Ansias de libertad
Por Makita.-
Capítulo IV: Lección número uno: Aprender a remar
Han pasado varios días desde que estoy aquí, en la playa. Todo en calma. Me recuesto sobre la toalla y saco de la nevera una botella de leche. Es rico el olor del bloqueador, que tengo impregnado por todo el cuerpo, me lo compré anteayer, porque con todo esto de las prácticas, me di cuenta que mi exposición al sol era mucha y mi piel estaba roja, como una pancora. Hablando de eso, no hemos seguido con el entrenamiento propiamente tal. Horo me dijo que la primera condición para aprender a surfear era tener una buena condición física, ya que este deporte exige fuerza y habilidad. ¡Yo estoy en buena condición física! No por nada me sometían a esos duros entrenamientos desde pequeño.
Pero él es un testarudo y me obliga a hacer abdominales, lagartijas, flexiones de brazos, elongaciones. Le hago caso, porque es él, el que sabe acerca de esto. Miro a mí alrededor. En la orilla de la playa se encuentra Yoh junto con Manta (a quien le hicieron un aro en la nariz hace pocos días) acostados boca abajo, dejando que las olas más pequeñas los alcancen. Conversan animadamente y juegan con la arena húmeda. Ellos dos se llevan de maravillas, siempre comparten momentos juntos y los disfrutan al máximo, que es muy importante... Yoh es algo ¿exótico?...es que nunca había conocido a alguien como él. Le gusta estar tranquilo, nunca se altera por nada... Su pasión favorita es: Dormir en la hamaca. Sale a correr por las mañanas, ya que Anna le dice que se pondrá obeso si no lo hace.
Anna es algo así como su novia. Creo que están prometidos en matrimonio, pero no se ve ninguna pasión entre ellos, parecen casados. Nunca se toman de la mano o almuerzan juntos. Yoh hace lo que Anna le dicta y punto, se evita las complicaciones. Manta, en tanto, es un joven muy inteligente... Le gusta: jugar ajedrez y leer enciclopedias. También es muy gracioso y algo paranoico, siempre esta haciendo escándalo por algo, chilla mucho para ser tan chico, pienso. A Ryu no lo conozco lo suficiente como para dar una opinión de él, sólo sé que cocina delicioso y gracias a eso, el restaurante se llena a la hora del almuerzo.
Termino de beber la leche contenida en la botella y la guardo en una bolsa. Detesto a aquella gente que consume alimentos en la playa y luego se va, dejando toda la basura en la arena y en consecuencia, ésta se ve muy sucia y no dan ganas de venir a veranear hasta acá. Creo que la gente hace eso por falta de cultura y de conciencia a nuestro medio ambiente.
Quiero unos lentes de sol. Miro a mi lado y allí se encuentra él... Horo Horo. Está dormido sobre la toalla, con una mano sobre la frente y otra sobre su abdomen. Trae puesto un traje de baño color azul oscuro y ha quitado el cintillo que porta sobre su frente. Paso sobre él, para alcanzar los lentes, escucho su voz, murmurando.
-Si te quemas con eso, parecerás mapache.
No le contesto, sé que dice eso para fastidiarme. Tomo los lentes y vuelvo a acostarme sobre la toalla, esta vez boca abajo. Saco un libro que traía en mi mochila y lo abro en la primera página. Siento que él se levanta y luego se inclina para ver que estoy leyendo. Su aliento roza mi hombro, haciéndome temblar involuntariamente... Giro la cabeza levemente, sólo para encontrarme con sus ojos, tan sugirientes y lindos. Algo raro me recorre, un deseo algo loco, inexplicable... Vuelvo a mi lectura.
-¿Que lees?-me pregunta-
-Un libro... ¿que no ves zopenco?
-Que libro, tonto.
-Uno que no te importa.
-Si tienes razón, no me importa. Además está en chino.
Me tira un poco de arena en la cara y aprieto rápidamente los ojos. Se cruza de piernas sobre la toalla y mira a su alrededor... Se cree salvavidas, pienso, sólo le faltan los binoculares….Además es un ocioso, ya que no deja de tocarse el pearcing que Anna le puso la semana pasada. Para su suerte, la cosa esa no se le infectó y cicatrizó con éxito.
-Ya déjate esa cosa en paz…-le digo.
El muy tonto me saca la lengua y después se fija en el mar.
Cuando recién logro concentrarme en la primera palabra, Horo arranca el libro de mis manos y lo lanza lejos. Se levanta y me tiende la mano.
-Ven, que ahora el mar está tranquilo. Te enseñaré el primer paso para aprender a surfear.
Acepto la propuesta. Después de todo, eso es lo que he estado esperando durante toda esta semana.
....................................................
Después de un rato vuelve con dos tablas grandes, la suya es blanco con negro, pero noto que la mía ha cambiado. Se para frente a mí y me entrega otra tabla, mucho más alta y más resistente.
