Espero que tengan un buen fin de semana, gracias por los comentarios... dejenme saber si ya perdí el toque...


Capitulo 4

¡Estaba jodidamente loca!

Pero se sentía tan natural, tan normal, tan perfecto, que no le importó.

Harry la estaba besando como nunca nadie la habían besado. El maldito, sabía lo que hacía.

Una mano en su cabello la otra en su cintura por encima de la delgada tela de su vestido, provocándole sensaciones que no pensó tener o que ni siquiera sabía que existían dentro de ella. Sus manos cobraron vida propia y se introdujeron en el cabello de él, pegándolo a ella, no dejándolo ir, disfrutando del momento.

Sentía, que algo la quemaba por dentro, que el fuego dentro de su cuerpo estaba muy alejado del fuego que produce la sensación del whisky, Harry era embriagador, se sentía mareada y caliente como el fuego de una hoguera.

Gimió en la boca de Harry, al tiempo que él hacia algo con su lengua que le pareció malditamente excitante.

Era dar y recibir.

Su boca, sus manos, su lengua, eran exquisitas, no eran dominantes, pero estaba muy alejado de ser pasivo. Se dejaba envolver por ella, pero al mismo tiempo peleaba por envolverla.

Nunca imaginó que besar a su mejor amigo sería de esa forma.

Su mejor amigo.

Se separó de él, como si su contacto, su cercanía, su olor la quemara. Lo empujó al otro lado del sillón, mientras ella se alejaba al otro extremo. La mirada de Harry la perdió, por que leyó en su rostro lo que debía de reflejar el suyo.

Deseo, pasión, sexo.

¿Qué estaban haciendo?

Sentía su corazón desbocado y su respiración acelerada, solo tenía una idea, quería mas, quería sentir más, no importaba que fuera su mejor amigo, no importaba lo que sucedería con su amistad, solo importaban él y ella. Lo que ambos tenían para dar.

Ni su fantasía más grande abarcaba todo lo que sintió al besarla, al tenerla entre sus brazos, era como si toda su vida hubiera esperado para ese momento. Su pecho subía y baja, al compas de su respiración, sentía que su corazón se salía de su corazón, maldición, pensó, no debió tentarlo, no debía de caer ante el alcohol, ante el deseo y ante ella. No podía perderla, era su mejor amiga, lo mejor que tenía en su vida, era la razón por la cual siempre se refrenaba, pero ya no podía.

Quería mas, quería fundirse en ella, con ella, nunca se había sentido de esa forma, tan excitado y caliente como se sentía en ese momento. Ella con su sola presencia lograba lo que todas las mujeres con las que había salido no pudieron. Tentarlo, enloquecerlo.

Habían arruinado su amistad por un impulso, por un momento de debilidad, por un… ¡diablos! quería mas. Tan cerca y a la vez tan lejos.

Parecía asustada, pero lo miraba como si fuera a saltarle en cualquier momento, él también se sentía de la misma forma, siempre se había controlado con ella, pero ahora, toda la adrenalina, el deseo, la pasión y el alcohol, se le habían subido a la cabeza, y la deseaba como nunca antes la había deseado.

-Maldición… - Dijo Ginny antes de lanzarse de nuevo hacia él. Él también respondió de la misma forma, se encontraron en el centro del sofá, para fundirse en un nuevo beso, al que él respondió de la misma forma desesperada.

Toda su amistad se iría al infierno, pero estaría en el infierno si no la besaba.

Era desesperación y pasión, lo que su boca decía, Ginny sabia a fuego y a whisky juntos, que lo quemaban por dentro. El beso era desesperado, estaban en un frenesí sexual, que nunca pensaron tener. Harry se recostó sobre el brazo interno del sillón, donde lo había empujado Ginny, la tenía sobre él, la posición era tan diferente a lo que tanto habían compartido hasta ahora, antes era inocencia y amistad, en esa ocasión, pasión y deseo. Le fascinaba la forma en que sus manos podían envolver la cintura de ella, Ginny le tomaba sus cabellos, jalándolo, incitándolo a seguir, a no alejarse.

Estaba completamente loca por desearlo de tal forma, pero no importaba, ya nada importaba solo Harry besándola, Harry acariciándola, Harry deseándola. Harry, Harry, mil veces Harry.

En toda su vida, en toda su búsqueda de los últimos años, nunca había permitido tales libertades con ninguno, pero con Harry era natural, ¡dioses!, con Harry todo lo que hacían era natural.

Fue imposible contenerse cuando ella besó su mandíbula, mordisqueándola un poco, un gruñido que nunca había escuchado en él, salió de su garganta, sorprendiéndola y sorprendiéndose a él mismo. Ginny había liberado al mounstro dormido dentro de él.

La empujó al otro extremo del sillón, provocando un puff en este y un gemido en ella, por el contacto brusco, sorprendiéndola cuando quedó sobre ella, haciéndole sentir lo que le provocaba, si pensó intimidarla se había equivocado, porque le sonrió sensualmente, como la Diosa que sabía que era.

Movió sus delgadas piernas para que él se acomodara de lleno, encima de ella. La besó con desesperación y ella le respondió gustosa, podía sentir sus manos, sus uñas en sus espalda, quemándole la piel, necesitaba sentir esa pequeñas manos en contacto directo con su carne caliente, caliente por ella.

