Disclaimer: Los personajes de OUAT no me pertenecen, yo solo escribo por y para entretener.

Storybroke. Actualidad.

-¿Cómo?- cuestioné en un murmullo. Me sentía tan vulnerable, no podía pensar con coherencia e idear una salida de aquel lío. Esto no podía ser, debía ser un mal sueño. -¡Yo te salvé de él, Felix, te iba a matar y te lo dije!, ¿pero aún así decidiste seguir con él?- cuestioné con enojo. ¿Quién más podría haberle ayudado?, ¿sus niños perdidos?, ¡eran solo eso, niños!. El único que tenía un ápice de cerebro era su segundo al mando, pero por lo visto, me habia equivocado.

-Pan lo tenía planeado desde un inicio. Peter Pan nunca falla- contestó como si fuese obvio. -Incluso desde aquel entonces...

Su risita molesta rebotó en mis oídos. Apreté los dientes con enojo y frustración. -Verás, amor, cuando creas que me has vencido, piénsalo de nuevo. - susurró con un tinte de frialdad y burla. Su aliento chocando contra mi rostro. De pronto, con brusquedad, la oscuridad que me rodeaba desapareció y dio paso a un par de ojos esmeralda. Aquellos ojos que parecían indagar en lo más profundo de mi. Eché mi cabeza hacia atrás, alzando mi barbilla. -¿Qué quieres de mi, Pan?

Una sonrisa surcó por su rostro mientras arqueaba una de sus cejas. -¿Qué diversión tendría si te lo digo?- cuestionó con sarcasmo e inocencia. Se puso de pie, ya que estaba acuclillado para quedar a mi altura. -No. Juguemos un poco, tendrás que resolver el rompecabezas . -propuso, como en los viejos tiempos. -De algo servirán todas las décadas que has vivido.- Su mirada se oscureció, opacando casi por completo el esmeralda de sus orbes, estaba muy enojado. Solo en esa fracción de segundo dejó ver la oscuridad dentro de él.

Un escalofrío me recorrió la espalda. Verlo, de nuevo, en carne y hueso, hizo que me cuestionara todo en un par de segundos. -No jugaré más contigo- aseguré. El adolescente arqueó una de sus cejas, escéptico. No era opción para él. -Malcom- rematé. Mi mirada impasible. Aquello hizo que Pan estrechara los ojos una fracción de segundo.

-¿Malcom?- cuestionó, confundido. Pan chasqueó la lengua, mirando hacia abajo, como si lo estuviese pensando. -No- aclaró, seguro de sí mismo. Una sonrisa ladeada se dibujó en su rostro. -Él murió junto con su hijo- Se relamió el labio inferior, mientras arqueaba una de sus cejas. -Además... No te he dado opción- bajó el tono de voz, haciéndola más oscura, con autoridad y tirana a la vez, mucho más amenazante que antes. Por el rabillo del ojo pude notar el temor en los niños perdidos. Podía ver algunos nuevos, unos a los cuales les temblaban ligeramente las manos. -Jugarás, porque bueno... - ladeó el rostro y negó con el rostro. "No te gustarán las consecuencias", pensé. No necesitaba escucharlo de él.

-Tampoco te he dicho que quiero tu opción. No jugaré contigo- solté tajante, zanjando el tema. La rabia empezó a tomar control de él y la impaciencia de mí -Oh, ¿toque un nervio?, Sea por lo que sea que regresaste, te aseguro, que no lo conseguirás.-

Pan se rió, como si hubiese soltado una buena broma, y me miró con un júbilo fingido. Bajó la mirada a sus pies. Por un momento, me acorde de aquel niño de la aldea, de aquel inocente... De pronto estaba acuclillado para quedar nuevamente a mi altura. -Oh, pero si ya lo tengo.- soltó antes de moverse demasiado rápido y deslizar su daga, en un parpadeo, hasta tocar la piel de mi garganta. -Tú-.

-¿Yo?- cuestioné alzando ambas cejas. -No es posible- rodeé los ojos.

