CAPÍTULO 4

AMOR FRATERNAL

Tuvieron suerte al volver de que su madre no estaba en casa, lo que les permitió cambiarse la ropa sin que esta notase que ya no llevaban la misma. Nada más ponerse su ropa, Tai salió disparado a casa de Yoshiro. A Hikari la dejaron en la cama de Kenji, medio dormida. Tras lo que había pasado lo mejor era que descansase, y aún no se había recuperado del todo de casi ahogarse en esa piscina.

No tenía nada que hacer, así que cogió un batido de fresa y salió al balcón para tomárselo, acompañándolo de la agradable brisa del otoño. De paso desde allí podría vigilar si su hermana se despertaba, por si necesitaba algo.

- Así que os atacó un digimon – Mikamon saltó sobre la barandilla y se acomodó, para parecer un gato normal.

Kenji le había aconsejado que se comportase como tal, de esta forma podrían hablar sin problemas. Nadie vería raro a un chico hablando con su gato, ¿no?

- Más que atacar creo que iba tras mis hermanos, pero… - miró hacía su cuarto, donde Hikari yacía dormida. Suspiró - . No sé… ¿algún seguidor de los Dark Masters o de Apocalymon?

- Es posible – supuso - . O incluso de Vamdemon. Nadie nos asegura que acabasen con todos los secuaces que se trajo consigo.

- Aaaaah… que lata. A este paso no te podré llevar al mundo digimon como te prometí.

- Bueno, si traen a mi hermana también me vale. Solo quiero verla.

- ¿Qué harás si no es ella?

La gata digimon le lanzó una mirada furtiva. Por un momento, olvidó lo mucho que odiaba que sacase ese temita en lo referente a Tailmon.

- Cambio la pregunta; ¿qué harás cuando la veas?

- No lo sé… - respondió, un poco deprimida - . Ella a mi no me conoce… no sé como reaccionará.

- Mientras que no conozca tu mal humor, todo irá bien – comentó, dando un trago al batido.

- Tienes razón… ¡oye!

- Es broma, es broma… - se rio - . De todas formas esperemos a ver que dice mi hermano cuando venga. Tendrán que ir al mundo digital tarde o temprano, si no, no sé como traerán a sus digimon.

- ¿Y si solo era un digimon aislado? En ese caso no tendrán que hacer ni lo uno ni lo otro.

- Pues… ya pensaríamos en algo.

La gata miró hacía la calle. Para Kenji era muy fácil decir que había que esperar, pero, ¿y para ella? Había sido décadas buscando a su hermana perdida, y cuando por fin la encontró, la acabó perdiendo en el mundo humano. No sabía como, pero ella había acabado en América, donde Kenji la encontró, malherida porque unos críos se metieron con ella.

Desde entonces había estado a su lado. Le contó todo lo referente a los digimon, y cuando los niños elegidos se enfrentaron a Apocalymon, un combate que pudo verse en todo el mundo, le explicó lo que estaba sucediendo. Poco después apareció un dispositivo digital y un emblema en sus manos, pero por más que lo intentaron, Mikamon no podía digievolucionar al nivel Mega.

Su ahora "compañero" humano le hizo una promesa: "No te preocupes. Te llevaré al mundo digimon, solo espera un poco y verás". La gata no desconfiaba de su palabra, simplemente era demasiado nerviosa, las ganas de ver a su hermana pequeña le podían. Pero tenía total fe en Kenji. Era de las personas que si decían que harían algo lo cumplían a rajatabla, costase lo que costase. Por otro lado, también era muy bondadoso y caritativo. El tiempo que duró su recuperación, no le falto de nada a la digimon, incluso pasaba noches en vela cuando le dolía algo para poder curarla o hacerle caricias que la relajaban. En el fondo se sentía muy feliz de haberse encontrado con ese chico.

- Oye… Kenji…

- ¿Mm?

- Cuando me recogiste… no te sorprendió verme hablar ni caminar sobre dos patas… no saliste huyendo como hacían otros humanos con los que intenté establecer contacto… ¿por qué?

