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THE WORLD IS CURSED

IV

—Tengo el pelo de gato —Rose se lo pasó a Scorpius, el chico al ver la mano de ella tendida hacia su dirección, sintió un ligero nerviosismo. Intentó hacer el mínimo contacto posible, pero al tratarse de pelo no tuvo de otra más que tocarla.

Por poco hace que se le caiga el pelo, la chica le gritó que tuviera cuidado porque si se caía el viento se lo llevaría… como también las posibilidades de encontrar a su gata.

Sostuvo el pelo de gato en la palma de su mano, después apuntó con su varita y murmuró el hechizo con claridad. Rose lo miraba atenta a lo que hacía, pues si alguna vez se le perdía su gata de nuevo, ya sabría qué hacer y no iría tras la ayuda de nadie.

Pasaron unos cuantos segundos y nada pasaba, ella frunció el ceño, no se atrevía a preguntarle que sucedía o si estaba dando resultado. El chico carraspeó y volvió a musitar el hechizo. Nuevamente nada pasó.

—No está funcionando —no se cuestionó, apuntó.

La cara de Rose se llenó de angustia, se mordió el labio porque no quería admitir la derrota, le sabía tan amarga en la boca. Negó varias veces no dando crédito a la situación… estaban tan cerca, pero a la vez tan lejos.

—Me temo que no nos queda de otra más que acercarnos —la chica no dijo nada y se echó a correr hacia el Bosque Prohibido, olvidándose de ser prudente o cautelosa… había demasiados tipos de plantas ponzoñosas y otras peligrosas, sin olvidarse de las criaturas que habitaban ahí, pero sobretodo ¿Y si alguien los veía?

Scorpius maldijo para sí mismo, lo último que deseaba hacer era entrar, pero ahora no le quedaba de otra puesto que aquella pelirroja ya se había adentrado. Tomó una larga bocanada de aire y se echó a correr, intentando alcanzar el paso de ella.

Sin darse cuenta ya estaban, por lo menos, más de medio kilómetro dentro del bosque. Había demasiados árboles que estaban perdiendo sus hojas debido a la presencia prematura del otoño, el aire era bastante frío y olía raro. En definitiva, el aura que rodeaban era suficiente pesado. Sintió un escalofrío al ver una fila de arañas del tamaño de su puño pasar cerca de su zapato, una sola picadura y ahí se acaba su vida.

Rose le temía a las arañas, el horror se formó en su rostro, pero logró suprimir su grito.

—Mejor darnos prisa —se estremeció la chica.

Scorpius volvió hacer el procedimiento para realizar el hechizo, pero esta vez fue diferente. En el momento que dijo las palabras, sintió su varita vibrar lo que era una muy buena señal. La chica sonrió intuyendo lo que eso significaba. La varita cada vez vibraba un poco más hasta que de pronto se escuchó un maullido.

—¡CROOKS! —chilló con emoción.

Se escuchó otro maullido más cerca de donde estaban, y sin pensarlo Rose se echó a correr. Eso hizo que Scorpius perdiera la concentración y rompiera el hechizo, gritó su nombre pues no le agradaba la idea de ir corriendo por un bosque totalmente peligroso.

Rose gritaba el nombre de su gato, y este le contestaba con maullidos, fue entonces que algo la hizo caer de bruces sobre la tierra, y enseguida un dolor comenzó a propagarse por su tobillo. Algo se había enredado, tenía espinas y quemaba como fuego. Intentó sentarse sobre la tierra para ver qué la estaba lastimando, consiguió ver una vid enroscada, pero el dolor era tan fuerte que no le permitía reaccionar con sutileza.

—¡Scorpius! —gritó.

El chico al llegar a ella sacó su varita, lanzó un hechizo destruyendo la planta por completo y quitándosela del tobillo. Se arrodilló a un lado para inspeccionar bien la herida, hizo una mueca, no le gustaba para nada como lucía.

—Rose… tenemos que ir a la enfermería —ella negó con lágrimas en las mejillas, se sintió algo inútil por no haber podido reaccionar y quitarse la vid por su cuenta.

—Mi gato —le dio a entender que no se iba de ahí hasta conseguir a lo que había venido.

Intentó pararse, pero al hacer presión en el tobillo lastimado le provocó un dolor bastante fuerte y por poco se cae. Scorpius enseguida se acercó a ayudarla, ella lo hizo a un lado, no quería que nadie la ayudara a caminar, ella podía hacerlo…

—¡Sólo pon tu brazo alrededor de mis hombros Rose! —respingó, y cuando vio que simplemente no podía caminar, cedió—. Ahora voy a poner mi mano en tu cintura.

