Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, asi como algunos textos que fueron extraidos de "La Iliada" y "La Eneida", los que pertenecen a Homero y Virgilio, respectivamente.
Esta historia es sin fines de lucro, solamente para sacar una que otra de mis frustraciones y sueños de escritora novata, je, je, je.
Presuroso, camino entre bien trazadas calles, atravesando lo que parece una gran ciudad, hasta que llego frente a una gran puerta de madera tallada, la cual, es abierta por varios soldados, lo que observo una vez que cruzo a través de ella. Los hombres, me hacen reverencia, como si se tratase más que de un superior, un salvador.
De pronto, mi presuroso paso ha cambiado a correr literalmente, al observar cada vez más cerca de mí, una figura femenina, cubierta en un blanco velo, dándole apariencia de una diosa en persona. Me detengo en seco al observarle a unos cuantos pasos...su belleza me ha dejado sin aliento. Y como no hacerlo, si es mi amaba y venerada esposa.
La hermosa dama me ha divisado y se acerca a mí. Me toma de la mano y entre sollozos, me dice:
- "¡Desgraciado! Tu valor te perderá. No te apiades del tierno infante ni de mí, infortunada, que pronto seré viuda; pues los te cometerán todos a una y acabaran contigo. Preferible sería que, al perderte, la tierra me tragara, porque si mueres no habrá consuelo para mí, sino pesares; que ya no tengo padre ni venerable madre. A mi padre matóle divino guerrero cuando tomó la populosa ciudad de los cilicios, Tebas, la de altas puertas: dio muerte a Eetión, y sin despojarle, por el religioso temor que le entró en el ánimo, quemó el cadáver con las labradas armas y le erigió un túmulo, a cuyo alrededor plantaron álamos las ninfas Oréades, hijas de Júpiter, que lleva la égida. Mis siete hermanos, que habitaban en el palacio, descendieron al Orco el mismo día; pues a todos los mató divino guerrero, entre los bueyes de tornátiles patas y las cándidas ovejas. A mi madre, que reinaba al pie del selvoso Placo, trájola aquél con el botín y la puso en libertad por un inmenso rescate; pero Diana que se complace de tirar flechas, hirióla en el palacio de mi padre. Ahora tú eres mi padre, mi venerable madre y mi hermano; tú, mi floreciente esposo. Pues, ea, se compasivo, quédate en la torre. ¡No hagas a un niño huérfano y a una mujer viuda!
Las reacciones de la bella dama me conmueven, más no me hacen ceder. No tengo el derecho de mostrar temor o duda, mucho menos, puedo darme por vencido. Es algo que no puedo hacer, no sólo por el bien de mi familia entera, sino por el de mi ciudad.
¡No debo darme por vencido, jamás!
Despierto lentamente con una extraña sensación en el pecho…parece que estaba soñando, pero…no recuerdo muy bien de que trataba el sueño en sí. Toco mi rostro y me doy cuenta de que estaba llorando.
¿Qué soñé exactamente?
¿Por qué no lo recuerdo?
Seco mis lágrimas y trato de reincorporarme en la cama, cuando escucho tenuemente mi nombre.
- ¿Camus…?-la poca luz del sitio no me permite distinguir la silueta que se acerca presurosa a mi lado-¿En qué momento despertaste?
- No…-mi voz se escucha bastante ronca, pero aún así intento responderle a esa persona. No sé por qué pero aún no puedo reconocerle-no lo sé…-y ahora que lo pienso, tampoco reconozco este lugar-¿Dónde estoy?
- En tu templo-¿Mi templo? ¿Qué significa eso?-Este es tu hogar.
¿Mi hogar…?
Ah, creo que ya recuerdo. Es el onceavo templo y yo soy su guardián. ¿Cómo pude olvidar algo así?
Y él, es Milo. Guardián de Escorpión. Nos conocemos desde niños.
- Tengo sed…-pronuncie sin pensarlo demasiado a lo que Milo reacciona.
- Espera-veo que me sirve un poco de agua en un vaso y me lo ofrece, ansioso intento tomar el objeto y digo intento, ya que no lo consigo hacer correctamente, cayendo al suelo y quebrándose en el acto-No te preocupes, ire por otro vaso. No pasa nada, Camus-veo que Milo amablemente comienza a juntar los trozos de cristal, lo que me extraña. ¿Desde cuándo este socarrón pierde la oportunidad de dejarme en ridículo?
