La culpa fue del… horroroso jarrón de los Takenouchi:
La fiesta continuó, se estaba empezando a poner realmente animada puesto que en ese momento Yamato y Takeru ganaban a Daisuke y Taichi por dos quesitos de ventaja, y tiraban ellos.
-3, uno, dos y tres…- contaba Yamato con desgana por el tablero del trivial.- ciencias.
Mientras Taichi trampeaba en busca de una pregunta difícil para que los rubios no lograsen la victoria, Daisuke que aún estaba asimilando que la ¡gran fiesta de hombres!, era una partida a un juego didáctico por fin decidió animar la fiesta de verdad.
-Ey, chicos, ¿Por qué no empezamos a divertirnos de verdad?.- preguntó al mismo tiempo que sacaba un par de botellas de sake.
-¿De donde has sacado eso?.- preguntó Yamato incrédulo.
-De tu armario.
-Déjalas ahora mismo, sino cuando mi suegro venga a casa no habrá y me echara la culpa a mi.- dijo Yamato levantándose cabreado y dirigiéndose hacia Daisuke, el cual se hizo un ovillo para que no le arrebatasen las preciadas botellas.
-Venga Yamato, déjanos beber un trago.- propuso Taichi, que al igual que su amigo estaba a punto de desfallecer del aburrimiento.
-¿Pero haces la pregunta o que?.- preguntó Takaishi desde su mundo, puesto que esta iba a ser la primera vez que ganase al trivial.
Todos ignoraron a su amigo, y para cuando Yamato se quiso dar cuenta la pareja clónica ya había abierto una de esas botellas y ya estaban sirviéndose una copa. Por lo que una vez más a Ishida no le quedo más remedio que resignarse y con sus amigos más animados, la fiesta si que se animo de verdad y tirando el trivial por la ventana, empezaron a hablar de cosas propias en una fiesta de hombres, es decir, de mujeres y sexo.
-… y le dije… cariño se que deseas quedarte conmigo y con tus hijos, pero sobre todo conmigo el hombre sin el que no puedes vivir, pero tu trabajo te necesita, y es muy importante para ti, no tanto como yo claro que soy como un Dios para ti, ella siguió suplicándome que se quería quedar, pero finalmente la convencí y se fue, llorando por mi claro…- contaba Yamato su visión de cómo fue la despedida con su mujer, mientras sus amigos le miraban con incredulidad.
-Waa Yamato… pero una pregunta.- empezó Taichi.- cuando fue la parte de…. ¡Sora por favor no te vayas, te necesito, sin ti soy un inútil!
Taichi se tiro al suelo lloriqueando imitando el patetismo que mostró Yamato realmente, para risas de sus amigos y enfado del imitado.
-¡No paso eso!, ¡yo llevo los pantalones en esta casa!, ¡Yo!.- gritó el rubio con histerismo provocando aún mas las carcajadas de sus amigos.
-Venga Yamato, si todos sabemos que en tu casa manda Sora.- dijo Daisuke dando otro trago a su copa.
-¡Eso no es verdad!.- se intentó defender el rubio.
Y su ira aumento cuando sus amigos empezaron a cantar el eslogan que se inventaron cuando empezó a salir con Sora en el instituto.
-¡Sora manda, Yamato obedece!, ¡Sora manda, Yamato obedece!, ¡Sora manda, Yamato obedece!….- repetían una y otra vez Taichi y Takeru con diversión mientras Daisuke aprovechaba para seguir bebiendo.
-¡¡Basta ya!!.- cortó el rubio recordando su trauma de adolescencia cuando sus amigos cantaron el eslogan en uno de sus conciertos.
Takeru se dio cuenta de que tal vez estaba tentando demasiado a la suerte y por eso decidió darle un poco de tregua a su apurado hermano.
-Venga Yamato, no te enfades, era broma, todos sabemos que Sora siempre hace lo que tu dices.- dijo intentándose aguantar la risa porque obvio que no se creía lo que decía.
-Pues… pues… pues claro que si.- tartamudeó Yamato ya un poco más calmado.-… mira por ejemplo el otro día a mi no me apetecía hacerlo, y a ella si, y al final no lo hicimos, gane yo.
-¿No querías tener sexo?.- preguntó Taichi incrédulo, puesto que como buen hombre el "no" no debe ser una opción cuando se trata de sexo.
-¿Eh?, ¿Qué dices?, un pastel, ella quería hacer un pastel y yo no… ¡no siempre estamos hablando de sexo pervertido!.- se excusó Yamato tratando de conservar su dignidad.- además ¿Por qué te crees que no quería hacer el pastel?, ¡¡quería sexo!!.- continuó Yamato, perdiendo su dignidad.
-Papi…
Cuando escucharon esa angelical voz, los tres adultos y Daisuke palidecieron, y con el mayor disimulo posible Yamato hizo como si no hubiese escuchado a su hija y continuo hablando con Taichi con naturalidad.
-… fón, ¡quería un saxofón!, siempre quise tocar el saxofón.- luego volviéndose a su hija como si acabase de descubrir su presencia.- ¿Qué quieres cielito?
-Papi, ¿podemos ir a fuera a jugar?