—¡ESO SI QUE NO!

—¡Rose! —puso los ojos en blanco y dejó que Scorpius pusiera su mano en su cintura, ahora ya tenía un poco más de soporte para caminar.

Con pequeños brincos caminó, apoyando gran parte de su peso en los hombros del chico. De pronto vieron a un gato bastante sucio echo bolita, era Crooks. La felicidad que ella sintió fue enorme, casi se desprende de agarre que sostenía con Scorpius, pero una punzada de dolor se lo evitó. El Slytherin hizo levitar al gato y Rose lo tomó entre sus brazos.

—¡Oh por fin!

Ya que habían encontrado al gato sano y a salvo, ahora les quedaba una tarea más: regresar al castillo. Sería algo sencillo si solamente Rose no se hubiera tropezado por culpa de una planta que parecía ser ponzoñosa. Con cada pasado dado el dolor incrementaba, era un malestar como si algo la estuviera quemando, aun así, trató de hacerse la valiente y suprimir su sufrimiento, tenía que enfocarse en llegar al castillo y recordar que su gato ya estaba con ella.

Por otro lado, no lograban avanzar mucho lo que preocupaba a Scorpius, ya eran cerca de las diez de la mañana, o sea ya había más actividad estudiantil y si alguien los veía… podrían ir despidiéndose de Hogwarts. Él trataba de alentar a la pelirroja que se diera prisa, ella lo intentaba. No quería imaginarse el dolor que debía estar sintiendo, sólo con verle la cara y como se mordía el labio, seguro era inimaginable.

Rose venía sumida en sus pensamientos para distraerse del dolor, quiso buscar una explicación de cómo Scorpius Malfoy tenía bastante potencial y nadie parecía darse cuenta de ello. Era una lástima, ella toda su vida se encargó de demostrar, no sólo a sus compañeros y maestros, al mundo mágico que ella también era igual de inteligente que su madre… aunque ella creía que su inteligencia se debía a que se la pasaba estudiando y no algo natural.

Su madre era Ministra de Magia, su padre dueño de una de las tiendas más famosas de bromas en el mundo mágico, además de ser héroes de guerra… Scorpius Malfoy era hijo de un mortifago, su familia fue prácticamente la mano derecha de El Señor Tenebroso, se decía que era El Hijo Maldito… todos los magos hablaban mal de los Malfoy, aun así, Scorpius parecía llevarlo muy bien. No le gustaba ser el centro de atención, no tenía muchos amigos, su infancia había sido bastante solitaria, pero estaba bien con ello.

Porque tenía a alguien a su lado.

Caras vemos, corazones no sabemos…

—No lo entiendo —dijo ella en voz tenue—. Sabes demasiado, ¿Por qué no se lo demuestras a todos? Todos siempre esperan algo y si no les das lo que quieren te juzgan… ¿A caso no te importa lo que piensen los demás?

—A veces es bueno no escuchar a todos y ser simplemente lo que tú quieres. No siempre tienes que complacer a todos —se encogió de hombros.

—¿No te importa ni siquiera un poco? —estaba sorprendida con su respuesta, por todo lo que él había pasado estaba segura que le afectaba lo que dijeran de él.

—No es que no me importe, sino que prefiero no hacer caso. Claro que hay veces en las que es imposible… —se quedó callado, como si se le hubiera venido a la mente un recuerdo doloroso.

Fue aquella vez en el verano que murió su madre y como los rumores sobre que él era hijo del Señor Tenebroso. Su padre le dijo que no hiciera caso, lo que importaba es que ellos sabían que no era cierto, pero la gente es mala y siempre habrá alguien que tratará de lastimarte.

De pronto llegaron a la cabaña de Hagrid, habían conseguido salir del Bosque Prohibido sin que nadie se diera cuenta y con la gata de Rose con ellos, para terminar con su aventura, les quedaba ir a la enfermería, aunque había un pequeño problema… cuando vieran la herida de ella preguntaría cómo sucedió, cuando la examinaran se darían cuenta que fue una planta que solamente se encuentra en el Bosque Prohibido, ahí empezarían sus problemas.

Si tan solo Rose Weasley no fuera tan impulsiva, hubiera pensado dos veces antes de correr en un bosque donde hay de todo tipo de peligros… incluyendo plantas venenosas, por supuesto.

—Así que encontraste a tu gata —dijo una unos pocos metros de donde estaban ellos.

