Capítulo 4.

Habían tenido que contenerse y no llamar al doctor en mitad de la noche.

En cuanto Christophe comprobó que lo que Kyle decía era cierto y, tras un gran interrogatorio que demostró que el pelirrojo de hecho conocía datos de la vida de estas dos personas y que no había cogido a dos individuos cualesquiera y había decidido nombrarles dueños de las identidades de los amigos de su mente, aceptó que su amigo tenía razón, buscó en su mochila la tarjeta que Ike le había dado del doctor que llevó el caso de Kyle, a quien se suponía tenían que llamar si tenían cualquier duda que aclarar, y la había colocado sobre la mesa.

Estuvieron durante horas mirando aquella tarjeta, bebiendo café para mantenerse despiertos y navegando por las páginas de los distintos amigos de Wendy y Kenny, para ver si eran capaces de encontrar alguna pista que les explicara a qué se debía todo aquello. Kyle había sido capaz de reconocer un par de caras, o eso era lo que él decía, un muchacho rubio de expresión tierna, dos chicos en otra fotos que había definido como pareja. Christophe le había preguntado si es que todos los gays del país se conocían, y Kyle le había dado un puñetazo en el hombro. Tras todas aquellas horas de charla y espera, donde el francés había hecho a Kyle hablar sobre cualquier recuerdo que tuviera de aquellos individuos, finalmente el sueño se fue apoderando de ellos.

Kyle posó su taza vacía de café sobre la mesa, echando un vistazo a Christophe quien dormía en una postura muy incómoda al otro extremo del sofá, y dejó que sus párpados de cerraran. Sospechaba que esta sería una noche tranquila, su consciencia estaba mucho más en paz ahora que había descubierto que no era una invención. ¿Llena de preguntas? Por supuesto, posiblemente más que antes, pero por lo menos ahora no temía que por su inestabilidad mental tuvieran que encerrarle en un psiquiátrico.


-Hola marica. Soy Kenny. Tío, ¿dónde estás? Hace semanas que no se te ve y bueno, ¿estás bien? Craig me ha dicho que te han visto bebiendo otra vez, pero ya sabes cómo es, la mitad de lo que suelta por la boca es mierda, así que no me he creído nada. -silencio. -Sé que no quieres hablar con nadie, y lo entiendo. No voy a presionarte, joder, sabes que no soy uno de esos. Podemos fumarnos algo juntos o tirarle piedras a algunos coches, eso es divertido. -silencio. -Vi a tu madre el otro día, me ha dicho que tampoco has hablado con ella. Parecía bastante jodida. -silencio. -Butters se ha venido a pasar unos días a mi casa, quizás deberías venirte tú también, la última vez lo pasamos bien. -silencio. -Estoy preocupado por ti. -silencio. -Llámame, ¿vale? Adiós.


Eran las dos de la tarde cuando por fin despertaron. Kyle saltó del sofá y se apresuró a llamar a la oficina para avisar a Rebecca de que estaba bien, y que no iría a trabajar durante aquel día. Christophe se había limitado a estirarse en el sofá y beber los restos de café frío de la noche anterior.

Se habían concedido unos minutos de deliberación antes de coger el teléfono y marcar los diez dígitos impresos en la tarjeta que yacía sobre la mesa. El plan era sencillo, si Ike había insistido tanto en que el doctor les había pedido no desvelar a Kyle la verdad de la situación, entonces el doctor no debía saber que Kyle era el primer interesado en entender qué coño estaba pasando.

-Doctor Cooper.

-Buenas tardes doc, -Kyle le dio un codazo en las costillas a Christophe en señal de protesta por el diminutivo. -Habla con Christophe DeLorne, soy amigo de uno de sus pacientes.

-Entiendo, ¿en qué puedo ayudarte, hijo? -Christophe hizo una mueca con la cara ante el apelativo y Kyle, quien escuchaba atentamente pegado a la cara de su amigo con la oreja al otro lado del teléfono musitó un "jódete".