Siempre se ha burlado de mí en las ocasiones que cometo alguna estupidez no propio de mi "elegante porte", según sus palabras. Así que supongo que está siendo amable para no hacerme sentir mal por causarle problemas. Vaya, no me esperaba que fuese tan maduro en tales situaciones.
- Lo siento…-le digo respondiendo a su actitud, pero curiosamente, sólo le veo brindarme una extraña mirada para luego gritarme.
- ¡No digas eso!-veo que Milo sale rápidamente de la habitación y no entiendo el por qué de su reacción. Él siempre se ha distinguido por dejarse llevar por sus emociones más simples, pero sencillamente, esta vez no entiendo qué sucedió.
Solamente me disculpe por romper el vaso. En fin. Milo salió corriendo lo que sólo significa que fue a calmarse para evitar gritarme en mi estado. Debo verme tan miserable.
¿Cómo es que no pude ni sostener un vaso de cristal con agua?
Observo un poco mis manos y me doy cuenta de que el motivo es porque tengo los musculos atrofiados. Casi no tengo fuerza en mis extremidades y parece que también mi complexión se ha deteriodado, por que puedo sentir claramente los huesos de mis costillas y cadera. He sido delgado toda mi vida, pero esto, es señal de desnutrición. Eso sin contar que me siento bastante confundido.
No sé que día es y no reconozco el lugar donde estoy aunque Milo dijo que era mi templo, pero no luce cómo lo recuerdo aquella última vez. Ah…es cierto. Shion menciono algo sobre la reconstrucción del Santuario…no sé porque tengo la sensación de que me he perdido de bastante.
¿Cuánto tiempo estuve dormido?
Veamos…habrá que recapitular un poco sobre mis últimos recuerdos para tratar de ubicarme…
Me uni a Shion en su tarea suicida y nos fue bien. Conseguimos que Athena obtuviera su armadura aunque literalmente me patearon en el jodido suelo. Recuerdo que me despedí de Hyoga y luego…volví para ayudar a mis hermanos de batalla por última vez. Luego de eso, no tengo nada más en mi mente. Sólo oscuridad…
Bueno, no conseguí mucho con esa secuencia de recuerdos. Creo que será mejor olvidarme de eso y concentrarme en recuperar la movilidad de mis brazos y piernas…
Mientras comienzo con mi labor, siento que una nostalgia muy profunda se adueña de mi alma. Hacía tanto que no me sumergía en mi pasado, no por negarle sino por haberme enfocado en mi meta de continuar con la vida que el destino me obsequio.
Mi pasado es lo más valioso para mí, tanto, que me he impuesto la tarea de no mencionárselo a nadie. Es mío, sólo mío. Con todo lo bueno y lo malo, no pienso compartirlo con nadie. Me siento orgulloso de ello. Cuando tenía 14 años, estuve a punto de mencionárselo a Milo, a quien consideraba mi amigo y por el que comenze a sentir algo especial. No es algo que me guste aceptar, pero así fue. Me enamore de él por la manera en que me hablaba. Me hacía sentir tan especial y aunque no era experto en ese tipo de relaciones, reconocía a la perfección cuando comenzaba a coquetearme. Si bien es cierto que Milo yo no llegamos a nada serio, su cercanía y manera de tratarme, todos sus halagos, me ilusionaron a un punto tal que nació en mí el deseo de hacerle conocedor de mis más amados secretos.
Me hizo confiar en él.
Sus actos para conmigo, me hicieron abrir el corazón y solamente esperaba conseguir un poco mas de confianza para darle todo de mí y de pronto, él se alejó…se fue tras otra persona. Alguién de quien obtuvo lo que deseaba más fácilmente y sin compromiso alguno.
Y me dolió tanto.
Me sentí tan entristecido.
Pero no lo demostré.
No supe cómo hacerlo.
Aún estaba confundido por mis propios sentimientos y también me sentía humillado por dejarme cegar por tan sólo unas palabras bonitas. Mi necesidad de sentirme apreciado, simplemente me sobrepaso. Y termine herido y encerrándome en un caparazón todavía más grueso y seguro. Pero cuando mis secretos se mantuvieron a salvo, di vuelta a la hoja y continue cómo siempre lo he hecho.
Milo jamás se dio cuenta de lo que ocurrió conmigo en esa época, algo que agradecí. Irónicamente su egocentrismo me mantuvo a salvo de revelar mis emociones. Nuestra amistad continuó adelante, aunque a estás alturas, realmente no estoy muy seguro de que ese lazo se halla mantenido a salvo.