-No que hace frío y os pondréis malitos, mejor jugar aquí.
-Pero es que queremos ir fuera.- dijo la niña intentando con su carita adorable que su padre le conceda todos sus caprichos como siempre.
-Bueno, pero yo quiero que estéis dentro, además aquí podéis jugar a lo que queráis.
-¿De verdad?.- preguntó la niña con la ilusión en la mirada.
-Claro, cielito.
Con la sonrisa en el rostro Aiko volvió junto a sus amiguitos y entonces es cuando los adultos respiraron de alivio.
-Uf… estuvo cerca.- dijo Yamato pasándose el brazo por su sudada frente.
-Niños, que inocentes son.- apuntó Taichi con una sonrisa triunfal.
En ese momento la pequeña Ishida, les relataba a sus amigos como había ido la visita al universo de los adultos.
-¿Qué te han dicho prima?.- preguntó Tenshi expectante.
-Bueno, estaban hablando de sexo como siempre.
-Adultos, que pervertidos son.- dijo Taiyou negando con la cabeza con desaprobación.
-Pues si.- afirmó la pequeña rubia.- pero da igual, no podemos salir fuera pero papa me ha dicho que podemos jugar aquí a lo que queramos.
-¡Genial!.- gritó el pequeño Yagami tomando un balón entres sus manos.- ¡ya verás que paliza te doy Ishida!
-Eso hay que verlo.- gruñó Aiko.
-Ai-chan, ¿puede jugar Tsunomon?.- preguntó Yuujou ofreciendo al pequeño digimon que descansaba en sus brazos.
-Otro día campeón.- respondió esta revolviendo la cabeza de su hermano, dejando a este con cara de decepción porque siempre rechazan a su querido digimon.
-Bien chicos, hagamos los equipos.- empezó Takaishi con decisión.- mi prima y yo contra Tai-chan y Yuu-chan.
-¿Qué?.- pregunto el moreno con desaprobación.- ¿yo con el enano?
Esas palabras hicieron que la furia llegase a la pequeña Ishida que dando un empujón a su amigo gritó:
-¡No hables así de mi hermano!, no es enano, es una personita pequeña ¡baka!
-¡Pues una persona pequeña es enano!, ¡y baka tu!.- gritó Taiyou devolviendo el empujón a su amiga.
En un instante Ishida y Yagami se revolcaban por el suelo en una encarnizada lucha, ante la mirada divertida de Tenshi y los ánimos de Yuujou para que su hermana le rompiese la cara a Yagami. Al escuchar los gritos, los adultos fueron conscientes que algo pasaba y corrieron para ver que estaban haciendo sus hijos.
-¡¿Qué mierdas esta haciendo ese "Tarzán" con mi cielito?!.- gritó Yamato como un histérico al encontrarse a Yagami encima de su hijita.- ¡¡apártate de mi hija!!
Antes de que Yamato empezase a guantazos con el pequeño Yagami, Taichi decidió intervenir agarrando a su hijo y levantándolo del suelo, entonces el astronauta como un auténtico histérico se tiro al suelo para recoger a su hija.
-Cielito, ¿Qué te ha hecho?, ¿quieres que le mate?, porque lo haré.
-¡Estaba a punto de ganarle!.- bufó la niña apartándose de su padre y levantándose rápidamente.
-Claro que si cielito.- empezó Yamato abrazando a su hija orgulloso.
-¡Pues si!, ¡le iba a ganar!, ¡estúpido Yagami!.- bufó de nuevo la orgullosa chica apartando de nuevo el protector brazo de su padre.
Para Ishida, que su hija pronunciase esas dos palabras juntas, es decir "estúpido" y "Yagami" era un sueño hecho realidad y sonrío de emoción, porque estaba conduciendo a su hija por el buen camino de detestar sin razón aparente a los Yagami, sin embargo sus amigos no lo veían de esa forma.
-Jejeje… ¿sabes lo que dicen, no?.- preguntó Motomiya divertido.- los que se pelean se gustan….
-¡¿Qué?!.- gritaron al unísono Yamato, Aiko y Taiyou.- ¡¡ni en un millón de años!!
-Venga Yama-kun.- empezó Taichi pasando el brazo por el hombro del rubio.- ¿no quieres que seamos familia?
-¡No!.- dijo este secamente apartando el brazo de su amigo.
-Estaría bien hermano… solo visualízalo, un Yagami con una Ishida.- siguió provocando Takeru.
-Takeru…- amenazó Yamato.
-¡Un momento!, pero Aiko también es hija de Sora….- empezó Taichi, demostrando que es un auténtico temerario.- por lo que es una Takenouchi… tal vez te guste más así Yamato, ¡un Yagami con una Takenouchi!
-¡¡¡¡¡NUNCAAAAAA!!!!!.- gritó Ishida como un histérico.
En un instante Ishida y Yagami se revolcaban por el suelo en una encarnizada lucha, ante la mirada divertida de Takeru y los ánimos de Daisuke para que su ídolo le rompiese la cara a Ishida. Al verles, los niños fueron conscientes de que sus padres ya estaban haciendo el imbécil y decidieron irse de ahí.