-Verá, le llamo porque mi amigo no para de hablar de cosas que no han pasado y...

-El procedimiento que llevamos a cabo incluye un implante de recuerdos en la mente de nuestro pacientes, de esa forma tu amigo no tiene lagunas vacías donde estaban los recuerdos que decidió eliminar. Si fuese así sería mucho más obvio para él ¿no te parece? -por el tono de voz del hombre ambos se entendía que había tenido que contestar la misma pregunta un centenar de veces.

-Eso ya lo sé, doc. El problema es que toda esa gente de sus nuevos recuerdos, aunque no las haya conocido nunca, son de verdad. -un breve silencio precedió la contestación del doctor, y Kyle se movió inquieto en su sitio.

-¿De qué paciente estamos hablando?

-Broflovski, Kyle Broflovski. -dijo Christophe, quien juraría ser capaz de oír los latidos del corazón de su amigo pegándole contra el pecho a su lado.

-Oh, claro. El joven Kyle se sometió al tratamiento no hace más de tres semanas. Cuando hablé con su hermano me aseguré de que contactaría con todos los parientes y amigos cercanos de Kyle para explicarles la situación y por qué es de vital importancia que todos actúen con normalidad ante los nuevos recuerdos de Kyle, para que éste no sospeche que algo fuera de lo normal está ocurriendo.

-Ike ya habló conmigo de eso, me dijo que Kyle podría volverse loco y no soportarlo si se enteraba. -miró por el rabillo del ojo a su amigo, quien permanecía quieto y con la mirada fija en la pantalla oscura de la televisión. Kyle asintió levemente con la cabeza, como siendo capaz de sentir las dudas de Christophe sobre hablar del tema ante él y dándole permiso para continuar. Al fin y al cabo, no hacía ni veinticuatro horas desde que Kyle averiguó la verdad. -Pero eso no explica que las personas que mi amigo ve en su cabeza sean personas reales.

-Me temo que el señor Broflovski no le contó debidamente la delicadez de la situación. -ante el silencio Christophe se mojó los labios para seguir hablando, pero entonces el doctor continuó. -El motivo por el cual es crucial que el joven Kyle no indague en los orígenes de su condición es que esos recuerdos que ahora le pertenecen, fueron anteriormente parte de la vida de otra persona. -las palabras del sereno hombre pasaron a la velocidad de la luz unos cientos de veces por la cabeza de Christophe hasta que fue capaz de procesarlas.

-¡¿Que qué?! -levantó la voz más de lo necesario, lo sabía, y aunque hizo el ademán de levantarse para poder andar de un lado al otro de la habitación, como acostumbraba a hacer cuando estaba especialmente nervioso y no tenía un cigarro para fumar, Kyle le agarró del brazo y le obligó a mantenerse sentado junto a él. -¿Qué coño quiere decir con eso? ¿Está diciéndome que todas las ideas y los momentos que ha metido en la cabeza de mi amigo son cosas que le ha pasado a otra gente? ¡¿Pero están todos ustedes locos?!

-Le ruego que se tranquilice, señor DeLorne, entiendo que la noticia puede ser impactante al principio pero..

-¿Impactante? La palabra que lo define es puta locura de mierda.

-Pero... -continuó ignorando el comentario. -Es así como funciona el proceso. Un paciente se somete a eliminación de recuerdos y estos han de ser sustituidos por otros de un paciente diferente.

-Osea que le quitan la mierda de la cabeza a una persona, para meterle mierda de otra diferente, ¿es eso lo que me está diciendo? ¿es así como quieren ayudar a los pobres idiotas que confían su felicidad en su estúpido invento?

-Se equivoca, señor DeLorne. Los recuerdos que se implantan en nuestros pacientes son meticulosamente escogidos, para que sean vivencias cotidianas que no despierten ninguna clase de perturbación o duda en sus mentes.

-¡Pues lo han hecho de puta pena!

