La escena antes de los primeros corchetes es antes de que Trunks se declarara a 18. Espero se entiendan mis jaldas :P


Planes

"Corrió por las calles oscuras, saltando con agilidad los obstáculos y pisando apenas el suelo para no hacer ruido. Volaría, pero ya no tenía demasiadas energías, además, sería un blanco fácil para esas dos criaturas. Miró el final del callejón, observando del otro lado las calles desoladas, un edificio hecho añicos y ese cielo en tonalidades rojas y negras por el humo y el fuego que se esparcía en la ciudad. Si salía seguro lo notarían, pero debía irse, lo necesitaba.

Avanzó unos pasos más, ocultándose entre un poste un contenedor de basura, pegándose a la pared humeada y húmeda para tener un mejor ángulo de la situación. Sus ojos giraron de un lado al otro, sin olvidarse de escudriñar en el cielo también. Movió su mano derecha, sosteniendo su brazo izquierdo, el cual presentaba una herida, probablemente no muy grande, pero la pérdida de sangre lo estaba poniendo débil, sentía que en cualquier momento sus piernas iban a ceder y caería al suelo.

Estuvo seguro de que no había nadie, y comenzó a caminar otra vez, había escapado de entre los escombros y el polvo, y el olor a humo aún estaba impregnada en sus pulmones, dificultándole la respiración, además de que el ambiente no ayudaba en nada, el olor a muerte corría a través de la leve corriente. Se asomó a la carretera, vigilando ambos lados y estando seguro de nuevo avanzó despacio por el pavimento, si tenía suerte podría alzar el vuelo dentro de unas cuantas calles. Pero claro, lo que menos tenía en su vida era suerte.

Un siseo rompió el aire, y apenas tuvo unos escasos dos segundos para saltar a un lado y esquivar el ataque, el cual creó un enorme cráter en el suelo. Cayó a unos metros, aterrizando de pie apenas de milagro, girándose bruscamente en la dirección en donde había venido aquel ataque, vislumbrando entre las penumbras del cielo una silueta, una delgada y afeminada. Giró sus ojos azules en esa dirección, colocándose en posición defensiva, pero aun sin soltar su brazo herido.

-Vaya, veo que fallé…- dijo la voz, burlona, mientras lentamente salía de la oscuridad, mostrando su indeseable rostro.

-Di-Dieciocho…- dijo entre dientes, apretando la mandíbula, sintiendo extraño escuchar su propia voz, se oía… diferente. Además, se suponía lo sabía, ¿Por qué en el fondo estaba impresionad? No tuvo tiempo de pensar más, la mujer volvió a lanzar más ataques en su dirección, y apenas tenía las energías para esquivarlo.

-Vamos, deja de moverte…- le dijo, como si verdaderamente le fuera a hacer caso. Trunks comenzó a correr, tratando nuevamente de perderse entre las construcciones, pero sintió esa sensación, ese aire frío atravesando su columna vertebral. Sus pies frenaron, y a sus espaldas sintió también esa sensación. La presencia de los androides. Después de años y años de luchar contra ellos al fin podía decir que era capaz de sentirlos, de captar lo incapturable.

Frente a él, la otra silueta comenzó a marcarse, no podía ver su rostro, ni su ropa, solo sabía que era un hombre y que tenía el cabello largo al hombro. Trató de ver más, pero no podía, aquel rostro se mantenía en las penumbras, acercándose lentamente. Era extraño, sabía su nombre y sabía también que era el hermano de Dieciocho, pero su rostro, sintió una extraña curiosidad por saber cómo era. Y fue ahí cuando comprendió que eso era irreal."

Despertó agitado, mirando a su alrededor con desconcierto e intriga, incorporándose de su posición. Miró alrededor, encontrando a Goten durmiendo apenas unos pocos metros de él, enredado en su calientita cobija que su mamá había empacado para él. Se revisó él mismo, comenzando por su brazo izquierdo, era raro, estaba completamente intacto, pero aun podía sentir el cosquilleo de la sangre brotando de su herida. Se recostó de nuevo sobre su cama improvisada, observando el bosque a su alrededor.

Miró a su lado, prestando un poco de atención a la bolsa de malvaviscos que estaban ahora en el suelo, y de hecho había unos pocos esparcidos por el suelo. Frunció el ceño, recordaba haberlos cerrado adecuadamente y haberlos puesto sobre el tronco junto a él. Negó, probablemente Goten había sido en sus impulsos por seguir comiendo sin medida. Cerró los ojos, dispuesto a tratar de dormir otra vez, pero la sensación fría de su sueño volvió a él, y sus ojos grandes y azules se fueron contra el paisaje, a un lado específicamente.

Angostó la mirada, no sabía que era o que pasaba, pero se sentía igual que en sus pesadillas, esas que no sabía que eran, ni por que, muchas veces veía a Gohan tirado en el suelo y a él llorando, pero… si Gohan y él apenas y se hablaban ¿Qué diablos significaba todo eso? ¿Porque era como si lo hubiera vivido? No lo sabía, pero si podía recordar al androide, a la mamá de Marron, a esa mujer que guardaba aun un gran misterio para él, y a la cual ahora podía sentir, estaba seguro de eso.

Lo que no entendía era porque sentía como si ella estuviera ahí, observándolo, asechando… podía sentirla, ese escalofrío en la columna, la sensación de levantarse y buscar. Pero en el fondo sabía bien que no era así, y que esa mujer no iba a estar desperdiciando su tiempo siguiéndolo. Pero entonces, ¿Qué era? ¿Quién era? Rememoró un poco más su reciente sueño, y se cruzó con ese último individuo. ¿Sería él? No, eso era estúpido, aquel androide ni siquiera lo conocía, ninguno de los dos se conocía, era más fácil que solo estuviera alucinando esas sensaciones.

[…]

Había pasado una semana desde que Marron había cumplido años, y Trunks no podía sacarse de la cabeza la idea de que debía hacer algo, de que debía acercarse a su amiga más… ´íntimamente´. No quería ponerlo como tal, pero en el fondo sabía que el repentino interés se debía a que la muchacha se parecía en demasía a Dieciocho, y que eventualmente con un poco más de años, y el corte adecuado, tendría un perfecto y bonito clon. Uno solo para él.