-Respuesta equivocada- murmuró, deslizando el cuchillo por mi garganta, haciendo un leve corte que ardió como no tienen idea. Instintivamente mi cabeza retrocedió hasta donde podía. Solté una maldición al sentir una gota deslizarse por mi piel.

-¿Sabes qué?, a diferencia tuya nunca me gustaron los juegos de adivinanza- me burlé de él. Traté de canalizar mi poder, debía de intentar salir de ahí. Las cosas se tornaban más peligrosas conforme el rumbo de la conversación.

-Oh, pero bien sabes que no me gustan dejar asuntos pendientes-

-¿Y yo soy...?

-Mía- cortó abruptamente. Desviando la vista de la herida que me había echo hasta mis ojos. Tragué un poco, mi garganta estaba seca y apenas me daba cuenta.

-He tenido un deja vú- comenté como si aquel comentario no me hubiese alterado. -Donde me decías exactamente lo mismo- murmuré, ladeando el rostro, como si estuviese haciendo memoria. -Y la respuesta sigue siendo: no- mi voz se oscureció. Nos quedamos mirándonos, retándonos con la mirada. Ninguno la apartó en los segundos siguientes. La tensión se podía palpar en el aire.

-Encantador que tengas tan vivos recuerdos. -su voz en aquel tono me provocó escalofríos. Era como el inicio de una tormenta a punto de llegar. -Aunque de nuevo te volviste a equivocar- su rostro se oscureció. Había perdido la paciencia. Pan se movió, sacando el cuchillo de mano que guardaba, dispuesto a terminar lo que había empezado.

Camelot. Años atrás.

-¿Padre?- cuestioné, mis dedos rozando la madera del viejo árbol .-Necesito hablar contigo- murmuré.

No obtuve respuesta, de nuevo. No sabía ya cuanto tiempo había estado tratando de contactar con él. Mi paciencia se agotaba, no es realmente que no tuviese tiempo, era mucho con el que contaba. Pero me perturbaba. Hacía meses que una visión se me había presentado en sueños. Era yo, me sentía tan vulnerable e indefensa en aquel momento, me sentía perdida. Sola. Estaba envuelta en un laberinto hasta que llegaba a una especie de cripta, corazones latiendo a diferentes ritmos.

Cuando me giraba estaba... alguien, que metía su mano en mi pecho y sacaba mi corazón palpitante, oscuro. -Jaque mate- una sonrisa cruel se dibujaba en su rostro. En ese momento siempre despertaba.

Sabía que soñar tantas veces con lo mismo significaba algo, pero realmente no podía comprenderlo. Tampoco reconocía el rostro de ésta persona, de hacerlo sería alguien a quien ya hubiese conocido.

Deslicé mi mano por el tronco, sintiendo la textura de éste tocando ligeramente la palma de mi mano. -Siempre te has echo el misterioso, ¿verdad, padre?- susurré por lo bajo. -Seguramente tú sabes algo- fruncí el ceño y suspiré.

No obtendría respuestas aquí. Quizás su aprendiz sepa algo. Sonreí para mis adentros y me imaginé una vieja cabaña. Mi padre ya me había mostrado en una de sus visiones aquel lugar, por si necesitaba acudir a alguien, aunque me había dicho que hasta el tiempo llegara fuera. Nunca me dijo cuándo.

En un segundo el escenario cambio. La puerta se abrió,mostrando a un señor de edad avanzada.

-¿Tú eres...?

-Te estaba esperando- musitó él. Dejando espacio para que pasara. Vaya, al final Merlín siempre va un paso delante.

-Soy Rapunzel, pero eso ya lo has de saber - musité, viendo el interior del hogar de aquel hombre.

-Bien deducido.- comentó el hombre de barba blanca, cerró la puerta tras de mi. -¿Té?

-Si, por favor- solté, sonriéndole un poco.

-Si estás aquí es por un motivo...- empezó, rompiendo el silencio que se había formado, mientras servía en las tazas.

