Título: Sexo muggle a través de una blackberry
Autora: Fanfiker_Fanfinal
Personaje: Harry, Draco
Rating: NC-17
Notas: Gracias mil por los comentarios. Os dejo con, personalmente, mi capi favorito. Respuestas a anónimos, al final del fic.
Advertencias: Slash
Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, iBloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc./i Nadie gana ningún beneficio económico con esta historia ni se infringen deliberadamente derechos de autor.
Resumen: Las reuniones siempre son aburridas y Draco Malfoy le encuentra a su Blackberry una utilidad muy placentera. Ha tenido sexo con Potter usando diferentes objetos muggles y aquello ha provocado un encuentro entre ambos. Ahora el rubio sabe que no puede conformarse con tener a Potter solo en su cama.
CAPÍTULO 4: HARRY Y THEO
No me gusta mucho ir al Ministerio; me recuerda al juicio que tuvo mi familia tras la caída de Voldemort. Obviamente, no hubo cargos contra nosotros, salvo mi padre, que tuvo que hacer trabajos para la comunidad mágica. Estuvo insoportable en esas fechas y todos sufrimos por su mal humor de entonces. Es una suerte que finalmente no tuviera la marca, ya que cualquier mago con la marca tenebrosa era interceptado a la entrada del Ministerio por seguridad. Por dárselas de importantes, más bien, porque cuando debió haber habido medidas de seguridad, los mortífagos se colaron.
Finalmente, llegué al Departamento de Aurores. La mayoría de ellos eran viejos y poco interesantes, así que confié en encontrar rápidamente a Potter. Pregunté por él en la oficina, pero me dijeron que había salido un momento, así que me dediqué a deambular por los pasillos, no como si estuviera perdido, sino como si estuviera dando una vuelta porque necesitara pensar; lo contrario solo hubiera demostrado una actitud sospechosa sobre mi persona. Y no quería que nadie me echara. Sin embargo, al girar un pasillo, escuché voces y reconocí una de ellas. Frené en seco. Joder. Theo. Y Potter. Hablando. Sonriéndose.
Cuando vi a esos imbéciles, algo se me removió por dentro. Noté mis puños, tratando de evitar ir hacia allí y cruciarlos a los dos. Sobre todo, me fijaba en Potter. Porque Theo podía haberme estado mintiendo, amenazándome, solo para que yo me mostrara, para saber si iba a entrar en su juego. Pero ver la cara del imbécil del héroe sonriéndole, como si le diera cierta vacilación decirle según qué cosas y una total desvergüenza decirle otras —como ya había demostrado a través del ciberchat—, era una prueba de jodido autocontrol. Potter llevaba su túnica azul oscura de auror, con los dos primeros botones desabrochados, en aquella zona donde yo le mordí varias veces y ahora no había nada. Debía haber utilizado un hechizo Glamour, y darme cuenta de esto me puso aún más furioso. Solo por molestar, y por ver su reacción (y otras tantas cosas que se me acababan de ocurrir), saqué mi Blackberry del bolsillo y tecleé rápidamente.
"Potter. Espero que no estés con otro o sentirás la furia de un Malfoy"
Harry-soy-imbécil-Potter tardó un poco en echarse mano al móvil. Cuando lo hizo, su cara se puso blanca. Después sonrió ligeramente. No perdí absolutamente ninguna de sus reacciones. Por un momento, pareció que fuese a enseñarle a Nott el mensaje, pero, al parecer, todavía le tiene aprecio a sus pelotas, porque tecleó un rápido "Estoy en la oficina, ocupado, te veo luego" y se lo metió al bolsillo.
¿Ocupado? ¡Ocupado mis huevos!
—Señor Malfoy, ¿tiene los informes de las compras? El señor Hudson los solicita con urgencia.
—¡Pues a la mierda su urgencia! Estoy cabreado.
Ufff. Va a ser un día complicado.
—Draco —Blaise entraba sin llamar, como siempre, ligeramente sonriente, también como siempre, y echándome los perros. Bienvenido a la rutina, Draco—. Esta es tu quinta secretaria y no me sorprendería que se marchara, como las otras. ¿Cómo haces para tratarlas así? Sé que eres gay, pero no es tan difí…
Blaise esquivó un pisapapeles con éxito, que acabó estrellándose en la puerta. Por suerte, esta vez no había nadie detrás de él. Tuve un desagradable incidente con Forch, un empleado que pidió un traslado porque se coló en un momento inoportuno en mi oficina, justo cuando estaba lanzando un zapato hacia otro compañero de pura frustración, zapato que acabó haciendo huella en su cara.