- No sé… simplemente, al verte ahí tirada malherida, no le di importancia a esas cosas después. Y una gatita tan mona no podía ser nada malo, ¿no?

- I-Idiota… - se ruborizó.

Kenji se rio con una carcajada. Si algo era difícil en el mundo era sacar los colores a Mikamon. Solía ser muy seria, pero también tenía su vena sensible. En un principio, pensó que era macho, porque no era nada femenina. Con el tiempo, fue descubriendo una parte de ella bastante sensible y mona, que no le desagradaba para nada.

- ¿Hermanito…?

Yoshiro introdujo el dispositivo digital de Tai en la ranura del portátil. El analizador de digimon no tardó en sacar la ficha del digimon que había atacado a Tai y sus hermanos en el centro comercial.

- Según esto se llama Knightmon, nivel Mega Campeón, tipo… vacuna. No es un digimon tipo virus como los Dark Masters ni Vamdemon.

- Entonces, ¿por qué nos atacó?

- Igual era un digimon extraviado del ejército de Vamdemon, no sabemos si los destruimos todos.

- No sé, Yoshiro… parecía que nos buscaba a nosotros.

- Le preguntaré a Gennai a ver si sabe algo, pero hasta la noche no podré conectarme con él.

- Mantenme informado, por favor.

Tai se despidió de los padres de Yoshiro, que en verdad eran sus padres adoptivos. Se llevó una gran sorpresa al descubrirlo, al parecer su amigo hacía tiempo que lo sabía. Y aún así, había que ver lo bien que se llevaban. Durante toda la batalla contra Vamdemon había que ver lo mucho que confiaban en él.

Dejando atrás todo lo que había pasado, Tai era incapaz de quitarse de la cabeza lo del boca a boca con su hermana. Se acarició los labios; aún podía sentir la suavidad de aquellos pequeños labios rosados. ¿Era normal que pensase en eso? No significaba nada, pero para él, era como si algo en su interior le dijese que no era así. Luego estaba lo de cuando vio a Kenji la otra noche. Tenía que hablar ya muy seriamente con él sobre ese tema. Quería quitarse las dudas de una vez, saber que realmente no había pasado lo que creía haber visto. En el fondo, le daba miedo la respuesta.

Kenji miró a su hermana, que se había asomado al balcón, tapándose con la sábana. Seguramente tendría frío. Tampoco es que Tai y él la hubiesen abrigado mucho cuando le cambiaron la ropa en la tienda.

- Ey, ¿cómo estás princesita mía? – Se acercó a ella, para tomarle la temperatura situando su mano en la frente. No estaba fría, pero tampoco muy caliente – Mmmmm… parece que ya te bajo la fiebre, pero aún estás un poco caliente.

- ¿Y Tai…? – Parecía tener un poco tocada la garganta, porque apenas le salía la voz.

- Pues, ha ido a casa de ese amigo vuestro que sabe tanto de los digimon. A ver si puede decirle porque nos atacó esa cosa.

- Ah… ugh… - la niña se tambaleó. Corriendo, Kenji la atrapó antes de que se cayera.

- Aún estás débil. Casi te ahogas, así que tomatelo con calma.

La agarró en sus brazos y la devolvió a la cama. La arropó y luego se tumbó a su lado. Hikari le tendió la mano, y este la rodeo con una de las suyas. Al contrario que su frente, la mano si que la tenía fría.

- Estoy muy cansada…

- Entonces descansa… - le aconsejo, acariciándole tiernamente la cabeza, por la frente.

En poco tiempo, la pequeña se durmió. El truco seguía funcionado al parece. Era algo que Kenji aprendió cuando ella era más pequeña. En un principio, Kenji y Tai compartían habitación cuando se mudaron a esa nueva casa, pero la pequeña era propensa a tener pesadillas y a ponerse enferma, así que tenía que estar acompañada. Por eso la pusieron con Tai.

Aún así, había noches que iba a la habitación de su hermano mayor porque había tenido alguna pesadilla y no podía dormirse. Entonces, Kenji la arropaba a su lado y le acariciaba la cabeza, lentamente. No tardaba ni un par de minutos en cerrar los ojos y empezar a soñar con los angelitos, o eso decía ella.