La Guerra Santa nos cambió. El recibir toda la ira de Milo en mis últimos desafortunados momentos, me hizo darme cuenta de lo poco que me conocía. Acepto que no compartí mi pasado con él, pero le mostre mis preceptos, mi valores y quién era en el presente. Quizás fui ingenuo al pensar que se daría cuenta de mi actuación. Supongo que le di demasiado crédito…
- ¿Qué estás haciendo?-volteo a mi lado derecho que Milo entra a la habitación nuevamente, esta vez con un par de vasos en las manos.
- No puedo moverme bien.
- Pues claro que no-me dice ofendido al tiempo que deja los vasos en el pequeño mueble a mi lado-Has estado dormido bastante tiempo.
- ¿Cuánto exactamente?
- No importa. Ya estás aquí, así que dejame en paz.
¿Qué lo deje en paz? ¿Pero qué le pasa? No es cómo si le preguntar algo ajeno a mí.
- ¿Qué demonios te pasa?-le pregunto sin poder evitar el tono molesto en mi voz-Estás más voluble que de costumbre.
- Mira quien lo dice-y allí está la burla en su voz y en esa media sonrisa. Esa misma expresión es la que recuerdo de mi infancia.
- Yo no soy voluble, soy sombrío-dejo de prestarle atención a su mala vibra y sigo con mi labor de masajear mis piernas. Al parecer tengo mejor sensibilidad en mis manos, por lo que hace unos momento, comencé con mis piernas las que siento demasido frías al tacto. Sé que no debería ser algo raro sabiendo que mi cosmo es así, pero hay algo realmente anómalo con esta frialdad en mi cuerpo.
- Ja, ja, ja, creo que eres la única persona que conozco que se califica de esa manera.
- Sé bien cuales son mis defectos…-mi tono cortante es bien identificado, por lo que durante unos minutos más, ninguno de los dos intencambia palabras.
- Puedo ayudarte si quieres.
- ¿Ah?
- Puedo ayudarte con tus pies.
- Ni de coña-fue mi inmediata respuesta. Jamás le he permitido a nadie hacercarse tanto a mi espacio personal y no es algo que pienso cambiar por el simple hecho de que estoy casi inválido.
- Anda, no tiene nada de malo-sin esperar una respuesta de mi parte, toma groseramente mi pierna izquierda y la pone en su regazo-Entre más pronto muevas el culo mejor para ti, ¿no?-me sonríe alegremente, mientras de mi parte recibe la expresión más agria que puedo hacer. Eso no parece importarle ya que comienza a frotar suavemente de la planta del pie hasta la pantorilla.
Esto es tan humillante, pero no tengo deseos de pelear. Me da igual lo que haga. Normalmente me pondría a ofenderle y a buscar cualquier excusa para zafarme de esto, pero no tengo ninguna obligación ya que no me importa lo que piense. De pronto, siento que se concentra en cierta área de mi pierna.
- No recuerdo ésta cicatriz…-la toca con sumo cuidado una y otra vez a lo que miro mi pierna sin poder evitarlo.
- Supongo a que nunca me viste en tan penosa situación.
- ¿Cómo te la hiciste?-esa pregunta ya la veía venir. Creo que cualquiera tendría curiosidad porque es bastante impresionante. Es una cicatriz en el costado de mi pierna izquierda de cerca de cinco centímetros de largo que es bastate ancha en el centro de la misma, señal de una curación insípida.
¿Y cómo me la hice?
Je, no creo que tenga una respuesta idónea para tal pregunta ya que involucra una situación de mi pasado, un recuerdo no muy placentero, pero a pesar de ello, es algo que es sólo mío…
- Me cai cuando era niño-digo rápidamente.
- Mentiroso-veo una sonrisa algo forzada de su parte, lo que me extraña. No recuerdo ese tipo de gestos en él-No sé porque nunca has querido hablar de tu pasado-me mira directamente a los ojos-¿Qué no tienes ninguna anécdota de tu niñez?
- Desde muy joven llegue a este lugar-hablo automáticamente de la misma historia que le digo a la persona que intenta inmiscuirse en mis preciados recuerdos-No recuerdo mucho sobre antes de vivir en el Santuario. De seguro tú tienes más recuerdos.
