Hola!
Gracias por los Reviews a:
Vava de las cabernas: gracias por comentar en todos los caps.
SabrinaCullenBlack: gracias, si esperemos que lo pueda arreglar.
Rianne Black: Graciaass!
Kaede-Sakuragi : Gracias! Si bueno es un normalito. Pero eso no indica que no coloque en todo el fic, lo más seguro cloque solo x diversión xD
Dollyasalie: muchas gracias, eso anima!
Alexander Malfoy Black : gracia! Si puede que sea muy bruco, pero gracias XD.
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Sintió calor en su espalda o como si hubiera apuñalado con una daga en la espalda, y sintió unas ganas inmensas de vomitar.
Abrió los ojos a regañadientes, para darse cuenta de que todo a su alrededor estaba oscuro.
Estaba cansado de que todas las veces que había abierto los ojos se encontrara en una plena oscuridad. Un escalofrió le recorrió el cuerpo haciendo que se le pusieran los pelos de punta, ¿Cómo haberlo olvidado?
Tanteo con las manos en la oscuridad, hasta encontrarse con sus gafas, las cogió y se las coloco. Decidido a levantarse y obtener más información coloco un pie sobre el suelo frío y duro, pero al hacerlo sintió como aquella "daga invisible" se le incrustaba en su espalda y bajaba con rapidez toda su columna vertebral hasta el coxis; apretó los dientes para soltar un alarido, pero no pudo reprimir que se le saliera un gemido. Dejo el pie en el mismo lugar, para no volver a sentir eso, se toco con la palma de la mano la espalda donde, para su sorpresa, no había ningún daño; debió haber sido aquel hechizo que le habían lanzado.
Busco su varita mágica entre sus ropas y sabanas cálidas sin tener ningún resultado; esto no podía pasar, de paso que lo habían herido y ahora lo habían dejado sin varita para defenderse; exasperado estiro la mano izquierda para tantear sobre la mesita donde había encantado sus gafas, volviendo a lo mismo… su mano choco contra algo cuadrado, grande y plano sobre la pared, inmediatamente supo que era un interruptor, alegre porque podría ver lo pulso y en un instante una luz blanca (casi amarilla) prendió haciéndole daño en los ojos, con un rápido movimiento se tapo a medias los ojos; cuando ya se hubo acostumbrado a la luz aparto la mano y ante él apareció una habitación llena de cosas, una escoba bien pulida cerca de un armario empotrado en la pared y tapizado de jugadores de quidditch, un estante lleno de libros, supuso, del colegio y quizá entre ellos quidditch entre los tiempos, un escritorio delante de una ventana que estaba tapada por una gruesa cortina de color escarlata, y una silla.
Preparado para sentir aquel dolor insufrible, apretó lo mandíbula hasta llegar a dolerle y apretó los puños hasta dejaros blanco.
Como la otra vez la daga invisible se deslizo con rapidez por su columna vertebral hasta el coxis. Al haber dejado los pies en el suelo se levanto con rapidez, era como sentir un crucio pero menos doloroso (solo un poco, ya que no deseaba morir). ¿Qué maldito hechizo le habían lanzado?
Camino con lentitud, pero eso no le hacía dolor en la espalda sino como si las cosas se movieran a su alrededor, se agarro del escritorio y tomo bocanadas de aire para despejarse la mente. Segura ya, camino (con paso normal) hasta una puerta que daba a un estrecho pasillo; al frente había una puerta de madera oscuro que no tenia manilla. Empujo la puerta con la mano, y con silencio, la puerta se abrió. Entro con paso, ahora, firme. Dentro había un frio inmenso, no había ni una sola ventana, las paredes eran de piedras de un color grisáceo, casi enfermo, unas estanterías llenas de frascos que contenían ojos, piel de culebra, arañas disecadas y otras cosas asquerosas; otra estantería repleta de hierbas y pociones, también había una gran mesa pegada a la pared y sobre ella habían calderos- unos con líquidos espesos y malolientes, y otros limpios -, unos libros abiertos y desgastados, y una vela casi consumida. Con solo echarle un vistazo le dio un escalofríos, le recordaba demasiado a las mazmorras de Hogwarts y por un momento pensó que por la puerta, que tenía detrás, entraría Snape. Salió de aquella habitación casi corriendo. No hizo falta cerrarla, porque nada más salir se cerró.
A lo lejano se escucho a gente hablar, no supo lo que decían porque solo escuchaba susurros por culpa de la lejanía o eso pensaba Harry y quizá en realidad estaban susurrando.
