He tardado en subir este cap, no terminaba de convencerme y es mas cortito que los anteriores. Me puse muy dramática xD Hice unas pequeñas modificaciones y aquí esta. Espero que lo disfrutéis ^^
Capítulo 4
Juvia se apresuró en llegar a Fairy hills y llamar a su amiga. Hablaron largo y tendido sobre la estrategia.
-Estas segura de que Erza se va a tragar eso? -preguntaba su pelirrosa amiga al otro lado de la lácrima.
-Juvia esta casi segura de que si. Erza-san se toma esas cosas muy enserio. - nada podía fallar o estaban perdidas.
-Esta bien, y como encuentro el lugar? No se si pueda convencer a Jellal, es muy astuto.
-Meredy-san no debe dudar, Juvia le mandara la ubicación.
-Por cierto Juvia, estas bien? Te noto algo extraña. -Merdy no podía ver la cara de su amiga, pero por el tono de su voz sabía que algo le sucedía.
-Juvia esta bien, es solo que esta preocupada por Gray-sama. Salió herido de una misión y Juvia lo esta cuidado. No se preocupe por Juvia solo esta cansada, muchas emociones en un solo día.- mintió, aun le dolía el tono en el que el mago de hielo la había tratado pero no era el momento de hablar de sus problemas tenían que concentrarse en la misión.
Tras cortar la llamada la azulada volvió al gremio, ya era tarde pero le había pedido a Mira si podía esperarla para entregarle la llave, ella se encargaría de cerrar. Para su sorpresa la albina no estaba sola en el lugar Laxus seguía sentado en la barra, ninguno de los dos se miraba.
-Juvia ya esta aquí Mira-san, siento la tardanza.- dijo dudosa, la tensión en el habiente podía cortarse con un cuchillo.
-No te preocupes Juvia, aquí tienes.- La albina le dedico una tierna sonrisa y le entrego las llaves. -Me voy a casa.
-Te acompaño.- escuchó decir al dragon slayer y se quedo anonadada.
-No es necesario.- le dijo ella en un tono poco amigable y dio media vuelta para marcharse. Que demonios estaba pasando entre esos dos, se preguntaba la maga de agua.
Laxus ni siquiera la miró y rápidamente salió detrás de la mayor de los Strauss. Juvia se encogió de hombros sin saber que pensar, ya era la segunda vez que presenciaba una escena parecida en poco tiempo. Decidió no darle importancia y cerró las puertas. A pesar de estar enfadada con Gray quería estar pendiente por si necesitaba alguna cosa, se había comprometido a ello y no faltaría a su palabra. No dejó que el mago la viera merodeando por allí así que esperó a que se durmiera para entrar a la habitación y poder velar por él.
Mientras tanto Laxus perseguía a su presa a una distancia prudente.
-Que quieres, porqué me estas siguiendo Laxus?- le preguntó ella sin siquiera girarse para mirarlo.
-Tenemos que hablar, no puedes escapar cada vez que me acerco a ti. Después de lo de el otro día yo...- no sabía ni por donde empezar, después de tanto tiempo aun no había encontrado las palabras exactas.
-Lo de el otro día no debió pasar.- dijo ella deteniendo sus pasos y esta vez sí girándose para encararlo.
-Tan malo fue?- le pregunto con una picara sonrisa.-No vi que lo pasaras mal.
-Eres un idiota Laxus Dreyar. Lo pasamos bien y punto, tu por tu lado y yo por el mio. Como siempre.- le costo decir esas palabras y apretó los puños con fuerza para obtener valor.
-Hace unos años eso era suficiente para mi.- dijo en un tono ahora mucho mas serio. -Si mal no recuerdo eras tu la que quería algo más.
-Si, y me rechazaste. Era solo un juego para ti y después de lo de Lissana los juegos se acabaron para mi, la vida se nos puede escapar de un plumazo y yo no quería perder mas tiempo contigo.- las lagrimas amenazaban con escaparse de sus ojos pero las contuvo, si Laxus quería oír la verdad, se la diría. -Con los años te volviste una especie de monstruo sin sentimientos, llegando al punto de atacar a tu propia familia para salirte con la tuya. Me fallaste muchas veces Laxus...
-Fui un imbécil Mira, pero ahora estoy aquí y lo estoy intentando... Demonios! Entendí por fin el significado de las palabras de el viejo, tarde pero lo comprendí.- las palabras de Mira le dolieron y recuerdos poco agradables llegaron a su memoria. La muerte de Lissana, el cambio de actitud de Mira, las lagrimas... Su padre, la ira que sintió, el odio que se acumulaba en sus entrañas.
