Esta es una traducción de 'Cuando el tiempo no es suficiente', original de Jinko.
Por supuesto, cumplo en recordarles que la única dueña de los personajes y el universo de HP es J.K. Rowling
DEBO !! agradecer todos y cada uno de los reviews, porque me alegran enormemente !! Estoy trabajando a tiempo super completo- 12 hs. diarias- y DEBO descansar...pero no puedo alejarme de mis historias...¡qué se le va a hacer!
Saludos a TODOS y gracias !
D.L.
Capítulo Cuatro: Fides, Diosa romana de la fe y la lealtad
No recibí mucho entrenamiento de mi padre, antes de su muerte. Tío Sev fue el que me llevó y me enseñó los pocos hechizos que sé. Y no fue fácil aprenderlos. Me llevaba a la Casa de los Gritos, de vez en cuando, pero sólo después de asegurarse de que estaba libre de enemigos y cubierta de barreras de protección. El uso de magia en los menores de edad era algo muy peligroso en mi tiempo. Los Mortífagos rastreaban a quien usara magia y fuese menor de diecisiete años, para evitar que se aprendieran hechizos lo suficientemente poderosos como para constituir una amenaza.
Como sea; eso significaba, además, que las barreras que colocaba el tío Sev eran mortales y revelaban a cualquier vigilante Mortìfago que un joven estaba siendo entrenado.
Así que sólo aprendí lo básico, y la única vez que casi nos atrapan, mi padre golpeó al tío Sev y no me permitió verlo por seis meses. Lo odié por el castigo, tampoco me permitió dejar la mansión por meses.
Le dije que lo odiaba por lo que me hacía, se lo dije una y otra vez. No era justo que me tratara así, yo no quería ser protegido de esa manera.
Tía Hermione me contó una vez, que él estuvo encerrado en su propia habitación durante días interminables, cuando vivió con sus parientes muggles; ella decía que no entendía cómo él podía hacerme lo mismo a mí. Cuanto más lo pensaba, más lo odiaba. Pero, entonces, una noche lo oí llorar. Sucedía a menudo con mi padre que extrañaba muchísimo a mi papá y a Lily…pero no había nada que pudiéramos hacer para traerlos de vuelta…sin embargo, esta vez era diferente. Oí que murmuraba mi nombre, no el de papá; pedía perdón. Tía Hermione lo abrazaba mientras él lloraba y le decía que se arrepentía de todo lo que había hecho, pedía perdón por encerrarme como lo habían encerrado a él. Le decía una y otra vez que no podía perderme como había perdido a todos los demás, le decía que yo era todo lo que le quedaba. Mi padre decía que cambiaría todo, si pudiera, que me enviaría a vivir con otra persona si eso significaba que yo podía ser feliz. Decía que debería haberlo hecho en el momento en que papá murió.
Era la primera vez que yo lloraba, oyéndolo. Seguía diciéndole a tía Hermione que él era un mal padre, que quería hacerlo bien, que quería comenzar de nuevo…que quería entregarse a Voldemort cada vez que me oía decirle que lo odiaba, decía que no podía soportar mi dolor, que era peor que perderme. Y entonces, le suplicó a tía Hermione que me lleve con ella, que me haga feliz. Fue la primera vez que la escuché levantar la voz; ella le gritó, negándose.
Fui a su lado, esa noche, y le pedí perdón por todo lo que había dicho.
No nos hablamos por una semana.
Tío Sev y yo, jamás intentamos volver a entrenar.
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Sucedió el siguiente viernes. Lucius habló con su hijo, fuego mediante, y le pidió una poción especialmente diseñada para capturar enemigos.
Draco se rehusó. Llanamente, le dijo a su padre -al patriarca de su familia-, que no crearía una poción semejante. En el fondo, pensaba que debería haber mentido, diciendo que era muy difícil de hacer. ¡Si hasta había practicado qué decir! Pero, cuando vio la cara de su padre, no pudo mentir. Salió. El 'no' que estaba reprimiendo, se derramó de sus labios antes de que pudiera detenerlo.
El silencio que siguió casi lo mata; luego, su padre desapareció de su vista, terminando la conversación.
Ese sábado era día de partido de Quidditch: Gryffindor contra Ravenclaw. Fácil de predecir: Potter ganaría sin sudar siquiera.