Tras descargar tensión y adrenalina en una de sus típicas batallas, la paz llegó nuevamente a la fiesta, y los adultos disfrutaron de otro divertido juego de mesa "¿Quieres ser millonario?"
-Venga Daisuke, que es la primera pregunta, es fácil.- dijo Takeru leyendo la tarjetita.- a ver… oro parece PLATA NO es, el que no lo adivine bien TONTO es. Estas son las opciones A: PLATANO, B: pera, C: cenicero, D: oso.
-Mmmm… eh… es que seguro que tiene trampa.- dijo Daisuke, pensativo.- creo que voy a pedir un comodín….
-¿Si?, si es fácil, arriésgate.- dijo Taichi incapaz de seguir aguantando por más tiempo la indecisión de su amigo.
-Eso nos pasa por jugar con un retrasado mental.- dijo Yamato ya sin ningún tipo de sutileza.
-Ya lo se Yamato, pero es tu hermano, se más comprensivo con el pobre.- respondió Motomiya no dándose por aludido y dejando a Ishida con ganas de estrangularle.- venga va, me la juego… creo que es una de esas preguntas cuya respuesta viene en el enunciado así que… D, oso.
-¿Estas seguro?.- preguntó Takaishi resistiéndose a creer que su amigo sea tan corto.
-Sí… claro, escucha ORO parece plata no eS, si juntamos el oro con la última s nos sale OSO, mi respuesta ¡OSO!
-Y que aún no te hayan dado un premio Nobel.- murmuró Yamato dándose por vencido y vegetando de nuevo al sofá.
Takeru, no sintiéndose capaz de continuar con ese juego con una mente tan brillante como la de Daisuke hizo lo mejor para todos.
-¡Correcto!.- tirando la tarjeta para atrás.- ¡has ganado!, así que lo guardamos y ya no volvemos a jugar nunca más en la vida ¿de acuerdo?
-¡Claro!, ¡has visto capitán Taichi!, ¡he ganado!.- gritó el hombre orgulloso.
Taichi que le estaba ignorando desde que empezó el juego le hizo una señal con el pulgar para arriba mientras se llenaba una nueva copa para poder seguir soportando las absurdeces de su discípulo.
-¿Me pones una?.- preguntó Takeru a su amigo.
-Claro…- respondió Yagami ofreciéndole la copa.
-¿Crees que con los años se ha vuelto más idiota?.- preguntó el rubio señalando a Daisuke que estaba subido en una mesa con la copa de sake en la mano como si hubiese ganado el mundial de futbol, mientras desafinaba el We are the champions.
-Creo que la mente de Daisuke esconde muchos más secretos de los que imaginamos.- dijo Yamato que obvio que no se iba a perder una reunión de criticar a Daisuke.
MENTE DE DAISUKE:
Dos neuronas campan libremente de un lado para otro, una de ellas repite constantemente:
-Sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo….
Y la otra:
-Comida, comida, comida, comida, comida, comida…
Bajando de su improvisado podium, el joven se acercó hasta sus amigos y con la babilla colgando preguntó como si fuese lo más natural del mundo.
-¿Os imagináis como sería si pudiésemos comer y tener sexo a la vez?
Todos se miraron entre ellos con cara de "¿a que viene esto?", y Yamato negando con la cabeza dijo:
-Me equivoque, su mente esta completamente vacía.
-Si, ¿pero a que molaría Yamato?, ¿nuca lo has pensado?.- prosiguió Daisuke con su inesperado tema de conversación.
-Daisuke… ¿nunca lo has hecho?.- preguntó Yamato atónito.
-¿Eh?, ¿vosotros?.- preguntó alucinado mirando a Takeru y Taichi.
-Claro, es súper erótico.- respondió el moreno con naturalidad.
-Si, me estoy acordando de una vez con una chica que…- empezó Takeru, pero fue interrumpido por Yagami que mirándolo con enfado preguntó:
-¿Qué chica?
-Eh… eh… una… no, no, no la conoces.- se apresuró a negar el rubio, consciente de que no es recomendable contar a un amigo anécdotas de cama con su hermana.
-Yo si que me acuerdo de una.- empezó Yamato ilusionado.- embadurne a Sora con nata, y… bueno… sabía muy bien…
-Waa… que erótico.- dijo Motomiya babeando.- ¿y que más hiciste?, ¿Qué más?
-Bueno Daisuke, pues lo que se hace en esas circunstancias… ya me entiendes.- dijo el rubio con picardía.
-Cuenta, cuenta.- pedían los hombres, que ya se estaban imaginando a la pelirroja cubierta de nata y no se querían quedar a medias.
-Eh… uh… pues… yo… y ella…- intentó improvisar Yamato, hasta que abatido decidió decir la verdad.- acabamos en el hospital porque esa nata estaba en muy mal estado… pero, fue muy erótico, hasta el momento en el que se me empezó a hinchar la cara y salirme manchas rojas claro.
-Pues vaya.- bufó Yagami decepcionado.
Pero la mente de Daisuke ya estaba a años luz de sus amigos.
-Esto Yamato ¿tienes nata en casa?
-Creo que si.
-¡Pues adiós!.- se despidió el joven agarrando el bote de nata y yendo en dirección a su hogar, para darle a su esposa una tarde muy dulce.