- De mis padres ninguno. Jamás supe quienes eran. Pero si recuerdo mi niñez en el orfanato.
- ¿No sientes rencor hacia tus padres?-intento distraer la atención de mí con esas preguntas. Me ha funcionado bastante bien antes.
- No puedo sentir rencor con alguien a quien no he visto nunca. Además, a veces me siento agradecido.
- ¿Y por qué?
- Porque de no haberme dejado en ese orfanato, quizás no habría tenido la oportunidad de estar aquí, ayudándote Camus.
- Claro…-ahora es mi turno para el sarcasmo-que halagado te debes sentir de estar sobándome los jodidos pies.
- ¿Y tú, Camus? ¿Nunca conociste a tus padres?
- ….-maldición, ¿cómo fue que volvimos al mismo punto?
- No sé porque, pero imagino que tu madre debió haber sido muy hermosa.
- Así es.
- Entonces, ¿sí los conociste?-percibo cierta satisfacción en sus palabraslo que me irrita.
- ….
- Quiero escucharte. Quiero saber más de ti, Cam.
- A veces creo que te imaginas que tuve una vida extraordinaria, Milo. Pero te equivocas. Soy la persona más simple del mundo.
- No es cierto. Simplemente, no confias en mí. Eso me haces sentir…-su mirada azul trata de trasmitirme su necesidad de saber de mí. Pero es una lucha perdida. Ya he decidido que él, no es la persona a la que le confiare mis secretos.
- Tengo hambre…-cambio de tema descaradamente, ante lo que Milo me mira tristemente. Lanza un largo suspiro, para luego, bajar mi pierna y tratar de ponerme de pie.
- Venga, vamos a tu cocina para ver que hay para cenar-paso mi brazo por detrás de su cuello, apoyándome en él para caminar fuera de la habitación.
- ¿Mi cocina? ¿Qué pasó con el comedor del Salón Principal?
- Sigue allí, pero en cada habitación de los templos se construyó una pequeña cocina por si no quieres salir al mundo libre. Supongo que es ideal para ti, ¿no?
Una vez que llegamos al mencionado lugar, me sorprendo al toparme con una pequeña pero práctica cocina con estufa de gas y refrigerador pequeño, además de una gran alacena y un comedor con un par de sillas.
- ¿Pero qué demonios? ¿Acaso esto se convirtió en un departamento de soltero?
- Ja, ja, ja, lo dudo, por que las chicas siguen siendo prohíbidas-me siento lentamente en una de las sillas de madera, mientras Milo se dirige a la alacena para ver lo que hay dentro-Aún tengo que bajar al pueblo para divertirme un rato.
- ¿Y los chicos no cuentan?
- No realmente-me responde simplemente, al tiempo que saca algunas cosas para comenzar a hacer la cena-Amo las tetas grandes y el cabello largo.
- ¿Por qué esa fijación con el cabello largo?
- Tú llevas el cabello más largo que yo, asi que cierra la boca, jodido francés.
- Es cierto…-tomo un mechón de mi cabello y le miró. Sigue siendo tan rojo cómo recuerdo.
Nunca me sentí cómodo con el color de mi cabello porque jamás pasaba desapercibido ante la gente. Recuerdo que me señalaban y me observaban de forma extraña. Odiaba ese color que no era parecido al de mis padres, odiaba ser tan diferentes a ellos. Incluso recuerdo que una vez, en un ataque de rabia, corte con un cuchillo algunos mechones ante la sorpesa de mi abuela materna.
Curiosamente, mi deseo de deshaceme de aquel rojizo cabello se cumplió de forma bastante macabra. Durante cerca de un año, mi cabeza permaneció rapada cómo el resto de los niños que compartían mi destino. Luego de eso, comenzó a crecer nuevamente y sentí tanta nostalgia de que nadie le acariciara nuevamente con ternura. La tristeza se adueño de mí y decidi que si no había nadie, el viento sería aquella mano cálida que perdí…el viento sería quien acariciaría mi cabello. Una vez que creció y lo sentí por primera vez, no puede dejar de hacerme adicto a esa sensación.
Es tan patético…
Es tan trágico…
En verdad la soledad llega a ser tan profunda que después no llegas a distinguir el contacto humano. Todo aquello que tenga que ver con las emociones se convierte en algo tan ajeno e incomprensible. Lo mismo sucede cuando has sido tocado por la perversidad…pierdes toda noción de lo que es la sinceridad y no dejas de cuestionarte sobre los motivos ocultos de cualquiera pequeño acto de nobleza para contigo…nunca bajas la guardia y solamente esperas el momento en que aquellos a tu alrededor traten de lastimarte.