Se la quedo mirando, como dormía. Su respiración volvía a ser normal, y hacía unos ruiditos que le encantaban y le hacía gracia. A pesar de que ya dormía, no había dejado de acariciarle la cabeza. Le gustaba el contacto con su suave y fino cabello. Por no decir el contacto con su pequeña manita, pudiendo rodearla completamente con la suya. Pasó un dedo por cada uno de sus pequeños dedos, al lado de los de su hermano eran como pequeños gusanitos.

- Hikari…

No se pudo controlar. Unió lentamente los labios con los de su hermana, sintiendo el poco calor que estos desprendían, así como su respiración pasarse a su boca. No estuvo mucho tiempo por miedo a que se despertase. Entonces, es cuando se dio cuenta de que había alguien en la puerta. Era Tai.

- K-Kenji… t-t-tú…

Su hermano retrocedió unos pasos, hasta toparse con la pared del pasillo. Kenji, tranquilo y sin perder la calma, se fue acercando a él despacio.

- Escucha, Tai, esto no es…

No le dio tiempo a decirle nada más. Tai salió corriendo por la puerta de la calle. Kenji no lo dudó un momento y salió tras él, pudiendo atraparlo antes de que subiese en el ascensor. A fin de cuentas era mayor que él y tenía más velocidad.

- ¡Tai, escúchame…!

La respuesta de su hermano fue clara, un puñetazo en la cara que lo obligó a soltarlo. Con fuerza, lo agarró de la camiseta para tirar de él y estamparlo contra la pared.

- ¡¿Se puede saber qué estabas haciendo? ¡Ella es nuestra hermana, maldita sea Kenji!

- Te he dicho que no es lo que te parece…

- ¡¿Qué no? ¡Te he visto como la besabas claramente! ¡¿Qué pensabas hacerle a continuación, eh?

- ¿Hacerle? Jamás le haría nada que ella no quisiera. No sé por quien me tomas.

- ¿Tienes la cara de decirme eso cuando te he visto como la besabas?

- ¿Y qué tiene de malo eso?

- ¡¿Qué tiene de malo? ¡Kenji, es nuestra hermana por el amor de dios!

- No tienes ni idea… - se soltó fácilmente con un rápido movimiento. Tai retrocedió unos pasos, no quería estar cerca de su hermano - . Para mi esas cosas no tienen ningún significado Tai.

- ¿Q-Qué quieres decir…?

- Ni me compares con esos hermanos mayores que abusan de sus hermanas pequeñas. En la vida le haría algo tan horrible como eso a Hikari. No… para mi ella no es eso…

- Entonces, ¿por qué…?

- La amo, Tai. Estoy enamorado de ella desde siempre. La quiero como mi hermana pequeña que es, como te quiero a ti, pero… no me es suficiente… no puedo verla con esos ojos… Intento resistirme, pero… a veces mi corazón ya no puede más.

- ¿Estás loco o qué? Es solo una niña, Kenji, aunque no le hagas nada eso ya es…

- ¿Antinatural? – Le cortó, adivinando que le iba a decir - ¿Qué está mal? ¿No es normal? Me da igual lo que piense la gente, Tai. Ninguna leí prohíbe a dos hermanos quererse y formar pareja, si así lo desean.

- P-Pero, eso es lo que tu querrías y ella…

- No voy a forzarla si es lo que más te preocupa. Llevo guardado esto todos estos años… esperando a que ella crezca, esperando a que se haga mayor, para poder decirle lo que siento… ¿crees que lo echaría todo a perder? Para mi todas esas cosas a los que los demás chicos le dan tanta importancia son secundarias.

Tai tuvo que apoyarse en la barandilla para no venirse abajo. Respetaba a su hermano, claro, pero ahora no sabía que pensar. Le había pillado infraganti dándole un beso furtivo a su hermana pequeña, y le acababa de confesar sin pelos en la lengua que estaba enamorado de ella, que no la veía solo como su hermana sino como algo más. No tenía ni idea de como encajar todo eso.