-Este lo va a pasar muy bien.- apuntó Takeru con cierta envidia.
-Sobre todo cuando se de cuenta de que lo que se ha llevado es mahonesa.- dijo Yamato.
-Que simple es.- dijo Taichi con una sonrisa.
MENTE DE TAICHI:
Una docena de neuronas campan libremente por el interior de su cerebro, la mitad de ellas aproximadamente van repitiendo:
-Sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo….
La otra mitad dice:
-Comida, comida, comida, comida, comida…
Y luego hay otra neurona marginada que dice:
-Vigilar si el niño sigue con vida, vigilar si el niño sigue con vida, vigilar si el niño sigue con vida….
Esta neurona fue impuesta por Akane a base de golpes.
-¿El niño sigue con vida?.- preguntó Taichi buscando a su hijo con la mirada, y al ver una mata de pelo por ahí moviéndose sonrió de satisfacción.
La fiesta había tenido su primera baja, pero esta no decaería ni mucho menos y los hombres que quedaban ya estaban de nuevo inmersos en su tema de conversación preferido y Takeru y Taichi de nuevo estaban compinchados para hacer rabiar al pobre Yamato.
-Esto Yama-kun, ahora que Sora por fin te ha dejado ¿Qué vas a hacer?.- preguntó Taichi con naturalidad.
-¡No me ha dejado!, para vuestra información ¡viene mañana!.- gritó Yamato histérico.
-Es verdad Taichi, no le ha dejado, solo se ha ido una semana con su amante y volverá con las pilas cargadas para poder aguantar de nuevo a mi hermano.
Takeru se llevo un merecido puñetazo por parte de Yamato por esa impertinencia, y acariciándose los nudillos gritó de nuevo.
-¡No tiene ningún amante!, eso sería absurdo, ¿para que iba a tener un amante teniéndome a mi?
-Pues por eso mismo Yamato.- dijo Taichi con burla y dándole un nuevo tragó a su sake.
-Ja, ja que gracioso, para tu información, puede que haya cosas en las que no sea un gran marido, pero si de algo estoy seguro es de la satisfacción sexual de mi esposa, que es completamente plena.- dijo el rubio con seguridad, y provocando de nuevo las risas de sus amigos.
Levantándose, decidió que ya estaba harto de escuchar sandeces sobre su privacidad, por eso en tono de superioridad añadió:
-Que vosotros seáis unos flojos que no tienen ni idea de cómo suena un orgasmo femenino, no es mi problema.
-¿Un que?
Cuando escucharon esa inocente voz, los tres adultos palidecieron, otra vez, y de nuevo con el mayor disimulo posible Yamato hizo como si no hubiese escuchado a su hijo y continuo hablando con sus amigos con total naturalidad.
-Órgano, tu Taichi tienes que tocar el órgano en nuestro nuevo grupo.- luego volviéndose hacia su hijo, como si se acabase de percatar de su presencia.- ¿Qué quieres campeón?
-Papi, es que estamos jugando al futbol y no me la pasan…- dijo el niño con tristeza.
-Eso esta mal, ¡Tenshi pásasela a tu primo o te quedas sin consola!.- gritó Takeru a su hijo.
-¡Taiyou tu también o te quedas sin postre!.- gritó Yagami a su respectivo.
-¡Ai-chan!, ¿Qué es eso de que no le pasas la pelota a tu hermano?.- preguntó Yamato con enfado y luego se lo pensó mejor y más enfadado aún gritó.- ¡¿y que es eso de que estáis jugando al futbol en casa?!
De repente, escucharon un gran estruendo, todos corrieron de inmediato al lugar de donde venía, al llegar, Yamato empezó a temer pos su vida cuando vio en el suelo, hecho añicos, un jarrón horrendo todo ahí que decirlo, pero que llevaba en la familia Takenouchi tiempo inmemorial, y fue el regalo de bodas de la abuela de Sora, imagínense la cara que se le quedo a Yamato cuando lo vio.
-Me mata.- es lo único que dijo el rubio.
-¡¿Pero como se os ocurre jugar al futbol dentro de casa?!.- Taichi intentó ejercer como padre, luego dirigiéndose a su hijo.- ¿habrás ganado, no?
-¡Claro!.- respondió este con alegría.
-Eso esta bien, chócala.- dijo Taichi más contento aún que su hijo.
-¡¡¡Aiko Ishida Takenouchi!!!.- gritó Yamato como un histérico haciendo que su hija se escondiese de terror.- ¡¿es que no tienes cabeza?!
Tanto Takeru como Taichi estaban realmente alucinados, nunca habían visto a Yamato gritar a su hija con tanta brusquedad, realmente nunca habían visto a Yamato gritando a su hija. Yuujou también estaba lleno de pánico, hasta Gabumon se mostraba asustado.
-¡Ven aquí ahora mismo!.- gritó de nuevo el rubio, la pequeña, para evitar enfurecer más a su padre accedió.
-Lo siento… tu… me dijiste que podía.- tartamudeó la pequeña cabizbaja.
-¡¡¿Cuándo te he dicho eso?!!, ¡¡no mientas!!
