Esta semana se ha ido una persona muy importante para mi. Rubio tonto, si existe otra vida después de la muerte, sé que haya también estarás sonriendo. Este capítulo es dedicado a él.
Volviendo a repetir lo que había pasado esta mañana para que no se olvidaran el por qué de los sucesos. Quinn Fabray había llegado de repente, besando a Rachel Berry sin pena alguna en mitad del patio, Finn diciéndole todo lo que no sentía hacía la castaña y por último Quinn adjudicándose algún tipo de derecho sobre ella, sí.
—Así es, Berry —Le corroboró— Te lo has imaginado todo tú solito.
—¡No! —Exclamó Rachel, desesperado.— No puede ser, estoy segura que lo dijiste
—Sí, seguro. ¿Lo dije? ¡NO! —Alzó el índice acusador— ¿Por qué diría algo así? ¿Estas demente?
—¡No lo sé! Ese es el punto de todo este asunto de la cita y... ¡Quinn! —Balbuceo frustrada.
—Rachel, cálmate —Le sonrió con una sonrisa muy estilo Fabray— Está bien, te lo repetiré para que lo entiendas.
—Sí —No quiso agregarlo, pero era una necesidad.— Por favor.
—Mira, parece que toda esta confusión la ha causado el beso que te di ¿No es cierto? —Cruzo las piernas y apoyo apenas su espalda en la banca, viéndose relajada.— Realmente no lo entiendo Rachel, no es como si nunca hubiera hecho algo parecido.
—¿Qué?
—¿Tengo que recordártelo? —Bufó exasperada.— Primero era los claros dibujos que hacía en los baños —No esperó que Arnold respondiera.— Luego mis celos al verte con Finn y ahora es algo obvio que los iba a causar con cualquier otra persona — La miro de reojo para ver como lo estaba tomando ella, aunque parecía igual de confusa que antes, aunque un poco culpable sin saber realmente por qué — Y las múltiples indirectas que obviamente, fuiste muy lenta para captarlas.
¿Indirectas? Sí, Rachel Berry era lenta, demasiado lenta como para no darse cuenta de algo hasta que literalmente, le besara para así notarlo.
— No te entiendo — En honesta y durísima verdad, queriendo ser honesta con ella misma y con la rubia, lo que no le sorprendió demasiado a Quinn.
—¡Rachel, presta atención! — Le gritó enfadada y Rachel arrugó el ceño — Mira, ya lo entendí Berry ¿Está bien? — Hizo un gesto incomprensible con la mano — No te gusto y todo esto. Pero he decidido que, francamente, no me importa.
Confusión, mucha mas confusión.
—¿Ah no? — Dijo en un susurro apenas audible, débil.
—No. Mira, me has gustado bastante tiempo hasta ahora, ¿Entiendes? He invertido parte de mi valioso tiempo, arriesgándome contigo he intentando que no salgas con Finn y más cuando se supone que a mi no me gustan las mujeres. — La miró de pies a cabeza. — No eres nada extraordinaria. Ya sabes, simplona, bajita, con una nariz fea. Realmente Rachel, ¿Tiene sentido, si quiera, que me gustes?
—No. — Contestó de inmediato y algo picado, llevándose una mano a su nariz por el comentario anterior. — Y me alegro mucho.
—¡Eso! — Quinn asintió brevemente y muy seria, haciéndose casi la enojada.— ¡Es una de las cosas más estúpidas del mundo! Digo, ni siquiera me caes tan bien.
—¿Tienes un punto, Quinn?
—Qué impaciente, Berry. — La molesto.— Vamos, no me mires así. En fin, luego de una gran lista de razones de las que por qué tu no me puedes gustar, muy buenas razones que lo sepas, llego a la conclusión de esta mañana. Si quiero que me dejes de gustar entonces tú y yo tenemos que salir por algún tiempo.
Extraño era una palabra corta para definir lo que pensaba Quinn, entre extraño y bizarro porque de todas las conclusiones a las que podía haber llegado, esa sin duda era la última a la que Rachel Berry hubiese podido llegar en el momento en que la rubia la beso en mitad del patio aquella mañana.
—Entonces... como no te gusto... o algo así ¿Quieres salir conmigo? — La miró con sospecha y estupefacción, completamente perdida en las palabras anteriores de Quinn. Pensar, al parecer, no le iba a servir para nada.