-La que usabas antes, era de principiante- me dice- Esta es una tabla normal del surf. No tiene esa cuerda que tanto te molestaba.
Miro la tabla y efectivamente no tiene esa liga que se ata al tobillo. Es emocionante, al fin tengo una verdadera tabla de surf en las manos. Caminamos hacia la orilla del mar y él comienza con sus típicas explicaciones.
-Para poder surfear una ola, primero debes saber remar. Debes repartir bien tu peso sobre la tabla. Levanta la cabeza y coloca tus hombros a una buena distancia de la punta, para que no te des vuelta.- me sonríe y entramos juntos al agua.
Es fácil. Tengo que mover los brazos como si estuviera remando, sólo que voy sobre la tabla. Esta es un poco incómoda comparada con mi tabla anterior, ya que se resbala y es mucho más liviana. Además está esa preocupación, de que se te puede perder. Como ya se ha desvanecido mi miedo por el mar, me siento con más confianza. Avanzo y Horo se detiene. Increíblemente, se para sobre la tabla.
-¿Ves que es fácil?
Lo miro.
-Sólo tienes que seguir remando, hasta que aprendas a tomar más velocidad.
Se aleja y toma algunas olas pequeñas. Para él es como un juego y para mí un sacrilegio. El agua pasa con su enorme peso sobre mi cabeza, pero tengo que luchar contra la marea y seguir remando... Si no aprendo bien este paso que es tan básico, nunca voy a aprender lo demás.-
No es tan malo. Es relajante. Aunque duele un poco el abdomen y los brazos, por ejercer tanta fuerza. Una ola que venía con un poco más de velocidad, me arrebató la tabla de las manos, fui por ella rápidamente, antes de que se perdiera en las profundidades del océano. Por poco y me ahogo por ir a buscar esa cosa. Una ola me cayó encima, impidiéndome por un buen rato salir a respirar.
Nadé como pude, empujando esa maldita tabla de vez en cuando, hasta que llegue a la orilla. Comencé a toser, había tragado mucha agua, pero al menos estaba vivo. Horo se aproximó al lugar en donde me encontraba, me tomó de los hombros y me habló con algo de risa y preocupación.
-Mira lo que te pasó. No debes remar hacia las profundidades...
Noto que está preocupado por mi estado. Una sonrisa se dibuja en mi rostro. Me alegra saber que no soy indiferente a sus ojos.
-Estoy bien- digo-
-Bueno, a porrazos se aprende.-dice golpeándome la espalda.- Vámos, que Ryu a preparado una comida exquisita.
El carga la tabla por mí y nos dirigimos hacia la posada.
......................................................
Después de la deliciosa comida preparada por Ryu, salimos a dar vueltas por la playa porque el clima estaba agradable. Horo iba caminando junto con Yoh más adelante que nosotros y Manta avanzaba a pasitos cortos a mi lado. Me hablaba pero no le dedicaba toda mi atención, ya que estaba más pendiente de las estrellas... Cuando me encontraba en China nunca pude apreciarlas bien, ya que donde vivo siempre lo cubre todo una extraña neblina, o cuando estaba despejado, me encontraba encerrado. Pero aquí todo es diferente: El cielo esta totalmente despejado, dándole libertad a la gente para que admire esos brillantes y relucientes astros, que parecen joyas pegadas en el firmamento.
-...y cuando se forman bandas es lo peor, porque entre todos asaltan a las demás personas...-continuaba hablando Manta.
Yo por mi parte, seguí disfrutando la exquisita sensación que provoca el contacto de los pies descalzos sobre la arena húmeda. El agua incluso toma una temperatura tibia, comparada con el resto del día. La luna brilla, imponente. Todo es perfecto.
-¡¿Me estás poniendo atención?!-me grita el pequeñín, mirándome directo a los ojos.
-Lo siento Manta... ¿que decías?
-Si estas seguro de introducirte en este mundo del surf...
-Si, estoy seguro. Es divertido...-por primera vez sueno amable. ¿Por qué será?
-Ya te dije que es muy peligroso. Aquí se forman bandas de surfers- dice enojado, repitiendo lo que dijo anteriormente- Se pelean entre ellos...y hasta roban o forman pleitos donde hay armas blancas incluidas.
-No seas loco, eso no me va a pasar a mí (tendría que tener muy mala suerte)
-...Siempre están compitiendo...y apenas te vean, te van a desafiar...y si te retractas, podrían herirte.
-No me importa- digo aún mirando las estrellas- Sé artes marciales.
Eso parece tranquilizarlo y corre alrededor mío, pidiéndome que le enseñe a combatir pero yo niego con la cabeza. Es que tiene los brazos y las piernas muy cortas. Quedo confundido cuando veo a Yoh y a Horo que se acercan a nosotros a gran velocidad. Yoh me tomó de las piernas y Horo de los brazos... pretendían lanzarme al agua. ¡Y Manta me traicionó! ¡También ayudó para que me empujaran! Toda pataleta o alego fue en vano, porque ya me había mojado entero. Siento como las ropas se apegan a mi cuerpo y se hacen más pesadas... el agua no está desagradable y trato de mojarlos a ellos también, que se ríen de mí, como desquiciados.