-Un gran y completo imbécil... Pero ahora eso ya no me importa Laxus. Estas aquí, cuidando de el maestro y de todos nosotros. Volviste y me hiciste tan feliz. Pero no puedo volver atrás, no puedo ser la misma persona que conociste en el pasado. -ya no pudo contener las lagrimas y las dejo fluir.
-Yo no te estoy pidiendo eso.- Laxus desvió la mirada y apretó los dientes, lo que menos quería era verla llorar.
-Entonces que es lo que quieres de mi?- no hubo respuesta, así que Mira con todo el dolor de su corazón dio media vuelta y se marchó. No llegó muy lejos pues la estaban sujetando.
-A ti...-Dijo el dragon slayer agarrado su brazo impidiendo que siguiera caminando. -Solo te quiero a ti, demonio.- Mira no daba crédito a lo que acababa de oír, lo había esperado tanto tiempo que no se lo estaba creyendo. Se dio la vuelta y le miró a los ojos aun con lágrimas corriendo por sus mejillas.
-Que has dicho? - le preguntó, sabiendo que se arriesgaba con ello. Laxus bufó.
-Que te quiero Mirajane Strauss. - le dijo con una sincera sonrisa que pocas veces se podía ver en los labios de el rubio.
La albina no dudo en abalanzarse a sus brazos, a él le pillo por sorpresa pero la envolvió con su cuerpo. Mira lloró en su pecho por lo que a él le parecieron unos largos minutos, cada lagrima le dolía mas él que a ella.
Cuando sintió que se relajaba y los sollozos habían finalizado se separó un poco y ella alzó su cabeza para mirarlo. Él acarició su mejilla y borró el rastro de lágrimas, Mira cerró los ojos sintiendo las caricias y cuando los abrió pudo ver como él la miraba.
-Laxus...-susurro ella.
-Mi demonio.- dijo él para después tomar sus labios en un beso que había deseado desde hacía mucho tiempo, un beso lleno de amor y arrepentimiento. Un beso tan cálido y sincero que la hizo estremecer.
Mira se separó de su amado para volver a su casa, no quería preocupar a sus hermanos pero a partir de esa noche muchas cosas iban a cambiar y su corazón latía tan fuerte que apenas consiguió dormir unas horas aquella noche.
Al día siguiente:
Por la mañana una alegre pelirroja visitaba la enfermería, la grata sorpresa de encontrar a Juvia allí con Gray la alivió y con la certeza de que su amigo de la infancia se recuperaría sin problemas Erza decidió tomarse el día libre. La mañana la dedico a abrillantar y acomodar sus armaduras y por la tarde decidió salir a dar un vuelta. No había nada en el mundo que relajara mas a la maga de re equipamiento que unas compras y un rico pastel de fresas. No quiso pasar la tarde asolas y decidió invitar a Cana, aunque mas tarde se arrepentiría de ello.
-Erza, mira eso! Podrías matar a alguien solo con ponértelo.- Erza se dio la vuelta en dirección a su amiga, ella imaginaba algo así como una armadura acorazada repleta de armas pero lo que se encontró fue un largo vestido negro con una sugerente obertura a un lado un poco mas abajo de la cintura, escote en v pronunciado, de tirantes gruesos que se cruzaban a la espalda totalmente descubierta. Los ojos de la maga brillaron al contemplarlo.
-Es precioso.-le dijo ella.
-Precioso? Es tan sexy que hasta Freed se pondría cachondo amiga.- Erza no pudo evitar reírse por el comentario.- Pruébatelo Erza, me encanta cuando te deshaces por un rato de tus armaduras.
-Esta bien.- la pelirroja pidió la talla a la amable dependienta que las atendía y entró al probador seguida de Cana. Se desvistió de un movimiento y al instante se colocó el vestido, a la castaña casi no le dio tiempo de pestañear. Se miró al espejo satisfecha, le quedaba como un guante.
-Por Mavis.-la maga de cartas se acercó a ella por detrás y le frotó los pechos sin ningún miramiento.-Perfectas.-ambas rieron ante la acción, Erza estaba acostumbrada a que Cana hiciera ese tipo de cosas y no se sobresaltaba como las demás, de hecho su expresión era de orgullo.
Después de las compras Erza se empeñó en pasar por la pastelería, Cana se quejaba porque obviamente ella prefería ir a una taberna. Pidieron café y un trozo de tarta para la pelirroja. Se sentaron en una de las mesas y Cana sacó de su bandolera una petaca con alcohol, lo mezclo con su café y Erza rodó los ojos, no esperaba menos.
-Ahora si esta perfecto. No me mires así, cada uno tiene sus vicios.- dijo mirando la porción de pastel con fresas que había pedido su compañera.
-Me estoy acostando con Bacchus de Quatro Cerberus.- dijo la castaña tranquilamente, mientras que la pelirroja por poco escupe el sorbo de café que acababa de tomar.
