Adrien se sonrojó terriblemente al igual que Marinette al darse cuenta de sus palabras, realmente era incomodo, realmente más para la peliazul que no sabía claramente que decir ante aquella situación, todo era extraño, quería saber qué pasaba pero sentía que no sería lo correcto preguntar y más porque todo parecía un tema muy delicado.
Ambos jóvenes caminaron hasta la casa de la dulce chica, el olor a pan caliente llego a la nariz del rubio quien se ruborizó mientras se imaginaba todo tipo de panes que su padre no le dejaba comer, se preguntaba, "Los padres de Marinette, ¿me dejaran probar?"
-¿Ocurre algo Adrien?- lo saco de sus pensamientos la dulce Marinette.
-¿Eh?
-¿No te gusta el olor?
-¡¿EH!?- brinco y le miro como si hubiera dicho lo peor.- ¡¿CÓMO LO ODIARÍA!?
No le dio tiempo de terminar de hablar cuando Adrien de dónde demonios saco las fuerzas no sabía, l único que realmente sabía era que había salido corriendo en dirección a la panadería donde ya se encontraba viendo con asombro los panes, cuando el señor Dupaing recordó claramente quién era.
-¡Joven Agreste!
-H-Hola.- el chico rápidamente tomo una postura correcta y le dio un apretón de manos.
-Mucho tiempo sin verte, me da gusto que vinieras.
-¡G-Gracias por recibirme en su hogar!
-¡Hombre, eso no se agradece!- le dio una palmada.
En ese momento Marinette entró por la puerta principal, cuando vio a su padre y a su amado Adrien se sorprendió por completo, el humor de Adrien había mejorado, parecía incluso más relajado.
-¡Mari!- su padre corrió y la abrazo.
-¿Cómo les ha ido?- dijo correspondiendo el abrazo del gran hombre.
-Muy bien, aunque tu madre se sentía un poco decaída.
-¿Eh?- dijo nerviosa.- La iré a ver.
-Yo le ayudaré a tu padre a cuidar la tienda.- dijo firmemente el rubio, como para decirle "Tranquila, No me moveré de aquí". Marinette le regresó la mirada y subió rápidamente.
Entre el rubio y el castaño atendieron la tienda durante horas, Adrien se sorprendía lo bien que atendía el padre de Marinette a las demás personas, les hacía sentir bienvenidos a su tienda, además de que sentía algo tan extraño cuando el padre de amar inerte le daba una palmada en la espalda en manera de aliento y de felicitación y fue ahí cuando surgió otra pregunta, "¿Por qué mi padre no es así?".
-¡Mamá se siente mejor!- bajo rápidamente Marinette y alegre se dirigió a los dos que trabajaban.
-¡Esa noticia me agrada!
-¡Siii!
-Me alegro Marinette.
-¿Quieren ir a comer algo?
-¡Claro!
Cuando subieron Adrien miro con preocupación a su madre quién iba bajando las escaleras, realmente esa escena le hizo que su corazón dirá un vuelco, sin poder evitarlo se ofreció para terminar de bajarla lo que hizo que Marinette y su padre se enternecieran.
-Muchas gracias Adrien.
-No hay de qué señora, fue un gusto.- dijo al terminar de ayudarle a llegar a la mesa.
-Me alegro que hayas podido venir nuevamente, realmente es grato tener aquí a alguien más.
-¡Exactamente! ¡Eres un chico que enserio parece gustar de la repostería!
-¿Nunca has pensado en estudiar eso?- dijo la mujer sonriente.
-En verdad que lo eh hecho.- sonrió el rubio.- Me gustan las cosas dulces y créanme que me encantaría aprender.
-¡Oh! ¿Por qué no le enseñas, Mari?
-No tengo problema.- dijo sonriente.
-Entonces cuando acaben pueden bajar a preparar algo.- concluyó el gran hombre.
-¿Habla enserio?- dijo Adrien con los ojos llenos de luz.
-¡Por supuesto hijo!
Y cual niño pequeño, Adrien comió lo más rápido que pudo y espero a Marinette quien le dio gracia esta actitud tan tierna por parte del rubio quien le sonreía alegremente a los adultos enfrente de él, ellos al igual que su hija se sentían enternecidos por Adrien, era como si vieran a su pequeña Marinette.
-¡Listo!- gritó triunfante Marinette.
-¡Genial!- Adrien levantó el plato de la azabache y lo llevó al lavadero para limpiarlo.
Cuando terminó tomo del brazo a Marinette, no sin antes agradecer por la comida a los padres de la ojiazul, cuando bajaron Adrien no dejaba de ver con asombro aquella enorme cocina y ni se diga el olor que para él era como la mejor droga del mundo.