Ishida estaba completamente histérico y fuera de si, finalmente debido a la tensión que llevaba guardando durante toda la semana, había estallado y lo estaba pagando con su pequeña niña. Y eso fue demasiado para la pequeña rubia, que empezando a sollozar gritó también.
-¡¡Me dijiste que podía jugar a lo que quisiera!!
Estallando en un desconsolado llanto de lagrimas, dejando a su padre paralizado por no saber como actuar, estaba llorando por su culpa.
-Ey pequeña, no llores, tu padre no quería gritarte.- le intentó consolar Takeru agachándose para abrazarla.
Yamato seguía estático, sin saber reaccionar, más bien sin poder reaccionar, ¿Qué pretendía?, la niña tenía razón, él le había dado permiso para jugar a lo que quisiera, no le había desobedecido, le dijo que no podía salir a jugar fuera y no había salido, la culpa era suya, solo suya, por su culpa su hija lloraba sin parar.
Sin decir nada, se dio la vuelta, subió las escaleras, y con un portazo se encerró en su habitación, ignorando las llamadas de sus amigos, ni a Gabumon hizo caso, estaba totalmente abatido.
-Hey Takeru.- llamó Taichi a su amigo pegándole una palmada en la espalda.- la próxima vez que hagas una fiesta de hombres, no me llames…
Taichi no era el único decepcionado con esa fiesta, no podía haber finalizado peor, Yamato al borde del abismo, una niña de 8 años llorando sin parar y una reliquia de la familia Takenouchi hecha añicos. Los Yagami no tardaron en abandonar el hogar, puesto que lo único que podían hacer ahí era recoger y eso era algo a lo que por supuesto no estaban dispuestos. Después de que estos se hubiesen ido le toco el turno a Takeru y su hijo, Takaishi no estaba muy convencido de irse y dejar a su hermano y sobrinos en ese estado, pero sorprendentemente fue Gabumon el que le convenció, según él este era un asunto que Yamato debía resolver solo.
Pasaron las horas, y nada se había resuelto, el rubio seguía sin dar señales de vida desde que se había enclaustrado en su dormitorio, Aiko también se había encerrado en su respectivo cuarto y el pequeño Yuujou más asustado que otra cosa no sabía donde ir, con su padre que la última vez que le vio echaba humo o con su hermana que la última vez que la vio lloraba sin parar. Cuando ya estaba decidido y sus pequeñas piernas iban en dirección a las habitaciones, fue Gabumon el que se le adelantó, dejándolo de nuevo sin saber que hacer, por lo que con su inseparable digimon en brazos pego la oreja a la puerta de la habitación para enterarse por fin de algo.
A la habitación de Aiko era a donde había entrado Gabumon, la niña estaba tirada en la cama, aún con evidentes síntomas de que se había pegado una buena llorera, Yokomon estaba a su lado intentando llamarla, pero no le hacia ni caso, Gabumon esperaba tener más fortuna.
-Ai-chan...- llamó el digimon sentándose en la cama, esta solo se tapo la cabeza con la almohada y sin volverse le dijo:
-Vete, déjame en paz.
-Venga, no seas tan cabezona.- dijo el digimon quitándole la almohada de encima.
Esta se reincorporo un poco, y enfadada se giro hacia el digimon y gritó de nuevo.
-¡He dicho que te vayas!, ¿no lo has oído?.- tirando un peluche al cornudo digimon, que al atraparlo enseguida reconoció.
-Ey, ¿este no es el peluche que tu padre te regalo cuando naciste?
La niña se cruzo de brazos y con el ceño fruncido bufó:
-No lo se, ni me importa.
-Pues yo si lo se, me acuerdo perfectamente cuando te lo compró… estaba tan nervioso.- explicó el digimon con una sonrisa por recordar ese día.
-Me da igual, no quiero saber nada más de él.- dijo la niña mirando para otro lado.
-No digas eso… Ai-chan.- dijo el pequeño Yokomon con tristeza.
-¡Tu no te metas!.- gritó con furia a su digimon, haciendo que este se asustase.
-No la pagues con Yokomon, no tiene la culpa.- defendió Gabumon a su pequeña amiga.
La pequeña Ishida, acepto la regañina, estaba siendo injusta con su pequeña compañera y tomándola en brazos le dijo con tristeza.
-Lo siento… no quería gritarte.- Yokomon en seguida aceptó las disculpas de su compañera y volvió a saltar de felicidad, pero Aiko no quedaría callada.-… la culpa es de papa….
-No digas eso tampoco.- defendió Gabumon a su compañero.-… tu padre te quiere mucho y estoy seguro de que ya esta más que arrepentido por haberte gritado.
-¡Eso no es cierto!.- estalló otra vez la pequeña sin poder contener de nuevo las lagrimas.- el no me quiere sino no me habría gritado, ni me habría mirado así… ¡¡no salí fuera!!, ¡¡me dijo que dentro podía jugar!!
-Eh… no llores...
Realmente Gabumon no tenía ni idea de cómo hacer para que la niña dejase de llorar, pero si sabía algo, era como tratar a un Ishida, y al fin y al cabo Aiko era una Ishida.
