No les tomo mucho llegar a Sjion, donde el futuro rey Hisao poseía su castillo fortaleza que albergaba toda una ciudad en su interior, protegida por enormes muros de piedra y madera. En la parte superior de la muralla se formaba un pasillo en el cual patrullaban a toda hora grupos de arqueros y espadachines asegurando el completo control de todos los que entraban o salían de la ciudad.

Por esta razón es que se encontraban observando a una prudente distancia, a la vera del camino principal, pero ocultos en la espesura de un bosque cercano.

-Y bien, cual es el plan Kurorin?—

-Entrare, buscare a ese niño bonito y lo cortare en dos – anuncio mientras desenvainaba la espada con seguridad y toda la intención de salir de su escondite para tomar la ruta principal, pero antes de poder dar un paso sintió que lo sujetaban del cuello de su camisa, tirando hacia atrás.

-Ven aca!—regaño Fye—Y te dices ninja? Donde quedo tu sigilo!

-Tiene razón, con un ataque frontal no tendremos oportunidad de llegar ante el príncipe- señalo Syaoran—Lo mejor será pensar un plan para entrar sin ser vistos.

-Tengo una idea—comento el mago misteriosamente.

Tras asaltar a un pequeño grupo de mercantes e intercambiar sus ropas con ellos, se aseguraron de dejarlos maniatados en una cueva para no correr el riesgo que alertaran a los guardias. Afortunadamente las ropas propias de ese reino consistía en largos abrigos y túnicas con capa, lo cual fue una ventaja a la hora de ocultar sus rostros y pasar desapercibidos entre la multitud de gente que se agolpaba en la puerta principal de la muralla. Al parecer no se necesitaba ningún tipo de permiso o identificación para circular pero si debieron aparentar inocencia ante la atenta mirada de las cuadrillas que vigilaban constantemente la zona.

Una vez que pasaron el control y se encontraron caminando entre los puestos del mercado principal, pudieron respirar tranquilos de que, al menos la primera parte de su plan había resultado.

-Espero que esos sujetos se encuentren bien—comento Syaoran agobiado por la culpa, aunque sus intenciones eran buenas, le dolía el mal momento que debían estar pasando aquellos jóvenes a quienes robaron sus ropajes. Como no podía ser diferente, mínimamente se aseguró que estuvieran cómodos en lo que esperaban que alguien los rescatara.

-Descuida Syaoran-kun, alguien los encontrara en algún momento…probablemente—dijo Fye pero sin darle mucha importancia.

-Sabes, a veces tus ideas son muy perversas—comento Kurogane al pasar, pero sus sentidos estaban atentos a todo lo que sucedía a su alrededor, para el eso era territorio enemigo y era crucial cualquier tipo de información que pudiera llegar hasta sus oídos.

Al parecer había un ajetreo fuera de lo usual, mucho movimiento referente a preparativos como si estuvieran a vísperas de un gran evento. Se limpiaban las calles y se decoraban las paredes con flores y listones de colores. Los comerciantes hablaban entre sí con mucha emoción.

-Que alegría que en un par de días más, el maestro Hisao se casara y convertirá en nuestro rey—

-Sera un buen líder, como lo fue su padre en su momento.—

-Ojala los dioses le concedan larga vida al príncipe Hisao!—

-La boda será en dos días?—murmuro en voz baja Mokona escondida dentro de la capucha de Syaoran.

-Es una buena noticia, significa que estamos a tiempo de rescatar a la princesa—respondió el muchacho intercambiando una mirada de entendimiento con sus compañeros y los tres apuraron el paso rumbo al castillo.

Lejos de lo que imaginaban, ingresar allí no resulto tan complicado. Descubrieron que el castillo permitía el libre acceso a los ciudadanos en ciertos sectores, ya que funcionaba en parte como un museo exponiendo obras de arte y reliquias que contaba tanto la historia del país como de la familia real. Pero una vez dentro se presentó el primer problema, no sabían por dónde empezar la búsqueda.

