Los siguientes personajes NO me pertenecen a mí (excepto alguno que añadiré yo), pertenecen a Cassandra Clare. Hago esto sin ánimo de lucro. Todos los derechos reservados a sus respectivos dueños.
Muy buenas, aquí os traigo el tercer capítulo del fic. Espero que os guste. Porfi dejad reviews, que ayudan mucho. Siento haber tardado tanto con este, pero no he podido subirlo antes, lo siento.
CAPÍTULO 3
No podía dejar de darle vueltas a su anillo mientras observaba como la chica se pensaba su respuesta. Sabía que Lex no le podía ayudar, estaba donde Simon; no podía recurrir a sus hermanos, ya que eran un par de chivatos; y Frank le dijo que ``tenía cosas más importantes que hacer que ayudar a imbécil de su primo a salir del Instituto sin ser visto´´; así que tuvo que tomar medidas desesperadas: pedirle ayuda a la hermana de Lex, la cual tenía el mismo pelo negro y ojos marrones que él.
–No sé… ¿Qué estarías dispuesto a hacer, Herondale?–le dijo la chia, que le miraba con una sonrisa perversa.
–Ya lo sabes. Me puedes pedir cualquier cosa–Esta es capaz de pedirme que me recorra Times Square en pelotas pensó.
–¿Cualquier cosa?
–A ver, no cualquier cosa…
–Entonces no digas que harás cualquier cosa.
– Valerie–le dijo con tono serio–. Ve al grano.
–Vale, no hace falta ponerse en ese plan. Está bien, como no se me ocurre nada de momento, voy a hacer una excepción. Pero me debes una. ¿Qué tengo que hacer?
–Intentar que no me vean salir y, si preguntan por mí, decir que me encontraba mal y me he ido a dormir. Y que nadie entre en mi cuarto.
–¿Y cuánto tiempo te tengo que cubrir?
–Una hora–miró su reloj–. Hora y media como mucho.
–¿Desde cuándo se tarda tanto?
–Tardar tanto en qué.
–Venga, que no soy imbécil, y te conozco, Jon. Algo pasa entre esa mundana y tú.
–No hay nada entre esa mundana y yo. Y si hubiera una remotísima posibilidad, que no la hay, solo sería interés sexual.
–Ya, lo que tú digas…
Salieron de la habitación y se dirigieron a la biblioteca. La puerta estaba cerrada y se oían voces a través de ella.
–… y lo saben–decía una voz. Se oía bastante mal, así que no la reconoció.
–Yo pensaba que ya lo sabían–dijo otra voz.
–Lo sospechaban–ahora era un mujer la que hablaba.
–Ya os dije que yo podría haberme hecho pasar por el padre.
–Claro, como os parecéis tanto…
–Da igual. Si me hubieseis hecho caso esto no estaría pasando.
–Tu plan hacía aguas por todas partes, Jace.
¿Pero qué narices…? pensó Jon. Tenía que terminar de escuchar la conversación. Ahí estaba pasando algo muy raro.
–Jon, vamos–susurró Valerie–. Ya te enterarás luego.
–Calla–le dijo, y puso la oreja contra la puerta.
–… les mandarán con los Hermanos Silenciosos. Tienen miedo de lo que pueda pasar.
–No pueden hacer eso. Sólo son niños.
–La Ley es dura, pero es...
–¡La Ley es una gilipollez! Si fuera Jon estarías buscando soluciones hasta debajo de las piedras.
–¿Y te crees que no haría eso por mis sobrinos?
–No lo parece.
Valerie, que por su expresión se veía que se estaba hartando, le cogió de la manga de la chaqueta y le arrastró por el pasillo, y Jon, por su propia seguridad, tuvo que colaborar. Valerie podía ser letal con el látigo, o con cualquier cosa que tuviera a mano, así que lo mejor era no provocarla.
Por el camino se cruzaron con Ethan, su hermano pequeño, y Daniel, el hermano pequeño de Frank.
Siguieron caminando y llegaron al ascensor.
–Recuerda: hora y media como mucho.
–No hace falta que me lo repitas, Jonathan, ya me he enterado.
–Eso espero. Y no me llames Jonathan–dijo mientras se metía en el ascensor.
–¿Por?
–No me gusta–dijo, y pulsó el botón, y acto seguido el ascensor empezó a bajar.
…..O.O.O…..