—¿Qué haces aquí Lorcan? —Rose balbuceó torpemente, principalmente debido a que estaba acompañada de alguien que su amigo detestaba.

El chico sonreía jocosamente, como si se hubiera acordado de un chiste, después se percató de la presencia de Scorpius y cómo es que sujetaba a Rose. Eso no le gustó para nada, ver a una de las personas que más detestaba abrazando a su mejor amiga, amiga que le gustaba. Su sonrisa se transformó en una mueca de disgusto, y sin más, se acercó con paso retador y cuando estuvo delante de ellos apartó a Scorpius sin delicadeza, Rose por poco se cae, pero Lorcan ya la estaba abrazando.

—Ya hiciste tu labor de lacayo, puedes irte —le dijo Lorcan a Scorpius.

—A mí me parece que el lacayo es otra persona —contestó devuelta, estaba furioso con la actitud de su compañero de casa.

—Vuelve a repetirlo y te maldeciré —Lorcan sacó su varita, en el proceso estrujó a Rose entre sus brazos y en gato chilló arañándola.

—¡Suéltame! —Rose empujó a Lorcan y eso hizo que se cayera. Lanzó un grito por su tobillo lastimado que ahora tenía un color rojo vivo y sangraba.

Lorcan y Scorpius corrieron a auxiliarla, esto no le gustó al primero provocando otra ola de insultos y algunos empujones. El otro chico trataba de ser lo más paciente y concentrarse en ayudarla, no por quedar bien, sino porque era lo correcto.

—¿Vas a dejar que éste bicho raro te ayude? —vociferó Lorcan, al oír el insulto la pelirroja se quedó callada y sus ojos se abrieron sin dar crédito a lo que sucedía.

Scorpius puso los ojos en blanco sin entender lo que sucedía, pero al ver la reacción de Rose intuyó que habían tocado una fibra sensible, y lo comprobó al ver la sonrisa que se dibujaba en el rostro del otro chico.

—Así es como lo llamas a sus espaldas, o ¿Ya no lo harás porque te ayudó a encontrar tu gato?

Cállate —le dijo con voz peligrosa, ella ya no pudo mirar a Scorpius a los ojos, se sentía bastante humillada.

—¿Eso soy? ¿Un bicho raro? —La chica comenzó a temblar, estaba a punto de echarse llorar, pero se contuvo, no lo iba a hacer, no daría esa satisfacción a ninguno de ellos.

—No… yo no —Scorpius la interrumpió de golpe.

—Por un momento pensé que habías cambiado —y sin más se marchó dejándola a medio camino hacia el castillo.

No entendía que sucedía, no entendía por qué Lorcan había actuado de tal manera. Ella sabía desde su primer año en Hogwarts que su amigo no tenía buena reputación de buena gente, pero eso era cuando era pequeños, se suponía que había crecido y madurado… se suponía que ya había dejado su odio por Scorpius Malfoy desde que se desmintió el rumor del Niño Maldito.

Pero nunca, nunca él había sido malo con ella.

Fue como si le hubieran dado una bofetada, Lorcan pareció darse cuenta de su error porque su cara se transformó a una de arrepentimiento. Se acercó cautelosamente hacia ella y se arrodilló para quedar a su altura. Rose tenía la mirada baja, pero escondió su rostro de él para que no viera las lágrimas que se estaban formando en sus ojos.

—Rose…

Ella no contestó, así que volvió a llamarla, esta vez con voz tenue.

—Lo siento… yo… a veces pierdo mi temperamento —él observó el tobillo de su amiga que cada vez tomaba un aspecto peor—. No lo soporto… no me gusta verte con él… por favor déjame llevarte a la enfermería —pasó un brazo por su cintura y la ayudó a levantarse, ella no opuso resistencia.

—Ni siquiera pude darle las gracias —dijo con la voz quebrada, Lorcan tuvo que suprimir sus ganas de respingar.

Lorcan la llevó con cuidado hacia la enfermería, su amiga no dijo ni una palabra más en lo que duró el trayecto, tampoco se molestó en contestar el cómo se había hecho tal magulladura en el tobillo.

Cuando llegaron a la enfermería, Rose tuvo que inventar una muy buena excusa para explicarle a la enfermera lo que le había pasado, si decía la verdad debería enfrentar graves consecuencias… en caso de que la descubrieran no diría el nombre de Scorpius Malfoy, simplemente que fue todo obra de su inquieta mente… tal vez la perdonaran por ser hija de la Ministra de Magia.

Tener contactos poderosos nunca le había hecho más feliz como ahora.

