CAPITULO IV: SECRETO
Kagome y Bankotsu entraron al gimnasio e inmediatamente fueron dueños de casi toda la atención.
"Perfecto" pensó la chica y miró preocupada a Bankotsu esperando su reacción, pero se encontró con el mismo moreno, tranquilo y con su actitud tan imponente de superioridad.
El chico sintió la mirada de ella y se giró en su dirección - ¿Dónde está tu chaqueta, pequeña? – preguntó con una sonrisa.
-Cerca de la barra, creo – informó con duda.
Bankotsu miró a lo lejos y vio a Kouga – Ve por ella, te veré en unos minutos.
La azabache asintió y caminó hacia la barra, recorrió con la vista las sillas y localizó la chaqueta, cuando escuchó una voz familiar para ella.
–Hola, Kagome - saludó irónica Kikyo.
"Lo que faltaba" – Hola – devolvió el saludo y pasó de largo tomando la chaqueta.
-No sabía que fueras tan popular con los chicos – dijo con claras intenciones de molestar.
La azabache había permanecido en silencio, y aunque le molestó el comentario, sabía cuál era el juego de Kikyo y no caería en él – Oh querida… - hizo una pausa para mirarla a los ojos y darle una sonrisa de lado -, no tienes ni idea.
Kikyo la miró molesta, lo que Kagome notó y pasó de largo para ir en busca del chico de larga trenza, pero se detuvo de golpe al escuchar un chillido.
-Bank, ¿por qué me dejaste, te extrañe? – habló melosamente Tsubaki, despertando molestia en el moreno.
–Deja de colgarte de mí - ordenó con tono frio.
-Pero realmente te extrañe – habló la chica mirando de modo burlón a la azabache que permanecía observando la situación pero manteniéndose al margen de ella.
Kikyo se acercó a la espalda de Kagome - Lo ves – habló a su oído -, es mejor que te alejes de nosotros, tú, no eres bienvenida – reconoció con actitud de superioridad.
"Así que este es tu jueguito, bien juguemos" Kagome no era estúpida y notaba el rechazo del moreno hacia la desconocida chica, para ella. Giró hacia Kikyo y le dedicó una sonrisa fría como sólo Bankotsu sabía dar.
Kikyo se sintió intimidada, por lo que retrocedió unos pasos.
-Adiós, Kikyo – se despidió Kagome y giró en dirección a Bankotsu, no quería caer en provocaciones, pero se sentía molesta de sobremanera ante la escenita que la chica estaba montando con el moreno "Zorra" pensó molesta al pararse cerca de ellos.
Bankotsu aun no podía deshacer el agarre de Tsubaki cuando notó que la azabache lo miraba.
-¿Nos vamos? – preguntó Kagome alzando una de sus cejas y mirando a la chica, que aún colgada de él.
El moreno estuvo a punto de responder – No molestes, niña – interrumpió Tsubaki con tono despectivo y sin mirar a la azabache.
La chica cerró sus achocolatados ojos y frotó su frente, rogándole a dios no perder la poca paciencia que le quedaba.
Tsubaki miró de lado y supo que no debía parar – Bank – llamó al chico y se acercó a sus labios -, ¿qué tal si nos vamos juntos? – casi ronroneó seductoramente.
"Ok, lo intente" pensó Kagome cerrando la distancia entre ellos y tomando a Tsubaki del hombro – Lo siento, quería, él se va conmigo – le dio una sonrisa cargada de fastidio.
Tsubaki soltó su agarre e hizo un brusco movimiento con su hombro - ¿Tu quien te crees? – chilló indignada.
La azabache tapó sus oídos a modo de burla - ¡Dios!, que tono alcanzas – fingió dolor en su rostro.
-Mph – contuvo una carcajada Bankotsu.
-¿Quién te crees t…? – Tsubaki se vio interrumpida en su reclamo por la mano de Kagome parada frente a su cara a modo de freno.
-Alto, no tengo porqué darte alguna explicación – pasó su mirada al chico -, como te dije, él se va conmigo, así que hazte a un lado – bajo su mano y tomó el brazo del moreno -, estorbas – le dio una sonrisa sarcástica.
Tsubaki entró en estado de cólera, iba a comenzar a hacer un escándalo cuando sintió que alguien tomaba su mano – No es el momento, Tsubaki – vio a Kikyo con mirada seria.
-Si, Tsubaki – repitió con cierto tono de asco al nombrarla -. Hazle caso a tu amiguita, jugaremos en otro momento – ofreció Kagome – Adiós chicas – se despidió y comenzó a caminar con Bankotsu hacia la salida aun abrazada de él.
Bankotsu estaba muy divertido por la situación y lo demostraba en la media sonrisa que portaba.
La chica lo vio de medio lado – No digas nada – amenazó.
-No prendía hacerlo – levantó sus hombros y le abrió la puerta a la azabache para salir del gimnasio.
Una vez afuera Kagome le devolvió la chaqueta y se colocó la propia, su curiosidad le ganó y se decidió a preguntar - ¿Así que también conoces a Kikyo?
Bankotsu se puso con mucha calma su chaqueta negra – Si – subió el cierre y se colocó la capucha -, fuimos compañeros en preparatoria – informó tomando la mano de la chica.
La azabache casi no notó el gesto, le era muy cómodo este tipo de contacto con él, pero no sabía su significado, por lo cual alzó sus manos entrelazadas y lo miró con seriedad - ¿Qué es esto?
El chico mostró su sonrisa torcida – Significa que eres mía – dijo con tranquilidad pero sin perder la expresión divertida de su rostro.
-¿Disculpa? – cuestionó confundida, que se creía, un maldito cavernícola.
-Lo que escuchaste – con su mano libre tomó la cintura de la chica y la pegó a su cuerpo -. Sé que te gusto, y tú me gustas – rozó sus labios.
Kagome no podía pensar bien, ¿realmente eso estaba pasando?, era evidente que el chico le gustaba, y mucho, pero no estaba segura de tener una relación seria, aunque él la hacía dudar – Bankotsu, yo… - trató de explicar, pero no encontraba palabras.
-Tranquila, pequeña – juntó sus frentes, sin romper el abrazo -. Iremos con calma.
El moreno deseaba a la chiquilla, pero no cometería los mismos errores y haría todo bien.
-¿A qué te refieres con eso? – logró preguntar perdida en los profundos ojos azules que le daban calma.
El chico juntó sus labios, le dio un tierno beso y la miró nuevamente – Aun debemos conocernos mejor – rozó nuevamente sus labios -, pero, sigues siendo mía.
-Yo no estoy segura de tener una relación ahora – reconoció sintiendo un malestar en su estómago.
-No lo será – se irguió para mirarla desde las alturas -, por ahora.
-No te entiendo.
-No tendremos una relación seria, pero tú y yo estamos juntos y punto – dijo con leve tono autoritario.
-¿Eso es una orden? – la chica no sabía si estar ofendida o divertida.
Bankotsu soltó el aire frustrado – Pequeña, tú no quieres una relación y yo no quiero estar lejos de ti, lo mejor es un punto medio – su sonrisa de suficiencia apareció.
La azabache soltó una carcajada y pasó los brazos por el cuello de él – Eres muy listo – se puso de puntillas y besó lentamente al moreno.
El beso fue dulce, lento y lleno de sentimientos que empezaban a florecer, pero fueron interrumpidos por el sonido de una garganta aclarándose.
-Disculpen pero, ¿hasta cuando se supone que debemos esperarlos en la maldita cafetería? – preguntó Jakotsu con falsa indignación.
Kyoya permanecía recargado en un árbol con una sonrisa de verdadera felicidad en los labios.
Kagome y Bankotsu habían separado sus bocas, pero aún continuaban abrazados – Es un impertinente – se quejó Bankotsu en un susurro.
La chica le sonrió y miró a su amigo – Lo siento, no miramos la hora.
