04.- Revelación. La determinación de Hiroshi

-¡Es de la televisión! -gritó Gaomon.

-Sí, niños. Aquí en la televisión. -dijo de nuevo la voz.

Todos corrimos hacia frente la televisión y, a pesar de la estática y la "nieve" de la señal, pudimos reconocer a un extraño Digimon de color rosa en forma de esfera, enormes ojos, unas pequeñas alas y un enorme bastón sujetado a una de sus manos.

-¿Quién eres tú? -le pregunté esperando a que me escuchara y me contestara.

-¿¡Cómo te atreves a hablarme así *pi*!? -gritó aquel Digimon. -Mi nombre es Piccolomon-sama para ti *pi*.

-¡Hum! -dije mientras volteaba a otro lado para mostrar mi descontento. Como si no tuviera suficiente con el maldito Torkaimon...

-¿Pi... Piccolomon? -preguntó Gotsumon. -¿Piccolomon, el de los castillos del norte del continente Folder?

-El mismo que viste y calza *pi*. -contestó Piccolomon orgulloso de sí mismo.

-¿Y por qué nos habla usted, Piccolomon-sama? -preguntó Gotsumon arrodillándose ante él.

-¿Piccolomon-sama? -pregunté. -¿Acaso es tan importante por aquí?

-¡Háblame con más respeto, niñito *pi*! -gruñó Piccolomon.

-¿Qué dijiste, bola rosada? -grité enfadado hacia el televisor.

Al escuchar eso, todos los Digimon que nos acompañaban intentaron inmovilizarme para tratar de no meter más la pata.

-¡Daisuke! ¡Tranquilo! -gritaba Gotsumon.

-¡No haga a enfadar a Piccolomon-sama! -gritaba Gaomon.

-¡Más respeto a Piccolomon-sama! -intentaba Patamon tratando de apaciguarme.

-¡Piccolomon-sama era el antiguo rey del continente Folder! - intentaba Piyomon explicarme.

-¡Disculpe a nuestro acompañante, Piccolomon-sama! -se disculpaba Kamemon frente a Piccolomon. - ¡No sabe lo que hace!

-¡Ya me di cuenta *pi*! -contestaba Piccolomon mientras aclaraba su voz. -Pero no estamos aquí para pelearnos con un niño elegido *pi*.

-Esa es una duda que tenemos, señor Piccolomon. -contestó Mizuki al escuchar ese título descriptivo. -¿Por qué nos llaman "niños elegidos"?

-¡Es cierto! -contestó Rina. -¡Onagimon y Rakugamon siempre nos dicen "niños elegidos"!

-¿Han peleado con Onagimon y con Rakugamon *pi*? -preguntó Piccolomon algo asombrado.

-¡U... un poco, señor! -contestaba Hiroshi con algo de respeto.

-Eso indica que ustedes son los niños elegidos *pi*. -contestó Piccolomon en un tono rotundo. -Un Digimon común y corriente no podría vencer a semejantes demonios *pi*.

-¿Pero qué es eso de los niños elegidos, señor Piccolomon? -preguntó Rina intentando rescatar la pregunta de su amiga.

-Esa es una pregunta que puedo explicar *pi*... -comenzó Piccolomon a relatar. -Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que un grupo de humanos vino a estas tierras *pi*. Torkaimon era el dueño de todo el mundo en ese entonces, nos sumió en un aura gris de desesperación*pi*. -al decir eso, parecía ser que a Piccolomon se le trababan las palabras. -Esos tres demonios sembraron el pánico en todo el Digital World *pi*. Día y noche rezábamos a Yggdrasil para que viniera alguien a salvarnos *pi*.

-¿Y qué pasó después? -preguntó Mizuki.

-Cuentan las más antiguas leyendas que un grupo de niños humanos vino hace cientos de años. -contestó Patamon. -Gracias a ellos, se pudo vencer a esos tres demonios.

-Torkaimon y Onagimon fueron asesinados. -contestó Piyomon. -Y Rakugamon fue confinado a una prisión capsular de la que pensábamos jamás podría salir.