-Los sueños. -murmuró Kyle a su lado, abriendo mucho la boca al vocalizar. -Pregúntale por los sueños.

-¿Y por qué de pronto tiene sueños raros? Dice que sueña que es alcohólico depresivo. ¿Eso le parece a usted un trabajo bien hecho? ¡¿Eh?! -a Christophe le sorprendía lo sereno que Kyle parecía en aquel momento en comparación con él, que a cada segundo comenzaba a perder más y más los nervios. Pensaba ir en busca del hijo de puta judío canadiense de Ike en cuanto terminara de cantarle las cuarenta al Doctor Imbécil por haberle ocultado los verdaderos motivos. Ike sabía que Christophe le mataría si se enteraba de la verdad y había intentado engañarle. Oh. Nadie escapaba tan fácilmente de la rabia de Ze Mole.

-¿Sueños? Entiendo... -se tomó unos segundos de silencio, supusieron los chicos que para tomar notas, pero Christophe se sintió tentado a gritarle al doctor que no perdiera el tiempo cuando él estaba pagando la llamada. -Se han dado varios casos donde los sueños son uno de los efectos secundarios del tratamiento. Pueden ser pequeños vestigios de las vivencias del donante de memoria. -Christophe puso los ojos en blanco. Donante de memoria. ¿Qué estúpido término era ese?

-Explíquese. -demandó.

-Los recuerdos que han sido implantados en el hipocampo del paciente provienen, como ya le he dicho, de las vivencias y realidades de otra persona, el que llamamos donante. Nos aseguramos de que todo el material introducido en el cerebro de nuestros pacientes sea de situaciones cotidianas que no puedan alterar su personalidad o estado de ánimo. Sin embargo, puede darse el caso de que esos recuerdos del donante estén íntimamente atados a otros, ya sean más antiguo o más recientes, de esta misma persona, que se manifiestan en forma de sueños.

-Vamos, que intentan no meter mierda en la cabeza de la gente para que no se suicide pero no tienen ni puta idea de lo que hacen y toda la basura la sueñan osea que es lo mismo, ¿no?

-Un sueño no es lo suficientemente poderoso para dañar la salud mental y emocional de una persona, señor DeLorne.

-Váyase usted a la mierda. -y dicho eso colgó el teléfono, golpeándolo después con fuerza contra la mesa de café que tenían delante. Christophe se llevó las manos a la cabeza, apoyando los codos sobre sus piernas y farfullando todos los insultos en francés que su vocabulario conocía. Mientras tanto, Kyle permanecía allí, sentado a su lado fingiendo una calma que su amigo sabía que no tenía. -¿Vas a decir algo de una vez?

-Uhm... -se movió incómodo en el sitio y se secó el sudor de las manos en los pantalones. -Creo que todavía no lo he asimilado. Creo que, -carraspeó. -Creo que todo esto es una broma pesada. -Christophe tomó una gran bocanada de aire y lo soltó, cogiendo de nuevo el teléfono y marcando el número de Ike.

Kyle no se molestó en escuchar la conversación, aunque era consciente de lo que hablaban y sabía que Christophe estaba maldiciendo a toda la progenie de Ike por haberle ocultado la verdad, pero en aquellos momentos el pelirrojo se encontraba con otras cosas en las que pensar.

Si lo que había dicho el doctor era cierto, entonces tenía sentido que todas aquellas personas de su mente fueran reales. No eran sus amigos, no lo habían sido nunca, pero habían sido los amigos de alguien y los recuerdos de ese alguien ahora le pertenecían a él. El mismo dolor de cabeza del día anterior en la oficina volvió, apretándole las sienes con fuerza. Cerró los ojos y se dejó caer hacia atrás en el sofá. Si todos aquellos recuerdos eran reales entonces ese "donante" se había deshecho de los recuerdos para dárselos a un desconocido. ¿Por qué alguien querría deshacerse de recuerdos felices como los que inundaban la cabeza de Kyle en aquellos momentos?