—¡Draco! ¿Qué te pasa hoy, demonios? ¿Por qué no vas a algún burdel a desfogar tu malhumor follando?
Me levanté, indignado.
—¡Follé ayer! ¡Y me quedé muy satisfecho! ¡Joder!
—Bueno, sinceramente, lo dudo —Blaise se acercó, apartó un poco las bandejas y se sentó en mi mesa—. ¿Follaste con Potter y te gustó?
Oh, claro, Blaise estuvo ahí cuando Potter se presentó en su casa, cuando yo estaba utilizando su ordenador, cuando después nos desaparecimos.
—Vete a la mierda, Blaise.
—Quiero detalles.
—No los tendrás —respondí, enfadado.
—Te has puesto colorado.
—Yo no me pongo "colorado", Zabini.
Mi amigo se acercó más a mí y aclaró:
—No vamos a burlarnos, Draco. Si tienes que revolcarte con el héroe para que seas feliz, que así sea. Es más, a Pansy le divertirá mucho la noticia.
—¿Quieres que te lance otro pisapapeles? Es posible que no tengas opción de sortear este.
—¿Le has preguntado a Potter si él quedó satisfecho? Porque claro, Draco, conociéndote…
Si hubiera podido le habría lanzado dagas por los ojos. En su lugar, le pinché con la pluma.
—¿Conociéndome? Tú no me conoces en la cama, no me he acostado contigo, no puedes hablar de lo que no sabes.
—Así que es eso… se ha ido a buscar a otro.
Las imágenes de Nott y Potter hablándose con total confianza, rozándose de vez en cuando los brazos, con un claro gesto corporal de estar a gusto se reprodujeron en mi divina memoria.
Me marché de la oficina tras lanzarle un Petrificus a Blaise. Por segunda vez. No aprende: la última vez que le petrifiqué la secretaria deshizo el hechizo y ambos tuvieron sexo en mi oficina. Tuve que ventilar el lugar dejando la ventana abierta permanentemente durante una semana. Blaise no había vuelto a usar mi oficina de picadero, pero al parecer, seguía disfrutando creando circunstancias similares. Es, sin duda, un masoquista. Estoy seguro de que le encanta que las mujeres lo aten con cuerdas de cuero y le hagan toda clase de cosas vulgares.
"¿Cómo estás, Draco? Espero que podamos repetir lo de ayer. Fuiste fantástico"
Oh, mira el salvador del mundo dedicándome un minuto de su ajetreada vida. Menudo hipócrita.
"Fóllate a un hipogrifo"
Me envió varios wassap que ignoré totalmente, porque a Potter le encanta que le presten atención, ha sido así desde el colegio, y luego va por ahí negándolo todo. ¿Qué imbécil se haría auror si no fuera narcisista?
Ese día no tenía ganas de volver a mi casa, así que me quedé trabajando en el maldito informe. Mi secretaria también, no tuvo huevos de volver a su casa después de nuestro enfrentamiento, pero me acordé de ella cuando alguien llamó a mi puerta y grité que no tenía tiempo para nadie. Solo que no era la jodida secretaria, sino un auror que se atrevió a abrir la puerta con un simple hechizo.
—Draco. ¿Qué pasa? No has contestado a mis mensajes.
El imbécil de Harry Potter, de pie frente a mi mesa, varita en mano, llevaba el pelo despeinado y la túnica abrochada. La misma túnica que se había desabrochado frente a Theodore, quizá ofreciéndose, como hizo conmigo ayer. Hoy debía tocar algún otro slytherin en su cama. Lo miré, incrédulo, por su atrevimiento a venir aquí.
—¿Eres lerdo, Potter? Creí que dejé claro que no quería hablar contigo, ni siquiera por mensaje. ¿Te lo tengo que decir por señales de humo? A lo mejor entiendes un idioma más primitivo.
Potter pareció tratar de calmarse, respirando hondo.
—¿Te enfadaste porque me marché de tu casa? Lo siento, llegaba tarde al Cuartel. Ni siquiera tuve tiempo para dejarte una nota, ni para pasar por casa. Fui directamente hacia el Ministerio, con la misma ropa de ayer.
—Tus compañeros ni siquiera se habrán dado cuenta de eso —respondí, venenoso.
—Pensé que… Draco, estás enfadado conmigo y si no me lo dices, solo puedo hacer conjeturas. ¿Qué ha pasado?
Entonces sí exploté.
—¿Qué ha pasado? Dímelo tú. ¿Acaso has hecho alguna apuesta que diga que te acostarías con el máximo número de antiguos slytherin o qué?
