Las historias aquí contenidas pueden ser usadas de inspiración para tú propia historia. ¡Que disfruten y pasen un buen rato!
"Todo a Jesús por María, todo a María para Jesús" - Marcelino Champagnat
Todo lo de la Fiesta de té fue como una espiral fuera de control, orillas engañosamente tranquilas que te llevan más y más al centro y cuando menos lo esperas, estas en un abismo sin fondo sin poder salir. Fumando reflexiona su última aventura.
– Has estado pensando largas horas, incluso Chopper empieza a preocuparse.
Se vio sorprendido, saltando levemente, no esperaba que alguien permaneciera despierto. – Nami- san, deseas un bocadillo de media noche. – Esperando con ello evitar hablar.
– Me encantaría, quizá un té para acompañar. – La respuesta del cocinero fue inmediata y sencillamente predecible. La sonrisa ominosa de la navegante no se hizo esperar. Sanji ignoro los escalofríos que recorrían su espalda en favor de preparar con calma unos panecillos con poco de mermelada de mandarina.
Sirvió el té como buen anfitrión.
– ¿Me acompañas? Sanji -kun – Le invitó con una inocente mirada.
Quizá no debió sorprenderse, intento negarse pero a la insistencia tomo asiento frente a ella. Cada palabra fue directa y precisa. Lo tomó como un hombre en silencio, acepto sus errores no había nada que decir. Había lastimado a sus nakama era lo mínimo que podía hacer.
– Haces que sea imposible estar enojada contigo. – Suspiro, tomo un poco de té. – He incluso me haces sentir como una villana. – Se quejo inflando los cachetes.
– Nami -chan es tan linda cuando se queja.
– Me asustaste Sanji, porque de alguna forma… Sabía que estabas dispuesto a sacrificarte por nosotros, y en cierta forma todos nosotros. Pero tú… tú lo hiciste real, no solo tu vida, sino tu existencia, tu felicidad ¿Cómo podría cumplir mi sueño acosta de tu libertad?
Se encogió, pensando – Nami -san no pudo saber lo de sus esposas. – Recordó entonces con quien estaba hablando. Nami que dedico su vida a obtener dinero para comprar la isla Kokoyashi de las manos de Arlong hasta que Luffy le venció. Se le abrieron los ojos.
– Lo siento, no estaba pensando claramente. – Se sentía mal al hacer que su preciada Nami recordara momentos dolorosos de su vida.
– No lo hiciste. – Espeto antes de calmarse y exhalar – Supongo que no tenías muchas opciones. – Concedió, mano sobre el cuello desviando la mirada.
– No.
– Sanji -san, cuéntame que paso después de que fuiste con Bege y sus hombres. Cuéntame que paso con los Vinsmoke, con Pudding hasta que Luffy habló con nosotros. – Tal vez estaba siendo injusta obligándole a hablar; Sanji era una persona privada que se había convertido en uno de los principales soportes de la tripulación, simplemente por estar ahí cuando lo necesitabas. Hicieron todo lo posible para recuperarlo, no quería que escapase entre sus dedos. A pesar de tenerlo frente a ella una parte de él permanece distante, lejos de ellos.
-oooooooooo-
– Duele que por un momento hayas perdido la fe en nosotros. – Sus ojos no dejaban de observar las esposas. – Aunque pienso que fue un poco mi culpa, cuando yo misma la perdí en ti. – Susurro para sí misma, no fue de sorprenderse que el rubio la escuchara.
– Yo soy el que fui irrespetuoso con nuestro capitán. No es escusa… Todo lo que pensaba era no arrastrarlos conmigo. – Ahí estaba otra vez esa mirada vacía, atrapada en recuerdos, y remordimientos que no se dio cuenta cuando la pelisroja se movió.
– Te creo, ese eres tú, Sanji -kun. Estas en casa. – Estaba frente a él sus manos sujetándole la cabeza obligándole a verla a los ojos. Por su parte el rubio no pudo evitar sonrojarse.
Aceptación, al igual que las palabras de Luffy de aquella vez. Sintió alivio en su corazón. Él no era perfecto, una falla, a pesar de ello era querido por la sola razón de ser él. – Estaba bien sentirse querido, esta es mi familia. – Lagrimas tomaron la forma de sus sentimientos, lentamente se desbordaron ante tal realización. Nami le dio un abrazo, feliz de tenerlo por fin de vuelta.
