Mientras tanto, el amigo hindú de los hermanos preguntaba si desde hace tiempo estuvieron pensando en una idea temprana para los planos, a lo que el pelirrojo le dio por sacar de su mochila y un lápiz y papel. Momentos después, Buford se trasladó hacia ellos con una mirada amenazante, aunque Phineas, Ferb y sus amigos no sentían preocupación alguna.
—Oh, hola, Buf…—El alegre saludo del pelirrojo fue interrumpido al bravucón alzarlo a él y su camisa hacia arriba— ¡Espera! —Exclamó, con una mirada que denotaba preocupación— ¡Buford! ¡¿Qué haces?!
— ¡Oye, suéltalo! —Dijo Isabella, con algo de enojo y levantándose para intentar detener al bravucón que pretendía antes ser amigo del grupo.
— Tú no te metas, Isabella.—Respondió el agresor con algo de frialdad, como si no le molestase agredir a cualquiera de sus amigos o inclusive a cualquiera a su alrededor.
Al notar la acción, Ferb, quien no hablaba mucho y se consideraba reservado, frunció el ceño con su mirada clavada en el bravucón, el cual le ignoró.
—Deja tus actos de circo, Buford—le dijo—. No estamos para jugar como en años anteriores.
—¿Y quién dijo que estamos jugando?—Buford miraba de forma amenazante a Phineas.
El pelirrojo ya sabía lo que estaba sucediendo, sin embargo, se estaba cansando, y esta vez temía que un golpe le fuese propiciado en la cara, a pesar de que nunca se le había hecho tal cosa.
En eso, un par de chicos de actitud y apariencia ruda, que les distinguía de ser otros bravucones, finalmente se alejaron de la escena, pues ponían el control en las manos de Buford. El bravucón que parecía obligado a cometer abuso físico cesó su acción y levemente bajó al pelirrojo.
—Lo siento, chicos. —se disculpó, frunciendo levemente el entrecejo.
Ante eso, el pelirrojo cayó de pies luego de inclinar sus rodillas para evitar algún impacto. Enseguida arregló su camiseta para mirar con una ceja entre-subida a su amigo.
—Oye—contestó, definitivamente se le estaba haciendo incómodo seguir con un acto que promovía escenas a las cuales estaba en contra—, esto ya no es divertido. Esto promueve en gran porcentaje el abuso escolar; y a estas alturas, donde el porciento de niños abusados de esta forma se hace más grande no deberías hacer estos juegos—como siempre, a pesar de la seriedad de algún caso, el chico con la cabeza triangular y cabello despeinado mantenía la calma y le hablaba con tranquilidad a pesar de haber sido casi agredido— ¿Cuándo piensas decirles a tus amigos que tu reputación no importa?
Ante esto, el bravucón de cabellos marrones y raspado se quedó en silencio brevemente, hasta que volvió y respondió:
—Es que debo mantener mi reputación como bravucón aquí. Ya saben cómo son las cosas—a la última palabra, levantó las palmas de sus manos al encoger sus hombros.
—Quiero que tengas en cuenta que tu reputación no importa si nos tienes a nosotros—como siempre, no le faltaban al pelirrojo algunas palabras positivas y de aliento que intentaran animar a su amigo, a lo que este ignorantemente, entrecerró sus ojos.
—Creo que no lo entenderían. —El bravucón sólo se limitó a decir aquello, por lo que Phineas y sus amigos le miraron con confusión.
Mientras aquello, sin lograr haber visto o notado nada, la niña se levantó luego de estarse un buen rato sobándose la cabeza por el dolor durante emitía unos gruñidos.
Finalmente, se había levantado de la mesa y miró a su alrededor. Al parecer un grupo de niños ya habían ocupado la mesa en donde estaba, ya que pensaron que no había nadie. Ante todo, respondió con una mirada confusa, a la vez que de reojo miraba a los niños que estaban con ella. ¿Pero de dónde habían salido? No había un momento en donde al parecer ella no fuese ignorada, ni siquiera estando debajo de una mesa.
—Oh—comentó un niño que sorpresivamente le vio levantarse debajo de la mesa de la cafetería. Para aquel entonces tenía entre sus manos un Sándwich a medio comer—, no sabíamos que estabas ahí.
¿Por qué a la niña con pecas no le sorprendía comentarios como ese? Posiblemente habría de estar acostumbrada. Entrecerró sus ojos mirando con expresión de indiferencia a aquel que mencionó no haberla notado.
—Oye, mira—sus ojos se mantenían entrecerrados, no les daba mucha importancia—, está bien. Ni siquiera hacía algo importante.
Finalmente, se marchó a otro sitio, caminando por los pasillos de la escuela. Algunos lograban divisarle de reojo, pero el resto o su mayoría no le prestaba importancia, y a ella tampoco le interesaba tener la atención de desconocidos; desconocidos que supone que debieron reconocerla desde los años en que estuvo ahí. Cada día era como si volviera a entrar en su primer día de clases, y sabría que el día de mañana sería exactamente igual hasta el próximo año donde lo más probable, es que la rutina siga su rumbo como de costumbre.