—Sí. — Dijo como si no tuviese importancia. — Ya sabes, hasta que lo arruines y esta otra Quinn, a la que le gustas un poco, se dé cuenta de lo perdedora que eres y entienda que la única relación en la que podremos funcionar será cuando nos veamos en la sala de coro.
Rachel frunció el ceño completamente, estaba apenas entendiendo lo que quería hacer o al menos intentándolo, pero no tenía que decir que era una perdedora, bien sabía lo mucho que podía hacer y que llegaría a Broadway, porque si de algo estaba segura, es que ella era una estrella y brillaría.
Pero dejando eso aún lado volvamos al tema importante, una cita con Quinn Fabray, reina de las porristas. Iban a salir para comprobar que a ninguna de las dos se gustaban, así no mas.
—Quinn. — Llamó muy solemne— Creo que me estás mintiendo.
—¿Yo? —Dijo molesta, enarcando una de sus cejas— A ver, si eres tan amable de explicarme tu grosera conclusión.
—Hoy no te has declarado —Quinn asintió a sus palabras, dándole un indició a que Rachel pudiera continuar.— Pero has dicho que tú vas a ser mi... er... Mi primera y única novia. Oh, demonios —Era más embarazoso de lo que parecía y por ello evitó mirarla a los ojos.
—Ya. —Le cortó Quinn sin gracia y como si le estuviera contando algo muy aburrido. — A ver Berry, hoy has estado balbuceándole a Finn todo sobre las obras de teatro que han llegado de Broadway ¿No es así? Estoy segura, es que lo puedo asegurar, que estás muy familiarizada con el efecto dramático, ¿Verdad? Pues eso, la gente se emociona con las afirmaciones fantasiosas. Amor para toda la vida. Amor a pesar de la muerte. Amistad que resiste las distancias. Les dejas los rastros de la extravagancia y la duda. Ya puedes acordarte de la cara que todos colocaron y en la reunión que hicieron al final de las clases, lo único que hacían era preguntar.
—Entonces, para estar claras ¿Estabas exagerando?
—Lo ves. Eres bastante lenta Berry. —Quinn se encogió de hombros. — Sí, Rachel. Estaba exagerando para meterme contigo y para sorprender a todos y que así no me preguntaran nada en ese momento y evitar comentarios de mal gusto.
—Bien.
—¿Eso es todo lo que vas a decir? —La miró de reojo, levemente interesada.— Pensé que ibas a seguir con tu berrinche.
—No, no voy a seguir con ningún berrinche. —Rachel frunció el ceño e intentó parecer desafiante. — Ya has dicho que todo esto va a terminar ¿No?
—Ya me oíste.
—¿Cuándo?
Quinn chasqueó la lengua y se irguio de repente. Lo miró con cautela, como si la estuviera estudiando por primera vez, como si no se decidiera a contarle lo que tramaba. De cualquier forma, Quinn la mayoría de las veces lograba hacer lo que quería y cuando lo quería. Rachel no estaba muy segura de los resultados pero era mejor ya no echarse marcha atrás, sobre todo porque era Quinn Fabray con la que se estaba tratando. La rubia le había dado un pase libre a una vida fuera de su acostumbrada rutina y sobre todo, a su vida, al escalón mas alto del colegio.
—Rayos, qué apurada. —Dijo por fin, insegura.— Yo qué sé. Ten un poco de consideración, yo tampoco he salido con una chica nunca.
Eso tendría que ser importante. Importantísimo de hecho. Tan importante que Rachel, ahora ya, la estaba mirando tan fijamente como podía. Era una retribución tonta y superficial, pero el intercambio de alguna forma creaba esa ilusión de justicia. Las dos tendrían que pasar por el bullicio, los chismes y quien sabe, las burlas de ciertas personas.
—¿Y quieres que tu primera...? —Rachel se mordió la lengua.— Olvídalo.
—Sí, si quiero. —Le contestó Quinn suavemente y volvió a su tono de antes.— Bueno, ¿Qué te parecen cinco citas?
—¿Cinco? —La miró incrédula.— Esas son muchas citas, Quinn. Sobre todo para una relación que va a terminar.
—Eso no lo sabes. —Masculló entre dientes pero Rachel no llegó a entenderla. Quinn se miró las uñas de la mano y se quedó callada por un momento.— Y justamente porque tiene que terminar es que cinco está bien. Será una relación de un mes. No tendré nada menos que eso ¿Está bien? No seas tacaña.
—No soy... —Rachel dio un largo suspiro.— Bueno, cinco. ¿Quedan cuatro, no?