El ambiente era asfixiante. Todo estaba lleno de gente y no se podía respirar. Al menos detrás de la barra había un poco de espacio, aunque no mucho. Por lo menos la música es buena pensó, y no se había dado cuenta de que llevaba todo este tiempo tarareando las canciones (no todas, solo las que se sabía).
–Dead I am the sky,
watching angels cry.
While they slowly turn,
conquering the worm.
Dig through the ditches,
and burn through the witches,
I slam in the back of my
Dragula!
–¿Llegará el día en el que no te sepas ninguna de las canciones que ponga?
–Si algún día pones las canciones de tu banda, puede. ¿Cómo era el nombre? ¿La pelusa del milenio?
–No me acuerdo ni yo–contestó su padre riendo–. Deberías preguntarle a Eric. Por cierto, ¿va a venir tu hermana?
–Eso no lo sabe ni el Ángel.
–Eso seguro. Lex, ¿puedo pedirte un favor?
–Supongo.
–Procura que nadie entre en mi despacho. Tengo unos asuntillos que atender.
–Oye, papá, un consejo: intentad atender esos ``asuntillos´´ en un lugar menos público. Y sin que yo me entere, que ya tengo varios traumas infantiles…
–Estarías soñando… y, además, se suponía que estabas dormido, y… Mejor me callo…–dijo, y se fue a su despacho.
…..O.O.O…..
En punto. Ya tendría que haber llegado. Y encima me estoy pelando de frío pensó mientras se subía la cremallera de la chaqueta.
–¿Sabes? Cuando alguien te dice que le esperes en un sitio no hace falta que sea fuera. Y menos con el frío que hace.
–¿Hace frío? ¿En serio? No me había dado cuenta–dijo Jon con sarcasmo.
–¿Siempre eres así?–preguntó Debbie.
–¿Así cómo?
–Olvídalo. ¿Vamos a ir a algún sitio o nos vamos a quedar aquí?
Empezaron a andar en silencio, y Jon se estaba impacientando. Hora y media como mucho se recordó. Se tardaba casi media hora desde donde estaban al Instituto. Se iba a quedar sin tiempo.
–Lo que te quería decir era que… Bueno… Como me dijiste que llamara si pasaba algo raro… Cuando mis padres murieron, yo… vi a un demonio de esos… les mató y los médicos dijeron que había sido una alucinación y…–estaba al borde del llanto.
–¿Tienes idea de por qué el demonio del otro día quería matarte?
–Si supiera algo sobre eso no estaría aquí hablando contigo.
Siguieron caminando en silencio hasta que Jon oyó algo, y notó cómo vibraba el sensor de su bolsillo. Qué bien pensó No me he traído el cuchillo.
...O.O.O…..
Hora y media como mucho. No te lo crees ni tú se dijo mientras miraba el reloj. Era la última vez que le ayudaba. Eso mismo dije la última vez pensó. Estaba apoyada en la encimera, y se suponía que estaba hablando con Frank, aunque era como hablarle a una pared.
–Y por si no lo sabías, Frankie, he estado manteniendo relaciones sexuales con mi hermano estos últimos meses–seguía sin hacerle caso–. Tierra llamando a Frank. ¿Frank? ¡Francis William Morgenstern, me quieres escuchar de una puñetera vez!
–Si te estoy escuchando.
–¿Y qué ha sido lo último que he dicho?
–Eh… ¿era algo de que el otro día ligaste?
Definitivamente, era como hablarle a una pared.
–Val, ¿tú qué harías?
–¿Qué haría de qué?
–Bueno, ya sabes, lo mío. No sé si decírselo a mis padres cuando vuelvan de Idris o esperar un poco más…
–Podrías preguntarle a Alec. Él tuvo que pasar por lo mismo.
–Sólo lo sabéis vosotros… Me da cosa decírselo a más gente.
–Tú estate seguro antes de salir del armario. Y ya sabes que nosotros te vamos a apoyar, digan lo digan.
Frank sonrió y cogió un libro de los que se había traído hacía un rato. Varios segundos después su tío Jace entró por la puerta.
–¿Habéis visto a Jon?–dijo.
–Se encontraba mal y se fue a dormir–contestó Valerie.
Cuando Jace estaba a punto de salir de la cocina (en busca de Jon, o al menos eso supuso Valerie), dijo lo primero que se le pasó por la cabeza, ya que a Jace no le iba a gustar descubrir que su hijo se había fugado por enésima vez.
–Tío Jace, espera… Quería preguntarte una cosa… Tengo una duda sobre… eh… demonios. Sí, demonios.
