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Gotham, Enero 23

Silenciosamente el sol se alzó sobre Gotham, un aire de esperanza se respiraba entre aquellos que lograron sobrevivir otra noche caótica. Aunque no todos vivían con el alma en vilo, había quienes cada noche confiaban su seguridad a los vigilantes.

En la mansión Wayne, el ambiente no era diferente al resto de la ciudad. El silencio inusual en todos los pasillos y habitaciones dejaban claro que algo andaba mal. Jason sintió escalofríos al tocar timbre varias veces y que nadie le abriera la puerta. Alfred debía estar realmente ocupado.

Optó por guardar su moto en el garaje e ingresar por allí, no fue difícil entrar. El sistema de seguridad lo reconoció de inmediato.

— ¿Al, estás aquí? —aventuró, recorriendo la cocina y la sala, el gran reloj antiguo marcaba cuarto para las diez. Alfred debería estar por allí limpiando, Richard aún estaría en la Academia mientras que Damian y Bruce trabajaban en la empresa—. Maldita sea, ¡¿hay alguien?!

De camino a la mansión, al pasar calle tras calle entre escombros, sirenas de policía y lamentos de personas inocentes; la ansiedad por llegar a su destino le había hecho lamentarse enormemente no haber tomado en serio la llamada de Robin. Prefirió quedarse con los Titanes quienes no le necesitaban en esos momentos, prefirió quedarse enroscado entre las piernas kryptonianas de Kara.

Había sido egoísta.

Dio un fuerte puñetazo a la pared más cercana, demasiado molesto consigo mismo como para notar que no estaba solo en aquella sala.

Una figura descansaba sobre el sillón frente a la chimenea, de espaldas al corredor que pasaba por la sala, de tal modo que nadie pudiera verlo a menos que rodearan el sillón. Había oído a Jason tocar timbre, lo había oído entrar y por supuesto, su pequeño ataque de furia.

Todo en completo silencio.

— Haces demasiado ruido, reemplazo.

El casco rojo se le cayó a Jason de las manos al reconocer esa voz. Con paso lento se acercó al dueño de esta, quien se puso de pie para encararlo.

— ¿Qué-

Timothy era un fantasma. Un mal recuerdo que iba y venía entre las memorias de tiempos pasados. El más grande fracaso de Bruce, millones de sentimientos encontrados para Damian. Para Jason solo significaba dolor y una muerte temprana. No podía temerle a alguien con una apariencia tan delicada y que se delineaba los ojos. No podía temerle al recuerdo de aquel día que lo conoció y éste intentó matarlo cuando le vio en su antiguo traje de Robin. Las marcas de la daga con la que lo apuñaló aún eran visibles en su abdomen. Red Hood no le temía pero lo veía cada noche en sus pesadillas.

— Hola, Jay-jay —uno, dos, tres pasos adelante por parte de Tim, los mismos que Jason retrocedió—, ¿cómo estás? Esa chaqueta de cuero te sienta bien.

La pared le prohibió retroceder más, entonces Red Hood se vio atrapado entre los brazos de Red Robin a cada lado de su cadera. Ambas miradas azulinas se confrontaron desafiantes.

— A mi también me gusta el cuero, sabes Jay-jay —subiendo sus blanquecinas manos por la chaqueta de Jason, pasando por sus hombros hasta llegar a su cuello, acariciándolo—; collares, látigos, esposas, mordazas. ¿Te gustan?

Las palabras no salían de sus labios por más que Jay intentara. El hombre frente a él, a quien le sacaba al menos una cabeza de altura, sonreía enseñando apenas los dientes. El jersey rojo que traía dejaba al descubierto sus hombros y clavícula espolvoreada de lunares, Jason se preguntó si su piel sabría tan dulce como olía.

Timothy Drake era hermoso, inteligente, elegante, seductor, peligroso, encantador.

Una bomba.

Un asesino megalómano, aficionado a la ropa ajustada y a las torturas satíricas. Se había vuelto un mercenario codiciado.

— ¿Soy el único que puede ver lo que hay detrás de tu sonrisa? No eres menos basura que yo, Drake. No trates de jugar conmigo, no me engañas.

La sonrisa de Red Robin disminuyó hasta volverse un mohín casi infantil.

— No eres divertido como Damibú y el pajarito Dickie.

— ¿Dónde están ellos? —la risita del más bajo le crispó los nervios y terminó por espantarle los miedos, reemplazándolos por furia—. ¡¿Dónde están, qué les hiciste?!

Un fuerte empujón de Jason bastó para tirar al otro al suelo, quien no paraba de reír. Sin mucho esfuerzo, Red Hood lo tomó por el cuello y lo levantó en el aire, cortándole la risa; la respiración.

— ¡¿Qué les hiciste?!

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— Dami va a estar bien, ¿verdad Alfie?

Ajenos a lo que sucedía en la casa, Alfred y Dick se encontraban en la cueva, tratando las heridas de Damian, cosa que les estaba llevando horas desde que Timothy lo trajo malherido de las calles. Alfred estaba seguro de que les hubiera llevado menos tiempo de no ser por la fisiología de DemonWing, su cuerpo que había sido supuestamente mejorado con biotecnología por su madre, se había vuelto fuertemente resistente a muchos tipos de medicamentos. La sangre que había perdido empeoraba el panorama. Damian era un tipo grande y fuerte como su padre. El triple de alto que Tim, no fue fácil llevarlo hasta la cueva por sí solo.