Se alejó de ella a pesar de las protestas de Ginny, le sonrió maliciosamente, mientras se quitaba la camisa que llevaba, la arrojó al piso, sin importarle si caía en la chimenea, en la mesa o en el infierno, solo importaban las manos de Ginny sobre él, la vio sonrojarse, pero una sonrisa felina apareció otra vez en su rostro mientras lo tomaba del cuello para jalarlo de nuevo sobre ella.

Estaba embriagada; de deseo, de él, de alcohol, estaba en una burbuja, sabía que solo estaban empezando. Por alguna razón alejada de su entendimiento, se sentía dominante y posesiva con él.

-Gatita – le dijo y le dieron ganas de ronronear, no supo si lo hizo, pero las manos de Harry la tocaban de una forma desesperante, no sabía si para Harry esto también era nuevo como para ella, pero parecía que si, por la forma en que tocaba sus pechos. Quería arrasar con él, quería marcarlo, quería… ¡diablos!... quería follarlo hasta volverlo loco, ¡rayos!, eso en definitiva era el whisky hablando y pensando por ella.

Seguida por el impulso lo empujó al otro extremo del sofá, donde Harry gruñó por el contacto con el sillón, se sentó a horcajadas en el estomago de él, los ojos verdes de Harry estaban oscurecidos por el deseo, diciéndole en silencio que estaba haciendo las cosas bien.

Observó como Harry tragaba dificultosamente, su manzana de Adán subía y bajaba, nunca lo había tenido de esa forma, ¡Dioses!, era sensual, tenía un ligero vello en el centro del pecho bajando hasta su ombligo, haciéndose más denso, mientras continuaba hasta dentro de su pantalón, su pecho se extendía cuando respiraba dificultosamente y tenía unos oscuros pezones ovalados horizontalmente, con abdominales bien formados, de los que siempre ella se burlaba, pero esta ocasión lo que quería decir y hacer estaba alejado de la burla o de la gracia.

Harry, estaba bien bueno, no cabía duda de eso. ¡Diablos! Quería lamerlo por completo, pasar su lengua, su boca por todos los lugares que ella podía descubrir.

Pasó sus manos sobre su cuerpo, y a pesar de que Harry no era enorme, ni robusto, sus manos se veían pequeñas sobre su pecho fuerte, intentó sentarse pero ella se lo impidió. Le regaló una sonrisa cómplice que ella no dudo en responder.

Tomó el borde de su vestido y lo sacó de su cuerpo, cayendo en el sillón de una plaza, ¡Mierda!, lo escuchó decir mientras se lanzaba sobre ella, le provocó una carcajada, al sentirlo tan desesperado hundiendo su rostro entre sus senos. Pero la calló cuando metió en su boca su pezón, casi sentía que se atragantaba por la sensación. Si alguna vez había pensado que estaría avergonzada o intimidada, por la situación o por su desnudes, no lo estaba. Al contrario. Si Harry quería lamerla completita quien era ella para negarse. Hundió sus manos en el cabello de él teniéndolo el lugar que tanto le estaba dando placer.

-Harry… - escuchó que ella decía, y su voz le sonó algo extraña, él se dirigió al otro pezón haciéndolo mismo. Sabía que sus manos le estaban rasguñando la espalda y los hombros pero a él no parecía importarle.–Harry – Gimió de nuevo.

La tenia situada en el lugar indicado, sentía como le rasguñaba la espalda, como mordía su oreja izquierda, provocándole sensaciones entre dolor y placer, sabía que le quedarían marcas, él también le mordió y succionó el pezón de una forma algo brusca y ella hizo lo mismo con su cuello.

Se sentía malditamente bien, eso de dejarse llevar por todo lo que Ginny quisiera.

Se alejó de ella para observarla, alzó su rostro y ella bajó el suyo, lo rodeó del cuello con sus manos y mientras él la tomaba de la cintura. Se besaron en esa posición, casi se corre por la sensualidad del momento.

Continuaron besándose, sus sentidos estaba invadidos por el olor, por el tacto y el sabor de ella. Se sentía mareado, ya no sabía si por el whisky o por Ginevra. Nunca había tocado, ni besado, ni visto a nadie como lo estaba haciendo con Ginny, con las otras siempre le entraban dudas, se sentía intimidado, y muchas veces asustado, pero Ginny lo hacía sentir seguro, lo retaba sensualmente, le exigía y le daba todo lo que pudiera tener.

La empujó de nuevo en el sofá, el cual crujió por el nuevo movimiento. Sin dejarla de besar, le besó el cuello, el valle de sus senos, el ombligo, sonrió ante la imagen del mismo, Ginny tenía un ombligo gracioso, era como una ligera abertura de alcancía, era chiquito, delgado y gracioso. No pudo evitar reírse mientras lamía su estomago.

-Tienes un ombligo muuuy rariiiito – En definitiva estaba ebrio.

-Idiota

La besó de nuevo y ella se dejó besar, lo pantalones lo estaban matando, si seguían con eso, sus pantalones sufrirían las consecuencias. Sintió las manos de Ginny bajar por su pecho, acariciando el vello que tenía en el estomago, para tratar de desabrochar el pantalón, tiró de el varias veces pero no lo pudo abrir.

-Ayúdame – Le pidió Ginny mientras volvía a devorar su boca.

Se alejó de ella, para abrir sus pantalones, lo intentó varias veces por que no podía, ya sea por los nervios o por la excitación, el caso es que sus dedos temblaban estúpidamente imposibilitando la tarea.