Sí, probablemente Marron no tenía ese toque seductor como su madre, esa madurez acompañada de una cara seria, fría y calculadora, atractivamente feroz. Pero la menor tenía lo suyo, además de que la conocía desde hacía tiempo y habían crecido juntos, era bastante ingenua, y el mejor punto de todos, no era casada y tenía su edad. Además de eso había otros puntos buenos, como que así probablemente se olvidara de Dieciocho, y a sabiendas de que le gustaba a Marron, la haría indudablemente feliz.

Así que había tomado una decisión, tenía un plan y lo había pensado adecuadamente, la conquistaría. Marron sería solo suya. –Si no te tengo a ti, obtendré a tu hija a cambio…- murmuró, mirando el techo de su habitación y lanzando nuevamente la pelota, la cual rebotó llegando a sus manos nuevamente. La dejó en el mueble de noche al lado de su cama, girándose entre las cobijas y metiéndose dentro, acurrucándose y dando un último vistazo al reloj a su lado.

"Las tres de la mañana" leyó, no quería dormir, debía admitirlo, pero estaba realmente cansado y tenía bastante que hacer, pero había algo que se lo impedía. Cerró los ojos, tratando de no pensar en nada, pero ahí estaba de nuevo, esa sensación que lo enloquecía. Su rostro se frunció en una mueca, abriendo sus parpados y dando un rápido vistazo a su alrededor. Nada, de nuevo. Soltó un suspiro, repitiéndose a sí mismo que probablemente estuviese alucinando, que definitivamente nadie estaba ahí, observando.

Trató de dormir una vez más, pero el sudor frío recorrió su espalda y se vio obligado a abrir los ojos, parecía ser la única forma en la que aquello, fuese lo que fuese, lo dejaba de mirar. Se movió sobre el colchó, quedándose fijo en el otro lado, clavando sus ojos en la ventana que daba al patio. Ahí era donde lo sentía. Donde la sentía. Negó rápidamente. No podía darse el lujo de seguir pensando en ella, de seguir creyendo que ella estaba ahí. No por él.

No era la primera vez que le pasaba, no era la primera vez que sentía aquellos ojos sobre su persona, al menos no entre la soledad y la oscuridad, lo que al parecer era su fuerte. Pero habían pasado casi un año desde la primera vez, desde que él y Goten habían acampado en medio del bosque. ¿A que veía ahora, después de tanto? Y la peor parte era que esa era la tercera noche seguida. Probablemente se estaba volviendo loco, y lo peor de todo era que cuando sentía aquello cerca, soñaba con aquellas atrocidades y sus manos llenas de sangre bajo la lluvia. Al parecer, esa noche tampoco dormiría.

[…]

-¡Hey! ¡Marron! – saludó alegre, descendiendo sobre la pequeña casa en medio del mar. La chica lo miró, parada en medio del patio y saludando alegremente al cielo.

-Trunks, Que gusto, ¿pasa algo? – dijo ella muy sonriente mirándolo poner los pies en el suelo, el muchacho negó brevemente, mirando al frente a la iguana que era alimentada en ese momento.

-Solo he venido a visitarte… ¿Estas ocupada? – la chica casi salta de la alegría al oír eso, apretando la bolsa de alimento entre sus manos y provocando que cayera al suelo un poco.

-N-No… claro que no… pasa por favor…- él sonrió a gusto, asintiendo y comenzando a seguir a la rubia que se movía nerviosa frente a él.

Entraron a la casa, y lo primero que Trunks hizo fue buscar con la mirada en el interior. Encontró al maestro Roshi, sentado muy a gusto frente al televisor, mirando a las muchachonas del programa hacer ejercicio en poca ropa. Después de un breve saludo ambos se pasaron derecho, subiendo a la segunda planta hasta la habitación de la chica, la cual era pequeña, pero acomodada muy detalladamente. Marron no sabía si estaba haciendo bien en llevar a un hombre a su cuarto, pero dada la situación de que ese hombre era Trunks, entonces no había problema.

-¿Dónde están tus padres? – no pudo contener su curiosidad, sentándose en el borde de la cama con forro rosa.

-Salieron a nadar un rato… ya sabes…- se encogió de hombros, tratando de dar por terminada la conversación, pues de lo que hacían sus papás era de lo último que quería hablar.

-Sí. Cambiando de tema, te ves muy bonita hoy – halagó, sonriendo para sus adentros al verla sonrojada. –Bueno, más que lo de costumbre – Marron no sabía a qué iba todo eso, limitándose a bajar la mirada y sentarse al lado del muchacho.

-La he cuidado bien – murmuró ella, y Trunks levantó una ceja sin entender. –A la iguana… le puse Larry… - Trunks quiso golpearse la frente ante el cambio de tema, pero terminó riendo, era tan absurdo eso.

Continuaron hablando, y la verdad es que ambos encontraron muy difícil seguir el hilo de una conversación, es decir, era la primera vez que estaban ellos dos solos, sin nadie que dijera tonterías, o alguien a quien regañar, sin Goten se formaban largos silencios un tanto incomodos dada la situación. Trunks debía admitir que al final había resultado interesante la charla, y que había muchas cosas que no sabía de Marron, y que muy probablemente sería capaz de superar en su totalidad su ´problemita´ sentimental, y que su dulzura terminaría por enamorarlo.

-Tus padres…- cortó en un momento el chico, y Marron ladeó la cabeza sin comprender. –El Ki de tu padre viene para acá… será mejor que bajemos…- a la rubia no le dijeron dos veces, y ambos se levantaron en dirección a la cocina.

La puerta se abrió justo cuando ambos frenaron en el final de la escalera. El rostro de Trunks se tiñó de rojo, mientras su cuerpo se tensaba y sus ojos parecían salirse de sus cuencas. Dieciocho entró a la casa, portando únicamente un traje de baño blanco de dos piezas, tan pegado y húmedo que casi parecía transparente. Tenía una toalla amarilla en la mano, con la cual sacudía su brillante cabello dorado sin prestar atención alrededor. Krillin venía tras ella, pero igual de distraído que no fueron conscientes de la presencia de su invitado.

-¡Hay! ¡Dieciocho, querida, déjame ayudarte a secar tu cuerpecito! – exclamó Muten Roshi, mirándola con cara de degenerado, o sea, la de siempre.

-¡Abuelo! – lo regañó Marron antes que la mujer pudiera decir algo, mirando inmediatamente en su dirección.