Potter pestañeó, y bajó la varita.
—No. Me gustas. No hay ninguna apuesta, ¿por qué piensas eso? Te he pedido repetir lo de anoche. Si hubiera alguna apuesta, como dices, no habría pedido una segunda cita.
—Vaya. Así que sabes pensar, después de todo —rodeé la mesa para quedarme frente a él.
—Ya sé que suena raro, Malfoy, pero empezamos con esos mensajes y… dejé de escribirte porque creí que te habías burlado de mí, simplemente, y cuando empecé a soñar contigo y tú decidiste enviarme una foto desnudo, bueno… no soy de piedra. Me hice ilusiones. Y cuando te vi a través del ordenador, tan dispuesto para pasar el rato conmigo, no pude esperar más. Me gustas, ya te lo he dicho. Pero si no sientes lo mismo, incluso si solo quieres sexo conmigo pero no quieres nada más, puedes decírmelo.
Lo empujé, pero no trató de evitarme a pesar de haber podido hacerlo. Le grité con todas mis fuerzas.
—¿ESO ES LO QUE QUIERES QUE TE DIGA? ¡NO QUIERO NADA CONTIGO, ENTONCES! DEJA DE SENTIRTE CULPABLE Y VETE CON EL IMBÉCIL DE NOTT. SOIS DOS IDIOTAS, TAL PARA CUAL. ¡FUERA!
Potter pareció quedarse más petrificado que Blaise. Después, abrió la boca para decir algo, pero se arrepintió y se marchó. Y yo no terminé el informe.
Dos días después alguien se coló en Malfoy Manor. No podía ser Potter porque no tenía permiso para entrar, y de todos modos no había intentado ningún otro contacto salvo una patética lechuza que devolví a su casa. Bajé por si fuera mi padre, pero en el camino descubrí su identidad, ya que campó por el pasillo a sus anchas, buscándome.
—¡Maldito seas, Draco! ¿Qué coño estás haciendo con tu vida?
Oh. Bien. Ahora tenía que aguantar al amante de Potter echándome en cara que lo había tocado: Theodore Nott. Nos quedamos cara a cara; olía bien; estaba brillantemente vestido. No sé qué hay en él que no tenga yo. Sinceramente.
—No seas hipócrita, me dijiste que lo cortejara. ¿Ahora has descubierto que te lo quieres quedar? Bueno, ya te lo mandé con un lazo, no sé qué vienes a reclamarme ahora. No está aquí.
Theo pareció extrañarse, y luego se llevó las manos a la cara.
—Jodeeeeer... estás celoso —lo seguí, porque se había ido directamente hacia uno de los sofás de la entrada.
—¿De qué va esto? —dije, sin estar seguro de querer sentarme a escuchar.
Theo elevó la mirada y luego se carcajeó.
—Vete mucho a la mierda —espeté, furioso, pero su brazo no me dejó irme. Tiene delito, estando en mi propia casa...
—Draco... maldita sea, siéntate y escúchame. Tienes a un jodido auror loco por ti, ¿por qué le alejas de tu vida?
Elevé la barbilla, orgulloso.
—¿Eso es lo que te dice cuando te folla? Joder con Potter, sabe jugar a dos bandas.
—Eres rematada y estúpidamente tonto. ¿Te creíste de verdad que me gusta Potter? —un momento, tengo ojos, oiga.
—Os vi. A ti. Con él.
—¿Cuándo?
—¿Qué demonios importa? Él te miraba como si quisiera besarte los pies, joder. Si no has notado que le gustas, el imbécil aquí eres tú.
—¡Venga ya, Draco! Potter y yo somos amigos. Él está intentando que un chico de su escuadrón se fije en mí. Y yo, por mi parte, pensé que podría salir contigo. Obviamente, sí, quería besarme los pies porque pensó que yo había tenido algo que ver. Dice que has puesto su mundo del revés y que ahora solo puede pensar en ti. Y yo me alegré por él, igual que me alegré por ti.
—¿Le has dicho a Potter que yo iba detrás de él?
—Estoy de tu lado, Draco. Piqué su curiosidad; puse tu teléfono en su agenda y luego te di la lata. ¿Qué pasa? ¿Tan difícil te parece que pueda corresponderte? En Hogwarts eras tan obvio... y cuando me enteré de que Potter era gay pensé que podrías tener oportunidades. No haces más que postergar salir con un mago porque en el fondo aún te gusta Potter. Y como no lo quieres olvidar pero crees que es mejor estar lejos de él, te diviertes cuando sales por ahí. Pero al final no puedes olvidar a tu némesis de la infancia, te frustras y todo vuelve a empezar.