-Me doy cuenta – Jakotsu estaba feliz -. Querida, somos cuñados – se acercó a la chica, la abrazó y la levantó en el aire.
Kagome se dejó hacer y cuando estuvo en el suelo, miró a sus dos amigos – No es una relación – ahora miró a Bankotsu que la miraba confundido, era necesario que les dijera eso -, lo siento, no les mentimos a nuestros amigos – volvió a dirigir la mirada a los confundidos chicos -, solo es… - dudó, ni siquiera ella sabía lo que era, por lo que no supo cómo explicarlo.
Bankotsu notó la incomodidad y la ayudó – Estamos juntos y es lo que importa – informó con voz muy seria y se cruzó de brazos.
Jakotsu y Kyoya se miraron, era confuso lo que dijo la chica, pero finalmente Bankotsu tenía razón.
Kyoya se encogió de hombros – Me da igual que nombre tenga esto – apuntó a cada uno -, solo me alegra que estén juntos, son tal para cual.
-¡Sí!, es verdad – volvió a abrazar confianzudamente a la chica -, ven, vamos a comer y me contaras todo – caminó de la mano con ella dejando a los dos jóvenes atrás.
Kyoya miró divertido a Bankotsu - ¿Qué? – preguntó el moreno de forma cortante.
-No es nada, solo te ves diferente – habló con una gran sonrisa al parecerle el moreno, después de mucho tiempo, feliz.
-Mph – Bankotsu sonrió de medio lado al reconocer internamente que Kagome era especial.
Kyoya apoyó su mano en el hombro de su amigo –Me alegra que hagas las cosas bien, no la debes presionar, todo ha pasado muy rápido, y por lo visto tendrás que contarle tu las cosas antes de que lo haga otro.
El momero dejó salir el aire preocupado – Lo sé – miró a su amigo – Tsubaki y Kikyo ya hicieron su primera escenita – recordó molesto.
Eso alertó a Kyoya - ¿Le hicieron algo a Kag?
-Hicieron el intento – una sonrisa se formó en sus perfectos labios -, aunque ella salió muy bien de él.
Kyoya se relajó – Era de esperarse, Kagome se parece mucho a ti – lo miró de manera burlona -, aunque ella es más agradable.
El moreno negó suavemente – Es mejor que los alcancemos – comenzó a caminar.
-Justo a eso me refiero – Kyoya sonrió y se apresuró a alcanzarlo.
Luego de comer en la cafetería, la hora había pasado sin que ninguno se diera cuenta.
-Bien – habló Kyoya -, son casi las nueve y no se ustedes pero no tengo ningún interés de quedarme a la fiesta – se desperezó y dejó caer su peso en la silla.
-Creo que yo tampoco – apoyó Kagome.
-¡¿Qué?! – chilló Jakotsu -, pero yo quería celebrar con Kag – hizo un puchero exagerado.
Kyoya tocó el hombro del chico – No ir a la fiesta no significa que no celebremos – sonrió con malicia.
Bankotsu sabía a lo que se refería y no le agradó, él quería tiempo a solas con la azabache.
-Es verdad – aceptó Kagome, sorprendiendo a Bankotsu -, podemos ir a mi casa – ofreció con una sonrisa.
-¡Sí! – celebró Jakotsu abrazando por el cuello a la chica que correspondió alegremente el gesto de su efusivo amigo.
-Vamos – susurró Kyoya al oído del ofuscado moreno -, solo será un rato.
-Pf – se quejó Bankotsu -. Bien – se puso de pie llamando la atención de todos -, iremos a mi departamento.
-¿Tiene algo de malo mi casa? – Kagome se puso de piel y lo miró hacía arriba con el ceño fruncido.
El moreno la miró, sonrió de lado y se acercó a su rostro – Nada pequeña, pero conozco mejor a estos dos y no se irán hasta no recordar su maldito nombre.
-¡Oye! – se quejaron al mismo tiempo los aludidos.
La azabache soltó una suave carcajada – Creo que tienes razón.
Bankotsu miró tiernamente a la chica, no sabía cómo pasó tan rápido, ni porque, pero ella lograba llegar a su cerrado corazón sin siquiera intentarlo.
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-¿No crees que ya fue suficiente? – cuestionó Inuyasha sentándose en uno de los asientos junto a la barra.
-Cállate bestia – se quejó Kouga dando un largo sorbo a su trago.
-Te vi hablar con Bankotsu hace un momento, ¿qué pasó? – preguntó curioso.
-Tsk – Kouga chasqueó la lengua -. El idiota me amenazó, quiere que me aleje de Kagome
-Que idiota son tú y Bankotsu siempre se fijan en la misma maldita mujer – negó con la cabeza.
-Ese idiota siempre está en mi camino – casi ladró el chico de coleta.
-Vamos, las cosas deben terminar antes de que… - el peliplata no pudo terminar.
-¿Antes de que? – preguntó Kouga levantando una ceja muy molesto.
Inuyasha dio un cansado suspiro – Se que no fue tu culpa, pero… - se vio interrumpido por el golpe que Kouga dio en la barra.
-Eso, no fue culpa mía – su semblante se endureció y se marchó.
El chico de ojos dorados lo vio partir y terminó su tragó – Esto será malditamente jodido.
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-Kagome, yo te quiero mucho – dijo Jakotsu abrazando a la chica -, seremos como hermanas.
Kagome lo miró divertida – Jack, ya estas ebrio.
-Nooooo, yo solo estoy un poco cansado – soltó su agarre y se acomodo en el amplio sillón negro.
-No, no, no – regañó la chica -. Jakotsu levántate y ve a dormir al cuarto.
-¡Que te acuestes en tu cama! – alzó la voz Bankotsu desde la cocina.
Jakotsu escucho la demandante voz de su hermano y casi corrió al cuarto de invitados, donde ya lo esperaba Kyoya que llevaba un par de horas durmiendo.
Kagome miró asombrada a su amigo "Dios, tanto miedo le tiene" pensó divertida y miró al umbral de la cocina con una tierna sonrisa.
Se levantó del sillón y tomó los vasos sucios para llevarlos a la cocina y cuando entro vio al moreno sentado en una silla alta, que estaba en mitad de la amplia y lujosa cocina, con el portátil abierto y tallando el puente de su nariz.
Dejó los vasos en el fregadero y se posiciono en su espalda rodeando el cuello del chico con sus delgados brazos - ¿Cansado? – preguntó casi en susurro.
-Solo un poco – reconoció girando la silla y sentando a la chica sobre sus piernas.
Kagome se dejó hacer y cuando se encontré sentada en el regazo el moreno miró el portátil - ¿Qué ves? – preguntó curiosa.
-Solo es trabajo – respondió el chico apoyando su cabeza en el pecho de la azabache.
-¿Con circuitos de nieve? – cuestionó aun mas confundida.
Bankotsu cerró sus ojos, realmente encontraba paz con ella – Debo revisarlos antes de cada competencia, es lo normal – respondió sin interés.
"Circuitos de nieve, competencia, y estos son ¿auspiciadores? – Bank, ¿en qué demonios trabajas? – frunció el ceño.
El moreno levantó su cabeza y la miró también con el ceño fruncido - ¿Qué no lo sabes? – preguntó y la cara de desconcierto de la chica le dio la respuesta -. Idiotas, jamás hablan de lo importante – negó con una sonrisa divertida -. Soy deportista profesional de nieve pequeña – anunció con indiferencia.
-¿Profesional? – cuestionó sorprendida.
Bankotsu le dio un suave roce con sus labios en el níveo cuello de la chica – Sí – besó ahora la parte trasera de su oreja -, pero es una larga historia y… - ahora lamió provocativamente el lóbulo de su oreja tomando desprevenida a la azabache.
-Ahh – dejo salir un suave gemido -, ¿qué haces? – preguntó ella inclinando inconscientemente su cabeza dándole un acceso más fácil al chico.