Recordó lo que el doctor había dicho acerca de sus sueños, que los recuerdos podían estar ligados a otros que no debían haber pasado el filtro y se aparecían en forma de sueños. Recordó la desesperación, el dolor, la soledad que sentía cuando se hallaba sentado en el sofá de aquella fría casa. En las vueltas que le daba la cabeza cuando sabía que había bebido demasiado. En el escozor de los ojos cuando había estado llorando. ¿Entonces aquellos recuerdos felices tenían relación con su tristeza? ¿Pertenecían a la misma persona? El sueño que había tenido esa mañana había sido breve, como un suspiro, quizás era una de esas veces que despiertas y no recuerdas lo que has estado soñando, pero de algo sí que se acordaba, de la voz de Kenny en el contestador del teléfono.

Por la información que había podido sacar de internet de aquellos dos individuos, Kenny McCormick y Wendy Testaburger, debían tener los mismo años que él. Al menos Wendy se había licenciado el mismo año que él lo hizo, por lo que supuso que su "donante" debía rondar la misma edad.

¿Por qué alguien de apenas veintisiete años querría borrar sus recuerdos? Rodó los ojos ante aquello, pues él mismo lo había hecho hacía menos de un mes. Lo que quería decir era, ¿por qué alguien joven querría borrar recuerdos felices como los que él ahora tenía? Por algún motivo que Kyle no se paró a cuestionar, se encontraba más intrigado por los motivos que llevaran a su "donante" a deshacerse de sus memorias, que los suyos propios. Por alguna razón, Kyle se encontró a sí mismo pensando en lo triste y solitario que aquel chico se sentía cada día, en el dolor que ahogaba con botellas de alcohol barato para no pensar en los momentos que le hacían sufrir. ¿Seguiría sintiéndose de aquella forma? ¿Sería feliz ahora que todos aquellos recuerdos le había sido borrados? Una necesidad extraña le revolvió ligeramente el estómago, y Kyle quiso estar con él en ese momento, tenderle una mano y decirle que todo saldría bien.

-Puto canadiense hijo de puta. -Christophe se desplomó a su lado. -Si el marica de Dios trabajara por una puta vez en su vida lo mandaría al puto infierno. -Kyle miró a Christophe y sonrió. -¿Y a ti qué te hace tan feliz?

-Gracias. -el francés arqueó una ceja. -Por contarme la verdad. Gracias por decirme qué estaba pasando y no tomarme por loco, por venir aquí anoche a ver lo que había encontrado y por lo que has hecho hoy.

-No me des las gracias. En todo caso cabréate conmigo por no haberte atado a una puta silla y haberte amenazado con volarte la cabeza con un M85 si se te ocurría hacerte esa mierda en el cerebro.

-Pensé que estabas contento porque volvía a ser "yo" otra vez. -usó las comillas en el aire.

-¡Y lo estoy! Es sólo que, joder Kyle, te han metido en la cabeza cosas de otro tío. ¿Eso no te molesta? Y no estamos hablando de un tío feliz con su vida, sino de un alcohólico que te perturba en sueños.

-No le llames así. -dijo.

-¿Perdona? ¿Y cómo le llamamos entonces? ¿Steve?-le contestó un incrédulo Christophe. -No me digas que ahora tienes simpatía por quien sea ese donante de pensamientos, o como coño sea el término médico. -Kyle dudó antes de contestar, pues ni siquiera él mismo sabía la respuesta a aquella pregunta.

-No se trata de eso. Si esto que siento es real, si alguien lo ha sentido, lo siente, de verdad, entonces creo que merece un poco de respeto. Esta persona, como yo, sufría y no era "él mismo" porque los recuerdos que tengo son felices. -miraba sus manos mientras hablaba y su voz era cálida, comprensiva. -La gente de esos recuerdos me quiere y me sonríe, le querían y le sonreían a él. Eran momentos buenos, con amigos, con chicas, con personas importantes en su vida y entonces, entonces dejó de ser así. Esa felicidad y esa bondad que hay en mis recuerdos desapareció y estaba solo, sufriendo, y nadie le escuchaba o quizás no quería que nadie le escuchase lamentarse, pero dolía tanto que lo borró todo. Absolutamente todo. Lo malo y lo bueno, para que nada pudiera dañarle más y eso... creo que lo menos que puedo hacer es respetarlo. -Christophe suspiró y se dejó caer contra el respaldo del sofá.