-Nada que Merlín no te haya contado- respondí, me pasé una mano por el cabello. -Lo siento- repuse después de unos minutos. -Es solo que... estoy un tanto celosa

-¿Por qué sería jovencita?

-Es que tú eres como su viva imagen, ¿sabes?- tomé la taza que me ofreció y bebí un poco. -Y tú eres su aprendiz y yo soy... como la antagonista-el líquido pasó por mi garganta, relajándome levemente. -Lo conoces más que yo, y es mi padre- suspiré. -Toda mi vida fui criada por una madre que no estaba interesada en mi, sino en mis poderes y padre estaba ocupado cuidando del resto como para darse cuenta. Luego toda mi infancia se destruyó porque caí en manos de madre Gothel y me volví una flor a la cual le cantaba- rodeé los ojos. -aún puedo escuchar su voz taladrándome los oídos. -musité haciendo una mueca, miré mi reflejo en el té, incapaz de ver a la persona que me escuchaba. -Luego caí en manos de Nimue que por lo menos se dignó a liberarme para hacerme su esclava-

-Lo siento- murmuró.

-Siento hablar de más- solté de pronto, mientras me mordía el labio inferior. -Eres la única persona a la que le puedo confiar algo- Me encogí de hombros y terminé el té, quemándome un poco la boca por tomarlo tan bruscamente. -Y lo único que sé manejar es magia negra por ser aprendiz de la enemiga, o ex enemiga de mi padre. Si no he caído en la oscuridad es gracias a las propiedades de la flor dorada que se encarga de curar la oscuridad en mi corazón-

-¿Sabes qué?, pueda que no sea el más indicado. Pero puedo enseñarte algo- comentó tras un breve lapso de silencio. Le miré con curiosidad. Él me hizo un gesto con la cabeza, hacia una puerta en la parte trasera de su casa. -Tu padre aprendió magia por su cuenta, estudiando y practicando. No te debería ser tan complicado- comentó antes de que abriera la puerta. Unas pequeñas escaleras me condujeron a una habitación amplia, en el centro había una especie de caja circular. Notaba el poder que emanaba de ahí, era asombroso.

-¿Eso lo creó mi padre?- cuestioné asombrada.

-Si- el aprendiz. -junto con esto- el hombre me tendió una varita. La tomé en mis manos y la examiné.

-Está forjada a partir de oscuridad y luz- musité. Le miré unos segundos. -¿Por qué me muestras todo esto?

-Porque tú serás capaz de eso y más. - Tomó de nuevo la varita y me alentó a seguirlo. Una puerta oculta me enseñó, una habitación llena de libros e ingredientes. -Aquí pasaba el día tu padre cuando podía. ¿Por qué no le echas un vistazo?

Storybroke. Actualidad

En cuanto vi las intenciones de Pan reflejadas en sus ojos, y aquella seguridad que daba al acercarse a mí, terminé de acumular toda la magia que pude en ese breve periodo de tiempo.

Había conseguido el tiempo suficiente para desplegar una oleada de magia. Tirando a los minions de Pan y a él, hacerle retroceder. Las cuerdas ardieron,liberándome en el acto, pero al mismo tiempo mi muñeca, donde se encontraba el brazalete, reaccionó al uso de magia. ¡Demonios!, ¿qué había sido eso?. Atraje mi muñeca a mi pecho, se encontraba entumecida, apenas podía mover mis dedos. ¿Lo había planeado?.

Eso deberías de pensarlo después, me urgió una voz dentro de mi cabeza. Haciéndole caso a mi voz interna corrí en dirección opuesta, suficiente para alejarme de él. Me peleaba contra la muñequera, pero me daba descargas cada vez que intentaba sacármela.

-Oh, que grosera- la voz de Pan me sobresaltó e hizo detenerme a unos cuantos metros de él. Justo frente mío. -Y yo que hice ese brazalete justo para ti.

Camelot. Años atrás.