-Así que es por eso... -medité en voz alta.

-¿Dijiste algo Daisuke? -preguntó Gotsumon.

-No, nada, nada... jejeje... -contesté inmediatamente para no levantar sospechas.

-Pero si fueron asesinados, ¿cómo es que están aquí? -preguntó Akio al escuchar eso.

-Los Digimon vuelven en forma de Digitama cuando mueren. -contestó Kamemon, tan callado como siempre era. -Y por lo general sus recuerdos de vidas pasadas se borran para siempre.

-Pero a veces hay excepciones. -dijo Gaomon. -Y creo que esta es una de ellas.

-Torkaimon sabe que los humanos de aquella época fueron los que interrumpieron sus planes *pi*, y por eso buscará por todos los medios eliminarles *pi*. -contestó Piccolomon desde la televisión.

-¿Pero por qué nosotros? -preguntó Rina intrigada. -¿Por qué estamos aquí y por qué tenemos que enfrentarnos a esos monstruos?

-¿Alguno de ustedes se ha rendido en el tiempo que llevan en el Digital World *pi*? -preguntó Piccolomon.

Ante eso, se formaron algunas murmuraciones, nadie sabía responder a la pregunta. Pero la respuesta estaba más que clara, por más que esos sujetos intentaban "atacarnos", siempre salíamos librados por alguna razón. Y seguíamos viajando.

-Antes que nada, ¿todos tienen sus Digivices *pi*? -preguntó nuestro "amigo" de rosa.

-¿Digivice? ¿Qué es eso? -pregunté mientras de mi bolsillo tomaba ese extraño aparato.

-¡Eso *pi*! ¡Eso es un Digivice *pi*! -gritaba emocionado Piccolomon al ver el reloj que tenía entre mis manos.

Al escuchar eso, el resto de mis acompañantes sacó sus "Digivices".

-Sí, creo que todos tenemos uno. -contestó Hiroshi por nosotros.

-Perfecto *pi*. -contestó Piccolomon con mucha seguridad. -Entonces no hay duda de que ustedes son aquellos que detendrán a Torkaimon *pi*.

-¿Y por qué lo debemos hacer? -pregunté gritando en una manera desafiante. -¿Por qué nosotros? ¿No podían ser otras personas?

-Daisuke, cálmate. -decía Gotsumon mientras intentaba calmarme.

-Eso ha sido un designio de Yggdrasil, la palabra ya se ha dado *pi*. -contestó Piccolomon sin responder a mi pregunta.

-¿Y por qué no te designó a ti en vez de traernos a nosotros a este extraño mundo? -grité nuevamente molesto.

¿Por qué gritaba así? Porque estaba harto de este extraño mundo. ¿Por qué tenía que ser precisamente yo el que llevara una doble vida ante los demás? Quizás si no me viese metido en este tremendo lío, no me molestaría ni un tanto lo que me estaban diciendo. No estaba molesto porque quisiera regresar a casa, aunque en el fondo eso fuese lo que más quería, sino porque estaba involucrado en ambos bandos.

Al parecer, ese comentario pareció muy hiriente para mis compañeros Digimon, puesto que al voltear hacia ellos, sólo vi sus rostros sorprendidos, y una invitación a la calma por parte de Hiroshi.

-Eso es lo que más quisiera hacer *pi*. -contestó Piccolomon con la cabeza (y la totalidad de su cuerpo) baja y con una voz que parecía que en cualquier momento empezaría a llorar. -Torkaimon me tiene encerrado en un calabozo en su castillo *pi*... Incluso es riesgoso hablarles por este medio *pi*.

Al escuchar eso instintivamente apreté los puños y fruncí el ceño. ¿De verdad Torakimon era tan malo como me lo imaginaba? Y lo peor de todo era que le estaba ayudando...

-¿Dónde se encuentra el castillo, Piccolomon-sama? -pregunté cambiando mi semblante.