-Nada que no te guste – comenzó a acariciar la pequeña cintura de la chica mientras ella deshacía su agarre del cuello para posar sus manos en los amplios hombros del joven.
-Bank – dejó salir el nombre en un suspiro y tomó tiernamente la cara del chico para besarlo apasionadamente.
El besó desbordaba pasión acumulada, ambos sentían el mismo deseo y la necesidad de unir sus cuerpos.
Bankotsu apartó el portátil y tomó a la azabache de las caderas para sentarla en la mesa frente a él, luego se puso entre sus piernas y continuó besándola.
-Se que dije que iríamos lento – dijo el moreno separando sus labios y juntando sus frentes -, pero realmente quiero esto – confesó con los ojos cerrado.
Kagome quedó enternecida, no era mucho lo que se conocían, pero estaba segura que eso fue una manera de pedirle permiso para continuar.
Ella se abrazó del cuello del moreno y con sus torneadas piernas rodeó las caderas de este, apretándolo contra su cuerpo – También lo quiero – confesó sonriendo.
Bankotsu abrió los ojos y sonrió - Te quiero – habló sin miedo y volvió a tomar los delgados labios de la chica sin esperar respuesta.
La azabache se perdió en el beso y no notó que fue levantada de la mesa, aun que sí quedó en su cabeza ese te quiero que logró perturbarla un poco.
El chico la levantó poniendo sus manos en el formado trasero de ella y caminó en dirección a su cuarto, que se encontraba al final de un largo pasillo del lujoso departamento.
Cuando llegaron al cuarto, no se molestaron en prender la luz. Kagome bajó del chico y miró a su alrededor, aunque carecían de iluminación toda la habitación estaba iluminada por la luz de la luna que entraba por los enormes ventanales, los cuales reemplazaron casi toda una pared.
La chica camino hasta este y apoyó una mano en la fría ventana admirando la preciosa luna – Es hermosa.
Los ojos de la chica brillaban y él no contuvo las ganas de acercarse – Tu lo eres mucho más – susurró en su oído abrazándola por la espalda y besando su cuello.
Kagome sonrió, cerró los ojos y volteó a verlo "Creo… creo que también lo quiero" pensó asustada en su interior, había pasado por mucho y tenía miedo.
El moreno frunció el ceño al ver la expresión de la chica - ¿Todo está bien? – preguntó preocupado.
La azabache escondió su mirada, lo deseaba, pero esta vez no saldría lastimada – Creo… creo que vamos muy rápido – titubeó, aun no podía entregarse -. Será mejor que duerma en la sala – pasó de largo al confundido chico aun con su mirada oculta.
-Espera un momento – la voz de Bankotsu salió un poco molesta -, ¿la sala? ¿es en serio?
-Bankotsu, yo… yo lo siento, pero no puedo, yo… - su vista comenzaba a nublarse y aun no podía voltear a enfrentar la mirada azulina.
El moreno la jaló hacia su cuerpo y la cubrió protectoramente con sus brazos – Eso no significa que no podamos dormir juntos – realmente la quería y si ella aun no estaba lista, él lo aceptaba y la atesoraría.
Kagome no contuvo sus lágrimas, que ahora contaban con tristeza por el pasado y alegría por su presente – Tienes razón – lo abrazó fuertemente y apoyo su cabeza en el trabajado pecho.
-Te quiero pequeña – confesó nuevamente y con una mano tomo el mentón de la chica y le dio un tierno beso.
Quizás no harían el amor esa noche, pero si dormirían entregando más de lo que ellos mismos imaginaba.
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La mañana llegó con claridad y la azabache se talló los ojos con pereza - ¿Qué diablos? – se quejó al sentir peso sobre su cintura y piernas, pero una sonrisa se apoderó de sus labios cuando volteó a ver.
El moreno dormía plácidamente, estaba abrazándola por la cintura y enredando sus piernas con las de ella.
"Dios, qué noche" pensó la chica, su sonrisa se amplió y cubrió sus ojos al recordar cómo el moreno aceptó que no pasara nada entre ellos.
Se removió bajo el agarre y giró para quedar frente a su rostro, lo cual provocó que el joven abriera sus hermosos ojos azules.
–Hola, pequeña – saludó él y besó su frente -, ¿cómo dormiste?
Kagome acomodó su cabeza en el pecho del chico – Bastante bien, ¿tú?
-Bien, ¿qué hora es? – giró su cuerpo y miró el reloj digital del mueble junto a la cama -, maldición – se volvió a girar y abrazó a la chica acurrucándose más dentro del calor de las cobijas -. ¿Cómo te despiertas tan temprano en domingo?
-Lo siento, pero acostumbro correr todas las mañanas – se deshizo suavemente del abrazo, se sentó en la cama mirándolo de manera divertida y se levantó.
Bankotsu la vio pararse y quedó perdido en la maravillosa vista que tenía.
La noche anterior había insistido en que ella durmiera cómoda, por lo que le dio una de sus prendas para pasar la noche y fue la mejor decisión, la chica lucía una polera negra sin ningún estampado, obviamente le quedaba excesivamente grande por lo que el cuello dejaba ver uno de sus finos hombros y le cubría solo unos centímetros bajo su bien formado trasero.
"Maldición" se lamentó internamente, si seguía mirando tendría una erección, así que decidió sentarse para distraerse.
-Bien, me daré una ducha – volteó a mirarlo, le dio un breve besó en los labios y se metió al baño del cuarto.
Bankotsu estaba extrañamente cómodo con la presencia de la morena, cosa que era difícil de creer para alguien como él que disfrutaba la soledad, aunque claro, Kagome era otra cosa.
Salió de la habitación solo con el pantalón negro de su pijama y se dirigió a la cocina para preparar algo de desayuno – Mierda – se quejó abriendo el refrigerador.
Siempre pedía comida y no acostumbraba tener visitas por lo que solo tenía cervezas y sobras.
Miró la hora – Las ocho – se frotó el puente de su nariz y decidió que llamaría a algún local cercano para pedir algo.
Caminó fuera de la cocina hasta la sala y encendió el moderno y enorme televisor plano, no disfrutaba del silencio, por lo que se le hizo costumbre mantener el aparato encendido.
Cuando entró nuevamente en la habitación vio a la chica que terminaba de ponerse su ropa
- ¿Tienes hambre? – preguntó tomando su móvil.
Kagome estaba tomando su largo cabello en una coleta alta – Un poco – reconoció.
-Pediré algo de inmediato – marcó unas cuantas veces la pantalla táctil del aparato pero lo detuvo una de las manos de ella.
-¿Pedir algo para el desayuno? – preguntó casi indignada.
Bankotsu frunció el ceño - ¿Tiene eso algo de malo? – preguntó confundido.
-Por supuesto que si – se quejó ahora si indignada -, el desayuno es muy importante y tú solo pedirás algo.
El moreno rodó los ojos - ¿Qué te pasa?, es solo comida – estaba realmente confundido.
-Dios – la chica se tapó los ojos con una de sus manos -, ¿cómo demonios sobrevives así? – cuestionó aun ocultando su mirada.
Bankotsu se encogió de hombros – Así, como me ves.
Kagome bajó su mano y dejó salir el aire en un cansado suspiro, se giró a tomar su chaqueta y bolso.
-¿Te vas? – el chico estaba comenzando a molestarse, "¿que mierda le pasa?"
La azabache lo miró molesta – A comprar las cosas para PREPARAR el desayuno – se acercó a él y besó suavemente sus labios -, mientras estés conmigo comerás como se debe – dicho esto giró sobre sus talones y salió de la habitación, dejando a un confundido chico.
-¿Qué diablos fue eso? – preguntó en voz baja dejándose caer en la cama.
Mientras miraba el techo despreocupadamente escucho unos golpes en su puerta - ¿Qué? – casi escupió.
