Momento 4
Senderos
Lo habían jurado una y mil veces, pero el orgullo extrañamente seguía sobrepasando a la razón. Y aunque muchas cosas habían cambiado entre ellos, en este momento, al igual que en muchas otras ocasiones se repetía una escena. Ahí estaba ELLA, acostada en su cama llorando, y ahí estaba ÉL, parado frente a una puerta, esperando inútilmente que un pequeño patito de madera le diera una respuesta. Y es que simplemente ya no sabía como actuar. Tiempo atrás, un simple golpe en la ventana acompañado de una frase en busca de perdón bastaba, pero ahora, incluso por sobre su terquedad sentía que algo más hacía falta. Ya no era un niño, y ella por sobre todas las cosas era una mujer. Y si su comportamiento la había dañado, si su timidez se había disfrazado de desdén solo por temor, debía ser lo suficientemente hombre como para tocar la puerta y entablar una conversación. Pedir perdón y de paso, aclarar muchas cosas. Aún así el temor al rechazo, la vergüenza y el temblor de sus manos pudieron más que el deseo y la intención se quedo simplemente en eso. Así fue como apretando los puños volvió a su habitación.
Esa mañana luminosa, decorada de sonrisas se había convertido, ante la presencia de Ukyo, en un recuerdo de meses anteriores. Su comida era mala, ella fea. Una marimacho kawaikune de pechos planos y más gorda que una vaca. Todos y cada uno de esos insultos revivieron en su mente momentos de su pasado. Peleas, malos entendidos, golpes y distanciamientos que deseaba enterrar en el olvido, pero que tercamente parecían querer regresar a su realidad, aquella donde parecía no ser querida ni estimada. La rabia y el dolor consiguieron vencer su orgullo, y antes que hiciera el simple amago de detenerlas, frías y abundantes lágrimas surcaron su rostro. Ella no se quedaría ahí de pie junto a ellos, para observar como Ranma prefería a Ukyo, su comida, su compañía. Y antes de que el tonto prometido pudiera entrar en razón, la vio corriendo en dirección contraria. Nada de insultos o golpes, sólo arrepentimiento y una caja de galletas, que aún en el suelo, le sentaron como una fuerte bofetada
-Si tan sólo las hubiese probado- Kasumi que acababa de escuchar aquella frase dicha en medio de suspiros, se detuvo junto a la puerta para no molestar con su presencia las reflexiones de su pequeña hermana, quién, aburrida de las constantes indirectas de su padre había huido para situarse junto a la entrada de la casa. Allí, apoyada rectamente contra el marco de la entrada saludaba con una sonrisa a un alborotado y alegre grupo de párvulos, que, agrupados en línea india y tomados de las manos, caminaban guiados por su profesora hacia el parque más cercano.
-¿Akane estás bien?- la mano que acaricio levemente su cabello impregnó su alma con seguridad y calidez. Sólo Kasumi era capas de irradiar un amor tan fuerte.
- Ya pasará, no te preocupes.- dijo volteándose a abrazarla. Y es que estaba convencida que con ella a su lado todo terminaría siempre bien. Y por milésima vez en su vida, se sorprendió al pensar, como en el seno de una familia tan rara como la suya, podía haber nacido alguien tan bello como su hermana. Ella siempre sería su mejor amiga.
-Si tú lo dices. Ya sabes que solo quiero tu bien. No me gusta verte llorar.- agregó, y justo en ese momento sus ojos parecieron observar el cielo.
- Trataré de no hacerlo más.- depositando un beso en su mejilla, Akane caminó hacia el jardín.
Se sentía como un idiota, y la simple y directa mirada que Kasumi le otorgara luego ver alejarse a su hermana hacia el interior de la casa acrecentó su malestar. ¿Acaso eso que vio reflejado en sus ojos era súplica y perdón? Allí en un rincón del tejado había observado indiscretamente el encuentro de ambas chicas. Ahora también se sentía como un ladrón que deliberadamente despojaba a los demás de momentos y recuerdos.
Y mirándose las manos lo decidió. Este no era el hombre que había deseado ser. Si no era capas de acercarse a ella y abrir su corazón, jamás sería digno de una caricia como aquella. "Genial, ahora siento envidia" pensó.
No supo en que momento se sentó a su lado, y menos cuando sus manos se entrelazaron. Y a pesar de sentir aún un profundo dolor se sorprendido a si misma disfrutando del roce de sus dedos.
Simplemente había sentido que ese era el momento apropiado. Allí estaba ella, solitaria junto al estanque, con la luna iluminando su corta cabellera y lejos de cualquier mirada indiscreta. Con una determinación nacida de la necesidad de ver de nuevo su sonrisa y sintiéndose más seguro que nunca, se sentó junto a ella cargando un pequeño bulto. Su mano libre rozó la fría roca y se detuvo al percibir la calidez de Akane.
Y las palabras sobraron. Sólo hubo miradas cruzadas y el leve sonido de una galleta siendo mordida.
Fin del momento
Mi Universidad cumplió 3 semanas en toma, lo que se supone me dejaría mucho tiempo libre, se convirtió en el momento propicio para reencontrarme con viejas amistades y disfrutar de la compañía de las nuevas. Así que extrañamente el pc se convirtió sólo en medio para enterarme de lo que acontece dentro de la toma , de ahí la demora…como sea, espero que les guste este "momento", lo acabo de terminar. Me senté y con mi pequeña gata en las piernas me di al trabajo de continuar la historia. Son las 2 de la mañana y me abandonó el sueño….como sea…
Saludos totales