— Hice todo lo posible, señorito Richard. Solo queda esperar. Un poco de reposo y el cuerpo del joven amo Wayne hará el resto.

Asintiendo, el niño le dedicó una sonrisa al mayordomo mientras un bostezo se le escapaba.

— Señorito Richard, vaya a descansar un poco mientras preparo el almuerzo.

— Ah, no puedo dejar solo a Dami...

El potente ladrido de Titus echado junto a su amo, sacó una sonrisa a Robin.

— Dick —llamó cariñosamente el mayordomo—, por favor.

Luego de depositar un casto beso sobre la frente de su hermano, Dick siguió al anciano escaleras arriba. Confiándole a Titus la guardia.

Al llegar a la sala, un par de sillas rotas junto a unos cuadros destrozados los recibieron. En el suelo, forcejeando con un jarrón que tenía atascado en su cabeza estaba Jason.

— ¡Jay! —rápidamente, Robin ayudó al mayor a liberarse.

Alfred se había puesto a recoger los destrozos, sin muchas ganas de participar en el reencuentro de los hermanos. Él amaba a esos chicos pero no era fan de la conducta que Jason presentaba con la familia últimamente. Además, ya se imaginaba la razón del alboroto.

— ¡Dick, Alfred, están bien! —gritó el adolescente mientras envolvía al acróbata entre sus brazos—. Sé que llego un poco tarde, pero ya estoy aquí. Y ya me encargué de la víbora esa. Creí que los había lastimado.

El sonrojo y la sonrisa alegre de Richard al ver a Jason luego de tanto tiempo, se transformaron en puro desconcierto.

— ¿Qué víbora? Espera... ¿Y Red Robin?

— ¡Lo eché! Bueno... algo así. Le dejé claro que no lo necesitamos. No es de los nuestros Dickie.

Algo hizo click dentro de Dick y con un certero puñetazo en la mandíbula, hizo retroceder a Red Hood.

— ¡¿Por qué hiciste eso?! ¡Timmy no se merecía que lo trates así!

— ¿De qué me estás hablando? Drake —haciendo énfasis con desprecio en el apellido—, es un asesino. Un criminal con quien no tienes permitido tratar. Bruce y Damian te lo prohibieron. Y yo te lo repito, no es de los nuestros. No sé que habrá hecho para que le permitieran estar aquí pero no se repetirá.

Pequeñas gotas saladas mojaron las mejillas rojas de Dick. Antes de subir hacia su habitación, el niño le echó una última mirada cargada de rabia a su hermano.

— Le salvó la vida a Dami. Eso hizo. Atendió a mis pedidos, cosa que tú ya no haces.

Inmutable, Alfred observaba la escena. Una mirada compasiva de su parte fue suficiente para que Jason soltara el aire que contenía.

— Al, yo vine porque Damian y Dick me neces-

— Prepararé el almuerzo, joven Jason. El señorito Richard debe descansar un poco y el joven amo Wayne está lo suficientemente sedado para dormir un día entero. Usted es libre de hacer lo que quiera.

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El complejo de apartamentos más lujoso de toda Gotham era un lugar seguro y tranquilo para vivir. El penthouse más elegante y alejado del resto, era el favorito de Conner. Cada tanto Superboy se pasaba por allí, esperando encontrar esos ojos azules que le robaban el sueño, y algunas veces, la billetera.

— Llegas tarde, Kon-El —siseó una voz profunda, molesta.

Aterrizando despacio, Conner se acercó al chico que observaba la luna desde el balcón. Desnudo.

— Esas marcas son nuevas, ¿quién fue? Tú no eres de los que uno puede herir fácilmente, Tim.

— Reunión familiar —fue todo lo que salió de esos labios rojizos antes de que se lanzaran contra los de Superboy. Un beso violento. Sujetando con fuerza el cabello del más bajo, el kryptoniano lo apartó de su boca unos centímetros.

— Estás más ansioso de lo habitual. ¿Qué haremos hoy?

— Quiero sangre, sangre de toda esa basura de Gotham que se atrevió a tocar a Damibú —mordiendo el cuello del clon, Tim le enroscó las piernas alrededor de la cintura.

Asintiendo suavemente, Conner se giró para entrar a la habitación mientras volvían a besarse con muchas más ganas.

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Gotham, Enero 25

Desde que había vuelto a casa, las energías de Jason se habían ido en tratar de reconciliarse con Dick, sin muchos resultados. El niño no le dirigía la palabra, solo hablaba con Alfred, a veces lo encontraba hablando por celular con quién sabe quién, incluso le hablaba más al estúpido perro de Damian.

Batwoman y él se habían distribuido el trabajo, a veces Robin y Batgirl los acompañaban. La calma había regresado sospechosamente a la ciudad. Damian aún no despertaba y Bruce no daba señales de volver pronto ni de querer comunicarse con ellos.

El timbre de la mansión llamó la atención del adolescente, quien dejó de limpiar su casco para abrir la puerta rogando que la solución a sus problemas estuviera allí. Y al abrirla, se dio cuenta que quizá, así era. Sonrió.

— ¡Hola Jay...! ¿Podemos pasar?

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N/A: Bueno, algunas cosas se aclaran y otras se oscurecen. Pero todo es cuestión de tiempo.

No puedo evitar algo de KonTim y JayKara, insinuaciones JayTim también. Hay que ponerle salseo para volverlo interesante.

¿Alguna duda, sugerencia, error? Por favor, háganme saber sus opiniones. ¡Saludos!