-Y ahora qué?—

-Hay mucha gente en este sitio, no puedo identificar la presencia de Tomoyo —

-La princesa debe estar en la torre—aseguro Syaoran captando la atención de sus compañeros—He leído sobre este tipo de construcciones, aunque difieren un poco entre si todos los castillos suelen tener más o menos la misma distribución. Si quisieras mantener una persona "a salvo" en alguna parte, seria en la torre más alta.

-Pero…y si está en otro lado? En una habitación común?—pregunto Fye

-Estará allí—sentencio Kurogane misterioso. No podía asegurarlo pero intuía que Hisao estaba esperando por él, aunque detestaba admitirlo el principito era muy listo y no se confiaría después de haber tomado a la princesa por la fuerza. Es más, algo le decía que el matrimonio era lo que menos le interesaba y que en el fondo contaba con que el apareciera a confrontarlo. Si ese era el caso, no dejaría a su "alteza" esperando más tiempo. –Incluso si no está allí, es el mejor sitio para empezar a buscar.

-Bien dicho, vamos—

Ocasiones como esa agradecían que Syaoran tuviera una mente tan prodigiosa para memorizar mapas y planos antiguos, el castillo era una construcción de estilo más occidental, todo lo contrario a Shirasaki de modo que Kurogane hubiera estado perdido de tener que orientarse en aquel laberinto de pasillos y callejones sin salida, pero el muchacho era inteligente y consiguió guiarlos con éxito hasta una habitación que parecía conectar con la torre, salvo que estaba custodiada por un par de guardias en su entrada.

-Yo me encargo—dijo el moreno empuñando su katana pero nuevamente fue sujetado por sus compañeros

-Seguro mueres de ganas por cortar algo Kuro-tan, pero alertaras a toda la guardia si lo haces—

-Hablando de eso, no debería haber más guardias?—comento Mokona extrañada

-Ciertamente—aseguro Syaoran—Si por estos lados faltan guardias significa que por otros sobran, lo mejor será estar atentos.

- Oíste –regaño Fye a su amigo que puso mal gesto—Mantén perfil bajo, segurito que estamos yendo directo a una trampa.

- Bien genio, dinos como encargarnos de esos dos—bufo, estaba acostumbrado a dar las órdenes no a seguirlas pero considerando que estaban en ese aprieto por sus impulsos y habiendo tanto en juego decidió seguir exprimiendo los límites de su paciencia.

Fye sonrió como niño en navidad, pese a la tensión y lo importancia de aquella misión, ver a Kurogane luchar contra sí mismo para tragarse su orgullo era en extremo divertido. Dejando de lado su pasatiempo preferido, resolvió la situación con ingenio tan solo necesito apuntar a los hombres apostados en la puerta y murmurar un sencillo conjuro mágico que los puso a dormir de pie tan cual como estaban.

-¿Qué demonios hiciste?—gruño Kurogane incrédulo

-Magiaaa…-canturreo divertido logrando exasperarlo aún más.

Sin perder el tiempo, cruzaron la puerta solo para encontrarse con una enorme escalera de caracol que lucía interminable y más aún cuando comenzaron a subirla. No se oían ruidos ni había ventanas de ningún tipo que conectaran con el exterior, apenas unas pobres antorchas cada tantos metros para iluminar tenuemente el trayecto. Avanzaban aprisa y en silencio, en alerta máxima por si se topaban con algún enemigo pero afortunadamente no hallaron a nadie, al final una puerta de madera lustrada los esperaba y basto un intercambio de miradas para estar de acuerdo que debían entrar sin pensarlo más.

Kurogane estaba a la cabeza, abrió la puerta y con paso seguro ingreso en aquel misterioso cuarto.

-Que rayos?—murmuro en voz alta pero antes de poder hacer algo más, algo lo golpeó desde un punto ciego, en la cabeza y con tanta fuerza que lo tumbo al suelo. Aturdido y con la mirada desorientada puedo escuchar las voces de sus amigos que lo llamaban haciendo eco en su cabeza.