— ¡Buenos días!
— ...¡Keisuke-san!...yo...
Desde esa vez que Keisuke se había marchado por la mentira de Mei.
Sae y él no se habían visto durante bastante tiempo, y hoy decidió tocar la puerta de la
casa Kurami un día por la mañana.
— Lo siento...sé que no me esperabas -sonrió nerviosamente-
Sae miró hacia el suelo un poco preocupada.
— Mi hermana...no está en casa...-sin mirarlo-
— Eso lo sé -contestó de inmediato- yo vine a visitarte -la miró-
— ¿A mí? -lo miró confundida-
— Sí...-apartó la mirada avergonzado- ¿hay algún problema con eso?
— ¡Por supuesto que no! -respondió- p...pasa, p...por favor
Al entrar de alguna manera se sintió más nervioso, Sae lo seguía silenciosamente a paso
corto, aún no muy segura si podía confiar en él. De repente Keisuke se detuvo, haciendo
que Sae se golpeara levemente con su espalda.
— Sae...-se volteó hacia ella- puedes llamarme Kamui...ese es...mi primer nombre -miró
hacia un costado levemente sonrojado-
Lo miró por un momento sorprendida, pero luego le sonrió.
— Entonces, tu puedes llamarme Sae, Kamui
Escuchar su nombre con esa voz tan dulce hizo que se estremeciera, y su leve sonrojo
pasó a ser cohibimiento total.
— Es-estás exagerando...-volteó y siguió su camino por el pasillo hasta la cocina-
Sae sólo miró sin comprender, para luego seguirlo.
— Bu...bueno... te ayudaré a cocinar -le sonrió-
— ¿En serio? ¡Genial! -respondió contenta- pensaba en hacerle un postre a Mei, pero
simplemente no se me dan muy bien...
Keisuke al escuchar el nombre de Mei bajó la mirada y opacando su sonrisa.
Sae notó ese cambio.
— Lo siento...-dijo- creo que dije algo malo
— No, no te preocupes -dijo secamente-
Ella sólo miró tristemente al suelo.
Keisuke se sintió un poco mal, no era culpa de Sae su problema con Mei, así que se
acercó hacia ella y posó una mano en su cabeza.
— Discúlpame, no hiciste nada malo, Sae -le volvió a sonreír-
Keisuke no tuvo problemas en ayudar a Sae con la cocina, excepto porque ella tenía esa
manía de colocarle un exceso de sal a todos los postres. Pero fuera de eso, Sae era
bastante simpática y rápidamente logró acostumbrarse a su compañía, entonces se
preguntó, ¿como pudo dudar de ella en aquel entonces?.
— Bueno, y con esto terminamos, ¿quieres probarlos?
— No, en realidad...odio los dulces
— Eso explica tu adicción por la sal -suspiró- eres excepcional...
— ¿Es muy raro?
— No...bueno...no me refería a eso -sonriendo- si no que eres alguien muy especial
— ¿Especial?
— Sí, eso quiere decir que eres única y deberías estar orgullosa de eso -dijo mientras
colocaba todo en su lugar-
— Especial...-repitió-
Era como si no era la primera vez que escuchaba eso.
— Oye...Kamui -dijo quitándose su delantal-
- ¿Qué sucede? -Imitando a Sae-
- Bueno...es que Mei ha estado algo triste estos últimos días... -bajó la mirada-
Keisuke no dijo nada, sólo se limitó a ver hacia un punto y luego, como si no hubiera
escuchado nada, se dirigió hacia la puerta. Sae lo siguió antes de que saliera.
— Por favor -dijo rápidamente-...no te enojes con ella...-suplicó-
Keisuke paró en seco y aún sin verla respondió.
— ¿Por qué no debería? es una mentirosa
— Fue...¿mi culpa? -preguntó-
— Por supuesto que no -volteó a verla- tú no la obligaste a mentirme
— Ella no tiene la culpa...
Lo último lo dijo en un tono muy bajo, pero Keisuke logró escucharlo.
— Sae, odio las mentiras y ella lo sabe, no tenía que ocultarme las cosas, es una clara
muestra de que no soy de confianza.