- Tú más que nadie deberías comprenderme, Tai.

- ¿Eh? – Esas palabras si que le pillaron por sorpresa- U-Un momento, Kenji… no me compares contigo. Yo tengo muy claro que Hikari es mi hermana, nada más.

- Entonces, ¿por qué la proteges de sobre manera? ¿Por qué siempre estás tan encima de ella, impidiendo que los demás la toquen?

- ¿Q-Qué? ¡Eso no es verdad!

- ¿Ah, no? Haciendo siempre el trabajo de mamá en lo que respectaba a ella, si caía enferma te quedabas a su lado, si mojaba la cama te ocupabas de que todo estuviera limpio para que papá y mamá no se dieran cuenta, si tenía dificultad con los deberes la ayudabas, si está en peligro eres el primero que corre a socorrerla… dime, ¿por qué crees que haces eso?

- ¡Porque es mi hermana! ¡Además, eso es…!

- ¿Por lo qué pasó hace cuatro años?

Tai calló. Esa era justo la respuesta que iba a darle. Cuatro años atrás, Hikari cayó muy enferma. La fiebre le subió de una forma increíble, casi hasta 42ºC, y al volver del colegio y verla viendo la televisión, a su hermano mayor no se le ocurrió otra cosa que sacarla al parque para jugar. A Hikari, que ya le había bajado algo la fiebre, le volvió a subir, y no solo eso, tuvo otros serios problemas. Por su culpa casi se muere. Eso era una espina que llevaba clavada en el corazón desde hacía cuatro años, por más que su hermana le había dicho cientos de veces que no tenía que preocuparse.

Desde entonces Hikari había gozado de una salud muy delicada. Daba igual si era verano o invierno, no era raro que al menos una vez al mes decayera. Su cuerpo era más débil que el de otros niños, por lo que no podía hacer deportes que exigieran mucho esfuerzo porque si no recaía inmediatamente. Encima estaba lo peor, que era lo que más le preocupaba y que los médicos lo detectaron tras lo que ocurrió por la estupidez de su hermano de sacarla a jugar al parque. Algo que Kenji también sabía.

- Claro que es por eso, bueno, no – se corrigió inmediamente - . También es mi hermana pequeña, Kenji. Y la quiero por eso. Por eso quiero protegerla y cuidarla.

- No te lo crees ni tú.

- ¿Q-Qué?

- Mira a los chicos o chicas de tu clase que tienen hermanos o hermanas pequeñas, ¿se preocupan por ellos tanto como tú y yo por Hikari?

- B-Bueno, pero su caso es...

- ¿Distinto? – Adivinó de nuevo lo que iba a decir - . Para nada. Tienen unos hermanos como nosotros, pero, ¿hasta donde llega su preocupación por ellos? Te aseguro que hasta el nivel que tú y yo demostramos por Hikari no, desde luego.

- ¿M-Me vas a decir que soy como tú? ¡Ni en broma! ¡Para empezar no siento nada por Hikari! ¡Ella es mi hermana y no soy capaz de verla de otra forma!

- Eso es lo que quieres creer, pero en el fondo sabes que no es así.

- ¿Q-Qué?

Kenji iba a decirle una cosa cuando oyeron a Hikari llorar. Ambos hermanos se miraron el uno al otro y corrieron a la velocidad del rayo de nuevo a su casa. Sobre la cama, Hikari estaba gritando, pataleando. Los dos se asustaron, a pesar de que ya sabían lo que le estaba pasando.

- ¡Tai, la medicina!

- ¡Voy!

Hikari no paraba de gritar y de abrir y cerrar la boca. Estuvo a punto de morderse la lengua, así que Kenji uso su brazo para taparle la boca. Sintió como los dientes de la niña, algunos aún de leche, se clavaron en su carne. Vio como salía algo de sangre, pero no le prestó atención, si sacaba el brazo corría el riesgo de que la niña se mordiese la lengua y se la tragase.

