* Yamii Leguizamon Aquel repartidor le resultó muy atractivo a Kurt ñ.ñ Aquí el siguiente capítulo.
* Soledad Rodriguez Gracias! Sí, Kurt es un gran ser humano.
* Breen Ledesma El primer encuentro se dio C:
* jeny Me alegra que te guste =) Ya se conocieron, ahora haber qué pasa...
* monaibarra99 Uno de los objetivos con esta historia es justamente llevarles un poquito de reflexión en medio de las risas y las diferentes situaciones que se van a presentar. A todos nos cae bien algo en qué pensar ;)
Kurt ha sido flechado C:
Exacto! a pesar de todo él ha tratado de seguir adelante y en su camino decidió ayudar a otras personas que han atravesado por la misma experiencia.
Así es Mony! Sólo nosotros podemos decidir qué camino tomaremos. Un fuerte abrazo.
* AdrianaBotero2 Aww muchísimas gracias! Poco a poco se irá sabiendo todo lo que el sexy pelinegro hace ;)
* Klainer1 Muchas gracias! Me alegra en verdad que te esté gustando tanto! Trato de escribir lo más rápido y seguido que puedo =) Aquí tienes la actualización. Saludos y que tengas un gran día.
CAPÍTULO 4
"Un Nuevo Encuentro"
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La curiosidad de Kurt fue tal que decidió ir a la librería del hotel por un diccionario y buscar aquella palabra que no podía sacar de su cabeza, con la esperanza de encontrarla ya que podía estar en otro idioma, aunque eso no lo detendría de encontrar su significado porque era muy obstinado.
Tomó aquel gran libro y la buscó sin resultado alguno, así que empezó a revisar diccionarios en otros idiomas y fue cuando finalmente dio con la respuesta, quedando más intrigado todavía.
- Quidnunc: persona curiosa, inquisitiva, entrometida.
Su celular sonó en ese momento sacándolo de sus pensamientos – ¿Mike? ¡Oh sí! Voy enseguida… No, no… Todo está bien, no te preocupes… Allá te digo.
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- ¿Qué fue lo que te hizo demorar?
- No lo creerías si te lo cuento.
- Inténtalo.
- Cuando venía hacia acá tropecé con alguien – dio un pequeño suspiro.
- Un hombre, ¿verdad? No había visto ese brillo en tus ojos desde… am… hace mucho.
- Tú mejor que nadie sabes no me había fijado en nadie todo este tiempo.
- Lo sé y me da gusto por ti Kurt, pero ¿quién es? ¿Cuál es su nombre? ¿A qué se dedica?
- No tengo idea Mike, sólo sé que entrega arreglos florales en el hotel.
- ¿Cómo es eso?
El ojiazul le contó lo sucedido y su amigo empezó a reír – Bueno, tú sí que sabes cómo buscarlos, ¿eh? Escribe detrás de los cuadros palabras raras – volvió a reír.
Y hablando de buscar, para la próxima vez no vayas a perder tiempo en la librería por un diccionario, usa tu celular y búscalo en internet.
Kurt hizo una mueca y rodó los ojos – sabes que no soy fan de la tecnología. Si tengo este celular con un montón de cosas que ni siquiera sé para qué sirven es porque tú me obligas prácticamente a tenerlo.
- Es tiempo de que te modernices – soltó una carcajada – Bueno, ¿entonces qué piensas hacer con el repartidor de flores?
- Tengo la esperanza de volverlo aquí, supongo que debe venir seguido a entregar los arreglos y no dejaré que se vaya sin saber algo de él.
- Eso espero amigo mío. Es tiempo de que empieces a salir con alguien.
Ahora te contaré lo que sucedió en la tarde, y mejor agárrate de la silla o de la mesa. Tuve varias pláticas importantes y estoy a punto de firmar un acuerdo increíble de promoción, el cual incluye radio, televisión, prensa, ya sabes, todos los medios y las redes sociales. Mañana almorzaré con Nathaniel Rods y cerraremos el trato.
- ¡Genial! – contestó sin mucho entusiasmo.
- Vamos, deberías estar feliz. Yo estoy feliz y emocionado, tú deberías estarlo más todavía.
- Lo estoy, créeme. Es sólo que no me gusta tanto alboroto.
- Es distinto a la columna que escribías en esa revista de psicología, ¿cierto?
- Mucho, demasiado de hecho.