Camino por el estrecho pasillo, que ha decir verdad era corto, no había más ninguna habitación. Llego hasta unas escaleras pequeñas donde, de seguro, no cabían ni tres personas juntas. Al bajar, se encontró con otro pasillo, solo que este era angosto y luminoso; se dirigió a la primera puerta que vio, cuando tomo la manilla…
- ¿Qué crees que haces? – le retuvo una voz muy conocida para él.
El corazón se le paralizo, esto lo había tomado por sorpresa.
Había retenido la respiración, ¿Cómo poder olvidar esa voz? Aquella voz ronca que siempre había anhelado volver a escuchar desde que había muerto. Era la de su queridísimo padrino, Sirius. Pero había un tono rudo y lejano de cariño, eso era lo extraño, pero aún así era reconocible.
No se había movido desde que Sirius había hablado. Sentía pánico de girarse y ver a Sirius sin derrumbarse a llorar a lágrima viva o correr y echarse a llorar sobre el hombro de su padrino. Una extraña calidez le recorrió desde los pies hasta la nuca. Erala fuerza que le había dado "la voz ronca" de aquel lugar oscuro.
Estoy hablando contigo, Harry. No me creas tan estúpido como para creerte que quedándote paralizado no te voy a ver – dijo Sirius con esa extraña sequedad y molestia en su voz.
Giro y se enfrento a Sirius. Se veía un hombre mucha más joven que el suyo, pero claro era que este nunca antes había sido condenado a Azcaban y no tenía los ojos ni el aspecto de haberlo estado. Era un tipo joven y guapo, con su cabello negro azulado que le caía de medio lado sobre su rostro, y sus ojos grises que ese momento le miraba con molestia y reproche.
Trato de quitar su cara de asombro, para no causar duda. Trago con dureza saliva, y con fuerza dijo:
- Yo estaba… - Harry cayó en cuenta que no sabía que decirle a su padrino. Era como si se le hubiese pegado la lengua en el paladar y se negase a articular palabra alguna, o como si la mente hubiese quedado en blanco (eso lo hubiese necesitado cuando veía aclumancia) – Pues s-solo… - estaba quedando como un verdadero idiota, no había duda de ello.
De repente otra voz intervino, sin saber que él y Sirius estaban hablando o más bien Harry trataba de responderle a Sirius.
- Sirius ¿Qué te parece, si llevamos a Neville a que conozca la oficina de Aurores? – Harry dio un paso atrás inconscientemente. Quien había llegado y se encontraba detrás de Sirius, era su padre; con su cabello azabache (como el suyo) y despeinado como si acabara de bajar de una escaba, unos anteojos y detrás de estos se hallaban unos ojos de color chocolate. Su padre siguió la mirada de Sirius (la cual era: extrañada) y se encontró con la de Harry quien los miraba, pese a sus esfuerzo, con los ojos como platos. – ¡Vaya, Harry! Despertaste – dijo con un tono de alegría- ¿Cómo te encuentras?
Era un comportamiento de parte de su padre que no se esperaba, no con el encuentro anterior.
- Pues a mí, me parece que se encuentra perfectamente –dijo Sirius con su mismo tono de voz de hacer una bromilla ¿Verdad?
- No creo que pudiera sin su varita – dijo James con una sonrisilla que no lograba contagiar a Sirius.
- ¿Dónde está mi varita? – pregunto con brusquedad. No le gustaba, en absoluto, que le quitaran su varita. Inmediatamente la sonrisa de James se borro de su rostro.
La tengo yo, y no te la voy a devolver – Harry iba a intervenir pero inmediatamente James agrego – por lo que has hecho. Vamos que es un castigo.
- ¿Qué? – dijo Harry molesto -. Después de haberme "casi" matado, con ese maldito hechizo. ¿Qué diablos era eso?
- Era lo único que te podía detener y no te interesa cual fue el hechizo, creo que puedes vivir sin saberlo. Además no me importa sí quiere o no que te castigue. En realidad te deberías de merecer más, por lo que le has dicho a Lily – dijo James furioso.
- Era cierto lo que dije – dijo Harry sobre su aliento.
Debía morderse la lengua sino quería causar más problemas de los que ya, de por sí, habían.
- Sera mejor que vayas a desayunar – dijo James, todavía con el entrecejo fruncido-. Neville ya ha llegado y se encuentra en la cocina.
- No hagas ninguna broma pesada, se encuentra pasando malos momentos y lo que necesita es apoyo – dijo Sirius mientras se daba la vuelta para volver abajo- por lo que, no hables – dijo despaldas y ladeando la cabeza, para mirarlo de refilón.