Hizo un ruido extraño de felicidad y de liberación, al sentirse libre del seguro, los pantalones le estaban cortando la circulación, se levantó rápidamente mientras se quitaba al mismo tiempo el pantalón, pero su coordinación no era muy buena, así que terminó en el piso con un pesado estruendo, por haberse enredado con ellos, ¡lo que le faltaba!, que Ginny se riera de él, cosa que estaba haciendo ella en esos momento, se levantó con sus calcetas blancas y con sus bóxers favoritos, unos bóxers azul marino con estampado de snitches, sus pantalones los tenía en la mano, estaba haciendo el ridículo pero no le importó, era Ginny, su amiga Ginny, el amor de su vida Ginny.

Estaba botada de la risa, y a él no le quedó que solo compartir la risa con ella, tiró su pantalón sin fijarse donde caía, mientras se quitaba los calcetines, saltando casi estúpidamente sobre un pie, después sobre el otro, aventándolos por encima de su hombro cuando los quitó, uno fue a dar directo a la chimenea, pero no hizo énfasis en eso, regresó junto a Ginny en el sofá, quien ya no se reía a carcajadas pero si tenía un gran sonrisa en su rostro, se veía hermosa, sonrojada, despeina y con los labios hinchados por sus besos, para él se veía perfecta.

-Lindos bóxers…-

Harry bufó, sabía que no se iba a quedar callada por sus bóxers varoniles, la besó para callarla y su beso fue bien recibido por ella. Sentía su corazón acelerado, Harry Jr. estaba a punto de asomarse por la abertura de su bóxer, y se sentía tan natural estar así con ella, que entendió que no había otra mujer para él, solo Ginny, siempre Ginny.

Lo empujó de nuevo a su extremo del sofá, era su turno, su corazón latía a mil, sentía que el corazón se salía de su pecho, se sentía mareada y era por otra razón diferente al whisky, se sentía nerviosa, pero por algo alejado de la vergüenza, el temor al rechazo, o la posibilidad del ridículo o a ser juzgada, era Harry la persona que confiaba con su vida, con su cuerpo y con su corazón.

La miraba como si fuera un hombre perdido en el desierto, sediento por el oasis que significaba su cuerpo. Se vea, lindo, con el cabelló revuelto, los ojos brillantes, con los lentes algo chuecos, con sus bóxers infantiles de snitches y una sonrisa traviesa.

Pasó su mirada por su pecho largo y atlético, bajando un poco hasta chocar por lo que se revelaba por salir por la grieta delantera de sus bóxers, asomándose sigilosamente, respiró profundamente por qué no pensó que ese sueño, esa fantasía, se llegaría a realizar.

Respiró profundamente, tomó los extremos de su ropa interior y la bajó por sus piernas sin dejar de mirar la reacción de Harry.

-Mierda… - fue lo que dijo Harry, liberándola de la ligera presión que sentía. Cuando compró la ropa interior para su cena, nunca pensó que la exhibiría esa noche. Y mucho menos que la exhibiría para él.

Harry la tomó de las caderas y la pegó a su rostro, acariciando con el su vientre plano, su nariz le hacía cosquillas, soltó una carcajada cuando besó un punto sensible de su estomago. Le acarició el cuello haciendo que la mirara, la veía con un brillo especial es sus ojos, ella se inclinó para besarlo y él le correspondió el beso desde su posición, sentado en el sillón.

Nunca había estado desnuda ante nadie, es más, cuando se bañaba después de un partido en los vestidores de Hogwarts, esperaba que todas sus compañeras se fueran, no se sentía cómoda mostrando su desnudes ante extraños. Pero Harry no era un extraño, era su mejor amigo, la persona que mas confiaba en el mundo.

Harry rompió el beso que compartían e instó a Ginny que se sentara juntó a él, ¡Mierda!, ¡Mierda!, ¡Mierda!, Ginny era casi una diosa, era… no había palabras para describirla, ¡maldición!, era como una ninfa, no una ninfa, ¡dioses! Ellas no le llegaban a los talones, era Afrodita encarnada en el pequeño cuerpo, bien proporcionado de la pelirroja que estaba frente a él.

Tenía unos pechos, ¡mierda!, tenía unos pechos exquisitos, redondos, respingones, llenos y que entraban perfectos en sus manos, como si estuvieran hechos a la medida de sus palmas y dedos, nunca se había sentido con suerte, pero no supo que mierda había hecho en su vida, para ser premiado con una Afrodita reencarnada.

En definitiva, ¡era una cabrón con suerte!. Pensó orgullosamente.

Los tomó en sus manos para comprobar su hipótesis, y si, efectivamente estaban hechos a su medida, los apretó, los pesó, los masajeó, no se cansaría de escuchar tales reacciones en Ginny, cuando él la tocaba.

Besó las puntas de su pezones, la primera vez que los había visto y probado, había pensado en cerezas, por ser rosados, maduras y deliciosas, ahora ya no estaba seguro, porque no había nada con que comparar el cuerpo de Ginny.

Lamió su ombligo gracioso, provocándole cosquillas a Ginny quien sacó una risilla sensual que lo estaba volviendo loco, se retiró un poco para poderla observar, sabía que nunca se cansaría de mirarla. Fue bajando su mirada desde el rostro hasta el vientre de ella, sentía que sus pulmones ya no eran suficientemente grandes para contener y retener todo el oxigeno, bajó su mirada un poco mas hasta que se perdió en la zona que varias veces se había preguntado cómo sería.