Sus ojos se cruzaron con los de Trunks, quien no despegaba la vista de su cuerpo. Al percatarse de esto la mujer artificial se colocó la toalla en el pecho, frunciendo el ceño y mirando retadoramente a Trunks, molesta e incómoda. El muchacho sonrió de medio lado al notar la reacción, guardando sus manos en sus bolsillos casualmente, Krillin notó su presencia y saludó alegremente, pero ni eso evitó que ambos dejaran de mirarse, solo que el hombre bajito no fue consciente de eso.

-Voy a vestirme…- anunció la mujer, envolviéndose mejor en el trapo y avanzando por la sala principal. Maldijo en su interior que ellos estuvieran a la mitad de su camino, manteniendo la mirada pegada al suelo para no tener que ver esos ojos azules que escudriñaban su cuerpo. La hacían sentir tan sucia.

Pasó al lado del chico, quien gracias a su posición detrás de Marron y fuera del rango que Krillin, pudo seguirla con la vista, deleitándose también de la figura de aquella mujer por detrás. Sonrió brevemente, pero luego esa expresión se difuminó al concentrarse un poco después de recordar un detalle que quería comprobar. Sí, Dieciocho se sentía igual a todas esas noches.

-¡Hey! ¡Trunks! – el chico volteó bruscamente al frente, encontrando a Krillin mirándolo atentamente. –Te pregunté cómo estaba tu madre…- repitió, y el muchacho de cabello lavanda agradeció que ese hombre fuese tan confiado y tan amable, de ser cualquier otro habría notado que estaba babeando por su esposa.

-Oh, muy bien, gracias – respondió, devolviendo la sonrisa con naturalidad. –Su embarazo está por finalizar, está más que emocionada – comentó, y Krillin nuevamente se emocionó en demasía.

-¡Qué felicidad! ¡La familia sigue haciéndose más y más grande! – sus ojos brillaron mientras miraba al techo, pero en un segundo se volvió bruscamente a los dos muchachos. -¡Aunque eso no significa que pueden hacerme abuelo todavía! Podrán tener hijos cuando se casen – advirtió. El rostro de Marron se puso rojo hasta su punto máximo, pero Trunks solo comenzó a reír muy divertido. Al parecer Krillin se estaba adelantando a sus planes.

-¡Papá! ¡No digas cosas como esas! – se cubrió el rostro, pero hasta la iguana Larry allá afuera podía notar que a la chica la idea le venía de maravilla.

-Tranquila Marron, está bien…- dijo Trunks, colocando una mano sobre su hombro, pero esto sólo logró que la rubia se avergonzara más, en donde la única palabra en su cabeza era "Está bien".

Después de un rato más en la que pasaron riendo y en donde los dos hombres se encargaban de avergonzar a la muchacha, Trunks se despidió, alzando el vuelo y haciendo su conteo mental mientras atravesaba el cielo dentro de su puntuación imaginaría. Había ganado mucho score con esa visita, probablemente pronto lo tendría todo en sus manos. Y que mejor, había obtenido una imagen perfecta de Dieciocho, vaya, y pensar que probablemente sería su futura suegra, ¿Quién lo diría? Bueno, al menos así podría seguir viéndola, aunque en efecto eso arruinaba sus planes de querer olvidarla.

Pasó el resto de la tarde en su cuarto, durmiendo a lapsos aprovechando que no sentía nada por ningún lado, estaba bastante cansado. Por desgracia la noche llegó, y con esta la presencia. Despertó debido a ella, ya que en momentos parecía estar a su lado, maldiciendo interiormente cuando se dio cuenta que el sueño se le había espantado otra vez. Se rodó hasta mirar el techo, colocando sus manos detrás de su cabeza para estirarse un poco.

A su cabeza, sin desearlo, llegaron los recuerdos de la mujer artificial, sus curvas, sus redondos senos atrapados por el ajustado sostén, marcados a través de la delgada tela. La piel se le erizó, y los recuerdos de sus caderas moviéndose lentamente al caminar, la figura de sus largas piernas desde atrás. Apretó los parpados, recordando incluso el sudor frío que corría su espalda cuando estaba junto a ella. El mismo que lo acosaba ahora.

Su cerebro voló, y de un momento a otro su corazón latía muy rápido, mientras cierta zona de su cuerpo pedía atención. Deslizó la mano por su abdomen, llegando hasta ese punto, confundiendo todo en su cabeza mientras esa sensación de ser mirado por ese ente frío no hacía más que perderlo más imaginando que era ella. Las sábanas se movieron sobre él, enmarcando sus movimientos, lentos y luego rápidos, en donde solo podía pensar en la silueta de aquella mujer mientras jadeaba lentamente su nombre.

No fue consiente del momento en que aquello dejó de verlo.

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Suspiró, frotándose la frente y tratando de concentrarse en las libretas que tenía al frente. Estaba harto, ya ni siquiera comprendía lo que leía, solo había números y números, tonterías y cosas que no le importaban en lo absoluto. Cosas que detestaba y que no quería volver a tener que ver con ellas. Se quitó los lentes, dejándolos sobre la mesa y masajeándose un poco el puente de la nariz. Sintió su propia mano temblar frente a su rostro, y la apretó al recordar las palabras de Goten.

Se sintió de mal humor repentinamente, sintiendo que era necesario fumar uno o dos cigarrillos. Se puso de pie, abandonando la mesa de la cocina que había tomado como su escritorio improvisado, atravesando un lado de la casa para salir al patio. Se detuvo en las escaleras de la puerta, sacando su cajetilla de inmediato y colocándose uno de esos delgados objetos entre los labios, encendiéndolo y aspirando fuertemente, como si pudiera eliminar toda esa tensión llenándose los pulmones de humo.

-Que novedad – escuchó una voz a sus espaldas, y frunció el entrecejo frustrado, lo último que quería eran regaños y sermones.

-Buenas noches, papá – soltó sin girarse a verlo, tirando la ceniza de su cigarro y colocándolo de nuevo en su boca.

-No entiendo el gusto que tienes por esa por quería, solo te destruye, lo que deberías hacer es entrenar, has perdido forma – Trunks rodó los ojos, harto de lo que siempre le decía Vegeta, había escuchado ese regaño desde el día en que nació.