-Q-que bien, me alegro por vosotros.- se puso completamente roja, mientras limpiada de sus labios los restos de su bebida.
-Solo es sexo Erza, no nos vamos a casar.- la castaña soltó una carcajada, la cara que se le había quedado a su amiga era muy cómica. -No pensé que estos temas te incomodaran Titania.
-Para nada...- Cana dejó de reír y la miro intrigada. Erza intentaba disimular dando vueltas a su café con la cuchara tan rápido que este se estaba saliendo por los bordes.
-Por Mavis, ni que fueras virgen.
Titania se sobresaltó tanto que de un manotazo terminó tirando todo el contenido de su taza sobre la mesa
-No me digas que...
-Mejor vayámonos, estoy cansada.- Cambio de tema de inmediato. No quería hablar de eso y menos con Cana.
-Y el pastel?- la castaña decidió seguir su juego, no necesitaba una respuesta después de ver su reacción. Como era eso posible? La gran Titania, la sexy y hermosa reina de las hadas.
-Lo pediré para llevar.- le contestó y se levantó de golpe.
-Como quieras, pero no te vendría mal un poco...- le dijo riendo al ver su nerviosismo.
-Lo tomare luego en casa.- respondió mientas metía la porción en una cajita que le dio la empleada de el local.
-Me refería al sexo.- la pelirroja la miró con los ojos abiertos como platos, le dedico una mueca de desaprobación y se dio la vuelta para marcharse de allí.
-Oi, oi espera.- Cana intentaba seguir su paso. -Tenemos que arreglar esto, buscaremos un semental a la altura de la gran Titania.
Erza paró en seco y dejó caer las bolsas al suelo. Cana tragó grueso. La pelirroja se dio la vuelta con la mirada oscura y apretando los puños.
-Esta bien, no te pongas así. Ves porque te digo que no te vendría mal, estas muy tensa.- la pelirroja hizo aparecer una de sus espadas. - De acuerdo, de acuerdo guarda eso. Mis labios están sellados.
-Mas te vale que así sea.- se dio la vuelta, recogió sus cosas y se apresuró a llegar a casa.
Entró en su habitación y arrojó las bolsas a la cama. Bufó fastidiada, en que momento había decidido que salir con Cana era buena idea. Por lo menos no la emborrachó. No es que no hubiera tenido oportunidades de estar con un hombre pero ninguno de ellos le parecía indicado, ninguno de ellos eran como... Jellal. Había experimentado el placer por si misma, su imaginación volaba con los libros eróticos de Madame Pegasus y últimamente no dejaba de soñar con escenas muy subidas de tono junto al peliazul. Se sonrojó de sus propios pensamientos y decidió evadirse acomodando las cosas que había comprado.
El sol estaba empezando a ocultarse para dejar paso a la luna cuando decidió salir de nuevo, iría e entrenar, a descargar aquella frustración que sentía por dentro. Después de hacer varios ejercicios decidió seguir su entrenamiento con un una carrera por la playa.
Erza no podía parar de pensar, en su cabeza la idea de esperar por Jellal perdía fuerza por momentos. Quizás el no se perdonara jamas, quizás había desaprovechado la oportunidad de que alguien la quisiera de verdad, alguien sin cadenas... Movió su cabeza de lado a lado desechando esos pensamientos, ella era igual que él. Tenia cadenas, aun podía sentirlas en sus muñecas cuando recordaba los años que paso en aquella torre. Él era la persona que le daba fuerzas para seguir adelante, él y su familia, solo por ellos seguía con vida. No podía o mas bien no sabia como explicar el vinculo que existía entre ellos. El hilo que la unía con aquel hombre que le había hecho tanto daño y a la vez le había dado la oportunidad de vivir su vida era tan fuerte como el primer día. Sus palabras eran su mantra, las palabras de aquel niño valiente que luchó y defendió a cada uno de sus compañeros en aquel infierno, la persona que le otorgó un apellido cuando ella misma no sabia quien era ni a donde pertenecía.
Paró su carrera y respiró profundamente, agachó un poco su cuerpo y apoyó las manos en sus rodillas para sujetarse. La lagrimas comenzaron a brotar de su ojo, maldita sea no quería llorar, ya había derramado suficientes lágrimas en su vida. Se incorporó y las secó de inmediato. Alzó la vista al cielo y suspiró, una estrella fugaz cruzó frente a ella en el horizonte y no pudo evitar esbozar una sonrisa. Esa señal era lo único que necesitaba en ese momento, esperaría por él, en esta vida y en todas las siguientes.
Continuará...
Gracias por el coment Guest y los favs que pude ver, me hacen muy feliz.
