¡Hola de nuevo! Hoy les traigo un capítulo más emotivo y lleno de romance... así que espero que disfruten :)
Época: Un año luego del Post-Time Skip, inicio del año 1 de la Nueva Era.
Promesa
Habían llegado al fin. Todo había acabado finalmente. Tenían el One Piece y era todo lo que importaba.
La guerra había acabado.
La marina había sido destruida, quitando la corrupción y dándole luz de esperanza a una nueva justicia limpia y verdadera. Barba negra había sido derrotado y ya todo estaba en paz. Se encontraban en Raftel junto al fin de sus sueños, con lágrimas de alegría y sonrisas imborrables, con el One Piece esperándolos.
Todo parecía perfecto. No había palabras para describir las sensaciones en sus pechos.
Luffy se encontraba de espaldas mirando el cielo ensangrentado y herido, pero la sonrisa en su rostro solo demostraba el júbilo de sus ilusiones cumplidas. Había llegado al final de la meta, junto a todos sus Nakamas y amigos a salvo.
— ¡LUFFY!
Su corazón se detuvo ante su voz.
— ¡LUFFYYYY…! —La extasiada voz de ella resonaba en la isla. Escuchaba los fuertes golpes de pisadas acercándose a toda velocidad. La sonrisa en su rostro aumentó más si es que era posible. Con dolor giró su rostro, al borde de las lágrimas.
—Chicos…
— ¡LUFFYYYYYYY! —Su nombre salió de la boca de sus Nakamas, quienes corrían a toda velocidad a su lado.
Observó detenidamente a su familia. Todos malheridos y sucios, pero con enormes sonrisas en sus rostros. Lloraban de la emoción de que su capitán estaba bien, de que todos estaban vivos. Luffy intentó ponerse de pie, pero el agotamiento no le permitió hacer un solo movimiento, quedándose inmóvil en la tierra y mandándoles una mirada de disculpa por no poder devolverles el alegre saludo.
Observó nuevamente a cada uno. Sanji y Zoro venían al final del grupo, sonriendo como nunca lo habían hecho a pesar de estar horriblemente heridos. Robin, Franky y Brook los adelantaban, llorando alegremente con heridas por doquier. Usopp y Chopper corrieron delante de ellos, llorando histéricamente por ver a su amigo en el piso, vivo. Ambos sollozaban con fuerza, gritando su nombre dañados completamente.
Finalmente, estaba ella.
—Nami… —Susurró al verla acercarse.
La chica, con sus ropas destrozadas y herida de pies a cabeza, lloraba desconsolada al ver a su amado a salvo. El alocado cabello de fuego reflejaba la fuerte lucha que dio en el campo de batalla. Su labio roto y la cara ensangrentada y magullada le mostraban una deslumbrante sonrisa.
Nunca imaginó que una sonrisa de la chica lo volvería a enamorar, incluso más profundo de lo que ya la amaba. Su sonrisa era todo lo que necesitaba para aliviar su dolor en esos momentos y mantenerse consiente, no podía cerrar los ojos, o no podría admirar esa bella y esperanzante sonrisa.
Vio como la chica comenzó a correr aún más rápido a pesar de su notable lesión en el pie, y llegó a su lado con rapidez, exclamando su nombre alegremente entre sollozos. No alcanzó ni a arrodillarse, tirando al pelinegro entre sus brazos. Luffy, quien con su cálida compañía recobró fuerzas, abrazó a la chica con fuerza, colocando su rostro en su cuello. Con una mano la tomó de la cintura dejándola caer en su cuerpo, y la otra la posó en su cabello, acercando su rostro a su cuello. Inhaló su dulce aroma y todo el dolor pareció desaparecer.
—L-Luffy…— Sollozaba alegremente, escondiendo su rostro en su cuello al igual que él. —Estás a salvo...
—No iba a morir tan fácilmente… —Rió alegremente, ganando un chillido alegre de la chica. Se separaron con suavidad y Luffy levantó su rostro con delicadeza desde su mentón, juntando sus frentes amorosamente. —Además… no podía apartarme de ti.
