en una oficina casi todo el día.
Jacky Andrew espero hayas quedado complacida saludos. Acepto sugerencias de cual fic quieren que actualice el fin de semana.