No le gustaba nada el tono de voz que le dirigía Sirius a él.
Su padre le espero y le coloco una mano en su hombro. Y sin palabra alguna, bajaron las escaleras.
Se encontraron con una gran sala con muebles, una pequeña mesa en el medio, un televisor (debía de ser idea de su madre), una chimenea, varios portarretratos con fotos de sus padres, de él y su padre que se movían y saludaban a la cámara, pero lo más extraño era que no había ninguna de él con su madre, ni con Sirius pero quizá era que este le odiaba, como para tomarse un foto con él. La tristeza le embargo. Iba a ser más duro de lo que había pensado. Entraron en la cocina, que era un espacio amplio, tenía una mesa de comedor donde se encontraba su madre – con sus ojos iguales a los de él y la nariz un poco más pequeña, igual a la de él – a su lado estaba Neville, quien estaba muy cambiado al suyo, con una cicatriz en forma de rayo en la frente, los ojos marrones estaban oscurecidos con tristeza, añoranza, madures y los de quien ha sufrido mucho, también tenía una porte altiva y segura, sin miedo; pero en esos momentos estaba tratando de formar una sonrisa para calmar a su madre. Esa imagen le recordaba mucho a él, pero en vez de ser Lily era la Señora Weasley. Pero de algo estaba seguro, y era que no se iba a acostumbrar rápido a ese otro Neville.
Al entrar, Neville subió la cabeza y al ver a Harry forzó otra sonrisa, que pareció más bien una mueca de asco y fastidio (la misma que hubiera tenido él, Harry, si hubiera visto a Malfoy).
- Hola Harry- dijo Neville y bajo otra vez la cabeza al plato de desayuno – veo que te encuentras mejor.
- ¡Mjm! – Harry se centro en un asiento alejado e inmediatamente le colocaron el desayuno desde abajo; miro abajo y se dio cuenta que tenía una elfa domestica, quien se veía temerosa. Harry le sonrió ampliamente, para reconfortarla – Gracias – la elfa domestica abrió aun mas sus ojos marrones como una metras.
- El señor Harry nunca le había dado las gracias a Bibil – hizo un reverencia y añadió – Gracias, señor – dijo Bibil con voz chillona, y se fue feliz.
Si Hermione estuviese allí le hubiese recriminad por tener un elfo domestico, pero le hubiese felicitado por haberse comportado bien con la elfa domestica, Bibil.
Harry subió la mirada y se encontró con que todo el mundo le estaba mirando extrañados, excepto Lily que ni había levantado la mirada y ahora se levantaba.
- Gracias, Señora Potter – dijo Neville. Lily le miro feliz y le cogió el plato para lavarlo, con magia por supuesto.
- No tienes porque agradecerlo, Nev.
James y Sirius aun le miraban extrañados. El primero en salir de esa conmoción fue James. Por lo que Harry comió un poco más tranquilo.
- Hoy vamos a llevarte a la oficina de Aurores ¿Qué te parece Nev? – dijo James animado.
- ¡¿De veras?! - Neville casi grito de alegría - ¡eso es genial, James!
- Sí, ya sabes, siempre has querido ser auror y te mereces ir allí – dijo Sirius, ya sin mirarle, animado.
- Pero alguno de los dos se tiene que quedar – dijo James dirigiéndose a Sirius.
- Me quedare yo, James. Ve tú y Lily con Neville. Yo me quedo, para vigilar a Harry – dijo Sirius.
- Me hubiese gustado que vinieras Sirius – dijo Neville algo decepcionado y luego echarle a Harry una mirada fulminante.
- Y a mí, pero Harry se puede escapar o quién sabe – replico Sirius.
Se sentía como si estuviera con los Dursleys, era impresionante que aquí hablaran como si él no estuviese presente. Respiro profundamente. Evitaba mirarles, para no caerse en la agonía.
- Bueno será mejor que nos vallamos – dijo Lily después de un rato.
Neville se levanto de un salto alegre y se tropezó con la silla cayendo de espaldas (al parecer aquí aun era patoso). Sus padres se rieron con alegría y diversión, mientras Sirius le ayudaba y se carcajeaba semejando al ladrido perro.
No soporto eso, así que se levanto y coloco el plato sobre el lavaplatos, mientras una lágrima le caía por el rostro, se quito con rapidez la lágrima.
Las risas bajaron el volumen mientras escuchaba decir a Sirius:
- Con calma, Neville. La oficina de Aurores no se va a ir del Ministerio de Magia. – al decir esto hizo que las risas volvieran a comenzar pero no tan animadas como antes.