Pierdes por completo la fe en la humanidad.
Je…es bastante irónico que hable de esta manera siendo que sacrifique tanto precisamente por el bien de la humanidad. Pero en áquel momento no lo dude. Ni siquiera lo pensé demasiado, yo sólo deseaba ayudar…
Siendo que cuando yo necesite de ellos, nunca se dignaron siquiera a mirar mi sufrimiento.
- ¿Cam...?-salgo de mi letargo al escuchar que Milo me llama-¿Estás bien?
- Sí-suelto del mecho de rojizo cabello-sólo recordaba el por qué comencé a dejarlo crecer.
- ¿Acaso le hiciste una promesa a alguien?
- Algo así.
- ¿Uno más de esos secretos que no quieres contarme?
- No hay secretos, Milo. No sé de dónde sacas todas esas ideas.
- Si no es un secreto, contesta correctamente y no con un "algo así".
- Nunca lo he hecho, ¿por qué comenzar ahora?
- ¿Que no somos amigos?
- Dimelo tú…-la charla llega a un punto bastante incómodo, lo sé, al observar la reacción de Milo, que me mira fijamente.
- Siempre has sido alguien frío, pero te estás pasando, Cam. Eso duele.
- Tu repentina sensibilidad no es mi culpa-le escupó groseramente-Ya lo has dicho, siempre he sido un cabronazo sin corazón alguno, ¿no?
Es cierto, Milo siempre me enfrentaba diciendo que era una persona muy distante, que debía ser más expresivo y sincero, que así, podría hacer muchos amigos. Pero yo no quería muchos amigos con los cuales perder el tiempo, yo quería un amigo con el cual contar siempre, por eso no importaban demasiado que todo mundo pasara de mí, cuando él, estaba allí, junto conmigo. Pero con el tiempo, pude ver que yo también me equivoque respecto esa idea.
- Lo que ocurrió en la guerra santa…-Milo comienza a hablar y al mencionar esas palabras, sé bien a donde quiere llegar-sé qué..
- No sabes nada-le interrumpo groseramente.
- Lo siento. No actué cómo un amigo.
- Hiciste lo correcto.
- Cam…
- No somos amigos, eres un guerrero. Ambos lo somos. En tu situación, hubiera hecho lo mismo.
- No es cierto y lo sabes, Cam-nuevamente, veo una expresión que no recuerdo en Milo. Sin embargo, no me interesa demasiado entender qué le sucede, por lo que continuo mi charla.
- No te he contado la verdad sobre mi vida, eso no lo hace un amigo. Así que supongo, nunca lo fuimos.
Sí, definitivamente tenías razón, Milo. Soy una persona muy insensible, no me interesa lo que los demás piensen de mí y mi peor defecto es, que no me gusta tropezarme dos veces con el mismo error.
No te daré otra oportunidad para herirme.
- Nunca es tarde, ¿no?-menciona con una sonrisa forzada-Nos han dado una segunda oportunidad. Tengo todo el tiempo del mundo para escuchar quién eres. Puedes comenzar mientras hago algo para que comas.
- No lo haré…-digo secamente, sin embargo, mi agrio comportamiento poco parece afectarle a Milo, que reanuda la tarea de realizar la cena.
- Igualmente, hare algo para que comas…
- Yo lo asesine…-Kannon pudo contemplar que su hermano le observaba tratando de verificar aquellas palabras, incluso abrió la boca, pero no salieron palabras de ella, hasta luego de unos segundos.
- Shion nunca juzgó al culpable-le dijo finalmente.
- Porque ante sus ojos era lo justo-quien sabe, quizás hasta estaba un poco decepcionado por no arrancarle el corazón el mismo, ya que después de enterarse de lo que Kiapen le hizo al francés, se encargó de borrar todo rastro de su existencia, al grado, de que no le enterró en tierra sagrada.
- Y para ti, ¿era lo justo…?
Nuevamente, Saga se impresionó al contemplar que la mirada altanera y retadora de su gemelo cambió, casi al punto del llanto.
- Siempre me he culpado por eso, ¿sabes…?-su voz se quebró al final, por lo que carraspeó, luego sorbió un par de tragos a su café, tratando de recuperar la compostura, pero lamentablemente, no funcionó, por lo que decidió continuar charlando con la voz entrecortada-quizas fui el primero que comprendió que ocurría pero…no hice nada.