-Cuando me refería a que tu padre pasaba todo el rato que podía aquí...-

-¡Mira, mira!- salté, riendo de felicidad. ¡Lo había conseguido!. Le tendí al aprendiz mi varita. Forjada con magia oscura y de luz, pero con un toque especial, tenía ciertas propiedades de la flor dorada. -No la he puesto a prueba...- murmuré, mientras el aprendiz la miraba de forma minuciosa. -¿Sabes?, contigo creo que me he dado cuenta de algo... vivía deslumbrada por la sombra de mi padre, ahora... con esto me demuestro que puedo ser especial a mi manera- solté, mirándole con cariño y agredecimiento. -Gracias por apoyar y cuidar de mi hasta ahora-

El hombre de cabello largo y plateado me miró con ilusión. -Tengo que contarte algo, pequeña. - Ambos nos sentamos, en las sillas de madera. -Cuando Merlín me dijo que debía velar por ti cuando llegara la hora, me asusté. Pensaba que sería... diferente- comenzó,mientras le daba vueltas a la varita. -No dejas de sorprenderme y estoy seguro que a tu padre tampoco, él estará muy orgulloso de tí- afirmó. -Ahora ya sabes controlar ambos lados de la magia- murmuró .-Es hora de que lo sepas controlar, juntos- me miró directamente a los ojos, entregándome la varita -porque tu camino no acaba aquí, y lo sabes, ¿no?

Le miré unos segundos. -Sé que debo cuidar de que las cosas no se desvíen y de Emma- asentí. -el futuro puede cambiar, pero mi camino termina cuando ya no pueda luchar más.- solté, mirándole unos segundos.

-Tú una vez me dijiste que yo era la figura de tu padre, pero tú lo eres- se rió un poco. -Aunque más alegre, y con cierta aura de misterio. No le vayas a decir nada- agregó poco después.

Reí por lo que me había dicho y le abracé. -Gracias, de verdad, eres parte de mi familia ahora- confesé, cerrando los ojos. En ese momento vi la figura de un animal, un Bandershatch, acercándose. -Oh, Dios- me separé de él al instante. -Tendremos un invitado especial pronto.

El hombre me miró con curiosidad.

-No son buenas noticias- agregué, su rostro se ensombreció -Gorgon, el invencible-

-Vienen por el sombrero de tu padre

-Deja que lo intenten, hace mucho que no me divierto- solté riendo. La mirada del aprendiz me escudriñó.

-¿Cuánto crees que tarde en llegar, pequeña Rapunzel?

-Mmm quizás llegue al atardecer, venía rápido- solté, pensándolo.

-Bien. -el hombre se levantó y abrió un cofre, sacó el montón de pergaminos que había dentro. Me entregó un libro con pasta de piel marrón. -Tu padre me dio esto hace tiempo, en caso de... de que tu magia fuese usada para el mal, Rapunzel. Existen personas que siempre nos van a pasar, el poder en tu interior crece cada día pero el temor de que te absorbiera la oscuridad ha provocado que lo escondas. Puede liberarse en cualquier momento, por eso es bueno que hayas creado eso- el aprendiz miró la varita. -Así podrás canalizar tu poder y liberarlo con mucha más facilidad, podrás explotar todo su potencial, ya que combinarás ambas, luz y oscuridad, y se neutralizaran una a la otra.

-Ha decir verdad- me mordí el labio inferior- añadí un poco de mi magia a la varita, para que me reconociera como su legítima dueña y no se usara para el mal. Si cae en manos equivocadas no podrá usarse y dicha persona, si sigue intentando, se volverá débil y liberará la magia que lleve consigo, será como un reloj y explotará en poco tiempo; pero en caso de que alguien de corazón puro la use, su poder se aumentará-

El aprendiz me miró con duda. -¿Cómo...?

-Si dudas podríamos intentarlo con Gorgon- reí y negué. -pero... ya te he contado que tengo éstas pesadillas últimamente, que fracaso en mi misión de liberar a padre- ladeé el rostro y tomé un libro de la estantería. -Encontré esto, estaba junto una nota de Merlín- mascullé. Abriendo la página con ciertos garabatos en ella. -El anillo de Osiris, puede revivir a los muertos- le enseñé. -Y al lado padre escribió "Vayamos a tomar el té, se nos hace tarde". No sé que significa... me recordó a un viejo amigo de otro reino que siempre repite esa frase- solté divertida.