Pensar en el partido, trajo una sonrisa a la cara de Draco. Scorpius le había suplicado que lo deje presenciarlo, hasta prometió alentar a Ravenclaw si eso lo hacía más feliz. Draco no podía negarle nada a su hijo; eso, lo había aprendido rápido. Le dio el permiso apenas después de mirarlo una vez, esos enormes ojos verdes, tan familiares, eran su mayor debilidad cuando se trataba de Scorpius. No quería otra cosa más que complacerlo, sólo para poder verlos brillar de felicidad.
Scorpius obtuvo el permiso para ir al partido (y alentar a Potter en secreto), siempre y cuando se mantuviera debajo de la capa de invisibilidad. La maldita capa de invisibilidad; le dio sentido a muchas cosas en la mente de Draco: el ataque en Hogsmeade y otros inexplicables actos de Potter, con ella, ahora quedaban claros. Scorpius le había contado que Potter la obtuvo de su padre en algún momento, y había creído justo le perteneciera a Scorpius. Por qué no se la dio a su propio hijo, era algo que Draco no entendía, pero tampoco le importaba. La capa le facilitaba el traslado de un lado a otro a Scorpius, y eso era algo que él apreciaba enormemente.
Draco trató de concentrarse en Scorpius y en el partido, pero cuánto más pensaba, menos material le quedaba, y pronto debería pasar al asunto de su padre. Se estremeció, lo último que quería, realmente, era pensar en cómo lidiaría su padre con su desafío.
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Harry despertó desorientado. Había pasado toda la noche trabajando con un nuevo hechizo encontrado por Hermione, y estaba tremendamente exhausto. Con toda honestidad, ni se imaginaba la posibilidad de usar ese hechizo, pero Remus pensaba que podría ser útil.
Sin embargo, lo que le importaba en este momento era el partido de Quidditch. Se preparó - lentamente, según Ron-, y se encaminó al campo de juego, saeta de fuego en mano. La noche anterior, Scorpius lo había interceptado en el camino de vuelta al dormitorio, y sobre excitado, le contó que tenía permiso para ver el partido. Saber que el chico estaba ansioso por verlo jugar le producía una sensación en el pecho. Scorpius tenía ese talento, notó Harry. Cuando él andaba alrededor, Harry olvidaba lo malo del día, y olvidaba el ensayo imposible por difícil, que Snape les había encomendado; las provocaciones y mofas de Parkinson ya no lo afectaban. Ya no se preocupaba por ninguna de esas mierdas, su atención se centraba en el rubio y le interesaba solamente la conversación entre ellos y nada más.
Hermione había comenzado a expresarle alguna preocupación por lo cercanos que parecían, y Harry debió reconocer que tenía razón en pensarlo porque él parecía obsesionado con el heredero de Malfoy. Y cuando no estaba concentrado en Scorpius, sus ojos se deslizaban hacia el mismísimo Malfoy. Todo eso le preocupaba profundamente a ella. Más de una vez lo acorraló, preguntándole qué era lo que estaba pasando; y él contestaba que estaba bien y que no debería preocuparse tanto. Esa respuesta, por supuesto, la llevaba a pensar en lo que Ginny le había contado y en la posibilidad de que Harry y Malfoy estuviesen juntos. Aunque parecía algo más que loco e imposible, ella había visto que esas cosas extrañas podían suceder. Harry aún no les había mencionado nada sobre su sexualidad ni a ella ni a Ron –que no tenía ni idea-, pero Hermione esperaba que él pudiese confiar lo suficiente en ella como para hacerlo pronto. Llegó al campo de Quidditch antes que la mayoría y buscó un buen sitio. Con el tiempo, las gradas comenzaron a llenarse como de costumbre, y como sus amigos cercanos estaban en el equipo, normalmente ella permanecía sola durante los partidos. En realidad, nunca le molestó. Aunque, esta vez, alguien chocó contra ella a propósito. Giró y no encontró a nadie; frunció el ceño y levantó la mano, tocó algo y sonrió.
-Buen día, Scorpius-. Saludó, Hermione cariñosamente. Aunque cuestionara algunas cosas sobre el chico, no podía negar que Harry estaba mucho más contento de lo acostumbrado cuando andaba cerca de él; y ella tampoco tenía nada en su contra, solamente no lo conocía. El chico respondió en un susurro.
-Buen día. Papá me dejó ver el partido. Este es mi primer partido de Quidditch.
Ella levantó una ceja. -¿Hablas en serio? ¿Este es el primer partido que ve el hijo de Draco Malfoy?
Él rió, con un dejo de vergüenza. –Si supieras quién es mi padre, te sorprenderías más.
Hermione sintió que él se movía alrededor y se paraba delante de ella, con cuidado para no tropezar con otros estudiantes.