Estaba impresionado. Primero, porque Nott confesara que no se había fijado en Potter; y segundo, porque hubiera tramado esto desde hace tiempo.
—¿Y qué ganas tú con todo esto?
—¿Acaso no es obvio? Blaise, Pansy y yo estamos sufriendo tu horrible temperamento.
Apreté los puños.
—Ellos... ¿ellos lo saben?
—Claro que no. ¿Por qué iba a decírselo si luego me salía mal? —contemplé a mi amigo, con el cabello corto despeinado y su traje de Armani. Sus ojos parecieron captar alguna señal para seguir hablando o callar. Luego, me abrazó—. Potter me ha enviado un mensaje. Por eso vine a verte. Dice que le echaste de tu oficina cuando trató de hablar contigo. Y que no has respondido sus mensajes, ni su lechuza.
—¿Quién es ese auror que te gusta? ¿Pansy lo conoce? —dije, zafándome de su abrazo para mirarlo a la cara.
—Sí, lo conoce. Pero yo, al contrario que tú, no tengo muchas posibilidades.
Lo golpeé en el hombro.
—¿Qué chorradas estás diciendo? No conozco a nadie que no se haya fijado en ti. Incluso yo te encuentro atractivo, idiota. Ese auror debe ser un gilipollas.
Theo sonrió ligeramente, aparentemente satisfecho.
—Sigo sin creerme eso que dices: lo de Potter loco por mí. De todos modos, olvídalo, nunca hubiera salido bien.
Theo me miró furioso. Agarró su Blackberry y pulsó un número.
—¿Hola? Potter... soy Theo. Tienes que venir, rápido, hay mortífagos en Malfoy Manor. Han atacado a Draco —me miró con una sonrisa de oreja a oreja mientras yo subía una ceja, incrédulo.
—Vaya. Me gustan tus métodos. Ya que estás aquí, tómate algo. Por lo menos para acompañarme.
—En media hora desearás que yo me vaya.
—No va a venir, Theo.
—Bueno, no me crucies por esto. ¡Diffindo! —se marchó mientras yo miraba mi camisa de Prada, completamente hecha jirones en el pecho. Me había hecho una herida el muy cabrón... Ten amigos para esto... Me dirigí hacia las ventanas de uno de los salones para poder curarme la herida cuando vi algo que me dejó patidifuso: un escuadrón de aurores corriendo hacia la mansión. No es posible. Realmente, no es posible... todo era surrealista. Oí hechizos, y la puerta abriéndose, y gritos y pasos apresurados. Me dejé caer al suelo, de repente la herida me dolía mucho. Encabezando el ejército venía el que debía ser el jefe; moreno, alto, fornido, con gafas, con la túnica mal abrochada... joder. No me lo puedo creer.
—¡Draco! —el capullo corrió hacia mí, arrodillándose y palpándome en todas partes. Menudo pulpo, ¿le hacía eso siempre a cualquiera que estuviera herido? —. ¿Estás bien?
El imbécil me alzó el rostro, y pude ver preocupación.
—Me duele, Potter —establecí, ya por hacer el teatrillo completo. El auror paseó su mano por mi pecho, despertando otras partes de mi anatomía. El resto de los aurores estaban registrando mi casa. Gracias, Theo. Los aurores encontrarían los objetos de artes oscuras de mi padre y me llevarían a Azkaban.
—¿Quién te ha hecho esto? ¿Quién? —ahora mismo no podía decir nada, Theo me acababa de convencer con sus críticos métodos de emergencia.
—No lo sé. Me obliviatearon —los brazos de Potter de pronto estaban a mi alrededor, mientras él murmuraba "oh, Merlín, oh, menos mal que estás bien". Estaba impresionado por las atenciones de Potter y su ferviente preocupación. ¿Será verdad que el gran héroe aclamado por todos se muere por mí?
—Jefe Potter, no parece haber nadie aquí —dijo una voz interrumpiendo nuestra maravillosa charla. El aludido se volvió, apartando los brazos de mí con pesar y asintió.
—Está bien, voy a interrogar a Draco. Volved al Cuartel y decídselo a Robbins. No creo que tenga más heridas que lamentar, pero lo llevaré a San Mungo si es necesario.
—¿Estarás bien solo? —quiso saber otro, desconfiado, mirándome. Me quedé con su cara, por si había que cruciarlo en un futuro.
Potter asintió, trató de levantarme, y yo me incorporé, pero el pecho me dolía horrores. El auror se sacó torpemente de su túnica un botecito que reconocí enseguida. Me tumbé sobre un sofá y Potter se sentó a mi lado; al mirarme con cautela, me tendió la pomada para heridas superficiales.