—Emm… chicos… —Usopp rompió el romántico ambiente.
Con rapidez, navegante y capitán se apartaron sin dejar de abrazarse. Luffy, que como pudo, se había sentado a duras penas para abrazar a la chica, la sostenía de la cintura abrazada junto a su cuerpo, mientras que Nami se había acomodado arrodillándose a su lado, sin apartar las manos de su cintura. Miraron sonrojados al público que los observaba, hasta que Nami vio al pequeño reno entre sus amigos.
— ¡Chopper! ¿Puedes revisar a Luffy? —El pequeño saltó ante el llamado, que al fijarse en su capitán, corrió rápidamente a su lado.
—¡Luffy! ¿Qué te duele?
—Nada… solo tengo un par de rasguños…— Mintió descaradamente para no asustar a todos. Nami lo golpeó suavemente en la cabeza, para que dejara el orgullo y hablara de una vez. Ante el gesto, Luffy rió divertido. —Bueno, tal vez me duelen un par de huesos…
—Tienes que descansar, capitán… luchaste bien. —Habló Zoro entre la multitud que los rodeaba. Luffy le sonrió agradecido por la preocupación y dejo a su doctor seguir con la consulta. Nami se soltó de su agarre y cuidadosamente, colocó su cabeza en su regazo, acariciando su cabello mientras Chopper lo curaba con delicadeza. Cerró los ojos y disfrutó del momento.
Todo había acabado, consiguió sus sueños, sus amigos estaban a su lado y la mujer que amaba se encontraba cuidándolo entre sus brazos. Definitivamente, era la persona más feliz.
La estrellada noche aún era ruidosa, pues tanto los Sombrero de Paja, su flota, amigos y aliados aún celebraban la victoria del capitán. La mayoría bailaba y cantaba a todo pulmón, alcoholizados hasta la sangre y dando gritos de alegría.
La batalla se llevó a muchos, por ende, entre lágrimas de alegría se escondía la tristeza y el pesar de todos. Amigos, parientes y cercanos habían luchado hasta que la muerte se llevó sus almas, más sin embargo, no había sido en vano. No fue una batalla fácil, en comparación a Marineford, esa lucha había sido un fragmento casi inexistente en comparación a esta. Había sido un hito que cambiaría la historia que el mundo conocía, y ahora con un nuevo Rey de los mares, la nueva historia se dirigía por buen camino.
Luffy abrió los ojos con dificultad. Su cuerpo entumecido aún sentía las huellas de la batalla. Con dificultad, se puso de pie y observó su cuerpo completamente tratado y envuelto en múltiples gasas. El recuerdo de Chopper hablándole preocupadamente lo hizo sonreír.
Con cuidado, caminó por la enfermería hasta llegar a la puerta. Cada vez lograba salir más y más cerca de la cubierta. El cantar y las alegres voces aún resonaban a lo lejos, provocando que su suave sonrisa se extendiera aún más. Una vez llegando a la puerta, suspiró profundamente, y se aventuró hacia el patio.
Su nombre resonó entre miles de personas. Todas con el rostro de alegría, sabiendo que el Sombre de Paja se encontraba a salvo. Una vez que los gritos y silbidos se detuvieron, Luffy comenzó a reír. La alegría lo llenó por completo, y la paz se extendió por todo su cuerpo. Miró a su alrededor, notando lo dañado que estaba el navío. Sim embargo, sabía que Franky lo repararía sin importar lo destruido que estaba. Miró el cielo anaranjado por el atardecer y buscó con la mirada a sus amigos, para encontrarlos en medio de la fresca hierba sentados, observándolo con emoción mientras chillaban su nombre. Aun que eran un completo desastre por la dura lucha, estaban vendados y ya curados, esperándolo. Su familia estaba bien.