Esta vez las miradas de mis compañeros fueron de sorpresa ante tal pregunta.

-¿Qué dijiste? -preguntó Mizuki alarmada.

-Torkaimon o sus secuaces están detrás de nosotros. -contesté rotundamente. -Tarde o temprano querrán eliminarnos, vayamos a donde vayamos. Quisiéramos o no, estamos destinados a eso. ¿No es así, Piccolomon-sama?

-Así es Daisuke *pi*. -afirmó Piccolomon. -El castillo está a 90 km del Digital Border *pi*. En sus Digivices está el mapa de todo el continente Folder *pi*. Por favor, cuídense y no dejen que Torkaimon les haga daño *pi*.

-Mejor preocúpese por usted, Piccolomon-sama. -contestó Kamemon.

-Muchas gracias, Kamemon *pi*. -dijo Piccolomon. -Pero debo decirles algo antes de irme *pi*.

-¿Qué ocurre, Piccolomon-sama? -preguntó Piyomon.

-Uno de ustedes está trabajando a escondidas para Torkaimon *pi*. -dijo Piccolomon.

-¿Cómo dice Piccolomon-sama? –preguntaron todos los Digimon.

Al escuchar eso, se me formó un nudo en mi garganta. A decir verdad, nunca había estado en los calabozos del castillo, no se me permitía entrar. En ese caso, ni Piccolomon sabía de mi existencia en ese castillo.

-¿Y quién es ese sujeto? –pregunté algo temeroso.

-No tengo idea, pero eso es lo que se escucha por los calabozos *pi*. –contestó Piccolomon. –No quiero alarmarles ni tampoco causar una ruptura en su grupo *pi*, pero deben tener cuidado porque si eso llegara a ser cierto, entonces Torkaimon ya los tiene vigilados *pi*. Interrumpiré la conexión, Torkaimon está cerca de aquí *pi*. -siguió hablando Piccolomon, y al final su imagen desapareció de la pantalla dejándonos con algunas preguntas.

Por mi parte, obedecí inmediatamente a Piccolomon, y en mi Digivice busqué el mapa del continente Folder. De haberlo sabido antes...

-Un traidor… -murmuró Rina. -¿Alguien podría ser tan malo como para hacer eso?

-No creo que sea cierto. –contestó Mizuki. –Es decir, los cinco nos conocemos del salón de clases.

-Hablaste muy extraño hace rato, Daisuke. -me dijo Gotsumon mientras me daba unas palmadas en la espalda.

-¿Por qué lo dices? -pregunté.

-No lo sé... -me dijo. -Es sólo... que parecía que conocieras al cien por ciento lo que ocurre.

-Es que... -contesté mientras me rascaba la cabeza para tratar de decir algo. -sólo recordé lo que dijo Piccolomon.

-¿Qué les parece si seguimos caminando? -nos comentó Hiroshi.

-¿Tenemos que ir a ese castillo? -preguntó Rina angustiada.

-Si vamos al Digital Border, seguramente llegaremos a su castillo. -dijo Gaomon.

-Entonces es inevitable... -comenté.

-Después de este bosque, existe un desierto. -comentaba Gotsumon a la vez que miraba el mapa a través de mi Digivice.

No me había dado cuenta de cuándo fue el momento en que Gotsumon tuvo entre sus manos ese artefacto. Yo, un tanto alarmado, le arrebaté a Gotsumon mi Digivice, esperando que no viera entre la lista de Digimon a Rakugamon. Gotsumon, algo confundido por mi reacción, puso una cara de pregunta, a la cual no hice caso.

-Como dice Gotsumon, -comenté para dejar atrás este pequeño incidente. -después de este bosque existe un inmenso desierto, claro está si seguimos este camino.

-¿Entonces? -preguntó Mizuki.

-No hay tiempo qué perder. -dijo Gotsumon.

