4. Paciencia

Pomona Sprout

A veces, arde en deseos de agarrarlo por el gaznate y estrangularlo tortuosamente hasta verle espirar su último aliento. El muchacho no puede ser más redicho ni más pesado ni más liante, pero Pomona se arma de paciencia y escucha todas las tribulaciones de Ernie McMillan, al que, al fin y al cabo, aprecia mucho. Es verdad que habla por los codos y tiene la cara llena de granos, el pobrecillo, pero tiene un corazón que no le cabe en el pecho y ella lo sabe de sobra. Además, parece realmente arrepentido. ¿Que le ha quemado el invernadero 1? Bueno, sí, pero ha sido sin querer. La profesora Sprout cuenta hasta diez, suspira, y lo tranquiliza porque, al fin y al cabo, él está sano y salvo. Le revuelve el cabello con la mano y le avisa, eso sí, de que está castigado todo el fin de semana. Alguien tiene que ayudarle a replantar todo…


N.d.a No hay paciencia como la del maestro ;)