-Creo que necesito un trago.


Escuchaba atentamente el sonido de la olla a presión y se dejó invadir por el olor a guiso que inundaba la cocina. Entre las manos tenía unos documentos que él mismo había firmado pero que no recordaba haber hecho, y jugaba con ellos sin prestarles atención. El color rojizo de las cortinas daba un aspecto entrañable a los muebles de madera, y las servilletas a juego no le pasaron desapercibido.

-Los he encontrado. -dijo Ike, entrando por la puerta de la cocina, con una carpeta en la mano. Tenía el pelo revuelto de haber estado moviéndoselo con las manos durante el par de horas que había estado sentado en la mesa delante de su hermano. Le tendió la carpeta a Kyle y este la abrió tranquilamente, sacando el taco de aproximadamente 15 hojas que había dentro. Una de las extrañas habilidades que había desarrollado a lo largo de los años como estudiante de derecho y abogado privado, había sido ser capaz de estimar la cantidad de folios que componían un documento legal sin tener que contarlos uno a uno.

Paseó los ojos por las letras delante suya, lo suficiente como para entender lo que leía. El documento mostraba cláusulas legales y acuerdos por parte de paciente y hospital a deshacerse de parte de sus recuerdos, los cuales estaban perfectamente listados por intervalos temporales, e implantar en su lugar recuerdos obtenidos de la mente de un donante anónimo. Entre el acuerdo por ambas partes se encontraba la imposibilidad de recuperar los recuerdos extirpados y el reclamo de información del donante utilizado. Kyle bufó.

-Esto es mucho papeleo, sí, pero no me dice nada. -dejó los papeles sobre la mesa, encima de los que había estado mirando minutos antes.

-Pero tu firma está ahí, ¿lo ves? No fui yo el que lo decidió. Sabías lo que hacías y sabías dónde te metías. Yo no te llevé engañado. -Ike volvió a echarse el pelo hacia atrás, luego hacia delante, se desplomó en una de las sillas y se volvió a levantar.

-Ike. Ya basta. Lo sé. Nadie está echándote la culpa de esto.

-Christophe no opina lo mismo. Podrías llamarle y decirle todo esto que me dices a mí y pedirle que por favor deje de amenazarme con la muerte. -volvió a sentarse en la silla y se sujetó la cabeza con ambas manos.

-Sabes que sólo lo dice porque está enfadado, Christophe no quería nada de esto desde el primer momento y lo toma contigo porque si lo toma conmigo se siente mal, porque yo no me acuerdo de nada. -a Ike le sorprendía la calma con la que su hermano estaba llevando las cosas, pues bien sabido era que Kyle Broflovski no era precisamente la persona más serena del mundo, y que si no tenía control de la situación no tardaba en volverse histérico y poner el grito en el cielo.

-No lo sé, Kyle... temo por mi vida si es Ze Mole el que la amenaza.

-Centrémonos en lo importante. -cogió los papeles y los sacudió contra la mesa para colocarlos derechos. -Tenemos documentos, términos y condiciones, pero ninguna información útil acerca de quién es el dueño de todo esto. -se dio unos toques con el dedo índice en la cabeza.

-Por cuestiones de protección de datos y seguridad, no está permitido revelar ningún detalle personal del donante. Lo pone ahí.

-Eso me da igual, algo tiene que haber. No puede ser que escojan a alguien aleatorio y te lo implanten. Podrían coger los recuerdos de una señora de setenta años que decidió olvidar un dolor de almorranas. Debe estar planificado, haber una selección, tests de compatibilidad. ¡Algo! -miró los documentos una vez más, aun sabiendo que no encontraría nada nuevo en ellos.