La puerta se abrió – Vaya, por tu tonito, veo que ya metiste la pata – se burló Kyoya con una sonrisa, mientras se recargaba de brazos cruzados en el umbral de la puerta.
-Ni siquiera sé que hice – reconoció el moreno -, no entiendo porque tanto escándalo por un maldito desayuno – cerró sus ojos frustrado.
Kyoya soltó una carcajada – Kag es muy exigente cuando se trata de comida – se encogió de hombros -, aun mas con el desayuno – dio un largo bostezo.
Bankotsu que tenía los ojos aun cerrados sonrió ampliamente "No sé porque no me sorprende", la chica le gustaba por eso, por su manera tan especial de ser.
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Kagome salió del exclusivo edificio a las frías calles del distrito comercial, curiosamente el complejo no estaba tan lejos de su propio departamento, por lo que ya conocía los alrededores y solo cruzó la calle para llegar al supermercado más cercano.
-Supongo que no tiene nada – habló para sí misma y se dispuso a comprar lo necesario para cuatro.
Cuando creyó no olvidar nada se dirigió a la caja – Hola, preciosa – escuchó la voz alegre de Kouga.
-Hola, Kouga – saludó con pocas ganas y se colocó a la fila más cercana.
Kouga se acercó a ella – Bueno, quería disculparme por lo de anoche creo que bebí demasiado – se disculpó con una tímida sonrisa.
La azabache lo miró de lado – ¿Eso crees? – dijo cortante.
-Lo es y lo siento – el chico juntó sus manos y puso cara de suplica.
Ella lo miró una última vez y dio una largo suspiro – Como sea, espero no vuelva a ocurrir – avanzó unos pasos en la fila.
-No pasará – habló serio Kouga -. Kagome, mantente alejada de Bankotsu – soltó el chico con un semblante serio.
Kagome frunció el ceño - ¿Disculpa? – no quería creer lo que escuchaba.
-Bankotsu es un idiota y no es una buena influencia para ti – el chico tomó la mano libre de ella entre sus manos -, promete que te mantendrás lejos de él – pidió mirándola directo a los ojos.
Ella estaba inmóvil "¿Quién se ha creído este maldito estúpido?", se soltó bruscamente del agarre – Kouga, no te metas en cosas que no son de tu incumbencia – controló su genio y dio la respuesta más tranquila que se le ocurrió en ese momento.
La fila avanzó y Kagome comenzó a pasar las cosas que compraría – Preciosa, te lo digo en serio, ese idiota no es bueno para ti.
-¿Y quién sí lo es? ¿Tú? – ironizó alzando una ceja, pagó los alimentos y salió del local.
Kouga estaba enfadado, pagó la bebida energética que tenía en las manos y salió tras ella – Kagome, espera – la tomó del brazo para detener su paso.
Ella se removió ya perdiendo toda paciencia, no le había aguantado a su padre que decidiera su vida amorosa, menos se lo permitiría a un desconocido – No – dijo cortante y volteó a verlo con los ojos llenos de molestia -, tú no eres nadie para decirme lo que tengo o no qué hacer.
-¿Te habló de Reira? – soltó de la nada el chico.
La azabache lo miró desconcertada - ¿De quién? – preguntó sin comprender.
-Reira, ¿te contó que él y ella er… - fue cortado por una fuerte cachetada.
-¿Sabes que los verdaderos hombre no divulgan la vida de nadie? – preguntó escondiendo su mirada.
Kouga se tomó la mejilla con una de sus manos y la miró con odio – Sólo estoy tratando de prevenirte de ese idiota.
-Todos tienen su pasado y todos esconden algo – hasta ella misma lo hacía, no era nadie para juzgar a los demás -, ¿acaso tú no lo haces? – preguntó levantando su mirada para encontrar la del chico.
Él se sorprendió ante esta última pregunta, claro que él también escondía algo, algo ligado con el moreno que estaba tratando de desprestigiar, pero no se atrevería a hablar – no estamos hablando de mí – dijo nervioso.
-Claro que no – concordó la chica recuperando su postura tranquila -. Mantente alejado de mí, Kouga – le informó y volteó para seguir su camino.
-Demonios – se quejó el chico -, eres una maldito Bankotsu, pero esta vez no será tuya – sonrió malvadamente -, las cosas siempre se repiten – bajó su mano y miró como la azabache cruzaba la calle y entraba en un edificio ya conocido para él -. Estúpida – habló con veneno y se marchó.
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-Creo que ya se tardó – dijo Kyoya -, iré por ella – anunció y se levantó del sofá.
-Iré yo – habló el moreno, pero inmediatamente escucharon el timbre.
Rápidamente Kyoya abrió la puerta - ¡Cómo demoras! – se quejó divertido.
-Buenos días también – habló de mal humor la chica.
Kyoya miró confundió a Bankotsu que le devolvió la mirada, no creía que su pequeña discusión la tuviera de ese ánimo.
-Jackotsu – habló la chica al adormilado joven que permanecía en silencio mirando el noticiario -, ¿me ayudas?
-¿Eh? – preguntó con la mirada perdida.
-Que me ayudes – la azabache alzó ligeramente la voz y se metió a la cocina.
-Dios, pero que genio – se quejó Jackotsu mientras atravesaba la sala.
Cuando entró en la cocina se encontró con Kagome que tenía las manos apoyadas en la mesa de vidrio y con su semblante frío.
-Kag, ¿estás bien? – preguntó preocupado.
La chica sabía que Kouga no hablaría por nada y si era un tema tan delicado como lo pintó el chico de coleta, al único que podría sacarle algo era a su afeminado amigo - ¿Quién es Reira? – preguntó sin rodeos y con tono bajo pero firme.
Con la sola mención de ese nombre el chico palideció -¿Qui-quién? – trató de no tartamudear pero falló y el nerviosismo se apoderó de él.
Kagome alzó una de sus cejas "¿Así que si existe la chica?" pensó furiosa.
Ante el silencio de su amiga se atrevió a preguntar - ¿Dónde escuchaste ese nombre? – cuestionó.
-Eso no importa – no sabía bien por qué, pero estaba realmente furiosa -. ¿Quién es? – preguntó nuevamente con tono demandante.
El chico tragó pesadamente – Es una larga historia y… - dudó en escoger las palabras -, no es a mí a quien le corresponde hablar de ella – él sabía lo delicado del tema por lo que no quiso seguir hablado.
-¿En serio? – cuestionó irónica -, entonces, ¿a quién?
-Kag – Jackotsu se acercó a ella y tomó su hombro -, sólo puedo decirte que Banky debe hablar de esto contigo, ella… es un tema muy doloroso – la pena que se reflejaba en sus ojos ablandó el carácter de la azabache.
Dio un largo suspiro - ¿Por qué Kouga me dijo que me alejara de Bankotsu?
-¿Cuando te dijo eso? – pregunto ahora él, molesto.
-Me lo encontré mientras compraba, me preguntó si Bank me había hablado de Reira – estaba muy confundida y sus ojos comenzaron a aguarse sin explicación.
-Oh, querida – Jackotsu la abrazó -, créeme por favor, Banky te hablará de ella cuando sea el momento, pero no es lo que estas pensando – acarició su espalda como consuelo -. Banky es un hombre muy frío pero todo tiene una explicación.
-Entonces, ¿por qué siento tanta inseguridad? – las lágrimas comenzaron a caer sin explicación.
-Quizás sea porque realmente te importa el bruto de mi hermano – el chico sonrió -, a él le gustas y me atrevería a decir que más que eso, no te preocupes y no dejes que el idiota de Kouga y su grupo llenen tu cabeza con mentiras – la tomó de los hombros y la miró a los ojos -. Esto se volverá más complicado mañana cuando comiencen las clases y ese grupo de amargados los vean juntos – limpió una lágrima que rodaba por su mejilla -, Bank sólo quiere cuidarte y sé que teme perderte, sólo espera a que él te hable de esto.