-Tal vez deberías haber ido a las gradas de los Profesores.
-Quiero sentir lo que se siente siendo un alumno, aquí- Admitió Scorpius, débilmente. –Aunque mi papá no va a venir, dijo que quería trabajar más y que tiene mucho que estudiar si quiere ser aprendiz de tío Sev.
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El partido terminó mucho antes de lo que Scorpius pensaba, pero no le impidió observar embelesado. Su padre era increíble, allí arriba, en su escoba; era más rápido de lo que jamás hubiese imaginado, zigzagueando entre los jugadores para encontrar la elusiva snitch. En su tiempo, Scorpius había oído cuentos de los hijos de Hermione sobre el juego, ellos lo amaban. Él había suplicado a su padre que le enseñe, pero las súplicas no fueron oídas; su padre pensaba que era demasiado peligroso, en el aire podía ser un blanco fácil.
Por supuesto, Gryffindor ganó, su padre interceptó la snitch en cuarenta minutos. Algo le molestó: no vio ningún Slytherin de séptimo año en el estadio.
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Aunque, normalmente, no entrenaban los fines de semana que coincidían con partidos de Quidditch, ese día tuvieron sesión de entrenamiento, y para mayor extrañeza de todos, Snape se les unió.
-¿Alguien sabe a qué se debe esto?- Susurró Ginny, acercándose a Harry.
-No le pregunté- Negó él. –Y por la cara de Moony, creo que él tampoco.
Remus hizo una pausa en la puerta; en el momento en que su mirada se encontró con la de Severus, se le cerró la garganta. Había algo en esa mirada...era tan intensa...y...y...
-¿Moony?- Preguntó Harry, tocándole el codo al hombre lobo. El hombre salió de una especie de trance y miró a Harry, cuando su vista volvió a Severus, el momento ya había pasado.
-No pasa nada-. Dijo Remus, y caminó hacia Severus.
Las cejas de Harry se elevaron, cuestionando, pero no recibió respuesta.
Remus casi se ahoga por la tensión; acercándose al Profesor de Pociones, sintió como si él supiera sobre su futuro juntos. Mentalmente sacudió la cabeza, no, Scorpius no le diría a Severus ese tipo de cosas.
Pero, en la última semana, casi no habían hablado entre ellos; lo poco que se dijeron, fue cortante y breve; y enseguida alguno de los dos sentía la necesidad de salir corriendo lo más rápido posible.
Severus observaba cómo los estudiantes entraban a la habitación, aunque sólo fuese para evitar posar los ojos sobre el hombre lobo que se acercaba. Lucía tan nervioso como él se sentía, y supuso que eso era algo bueno. El chico le confirmó que su relación ocurriría, a pesar del compromiso matrimonial de Lupin; eso explicaba por qué el chico había tratado de acercarse a Lupin y por qué confiaba tanto en él.
-¿Qué te trae por aquí?-Preguntó, deslizándose junto al hombre más alto.
- Tengo ganas de ver qué es lo que este ejército tuyo puede traer a la mesa-. Respondió Severus, secamente.
-No es mi ejército; Harry, Hermione y Ron han hecho todo el trabajo.
-Granger hace todo el trabajo, Potter solamente domina los hechizos y Weasley se queda parado estúpidamente.
Remus rió con suavidad. –Supongo que tienes razón.
Para la mayoría de los estudiantes sólo se trataba de una conversación entre dos colegas. Para el Trío Dorado, se trataba de una extraña conversación entre dos antiguos enemigos: increíblemente tensa e incómoda, pero ninguno sabía la causa.
El ED había crecido considerablemente; se había convertido en una clase a la que podía concurrir quien quisiera mejorar, por eso había muchos más estudiantes de varias Casas. Estaban los que iban regularmente a cada clase, y los que aparecían cuando, informados por Hermione, se interesaban en el contenido de la clase. De hecho, el pequeño 'ejército' era visto como la quinta Casa, todos sabían de su existencia y quiénes lo integraban.
Aunque Harry, Hermione y Ron no pasaban mucho tiempo con sus pares del ED, el resto se llevaba muy bien; algunos compartían el almuerzo, algunos practicaban entre ellos en los terrenos del Colegio si tenían problemas con lo que aprendían. Los miembros del ED de Gryffindor eran cercanos entre ellos; Harry notó cambios en cada uno: las calificaciones de Neville mejoraron desde que obtuvo su nueva varita -el año previo alguien partió la anterior, accidentalmente, en una sesión de entrenamiento-. Pero no era sólo por la varita; había crecido en la seguridad en sí mismo con los hechizos, en Encantamientos y en Transformaciones. No logró pasar a la clase avanzada de Pociones, como era de esperarse. Pero, el tímido Gryffindor era el que más había mejorado, entre todos.