-No vas a tener forma de encontrarlo. Y aun así, ¿para qué querrías hacer eso? Esperaría que estuvieras obligándome a contarte qué te había pasado y por qué habías querido someterte a esto pero, ¿por Steve? ¿Por qué te importa tanto?

-No se trata de que me importe, sino de que... Claro que tengo preguntas que quiero hacer, y claro que quiero conocer la verdad pero, -apartó la mirada lo más lejos que pudo de su hermano. -tengo miedo. No sé si estoy preparado para saber qué fue lo que me ocurrió. Lo único que sé con seguridad es que, sea quien sea el chico que está en mi cabeza, no hizo nada malo para merecerse el dolor que sufre y, aunque puede que ahora tenga una nueva vida y sea feliz, no puedo quedarme de brazos cruzados sabiendo que podría estar en alguna parte, planteándose si la mejor opción sería dejar de existir. No puedo permitirlo.

-Entiendo. Osea que básicamente es una forma de evitar obsesionarte con lo que de verdad te importa, tu propio pasado.

-¡No es eso! -si había algo que Kyle no soportaba de su hermano pequeño era el poco tacto que tenía para decir las cosas. Decían que era porque al ser un genio no conocía la diferencia entre reciprocidad emocional y ser un capullo de mierda. -Bueno. Puede que un poco sí. Puede que sea uno de los motivos pero... Steve es parte de mí ahora. -la olla a presión empezó a chillar, indicando que el guiso estaba preparado, y en pocos segundos Bebé entraba por la puerta.

-¿Todo bien por aquí, chicos? -dijo, rodeando la mesa y apagando el fuego. Se colocó unas manoplas y movió la olla de sitio, abriendo la tapa y haciendo que el delicioso olor de la cocina se intensificase.

-Sí, sólo charlábamos. -dijo Ike.

-Oye Bebe, -Kyle se giró levemente en la silla para mirar a su cuñada, quien ahora soplaba una cuchara llena de caldo, para después llevársela a la boca. -¿Tú también piensas que estoy loco porque me interese conocer más del tío que ha vivido las cosas que ahora están mi cabeza? -la rubia pestañeó un par de veces, sin moverse del sitio y con la mirada clavada en los ojos de Kyle, luego siguió preparando la cena mientras hablaba.

-Yo en tu lugar probablemente estaría haciendo lo mismo. -Kyle le dedicó una sonrisa socarrona a Ike, quien bufó. -Estoy de acuerdo en que toda esa serenidad viniendo de ti es un poco extraña. Incluso te digo que me asusta, como a todos, porque es como si en cualquier momento fueras a explotar y estamos esperando a que ocurra. Pero aun más raro sería que veas y sientas cosas de otra persona y no te despierte la más mínima curiosidad. Vamos, es de Kyle Broflovski de quien estamos hablando, por curioso y cabezota te has metido en muchos más líos que cualquiera que haya conocido.

-Sin contar a Christophe. -dijo Ike.

-Sin contar a Christophe. -repitió Bebe. -Porque por lo que tengo entendido, tú no ves todo eso desde un tercer punto de vista, ¿verdad? Como si estuvieras viendo una película.

-No. Es como si me estuviera pasando a mí. A veces es tan real que no siento que esté soñando, a veces creo que realmente está pasando y estoy lo suficientemente consciente para saber que no es normal, que no soy yo y que no conozco lo que ocurre, pero sé exactamente lo que hacer, como si fuera una cinta que está grabada y yo simplemente me dejo llevar.

-Te has vuelto asquerosamente profundo últimamente. -tanto Bebe como Kyle fulminaron a Ike con la mirada ante el comentario, y el canadiense se calló.

-Está bien, Kyle. Sólo no hagas ninguna locura. Si haber firmado esos documentos te prohíbe indagar en detalles deberías simplemente dejarlo. Tú siendo abogado deberías entender cómo funciona esto. -colocó un plato delante de cada chico, y otro frente a la silla vacía que había al otro lado de Ike.