- Bueno, para el final del taller tendremos como invitados a varios empresarios que están interesados en ser inversionistas, entre ellos a Ted Vernon, así que algo muy grande viene y lo primero que voy a hacer es contratarte un jet privado. ¿Te gusta esa idea?
- Mike, sabes muy bien que no es la razón por la que escribo. No lo hago para ser famoso ni para hacerme rico y llenarme de lujos innecesarios.
- Kurt, has ayudado a muchas personas, estás consciente de eso. Sé que no escribes para sacar beneficios personales, sin embargo los mereces. Si tus libros se venden por montones, con lo que ayudas a millones de personas y de paso eso genera dinero, no tiene nada de malo que te des uno que otro gusto con ese dinero. Es fruto de tu esfuerzo.
Vamos Kurt, es el momento de que disfrutes lo que te has ganado. Eres joven y exitoso, aprovéchalo. Vive un poco.
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Al día siguiente Kurt y Mike estaban desayunando en el hotel, el segundo seguía tratando de convencer a su amigo acerca de disfrutar más la vida y tomar riesgos. Estaban a punto de levantarse cuando el ojiazul giró la cabeza y se quedó congelado.
- ¿Qué ocurre? ¿Qué miras? – la curiosidad el ganó y volteó para ver qué tenía tan concentrado al castaño, dándose cuenta de alguien acomodando unas flores – ¿Es él? Kurt, ¿es el hombre del que me contaste anoche?
- Sí, es él.
- He de decir que no encaja por ningún lado en el tipo que te gusta físicamente.
- Lo sé, pero hay algo en él que en verdad me atrae.
- Entonces, ¿qué esperas? Dijiste ayer que la siguiente vez que lo vieras conseguirías algo de información suya, así que…
- Pero está trabajando. Está ocupado ahora, no lo quiero interrumpir – lo vio alejarse empujando el carro con los demás arreglos y suspiró.
Mike negó con la cabeza – Hummel, ¿qué voy a hacer contigo? – resopló.
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Los dos amigos caminaban por el lobby del hotel cuando Kurt vio al repartidor acomodando un gran arreglo en una de las mesas – tienes razón, debo arriesgarme más.
- ¿De qué hablas? ¡Oh! Ya me di cuenta.
- Deséame suerte – le guiñó el ojo y se fue caminando a prisa en dirección del hombre de ojos color miel, dejando a su amigo sorprendido.
El repartidor estaba acomodando el arreglo con una enorme sonrisa, realmente disfrutaba lo que estaba haciendo. De pronto alguien se paró a su lado y le tocó el hombro haciéndolo sobresaltar.
- ¡Hola! ¿Me recuerdas? Anoche tropezamos en uno de los pasillos, de hecho perdiste tu marcador. Bueno, ya te has de haber dado cuenta de eso. – Se acercó más y leyó el nombre de aquel hombre que lo había cautivado en el gafete que tenía en la camisa – Blaine Anderson. Un hermoso nombre para un hombre tan atractivo – sonrió galante – Mi nombre es Kurt Hummel.
El hombre de cabello rizado lo miró serio y en silencio por unos segundos. Luego desvió la mirada hacia un cartel que estaba a un costado, en el cual se mostraba la foto del escritor.
- Sí, soy yo – sonrió – ¿Te gustaría tomar un café conmigo? Podemos ir al restaurante de aquí del hotel o a donde tú quieras.
El moreno empezó a hacer señas con las manos y el ojiazul abrió los ojos con asombro.
- ¿Eres mudo? Lo lamento. Yo… ah… no sé qué decir – El pelinegro seguía moviendo las manos, cada vez más rápido.
- No entiendo, ¿puedes ir más despacio?
Blaine Anderson señaló una de sus orejas y luego hizo un movimiento de negación con la mano.
- ¿Eres sordo también?
El ojimiel levantó los hombros en señal de que no entendía y no había nada que se pudiera hacer al respecto. Se dio la vuelta y se fue con total indiferencia.
Kurt lo miró alejarse y salir del hotel y él se quedó con un sin fin de pensamientos y teorías sobre cómo el atractivo extraño había adquirido esa condición, ¿un accidente?, ¿tal vez era de nacimiento?, ¿se podría corregir?
El repartidor estaba a punto se subir a su van cuando uno de los guardias del hotel se le acercó sonriente – hasta mañana Blaine.
- Hasta mañana Joss – contestó alegremente y se embarcó a su vehículo para irse de inmediato.