Sin objetar, todos decidimos caminar entre el desierto. La delimitación entre el bosque y el desierto en el que ahora nos encontrábamos era muy notable. Lo único que nos indicaba que la ruta era la correcta fue una marcación de televisores a los bordes del camino. Por fortuna estaba anocheciendo cuando habíamos avanzado algunos kilómetros, de lo contrario no soportaríamos el fuerte calor. Pero el frío no sería tan diferente.

Armamos una fogata y tomamos parte de la bebida y la comida que habíamos recolectado. Acordamos tomar la mitad de todo lo obtenido para que en la mañana tuviéramos algo para el desayuno. Akio nos deleitaba con extrañas historias de espantos en las escuelas. Cómo se notaba que no le gustaba estudiar. Pero Hiroshi no se integraba a nuestras risas y anécdotas. De hecho, se había ocultado detrás de un cactus y no nos había dirigido la palabra.

-Oye, Hiroshi... -me le acerqué intentando abrir plática.

-¿Qué quieres? -me preguntó en un plan de no muy buenos amigos.

-¿Por qué no te unes a nosotros? -le pregunté sin hacer caso a su última intervención. -Hay un poco del té helado que trajiste y... -me interrumpí al ver que llevaba un vaso con té.

-No quiero hablar con nadie. -me dijo al tiempo que me daba la espalda.

-De... de acuerdo. -le dije mientras me alejaba de él.

Pero Kamemon, siendo su compañero inseparable, se acercó a Hiroshi.

-No quiero hablar con nadie. -le contestó Hiroshi de la misma forma que lo hizo conmigo.

-Si no quieres decir lo que pasa, no te obligaré a nada. -le dijo Kamemon algo tímido.

Hiroshi no dijo nada durante algunos segundos.

-Bueno, como todos, quiero regresar a casa... -le contestó a Kamemon.

-Pronto iremos al Digital Border y podrás ir a casa, Hiroshi. -le contestó la tortuga.

-¡Pero! -gritó Hiroshi desesperado. -¿Cómo vamos a ir si esos Digimon malvados nos están siguiendo a cada rato? Y con eso de que Daisuke se ofreció a ir tras Torkaimon, y ya viste qué poderosos son esos sujetos...

Kamemon no supo qué decir por un instante.

-Parece ser que Daisuke anda muy animado por eso. -intrigó Kamemon.- Si no quieres pelear, no objetaré. Pero debes saber una cosa: Torkaimon anda tras nosotros, y no descansará por ningún motivo. Y si llegara a ser cierto lo que Piccolomon dijo del traidor, entonces no debemos bajar la guardia.

-¡Pero no quiero! –gritó Hiroshi. -¡Tengo miedo de Rakugamon y de los demás!
-Tranquilo Hiroshi. –le contestó Kamemon mientras posaba su pata sobre el hombro de su compañero. –Si algo llegara a pasarte, ten por seguro que allí estaré, hasta que logres regresar sano y salvo a casa. Además Daisuke y los demás están con nosotros, no nos abandonarán.

-Gracias, Kamemon. –dijo Hiroshi a punto de llorar abrazando a Kamemon.

Y así pasó la noche, pero debíamos dormir y todos nos dispusimos a reunirnos alrededor de la fogata puesto que la temperatura estaba bajando rápidamente.

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Mas sin embargo, no me entraba el sueño para nada. Estaba inquieto, seguramente alguno de ustedes ya sabrá por qué. Ya sabían que hay un traidor entre nosotros. Debía cuidar mis pasos antes de seguir...

-¿Ya te reportaste conmigo? –escuché una voz que reconocí inmediatamente.

Volteé hacia todos lados y no vi a nadie. Al principio comencé a tener algo de miedo, así que tomé mis pocas pertenencias y me di la media vuelta. Casi me da un infarto al ver a Torkaimon-sama frente a mí.

-Así que reuniéndote con los demás niños elegidos, ¿eh?

-I… Iba a reportarme, Torkaimon-sama. –respondí atemorizado.

-¡Mientes! –me gritó antes de sentir toda su ira contra mí.

En ese instante lo único que pensé era "Maldición, todo acabó…".