-Entrenar, entrenar, entrenar… ¿No sabes decir otra cosa? – las facciones de Vegeta se apretaron más con esa falta de respeto, pero no dijo nada, solo se cruzó de brazos, dispuesto a escuchar lo que tenía que decir. –No todo es entrenar, ¿sabes? De hecho, lo último que quiero es eso… ¿Por qué no vas a retar al señor Goku y me dejas de una vez? – El príncipe saiyajin quiso reír ante sus palabras que para él solo significaban una invitación a romperle la cara, pero mantuvo la compostura, avanzando un poco hasta estar a la par con él.

-Deja de actuar como un idiota – le dijo, pero el chico estaba fijo en el cielo como si no le prestara atención. -¡Mírate! – le agarró la mano que sostenía el cigarrillo, la cual temblaba aun. –Te estas matando, Trunks. Por más que quieras no eres un humano, necesitas liberar todo eso, necesitas pelear… déjale todas esas tonterías de la empresa a alguien más… vas a destruirte – le advirtió, y aunque se le quedó mirando en duda unos momentos, zafó su brazo sin dificultad.

-No lo necesito, no soy el único aquí que se ha adaptado a esta vida – bajó la mirada, dejando que el tabaco se consumiera solo, marcando un delgado y denso camino de humo hacía el cielo.

-Kakarotto y los suyos entrenan, también tu hermana… - hizo énfasis en ese punto, pero Trunks solo atinó a volver a rodar los ojos. –Claro, a menos que tu problema radique en ´otro´ asunto – dijo con burla, levantando la cara con altanería.

-Deja de decir idioteces – tiró la colilla entre el pasto, dándole en pisotón y terminando con esa leve luz roja entre el suelo. Se giró dejando a su padre atrás, sabiendo de sobra que Vegeta estaba sonriendo con superioridad, con confianza a sabiendas de que tenía razón, porque tal vez la tenía. Necesitaba acabar con toda esa mierda pronto.

[…]

Miró hacia abajo, suspirando al encontrar esa pequeña casa rosa después de tanto tiempo, y siendo sincero, jamás creyó que sería tanto. Descendió después de pensársela un momento, clavando sus botas entre la arena, buscando de inmediato entre el paisaje lo que buscaba. Miró al Maestro Roshi dormir bajó una palmera, con una revista para adultos en el rostro, como de costumbre. Se adentró, a sabiendas de que eran los cercanos suficientes como para tener esa confianza.

Abrió la puerta, mirando a Oolong sentado frente a la TV junto con la tortuga. Ambos lo miraron, dando un rápido saludo con la mano y regresando su atención a la pantalla. Podía sentirla, y sabía que estaba en su habitación, pero también sentía el Ki de Krillin en el segundo piso, y no sabía si era apropiado o no entrar, después de todo era muy probable que ellos supieran de su pequeño "Descuido" y terminaran por echarlo a patadas de ahí.

-¿Qué haces ahí parado? Entra de una vez…- la voz inconfundible de Dieciocho se escuchó a sus espaldas, y él se giró en la puerta, quitándose del camino y contemplando un momento a la mujer, quien cargaba bolsas del mercado, pasando a su lado sin el mayor interés.

Trunks tragó saliva, sintiendo sus manos temblar más al tenerla cerca, así que tomó el picaporte, tratando de disimular así el movimiento. –Marron…- fue lo único que dijo, no hacía falta más.

-Ya sabes donde esta… solo ve y déjame en paz…- desde una ´pequeña´ conversación hacía ya unos años, la mujer había tomado gran distancia con él, y debido a las cosas del entorno, ambos se limitaban a hablarse lo sumamente necesario.

Trunks asintió, guardando sus manos en las bolsas de su chamarra antes de subir las escaleras. Trató de regular su respiración, pero le costaba mucho trabajo, era inevitable no sentirse así de nervioso después de todas esas cosas que había pensado, sentido y soñado. Se detuvo frente a la puerta de la muchacha, agradeciendo que Krillin no estuviera con ella, y que la mujer artificial no se hubiese lanzado a querer matarlo, eso solo significaba que las cosas estaban mejor de lo que creía.

Abrió la puerta, y la encontró acostada en la cama, sosteniendo su teléfono sobre su rosto y riendo muy feliz al mirar algo sobre la pantalla. Se sorprendió un poco, y hubiese seguido observando si Marron no se hubiese percatado de su presencia. Su sonrisa se borró, cerrando su móvil y colocándolo sobre el colchó a su lado, mirándolo furiosamente.

-¿Qué haces aquí? – preguntó con brusquedad, y el chico bajó la mirada un momento para pensar, o más bien para recordar sus planes de re-conquista.

-He venido a hablar, yo estoy muy arrepentido y quiero solucionar todo esto – dijo, y si ella no lo hubiera visto con sus propios ojos, seguro que le creería.

-Creí haber sido clara cuando dije que no me buscaras – el muchacho dudó un momento, pero la miró, dando unos breves pasos dentro del cuarto.

-Sí, pero no podemos dejar esto así, no después de tanto tiempo, no después de todo lo que yo te amo – Marron rió sarcástica, muy distinto a lo que él habría pensado que haría, pues creyó que se ablandaría con esa palabra.

-No lo creo, Trunks, ya no creo eso… y sabes, creo que debo agradecerte…- formó una sonrisa en sus labios, recordando las palabras y los momentos con "otra" persona. –Si no me hubieras engañado no me habría dado cuenta el error que estaba cometiendo, y la clase de persona que eres…- el hijo de Bulma no podía creer que estaba oyendo eso de verdad, era tanta su incredulidad, que sus labios formaron una sonrisa divertida.

-¿Hablas en serio? ¿Crees que puedes olvidarlo todo? ¿Crees que puedes olvidarme? – Marron se enfureció ante su altanería, cruzándose de brazos y formando un rostro de seguridad.

-Estoy tan segura de eso que ya comencé a hacerlo… mira, porque no haces lo mismo y te olvidas de este asunto, vete por favor – se bajó finalmente de la cama, en donde había estado arrodillada durante la charla, avanzando a la puerta con determinación.

-Yo no me voy, no hasta que arreglemos esto – a la rubia le dio un poco de miedo, pues los dientes de Trunks estaban apretados y sus palabras eran rudas y golpeadas.

-¿No ves que no tiene arreglo? Por favor, Trunks, déjalo así y deja de hacerme más daño… ¿sí? – pidió un poco más racional, tomando la puerta para poder cerrarla y sacarlo, pero la mano fuerte de Trunks se cerró fuertemente en su muñeca, haciéndola retorcer el rostro en una mueca de dolor. –Suéltame – pidió, pero él pareció no oír, dando otro paso para cerrar la distancia entre los dos.