Era pelirroja de TODO.

¡Mierda!

La observó de nuevo, Ginny tenía una sonrisa de satisfacción en el rostro, ella sabía lo que pasaba por su cabeza. Siempre se había preguntado cómo sería de ahí abajo, si ella sería pelirroja fuego, castaña, si no habría nada o en sí, no sabía que esperar, "Playwizard" no lo había preparado para eso, en sus tardes de ocio.

Ginny solo tenía un pequeño triangulín rojo oscuro, ¡no jodas!, pensó, nunca había visto en su vida cosa más sensual. En definitiva lo quería matar.

Ver tal reacción en su rostro por su cuerpo casi hace que se orgasmee en el lugar, lo empujó de nuevo al respaldo del sillón, lo besó desesperadamente, sorprendiéndolo, pero dejándola hacer con él lo que quisiera. Se subió en él, para besarlo más cómodamente, el gemido que escuchó en Harry cuando sus partes nobles tocaron las de él fue exquisito. Estaba más que mojada y él igual. Harry la tomó de las caderas, nunca había sentido sus manos tan grandes como las sentía en ese momento, si Harry quisiera podía rodearla fácilmente de la cintura y tocar sus propios dedos. La restregó contra Harry Jr., sonrió en su boca, parecía que no tenía noción de lo que estaba haciendo pero estaba tan desesperado besándola que no lo notó.

Podía sentir todo el paquete en su humedad, ¡madres! Eso se sentía mucho mejor como lo había imaginado.

Durante las clases para sanadora en San Mungo, había visto algunos pacientes desnudos, uno no puede ir por la vida de la medicina sin tener un flashazo de esas partes de los hombres, pero sentir a Harry, y que fuera Harry el que estuviera en contacto con esa parte de ella que los últimos años gritaba por atención, era más de lo que podía soportar. Se dejó llevar, quería verlo, no, se corrigió, NECESITABA verlo.

-Gatita… - protestó Harry cuando se alejó de él. Cuando entendió lo que pedía asintió en un movimiento y alzó sus caderas para que ella pudiera sacar la prenda que les estorbaba.

¡En la madre!

Nada de lo que sabía o había visto la había preparado para… ¿Harry Jr.?... no, eso no era un Jr. eso era un señor Harry.

¡Míster Harry!

¿Dónde chingados había tenido guardado todo eso?

Soltó una carcajada, pero se calló de nuevo por la cara de preocupación de él.

-¿Gin?-

No podía creer que Harry estuviera inseguro de algo, ¡por los Dioses!, no le dio tiempo a preguntar nada más o a desconfiar de lo que veía, porque lo que estaba viendo, no tenía nada de malo, sino todo lo contrario, debería de estar orgulloso de su equipamiento. Respiró profundamente antes de retomar su posición en las piernas de Harry.

Casi se atraganta cuando sintió a Míster Harry presionar su estómago. Harry estaba catatónico, con los ojos oscurecidos por el deseo con el cabello despeinado y sus lentes en una posición graciosa de medio lado, pero se veía maravilloso, y era todito para ella, pensó posesivamente.

-¿Dónde escondías todo eso, Grandulón? – él no le respondió, pero parecía complacido con su comentario, no era un cumplido solo la pura verdad. Se apretó un poco mas contra él, rosando sus pieles donde nunca otra persona más que ellos mismos habían sentido.

¡Mierda! Se sentía tan bien.

Harry gimió y ella aprovechó listamente para besarlo, hundió su lengua en su boca y Harry la recibió con ansias. Lo que hacía su mejor amigo con la boca era sensacional. La tomó del cuello y la pegó mas a él y se dejó dominar, al fin de cuentas ambos se estaba complementando, relacionando, apareando, ¡rayos! Había tantas palabras para lo que estaba haciendo que fue imposible no pensar en la que englobaba a todas. ¿Amando?, piensa en otra cosa, se reprendió mentalmente.

Se restregó fuertemente contra él y eso, desató al mounstro que habitaba dentro de su amigo. Era excitante sentir su erección en contacto directo con su piel, se sentía duro, suave y húmedo.

-¡Harry! – Gritó cuando este la tomó del trasero sorprendiéndola, en un impulsó la acostó en el sillón, Harry se veía tan concentrado y tan salvaje que solo verlo la excitaba. Ella no era una persona visual, pero con Harry ella misma era otra cosa.

Todo estaba sucediendo tan rápido, lo tocaba, lo rasguñaba, se restregaba contra él, se sentía como una maldita gata en celo.

El contraste de su piel dura en contraste con la de ella era infinitamente erótico, Mister Harry se apretó contra su… ¡Mierda!, ¿con su botón del amor?, clit… ¡rayos!, se interrumpió, no importaba como se llamara o lo que pensara en ese momento, solo pensaba que se sentía malditamente bien, mejor que cuando ella misma en su soledad lo hacía.

Harry empujaba y se restregaba contra ella y la estaba haciendo desear cosas que nunca pensó desear tan salvajemente. Sus muslos encajaban perfectamente en sus largas caderas, las acomodó ahí, y esto instó a Harry, quien empujó de nuevo resbalando en toda su humedad.

Sabía que había llegado el momento, nunca pensó sentirse de tal forma, como si lo que estuvieran haciendo fuera lo correcto, como si su cuerpo perteneciera a él.