Poco después se despidieron. Escucho, desde la cocina, como se iban metiendo en la chimenea y gritaban ` Ministerio de Magia luego se escuchaba un ligero ``¡Puf!´´
Escucho como Sirius regresaba a la cocina y sentía su furtiva mirada en el cogote.
Se dio la vuelta mientras sus piernas temblaban, como mantequilla. Miro a su padrino a los ojos e inmediatamente los desvió.
- ¿Piensas pasar todo el día ahí? – pregunto Sirius.
Harry sacudió la cabeza, en negativa, nerviosamente.
- Tenía pensado ir a la biblioteca – se encogió de hombros – tengo cosas que hacer, así que…
- Sabes que no puedes comunicarte con los Malfoys – dijo Sirius furioso.
- No lo pienso hacer - dijo Harry con una media sonrisa.
Luego camino hasta la puerta y subió las escaleras.
Sabía que Sirius le estaría siguiendo y él no sabía dónde se encontraba la biblioteca.
Llego al pasillo donde se había encontrado con Sirius. Se dirigió hacia una puerta, pero (otra vez) Sirius le detuvo.
- ¿No ibas a la biblioteca? – pregunto suspicaz.
- Sí, pero creo que el golpe me ha quitado ese recuerdo – dijo inocentemente Harry.
- ¿No me digas? Es un trauma ¿verdad? Y ahora abra que enseñarte las cosas… - dijo Sirius mofándose, pero ligeramente molesto.
- Si no me crees, no lo hagas; nadie te ha mandado – dijo Harry como quien no quiere la cosa.
Sirius resoplo y lo agarro con rudeza por el codo y lo llevo hasta una puerta a su espalda, que no había visto antes.
La biblioteca no era más grande que la de Hogwarts, pero estaba seguro que aquí Hermione sería feliz; en cambio Ron dormiría o se quejaría. Había montones de estanterías repletas de libros cubiertos (no todos) por una fina capa de polvo y en las medias dos mesas y cada una con cuatro velas casi consumidas.
Camino entre estanterías; tomo algunos libros que quizá le servirían, hasta que (quizá) una hora más tarde, se dirigió a la mesa donde se encontraba Sirius meciéndose sobre las patas traseras, en forma de chulería. Lo ignoro y empezó a buscar en los libros.
No supo cuanto llevaba, pero se estaba cansando de los ronquidos de Sirius.
Lo único (útil) que encontró fue:
Fecha de la muerte de los Longbottom: 31 de Octubre de 1981.
_.La Sr. Longbottom muere el 15 de Abril de 1986.
_.Neville Longbottom gana el torneo de los tres magos.
_.Neville Longbottom ve retornar al que no debe ser nombrado.
Era todo lo poco que había encontrado.
Sirius se despertó con un salto y le miro furtivamente.
- Tu padre debe de estar por llegar – dijo secamente.
Harry asintió y salió de la biblioteca y se dirigió a su habitación. No tenía ganas de ver a sus padres. Pero primero guardo los libros.
No veia como entrar en aquella burbuja donde se encontraban sus padres, Sirius y Neville; era como de hierro la burbuja.
Paso horas tumbado boca arriba pensando. Hasta que el estomago le gruño de hambre. Se encamino hacia la cocina pero antes de bajar escucho a su padrino hablar con su padre, en una habitación. Se acerco y pego la oreja a la puerta, y escucho:
- Te lo digo James, está actuando extraño, no es el mismo. ¿No has visto su mirada? No me ha mirado con asco y superioridad como hace normalmente, sino como de forma asustada, deseosa, tristeza, pero sobre todo, llena de esperanza – dijo Sirius angustiado.
- ¿Quieres decir que trama algo?
- Y algo bien grande, como para tratar bien a Bibil o mostrarse decaído.
- Sí, bueno. Estoy, casi, seguro de que esa broma no va hacer nada bueno, ¡va ha ser terrible! – grito James y luego escucho como James pegaba un puñetazo a la mesa - ¡estoy cansado del comportamiento de Harry! ¿No puede ser como Neville?
- Lo sé – suspiro Sirius – yo también, abra que tenerle un ojo encima, por si acaso.
- Si…
Harry se aparto la oreja de la puerta. No podía escuchar más; su corazón se oprimía de dolor y sin poder aguantar más se echo a llorar, mientras salía corriendo a su habitación.
Pero no supo que unos ojos esmeraldas le miraban a escondidas, con extrañeza y angustia. Y a los ojos esmeraldas le brotaron lágrimas.