- ¿Pero qué dices? ¿De qué estás hablando?
- Yo lo vi, Saga…-le miró directamente a los ojos, en busca de comprensión ante lo que iba a contarle-vi lo que ese cabrón le hizo…
****FLASH BACK****
A la mierda, pensó irritado.
Nuevamente Saga le había sermoneado sobre permanecer oculto y evitar que alguien se diese cuenta de que eran gemelos. Pero cielos, era tan aburrido estar encerrado en el tercer templo mientras su hermano se pavoneaba con la puta armadura que debió haber sido suya, pero el cabronazo de su maestro lo mando al carajo porque si bien era más fuerte, había cierto lado de él que le hacía temerle. Puta madre, c+omo si Saga no tuviese ese lado oscuro, maldita sea. Solamente era muy bueno ocultándolo, al contrario de él, que le encantaba sacarlo a flote.
No era nada malo obsequiarles una pizca de sinceridad y dureza a los demás, ¿no?
Estaba hasta los cojones de los regaños de su gemelo, así que enésima vez, no le hizo caso y se escapó a ese lejano paraje para entrenar un poco, lo que relajaba y calmaba sus ansías de destruir todo a su paso, cuando de pronto, una voz varonil le asusta:
- ¡Levántate!-la voz retumbó cómo si se tratase de un trueno, posiblemente por lo escarpado del sitio.
Le dio bastante curiosidad saber quién estaba en aquel lugar, ya que era un sitio bastante alejado, además de que expedía una mala vibra ya que estaba muy cerca del cementerio del Santuario.
Lentamente se acercó y se encontró con Kiapen, el caballero dorado de Acuario, un hombre que era conocido por no ser precisamente la mejor persona del mundo, y en otras palabras, era un reverendo hijo de puta. Egocentrico, violento, misántropo, eran sus mayores "cualidades", por decirlo de alguna manera. Y una vez más estaba en boca de todos con el rumor de que había tomado a un niño cómo su aprendiz, aunque imaginó era sólo eso, un rumor, ya que nadie le había visto.
Su cerebro adolescente le hizo arriesgarse, ya que seguramente allí estaba entrenando al chiquillo ese y ansiaba contarle a medio mundo cómo era el "gran alumno" de ese cabrón.
Allí en el suelo, distinguió una menuda figura de cabelloss rojos que yacía boca abajo. Pobre chiquillo, pensó Kannon. No parecía pasar de los 6 años a juzgar por su complexión por lo que le pareció muy cruel que le estuviera tratando así, pero no podía juzgarle, después de todo, cada casa zodiacal tenía diferentes formas de entrenamiento y por lo que escuchó, Acuario era una de las más estrictas en lo que concernía al entrenamiento.
Kannon se mantuvo quieto, observando al niño arrastrarse hasta una roca cercana para apoyarse y seguir la orden de su maestro de levantarse, cual fue su sorpresa ante la acción del guerrero, que lanza su cosmo para hacer añicos la piedra. El duro golpe que escucha, le hace cerrar los ojos por inercia. Mierda, en verdad era duro darse cuenta de la vida llena de crueldad que el destino les adjudicó cómo protectores de la Tierra. Él también llegó a pasar por malos momentos, pero tenía que aceptar que el tener a su hermano a su lado, fue algo que le hizo las cosas más fáciles.
Pero, ese pobre chiquillo…quién sabe si tenía familia, quién sabe si fuera a sobrevivir…
No pudo evitar sentir empatía por él.
Ante ese sentimiento, decidió que tenía demasiado de todo eso. Lo mejor sería irse, pero un nuevo golpe seguido de un grito de aquel niño, le hizo nuevamente fijarse en aquel grotesco espectáculo.
Kiapen, la sostenía fuertemente del cuello luego de haber azotado su pequeño cuerpo contra el muro del acantilado donde estaban. Pero que cojones, ¿acaso quería matarlo?
En ese momento, fue cuando se percato del daño que el pequeño niño tenía: se notaba claramente que tenía el ojo derecho completamente magullado, sangraba de la nariz y tenía un corte en la ceja izquierda cuya hemorragia se había derramado en el ojo, creando el macabro efecto de que estaba llorando sangre.