—Este ungüento deberá ser suficiente, sin embargo, debo advertirle que no tiene un olor agradable y que le arderá un poco —la pelirroja suspiró aceptando su destino.

Cuando el ungüento hizo contacto con su piel soltó un quejido, tuvo que apretar los dientes con fuerza para suprimir otro grito. A su lado, Lorcan hizo un gesto de disgusto por el olor.

Rose no dijo nada, se lo merecía y mucho más.

Después de una hora, el tobillo de la chica estaba en un mejor estado, sólo debía aplicar la crema antes de dormir y para mañana ya podría hasta correr o jugar Quidditch. Cuando le dieron la orden de retirarse, le dio las gracias a la enfermera y se marchó, sin siquiera molestase por el Slytherin que la había acompañado a la enfermería.

—¡Rose! —Ella siguió caminando rápido, tanto como su tobillo se lo permitiera, no tenía la intención de escuchar la patética escusa que Lorcan tenía preparada.

Lástima que no pudiera correr o caminar aún más rápido.

El chico se le plantó frente a ella y puso sus manos en sus hombros, evitando así que huyera de su alcance. La pelirroja trató de quitárselo de encima, pero resultaba inútil ya que no tenía la misma fuerza que él.

—¿Puedes, por favor, dejarme tranquila? —Pidió con voz temblorosa y llena de furia.

—No hasta que me escuches.

—Déjame pasar.

—No.

—Déjame pasar.

—¡No hasta que me escuches!

—Si no lo haces por la buena, entonces tendré que hacerlo por la mala —se llevó la mano al bolso de su capa y sacó su varita, los ojos del Slytherin se hicieron grandes.

—No te atreverías…

—Pruébame —Lorcan no tuvo otra opción más que ceder, su amiga estaba colérica, tal vez si le daba un poco de espacio las cosas se enfriarían y así podría pedirle perdón.

Rose Weasley se echó a correr, ignorando el dolor que le producía hacerlo. La necesidad de alejarse de ahí era tan grande que no importaba cuanto le costara hacerlo, simplemente lo haría.

No veía la hora de poder llegar a su sala común, en su habitación y echarse a llorar hasta dormirse… lo bueno es que ya tenía a su gato con ella, eso era el único alivio que tenía…

Pero quedaba otro…

No podía seguir siendo mala persona con Scorpius Malfoy, desde el primer año lo único que ha hecho ha sido menospreciarlo y todavía más cuando se enteró que él estaba enamorado de ella.

¿Cómo alguien puede estar enamorado de ella?

Es mala persona, ni siquiera ha hecho cosas por las cual asombrar y tampoco se considera bonita.

Lo único que sabía es que necesitaba hacer las paces con Scorpius Malfoy… y de paso recuperar a su antiguo mejor amigo de la infancia, Albus Potter.

N/A: Ha sido un largo tiempo, aunque no se siente tan así, desde el 2 de noviembre, la fecha que actualicé este fic. Tengo mis motivos por los cuales no he podido subir el capítulo a pesar de tenerlo ya listo. Han pasado tantas cosas desde esa fecha, acababa de terminar praciales y se me vino encima la entrega de proyectos finales y luego exámenes y las vacaciones. Yo pensé que las vacaciones iba a tener un poco de tiempo, sin embargo me tuve que quedar sola en mi casa y estuve yendo en un sin fin de vueltas... no fueron las mejores vacaciones. Ahora estoy en mi 8vo semestre de carrera, ya casi en la recta final para graduarme... que estrés.

En este capítulo se encarga de darnos una razón más para odiarlo, pero lo hace porque está celoso que su amiga pase tiempo con alguien más, una persona a la cual no soporta, además que a Lorcan le gusta Rose y ella solamente lo ve como un amigo, nada más.

Scorpius todavia le gusta Rose, pero está tratando de alejarla de su vida, darse un poco de paz, puesto que ha pasado un verano de lo más horrible. Lo único que pide es un poco de paz, y pasar tiempo con su amigo Albus. No quiere que le recuerden a Rose ni lo que se ha convertido por culpa de Lorcan. Sin embargo, cuando decidió ayudarla, pensó que tal vez todo lo que oía de Rose o lo que veía por ser amiga de Lorcan, era simplemente las malas influencias de una amistad... quizás esté en lo correcto o tal vez Rose necesita que alguien la guíe.

Eso es todo, esperemos que tenga tiempo de actualizar, digamos que este semestre está un poco más cargado que los anteriores. Nos vemos pronto.