Su cuerpo herido le decía que no lo hiciera, pues sus heridas podrían abrirse. Pero su mente solo lo guiaba hasta ellos. Tomó un rápido impulso, y corrió a abrazarlos. Escuchaba a todos gritando su nombre preocupadamente, pero a él no le importaba. Necesitaba demostrarles lo feliz y agradecido que estaba, sentirlos y saber que estaban bien, a salvo a su lado.
Estirando los brazos, agarró a todos sus Nakamas, apretujándolos contra su cuerpo. Normalmente lo golpearía o se quejarían por hacer eso, pero notó como todos le devolvían el abrazo, incluso el espadachín y el cocinero, quienes eran totalmente reacios a demostrar cariño por sus amigos. Sonriendo con pequeñas lágrimas en los ojos, Luffy disfrutó del momento. Sentado junto a su familia, compartieron un largo y cálido abrazo, cerciorándose de que todo estaba bien y de que todo ya había pasado.
Completamente solos, pues los demás habían dejado el barco, los Sombrero de Paja se quedaron en silencio, sollozando felices de que habían cumplido sus sueños.
La noche llegó rápidamente llena de risas y festejos. Habían hecho una pequeña conmemoración por quienes cayeron en la batalla, recordándolos con grandes memorias.
Ahora, con el silencio en el ambiente y el sonido de la fresca brisa, Luffy estaba sentado en la barandilla, mirando al océano con grandes ojos de dicha. Todos dormían cansados por el gran festejo, por lo que se encontraba solo en la cubierta de Sunny.
El abrigo negro con detalles dorados cubría su cuerpo, mientras que su cabeza estaba coronada por su confiable sombrero de paja. Suspiró con regocijo y siguió mirando el océano, recordando las grandes aventuras que habían vivido hasta llegar ahí.
Unas suaves pisadas resonaron desde su espalda, sacándolo de sus pensamientos, pero no tuvo necesidad de girarse para saber quién era. Los pasos se acercaron y notó como la chica apoyaba los antebrazos en la barandilla a su lado, mirando el basto y tranquilo océano al igual que él.
—Aun no puedo creer que lo hayamos logrado…
Luffy rio suavemente ante sus palabras. En silencio, bajó su mano para enredar sus dedos en los de ella.
—Pero lo conseguimos. —Le respondió conmovido.
—Ace debe estar orgulloso de ti, Luffy.
Ace… el recuerdo del chico llegó a su mente. Recordó sus últimas palabras, y con ojos tristes, sonrió orgulloso. A pesar de ya no estar a su lado, sabía que lo veía desde algún lugar, contento.
Se quedaron en silencio por varios minutos, disfrutando la compañía del otro y el cálido toque de sus manos.
—Nami… ¿Recuerdas la promesa que hicimos antes de la guerra? —Le preguntó sin mirarla, contemplando el océano. No alcanzó a ver el sonrojo en la colorina mujer a su lado.
—Estamos vivos Luffy… ya todo está bien.
—Me refiero a la otra parte. —La cortó inmediatamente.
Nami no respondió, en cambio, sintió los nervios comenzar a comer su cuerpo poco a poco. Luffy bajó de su puesto en la barandilla y se puso de pie ante Nami, soltando su mano. La colorina también giró el cuerpo y subió su mirada al chico frente a sus ojos. Sentía la tenacidad y firmeza en los ojos de él.
La mirada que compartieron fue duradera. Los achocolatados ojos de la navegante seguían contemplándolo nerviosamente, pero contenta por lo que estaba por venir. Mientras que Luffy la miraba con determinación, y con la sombra de una promesa que aún no se cumplía, hasta ese momento.
—Prometimos no decirlo hasta que todo esto pasara. —Tomó las manos de la chica entre las suyas, haciendo movimientos circulares con las yemas de sus dedos sobre sus delicadas manos. —Hasta… que ambos estuviéramos a salvo, seguros de estar vivos.
—Luffy… —Tenía tantas ganas de decirle, pero sabía que aún no era el momento, no hasta que el chico dejara de hablar.