La chica asintió y la puerta se abrió.
-Pequeña, ¿qué ocurre? – Bankotsu se acercó preocupado - ¿Qué pasó? ¿qué hiciste Jackotsu? – miró amenazante a su hermano.
-¿Yo? – el aludido lo miró ofendido.
-No me ha hecho nada – Kagome trató de controlar su pena, ella quería seguir el consejo de su amigo y esperar a que el moreno hablara del tema, pero lo suyo nunca fue esperar, cuadro sus hombros y miró al chico -. ¿Quién es Reira? – preguntó juntando toda la seguridad dentro de sí misma.
Bankotsu abrió los ojos sorprendido, estaba en shock. Jackotsu, que también estaba impresionado, salió silenciosamente del lugar para darles privacidad.
-Bankotsu, ¿quién es? – repitió la chica.
-¿Cómo sabes de ella? – soltó el agarre que tenia sobre ella y retrocedió algunos centímetros, no estaba listo para esta conversación.
Kagome se abrazó a sí misma, la intimidaba la postura fría de él – Es-eso no importa, sólo responde.
-Ella… - tragó el nudo que le dificultaba respirar y aclaró su garganta, tenía que aclarar las cosas de una vez -, ella está en el pasado, no tiene importancia – no podía, simplemente Reira aun dolía.
-¿Cuál es el problema con la maldita chica? – la azabache explotó, ya no soportaba tanto misterio, necesitaba respuestas.
Bankotsu frunció el ceño y la miró enojado –Nunca la vuelvas a llamar así- advirtió al endurecer su voz.
A Kagome se le apretó el pecho y lo miró resentida.
- No hables así de ella, tú no sabes nada – escupió con rabia ante la mirada molesta de la azabache.
-¡Claro que no lo sé, nadie me dice que diablos está pasando! – gritó frustrada y tomó pequeñas cantidades de aire para relajarse -. ¿Sabes qué? – dijo tranquila y mirando directo a los ojos del chico -, yo no quiero esto, yo… yo no necesito esto – negó suavemente con la cabeza -, al diablo – rodeó la mesa y salió de la cocina hacia la sala.
Bankotsu sólo la vio partir.
-Kag, ¿qué pasó? – preguntó Kyoya, que ya sabía el motivo de la discusión, gracias a Jackotsu.
-Nada, me largo – dijo la chica con los ojos llenos de lágrimas, abrió la puerta y se fue dando un fuerte portazo.
Justo en ese momento el moreno salió de la cocina - ¿Qué pasó? – cuestionó Kyoya muy molesto.
El moreno no respondió y evitó su mirada pasando de largo y dirigiéndose a su habitación.
-¡Eres un cobarde! – gritó indignado el rubio.
Bankotsu detuvo su paso – No te metas, Kyoya – lo miró amenazante, apreciaba mucho a su amigo, pero no le permitiría opiniones en este tema.
-Lo hago, te lo dije Bank, te quiero eres como un hermano pero Kagome también lo es y no dejaré que la hagas sufrir. Ella no lo merece – Kyoya caminó hasta el sofá donde tomó su chaqueta y se la colocó -. Yo apoyaba esta relación, es más, esperaba que funcionara – caminó hasta la puerta y tomó la manilla -, pero eres un cobarde, aun no superas nada – lo miró con pena por lo que estaba apuntó de decir -, aléjate de Kagome, no la mereces – dicho esto abrió la puerta y salió del departamento.
-Maldición – el moreno dio un fuerte puñetazo en una de las paredes y se fue a su habitación.
-o-
-¡Kagome! – gritó Kyoya cuando alcanzó a divisar a su amiga que caminaba por las nevadas calles.
La azabache no lo escuchó, estaba tan confundida, enojada, decepcionada pero por sobre todo, herida.
-Kag, espera – el chico le dio alcance y la tomó de la mano.
Ella no lo miró – Quiero estar sola – pidió con voz quebrada.
El rubio chasqueó la lengua y la jaló fuerte acercándola a su cuerpo para abrazarla – Tonta, aun no me das mi desayuno – bromeó y apretó mas su abrazo.
Kagome no pudo soportarlo y rodeó con sus delgados brazos al chico – K-kyo – sollozó -, ¿por qué duele tanto? – comenzó a llorar en los brazos de su fiel amigo, casi hermano.
-Tranquila, todo estará bien – dio un tierno beso en la cabeza de la chica -. Lo prometo – él se encargaría de cumplir su promesa, si el moreno la hacía sufrir tanto, no permitiría que continuara haciéndolo, él la protegería.
Caminaron abrazados hasta llegar a su edificio, la chica había parado de llorar pero aun sentía angustia por todo lo anterior.
Cuando llegaron a su piso, Kagome se acercó a su puerta y revisó su bolso en busca de sus llaves – Mierda – chasqueó bajo.
-¿Qué ocurre? – preguntó Kyoya.
-Las malditas llaves no están – ella lo miró con los ojos vidriosos -, ¿algo más pasará en este maldito día? – cuestionó mirando al cielo en tono de reclamo.
El chico rio bajo – Vamos, no seas tan dramática, pediremos una copia más tarde – pasó su brazo por los hombros de ella -, vamos a mi departamento – la animó a caminar hasta su puerta.
Kyoya sacó las llaves y las colocó en la cerradura de la puerta – Jamás he estado en tu departamento – reconoció la chica.
Él la miró de lado con el ceño fruncido – Es verdad – susurró y le dio una amplia sonrisa -, bienvenida entonces – abrió la puerta.
El departamento tenía la misma estructura que el de ella, solo que no contaba con la maravillosa vista al parque, si no que, a las concurridas calles nevadas, tenía muebles muy sencillos todos de madera, dos sillones simples y el otro doble de tela oscura, una alfombra a juego con los sillones y una televisión plana, aunque pequeña.
-No es tan lujoso como el tuyo, pero funciona para mí – habló el chico encogiéndose de hombros y quitándose su chaqueta.
La azabache lo imitó – Es muy funcional, igual a ti – dijo ella y entró en la cocina -. ¿Aun quieres el desayuno verdad? – preguntó alzando la voz.
El chico entró tras ella – Claro, creo tener lo suficiente para algo decente – se sentó en una de las dos sillas de la pequeña mesa ubicada en una esquina.
Kagome abrió el refrigerador y tomó los ingredientes para preparar algo rápido – Me sorprende que tengas comida – comentó ella, cortando algunos vegetales -, es decir, siempre comes conmigo – lo miró a través de sus pestañas.
Kyoya reposó su cuerpo en el respaldo de la silla – Solo desayuno y almuerzo, también existe la cena – sonrió de lado.
Ella no despegó los ojos de su tarea pero sonrió.
-¿Quieres hablar de lo que pasó? – preguntó el rubio tornando su rostro serio.
-¿Me dirás quién es ella? – preguntó la chica sin inmutar su tranquilo semblante.
Él le dio una sonrisa de lado – Sabes que no.
La chica le devolvió el gesto, su amigo no era ningún chismoso – La verdad es que no quiero seguir con el tema, si Bankotsu no quiere contármelo él mismo, que se vaya al mismísimo infierno – dijo muy segura de sí y comenzó a cocinar.
-Como quieras – el chico se desperezó -. Entonces… ¿ansiosa por tu primer día? – preguntó divertido.
-¡Si, que emoción me da! – bufó con falsa emoción.
Kyoya se carcajeó – Vamos, será divertido.
-Sí, estoy segura de que lo será – ella alzó ambas cejas recordando a las dos chicas que seguramente vería.
Pasaron toda la tarde juntos, ya a las cinco escucharon el timbre - ¡Voy! – gito Kyoya quitándose la manta que los cubría a ambos y parándose del sillón de dos cuerpos -, pausa la película – pidió a la chica.