Sae calló por un momento, analizando lo que le había dicho. Al ver que había terminado,
Keisuke se dio la vuelta para salir.
— Debió tener una razón...-dijo audiblemente-
Una vez más volvió hacia ella.
— ¿Cuál? ¿hay una razón para mentirle a un amigo de la infancia?
Sae no sabía que decir, pero de alguna manera, tenía que convencerlo.
— Yo confié en ella pero fué tan fácil para ella mentirme -bajó la mirada-
— Pero realmente no confiabas en ella... -sentenció-
— ¿Qué? por supuesto que lo hacía -lo miró confundido-
— Pero si confiaras en ella al menos sabrías que tuvo razones para hacerlo...
— ¿Existen razones para ocultarte, Sae? ¡Tú también deberías estar molesta! -gritó-
El silencio esta vez fué bastante grande, la mirada de Keisuke se suavizó al mirar que Sae
también lo miraba, pero con gentileza, suspiró un poco para decir algo, pero Sae le tomó
la delantera.
— Yo creo en Mei -dijo firmemente-
Su respuesta realmente lo sorprendió, a pesar de que ella tenía una mirada gentil, no
expresaba duda en lo que decía. Entonces río un poco, tratando de comprenderla.
— Tu realmente eres muy ingenua-
— Kamui...-interrumpió- Mei no es una mala persona -su mirada se tornó preocupada-
— Sé que no lo es -asintió-
— Entonces, dale una oportunidad, por favor...
Notó que Sae realmente sabía persuadir, además tenía que reconocer, que estaba
siendo muy duro con Mei.
— Te admiro, Sae...-rió levemente-
— A la que debes admirar es a Mei, ella es realmente increíble -le sonrió-
Keisuke se rindió ante la amabilidad de Sae, había logrado llegar a su corazón, tan
fácilmente, y realmente quería saber por qué Mei le ocultó por tanto tiempo a esa persona
maravillosa.
— ¿Sabes...Sae? -le miró-
— ¿Sí?
Desvió su mirada hacia la ventana cerca del salón.
— Yo estaba enamorado de Mei -
Sae lo miró sorprendida
— ¿Enamorado?
— Así...así era...pero ya no
— Ya veo... -dijo aún sorprendida-
La miró de reojo y luego sonrió, la miró con una sonrisa, realmente Sae sabía como aliviar
las preocupaciones.
— Oye ¿no te aburres de estar sola aquí?
— No, por qué tú estás conmigo -le sonrió-
Keisuke río ante la respuesta.
— ¿Y antes?
Lo pensó un poco y luego contestó.
— No lo sé, supongo que ya estaba acostumbrada
El sol comenzaba a bajar lo que indicaba el regreso de Mei, Keisuke se despidió de Sae
y tomó la ruta de salida del pueblo y luego de poco tiempo encontró lo que buscaba, a
Mei quien caminaba de regreso cabizbaja y un rostro cansado. En cuanto él la miró corrió
hacía ella quien se quedó perpleja, dejó de caminar y lo observó, mientras que de sus
labios suspiraba débilmente su nombre.
— ¡Meiii! -gritó, ya estando más cerca-
— Keisuke -dijo un poco más fuerte lo que antes había sido un suspiro- ¡KEISUKE! -corrió
hacía él-
Keisuke la abrazó y ella ya con lágrimas en los ojos correspondió al abrazo mientras
sollozaba
— Keisuke -decía aún ella sin aliento-
— No digas nada -cortaba- todo está olvidado...
— Pero...
— Yo…-desenlazando el abrazo- no debí enojarme de esa manera
— No es cierto...-secando las lágrimas con su mano- tenías todo el derecho a molestarte
conmigo
— Mei, debiste tener tus razones para no habérmelo dicho
Sólo acertó a mirarlo mientras más lágrimas salían de sus ojos.
— Yo confío en ti -dicho esto la abrazó nuevamente-
Mei volvió a llorar y susurraba constantemente "gracias" en el oído de Keisuke.
Escuchaba la resonancia, una molesta pero fuerte resonancia.
"Sin embargo...no todo será como antes..."