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Al despertar asustado y agitado, volteé hacia mi alrededor y vi al resto de mis "amigos" durmiendo. Me levanté y me acerqué al mismo cactus donde se encontraba Hiroshi, y al igual que él, no apoyarme sobre sus espinas. Era la única planta que existía en los alrededores. Era digital, pero al fin y al cabo, un desierto. No podía irme y esconderme para reportarme con mi jefe. Por fortuna tenía el Digivice. Si nada había cambiado internamente, entonces todavía podía comunicarme con ellos. No me digan cómo lo hice, pero pude escribir a través de él un mensaje que más o menos decía así:

Torkaimon-sama, lamento el no presentarme a su castillo esta noche. Un "soplón" ya ha dado la noticia de que alguien los vigila desde adentro y no puedo arriesgarme a que me vean desaparecer a cada rato. Dígale a Onagimon que haga un ataque sorpresa para mañana, de esa forma nadie sospechará de mí. Y dígale también que se dé un baño…

Rakugamon.

Lancé un suspiro, y envié el mensaje. Todos dormían tan tranquilos, puesto que seguramente nunca se habían enfrentado a semejante monstruo como lo era Torkaimon. Pero yo no podía. Seguramente era por culpa de Gotsumon. A pesar de su cuerpo de roca, tenía un corazón demasiado blando y un espíritu amiguero. Y para ser sincero, empezaba a encariñarme con él. No, no puedo hacer eso, me decía constantemente. ¿No se suponía que eliminar a esos niños debía ser fácil? De mí dependía que mi madre regresara a casa, y ese era mi único objetivo.

-¿No puedes dormir, Daisuke? –me preguntó Gotsumon bostezando.

-Así es Gotsumon. –le contesté con franqueza. –Además quería ver la ¿Luna? –hice la pregunta al ver tres lunas sobre nosotros y enormes pirámides verdes flotando muy a lo lejos.

-¿Hay lunas en tu hogar? –me preguntó Gotsumon.

-Sí, -le dije. –pero no hay tres, solo una. Y las luces de la ciudad tapan el esplendor de las estrellas.

-Te he visto muy preocupado. –me dijo cambiando la conversación. -¿Qué te pasa? ¿Quieres ir a casa?

-Eso, y lo que dijo Piccolomon. –le dije tumbándome al suelo. –Dime Gotsumon… ¿Tú crees que de verdad exista un "soplón" entre nosotros? ¿Alguien que esté ayudando a Torkaimon a escondidas?

Debo señalar que decir "Torkaimon" a secas era bastante difícil para mí. Han sido seis meses de repetir incansablemente "Torkaimon-sama" para referirme a él como mi jefe, y si estaba con "ellos", debía cuidar mis palabras.

-La verdad no lo creo. –dijo Gotsumon haciendo el mismo gesto de aventarse al suelo. –Si alguien así existiera, creo que ya nos habríamos dado cuenta.

-Pero si fuera así… -seguí. -¿cómo reaccionarías?

-Bueno… -Gotsumon comenzó a divagar. –Si viera a ese traidor frente a mí, no me contendría y le atacaría con todas mis fuerzas. Por haber ayudado al enemigo y traicionando nuestra confianza.

-¿Y piensas que ese "traidor" podría tener sus motivos para ser ayudante del bando enemigo?

-Uno no puede servir a dos reyes. –contestó incesantemente Gotsumon. –Pero no te preocupes, Daisuke. Si llego a ver a ese sujeto, no sabes la que le espera.

-Gracias, Gotsumon. –le dije a pesar de lo que había dicho. –Ya me está entrando sueño.

-Ten cuidado de no apoyarte sobre el cactus. –dijo Gotsumon mientras se reía.

Yo comencé a carcajearme. Esa era una de mis cualidades, poder reírme de todo, aunque fuese una simpleza para los demás. Pero el sueño ya me vencía, y también a mi acompañante, así que nos dispusimos a dormir, después de haber alimentado la fogata para que no se apagara pronto.