Kagome obedeció y dio un sorbo de su delicioso café – Mierda – escuchó susurrar a Kyoya y lo vio acercarse a ella sigilosamente -. Es Bank – le dijo bajo y la miró preocupado.
-No quiero verlo – habló ella, también susurrando.
-Lo imaginé, ve a mi habitación, yo me encargo – dijo seguro y se acercó a la puerta que ahora era aporreada a golpes, por el impaciente moreno.
Kagome tomó la manta y corrió sin hacer ruido hasta su escondite.
El chico dio un largo suspiro y abrió la puerta.
-¿Qué tanto hacías? – increpó el molesto moreno y pasó sin invitación.
-Adelante, pasa – ironizó el rubio haciendo ademán con sus brazos.
Bankotsu sólo lo miró - ¿Dónde está Kagome? – preguntó ignorando la actitud de su amigo.
Kyoya cerró la puerta y volvió al sillón – No lo sé – respondió tomando su café.
El moreno alzó una de sus cejas - ¿Sigues molesto?
-¿Sigues siendo un idiota? – preguntó de vuelta.
-Kyoya este no es tu problema, no te metas – repitió lo anterior dicho y masajeó el puente de su nariz.
-Si es mi problema, Kag es mi amiga.
-¡También yo, maldición! – gritó Bankotsu, sacando su frustración -, ¿porque diablos no entiendes?
El rubio no dijo nada.
-Tsk, vete al diablo – escupió el moreno dejando unas llaves sobre uno de los muebles de la sala -, las llaves de Kagome, las encontré tiradas en mi habitación – caminó hasta la puerta y la abrió -. Yo la quiero y lo sabes – reconoció con tono muy sentido.
-Pero sigues queriéndote más a ti mismo – habló el chico y por primera vez desafió a su amigo con la mirada.
-Tsk – chasqueó Bankotsu y se marchó.
Kyoya dio un largo suspiro, apoyó sus codos en las rodillas y cubrió su cara con las manos, nunca había tomado una actitud amenazante con Bankotsu, eran como hermanos y lo respetaba mucho.
-Kyo, ¿todo bien? – escucho decir a la morena y levantó su cara.
-No – negó efusivamente con la cabeza -, rocé el control y apague el reproductor de DVD.
Kagome sonrió – Idiota, ahora tendremos que buscar en dónde nos quedamos – la chica llevó su manta y le arrancó la taza de café de las manos para encender nuevamente el aparato.
Kyoya volvió a cubrirse con la manta "Lo siento amigo" se lamentó internamente y miró a la chica de reojo.
-o-
A la mañana siguiente Kagome despertó más temprano de lo acostumbrado, luego de ponerse su conjunto deportivo miró el reloj de su móvil que marcaba las siete de la mañana, se acercó a la ventana y aun estaba oscuro.
Tomó su pequeño bolso, metió lo necesario y lo ajustó a su muslo – Mente clara Kag, mente clara – repitió como mantra y salió dispuesta a ejercitarse.
La noche anterior lloró recordando la fría actitud del moreno, hasta que se miró al espejo y comenzó a reír de sí misma, no tenía por qué sufrir por un idiota y tampoco ocultarse de él, ésta era una de las razones por las que rehuía de las relaciones formales, no necesitaba eso en su vida.
Luego de correr casi una hora volvió a su edificio, subió a su piso y golpeó la puerta de su vecino y amigo.
-Voy – escuchó decir con tono adormilado al joven y sonrió.
Kyoya abrió la puerta rascándose la nuca – Hola – saludó a la chica con una pequeña sonrisa.
-Buenos días – devolvió ella el saludo y se giró a su propia puerta -, me ducharé y comenzaré a preparar el desayuno – anunció mientras abría la puerta de su departamento.
-Bien – bostezó el rubio -, me daré una ducha, ¿necesitas algo? – preguntó cruzándose de brazos y apoyándose en el umbral, batallando por mantener sus ojos abiertos.
-Se terminó el jugo – reconoció la chica mirándolo enternecida, él la acompañó hasta muy tarde la noche anterior, por lo que se sentía responsable de su somnolencia.
-De acuerdo – cabeceó él y se giró para regresar a su hogar.
-Kyo – llamó ella.
Él reposó su cuerpo en la puerta y alzó ambas cejas con los ojos cerrados.
-Lindo pijama – dijo divertida y cerró su puerta.
Kyoya abrió de golpe los ojos y miró su cuerpo, acostumbraba dormir solo con unos holgados pantalones largos color gris, por lo que llevaba su torso desnudo, no recordó cubrirse por lo dormido que se dispuso a abrir la puerta, sonrió y negó con la cabeza cerrando su puerta.
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-Maldición – se quejó molesta la azabache al bajarse de su todoterreno, llevaba unos pantalones ajustados color vino con una franja negra en cada costado de sus largas piernas, botas altas negras que le cubrían parte del muslo, un chaleco negro con cuello alto muy ceñido al cuerpo que resaltaba su perfecta figura y un impermeable largo también negro -, te dije que llegaríamos tarde – apuntó acusatoriamente al rubio.
-Vamos Kag, no es tarde – sonrió burlón -, sólo estamos justos de tiempo – dijo colgando su mochila gris al hombro, el chico usaba un chaleco con cuello en punta verde oscuro, unos vaqueros oscuros, zapatos negros y una chaqueta gris muy gruesa.
Kagome se cruzó su bolso, que hacía juego con sus ajustados pantalones, y se colocó junto al chico.
Kyoya se inclinó para mirar su rostro - ¿Estás nerviosa? – cuestionó alzando una ceja y divertido por la rara extracción que tenía.
-¿Qué?, pf, no – respondió nerviosa y vio cómo la miraba divertido -. Bien, solo un poco – rodó los ojos y sonrió.
El rubio pasó su brazo por los hombros de ella – Tranquila, te irá bien – frotó enérgicamente el brazo de ella -. Vayamos a buscar tu horario – comenzó a caminar sin aflojar su firme agarre.
-Puedo hacerlo sola, no soy una niña – se quejó ella, acomodándose más bajo la protección que le entregaba su amigo.
El chico sonrió – Lo sé, pero estaré más tranquilo si voy contigo.
Kagome sonrió ampliamente, Kyoya era un buen amigo y se sentía protegida por él, era su apoyo y su fuerza en esos momentos.
-¡Vaya! – se escuchó una chillona voz a sus espaldas y ambos giraron -, no pierdes el tiempo – sonrió maliciosamente Kikyo.
Kagome miró a la alta chica, su piel pálida resaltaba con ese chaleco y pantalón rojo, muy fuerte, que combinaba con unas botas hasta la rodilla, chaqueta y una pequeña cartera, todo en blanco.
La azabache abrió su boca para responder pero fue interrumpida – Hola Kikyo, ¿cómo estás? – saludó el rubio con una falsa sonrisa.
-No tan bien como tú, Kyoya – respondió ella, mirando fijamente a la morena con puro veneno.
-Pero qué rápido se hartó Bank de ti – se carcajeó Tsubaki que recién llegaba a la universidad, luciendo un conjunto idéntico al de Kikyo, solo que en vez de rojo era morado, muy fuerte también.
"Dios, que buena bienvenida" pensó la azabache divertida por la patética escena - ¿Tú eres…? – preguntó achicando sus ojos en dirección a Tsubaki, aunque la recordaba perfectamente.
Tsubaki se molestó ante la poca atención que se le fue dada – Soy Tsubaki Sumiya, nos conocimos la noche del sábado en el domo Odori – le recordó.
-Oh, querida, es verdad – habló con fingida disculpa en su tono -, no recordé tu cara – le dio una sonrisa sínica.
-Bueno – dijo Tsubaki -, procura recordarla de ahora en adelante, niña – trató de sonar amenazante.
Kagome soltó a Kyoya y dio un par de pasos cerrando la distancia que la separaba de las dos presumidas chicas.