Ginny, raramente era vencida en un duelo por alguien que no fuese Harry; Hermione, Ron o Remus; era uno de los miembros más sobresalientes del ED. Era evidente para todos que su fortaleza sobrepasaba a la mayoría, con frecuencia lanzaba del otro lado de la habitación, por lo menos a dos oponentes durante los duelos.
Una de las cosas que más le gustaban al ED era el juego del tipo 'grandiosa riña callejera'. Una vez al mes, hacían un duelo que consistía en uno contra todos. Generalmente, el trío se sentaba - pero si no, el ganador usualmente era Harry-. Los restantes juegos eran ganados por Ginny. En el último, ganó Neville, porque el resto de ED se unió contra Ginny en los primeros segundos. Hubo un encuentro interesante, cara a cara, entre Neville y Terry Boot. Lo ganó Neville, transformando una almohada en un ave – previamente revelado como el mayor temor de Boot-. El Ravenclaw, aterrorizado, se rindió. Por supuesto, Harry no pudo evitar notar la ironía en el temor del chico. En una ocasión, como examen, Remus trajo un boggart. La mayoría superó la amenaza de su peor miedo; de allí su orgullo porque Neville le dio utilidad a la lección.
Nadie se sorprendía porque los Slytherin no intentaban unírseles en las clases; evitaban al resto del Colegio como a la plaga. En los últimos dos años, los periódicos habían publicado, sin parar, historias sobre cómo los magos oscuros siempre provenían de la Casa Slytherin, y que era probable que los alumnos de los años superiores ya fueran contados entre los Mortífagos, además de ser hijos de Mortífagos. Por más de un mes, algunos alumnos de la Casa Slytherin anduvieron por el Colegio arremangados, para mostrar que no portaban la marca tenebrosa. Ese acto de protesta contra la prensa funcionó por un tiempo, hasta que uno de los líderes fue capturado por Mortífago, durante las vacaciones.
Severus y Remus trataron de alentar a los Slytherin para que se unan al ED, afirmando que eso les ayudaría en sus quejas anti-Mortífagos, pero ninguno les hizo caso.
-¿Por qué piensas que esto es tan raro?- Preguntó Hermione a Harry, mirando a los Profesores: Remus tenía un brazo alrededor de su abdomen, mirando hacia un costado, levemente separado de Severus. El Profesor de Pociones estaba parado en la misma posición, a un lado, con las manos en los bolsillos.
-No lo sé. Nunca los vi así; quiero decir, no es como si no se soportaran-. Respondió Harry, pasando su mirada por los dos.
Ron ladeó la cabeza. –Tal vez, lo que pasó es algo completamente vergonzoso...eso espero...¿Se imaginan qué bueno sería si Remus lo pescó a Snape haciéndolo?
-¿Haciendo qué, Ron?- Cuestionó Hermione.
Harry notó el tono de desaprobación.
-Tal vez tiene un romance con una alumna.
-Eso sí que está mal, compañero-. Sonrió Harry. –No creo que haya ninguna tan desesperada. Bueno, seguro que hay alguna desesperada por sus calificaciones, pero...mejor cambiemos de tema.
Ron rió. –Sí, supongo que pasó otra cosa...
-Es obvio-. Apuntó Hermione.-No creo que actúen de esta manera sin alguna razón. Sólo tengo curiosidad.
El pelirrojo coincidía con esa curiosidad. –Como nosotros somos los amigos más cercanos de Moony, es nuestro deber preocuparnos por estas cosas.
-Tal vez fue a la inversa-. Bromeó Harry. –Tal vez es Moony el que tiene un romance.
-Nos lo diría, de seguro...
-Lo pueden despedir, Ron. No creo que nos cuente algo así.
Ron suspiró profundamente. –Bueno, no debe ser eso. Snape lo delataría directamente, sólo para sacarlo del castillo y tomar su puesto.
-Creo lo mismo.
Hermione giró, observando a los estudiantes de alrededor. Casi era tiempo de empezar la clase. La del día era uno de esos juegos de pelea callejera mensuales, así que había más estudiantes que lo usual, todos querían tener la chance de ganar, y con los hechizos sanadores que habían aprendido la semana anterior, podían hacer equipos. Ella los agrupó rápidamente, fijando las reglas para aquellos que no las conocían. Básicamente, no usaban hechizos que no hayan aprendido en el ED, y una vez tocados por uno, quedaban fuera de la pelea y no podían retornar.