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Habiendo amanecido y desayunado antes de que comenzara a brillar el sol por completo, seguimos nuestro camino hacia el Digital Border.

-Un día más… -contestó Akio.

-Espero que mamá no esté preocupada… -comentó Rina.

-¿Vas a ir a ver a tu mamá, Daisuke? –preguntó Gotsumon, abriendo más una herida que no ha cerrado aún.

Al escuchar esa pregunta, no pude evitar el derramar una lágrima y dejar de caminar. Era una mezcla de sentimientos, el salvar a mi madre y traicionar al grupo al que acompañaba, las palabras de Gotsumon que me dirigiera anoche, y ahora esto…

-¿Qué pasa, Daisuke? –preguntó de nuevo Gotsumon sin saber lo que pasaba.

-La madre de Daisuke fue secuestrada hace algún tiempo. –contestó Mizuki en un tono calmo.

-¿Secuestrada? –preguntó Patamon. -¿Qué es eso?

-Es cuando alguien te lleva sin que quieras a algún lugar, y que no te permitan regresar a casa. –contestó Hiroshi.

-¿Entonces es como lo que le pasó a Piccolomon? –preguntó Gotsumon.

-Si lo quieres ver así, sí.

-Lo… ¡lo siento Daisuke! –empezó a alarmarse Gotsumon. -¡No… no sabía eso!

-No tienes que disculparte Gotsumon. –le dije mientras secaba mis lágrimas.

-¡Pronto verás a tu madre! ¡Ya lo verás! –dijo Gotsumon a modo de consuelo.

-Ya… -le dije. –Traten de no hacerme mucho caso y mejor sigamos caminando. No hay tiempo qué perder.

Decidimos avanzar más adelante, pero el sol ya empezaba a asomarse en el cielo y la temperatura aumentaba.

-¡Ya está haciendo mucho calor! –se quejaba Hiroshi.

-¿Falta mucho para llegar al Valle del Hielo? –pregunté.

-¿Valle del Hielo? –me miraron todos como si no supieran de lo que hablaba.

-Esto… -pregunté. -¿alguno de ustedes ha revisado su mapa?

Por la forma en que me miraban, y por la forma en que revisaban su Digivice, seguramente no lo habían hecho.

-¡Miren! ¡De verdad hay un lugar helado más allá del desierto! –contestó Akio al ver su mapa.

-¿Y falta mucho? –preguntó Rina.

-Parece ser que sí. –dijo Gotsumon.

-¿Y cómo llegaremos con tanto calor y nada de agua? –pregunté.

De la nada, sentimos un fuerte temblor, y a lo lejos, hacia el frente, una especie de mancha verde corriendo a toda marcha.

-¿Qué es eso? –preguntó Kamemon.

Entrecerré los ojos para poder ver con mejor claridad, y reconocí a mi "soldado", Onagimon. Seguramente había golpeado el suelo con su martillo para probar la solidez del suelo.

-¡¡¡Es Onagimon!!! –grité para alarmarlos. El ataque sorpresa había comenzado.

-¿Onagimon? –gritó Rina.

-¡Niños elegidos! –gritaba Onagimon a medida que se acercaba a nosotros.

-¡Corran! –grito Patamon al tiempo que intentábamos correr en dirección contraria a donde estaba "nuestro" enemigo.

Pero Onagimon era más rápido que nosotros, y en unos segundos nos acorraló.

-¡Ahora no tienen a dónde escapar! –gritó.

-¿Qué vamos a hacer? –pregunté alarmado.

-¿Esto es un desierto, o no? –preguntó. -¡Pues vayan considerando esto sus tumbas!

-Evoluciona, Piyomon. –gritó Rina.

-¡No sé cómo hacerlo! –dijo Piyomon algo temerosa.

-¿¡Qué!? ¿¡Cómo que no puedes!? –grité sin entender lo que pasaba.