Tomó su rostro entre sus manos, Harry tenia mojado el cabelló por el sudor, que también cubría parte de su frente, la vio con ojos desorbitados y obscurecidos por el deseo, los lentes le caían por el puente de su nariz, lo aferró frente a ella, mientras lo jalaba para poder besarlo, tierna, lentamente, saboreando su sabor, dejándose envolver por él.

Había llegado el momento, sabía que con otro quizás estaría nerviosa, cohibida o simplemente se sentiría fuera de lugar ante la situación, ante su denudes, ante todo lo que conllevaba hacer el amor, pero con Harry todo era diferente.

Tomó sus lentes y se los quitó lentamente, por alguna razón sintió que era un acto tan intimo ese detalle que su corazón latió al máximo, los dejó caer al suelo, sentía calor y frio al mismo tiempo, la piel tan sensible como nunca antes la había sentido, todos sus poros estaban consientes de la piel de su amigo.

Lo que iban a hacer cambiaria todo, las dudas invadieron su mente, pero sabía que eso era lo que quería con desesperación, Harry lamió su cuello, haciéndola ronronear, ¡maldición!, ella nunca ronroneaba. De nuevo la invadió la necesidad y la desesperación.

Su corazón bombeaba a toda velocidad, su cerebro tenía millones de ideas, su boca necesitaba la de Harry, su cuerpo necesitaba el de Harry, ¡Dioses ella NECESITABA a Harry!. Él parecía que estaba sufriendo, entendía que él necesitaba lo mismo que ella.

Iban a arruinar su amistad por un momento de pasión, por un momento de descontrol, por una noche de copas, por culpa del whisky y por culpa del fuego dentro de sus cuerpos. Su relación ya no sería la misma, ni ella ni él serían los mismos.

¿Estaba dispuesta a seguir?

¿Estaba dispuesta a sufrir las consecuencias de sus actos, de una noche de sexo, pasión y alcohol con su mejor amigo?

La respuesta estaba tomada mucho antes de esa noche y ella perfectamente lo sabía, ¿a quién trataba de engañar?.

- Mi varita… -fue lo único que pudo decir mientras atacaba de nuevo la boca de él, Harry tenía las manos en todos lados, en sus senos, en sus caderas, en sus muslos, en su cabello, ¡Dioses lo necesitaba tanto!, de una forma desesperada, Harry la ignoró estaba ocupado besándola y dejándose besar.

-Harry… - él se detuvo de golpe, su rostro reflejaba preocupación. Él también tenía las mismas dudas que ella, hasta en eso eran iguales, Harry parecía un niño pequeño al que le acababan de decir que no podía comer tal dulce o jugar con su juguete preferido, le sonrió tratando de hacerle entender lo que en verdad quería - Hechizo anticonceptivo…- Harry la besó con desesperación, le dolían los labios por sus besos, le dolía el cuerpo por sus caricias y le dolía sus partes sensibles por la necesidad. Pensó que no la había escuchado por tales reacciones en él, pero la besó de nuevo para después alejarse, dejándola sobresaltada, Harry casi se vuelve a caer por la desesperación de su búsqueda. Quiso hacerle un comentario de lo bonito de su trasero pero estaba tan nerviosa que mejor lo omitió.

Encontró la varita y regresó a su posición arriba de ella, la besó de nuevo volviendo a acomodar sus cuerpos, Harry le dio su varita y ella la tomó para realizar el hechizo que cambiaría su amistad, un hechizó que a pesar de haber practicado nunca lo había utilizado. Estaba segura, no quería perder a su mejor amigo pero sabía que no había marcha atrás.

Tiró la varita sin importarle donde aterrizara. Harry se veía nervioso, quizás se veía igual que ella, se sentía sudada, caliente y jodidamente excitada. Afirmó con su cabeza, sin saber bien a que accedía, pero Harry si entendió lo que le pedía, era irreal como él podía entender sus necesidades aun sin expresarlas.

Lo vio respirar profundamente, mientras se movía sobre ella, no pudo evitar tensarse cuando lo sintió en su entrada, tranquila, se dijo, eso era lo que ella quería, con la persona que ella quería, el momento que ella quería.

Trató de relajarse pero su cuerpo no facilitaba tal labor, Harry hizo un extraño movimiento y sintió como él se resbalaba por toda su sexualidad, no esperaba eso, así que se tensó mas y apretó los antebrazos de él, sabía que lo estaba lastimando, que sus uñas dejarían marcadas en sus brazos, pero no lo pudo evitar, apretó los ojos esperando lo peor o lo mejor a estas alturas ya no sabía.

Su respiración se cortó de golpe, había dejado de respirar, Harry volvió a intentar de nuevo pero solo repitió el movimiento algo torpe, sin dejar que su cuerpo se relajara por más que ella lo intentara.

-Lo siento… - Escuchó decir a Harry, sabía que estaba apenado y preocupado por su falta de experiencia y por su clara incomodidad, pero lo que sentía no era incomodidad, simplemente estaba nerviosa por algo excitante y nuevo. - Lo siento –

-No. Conmigo no tienes por qué disculparte o de que avergonzarte… -

Harry respiró tan fuertemente que un escalofrío la recorrió por el contacto con su aliento, Harry se veía nervioso y preocupado, él estaba tan nervioso como ella, intentó de nuevo posicionarse en el lugar correcto pero no lo logró. Sabía que se disculparía de nuevo, pero ella se lo impidió, bajó su mano hasta que tomó su masculinidad. ¿Masculinidad?, ¡Dioses!, ¿de dónde su cerebro sacaba esas palabras?