Como de costumbre, ellos tres se sentaron durante la batalla. La presencia de Remus y Severus preocupó a varios estudiantes.
-Y no se preocupen, ellos están aquí sólo para observar-. Agregó Hermione, haciendo un gesto despreocupado hacia los dos Profesores. Remus ahogó su risa, ante la mirada furiosa que Severus le lanzó a la morena, sin impresionarse por gesto.
Harry sopló el pequeño silbato y comenzó el juego.
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Draco no podía estar más contento con la merma de los estudiantes de Slytherin. Las habitaciones continuaban listas como si hubiera la cantidad normal de alumnos, de modo que varias estaban desocupadas. A esta altura del año, cada estudiante del sexto y séptimo año tenía su propio cuarto. Los años menores sólo compartían uno entre dos personas, y no más.
Ahora que Draco había desafiado abiertamente a su padre, necesitaba un cuarto propio. Además, eso le daba libertad con Scorpius, por si el joven Malfoy alguna vez lo visitaba inesperadamente.
Scorpius, sin embargo, rápidamente se estaba convirtiendo en la menor de sus preocupaciones. Las miradas asesinas que recibía de sus compañeros de casa lo hacían temer por su vida –y no estaba dramatizando ni nada por el estilo, era la verdad-; podrían matarlo por lo que había hecho, y nadie hubiese podido ayudarlo.
Suspiró, giró su pluma entre los dedos; estaba renunciando a sus padres y a su posición social por este chico. El suspiro se convirtió en gruñido. Su vida como un Malfoy estaba acabada; y no había nada que pudiera hacer al respecto. Todo lo que conocía, había acabado.
Tratando de sacar la mente de esos pensamientos, Draco regresó al mundo de sus tareas escolares. Le tomó una eternidad escribir una frase en su tarea de Transformaciones, y aún más, comprender verdaderamente lo que había escrito. El trabajo había sido asignado el lunes, después de conocer a Scorpius, y debía entregarlo en lunes próximo; lo tentaba darse la cabeza contra la mesa y dejarlo así. No quería saber nada con el colegio, ni con sus padres, ni con la guerra. Ya era suficiente, ya había alcanzado su límite. Bajó su pluma, para masajear sus deltoides; los músculos de su cuello y hombros estaban acalambrados y tensos.
Draco dio un salto, la puerta de su habitación se abrió ciento ochenta grados sobre sus bisagras, golpeándose contra la pared. Giró rápidamente y casi se ahoga con su lengua; en la puerta apareció Pansy Panrkinson, iracunda.
-¡Draco Hyperion Malfoy!- Chilló, acercándose hecha una tromba hacia donde Draco estaba sentado. –Theodore acaba de contarme lo que le dijiste a tu padre.
Él no se sorprendió. Una mano lo golpeó en la cabeza. –Pansy...
Reamente, nunca fueron íntimos, la única relación entre ellos se debía a sus familias. Ella, sin embargo, siempre creyó necesario, literalmente, golpearlo y ponerlo en su lugar; como si fuera su responsabilidad, como si ella formara parte de su vida.
-¡No! ¿Cómo te atreves a hacerle eso a tu padre? ¿Tienes idea cuánto va a sufrir tu familia por eso?
Draco se pasó la mano por los largos mechones de su cabello. –Pansy, cualquiera sea la decisión que tome, es solamente mía, no tiene nada que ver contigo.
-Yo tengo autoridad para opinar, como tu prometida...
Draco se paró y se alejó de ella.
-¡Al demonio, no!- Siseó, alejándose unos pasos. –Eso no va a pasar.
-Por supuesto que sí- Continuó Pansy. –Mis padres ya me han dicho que no me permiten estar contigo, por si tu locura se expande. Dicen que el Señor de las Tinieblas va a darte una oportunidad para redimirte...
Draco se burló. –No puedes hablar en serio. Aunque volviera a seguir las órdenes de mi padre, sería diferente. Quiero elegir mi futuro, y ciertamente, no quiero casarme contigo.
-Draco...
-No. No voy a volver a esa vida. En mi futuro, voy a vivir y amar de la manera que yo quiera.
Ella lo miró con furia, volviendo hacia la puerta. -¿Qué pasa contigo? ¿Intercambiaste personalidades con un Gryffindor? Lo que estás haciendo va más allá de la locura.