Onagimon tomó su enorme martillo y golpeó el suelo arenoso del desierto. Al parecer rompió alguna roca que estuviera sobre un vacío, ya que la arena comenzó a deslizarse hacia abajo como si se tratase de arenas movedizas. Hiroshi, siendo el que más cercano estaba de donde había sucedido el impacto, no pudo reaccionar a tiempo, siendo atrapado por la trampa de arenas movedizas.

-¡Nadie me dice cuándo bañarme! –gritó Onagimon.

-¡Hiroshi! –gritó Kamemon al ver a su amigo atrapado.

Éste tomó de una mano a Hiroshi, pero su fuerza y peso no fueron suficientes para poder sacar a Hiroshi de la trampa, cayendo ambos al vórtice de arena.

-¡Amigos! –grité al ver lo sucedido.

Tomé de las patas a Kamemon, pero como sucediera anteriormente, no pude sacar a los demás, y del mismo modo, fui atrapado. Gotsumon al ver lo que pasaba también intentó ayudarme, pero sus esfuerzos no fueron suficientes y también cayó en la trampa de arena.

Sólo sentíamos cómo la arena nos cubría por completo, en ocasiones impidiéndonos respirar.

-¡Amigos! –gritaron los demás.

-¡De mí nadie se escapa! –gritó Onagimon saltando hacia el vórtice de arenas movedizas.

Los niños intentaron saltar hacia el vórtice, pero los Digimon se los impidieron alegando que era demasiado peligroso.

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Los cuatro caímos hacia una especie de pasadizo secreto. Cuando desperté, por un instante llegué a creer que Onagimon me había llevado al castillo de Torkaimon, pero la arena que caía sobre nosotros nos hacía indicar que el vórtice de arenas movedizas estaba sobre nosotros.

-¿Dónde estoy? –pregunté aturdido.

-Parece una clase de pasadizo secreto. –contestó Hiroshi.

-¿Podría ser una clase de drenaje subterráneo? –preguntó Gotsumon.

-No quisiera que eso fuera… -contesté algo asqueado.

Un enorme temblor nos sacó a todos de nuestras cavilaciones, era Onagimon quien venía desde arriba a terminar con nosotros.

-¡Qué ideal! ¡Un pasadizo subterráneo! ¡Ideal para sus tumbas! –nos gritó.

Gotsumon, tan valiente como siempre, a la vez que pequeño, le desafió.

-¡No dejaré que le pongas un dedo encima a Daisuke! –gritó Gotsumon al tiempo que se ponía de espaldas frente a mí y miraba desafiante a Onagimon.

Onagimon comenzó a carcajearse.

-¿Así que este es su protector, Ra… niño? –me gritó Onagimon.

-¡Gotsumon! ¡No lo hagas, por favor! –le dije a Gotsumon para evitar algo mayor.

Caí en la cuenta de que Onagimon estuvo a punto de llamarme Rakugamon, por fortuna no lo hizo. ¿Qué estaba tramando entonces? No tuve tiempo de pensar en ello, puesto que de un martillazo, Onagimon dejó fuera de combate a Gotsumon.

-¡Gotsumon! –grité.

-Ahora sí, es mi deber eliminarlos. –bufó Onagimon.

Kamemon se escondió dentro de su concha, y rodando sobre su estómago con rapidez, se estampó contra su adversario. Pero Onagimon era mucho más grande y más fuerte que Kamemon, y de un golpe de martillo lo mandó hacia el suelo. Onagimon comenzó a intimidarnos a Hiroshi y a mí. Kamemon observó a su alrededor. Su "compañero" en problemas, Gotsumon inconsciente y sin poder hacer algo para ayudar. Apretó sus puños con fuerza, esperaba que ocurriera algo, pero estaban acorralados.

Recordó la promesa que le había hecho a Hiroshi de defenderlo ante cualquier clase de monstruo. Pero no podía hacerlo ahora, debía ser más fuerte. ¿Cómo podría hacerlo ahora que estaban en peligro? Él no era un Digimon que se caracterizara por ser valiente. Tanto Hiroshi como yo estábamos asustados sin que nadie pudiese defendernos. De pronto, de un Kamemon resignado a perder, algo sucedió, quizás nuevamente el proceso de evolución más bello que pudiera haber presenciado.