– Nami -chan – Se aventuró a preguntar poco después – ¿Podrías contarme que sucedió después…?
-oooooooooo-
– Estaba asustada, nos rebasaban en fuerza yen número, estaba asustada por ti, por Luffy. Él lo estaba dando todo… solo pensábamos en ir por ti. Usualmente soy yo la que busca información. – Se recriminó, ante ese descuido. – Estábamos muy felices cuando supimos que deseabas seguir con nuestras aventuras. – Confesó con una pequeña sonrisa para luego tornarse seria. – Debí saber que no sería tan fácil. Lo siento, tampoco debí ser tan severa contigo. No me detuve a considerar lo eran capaces de hacer para que no dejarte ir. Todo ese tiempo solo estaba pensando en mis sentimientos que no me detuve a pensar en los tuyos, supongo que te hice pensar que te dejaríamos atrás. – Asiendo referencia cuando le dio la cachetada y cuando le dijo que no le personaría jamás.
– Esta bien, no había forma de que ustedes lo supieran. No fui de mucha ayuda. – Admitió. – Nami -san por favor no te culpes de nada. Ninguno de los dos pensamos claramente. – Le suplicó. Nami le miró fijamente, asintió, con una pequeña sonrisa se limpió los ojos húmedos de lágrimas. Comprendiendo que la próxima vez pensarían mejor las cosas; confiarían mejor entre ellos, serían más fuertes con ayuda de Dios. Tenían que serlo sus nakama contaban con ello.
– De todos modos no pienses que no me debes. Ese susto te costará. – Declaró.
– Lo que tú quieras, Nami -chan – Dijo sin pensar.
Sonrió maléficamente – ¿Lo que yo quiera? – Haciendo que el cocinero tragara saliva. Asintiendo valientemente.
– Lo pensaré… mientras tanto te confiscare todas las revistas que no sean de cocina.
El horror en su cara era real – ¿Qué piensas hacer con ellas?
– Las tirare al mar. – Sin pena, mirándolo de reojo; disponiéndose a dormir.
– Nami -chan es linda cuando es cruel.
-oooooooooo-
No pudo evitar comentar, a costa del cocinero. – Sanji -kun, rechazaste a una bella chica, eso es algo que no creí poder llegar a ver.
– Yo tampoco.
Esa noche durmieron en el comedor, Nami en el sillón cubierta por la chaqueta del cocinero, mientras Sanji durmió sentado, recostado sobre la mesa, a pesar de la incómoda posición fue la primera noche que pudo dormir profundamente. Poco después de que se apagaran las luces cuatro cabezas se asomaron tan silenciosamente como pudieron, luego entraron a hurtadillas, dos de ellos arrastraban a una quinta que parecía un poco apenada. Traían mantas y almohadas. Devoraron los panecillos que estaban sobre el desayunador junto a seis tazas de té y se dispusieron a dormir junto a sus nakamas. En sueños Sanji sonreía.
Pedro quedo de vigía esa noche.
-oooooooooo-
A la mañana siguiente después de un animado desayuno la pelirroja le dijo al salir – Por cierto Sanji -kun, no pienses que Brook te prestara las suyas, un castigo peor le espera si lo hace. – Advirtió. – ¡Hasta luego! – Dejando, tras cerrar la puerta al rubio en blanco, sin habla y en completo estado de shock.
– Jajaja – Rieron algunos, al mismo tiempo Chopper se acerco a cerciorarse que la estupidez fuera la única enfermedad que plagaba al cocinero y Carrot se acercó un poco curiosa, dispuesta a asistirle. Otros solo seguían comiendo con gusto de que todo estuviera bien.
– Jojojo ¡Oh Nami -chan! Haces que se me erice la piel. – Hizo una pausa dramática. – Pero si soy solo huesos. Jojojo.
Nami satisfecha, diviso la mar. Era hora de reunirse con el resto de la tripulación.
– Gracias Nami. – Le dijo el capitán al salir corriendo de la cocina. Ella solo le sonrió.
Si Sanji era el corazón de la tripulación, Zoro era la templanza; Si Zoro era la espada que protegía la espalda de Luffy, Sanji era el escudo que protegía su más preciado tesoro, sus nakama. Por esa razón él podía avanzar hacia adelante. Luffy sonrió desde la cabeza del león, era hora de otra aventura.