El rostro del aprendiz palideció. -No deberías jugar con este tipo de magia, Rapunzel

-No estoy jugando- respondí después de unos segundos. Lo examiné y pude hacerme con unos cuantos pensamientos suyos. -¿Está en el país de las maravillas, no es cierto?

-No, no sé si quiera si ese lugar existe- soltó mientras abrazaba el libro, saliendo de la habitación.

-¡No, espera!, ¿quién lo tiene?, en manos equivocadas podría ser...

-¿Y las tuyas son las correctas?, ¿quién eres para juzgar aquello?

-Nadie- solté dolida. Pude ver la culpa en su mirada. -Probablemente aún no confíes plenamente en mi.- El aprendiz hizo un gesto para empezar a hablar, más no lo deje. -El anillo solo es un canalizador, sirve para potenciar el poder del dueño, el accesorio está lleno de magia negra- susurré. -Pero, ¿adivina qué?, tú como yo sabemos que existe su contraparte, como todo hay un balance. Magia blanca. Aquella que es capaz de curar y traer vida-

-¿Y eso...?

-Yo- le miré directo a los ojos. -Tú has dicho que la magia blanca y oscura si se usan en armonía se contrarestan. Si pudiese usar ambos, quizás, en casos extremos...

-Sabes que toda magia conlleva el precio, una vida por otra.

-Lo sé, aunque siempre hay una vía o una grieta. -Solté después de unos segundos. -Si lograse descubrir esa grieta, quizás podría ser mi comodín en caso de... -suspiré. -En caso de que fallara y mi padre, bueno, ya sabes-

Era inútil y tonto que le pidiese que me lo quitara o al menos hablar con Pan. No me atrevía a acercarme a él, con la oleada que había lanzado pude sentir el grado de magia que había acumulado y era uno considerable. Mucho más que en años pasados, incluso cuando había conseguido temporalmente el corazón de Henry.

Pero tenía que salir de ahí. Ya. Pan, como si hubiese leído mis pensamientos se acercó unos pasos. -No- ordenó secamente. -Te conviene lo que tengo que decir.- Le miré con incredulidad. Cuando le iba a responder sus ojos volaron hacia mi muñeca, que ahora empezaba a molestarme. Podía sentir en la yema de mis dedos magia acumulándose, como pequeñas corrientes eléctricas; me recordó a cuando estaba intentando controlar mi magia y... No, no podía ser, ¿no?

Una figura de luna creciente rodeada por un círculo y estrellas alrededor de este. Este grabado lo conocía muy bien, pero no era posible que tuviese el mismo diseño que yo había creado hace tanto tiempo.

-¿Cómo es posible? -

-Tu varita, un tanto modificada- coincidió. -Con la ayuda de un amigo del país de las maravillas.

La oruga. Ahora podía pensar a quien asesinar después. ¡Asqueroso traidor!

-Vaya, lo redecoraste- bufé. -Debo decir que no eres muy bueno con el diseño en accesorios, Pan- me burlé un poco de él. Necesitaba pensar en algo. Si este brazalete era mi varita y estaba combinado con la piedra de luna, estaba metida en algo fuerte.

-Nunca hagas una caja de la que no puedas salir- se burló, haciendo caso omiso a mis palabras.

Camelot. Años atrás

No podía hacerle ver mi punto de vista sobre el anillo de Osiris al confidente de mi padre. Suspiré derrotada.

-No creo que sea bueno probar esa opción, pero Rapunzel- me miró y puso una mano en mi hombro. -Confió en ti- soltó. -Tanto para mostrarte esto. -El libro que abrazaba tan celosamente me lo tendió. Pasó su mano por encima y el cerrojo se abrió.

Le miré unos segundos a los ojos antes de abrirlo. Había dos frascos, uno con líquido rojo y otro dorado. -¿Qué es esto?- cuestioné, mientras tomaba uno en mis manos.