-Kamemon shinka… ¡Gawappamon! ¡Yeah!

Una figura algo extraña, deforme, verde, unos enormes audífonos colgando del cuello y con una especie de tornamesa en la cabeza, apareció frente a nosotros. Su pose algo "fresca" desentonaba bastante con el proceso de evolución.

-¡No le pongas ni un dedo encima a Hiroshi ni a sus amigos! –gritó Gawappamon.

-¿Evolución? –preguntó Onagimon. –Así que eso era de lo que hablaba Rakugamon…

-¡Gawappunch! –gritó Gawappamon al momento de un puñetazo enviaba a Onagimon hacia el lugar de donde veníamos.

Nuestros amigos se sorprendieron al ver una enorme mancha verde saliendo desde el suelo.

-Sujétense. –nos dijo Gawappamon, a lo que obedecimos.

Por mi parte, sujeté a Gotsumon con todas mis fuerzas para salir de allí, y luego me sujeté a Gawappamon para no quedarme atrás. Gawappamon hizo un increíble salto y pudimos escapar de esa trampa subterránea, provocando el asombro de todos.

-¡DJ Shooter! –gritó Gawappamon al momento que tomaba de su cabeza varios discos y los lanzaba hacia su adversario. Extraño ataque por donde se le viera.

Éste se retiró un poco aturdido, dejándonos en paz. Quizás del ardor de sus heridas y eso. No quisiera pensar en el instante en que me tocaría pelear. Dejé de pensar en eso y traté de reanimar a Gotsumon, quien con un débil "Lamento no poder hacer nada, Daisuke" y unas lágrimas escurriendo sus rocosas mejillas, intentó disculparse.

-No te culpes, Gotsumon. –le dije para tratar de calmarlo. -Hiciste lo que pudiste, y eso es lo que importa.

-¿Se encuentran bien? –preguntó Akio.

-¿Todo fue gracias a Kamemon! ¿Verdad? –dijo Hiroshi orgulloso de su compañero.

-¡No fue de nada! –dijo avergonzado Kamemon, quien había vuelto a su aspecto de etapa de niñez y se escondía en su concha como siempre lo hacía.

-¿Y qué vamos a hacer? –pregunté. -¡Debemos buscar refugio antes de que nos deshidratemos!

Como si de una corazonada se tratara, revisé el mapa de mi Digivice y noté que el pasadizo subterráneo al que habíamos caído en realidad era un camino secreto que nos llevaba con mayor protección contra el fuerte sol hacia el Valle del Hielo. Por ese motivo saltamos hacia aquel hueco (el vórtice se había detenido) y caímos hacia el pasadizo.

Cuando caímos hacia el "túnel", reparábamos en la sensación de que no hacía calor allí adentro, pero la oscuridad era algo de lo que no nos gustaba para nada. Por fortuna unas antorchas colocadas a los lados del túnel nos daban algo de claridad. No mucha pero lo suficiente para ver nuestro camino.

-¿Cuánto tiempo faltará hasta llegar? –pregunté.

-Según tu Digivice, -dijo Gotsumon mientras revisaba mi Digivice. –si seguimos este camino, llegaremos en dos horas de caminata.

No me había dado cuenta de cuándo Gotsumon había tomado mi Digivice, el cual le arrebaté con rapidez para evitar que viera mi "secreto". Y hablando de mi secreto, debía hablar con mi jefe y con mi subordinado cuanto antes. Gotsumon, como la vez pasada, no entendió mi actitud. Pero no le tomó importancia. Era mejor seguir caminando para llegar al Valle del Hielo. Nuestro camino hacia el Digital Border se iba acortando más y más y debíamos apresurarnos. Debía llevar a estos sujetos hacia su trampa... Pero... recordar las lágrimas de Gotsumon me hacían sentir mal cuando pensaba en ello...

Continuará…