–Bueno, puedes preguntarle a Frank. Seguro que nadie ha leído sobre ese tema más que él.
–Ya… es que Frank también tiene esa misma duda.
Frank la dedicó una mirada asesina.
–De ti, Valerie, me lo creo. Pero Frank…
–Sí–dijo Frank, lo que sorprendió a la chica. Su primo siempre solía mantenerse al margen–. Nos estábamos preguntando cómo suelen aparecer los demonios mayores.
–Pues muy fácil…
…..O.O.O…..
La runa de parabatai le había empezado a hormiguear desde hacía un rato. Al principio pensó que se le habían subido las copas a la cabeza (lo que era raro, ya que no había tomado más de lo habitual, y no era mucho), pero al ver que no paraba se había empezado a preocupar. Conociendo a Jon, podía estar haciendo cualquier tontería. Se alejó de la barra y fue hacia la puerta trasera. No había traído su espada, pero siempre llevaba un cuchillo serafín encima, por si acaso.
Salió del local, cogió su móvil y marcó el número de Jon.
–Lex, ven corriendo. Estamos unas manzanas más abajo de donde tu padre. Nos han atacado un par de demonios y estoy sin armas–se oyó una voz de fondo–. Sí, le puedes tirar el palo, pero solo lo vas a cabrear más. Alexander, tienes que venir. YA.
Colgó el teléfono y salió corriendo a salvar al imbécil de su primo.
…..O.O.O…..
–¿Os ha quedado claro?–Jace ya se estaba hartando.
–Lo cierto es que no–contestó Valerie.
–Mirad, es imposible, a no ser que seáis tontitos, que creo que no es el caso, que tengáis tantas preguntas. IM-PO-SI-BLE. Aquí está pasando algo raro.
–Yo tengo una duda más–dijo Frank–. No tiene nada que ver con demonios, pero… A ver, cómo lo explico… Pongamos una situación hipotética ¿vale? Pongamos que tu hijo es gay, ¿qué harías?
–Me daría igual. No cambiaría nada entre nosotros. Y además, ¿a qué viene eso?
–Nada, es sólo curiosidad–Frank parecía algo nervioso–. Vale, ahora imagínate que eres mi padre. ¿Qué harías si te dijese que soy gay?
–No sé. No soy tu padre… Frank ¿a qué viene esto? ¿Eres… eres gay?
–Esto… Yo…
Antes de que pudiera responder, sonó el teléfono de Jace.
–¿Diga? Sí. Vale. Ahora vamos–colgó–. Avisad al resto–les dijo–. Nos vemos en el Puente de Brooklyn en quince minutos–salió de la cocina y se dirigió a la biblioteca.
–Ha faltado poco–dijo Valerie, y sacó su móvil. Buscó el número de Lex en el dial y le mandó un mensaje:
En el Puente de Brooklyn. En 15 min. Órdenes de Jace. Y trae a Jon. –V
…..O.O.O…..
El demonio estaba encima de él y a punto de morderle cuando se desintegró. Detrás estaba Lex, con la cara roja por el frío y un cuchillo en la mano.
–La próxima vez–dijo jadeando–te traes un cuchillo. O una estela. Lo que sea. Y como me vuelva a tener que recorrer media ciudad para salvarte, vas listo…
–Te dije que ser mi parabatai entrañaba sus riesgos.
–Ya… Bueno… ¿Y la chica? Y no me digas qué chica. La oí por el teléfono.
–La dije que saliera corriendo.
–¡Has pensado en los demás!-dijo con sarcasmo-Eso es algo impropio de ti–sacó el móvil de su bolsillo y leyó algo–. Bien, tenemos un cuarto de hora para volver al Instituto, coger las armas, cambiarnos e ir al Puente de Brooklyn.
–¿Cambiarnos?
–No esperarás aparecer lleno de icor cuando se supone que estabas encerrado en tu cuarto.
–Podemos decir que nos cruzamos con…
–Mira, podemos quedarnos aquí perdiendo el tiempo o podemos ir donde nos han mandado.
–Te echo una carrera–le dijo Jon desafiante.
–Prefiero coger un taxi.
–Sí… Bueno…Yo también…
Espero que os haya gustado. Espero tener el cuarto para la semana que viene. Y, por cierto, la canción que estaba cantando Lex era Dragula (Hot Rod Herman Remix) de Rob Zombie. Un abrazo psicológico, aquí Ghost, corto y cierro.