—Quedan cuatro. —Quinn la imitó y se levantó con suavidad.— Tienes que hacer algo con esa memoria tuya. Esto era el simulacro de una cita.
—No me digas.
—Y ya se acabó. Demonios, apenas han sido dos horas y ya me has aburrido a muerte. — Quinn acomodó de nuevo su uniforme y se sacudió las motas de polvo imaginario de la chaqueta.— Sigue así, Berry.
—Si vamos a salir Quinn, van haber reglas. — Comenzó, ella también debía tener parte de control en esas citas, sobre todo porque no confiaba mucho en la rubia.
—Sí, sí, lo que digas Berry — Le contestó a propósito.— Dímelo cuando tengamos la de verdad. Ahora, con tu permiso, tengo asuntos pendientes con Santana y Brittany y estoy segura que tú tienes asuntos pendientes con tus padres. Nos vemos mañana.
—Tendremos que hablar, Quinn. —Prometió muy seria.— Hasta mañana.
Quinn se quedó un instante en el limbo de la incertidumbre, removiéndose en su lugar y como si estuviera dirigiendo una conversación en su cerebro. Si la ganó o no, Rachel nunca tuvo que preguntar, la chica se adelantó en dos zancadas que redujeron cualquier tipo de distancia (física y mental) y se agachó con rapidez, hundiéndose en su mirada antes de plantarle un brevísimo beso en sus labios.
Se fue corriendo y pronto no era mas que una cabellera rubia que se perdía por uno de los largos caminos del parque.
No podía ser tan malo.
El chisme corría más rápido que la brisa, pero el apuro le quitaba coherencia y ya no era sólo un chisme, sino las muchas y variadas modificaciones que la componían. No decían nada más que lo que formulaban en la primera oración. Ya luego la gente le agregaba lo que quería para amenizar el momento de la narración. Un chisme, unos chismes y nadie sabía de verdad que diablos pasaba.
Tina había cambiado de estrategia luego de una larga noche de reflexión. De nada le servía presionar, especialmente con ese grupo que todos lo querían saber y resultó ser que Quinn era una de las personas más tercas que conocía y no había hablado para nada. No podía preguntarle a Rachel, por supuesto, porque el pobre chico se veía tan o casi más confundido que el promedio de la población estudiantil. La pieza clave de ese rompecabezas, y la única que tenía el poder de solucionarlo, era Quinn Fabray pero como habíamos dicho antes, la rubia no contaba nada.
Si quería enterarse, y por supuesto que quería, tendría que ser más sutil. Cuando eso no funcionara, porque sabía que no lo haría, tendría que volver a las táctica más vieja de todas. El espionaje descarado que invertía una gran cantidad de tiempo y esfuerzo físico. Había que ponderar, por eso, con cuidado si la misión valía la pena. De ser un rumor menor y aburrido de qué servía darle más importancia de la que requería.
Rachel no era popular o al menos no tanto como lo era Finn o Quinn. Era un poco, solo un poco popular y de forma más compleja y todo gracias al grupo del coro. New Directions los había llevado a una popular silenciosa por así decirlo, sin ser los de la cima del escalón social del colegio pero tampoco como lo eran antes de estar en el grupo y que salieran campeones.
Quinn sí, era popular como Santana y Brittany. Pertenecía al grupo de las porristas, al que todos respetaban y habían ganado casi todo gracias a la entrenadora, por más que ella quisiera destruirlos. No era solo miembro, era la capitana y aparte, tenía una sonrisa bonita y su atractivo físico ocasionaba que todos le prestaran atención.
Rachel y Quinn en una misma oración, más que escandalosa, era risible. Si Quinn se hubiese confesado o viceversa, ella misma hubiese sido la primera en reírse de la posible relación. Había una gran lista de factores que ponía en negritas y resaltado las muchas características opuestas que impedían la totalidad de la palabra pareja. De ninguna manera y sin sufrir las consecuencias del escarnio público. Era como una ley entre los adolescentes.
Quinn se las había arreglado para destruir los estándares de la normalidad. Había puesto de cabeza las convenciones de las declaraciones públicas/privadas con una afirmación tan valiente como esas de las películas. No era sólo el hecho de la explosión, era el ánimo posesivo y la amenaza velada. Si Quinn se atrevía a besarse y arriesgarse a la crítica entonces se había emancipado de las poderosas garras del chisme. Se convertía en la fuente ambigua que decidía cuándo y de qué se hablaba. Se había hecho con el poder.