-¿Sabes?, no eres la única que lo esta pasando mal…- esas palabras hicieron que Aiko dejase de llorar y le prestase un poco de atención, y aún con la voz entrecortada preguntó:
-¿Qué qui… eres dec… ir?
-Lo que quiero decir es que Yamato también lo esta pasando mal…
-Mentira… .- contesto esta con seguridad.- a él le da igual.
-¡Claro que no!, lo que pasa es que se siente igual que cuando naciste.- empezó el digimon mientras observaba de nuevo el peluche que Aiko le había tirado.-… verás, cuando naciste, tenía mucho miedo, no sabía que hacer… pensaba que no sería capaz de cuidarte, tendrías que haberlo visto cuando te tomaba en brazos, ¡ponía una cara de pánico muy graciosa! Jaja…
-Gabumon.- interrumpió la chica como diciendo "¿a donde quieres ir a parar?"
-Lo que te quería decir es que… era un padre miedoso e incompetente, hasta que un día que te tenía en brazos, le sonreíste, fue tu primera sonrisa y se la dedicaste a él, y entonces él… bueno ahora te lo negara, pero lloro… y lo supo, supo que lo estaba haciendo bien, que tu te sentías bien con él, y desde ese día empezó a tener más confianza como padre, bueno y a convertirse en un buen padre como lo es ahora.
-Bueno, la verdad es que papa… siempre ha sido muy bueno conmigo.- reconoció la niña un tanto conmovida.
-¡Claro que si!… y ahora, lo que le pasa es que se siente igual de perdido que cuando naciste… al hacerte llorar, siente que lo ha hecho mal… y si, puede que se haya equivocado al gritarte de esa forma, pero debes entenderle, esta solo y… tienes que reconocer que tu y tu hermano podéis llegar a ser muy agotadores.
-¡Sobre todo Yuu-chan!, yo soy muy buena.- dijo la niña sonriendo por primera vez desde que su padre le había gritado.
-¿Si?, bueno, pues deberías demostrarlo perdonando a tu papa, ¿no crees?.- dijo el digimon también con una sonrisa.
-¡¡Si!!, gracias Gabumon.- gritó la niña eufórica abrazándose al digimon.
La pequeña Aiko salió disparada de su habitación y tras el susto que se llevo al abrir la puerta y ver como su hermanito caía de ella, fue directa a la habitación de sus padres.
Cuando Aiko abrió la puerta, se encontró a su padre sentado en el borde de la cama, cabizbajo, con la mirada perdida, estaba como ido, tanto que ni se enteró de la presencia de su hija.
-Papi…
Al escuchar esa dulce voz, levantó la cabeza, y poco a poco la volvió hacia la pequeña, para luego volverla a agachar, no quería ni mirarla de lo avergonzado que estaba. Pero la niña no se dio por vencida y con su habitual vitalidad troto sobre la cama y empujando un poco a su padre dijo:
-Papi… he decido perdonarte…
El hombre se volvió de nuevo a su hija que le empujaba constantemente del hombro, y lo que vio le hizo enternecerse por completo, Aiko le sonreía, como aquella vez hace 8 años, una sonrisa completamente sincera y que mostraba total felicidad. Sin poder evitarlo unas lagrimas se formaron en sus ojos y se abrazó con fuerza a su hija.
-Lo siento cielito… no quería gritarte así… no lo volveré a hacer.
Cuando el abrazó finalizo la niña volvió a mirar a su padre con adoración, como lo miraba siempre, para ella, su padre era su mayor héroe, llevo su pequeña manita a la cara de este y con inocencia preguntó:
-Papi… ¿estas llorando?
-Claro que no.- se apresuró a responder este volviendo el rostro y secándose esas rebeldes lagrimas.
-Papi, me alegro mucho de que seas mi papi.- dijo la niña con naturalidad.
Yamato no sabía lo que responder, estaba realmente conmovido.
-Papi…- volvió a llamar la pequeña.-… te quiero.
-Y yo a ti cielito.- respondió este aguantando la emoción, mientras acariciaba el rostro de su pequeña.
-Siento haberte hecho enfadar y romper ese jarrón horroroso.
-La verdad… es que… tienes razón… era horroroso.- dijo el hombre con una sonrisa empujando con la cabeza a su pequeña.
-Si… ¡era increíblemente feo!.- dijo de nuevo la pequeña gesticulando exageradamente con los brazos.
El rubio comenzó a reír a carcajadas, había estado deseando deshacerse de ese jarrón desde que se caso con Sora, y ahora por fin se había librado de él, en ese momento no pensaba en la furia de su mujer cuando descubra lo sucedido, disfrutaba del momento junto a su pequeña. Y al ver a su padre reír tan feliz, Aiko decidió hacerle reír a un más y por eso abalanzándose sobre él, se subió encima de su tripa empezando a hacerle cosquillas.
-Ey ¿Qué haces?, para… jajaja…- se retorcía Yamato con diversión.
-¡Yo también quiero!.- gritó de repente un eufórico Yuujou, que al abrir la puerta y ver lo bien que se lo estaban pasando su padre y su hermana también quería apuntarse a la diversión.
-¿Ya estabas escuchando detrás de la puerta?.- preguntó Aiko con voz recriminatoria.
-Yo… no…
Le habían descubierto.