Tsubaki se apegó intimidada a Kikyo y ésta, tragó pesado.
Kyoya vio preocupado la escena – ¿Kag? - la llamó con preocupación.
La azabache posó sus manos en sus caderas y vio de lado a su amigo – Dame un minuto, ¿sí? – le giñó un ojo y volvió a mirar a las intimidadas chicas.
-¿Q-que? – logró tartamudear Tsubaki.
Kagome sonrió ampliamente – Así que, ¿no quieres que olvide quién eres, verdad? – preguntó burlona.
-A-así es – volvió a titubear -, mi padre es un muy importante trabajador de una gran empresa aquí en Hokkaido – informó inflando su pecho con soberbia.
-¡Vaya! – soltó la azabache alzando ambas cejas -, ¿sabes? – preguntó inclinándose un poco para acercar su cara a la de las chicas frente a ella -, suelo recordar los rostro de la gente que conozco, pero contigo querida – la miró de pies a cabeza -, haré una excepción – se volteó y tomó el brazo de su amigo que contenía la risa con todas sus fuerzas.
-¡Como te atreves, estúpida! – chilló indignada Tsubaki, mientras que Kikyo guardó silencio, al no encontraba nada ingenioso que decir.
-Adiós chicas – caminó del brazo con el rubio -, ¡jugaremos en otro momento! – gritó alzando la mano, a modo de despedida y sin voltear a ver a ninguna.
Cuando se alejaron un poco Kyoya explotó en una carcajada – Viste la cara que pusieron esa dos – sujetó su estómago como si le doliera -, dios, Kag, las dejaste sin palabras – miró a la chica que tenía una radiante sonrisa, su humor había mejorado considerablemente luego de la distracción que le entregaron las ridículas chicas.
-Son unas niñas mimadas – reconoció encogiéndose de hombros y luego sacó su móvil de su bolsillo trasero - ¡Mierda! –gritó y miró asustada al rubio.
-¿Qué? – preguntó nervioso el chico.
-Faltan cinco minutos para que comiencen las clases – dijo ella preocupada.
-Demonios – le quejó Kyoya -, vamos rápido – tomó la mano de Kagome y comenzó a correr a la dirección.
Ambos corrieron sin notar la presencia de un par de ojos celeste que los observaban "¿No estaba ella con Bankotsu?" pensó molesto y decidió que tenía que comenzar a acercarse a la chica antes que otro lo hiciera.
-o-
Luego de sus primeras dos clases, Kagome tenía un tiempo libre, por lo que se dirigió a la enorme cafetería.
El vibrar de su móvil llamó su atención y lo sacó de su bolsillo trasero, sin detener su paso "Papa" sonrió al abrir el mensaje.
"Hija, lamento mucho no haber podido comunicarme antes contigo, pero he tenido algunos pendientes que me lo han impedido, espero que tu primer día sea bueno y sabes que cuentas con nosotros en cualquier momento. Llamaré más tarde, te amo".
La chica sonrió, iba a comenzar a escribir su respuesta pero chocó de frente con alguien y su móvil cayó al suelo – Maldición – se quejó y recogió el aparato, que gracias al protector que portaba no sufrió daño.
-Lo siento mucho – se disculpó una chica un poco más alta que Kagome, sus ojos café oscuro resaltaban sobre su blanca piel, llevaba su cabello recogido en una larga coleta y tenía un flequillo muy bien cuidado.
La azabache se levantó del suelo y sonrió – Descuida, no estaba prestando atención – reconoció y guardó su móvil, ahora en el bolsillo de su impermeable.
La chica de coleta le devolvió la sonrisa – Soy Sango Hajima, estudio economía – se presentó ofreciendo su mano.
-Kagome Higurashi, administración – estrechó su delgada mano con la de ella.
Mientras las chicas se presentaban un agitado chico se acercaba a ellas - ¡Kag! – gritó Jackotsu apretándola contra su cuerpo y tomándola por sorpresa.
-Jack, ¿qué ocurre? – preguntó ella colocando ambas manos en la espalda de éste.
-¿Por qué no contestaste mis llamadas ayer? – cuestionó el chico como reproche -, ¿también estas molesta conmigo? – ahora su tono y rostro reflejaba pena.
Kagome se enterneció ante la actitud y posó su mano en la mejilla del chico – Claro que no, de hecho, no estoy molesta – le dio una cálida sonrisa -, la verdad, no lo estoy con nadie – reconoció lo decidido la noche pasada.
-¿Y qué pasa con Bank?
Kagome tragó la angustia que le generaba el tema - Bankotsu y yo, somos amigos – dijo ella retomando su postura pero sin perturbar su aparente calma -. No tienes de qué preocuparte.
Sango se aclaró la garganta – Disculpen – interrumpió y ambos chicos la miraron pero Jackotsu cambió su expresión preocupada a una de total sorpresa.
-¡Sango! – chilló él y tomó de los hombros a la joven -, ¿no era que te ibas a Kyoto?
La aludida se cruzó de brazos y fingió indignación - ¿Es lo mejor que me dices después de casi tres meses?
-Oh, amiga – dijo ahora él, con tono tierno -, te extrañé mucho – ambos se abrazaron.
Kagome miraba confusa la escena - ¿Se conocen? – preguntó lo obvio.
Jackotsu soltó a la chica y miró a la azabache – Claro, fuimos compañeros de instituto.
-Que tal si le contamos tomando algo caliente – ofreció Sango -, hace mucho frío aquí afuera.
-De acuerdo – acepto la morena -, pero antes – miró fríamente al chico -. Me explicas ya cuál es tu excusa para dejarme sola el primer día – demandó seria.
Jackotsu tragó pesado, su amiga podía usar el mismo tono que su intimidante hermano – B-bueno – cerró sus ojos y se ocultó tras Sango -, me dormí – soltó oculto.
-¡Dios, Jack! – regañó la chica -, al menos ¿viste tu horario? – preguntó enfadada.
-Si – levantó su cabeza y sacó un papel del bolsillo de su chaqueta –. Ten.
Kagome lo analizó unos segundos y sonrió – Bien, tenemos el mismo horario, así que, estás perdonado – dijo tranquilamente devolviéndole el papel -. Bien, vamos por el café – les sonrió a ambos y comenzó a caminar.
Sango miró sorprendida al chico – Es muy simpática – reconoció con sinceridad -, aunque – frunció el ceño -, me recuerda a tu hermano.
Jackotsu soltó una risita – Ay amiga, tenemos mucho que hablar – tomó de la mano a la chica y corrieron para darle alcance a la morena.
-o-
Su primer día universitario terminó, era la una de tarde, por lo que faltaban tres horas para su turno en la tienda.
Luego de despedir a Jackotsu y su nueva amiga Sango, la azabache caminó tranquilamente a su todoterreno pero divisó a cierto moreno recargado en el cofre del mismo, su corazón se aceleró pero con un reproche interno se obligó a ignorarlo y caminó sin perder su calma.
-Hola, Bank – saludó ella, muy normal.
Bankotsu la vio rodear el auto hasta el maletero y se levantó para seguirla – Necesitamos hablar, pequeña – estaba arrepentido por la forma en la que le habló y estaba dispuesto a contarle la verdad esta vez -, quiero contarte las cosas y aclarar todo de una vez.
"Ni siquiera un lo siento" se lamentó la chica – Descuida, no es necesario – abrió el maletero y dejó su mochila para luego cerrarlo y mirar al chico -, no tienes que explicar nada.
-Kagome, es un tema muy complicado – dijo el serio, no entendía el cambio de actitud de ella, esperaba una respuesta más impulsiva.
-Lo sé – negó suavemente -, es decir, no lo sé – lo miró fríamente – y la verdad, ya no me importa – reconoció y caminó para abrir la puerta del vehículo.
-Kagome… – demandó Bankotsu, comenzaba a perder su paciencia.