Todo el mundo lo sabía.
La cosa era observar todo con mucho más cuidado de antes, captar y analizar con el doble sentido que daba la revelación y sería muy fácil seguir los rastros de ese asunto. En qué momento podría haberse pasado las señales tan obvias del enamoramiento. ¡En Quinn, rayos! Tendría que ser claro y con luces de colores señalando el camino.
Pero que no desesperen los curiosos, Tina estaba interesada en la verdad y la verdad era lo que iba a obtener.
El casillero de Rachel quedaba justo donde Finn tenía que pasar todas las mañanas desde el comienzo del año. Rachel llegaba primero y sacaba los libros mientras, por el pasillo, Finn llegaba con una sonrisa de medio lado característica de el. Era costumbre que llegaran más temprano que la mayoría de seres humanos y como les sobraba tiempo entre las clases y la llegada de sus respectivos amigos, se ponían a conversar de cualquier cosa.
Lo normal era que Rachel comenzara comentando algún tema sin importancia que Finn no encontraría fascinante, pero sobre el que daría su opinión como si lo fuera. Entre anécdotas, noticias y repentinas risas esporádicas tendrían y terminarían su pequeña y natural plática matutina. Más tarde y todos los jueves, Quinn llegaría con su uniforme impecable igual que su cabello, teniendo a cada lado sus mejores amigas y ocasionando que todos le dieran paso sin ni siquiera pedirlo antes.
Esa mañana de jueves las cosas no salieron como siempre. Primero porque Rachel estaba demasiado consciente de los eventos del día anterior. Estaba tan ensimismado en sus propias elucubraciones que pasó por alto la llegada del grandulon y el respectivo saludo matinal. Hizo falta que Finn le pusiera una mano en el hombro para que despertara y se disculpara por su falta de atención. Segundo, Finn parecía más amigable que otras veces, como si hablara con la seguridad de que su conversación no dejaría nunca el área que correspondía a la amistad más pura. Su comodidad, al parecer, también residía en los eventos del día anterior.
La tercera, y que provocó una ola de nuevos rumores que alcanzaron a cada uno de los estudiantes para la hora del almuerzo, se precipitó cuando los pasos de Quinn hicieron eco en una llegada anormal, ya que no estaba por ningún lado Santana ni Brittany, sus dos mejores amigas.
—Rachel. —Llamó con la voz baja e indiferente.— ¿Qué demonios crees que estás haciendo?
Se anunciaba el acabose y debía ser una maña de algún espíritu porque el pasillo se llenó de curiosos en cuestión de segundos.
—Buenos días, Quinn —Típico.— ¿Tú qué crees que hago?
—No lo sé —Oh, pero sí sabía. Claro que sabía.— Parece que estás sacando tus libros cuando en realidad estás aprovechando para flirtear con Finn. ¿No es cierto?
—Te aseguro, Quinn, que es lo último que estábamos haciendo. —Intervino Finn rápidamente un poco incómoda.— Buenos días.
—¿Qué problemas tienes? —Intervino Rachel, un poco más despierto y con menos paciencia que otras veces.
—Vamos a dejar las cosas claras, Rachel. — Dijo por fin y todos contuvieron el aliento.— Ni siquiera pienses en engañarme ¿Me has entendido?
—¿De qué demonios estás habla...? —Pero Quinn la cortó con una señal de la mano.
—Lo que te estoy diciendo es que estás en una posición muy delicada. —Alzó una ceja, muy típica de ella y lanzó una mirada alrededor. Su pausa fue dramática.— Si vamos a salir, más te vale no engañarme o conocerás que puedo hacer más que unos dibujos en el baño... Y aún no conoces a Santana cuando me ayuda en ello.
El eco de la amenaza apenas si era de interés público. La única afectada parecía Rachel. El resto se había quedado con el retintín irónico del condicional de la fase.
Si vamos a salir. Rachel no lo negaba.
¿Cuándo?
Lo sé, esta corto, el otro será mas largo y es una promesa. Agradezco a todos por sus reviews, esta ha sido una muy mala semana para mi pero me levantan el animo al leerlos, espero que ustedes la estén disfrutando.
¿Qué tal el capítulo? ¿Les ha gustado? ¿Qué les parece Tina como la "chismosa"? Creo que le da algo de humor al asunto, ustedes ya me contaran en un review. Nos vemos la próxima semana.
My Queen is back! No podía irme sin decir eso, mis dos rubias favoritas volverán. Ahora sí, abrazo para todos.