-¡A por tu hermana!.- gritó Yamato que aprovechando la confusión del momento había agarrado a su hija, dejándola totalmente indefensa.
El pelirrojo fue como un rayo hacia la cama, a darle a su hermana esa sesión de cosquillas.
Y así es como acabo la gran fiesta, con una guerra de cosquillas entre los tres Ishidas, pero la noche se hizo presente y con ella la hora de dormir de los niños. Una vez que se quedaron dormidos, Yamato como buen padre no pudo evitar quedarse vigilando su sueño durante unos instantes, felicidad, era lo que sentía Ishida viendo a esos niños.
-Son grandes chicos, estas haciendo un buen trabajo.- dijo Gabumon acercándose a su amigo.
Yamato se sorprendió por esta visita, miro a su compañero y luego volviendo la vista hacia su pequeña hija que dormía placidamente con su Yokomon en brazos sonrío.
Si fuese por él, se habría quedado toda la noche ahí, contemplándola, pero la casa estaba totalmente desastrosa y Sora llegaría a la mañana siguiente, debía adecentarla un poco.
-Uf… ahora a limpiar… Gabumon, ¿me ayudas?… ¿Gabumon?, ¿Gabumon?…
Mirando hacia todos lados extrañado, y es que al escuchar la palabra limpiar, Gabumon había recordado lo muy cansado que estaba y sin que Yamato se diese cuenta ya se había encerrado en su habitación haciéndose el dormido, para desgracia de su compañero.
A la mañana siguiente, Sora Takenouchi y Piyomon aterrizaron, con una puntualidad impropia de las líneas aéreas, en el aeropuerto de Tokio.
-¡¡Hogar, dulce hogar!!.- gritaba Sora como una histérica de un lado a otro de la terminal.- ¿no te parece el aeropuerto de Tokio lo mas maravilloso que has visto nunca?
-La verdad es que a mi el mundo humano me parece todo igual.- dijo la digimon sin comprender la efusividad de su compañera.- ¿llamamos a un taxi?
-¡No!, ¿no te lo dije?, Yama nos va a venir a buscar…
Treinta minutos más tarde, no había rastro de Yamato por ningún lado y las dos amigas ya se empezaban a impacientar.
-Pues parece que se retrasa, ¿eh?.- dijo la digimon, un tanto molesta.
-¡Y no lo coge!, ¿pero se puede saber que esta haciendo este inútil?.- gritaba Sora con furia colgando el móvil.
-Sora, en serio… ¿llamamos a un taxi?.- propuso la digimon a sabiendas que si tiene que esperar a Yamato les van a dar mínimo las doce de la noche ahí tiradas.
Takenocuchi estaba histérica, y con un soberano grito le dejo las cosas claras a su compañera.
-¡¡No!!, ¡dijo que vendría a buscarme y vendrá!
-Si… y también dijo en el baile de tercer curso que te acompañaría y no te acompaño… y en tu 16 cumpleaños dijo que seria puntual y llego casi cuando se acababa, ¿y te acuerdas en tu boda?… cuando dijo que…
-¡¡Vale!!, esta bien… no hace falta que me recuerdes lo poco que le importo a mi marido.- cortó la mujer con tristeza.
-Sora… no quería decir eso…- se excusó la digimon sintiéndose culpable, y rápidamente adivino que podría hacer para devolverle los ánimos.-… ¡¡¡Que te parece si vamos volando!!!
-¿Volando?.- preguntó la diseñadora confusa.
-¡Si! Como en los viejos tiempos, ¿te acuerdas cuando sobrevolábamos juntas toda la ciudad?
-Si… hace años que no lo hacemos.- dijo la pelirroja con una sonrisa nostálgica.
-Pues prepárate…. Piyomon… shinka…. Birdramon.
Subida a las garras de su fiel digimon, Sora revivió su niñez, cuando su mayor diversión era volar de un lado a otro y su única preocupación era que Birdramon no se quedase sin energía en mitad del vuelo.
En cuestión de minutos, el rápido Birdramon ya había sobrevolado la distancia que separaba el aeropuerto del hogar de los Ishida.
-¡¡Ya he vuelto!!.- gritó la mujer nada más abrir la puerta.
Al oír la inconfundible voz de su madre, los niños se asomaron al recibidor, y al verla corrieron como balas a su encuentro.
-¡¡Mami!!…
-¡Mama ya has vuelto!
Sora se abrazó a sus pequeños con alegría y empezó a besuquearlos y examinarlos de arriba a abajo.
-Mis niños… ¿Cómo estáis?… estáis mas delgados… y cuanto habéis crecido… casi ni os reconozco….
Como buena madre exagerada y neurótica, Sora hacia que se volviesen de un lado a otro para poder contemplarlos, mientras Piyomon no entendía demasiado bien el comportamiento de su amiga, y hacia sus propias reflexiones.
-Pues yo, los veo igual…
-¡Piyomon!.- gritó Gabumon, con el pijama de su amada puesto.
-¡Gabumon!.- gritó la digimon con alegría abrazándose a su compañero.- ¿Cómo estas?, ¡has adelgazado!, ¡si casi no te reconozco!