-Una maldición y una cura- respondió, siendo cauteloso. -Diseñados para ti...

Algo dentro de mí se quebró. Las palabras habían colado hondo en instantes.

-Merlìn solo tomo las medidas...

-Lo sé- solté por lo bajo. -Y si lo hizo fue porque vio algo- deduje mientras alzaba el rostro. -¿Qué clase de maldición?

-Poner tus poderes en contra- contestó segundos después. -Provocar que la flor que te dio la vida gracias a sus propiedades curativas perdiese su poder. Hacerte débil con el tiempo, lo suficiente para que te llegaran a vencer. Y que no tuvieses control de ellos, pero aminorándolos para evitar destrozos.

-¿Nada más?-pregunté incrédula, alzando ambas cejas. Sintiendo un nudo en la garganta, vaya... y era mi padre. - ¿La cura?

-Para quitar la maldición y sacarte de la oscuridad

-Así que él... él pensó que yo realmente podría caer-

-Rapunzel, tú misma dijiste que el destino no estaba escrito y él solo estaba haciendo lo que creía correcto

Lo pensé unos segundos, estaba bloqueada. Me senté en el suelo y suspiré. -¿No pensó en que podía caer en manos equivocadas?, ¿y así darle mal uso?- le miré a los ojos, dolida. -Si fuese así, ¿qué lo haría distinto a mi madre?- cuestioné, dejando el frasco dentro del falso libro. -No me siento bien-

-Porque ni él ni yo dejaremos que eso pase, jamás- aseguró. -Sé que has vivido la mayoría de tu vida por tu cuenta y has crecido de esa manera, desconfiando del resto. Pero somos... o al menos Merlín es tu padre, ten fe como él lo está teniendo contigo. Está depositando su vida en tus manos

-Es complicado... es difícil desprenderse de un estilo de vida que has llevado por años...

-pero ya no estás sola, ya no más pequeña.

En ese momento se escuchó un gruñido muy cerca.

-Está aquí- mascullé, el aprendiz me miró por última vez antes de subir.

Tomé los frascos y me quedé pensando en lo dicho por la persona que había depositado tanta confianza en mi padre. Él tenía un punto a su favor, pero no podía dejar que fueran tan visibles, me sentía vulnerable.

Tomé ambos frascos y cerré los ojos. Y cuando los abrí los frascos se habían ido, dejando dos piedras en su lugar. Una de ellas tenía una luna creciente, un círculo rodeándola y después estrellas rodeando este; era la pócima roja, la maldición. La otra era la dorada, la cura, tenía un sol con una "R" grabada en el centro.

Las tomé para poder fundirlas con mi varita, después observé mi creación unos segundos, me afiancé a la varita. Dejé una replica de los frascos en el lugar de origen, cerré el libro y lo dejé en el baúl.

Cuando salí de la habitación Gorgon había dejado inconsciente al aprendiz de mi padre y había sido lanzado contra la pared cuando trato hacerse con la caja.

-Creo que hoy no es tú día- solté de forma despreocupada. El oscuro me miró con rabia. -Oh vaya, ¿te molesté?- cuestioné, arqueando ambas cejas. -Siento no sentirlo, pero nadie hace daño a los que quiero y se va sin castigo- Miré unos segundos al aprendiz antes de volver mi atención al oscuro. -Tú y yo nos vamos a divertir mucho- murmuré antes de sacar la varita.

N/A:

twilighttimeness y guest1, me alegra mucho que les gustara y se tomaran el tiempo para subir rr

AbyEvilRegal4Ever123, que bueno que te agradara. Espero que este también, traté de desarrollarlo parecido a los episodios de la serie. Aunque no sé si escribo mucho xD saludos!

Guest2, que bueno, jajaja, la verdad es que si, con tantas ideas en la cabeza a veces me cuesta trabajo plasmarlos en el fic. ¡Espero te gustara!

Por último gracias a aquellos que leen aunque en silencio, se les aprecia c:

Saludos!