-¿Qué te gustaría hacer?
-¡¿Podría ser un pastel de chocolate!?- dijo mientras en sus ojos se podía ver la emoción pura.
-¡Claro!
Marinette le alcanzó un delantal para la cintura y Adrien lo tomo con gusto pero de igual manera con nerviosísimos, ambos chicos comenzaron a crear un delicioso pastel, claro que primero hubo dificultades pues Adrien tenía miedo de arruinar la mezcla.
-¡Vamos, no pasara nada!- dijo Marinette sonriéndole y dándole ánimos.
-¿Y si lo arruino?
-¿Tú? ¿Cómo podrías arruinar algo?- dijo inconscientemente.
-¿T-Tú crees?- dijo Adrien sonrojado.
-Si.- asintió y desvío la mirada con el sonrojo sobre sus mejillas.
Adrien no podía dejar de pensar en lo hermosa que se veía de esa manera, Marinette era una chica muy linda y atenta, le sorprendía el coraje que había tomado delante de la profesora y por haberlo defendido.
Marinette se encontraba mezclando, Adrien no pudo contenerse y la abrazo, la peli-azul se sonrojó hasta las orejas y se quedó inmovilizada, podía percibir el olor a la colonia que usaba Adrien y vaya que olía delicioso.
-Gracias...- murmuro Adrien.
-No me lo agradezcas.- contestó Marinette por fin y correspondió el abrazo.
Por otro lado su padre se encontraba furioso, regreso a su casa y se adentró al cuarto de su hijo, miro por todos lados, se metió al baño y nada, no estaba ningún rastro de su hijo.
-¡Ese mocoso!- gritó y aventó todo lo que se encontraba en su escritorio.
Se detuvo al escuchar un cristal romperse, se giró y vio la fotografía de su esposa, un sentimiento de odio lo lleno por completo, que no pudo controlar y arrojo la fotografía al bote de basura, él quería que las cosas siguieran como antes, que Adrien solo le hiciera caso sin cuestionar, pero no, su hijo se había vuelto un malagradecido.
-¡Nathalie!- gritó furioso.
-¿Si, señor Agreste?
-¡Búscalo!
-Eso intento señor, pero no contesta mis llamados y en la escuela...
-¡La escuela!- gruñó y miro a la mujer.
-¿Quiere que llame?
-¿Quieres una invitación?
La mujer negó rápidamente con la cabeza y tomó su celular para llamarle al director quien informó del paradero de Adrien.
-Señor...
-Yo mismo iré por él.
Nathalie le recorrió un escalofrío por todo el cuerpo al escuchar el tono que usó el señor Gabriel, estaba realmente molesto.
-Oh joven Adrien, no entiende...- murmuro mirando el desastre que había en el cuarto del rubio.
Gabriel subió al auto y le dio indicaciones al chofer que cumplió al pie de la letra pues no quería hacerlo enojar más de lo que ya estaba, realmente estaba en muy serios problemas Adrien.
-Así que los Dupaing Cheng se atreven a meterse en mis asuntos...- rió entre dientes.
Por otro lado.
Adrien se encontraba sumamente feliz al ver el resultado de todo el esfuerzo que había metido en hacer ese pastel.
-¡Solo falta la decoración!- dijo enérgica la peli-azul.
-¡Eso es genial!- le miro fijamente y ambos se sonrojaron.- ¿Q-Qué le pondremos, Ma-Marinette?
-Ammm...- miro el pastel.- ¡Podemos ponerle chocolate de leche como cubierta y después chocolate blanco en tiras, por último fresas o zarzamoras!
-¡Suena delicioso!
Ambos chicos se repartieron las tareas, Marinette reía al notar el nerviosismo de Adrien al intentar córtatelo chocolate blanco por lo que ella se acercó a él y tomó sus manos.
-¿Puedo ayudar?- Adrien se sonrojó completamente, tanto que ya alcanzaba el tono de color del cabello de Nathanael.
-S-S-Si...
Marinette estaba igual o peor de roja que él, sus manos temblaban pero guiaba correctamente al chico quien tenía la respiración entrecortada, ambos temían moverse porque sabían que si lo hacían, lo arruinarían.
Adrien se giró a donde Marinette, sus rostros estaban tan cerca y se iban acercando cada vez al punto en que sus respiraciones chocaban, pero el sonido de la puerta abrirse les hizo brincar del susto y alejarse.
-¿Se puede saber qué haces aquí?
-Oh, no...
Los ojos verdes chocaron con los ojos azules de su padre, comenzó a acercarse lentamente hacia su hijo que le seguía sosteniendo la mirada.
-Contéstame.- lo tomo del antebrazo y lo hizo salir de atrás del mostrador.