Mientras Gabumon y Piyomon hacían muestra de lo bonito que es el amor digital, a los niños se les pasó la fase euforia por ver a su madre y entraron en la fase….
-¿Qué me has comprado?.- preguntó Aiko metiendo la cabeza en una de las bolsas que traía su madre.
-Tomad, esto es para vosotros.- dijo la pelirroja dando una bolsa con regalos, antes sacando uno cuyo destinatario era Yamato.
La mujer empezó a inspeccionar la casa, y no tardó en darse cuenta de que estaba terriblemente desastrosa.
-¿Ha estado Taichi aquí?.- preguntó mientras miraba al suelo.
-¡Ala!, ¿Cómo lo sabes?.- preguntó Yuujou alucinado por los poderes adivinatorios de su progenitora.
-Sigue el camino de patatas fritas Dorothy.- respondió esta tomando una patata frita tirada por el suelo.
Esto era demasiado, le habían abandonado en el aeropuerto y la casa estaba que daba asco, Yamato tenía que dar más de una explicación, pero no había ni rastro de él.
-¿Dónde esta vuestro padre?.- preguntó extrañada.
-No se…- contestó Aiko sumergida en el mundo de felicidad que da siempre recibir regalos.
-¿Dónde se habrá metido este hombre?.- murmuró la mujer encaminándose hacia las escaleras.
Entró al dormitorio, esperando verlo en la cama, y se empezó a asustar al no encontrarlo tampoco ahí. Se puso en guardia al escuchar unos ruidos provenientes del pequeño cuarto de baño que hay en su habitación.
-¿Yamato estas ahí?
Alguien apareció pero no fue Yamato.
-¡Garu!, que susto me has dado.- dijo con una sonrisa agachándose para acariciar al perrito.-… hola bonito… ¿Qué haces aquí?
El perro se dio la vuelta y se adentró de nuevo al baño, Sora le siguió y por fin descubrió que hacia el perro en su baño, vigilar que Yamato no se ahogase.
Y es que ahí estaba, colgando del borde de la bañera, con el grifo en marcha, un pañuelo en la cabeza para el sudor, estropajo en la mano y productos de limpieza esparcidos por todos lados.
La joven se acercó, y tras cerrar el grifo levanto un poco la cabeza de su esposo.
-¿Se puede saber que haces?
Ishida estaba totalmente dormido, finalmente el cansancio que acumulaba durante toda la semana había hecho mella en él, y se había dormido mientras limpiaba.
Como pudo, Sora logró levantar a su sonámbulo esposo, y dirigirlo hacia la cama en la que se dejo caer, aún sin despertarse.
-Menuda fiesta montaste ayer, ¿eh?.- hablaba Sora, a la vez que le acomodaba en la cama.-… no se te puede dejar solo.
Cuando se acercó para quitarle el pañuelo de la cabeza, Yamato al fin abrió los ojos y agotado murmuró.
-Es un sueño… seguro que no estas aquí….
Sora sonrió divertida, la verdad es que Yamato se veía realmente adorable así de somnoliento y acariciándole el rostro le susurró:
-Si cariño, no te preocupes, sigue durmiendo.
-¿No estas de geisha?.- preguntó extrañado, puesto que últimamente en sus sueños Sora siempre iba de geisha.
-Esta noche tendrás a tu geisha mi amor….- susurró la pelirroja con dulzura.
-Estoy tan cansado.- dijo cerrando de nuevo los ojos.
-Ahora sabes como me sentía yo en tus largos viajes.
-Lo siento…- murmuró ya desde el mundo de los sueños.
-Descansa, cariño.- dijo la mujer con una sonrisa, para después besar los labios de un Yamato completamente dormido.
La mujer tapo a su esposo con una manta, dormía tan placidamente, como un bebe, tras contemplarlo un poco se acercó a la mesilla y dejo el regalo que había traído para él, luego sin hacer ruido abandonó el dormitorio.
Bajo de nuevo, donde sus hijos y digimons ya jugaban entusiasmados con sus nuevos juguetes, entonces fue consciente de que estaba en su hogar, y que como de costumbre le tocaría a ella limpiar los estropicios de su marido. Empezó a examinar la casa para ver por donde comenzar la limpieza, pero quedó en shock cuando vio algo muy especial para ella hecho añicos.
-¡¡¡¡MI JARRÓN!!!!, ¡¡¡¡YAMATOOOOOO!!!!!
Ese grito hizo que nuestro particular Bella durmiente despertara en el acto y levantase la cabeza con terror.
-No era un sueño… esta aquí de verdad… me mata…
Y con ese escandaloso grito, y esa predicción de futuro tan negativa para Yamato, la paz, la tranquilidad y la maravillosa rutina del día a día, volvió al fin al hogar de la familia Ishida-Takenouchi.
-OWARI-
.
N/A: bueno espero que os haya gustado, este fic lo empece a escribir hace un montón de tiempo, y hace poco al fin lo pude terminar. Una de mis soratadas simploncias para pasar el rato, pero me gusto mucho escribirlo y como siempre me divertí, que es lo importante.
¡¡¡¡¡Adoremos a la familia Ishida-Takenouchi!!!!!
Gracias por leerlo!!, soratolove/sorato4ever