-Sal de aquí, Pansy. ¿No es lo que tus padres quieren?
Su furia se intensificó cuando llegó a la puerta. –Te estás equivocando. El Señor de las Tinieblas va a ganar esta guerra y serás asesinado junto a los otros traidores a su sangre.
Por mucho que quisiera negarlo -Draco colapsó sobre su cama al momento en que ella cerró la puerta-, era un condenado; no importaba cómo lo mirara. Scorpius le había dicho que había muerto prematuramente en el futuro que había escogido. Seguramente, los Mortífagos no querrían otra cosa que su muerte, Draco Malfoy estaba demasiado inmerso en ese mundo como para que lo dejen ir fácilmente.
Se acostó boca abajo y hundió la cara en la almohada. Estaba condenado.
-Maldito Scorpius- Gruñó. –Que valgas la pena.
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Severus nunca lo admitiría, pero estaba genuinamente sorprendido, los miembros del ED eran muy talentosos. Lo había impresionado la chica Weasley y sus habilidades increíbles. Era mucho más poderosa que la mayoría de los adolescentes que él había visto. Demonios, hasta tenía algunos trucos en la manga que no había visto ni en adultos formados...
Longbottom también había mejorado y era mucho más fuerte. El duelo había terminado como una batalla entre los dos. Aunque los hechizos que ella usaba eran más fuertes, él era más hábil en hechizos de protección. Con facilidad conjuró un escudo para protegerse de lo que ella lanzaba; pero era una cuestión de tiempo, hasta que Weasley lanzara un hechizo poderoso como para quebrar la barrera. Cuando sucedió, se oyó un ruidoso festejo por parte de las chicas de la habitación. La heridas fueron atendidas de acuerdo a la clase anterior.
Severus era un hombre duro, pero ver esos cambios en los estudiantes, le hizo retorcer las entrañas. Esas mejoras tenían que ver con la guerra; no practicaban duelo para divertirse. La razón de base era la preparación para protegerse y hasta tomar la vida de sus enemigos. Ninguno de esos estudiantes pasaba los dieciocho, y había alguno de doce años, y se entrenaban para ser activos participantes en la destrucción de su niñez.
Había dos, en particular, que habían perdido su niñez completamente. Potter y Longbottom habían perdido su inocencia sobre la guerra por la posición de sus padres; y ahora, ellos estaban permitiendo que muchos otros sigan esos pasos. Y lo que hacía peor la cuestión era que los adultos, sus Profesores, los apoyaban...
-¿Sucede algo?- Preguntó Remus, levantando la mirada sobre el hombro de Severus.
Severus miró hacia otro lado. –Por supuesto que no.
Una sonrisa apareció en los labios del hombre lobo. –A mi también me preocupan.
-Debes estar loco para pensar que eso es lo que estoy pensando.
Remus suspiró con fuerza y se volvió a mirar a Harry que felicitaba a los dos finalistas y les informaba, al resto, cuál sería el contenido de la próxima clase.
–Sólo puedo esperar que él encuentre una vida normal una vez que todo esto termine.
-Eso no va a pasar nunca-. Dijo Severus, bruscamente. –Tiene dos opciones: morir joven a manos del Señor de las Tinieblas o ser un héroe eterno.
-Según Scorpius, morirá más tarde...
-A los treinta y siete. Morirá a los treinta y siete años, en el futuro… aún joven.
Remus asintió. –Sí, supongo que sí-. Sus ojos permanecieron en el chico. –Merece una vida mejor de la que se le ha dado. Un día será feliz, va saber lo que es el amor y lo que es tener una familia. Parece que será feliz con Draco.
-Es imposible-. Exclamó Severus, repitiendo lo que se había dicho varias veces. –No puedo imaginarlos creando una familia juntos…ni siquiera siendo amigos.
-Lo vi con mis propios ojos, Severus. Harry y Draco son los padres del niño-. Remus no pudo evitar mirar la cara de Severus.-Tal vez con ayuda de los dos Malfoy, puedan vivir más tiempo juntos.
Severus apenas murmuró y giró, saliendo rápidamente, deseando alejarse del gran grupo de Gryffindor.
Una vez que Severus salió del cuarto, Remus exhaló profundamente, se sentía tan mareado después del encuentro. Era una locura, estaba seguro de que así debería sentirse cualquier adolescente enamorado, pero no podía evitarlo. Y, honestamente, le gustaba mucho esa sensación interesante.
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