-No. Ya te dije que vamos a hablarlo, no te voy a dejar ir… te lo dije… de ninguna manera vas a dejarme…- murmuró cerca de su cara, mientras la chica forcejeaba inútilmente por soltarse.

-¡Los jóvenes y el amor! – dijo Krillin desde la puerta de su cuarto, mirando desde una perspectiva en donde más bien parecía que disfrutaban de su cercanía, y no que uno de los dos estaba a punto de perder la mano.

-Sí, solo que Trunks ya se iba – el mencionado soltó su mano, retrocediendo hasta el pasillo, en donde Krillin le sonrió, marchándose después. –Hazme caso, esto es inútil, ya no quiero estar contigo – le dijo cuándo estuvo segura de que su papá no los oía.

-Pues haré que cambies de opinión, tenlo por seguro – angostó un poco los ojos, girando sobre sus talones y abandonando el lugar. Las cosas definitivamente no se iban a quedar así, para ninguno de los dos.

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Se arregló de más para ese día, era su décima cita, y sentía que ya lo conocía de hace mucho, le había agarrado tanta confianza y tanto cariño tan repentinamente que se sentía que no había ningún problema ni ningún límite entre ellos. Caminaba las pocas cuadras que le quedaban hacía el punto de reunión, y no pudo evitar sonrojarse un poco al pensar en él, en todas sus palabras y sus lindos comentarios, y la parte vanidosa de ella no aguantaba para poder oír lo que pensaba de ese lindo vestido nuevo.

Era extraño, aun no eran novios, y no habían tenido acercamientos así de tensos como en la primera cita, pero sentía que de algún modo ya existía un vínculo entre ellos, algo especial que ya estaba ahí y que solo hacía falta darle un poco de tiempo para que este floreciera. Aunque debía admitir que los ´botones´ también eran hermosos. No sabía exactamente que sentía, pero lo qué fuera estaba segura de que no lo había sentido antes, y eso incluía a Trunks. Arrugó el entrecejo al pensar en él, tratando de olvidar su detestable visita de ayer, en donde justo había llegado cuando ella acordaba la hora de su encuentro con ´Keita´.

Su humor volvió cuando sus ojos miraron a lo lejos a aquel chico, sonriendo alegremente al poder observarlo infraganti, pues miraba atento la rosa que llevaba en la mano, detalle que no había faltado en ninguno de sus encuentros, girándola entre sus dedos y mostrando una sonrisa tímida. Esta vez portaba ropa más acorde a su edad, y su otra mano la guardaba en la bolsa de su chamarra de cuero oscuro. Era digno de admirar en esa pose de modelo que tenía por naturaleza, era atractivo en toda la extensión de la palabra.

Se detuvo a unos pasos de él, aun admirándolo antes de que él se diera cuenta de su presencia. Levantó el rostro, mirándola y cambiando su expresión totalmente, mostrando en sus facciones la felicidad y en sus ojos en brillo y la ilusión. Separó los labios para decir algo, pero no emitió sonido, recorriendo sus ojos una vez más por la figura de ella antes de volver a fijarse en sus ojos. Se acercó a ella, e incluso se le olvidó la rosa que tenía en la mano, parpadeando como para comprobar que lo que veía era de verdad así de hermoso.

-Vaya, no hay palabra suficiente en este mundo para describir lo hermosa que luces hoy – esta vez Marron no bajó la mirada, sonrió satisfecha con eso, y no es como si solo quisiera escucharlo adularla, es que la forma tan sincera en que lo decía la hacía a ella admirarlo más.

-Me gusta esa mirada tuya – le dijo la rubia, y Diecisiete se extrañó ante eso, frenando sus ojos de su cuarto recorrido para volver a fijarse en esos iris azules.

-¿Cuál? – quiso saber, levantando una ceja y acercándose peligrosamente a la chica, quien no retrocedió, los acercamientos eran menos incomodos cada día.

-Esa que pones cuando me ves – soltó una risita triunfadora, había logrado poner nervioso y sonrojado al muchacho, quien retrocedió nuevamente y posó sus ojos en algún punto al frente.

-No puedo evitarlo – murmuró, tratando de calmarse, regresando su mano a su chamarra mientras recobraba la compostura.

-¿Es para mí? – preguntó lo obvio, acercándose hasta tomarlo del brazo, señalando la rosa que yacía en su otra mano.

-¿Eh? ¡Ah, sí! Bueno… era…- Marron arrugó el entrecejo ante esa declaración, y el moreno se la extendió a pesar de todo. –Ahora se ve insignificante con tu belleza, tendría que haber comprado la más hermosa para que estuviera de acuerdo a ti – La mano de ella la recibió, pero al hacerlo sus manos se quedaron enredadas un momento. Por supuesto que al androide no le importaban las espinas, pero Marron estaba apretando más fuerte de lo que debería.

-¿Hablas en serio? – inquirió ella, y él agachó un poco la cabeza para poder verla a los ojos desde esa distancia. –Cuando dices que soy bonita… ¿hablas en serio? – Diecisiete soltó una sonrisa sarcástica ante eso, colocándose firme de nuevo mientras con las yemas de sus dedos acariciaba los nudillos de ella.

-Hablo más en serio que cualquier otra cosa – afirmó, y era porque ciertamente, era de las pocas cosas que eran verdad. –Eres hermosa, linda, carismática y diría más pero probablemente te suene empalagoso. No deberías dudarlo, aquel que diga lo contrario simplemente es ciego o idiota – dijo eso ultimo con la clara intención de insultar al ex novio que se veía la había lastimado mucho.

Marron bajó la cabeza, y si era que Trunks no lo había dicho abiertamente, sus actos mostraban más que mil cosas. Más que quinientas mil palabras. Con ellos gritaban que no la quería de ninguna manera, y que jamás pensaría lo que pensaba este chico de ella. Sabía que compararlos era lo más absurdo del mundo, y que si terminaba por hacerlo jamás olvidaría a Trunks y jamás podría llegar a ser plenamente feliz. Pero era una reacción que su cerebro realizaba antes de ser consiente. Lo único bueno es que Keita tenía las de ganar.