Harry gimió y ella igual, nunca había tocada uno, y menos para lo que iba a hacer.

Casi se ríe por la cara de Harry, pero estaba concentrada en lo que hacía que reírse fue imposible. Lo dirigió a su entrada, posicionándolo en el lugar correcto.

Harry la miraba como si no pudiera creer lo que estaba haciendo, en otra ocasión ella tampoco lo hubiera imaginado, se tensó de nuevo al sentirlo en su entrada, ¡Dioses!, se sentía enorme y ni siquiera estaba por completo adentro.

-Ginny… - lo escuchó decir, pero ella estaba concentrada tratándose de relajar.

Harry empujó un poco haciéndola gemir, instintivamente lo soltó para poderse sostener de la sensación que le provocaba, lo tomó de nuevo de sus bíceps, estaba nerviosa, húmeda y excitada, observó el rostro de Harry que parecía a punto de explotar, tenía una vena en el cuello y otra en la frente, que latía graciosamente por la presión del momento, Harry empujó una pulgada mas, el suspiro que dio, hasta a ella misma la espantó, Harry la miró asumiendo que estaba haciendo algo mal.

-Vamos bien… - no pudo evitar decir, era una estupidez, pero era real, en eso estaba los dos juntos.

Harry le regaló una sonrisa, a pesar de la tensión que tenía, y ella le devolvió la sonrisa, para ese momento habían esperado tanto.

¡Mierda!

¡Lo estaba matando! La sensación, el calor, la humedad, nunca había sentido algo así. Ginny estaba malditamente apretada y estrecha, lo estaba enloqueciendo con la sensación, era como hundirse es una gelatina caliente y acolchonada.

¡No iba a aguantar! ¡Mierda! ¡Mierda! Ni siquiera iba por la mitad, y la sensación lo estaba matando.

Dejó caer su cuerpo un poco más sobre ella, mientras su sexualidad se hundía más en la sensación de ser envuelto por un guante de terciopelo fino.

Poco a poco fue entrando más en ella, era como estar unido por algo más que lo físico. ¡Rayos!, a veces sonaba tan gay, pero era verdad, nunca pensó que hacer el amor con Ginny sería de esa forma, como un descontrol mágico, una magia que te envuelve los sentidos y el alma, ¡Dioses!, ¡más jotería!, se reprendió, su cerebro estaba atrofiado por el calor de Ginny, empujó un poco más hasta llegar a una barrera. Se detuvo de golpe lo mas que podía, cuando lo único que le gritaba su cuerpo y su cabeza era que empujara, que se moviera, que se liberara, pero no podía, Ginny era su mejor amiga, la mujer que amaba, y lo que estaban haciendo les cambiaría por completo la vida.

¡Mierda!

Ginny dio un quejido de dolor, cuando Harry rompió la membrana que alguna vez fue de su virginidad. Ella lo mordió al mismo tiempo, placer y dolor mesclados era una mezcla intoxicarte para él, sabía que lo iba a dejar marcado, sabía que eso era lo que ella quería, marcarlo como él la estaba marcando a ella. Su corazón latió al máximo, ella aflojó su agarre, sus piernas se tensaron en sus caderas, sus manos se aferraron a sus brazos, sus sexos se apretaron y la sensación era mejor de la que había fantaseando.

Tenía ganas de reír, gritar, de moverse como loco. Pero no se movió para no lastimarla, pasó sus manos en cada lado de la cabeza de Ginny apoyándose en el respaldo y en brazo del sillón, necesitaba tanto verla, saber lo que ella necesitaba, en como poder mitigar la incomodidad que sabía que ella sentía. Trató de decirle que la amaba, o lo maravillosa que era, pero ninguno de esas palabras le parecían correctas para relajarla, hasta que el comentario llegó a su cabeza.

-¡Ron me va a matar!

Dio resultado, por que Ginny hizo un sonido extraño estrangulado parecido a una risa. –Idiota – le dijo con una sonrisa media felina, respiró profundamente y sintió como su cuerpo se relajaba alrededor del de él.

¡Mierda!, se sentía tan bien…

Esperó a que le expresara lo que quería, pasara lo que pasara, él estaría con ella, aunque muriera en el intento o peor, que los Dioses no quisiera, que acabara antes que ella.

Tranquiló, ¡Piensa en otra cosa! Se dijo, pero era imposible, el calor lo envolvía, lo apretado del lugar latía a su alrededor, la humedad tocaba zonas que ni siquiera sabía que podía tener.

¡Maldición piensa en otra cosa, piensa en otra cosa, piensa en… Maldición…. Todo se fue a la mierda para él, cuando Ginny empezó a moverse.

La besó, y ella respondió como si no hubiera un mañana, él también empezó a moverse dentro de ella, Ginny gimió en su boca y para él fue la cosa más excitante que había escuchado, rasguño su espalda, le dolió pero no le importó. Se apoyo con sus brazos en el respaldo del sillón necesitaba tanto algún soporte para no aplastarla. Cuando compraron ese sofá nunca pensó que terminarían usándolo de esa forma.

Debió de hacer algo bien, porque Ginny se contrajo alrededor de él, y gimió su nombre de una forma tan excitante y sensual que casi se corre en el momento.