-Bankotsu, es suficiente, todos tienen sus problemas – habló ella recargando su mano en la fría puerta abierta -, también yo los tengo y con esos me basta, no tengo intención de entender los tuyos.
El moreno la miró con sus fríos ojos azules - ¿Lo dices enserio?
-Sí, pero esto no significa que no podamos ser amigos, tenemos muchas personas en común y no quiero que se vean involucrados, especialmente Kyoya – su angustia se hacía presente al recordar a su fiel amigo e imaginar lo doloroso que era para él estar molesto con su casi hermano.
-Ni Kyoya, ni nadie importa aquí – le tomó la cara con sus grandes manos -, esto es sobre nosotros.
Ella se alejó suavemente – Nunca hubo un nosotros Bank, lo que pasó entre nosotros fue sólo un impulso.
-¿Un impulso? – cuestionó incrédulo "Maldición, claro que no" pensó sin entender lo que la chica decía.
Kagome suspiró sonoramente – Mira, olvida lo que pasó el fin de semana, es mejor así – le dedicó una sonrisa y subió a su auto.
-¿Es lo que quieres? – preguntó él desde fuera - ¿solo amigos?
La azabache bajó la ventanilla eléctrica – Solo amigos – afirmó y se marchó.
Bankotsu la vio partir, se giró con las manos en los bolsillos y se marchó completamente molesto. Para él era realmente complicado forzar más las cosas, insistir y buscarla, pero podía pasar sobre su orgullo, porque Kagome era, aunque no lo aceptara, una persona que en pocos días lo había mantenido pendiente de ella. La joven se colaba en su corazón.
Kagome condujo por una de las avenidas que rodeaban el campus y paró cuando el semáforo dio rojo "Es lo mejor Kag, tranquila" se consoló y limpió una traicionera lágrima que rodó por su sonrojada mejilla, evidencia de la pena que sentía pero que por orgullo tragó y guardó en lo profundo de su corazón.
-o-
La semana había pasado sin novedad, Kagome se adaptaba muy bien a la vida universitaria en compañía de Jackotsu, ya que, al compartir horarios pasaban todos los días juntos.
La chica se había hecho muy amiga de Sango, quien ya estaba al tanto de su "impulso" con Bankotsu, pero no conocía el motivo de su distanciamiento por lo que no tenía una opinión sobre el tema.
Kyoya seguía desayunando todas las mañanas con la chica y luego iban juntos al campus y a Bankotsu no se lo había vuelto a encontrar, cosa que agradecía ya que aun sentía un malestar en el pecho cuando era nombrado ocasionalmente por Jackotsu.
Ya el viernes y la azabache se encontraba tomando una humeante taza de café en la terraza de la cafetería.
-¡Kagome! – escuchó que gritaron su nombre y volteó a ver.
-Hola chicos, ¿cómo estuvieron sus clases? – preguntó mirando a Jackotsu y Sango que jadeaban y la miraban con semblante expectante, cosa que le extrañó -. ¿Qué ocurre? – frunció el ceño.
Ambos chicos se miraron y sonrieron de manera cómplice – Kag – habló Sango -, recuerdas que te comente que soy parte del comité universitario ¿verdad? – preguntó la chica de coleta.
Kagome mantuvo su ceño fruncido y achicó los ojos al mirarla – Si lo recuerdo, lo mencionaste ayer.
-Querida – dijo ahora Jackotsu sentándose junto a ella -, sabes que eres preciosa y muy divertida ¿verdad?
La azabache golpeó ligeramente su, ahora, vacía taza de café contra la mesa sobresaltando a sus amigo – Hablen ahora – dijo forzando su mínima cuota de paciencia restante - ¿qué mierda pasa?
Jackotsu miró a Sango suplicante y ésta suspiró y se arrodilló frente a Kagome, entregándole un papel - ¿Qué es? – preguntó la chica y analizó lo que parecía ser una lista con nombres de chicos a un lado y chicas al otro, pasó su mirada y reconoció el suyo - ¿Qué diablos hace mi nombre aquí? – miró a Sango.
-Bueno… - dudó la chica, pero ante el semblante furioso de la azabache tomó valor y habló -. Te inscribimos para el concurso de Miss Campus – casi susurró Sango.
Kagome había escuchado perfectamente pero no podía creerlo - ¿Qué?
-Querida, eres perfecta para hacerlo y…
-¿Cuándo demonios lo hicieron? – interrumpió al chico.
-Ayer se abrieron las solicitudes – informó Sango.
-¿Y por qué demonios no veo sus nombres? – alzó la voz.
-Tú eres la novata más popular querida – Jackotsu tocó el hombro de Kagome.
-De qué demonios estás hablando Jack, llevo apenas cinco malditos días aquí – el fastidio se sentía en su voz.
-Cinco días en los que todos te han notado – defendió el muchacho.
-Pues pueden irse al diablo, no participare en una estupidez como esta – arrugó el papel, resopló reposando su peso en el respaldo de la silla y cubrió sus ojos con uno de sus antebrazos.
-Vamos Kag, serás una buena reina – animó Sango.
-Si es que logra serlo – se escuchó decir a una molesta voz cercana a ellos.
"Perfecto, solo faltaba esto" se lamento Kagome, reconociendo la particular voz y sin mover un músculo habló –: Hola Kikyo – saludó fingiendo cortesía -, es un gusto como siempre escuchar tu melodiosa voz – ironizó.
-Que maleducada eres – hablo ahora Tsubaki -, podrías por lo menos tomar una postura correcta para saludar – se cruzó de brazos y miró despectivamente a Sango que aún se encontraba de rodillas frente a la azabache -, pero bueno, considerando que eres amiga de la panadera, era de esperarse.
Kagome levantó su brazo y observó como Sango se encogía, la chica era becada ya que provenía de una humilde familia, propietaria de una pequeña panadería y obviamente se intimidó ante el venenoso comentario de la petulante chica, no le importaba si se metían con ella pero sus amigos era otra historia – Vaya, pero si es… - enderezó su espalda y ladeó su cabeza exagerando confusión -, eres… - tapó ligeramente con sus dedos sus labios.
Tsubaki enrojeció de ira - ¡Tsubaki, Tsubaki Sumiya, estúpida! – gritó desesperada.
Sango y Jackotsu miraban divertidos la escena, Tsubaki Sumiya la segunda chica más popular del campus estaba totalmente descontrolada.
-Tsubaki, ya basta – ordenó Kikyo, dándole una fría mirada a la chica.
-Sí, Tsubaki tranquila, recuerda los modales – sonrió burlona.
-Espero tu diversión dure Kagome – habló Kikyo -, ese concurso no es tu lugar, espero lo sepas.
-¿Asustada? – cuestionó la azabache.
-Cla-claro que no, solo te advierto para que no te avergüences luego – la altanera chica acomodó su cabello.
-Pues, muchas gracias por tu amabilidad – dijo Kagome y se puso de pieltomando sus cosas.
Jackotsu y Sango imitaron a la azabache y se disponían a marcharse – Esto no es una competencia, deberías retirarte ahora que puedes – amenazó Tsubaki.
Kagome que ya había dado un par de pasos se detuvo y volteó – No lo haré – una malvada sonrisa se apoderó de sus labios -. Ganaré – soltó con mucha confianza y volvió a girarse para caminar con sus amigos.
-Gracias – habló Sango casi susurrando y Kagome notó como la chica apretaba la correa de su mochila.
-Tranquila, son unas tontas – sonrió -, además – abrazó por los hombros a sus dos amigos -, ustedes me metieron en esto, así que ahora me ayudaran a ganar esta ridícula competencia.
Primero quiero pedir perdón por la ausencia, estuve muy desmotivada por la ausencia de comentarios pero mi querida Ángel me devolvió la confianza y gracias a su infaltable ayuda pude continuar.
Agradecería comentarios, sugerencias, quejas o lo que sea.
Gracias por leer.