-Vaya, me alegra… - soltó sin más, mirando al suelo y quedándose quieta. Diecisiete sonrió con gracia, era curioso, bastante de hecho, que una chica realmente atractiva se sintiera así de insegura.

Nuevamente ganó un lugar más allá de todas aquellas mujeres con las que había compartido su lecho, todas aquellas llenas de vanidad y falsa superioridad, que extraño se sentía la humildad, la sencillez. Que calmo y tranquilo se sentía a su lado, él, siendo tan problemático, era muy comprensible que se complementara con alguien tan tranquilo. Sacudió la cabeza, fijándose en el cruce de los autos frente a ellos, esa clase de pensamientos tan absurdos eran los que tenían los humanos, por eso siempre terminaban haciendo tonterías.

La sostuvo de la mano con el brazo contrario que ella cogía, comenzando a andar por el cruce peatonal mientras el semáforo estaba en verde. Sus pensamientos no dejaban de vagar, y ese escozor incomodo le invadía por dentro, deseando poder rascar y saciar esa sensación, eliminarla de una vez… pero no podía, y quizá tampoco quería, pero su orgullo y ego eran demasiado grandes como para admitir que estaba a gusto con ese calor en su interior siempre frío. La miró de reojo, como si quisiera averiguar que pensaba ella al respecto, como si pudiese contestar a la misma cuestión de sí mismo.

Era momento de mover las cosas, y lo sabía, jamás había pasado tanto tiempo cortejando a una mujer, y eso era una extraña novedad, la sensación de que esta vez no solo estaba enamorando a una, sino que esa una en particular lo estaba capturando poco a poco también. Que cosas tan más locas pensaba últimamente, que cosas tan banales y absurdas pasaban por su cabeza atropelladamente, haciéndolo preocuparse por cosas que durante muchos años significaban poco más que nada. Pero valía la pena y la verdad le pesaba. Incluso había pagado esa mañana por la rosa en lugar de hurtarla, porque su mente le dijo que aquel acto podría ensuciar a aquella dama… ¿Cuál era el punto?

Su sonrisa.

¿Qué tanto estaba haciendo por ver esa sonrisa? ¿Cuántos riesgos y detalles se estaba tomando sólo para contemplarla un momento más? ¿Qué había de especial? ¿Qué tan privilegiada era? Pero todo se resumía a una palabra, era de ella. Ella, que bajo sonaba si la nombraba de esa manera, tan simple, tan común, tan usado, pero significaba todo, era el inicio y el fin de todo eso que llevaba ahora en sus manos vacías. Sabía que su nombre no alcanzaba, ni cualquier definición o adjetivo, nada sobre la faz de la tierra alcanzaba para describir el apretón en el bajo vientre cuando la veía, los vellos de su nuca erizarse cuando la pensaba, su corazón latiendo fuerte con el saber de su existir. Ella. En eso la resumía.

Se preguntaba el por qué. Y mientras más lo hacía menos le gustaba la respuesta. La tenía, definida y descrita letra por letra, grabada en alguna parte en su interior que el mismo desconocía, y la escuchaba. Oh, como la repetía. Pero eso no significaba que le agradara del todo la idea, y su faceta de hombre malo, destructivo, ladrón, estafador le impedía aceptar aquello, los circuitos de su mente no le daban un significado o razón a la palabra, su cuerpo no lo expresaba físicamente. Pero su corazón, vaya que esa cosa sentía más de lo que imaginó, y por primera vez emanaba algo que no fuera odio o desprecio por algo.

Enamorado.

Esa era la despreciable e indudablemente fascinante palabra. Enamorado, y esa cosa que te hacía permanecer en un estado en donde lo más cercano es un zombi, era desagradable, pero su mente enferma no quería dejar de sentirlo. Se sintió descompuesto, preguntándose si el Dr. Gero no se habría equivocado y había cargado mal alguna clase de software, o que sencillamente se había dañado algo y estaba a punto de caducar. Pero luego notó que eso no estaba en su sistema, ni en los engranes, ni en su disco duro, ni en ninguna de esas cosas raras. Eso venía de más adentro, de un lugar que no existía y sin embargo lo abarcaba por completo. Era más grande que aquel hueco que dejó la bomba de auto destrucción en su interior.

Pararon en un lindo restaurante, en donde no importaba que tan lujoso era él tenía dinero para regalar, y no precisamente a los que se lo robaba. Charlaron, y era de esas charlas en las que ella hablaba más, y no porque él no quisiera hacerlo, sino porque cada cosa que pensaba en contar contradecía todas las mentiras que ya había dicho antes, y por alguna razón no quería dar más mentiras, así que daba comentarios relativos sobre la vida en general, asuntos a grandes rasgos y cosas comunes que alguna vez llegó a leer o ver en la tele.

Terminaron de comer, y Marron lamentó que fuese tan tarde, pues la verdad le habría gustado estar más tiempo en su compañía, dejando solo un rato más para dar una caminata. Se mordió el labio interior, mientras él pedía la cuenta a la mesera y sacaba de su billetera. Estaba más nerviosa que lo de costumbre, la visita de Trunks solo le había ayudado a reafirmar sus sentimientos hacía él, y hacía otra persona. Estaba feliz, pero también temerosa por no saber qué tanto de eso era una fantasía y que tanto era real. Más que nada triste al pensar que podría acabarse en cualquier momento, preguntándose que tanto le duraría.

Mucho o poco qué conocía del amor era suficiente para dar un pronóstico, los libros y las películas daban algo cercano, pero nunca acertado, y la verdad es que le daba aun algo de miedo el asunto. No sabía si era correcto, pero en ese momento lo bueno y lo malo se separaba por una línea tan delgada y difusa que parecía ser lo mismo, que parecía que todo estaba bien o que todo podía fallar en un parpadeo. Y estaba dispuesta, y por las noches, tras sus parpados, brillando en sus ojos aparecían los de él, y de sus labios brotaba su nombre. Y eso era suficiente.

-¿Lista? – preguntó mirándola directamente, y ella no pudo evitar quedarse muda frente a su varonil rostro, frente a esas iris pálidas que en su fondo mostraban colores nuevos y desconocidos. Misterios y a la vez tantas realidades.

