Arthur había llegado a Francia esa misma mañana y había ido a la casa del francés pero no lo había encontrado ahí por lo que empezó a temer lo peor. Dio vueltas por Paris durante horas, buscándolo sin descanso pero todo fue inútil.

-Bloody frog… ¿dónde te metiste?-se preguntó ansioso y estaba a punto de ir a buscarlo a su casa nuevamente cuando su celular sonó. Era la reina. Soltó una maldición por lo bajo antes de contestar- Yes… sorry… ¿dónde estoy? Ehm… en Francia… yes sorry… debí avisar… sé que es el cumpleaños del príncipe…okay…

Había olvidado por completo el cumpleaños del príncipe Jorge por andarse preocupando por el condenado francés. Con un suspiro, se dirigió a la estación de trenes más cercana, reanudaría su búsqueda mañana. Pagó su boleto y subió al tren. Mientras se alejaba de París no pudo evitar sentirse triste.

-Espero que estés feliz, Fran…-murmuró con un nudo en la garganta-yo te extra… te extraño…-suspiró mientras una lágrima caía por su mejilla.


Su mente era una enorme pared blanca con pequeñas cosas escritas de manera aleatoria que representaban sus conocimientos recién adquiridos como su nombre, su edad, el lugar donde vive, su empleo, etc. El nombre de la chica también estaba en su memoria reciente. Toda esa falta de recuerdos dolorosos lo tenía tranquilo y fresco como la mañana.

Había buscado por toda su casa el número de Antonio, Gilbert y Matthew para agradecer por los regalos que le habían enviado el 14 de febrero y también para saber quiénes eran, de donde se conocían, etc. Una vez que encontró su agenda telefónica, buscó los nombres de los chicos.

-Antonio Fernández Carriedo-leyó y vio la lada para llamar a España- C'est magnifique, tengo un amigo en España…-estaba contento por lo que no dudó en marcar el teléfono celular y esperar.

Antonio se hallaba platicando con Phillipe en la casa de Bélgica. La joven los había invitado a comer para que se conocieran mejor. Mientras el francés les comentaba alguna anécdota divertida, el celular del español comenzó a vibrar.

-Oh esperen jeje-tomó su celular y lo miró antes de ahogar un grito- ¡E-Em! ¡Es Francis! –La belga casi se lanzó encima del castaño para ver- ¿Le contesto?

-¡Claro que sí!-exclamó ella queriendo ahorcar al mayor. Phillipe los observaba confundido pues no entendía nada.

-¿Bueno?-contestó el español algo inseguro

-¿Antonio? Soy Francis-dijo la voz en la otra línea y Emma casi grita de la emoción.

-¡Francis! ¡¿Qué te pasó?!-la lluvia de preguntas surgió de la boca del ibérico con desesperación- ¡Arthur te fue a buscar a tu casa! ¡¿Dónde estabas?!

-Oh mon ami, calma…-dijo el rubio con una sonrisa nerviosa pues eran demasiadas preguntas que creaban aun más preguntas en su mente- ¿Quién es Arthur? ¿Es otro de mis amigos?

-¡Respóndeme!-gruñó Antonio cayendo en pánico pues nadie sabía lo que pasaba

-Ok, mon Antoine… uhm… pues al parecer perdí la memoria-el rubio trató de forzar su memoria utilizando la voz del castaño como guía. Podía recordar vagamente una pelea, la obsesión mal sana del español por los tomates y un sujeto de cabello blanco que gritaba mucho-no recuerdo mucho, solo caras borrosas y algunos sucesos…

-¡Fran! ¡Te extraño!-exclamó la belga quitándole el teléfono al español quien se lo entregó asustado como si tuviera miedo de que le arrancara la mano si no se lo daba lo suficientemente rápido.

-Yo también te extraño querida-respondió el francés aunque no sabía quién rayos era. De pronto tocaron la puerta y Lisa se asomó por la ventana sonriéndole al mayor mientras agitaba la mano. Irían al cine esa tarde a ver una película romántica-Yo debo irme Au revoir~

-Non!-gritó Emma con fuerza- No te mue-…. –pero ella no había terminado de hablar cuando el ojiazul ya había colgado- ¡Francis! ¡Francis! Se fue… Tonio, hay que ir a buscarlo…

-Em…-el castaño asintió pero desvió la mirada hacia Phillipe que estaba cocinando algo pues se había cansado de esperar a que le explicaran lo que pasaba- Tienes invitado…

-Cierto…-murmuró la rubia antes de decirle que él se quedaría con el francés mientras el español iba a buscar a Francis.

-De acuerdo… ehm Phillipe, debo irme amigo-se despidió el español apresuradamente agitando la mano- Nos vemos luego, me dejan un poco de pastel-depositó un rápido beso en la mejilla de la rubia en señal de despedida

-Adieu, mon ami…-se despidió el francés lanzándole un beso al castaño quien salió corriendo de la casa para tomar el primer tren de Bélgica a Francia-¿Por qué no me ayudas a cocinar esto, chérie?


En cuanto Francis colgó, se paró de un salto y corrió a abrirle la puerta a Lisa quien entró y le dijo que había comprado las entradas para ir al cine por lo que ambos salieron de la casa riendo y platicando dispuestos a disfrutar la película, es por ello que el teléfono de la casa sonó y sonó y nadie contestó…


Antonio miraba por la ventana mientras el tren pasaba la frontera entre Bélgica y Francia. Miró su reloj, faltaba casi una hora para poder llegar a París y estaba muy preocupado, esperaba que una vez que encontrara al rubio, todo pudiera esclarecerse pues no había querido admitirlo pero estaba preocupado.

Arthur salió corriendo de su casa sumamente apurado. Tomaría el tren de alta velocidad para llegar a París en una hora. Bajó corriendo las escaleras hacia la estación de trenes. Estaba determinado a encontrar al mayor así tuviera que dormir en la puerta de su casa.

El español fue de los primeros en bajar del tren para correr y subir al primer taxi que encontró. El automóvil se movía muy lentamente por las calles parisinas, demasiado lento para el castaño quien veía por la ventana golpeteando sus rodillas con los dedos algo ansioso. Finalmente el auto se detuvo frente a la casa de Francis y para sorpresa del español, Arthur se encontraba ahí.

-¿Arthur?-preguntó Antonio bajando del taxi tras pagar- ¿Qué haces aquí? ¿Has visto a Francis?

-¿Antonio?-preguntó el inglés al mismo tiempo- ¿Qué haces aquí? Agh, olvídalo bloody git… Acabo de llegar y estaba buscando al wine bastard pero al parecer no está porque ya toqué mil veces y no abre…

-Yo también venía a verlo-respondió el castaño asomándose por la ventana encontrando la casa en penumbra-¿y ahora qué hacemos? ¿Lo esperamos?

-Claro que si, fui a buscarlo por medio Paris y no lo encontré-Arthur bajó la mirada enojado y se sentó en el escalón de la entrada- No me moveré de aquí…-el ibérico lo miró y con un suspiro se sentó a su lado

-¿Y tú realmente no sabes lo que le pasó?-preguntó Antonio con un suspiro y el británico se miró las manos pensando si decirle o no al hispanohablante pues realmente sabía que si hablaba, le iba a ir mal, pero se sentía culpable, mucho…

-Yo…-seguía mirando sus manos. Suspiró antes de pensarlo un par de minutos- yo… yo… si… si sé lo que pasó y… es culpa mía…

El español no lo podía creer. Miraba al rubio completamente horrorizado

-Arthur… ¿qué hiciste?...


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