¡Piensa en otra cosa!. ¡Piensa en otra cosa! Se repitió una y otra vez pero la sensación de sus cuerpos, la sensación de Ginny lo estaba perdiendo. ¡Piensa en otra cosa!. Pensó de nuevo. ¿Ingredientes?, si, maldición en ingredientes, en todo menos en Ginny.

Bezor, Dictamos, Crisopos, Mandrágoras… Bezor, Dictamos, Crisopos, Mandrágoras… Bezor, Dictamos, Cris… ¡Mierda!

No podía concentrar sus ideas en otra cosa que no fuera Ginny, Ginny gimiendo, Ginny diciendo su nombre, Ginny recibiéndolo, Ginny rasguñando su espalda, Ginny empujando tan fuerte como él, Ginny… Ginny… Ginny… ¡Mierda!

Bezor, Dictamos, Crisopos, Mandrágoras, Bezor, Dictamos… ya los ingredientes no eran suficiente, posición vigorizante, filtro de Paz, Amortentia, filtro de amor, felix felicis, ¡Dioses!, Ginny era todo para él, no había otra cosa que no fuera Ginny.

-Harry - La escuchó decir casi en plegaría, él empujó aún mas dentro si era posible, podía sentir sus pelvis chocando con sonidos que nunca pensó que existirían.

¡Dioses! Que ella terminara antes que él, por favor, por favor, por favor...

Amortentia, filtro de amor, felix felicis… Amortentia, filtro de amor, felix felicis, solo podía concentrarse en esas pociones, el aroma de Ginny, el amor de Ginny, la felicidad con Ginny.

-¡Diablos! Ginny... – fue lo que necesitó Ginny para desatar a la leona que tenía dentro.

Lo empujó para que se alejara de ella haciendo que él saliera del lugar que se había convertido en su sitio favorito. Sintió frio en lugares que hasta esos momentos habían estado más que calientitos. Lo empujó de nuevo para que quedara sentado en el sillón, no le dio tiempo de protestar porque lo volvió a tomar en su mano, le dio un ligero apretón que lo hizo gemir y a ella sonreír como una gatita traviesa, pasó ambas piernas a su costado mientras dirigía a su mejor amigo al lugar favorito, Ginny se dejó caer poco a poco sentándose a horcajadas sobre él.

¡Mierda!

Estaba completamente adentro, se sentía profundo y poderoso, sabía que Ginny pensaba lo mismo que estaba hasta a dentro de ella, con ella. La desesperación lo volvió a invadir la quiso besar pero ella lo impidió, colocó sus pequeñas manos sobre su pecho, empujándolo al respaldo del sillón, evitando que la besara o que lo tocara. Quiso tocarla pero ella no se lo permitió.

-Gatita… - su voz sonaba tan ronca, tan gastada, tan desesperada que pareció incitar a Ginny.

-No. - Se veía orgullosa por sus acciones, por su poderío, por su negación.

Ignoró su mandato, ¿como quería que se mantuviera quieto o sin tocarla?, tomó cada pecho en sus manos, los apretó tan fuerte que Ginny gimió fuertemente.

Estaba seguro que sus vecinos se quejarían de los sonidos al día siguiente.

La apretó de nuevo, los jaló y los masajeó, mas gemidos salieron de ella.

¡Mierda! ¡Mierda!, Ginny se empezó a mover sobre él, tenia hundida las rodillas en el sillón y eso hacía que Ginny se moviera con ritmo, si él jalaba sus senos fuertemente ella lo cabalgaba con el mismo vigor. Si no supiera otra cosa diría que Ginny tenía experiencia, apretó de nuevo sus pechos, estaban caliente y húmedos por el sudor, ¡Dioses!, el sabor de Ginny era exquisito, soltó el seno derecho y la tomó del cuello, obligándola a bajar a su encuentro desde su posición, Ginny no dejaba de moverse, mientras la besaba, cada uno luchaba por el control de sus bocas y de sus lenguas. Era una pasión desinhibida estimulada por la lengua de él dentro de la boca de ella o viceversa.

-¡Ginny! – Gimió en su boca cuando lo apretó de un modo diferente y con ritmo, arriba, abajo, de forma circular.

¡Mierda!

Bezor, Dictamos, Crisopos, Mandrágoras… Bezor, Dictamos, Crisopos, Mandrágoras…

No podía. No podía quitar su mente de Ginny, la sensación, de la visión de todo lo que era Ginny. Ginny lo empujó de nuevo, y quitó sus manos de su cabello negro para colocarlos en el respaldo del sillón para apoyarse en él y tratar de matarlo por el cambio de ritmo.

Era rápida, brusca y malditamente sensual.

Ginevra, su mejor amiga era escurridiza, ágil y dominante como una gatita sensual. Era, ¡Maldición!, era como un ave fénix resurgiendo de las cenizas, ¡Mierda!, de dónde sacaba tanta jotería, pero era verdad no había otra cosa para describir a su amiga en ese momento, entregada a la pasión, con su cabeza tirada hacia atrás con los ojos entre cerrados y la boca entre abierta, con las pecas de su cuerpo brillantes por el sudor, el cabelló húmedo y alborotado que lo podía sentir en sus rodillas, y a su espalda el fuego de la chimenea.

-¡Harry! – La escuchó gritar y él se perdió en ella.