Asintió, poniéndose de pie y esperando a que él llegara hasta su lado para comenzar a caminar fuera del lugar. Era un lindo atardecer, y la acera grisácea de la calle incluso parecía un hermoso paisaje de la naturaleza, lleno de vida, de brillo, de anécdotas y de deslumbrantes pasadizos, todo teñido de un naranja perfecto, reflejando el sol de una forma difusa, consumiéndolo a cada segundo y con cada paso que avanzaban hacía el horizonte, en donde ninguno de los dos se atrevía a romper el silencio.

Por desgracia su momento se arruinó, y unos gritos llamaron su atención del otro lado de la calle. Marron se abrazó más al brazo del muchacho, quien caminaba del lado de la carretera y podía observar con más claridad lo que pasaba. Acababan de robar un súper rápido, y aun el dueño corría tras del par de sujetos, quienes sostenían su "ganancia" en una mano. La rubia se aferró aún más a Diecisiete, pero luego se dio cuenta de algo, él no estaba tratando de ir a ayudar.

Diecisiete miró divertido, repitiéndose a sí mismo que estaba acompañado y que no podía alcanzar a los ´malos´ y robarles directamente a ellos el botín, pero que seguramente terminaría siendo una persecución divertida. –Mejor, vamos, podría ser peligroso…- comentó al mirar que uno de ellos cargaba un rifle, y aunque a él podían descargarle mil de esas y no tendría ni un rasguño, la dama que lo acompañaba era una humana completamente. Definitivamente no quería que algo malo le ocurriera.

Cambió de dirección en la calle, jalando a Marron por delante para mantenerla a salvo. Pero la rubia no era consiente, su mente seguía perdida en las palabras que acaba de escuchar. "¿Podría ser peligroso?" Se preguntó. Sí, ciertamente era peligroso, pero era la primera vez que lo escuchaba, al menos para referirse a un humano. Pensó, que seguramente viniendo con Trunks, se luciría, diría alguna frase prepotente, no mostraría sus habilidades y con un simple movimiento detendría a todos ellos, regresando el dinero para luego recibir los elogios con gusto.

Goten seguramente también habría ido, solo que él sería más escandaloso y usaría una de esas frases bobas que usaba su hermano Gohan del Gran Saiyaman, luego de hacer un teatro completo de artes marciales los detendría, regresaría el botín y huiría antes de que alguien pudiera agradecerle. ¡Pero esta vez no! Esta vez había escuchado un "Mejor, vamos, podría ser peligroso" como algo verdadero, común, como el resto. ¡Se sentía tan bien ser normal! ¡Era tan gratificante no estar esperando a alguien que no sufría un rasguño pero aun así te preocupabas! Que gracioso sería si ella supiera que no había ayudado no porque no pudiera, sino porque sencillamente no le importaba.

Terminaron en una especie de parque cerca de ahí, tomando lugar en una banca en las orillas del camino para dar un breve descanso. Diecisiete se levantó para comprar unas bebidas de una máquina expendedora, ofreciéndole una lata a ella cuando volvió a su sitio. –Oye, Marron… quería saber algo…- comenzó, y ella le miró desde su posición un poco más abajo. –Tu… ¿Ya lo olvidaste? – preguntó pero él mismo negó ante su cuestión mal formulada, él con memoria fotográfica sabía que aquello incluso no era tan fácil. –Bueno, me refiero a que si ya no piensas volver con él…- no hacía falta más especificaciones, la rubia sabía a qué se refería.

-No, él ya no significa nada, solo, claro, una mala experiencia – respondió, y él sonrió ladinamente ante eso, con la mirada fija al frente.

La muchacha se quedó viéndolo, deseando poder saber que ideas cruzaban su mente. Diecisiete bebió un poco de su jugo, y Marron no pudo evitar fijarse en sus labios, delgados y rosados, apretándose para retener el líquido dentro de su boca, y luego apreció el vaivén de su lengua, la cual usó para recorrer su labio inferior para secar una gota color violeta que había deslizado desde la comisura de su boca.

-¿Pasa algo? – preguntó él al verla girarse a otro sitio bruscamente, a la vez que trataba de darse fuerzas para continuar con sus palabras anteriores.

Marron negó, pero el androide observó sus mejillas sonrosadas, elogiándose internamente por provocar aquello. Iba a sonreír arrogantemente, pero no era momento para egocentrismos, tenía que llevar a cabo su plan. Silenció internamente ante esa palabra. ¿Plan? ¿Para qué?, ¿Para conquistarla?, ¿Y luego qué? No sabía si era adecuado llamarlo de esa manera, pero así lo sentía, todo en su vida era una línea de planes a seguir, pero este eras especialmente menos egoísta… ¿O no?

Era seguro que no podría saberlo hasta que lo llevara a cabo, fuera lo que fuera, en su beneficio único o compartido, lo haría igual. Suspiró hondo y bebió un poco más analizando las palabras que diría… ¿Confesión? Sí, así debía llamarlo, pero… ¿No ella lo debía imaginar ya? Sí así era entonces la palabra misma perdía el sentido. Que contradicciones, pero se recordó por enésima vez que no era tiempo de darle vueltas al asunto, internamente sabía que trataba de eludir el asunto, decir cosas que no eran necesarias pero que aun así era una especie seguimiento o tradición humana que él conocía muy bien.

Pero era la primera vez que lo decía desde que había despertado en el laboratorio.

¿En qué momento de la vida una conversación carnal se vuelve casual y una amorosa es el tema más complicado? En la suya, justo en ese instante. No podía negar su arrogancia y autoestima sobrevalorado, gritando que lo que estaba haciendo era absurdo, irrelevante e inconcebible. Pero su cerebro traidor le decía "Cobarde" tras la interna burla de sí mismo por no querer aceptar todo de una vez y mover su mecánico trasero a la acción antes de que fuera tarde. ¿Para qué? Igual, en ese momento las respuestas ya no importaban.

-Marron, yo… - rascó su mejilla, mientras el "cobarde" subía de tono. –Bueno, ¿sabes? Creo que yo sería incapaz de hacerte lo que te hizo él…- "Claro, seguramente te haría algo peor" agregó en sus pensamientos acertados, pero negó tratando de alejar la idea. Se sentía tan anticuado, él era de besar y tocar, pero la rubia tenía su truco y sabía que no caería antes de tener que pasar por ese bochornoso proceso. –Bueno, yo…-

-No creí que te costara tanto trabajo decirlo – interrumpió ella, mirando sus pies cubiertos por una zapatilla de tacón bajo, algo infantil para su edad pero encajaba a la perfección con ellos. –Y tal vez sea muy pronto en tiempo… pero estoy segura de que valdría la pena intentar…-

¿Era eso una respuesta? Y más importante, ¿Era eso un sí? –Yo…- esta vez iba a decirlo fluidamente para tratar de rescatar un poco de su hombría, pero los ojos azules de la chica le miraron, reflejando incluso de manera mística el amarillo del alumbrado público, encharcando en esas pozas azules el encanto y la perdición absoluta, fue tanto que no hizo más que volverse a quedar callado.