Como beneficio se había dado cuenta de que su madre había puesto su almuerzo en un recipiente limpio y plástico en su mochila, por lo que se dirigió a su respectiva aula y a comer de él.
Durante esto pensaba en su primera misión: alejarse de los llamados Phineas y Ferb, ya que parecían estar relacionados con el Agente P. No tenía en mente ninguna consecuencia a causa de relacionarse con ellos de forma amistosa, aunque no tenía totales ganas de hacerlo.
Las clases había vuelvo a retomar su posición y los alumnos empezaban a entrar. Aquella niña sólo veía con su cabeza nuevamente reposando en su mano derecha, la cual enmarcaba su mejilla. Separó un poco el lado izquierdo de su cabello para lograr divisar a los hermanos que se habían robado el papel en el show. Enseguida, dejó caer ese lado del cabello que, junto con el otro, tapaban un gran porcentaje de su rostro, dejando apenas ver menos de la mitad de sus ojos, su nariz y sus labios, más un pequeño hilillo que de costumbre se posaba justo en el centro de su cara; y miró hacia el frente para prestar atención al próximo maestro que daría las clases.
Aquel maestro traía consigo unos anteojos de bordados azul oscuro. No tenía mucho cabello en el centro de su cabeza, pero sí se notaba en ambas esquinas. Traía consigo un suéter sin mangas y una camisa de mangas largas que respaldaba el suéter. Unos pantalones cafés, en donde más oscuros eran sus zapatos.
Este mismo había comentado sin ánimos que no hacía falta preguntar por lo que se hizo en el verano. Para aquel entonces, un alumno de su clase simplemente preguntó cómo le había ido al profesor en aquellos 141 días de verano. Y ahí empezó todo. El profesor puso un dedo en su barbilla por unos momentos y empezó a contar desde algunas historias interesantes hasta hechos que habían sido parte de su vida. Luego de varios minutos de charla, tanto la niña, como Isabella y Ferb habían abajado la cabeza como importante señal de que no tenían interés de saber la vida privada de otro maestro. Phineas, a pesar de no estar en la misma posición, entrecerraba sus ojos y se apoyaba sobre sus manos, las cuales eran sostenidas por sus codos sobre la mesa. Mas el resto perdía lentamente el interés, y con notoriedad se podía ver a aquellos que se dormían, incluso atrevidamente.
—Oh, sí—Dijo Phineas para sí mismo mientras escuchaba los incesantes relatos del profesor—. Nada mejor que un día de clases sin clases. ¿Verdad, Ferb? … ¿Ferb? —Enseguida notó cómo su hermano fingía estar haciendo alguna ocupación. Leyendo un libro era la más acertada. Al su hermano tratar de levantar el libro de la cara del peliverde, se dio cuenta de que estaba dormido profundamente, incluso más de lo que normalmente dormía en casa—Vaya. La próxima vez grabaré esto. —Comentó, refiriéndose a lo mucho que le funcionaba a su hermanastro escuchar relatos sin importancia para dormir.
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~~~ ¡Doofenshmirtz's Evil Incorporated! ~~~
Sonó el aparentemente alegre y típico jingle que representaba la estancia del científico en aquel edificio. Inesperadamente, el enfoque cambió hacia una preparatoria bastante cerca de la primaria en donde se encontraban los hermanastros.
El Doctor Heinz Doofenshmirtz, quien desde hace tiempo había iniciado su nuevo objetivo como profesor de Física y Biología, Química, o cualquier otra materia relacionada a la ciencia.
Luego de un tiempo, no sería ya su primera vez devuelta en aquella preparatoria. Sin embargo, sí sería su primer año dando lecciones luego de las vacaciones anteriores de verano.
Se notaba que no tenía deseo alguno siquiera de dar a conocer el nuevo experimento, aparte de que había notado que a casi todos en el salón de clases se le había olvidado por completo, por lo que se abstuvo de dar los buenos días luego de observar con decepción a sus estudiantes mientras ponía las manos en sus caderas.
— ¿Saben? Me sorprende el poco interés de ustedes los jóvenes de aprender algo—comentó con molestia—. ¡Ni siquiera trajeron su bata! Debería ponerles tarea en casa—al pensar eso, se había dado cuenta de que no era una buena idea, pero no se dio por retractarse incómodamente—, pero… uh… No es un buen lugar para hacer experimentos químicos. Mejor me sentaré por aquí —Seguidamente el científico que finalmente había decidido ser maestro luego de renunciar a la maldad, y de ser asignado por Monograma, se sentó en su sillón y colocó groseramente los pies sobre el escritorio—. Muy bien, si no van a hacer nada, no hagan ruido. No quiero llamar la atención de otros maestros y del director ¿de acuerdo?