Tai finalmente llegó con la medicina. No perdió el tiempo en entrar en la habitación y se la lanzó a Kenji, que abrió el bote con la boca. Quitó el brazo y la sujetó presionando su cuerpo, intentando inmovilizarla para que no se moviera, si no, no podría darle a beber su medicina. Tai corrió a ayudarle, sujetándole la cabeza. Gracias a eso, pudo darle la dosis necesaria, equivalente a un pequeño chorrito. En unos segundos, la niña se calmó, volviéndose a dormir.

- Aaah… hacía mucho que no le pasaba, ¿no?

- Desde mediados del verano. No, espera… la otra noche le paso. Pero fue un ataque muy pequeño. Mamá y papá ni se enteraron. No hizo falta ni darle la medicina, se tranquilizó en pocos segundos. Ah, tu brazo… estás sangrando…

- Si – Kenji se miró el brazo. No en todas, pero en varias de las marcas dejadas por los dientes de su hermana estaba saliendo sangre - . No es nada, casi ni me duele.

Los dos se quedaron mirando a la niña, que volvía a dormir plácidamente. Uno de los males derivados de lo que ocurrió, cuando empeoró cuatro años atrás, era que empezó a tener como una especie de ataques epilépticos. Sin embargo, no llegaban a ser como tales. Al principio le daba todos los días, hasta que empezó a tomarse la medicación que le hizo efecto. Aún recordaban, con pánico, como casi se traga la lengua durante su primer ataque en casa. Si no llega a ser porque Tai logró usar su mano para impedir que cerrase la boca y se la mordiese, no sabrían que habría pasado con ella.

- Dios… y todo esto es por mi culpa… - apretó los puños, furioso consigo mismo cada vez que recordaba como había sacado a su hermana de casa estando enferma para ir a jugar al parque.

- No digas tonterías. No es culpa de nadie.

- Antes decías que por qué estaba tan encima de ella, ¿no te das cuenta? Es mi culpa, Kenji. Por eso tengo que estar siempre con ella, para redimir lo que hice…

- Eres un idiota si piensas eso.

- ¿Qué?

- Ya lo recordarás, algún día supongo… por mi parte haz lo que quieras. Puedes decírselo a mamá y papá si quieres. Me da igual.

- No voy a hacer eso… pero voy a vigilarte bien de lo que haces con ella.

- ¿Lo que yo hago con ella? Ja… más bien a quien habría que vigilar es a ti.

- ¿A mi? ¡Ya te he dicho que no soy como tú!

- Duermes con ella, la ves cambiarse, todo lo que hace… ¿de verdad me vas a decir que nunca has pensado en masturbarte pensando en cuando la ves desnuda?

- ¡¿Te has vuelto loco? ¡En la vida haría eso! A-Además, yo aún no… - apartó la mirada, avergonzado.

Kenji se rio. A veces su hermano tenía una forma de cambiar de humor un tanto rápida. A Tai no le hacía ni puñetera gracia lo que acababa de descubrir. Y pensaba mantenerlo, iba a vigilar a su hermano por encima de todo, para que no le hiciese nada malo a Hikari.

- Jamás imaginé que esto sería así… y me da rabia, yo te respeto mucho Kenji. Pero, esto…

Antes de salir de su cuarto, Kenji únicamente le dio un par de palmaditas en el hombro.

- Como te he dicho, ya lo recordarás algún día… y te lo aseguro, no eres tan diferente de mí.

Tai se quedó ahí quieto, reflexionando sobre lo que su hermano acababa de decirle. ¿Recordar? ¿Qué tenía que recordar? Que él supiera nada, por supuesto. ¿Y por qué seguía diciendo que era como su hermano? Eso era mentira. No pensaba en Hikari como nada más, solo como su hermana pequeña. Eso era todo.

Se sentó al lado de la pequeña, viéndola dormir. Su hermano se equivocaba, no era como él. Y, sin embargo, ¿por qué no era capaz de decirse así mismo lo contrario en voz alta? ¿Por qué le costaba tanto decir las palabras? Lo tenía claro, entonces, ¿a qué venía la duda de decirlo en voz alta allí y ahora frente a su hermana. De alguna forma, mirarla directamente, le hacía dudar de decir eso.