Por favor que ella termine primero... que ella termine primero… que ella termine primero… se dijo una y otra vez, pero estaba seguro que él ya no aguantaría mucho mas.

Ginny era dominante pero él también, estaba ambos muy alejados de ser sumisos o pasivos, pero dejaría que Ginny hiciera con él lo que quisiera. La tomó de la cintura para moverla junto con él, Ginny se soltó del respaldo del sillón, tomando ahora como soporte sus cabellos, los jaló y el tirón le dolió, pero para eso estaba, para complacerla, lo jaló de nuevo hasta que sus bocas se volvieron a juntar luchando por la supremacía en su equidad, haciendo una experiencia tan pasional como en sus más salvajes y retorcidos sueños.

-Harry, Harry…-Dijo, era lo único que tenía en su cabeza, Harry dentro de ella, en ella, Harry besándola, Harry enterrado en su cuerpo, la boca, las manos, el p… ¡Dioses Harry!

Parecía como si sus bocas sus cuerpos estuvieran hechos el uno para el otro. Había tenido pequeñas liberaciones, pequeños clímax en el trascurso, que la estaban preparando para lo tempestad que sabía que se avecinaba. Estaba concentrada en la sensación, estaba concentrada en Harry.

Lo observó, tenía los ojos cerrados, la boca abierta, gimiendo, con los tendones del cuello marcado, el cabello alborotado y completamente sudado. ¡Mierda! Harry era hermoso, Parecía, perecía un gato montés, no, no, no un gato un león. Si, su león.

Sintió la manos de él aferrase a sus nalgas, apretándola mas, empujándola, moviéndola, ¡Maldición!

Cuando ella sola lo hacía, le costaba tanto terminar, pero lo que estaba haciéndole Harry la tenía al borde del precipicio. Lo rasguño, el que viera a Harry al día siguiente pensaría que había dormido con una gata. Y en cierto modo, así se sentía, como una gata en celo, marcando a su macho.

El alcohol y el sexo, sacaban la parte poética y melosa de su ser.

¡Estaba jodida!

-Harry, Harry…-

-Ginny

Maldición sentía que un caldero chorreante salía de su vagina, y que su cuerpo en sí se engullía en… en Míster Harry, ¡Dioses!, quería llorar, gritar, reír, cantar todo al mismo tiempo.

-Gatita – rogó Harry, o al menos a ella le sonó como ruego, lo tomó de la cara para poderlo besar, ambos se seguían moviendo, el agua de su interior sonaba por el contacto mutuo, Harry la apretó de nuevo tan fuerte que sabía que sus manos en su trasero, quedarían marcadas un par de días.

Lo sintió palpitar y crecer un poco más si era posible o al menos eso fue lo que le pareció, ella lo apretó y sintió que su cuerpo se prendía en llamas, no sabía si ya estaba llorando o gritando o quizás riendo, no importaba, mientras Harry estuviera dentro de ella.

-Mierda… Ginny… voy… ¡Ginny!

-Harry… si…si… Harry…

Su cuerpo sabía lo que hacía con el cuerpo de él, porque inconscientemente o al menos no por su voluntad empezó a estrujar el cuerpo de Harry, sus gemidos, el ruego de su nombre, la llevó al borde, la enloqueció, empezó a moverse más de prisa, empezó a igualar en la misma suplica que él.

Tomó el cuello de Harry ente sus brazos él la tomó de su cintura, su cuerpo aun exprimía cada parte, cada gota de él. Mientras su orgasmo invadía su cuerpo y el de él. Besó su mejilla y sentía como las manos de él acariciaban su espalda mojada.

Diez años de frustración y control sexual acaba con la liberación orgásmica de sus cuerpos al unirse con su alma gemela. Nunca había experimentado un orgasmo como aquel. Su corazón latía desbocadamente, tenía lágrimas en los ojos que no sabía que había derramado, el cuerpo le dolía pero se sentía jodidamente amada, usada y relajada.

Harry estaba completamente flácido dentro de ella, la diferencia era notable por la falta de rigidez, pero solo quería estar así con él, abrazada de él, nunca queriéndolo dejar ir, estaba llorando y no le importó si era por el placer o por la felicidad, no importaba, solo sabía que era por Harry. La respiración de él era entre contada, la tenia completamente abrazada a él, su cabeza estaba apoyada en su clavícula y podía jurar que Harry también estaba llorando o al menos parecía que sí.

Se movió un poco y salió de ella, pero no perdieron su posición, ella no quería despegarse de él, sentía que si lo hacía todo se iría a la mierda. Y no podía perderlo, no podía.

¡Dioses estaba tan cansada! ¡Tan mareada!, ¡Tan Relajada!.

Se acomodó sobre él, sin perder su posición, sabía que en la mañana le dolerían las rodillas. Colocó su cabeza en su hombro mientras el acariciaba su espalda, tal gesto se sentía algo tan intimo, tan relajante, que sabía que si cerraba sus ojos, se quedaría completamente dormida. Besó el hombro del que había sido su mejor amigo, el lugar que tenia rasguños y un moretón con la marca de sus dientes.

Lo único que quería era dormir, dormir y perderse en la sensación de dormir con el hombre de su vida. Ya mañana se estresaría por lo ocurrido, ya mañana lloraría por la pérdida de su mejor amigo.

Cerró sus ojos, respiró profundamente y se perdió en la sensación de la caricia en su espalda, la relajación y el sueño. Con una idea en la cabeza.

Ya no era virgen.