—¿Quieres hacerlo tú? —yo negué con la cabeza, y él, feliz porque hubiera rechazado dármelo yo, comenzó a repartir el ungüento por las dos heridas causadas por el Diffindo de Theo—. Cruciaré a quien te haya hecho esto.
No pude evitar reír. Todo era tan surrealista: yo, herido por mi mejor amigo y salvado por Harry Potter.
—Eres hermoso cuando te ríes —me dijo, solemne, dejando el bote a un lado.
—¿Flirteas con todas tus víctimas? —pregunté, irritado, pero no obtuve respuesta. En lugar de eso, mis labios fueron asaltados ferozmente. Después, me besó la cara, y el pelo. Potter es más gay que yo. Este imbécil tiene que ganarme siempre en todo...
—Si... no quieres, dime que pare...
Ah, muy bien, a eso se le llama eludir responsabilidades. Claro que, no podía quejarme ni tampoco tenía intención de alejarlo de mi lado. Al parecer, Potter no disfrutaba tanto con Theo como conmigo. Al menos, en lo que al sexo se refiere. En un santiamén me tenía semi desnudo delante de él.
—Ser auror es muy emocionante, ¿no? ¿Cuántos cuerpos desnudos de hombres ves al día?
—Cállate —reclamó, mordisqueándome la oreja.
Después de varios besos y magreos pregunté:
—¿Qué pasa con el interrogatorio?
—Lo estoy haciendo, ¿no lo ves?
Me bajó el pantalón y la ropa interior y buscó con avidez mi pene henchido.
—Por Merlín, qué gryffindor tan ardiente.
—No vale... hablar mientras te curo —ordenó, moviendo mi hombría de arriba abajo con exquisita lentitud.
—Aaah, joder... Potter... no me tortures.
—Has sido malo —estableció, y buscó mis labios de nuevo. El ungüento parecía hacer efecto, y entre el calor proporcionado por la pomada y el que estaba sintiendo por culpa del auror me llevaron al límite, haciendo que me derramara sobre nuestras ropas.
Harry… Potter me limpió con su varita y sonrió tontamente. Yo tenía ganas de ponerle las manos encima, y no para pelear esta vez, pero en lugar de eso fruncí el ceño.
—¿Eres amigo de Theo?
—Sí. Theo es muy agradable —lo dijo con una sonrisa de oreja a oreja, quizá asumiendo que yo quería que se llevara bien con mi círculo de amistades.
Alargó la mano para tocarme, pero le di un manotazo.
—¿Cuán agradable? —Potter me miró, serio, y pareció entender.
—Oh. No me gusta de ese modo. Me cae bien y todo eso, y es inteligente y buena persona, pero no. De todos modos, él no está interesado en mí. ¿Estabas celoso? —volvió a alargar la mano y yo le retuve, cerrando mis manos en torno a sus muñecas.
—¿Quieres decir que si estuviera interesado en ti saldrías con él? —Potter sonrió. Sus ojos centelleaban peligrosamente.
—Bueno, es agradable. Está bueno. Y ha tenido mucho que ver en que nos uniéramos.
—¿Ahora somos novios? —me burlé, aún luchando con los brazos del auror, que pretendían tocar cualquier trozo de piel expuesta.
—Me encantaría —dijo el muy tonto.
—Pues si es así, nada de ocultar los chupetones que yo te haga.
—Si esa es tu única condición, está bien. Pero lo hago por una razón: la gente está paranoica y si algún día vengo con una herida, abren expediente. Una vez me corté con una lata muggle de atún y estuvieron investigando el comportamiento de mis compañeros durante una semana.
—Nunca te cansarás de ser el centro de atención, ¿verdad? —dije, aflojando el agarre. Potter se inclinó a morderme la barbilla.
—Solo me cuidan. Um. Me encanta el olor de tu tónico para después del afeitado. ¿Me lo prestarás?
—Solo si te duchas conmigo —Potter me iba ganando terreno. Pronto, sus brazos habían caído sobre mí para comenzar a tocarme otra vez. No sé si lo nuestro funcionaría, pero por el sexo estaba dispuesto a intentarlo.
Um... creo que añadiré algo más. Theo ha sido demasiado buen amigo, le daremos un premio.^^
Gracias a todos por leer.
Comentarios para Anónimos:
Anonymous: Harry ha dado sus explicaciones. Ya ves que no se había ido sin un motivo. Espero que este también te haya gustado. xoxo.