Demonios, esto era demasiado para él. Al parecer aún conservaba un poco de corazón. Y el cabrón de su maestro diciéndole que era demasiado malvado para vestir una armadura, que putada, pensó dolido.
Luego de unos segundos en donde realmente quizo salir de su escondite para decirle a ese puto que no fuera tran estricto con ese niñato, Kiapen le soltó despectivamente. El chiquillo aún está vivo ya que tose una y otra vez.
No supo porque pero suspiró realmente aliviado.
- Terminamos por hoy-escuchó decirle con voz monótona-Regresa al templo, aséate y espérame-le suelta despectivamente y vuelve a ponerse de pie, no sin antes sacudir un poco sus ropas-Tengo un asunto que atender antes…
Ya cuando pensó que no tendría nada más de qué preocuparse, ve que el caballero se inclina a la altura del niño que no para de temblar y luego, le toma del mentón y…lo besa…
Momento, dijo…¿besar?
No, seguramente fue su imaginación. Eso debió ser.
Kiapen denotaba toda la imagen de un hombre que gustaba de tetas grandes y culo estrecho, era imposible que estuviera fajando un niñato de seis años. Jodido calor de Grecia, ya la hacía delirar.
No podía ser posible, seguramente era su imaginación. Nuevamente, volvió la vista al chiquillo que ahora estaba sentado y temblaba cómo si estuviese muriendo de frío. Ante esa imagen algo en Kannon se quebró…perdiendo el miedo de que Kiapen regresara y le matara por meterse donde no le importa, se acercó al pequeño niño.
La cercanía le permitió darse cuenta de que ese niño estaba estremeciéndose por el llanto. Su rosto, lleno de polvo, sangre y lágrimas, era una estampa difícil de olvidar. Parecía demasido entristecido cómo para ser sólo los golpes lo que le molestaran.
- Oye…¿estás bien?-el pequeño niño levantó su rostro y le miró. Kannon jamás podría olvidar a esos grandes ojos verdes derramando lágrimas, casi rogándole por ayuda-¿Necesitas ayuda…?-se inclinó, intentándole tocar su brazo roto, pero ante el movimiento, el niño se movió rápidamente hacia atrás, realmente aterrorizado.
La acción descolocó totalmente a Kannon, podría decirse que incluso, se sintió herido.
- Sólo quería ayudar, pero si no quieres, te puedes ir a la mierda, extranjero-y se marchó sin atisbo de remordimiento.
Pasaron cuatro semanas para que Kannon fuera nuevamente a ese sitio, más por curiosidad de saber si aún seguía con vida ese chiquillo de ojos verdes.
Imaginó que le encontraría otra vez medio muerto en el suelo, pero cual fue su repugnancia al encontrarse con una imagen que jamas podría sacarse de la cabeza…allí claramente en una situación sexual, el niño sollozaba y rogaba a su maestro, que por ese día le dejase tranquilo ya que su brazo, que lucía un yeso, le dolía bastante. Sus sollozos de volvieron gritos, luego otra vez sollozos, hasta finalmente, cansado, el niño paró de rogar, algo que Kannon agradeció…
****FIN FLASH BACK****
- Kannon…-Saga realmente no sabía que decirle a su hermano.
- Agradecí que se hubiese callado, ¿puedes creerlo?-dijo secando algunas lágrimas-Fui un cobarde que no se atrevió a ayudarle. Aún después de eso, no me atreví a decírselo a nadie, hasta que no pude más con la culpa y fui con Shion un día que Kiapen salió en una misión. No le dije lo del abuso, sólo que estaba herido y necesitaba tratamiento. Entonces, espere a que Kiapen regresara al Santuario…yo sólo deseaba no escuchar nunca más esos gritos…
El silencio les hizo compañía durante varios minutos, hasta que Saga le digo suavemente:
- Eres una buena persona.
- Ja, debes estar bromeando-soltó molesto-Ni siquiera me atrevi a ayudarlo yo mismo. No evite lo que ese cerdo le estaba haciendo quién sabe desde cuando-quiso tomar más café pero la taza estaba vacía-Esto me deprime.
- ¿Por eso deseas ayudarle ahora?
- No lo sé, siento que parte de esos recuerdos han regresado y que le están lastimando…-Saga contempló una tímida mirada-Sólo no quiero salir corriendo otra vez.
- Je…-no puedo evitar sonreír-En verdad, eres una buena persona.
- Para de burlarte de tu hermano mayor y dame más café, maldita sea…