También ellos están empapados.
Horo se acercó a mí y me sujetó de la mano, para ayudarme a levantarme. Menos mal que estaba oscuro, así no se notó el sonrojo en mi rostro. Quitó con el dorso de su mano los cabellos mojados que cubrían mis ojos y los dejó con delicadeza detrás de mi oreja, enseñándome una de esas sonrisas, que te hacen perder la cabeza. Le sonreí también, mientras admiraba la perfección y la simetría de su cuerpo, debajo de esas ropas húmedas.
Una ola impactó cerca de nosotros y salimos del agua. Yoh y Manta se habían salido hace un rato, para preparar una fogata. Estrujé mi ropa lo más que pude, pero seguía igual de empapada.
-Te secarás cuando estés al lado de la fogata- dice Horo caminando hacia los demás-
Y allí estábamos. Todos entumidos de frío, lo más próximo a la fogata. Yoh echaba leña al fuego de vez en cuando, para que creciera la flama. Conversábamos de puras tonteras, como lo rico que era la comida italiana, o de cuantas mascotas habíamos tenido en la vida. El tiempo se pasaba fugaz, mientras nos lanzábamos bromas (detesto que me lancen bromas y no toleré ninguna) cuando, entre las sombras, apareció un grupo de muchachos. Los miré con desconfianza. Calculé que tenían más o menos nuestra edad, pero el líder se veía mayor, eran tres en total.
Yoh conservaba la calma y Horo se sorprendió pero no dijo nada. Me doy cuenta que ese tipo... ¡es igualito a Yoh!-
-Hola hermano- habla el sujeto- Tanto tiempo ¿como has estado?
-Hola Hao- dice Yoh mirándolo cariñosamente, pero con distancia en su voz- ¿como les fue?
-Excelente. Hawai es genial-
Nos mira analizadoramente y levanta una ceja, con un gesto de desprecio. El tipo este es muy denso, pienso. Lo que le diferencia de Yoh, es que tiene el cabello largo y usa unos grandes aretes con forma de estrella, además su rostro refleja superioridad y soberbia. Detiene sus ojos sobre mí y me indica.-
-¿Y tu, quien eres?
Miro hacia un lado y no contesto. El tipo aprieta los puños, picado, supongo. Se acercaba peligrosamente hacia mí, pero no me moví un centímetro. Horo lo detuvo con su voz.
-No te importa.
-Ah, ya veo. Debe ser tu aprendiz. Por algo lo defiendes- dice suspicazmente.- Yo también tengo un aprendiz.
Entre las sombras sale otro sujeto. Tiene el cabello verde, al igual que sus ojos. Tiene la tez muy blanca. Baja la cabeza, apenado.
-Bueno, supongo que mi aprendiz será todo un astro, como yo- dice- Y el tuyo será sólo otro de los fracasos del surf...
Uyy esto está cada vez más denso. Yo vine hasta aquí para relajarme, no para estar sosteniendo pláticas con tipos tan venenosos. Iba a pararme yo, cuando ellos solitos se fueron por donde vinieron. Al tercero no alcancé a verlo, pero no necesito referencias... son todos unos engreídos. Manta se lleva una mano a la cabeza e Yoh resopla aliviado. Horo mira hacia el horizonte.
-Han comenzado los problemas...-Comenta, con un dejo de fastidio.-
Continuará....
Notas de la autora: Cuarto capítulo de mi fic! Me siento feliz jijiji…antes de decir cualquier cosa quiero agradecerle a Karin (hijita, espero que te haya gustado este capítulo..¡¡Te echo de menos!! Hace tiempo que no te veo ni la nariz por el MSN XD), a Lady Tao, a Daisuke (Naruto? *_* ¡¡ me encanta!!..Pero hay poquísimos fics en español T.T), a Kmy (traté de incorporarte a mi lista de msn, pero no pude, porque tu correo es Yahoo T_T…en fin, mi e-mail está en la parte de mi bio, me encantaría conversar contigo un día de estos), a Takami Megunata, a Lara Himura, Lucy Horita, Lady Tao, Ale, Mandy y a Kizna-Chan XD por sus comentarios. ¡Gracias! :P
¡Ah! Y a Florchi un saludito también :P
¿Qué sucederá con el entrenamiento de Len? ¿Por qué todos se preocupan ante la presencia de Hao? ¿Manta con un pearcing en la nariz O_o? ¿Len descubrirá algún sentimiento nuevo? ¿Qué siente Horo por su alumno? ¿Solo estima?
Averiguenlo en el próximo capítulo!!!
Adiosínnnnnn.