-Ya no hace falta que lo digas… si quiero…- Solo bastó eso para que el chico mandara al carajo todas las demás formalidades y su leve nerviosismo a una confesión.

La tomó de la barbilla, mostrándose varonil después de esos difíciles minutos de flaqueza, mirándola con la misma intensidad con la que aprecias lo más hermoso y valioso de la vida. Como si fuese a entrar en la otra persona de una manera más allá de lo físico o emocional. Quería consumirla ahí mismo. Recorrió su rostro, guardando en sus datos los más perfectos detalles y delineados, recorriendo y sintiendo las texturas sin siquiera haber tocado, sorprendido por que las cosas se hicieran más sorprendentes estando así de cerca.

Se acercó más a ella, mientras su cabello negro y largo marcaba una caída delicada a los costados por la inclinación de su cabeza, centrando más su vista y viajando sus ojos de un iris a otra. Y luego a los labios. Eso labios que parecían de algodón, que le proporcionaban las sonrisas a las que él era adicto, los labios que deslizaban cada dulce palabra de ese ser, tan rosados que contrastaban enormemente con la piel blanca y tersa de su rostro. Era la razón de su insomnio y de sus sueños, en donde ahora se perdía pensando a que sabrían, como se sentirían, y como se moverían.

No pudo aguantar más, cerrando la cercanía que casi era nula ya, colocando una mano en la nuca de la chica, sintiendo su cabello rubio, brillante como el sol en lo alto, deslizándolo entre sus dedos, sintiéndolo tan sedoso, tan cálido y perfumado. La respiración de ella rozaba su rostro, pausada y sobresaltada como estaba la de él, y se sintió agraciado por compartir el mismo aire. Sus parpados bajaron involuntariamente al tacto. Que suave y dulce tacto.

No sabía que tantas cosas había hecho el Dr. Gero con él, pero en definitiva sabía que desde el primer momento sus labios estaban diseñados para encajar en esa boca. Apretó más contra los de ella, aprisionándolos en un suave contacto midiendo su consistencia, su sensación, su sabor. Lo dulce contrastaba con algo desconocido, era único, su sabor especial. Fue correspondido, y la chica se vio explorando también su boca, lenta, pausada, curiosa, y su tacto lo hacía sentir de nuevo esos espasmos en su ser, acompañados por el compás de su corazón descompuesto.

Se permitió probar más. Deslizar suavemente su lengua por el labio inferior de ella. Era tan suave que deseaba quedarse con aquel escozor sobre él por siempre. Los vellos de todo su cuerpo se levantaron en protesta por tanto éxtasis, exigiendo por más. Ella sonrió durante su caricia, y el aire que sacó solo le provocó cosquillas. Se separaron y ni uno podía ocultar su felicidad, plasmada en sus rostros por una sonrisa que se dibujaba realmente. No por matar, no por robar, no por el sentimiento de sufrimiento ajeno. Era una sonrisa sincera, probablemente, la más sincera que había tenido hasta ese momento. La miró entre la leve oscuridad, repasando en su mente tanto sentir. También era la primera vez que sentía todo aquello. ¿Qué más sorpresas le daría esa chica a su vida?

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Llevaba semanas dándole vueltas al asunto, inclusive ya había perdido la cuenta del tiempo que llevaba tratando de pensar en algo que sirviera, en algo que de verdad funcionara y le ayudara a completar sus deseos. Esos deseos qué cada vez lo comían más y más duro, lastimando cada parte en su interior y haciéndolo hervir en furia y desesperación. En impotencia.

Probablemente tenía energía infinita, pero había sido algo muy estúpido no agregar algo para ir incrementando su fuerza. Estaba estancado, y aunque no era el más débil de todos, tampoco se acercaba ya a los más fuertes. Solo le quedaba una estrategia, la de usar la cabeza antes de los puños. Pero eso de pensar en algo cuidadoso y racional no era lo suyo, lo suyo eran grandes entradas y no andar como cucaracha por las sombras. Sí, tal vez era algo tarde para venir, enojarse y reclamar, pero estaba aburrido y la casi destrucción de su casa por los mocosos esos le hizo recordar cuanto los odiaba.

Y lo estúpidos que eran por revivirlo.

Y esa también era pate de su ventaja, habían pasado tantos años ya que ni uno de los guerreros Z se esperaban que alguien atacara, y mucho menos él. Estaba más que seguro que más de uno ya lo daba por olvidado o con un humano de la misma mediocre manera que su hermana. Pero él no estaba ni remotamente cerca de eso. Tal vez muchos de ellos no valían ni la pena, y ni siquiera los odiaba o siquiera conocía, pero eran importantes para ella, y si ese era el caso tenía que destruirlos. Diecisiete iba a partir la tierra si era necesario para cumplir sus deseos de venganza y de abandono. Así terminara con los humanos.

Abrió los ojos ante esa idea que cruzó su mente, sonriendo complacido por aquello. Eso era, ahí era donde aplicaba el asunto. Debía atacar en donde a ellos más les dolía. Sus familias, los humanos, ¿Por qué demonios no lo había pensado antes? Ahí estaba la base de su plan, el cual se desarrollaba a una velocidad impresionante en sus pensamientos. El principio de la destrucción de los guerreros Z.

Lo juraba y lo prometía. No importaba cuanto tardara o lo que costara. Un día acabaría con todos ellos uno por uno.


NF. Perdón para los que no son fans del romance, pero yo lo amo. No, no me pregunten nada de lo que ´hizo´ Trunks, no lo sé xD! Ya cambié a Rating M por eso también. Gracias a bulmitaouji, alexa, Diosa de la muerte, Crystalinah, Omg, Megumi007, Andy, CarXx (Y no, no hay Vegeta/18, solo para futuras referencias, perdón si pareció) Nos vemos la siguiente semana Martes o Miércoles! Saludos y mil gracias me hacen muy feliz T.T!