—Prometí que estaríamos juntos hasta el final, Nami. —Le sonrió amorosamente, levantando su mano hasta la herida mejilla de la chica. Acarició su piel con el pulgar y acercó su rostro al de su navegante. —Pero veo que nuestro final aún ni se acerca...
Sin siquiera dejarle terminar, Nami cerró el espacio entre sus rostros. Uniendo sus labios suavemente, ambos compartieron el ansiado beso que estaban esperando por tanto tiempo. Luffy ahuecó su mano en la mejilla de la chica, mientras que la otra la pasó por la cintura hasta la espalda descubierta de la colorina, acercándola a su cuerpo.
Por otra parte, Nami pasó sus brazos por el cuello de su capitán, profundizando el apasionado y ansiado beso. Con pasión, transmitieron todo lo que sentían; el miedo, la preocupación, el alivio y el amor. Ambos estaban juntos, en los brazos del otro y era todo lo que importaba.
Largos minutos después se separaron débilmente por la falta de aire y con la respiración entrecortada, apoyaron sus frentes con delicadeza mientras recuperaban el aliento. Luffy sacó su mano de su mejilla y la apoyó en su cabeza, atrayendo aún más sus frentes, imaginando que si se apartaba el calor de su presencia se perdería. Aferrando su cintura, la abrazó contra su cuerpo.
—Te amo, Luffy. —Ya no pudo aguantar ni un segundo más. Lo habían prometido, ninguno de los dos soltaría esas valiosas palabras hasta que todo pasara. Ambos eran conscientes de sus sentimientos, pero sabían que aún no era el momento apropiado, no hasta ese preciso momento.
—Yo igual te amo, Nami. Más de lo que puedes imaginar. —Con un suave suspiro y con los ojos cerrados, siguió hablándole en voz baja, para que la nueva promesa llegara solo a los oídos de su amada navegante. —Y te prometo que te amaré hasta el fin de los tiempos… incluso si somos fantasmas, te iré a buscar para seguir juntos.
Con silenciosas lágrimas de alegría y una risa divertida, la colorina acercó su rostro nuevamente al chico, besándolo apasionadamente.
— ¿Qué planes tienes ahora, "Rey Pirata"? —La burlona voz de la chica inundó sus sentidos, provocando una divertida sonrisa.
Una semana más tarde, todos estaban ayudando a reparar el Thousand Sunny entre risas y bromas. Con el One Piece en sus manos, todo había acabado. La guerra había acabado y todos habían seguido hacia nuevos rumbos, creando nuevas historias por contar.
—No lo sé… probablemente esta es la despedida.
El sonido sordo de objetos cayendo al piso espantó al chico. Giró en dirección a sus Nakamas y vio como todos habían soltado la madera y las múltiples herramientas con las cuales arreglaban el barco. Miró a la chica a su lado, quien había palidecido ante sus palabras.
Con diversión, Luffy explotó en una fuerte e histérica risotada dando a entender a todos su broma. No fue hasta sentir los fuertes golpes de sus amigos que se dio cuenta de que la broma no había sido muy divertida.
—¡No nos asustes así Luffy! —Chillaba entre sollozos Chopper. El pelinegro observó a sus Nakamas con una sonrisa divertida, y habló alzando la voz.
—Brook aún tiene a un amigo esperando en casa… así que… —Sonrió cálidamente a la chica a su lado, tomando su mano con delicadeza. — ¿Cuál es el rumbo, navegante?
Su principal sueño había llegado a la meta, pero aún quedaban muchos más por delante, despertando su espíritu aventurero.
Ese fue el nuevo capítulo... no mencione qué es el One Piece realmente, ni tampoco los oponentes de la gran guerra, pues todos sabemos como es el loquillo de Oda y quizás cual será el final de la serie. Sin más, espero que hayan disfrutado de la historia, no olviden comentar o hacer sus criticas, ¡Adiós!
P.d: ¿Alguien leyó el nuevo capítulo? si es así, lloremos juntos...