-Ya lo sé, sé que esto es ilegal y que infringirlo me podría meter en un lío pero...

-Nada de peros. -con las manoplas puestas sirvió los tres platos, colocó un bol de ensalada y una cesta de pan en el centro de la mesa y tomó asiento. -Ahora vamos a cenar, y hablemos de cosas más agradables. Al fin y al cabo había algo importante de lo que queríamos hablarte. -mientras Ike devoraba el plato de guiso cuchara tras cuchara, Kyle dejó reposar la suya en el borde mirando a Bebe. -¿Ike? -el chico se pasó la servilleta por la boca antes de contestar.

-Nos confirmaron la noticia hace cosa de una semana, pero con lo delicada que estaba la situación preferimos esperar un poco para contártelo. -Ike miró a su esposa y le tendió una mano sobre la mesa, que ella agarró. Kyle no quería precisamente una esposa, ni tampoco un matrimonio, pero en momentos como aquel envidiaba de forma sana la vida de su hermano. Una persona en la que confiar absolutamente todo, alguien que te acompañe en tus peores y en tus mejores momentos, con quien construir una vida, tener una casa, unas cortinas a juego con las servilletas. -Estamos embarazados. -Kyle dejó caer la cuchara sobre el plato, que hizo saltar unas inofensivas gotas sobre el mantel.

-¡Tíos! -se levantó arrastrando la silla hacia atrás y corrió a envolver a los dos en sus brazos en una postura extraña. -¡Eso es increíble! ¡Es un notición! ¡Felicidades! -besó a Bebe en los rizos rubios y le dio unas palmadas a Ike en la espalda. -¿Por qué no me lo habíais contado? ¡Voy a ser tío! Oh dios mío... -paró en seco y miró a ambos sucesivamente. -¿Lo sabe mamá?

-¡Oh dios mío, no! ¿Te imaginas? Si lo supiera mamá se habría enterado ya toda la ciudad. -dijo Ike echándose a reír y llevándose otra cucharada de guiso a la boca.

-Queríamos contártelo a ti primero y bueno, mis padres sí lo saben, pero ya sabes que tu madre es un poco...

-Especial.

-Sí, eso. Además, tenemos algo que proponerte.

-¡Ah, no! Ni hablar. Yo os quiero mucho tíos, pero ni de coña voy a ser yo el que se lo cuente a mamá.

-No es eso imbécil. -Ike le dio una colleja y Kyle volvió a tomar su asiento. -Lo hemos estado pensando, y queremos que seas el padrino de nuestro bebé.

-¿Qué? ¿Enserio? -un cosquilleo de emoción le subió a Kyle por el estómago, y sintió como las mejillas le ardían al sonrojarse. -Eso... eso es precioso, chicos, ¿de verdad confiáis la vida de vuestro bebé en mí?

-Ahórrate los melodramas. No tenemos planeado morir en un futuro próximo, hermano, pero sí confiamos en ti y al fin y al cabo, eres el único hermano que tengo, ¿no?

-Oh. Osea que ha sido por descarte. -dijo el otro bromeando.

-¿Qué nos dices, Kyle? ¿Querrías? -preguntó Bebe, con un brillo de ilusión en los ojos. Por la expresión de su rostro, Kyle imaginó que la chica había estado deseando hablar de aquello durante todo el día, y había tenido que contenerse hasta entonces.

-Sí. Sí, sí, claro que sí. ¿Qué clase de pregunta es esa? -volvió a incorporarse y a abrazar a la que había sido su amiga desde el primer año de facultad. Quién le habría dicho a Kyle el día que conoció a la despampanante y popular Bebe Stevens que ésta sería algún día la mujer de su hermano y madre de su sobrino. Sonrió sinceramente y pasaron el resto de la cena conversando alegremente sobre la nueva noticia y los planes de la feliz pareja.