Disclaimier: los personajes no son mios. Dadle el credito Misuki e Igarashi. La trama es una adaptacion de la historia del mismo nombre de Sarah Morgan.

Capitulo dedicado a karina Gradchester; Gracias amiga por esperar paciente


Nueve meses despues

Capitulo 4
.

—Muy bien, respira, respira… siempre estoy diciéndote que respires ¿Por qué hay tantos dramas en tu vida? Mi único drama es que no funcione my tarjeta cuando voy al cajero— Con un helado de chocolate y una caja de pañuelos de papel en la mano, Annie se sentó en el sofá al lado de Candy —¿Cómo vas a estar embarazada? No te has acostado con nadie en cuatro años, ni siquiera las elefantas tienen embarazos tan largos.

Candice intentó contener una oleada de pánico

—Me acosté con alguien hace tres semanas.

El helado de chocolate cayó sobre la alfombra.

— ¿Te acostaste con alguien hace tres semanas? Pero si tú no… pero si no sales con nadie. Y no eres de las que se acuestan con el primero que conocen. Además hace tres semanas fue cuando Terrence…— Annie la miró entonces, perpleja.

—Sí— Admitirlo hacía que se encogiera ¿Cómo se le había ocurrido?

— ¿Terrence?

— ¿Te importaría dejar de repetir su nombre? Y me parece recordar que estabas muy contenta cuando me besó.

— ¡Pero solo fue un beso! Que yo sepa nadie se queda embarazada por un beso. Además tu odias a Terrence, ese hombre arruino tu vida— Annie tomó un puñado de pañuelos e intentó limpiar el chocolate de la alfombra —Que desastre.

—Ya lo sé.

—Me refiero a la alfombra, no a tu vida. Aunque tu vida tampoco es una maravilla ahora mismo ¿Es por eso por lo que se marchó sin llevarse el anillo?

—No lo sé, supongo que sí. Pero no me dijo nada, sencillamente desapareció— Agitada, Candice se levantó para pasear por el salón de su amiga.

—Candy, no es que no te quiera o que no me importe tu situación ¿Pero podrías dejar de pisar el helado? Mi casera me estrangulará si ve huellas de chocolate por todas partes.

—Ah, perdona— Candy se quedó parada, pasándose las manos por los brazos para entrar en calor. Se sentía enferma. ¿Era el embarazo o el pánico? Se preguntó —Te ayudare a limpiarlo.

—No déjalo, ya lo limpiaré más tarde.— Annie se sentó en el sofá y volvió a tomar el helado —Vamos a ver, llevas cuatro años sin saber nada de él y de repente aparece y se acuestan. La verdad es que nunca te había imaginado como…

— ¿Una obsesa sexual? A lo mejor eso es lo que pasa cuando mantienes a los hombres a distancia durante cuatro años. Dios mío ¿En que estaba pensando? Terrence me dejo plantada… ¿Y qué hago yo? Le recompenso acostándome con él ¿Estaré enferma?

Annie le miró arrugando el ceño

—Espero que no te pongas a vomitar, eso es lo que me faltaba ¿Cuántos años?

— ¿Qué?

—Has dicho que eso es lo que pasa cuando mantienes a distancia a los hombres durante cuatro años ¿Llevabas cuatro años sin acostarte con nadie?

—Sí era parte de mi programa de rehabilitación Anti-Terry

—Y veo que ha funcionado

Candice respiró profundamente en un vano intento de calmarse

— ¿Alguna vez has tenido una relación en la que no pudieras… controlarte? Tú sabes que no es bueno para ti pero no lo puedes evitar. Es tan poderoso que te supera.

—A mí no me ha pasado, pero mi cuñada es alcohólica y creo que eso es lo que ella siente por una botella de vodka.

—La analogía no me parece muy consoladora ¿Si tu cuñada hubiera estado cuatro años sin beber vodka seguiría sintiendo lo mismo al ver una botella?

—Oh sí, dice que la sensación no desaparece nunca, la cuestión es no acercarse al vodka.

—El vodka me llevó a casa y entró sin que yo lo invitase.

—Esta conversación se está volviendo muy complicada para mí. Pero lo del vodka suena bien. Tengo una botella guardada, para las emergencias.

—Estoy embarazada, Ann, no puedo beber alcohol.

—Pero yo sí, beberé por las dos mientras tú decides que hacer.

Unos segundos después, Annie volvió al salón pálida como un cadáver .

Olvídate, no tienes que decidir lo que vas a hacer.

— ¿Qué?

—Hay un limusina enrome en la puerta y yo no conozco a nadie que tenga una limusina. Es Draco tiene que ser él

— ¡No! — Asustada, Candy se acerco a la ventana —No puede ser él ¿Por qué iba a venir precisamente hoy? No puede saber que estoy embarazada.

—Bueno, él estaba presente en el momento de la concepción. Y evidentemente es un chico listo, así que es posible que haya tenido en cuenta esa posibilidad.

—No, no…

—Por otro lado, a veces los hombres son increíblemente tontos, así que es posible que haya vuelto por el anillo— Annie le dio una palmadita en el hombro —Y en ese caso se marchará con algo que va a costarle mucho más: los pañales, el colegio, el iPod, el Play station y todas esas cosas que necesitan los niños de ahora. Y luego está la universidad y…

— ¡Cállate ya Ann! No puedes dejarlo entrar. Aun no he decidido lo que voy a hacer, necesito tiempo.

—No digas tonterías, el tiempo no va a cambiar nada. Pero prometo no decir: "Hola papa" o "¿Has traído los pañales?"

Candy se dejó caer en el sofá con la cara entre las manos ¿Qué iba a decirle? Tenía que contárselo, no podía ocultarle que estaba embarazada. Tal vez podrían ser una de esas parejas que se llevaban bien pero no vivían juntos. Pero entonces el niño iría de casa en casa como un paquete.

¿Cómo podía haber ocurrido algo así? Si no hubiera vendido el anillo, Terrence no habría ido a buscarlo, no se habrían acostado juntos y ella no estaría embarazada.

Solo con pensar en esa palabra se mareaba.

Necesitaba tiempo para pensar y no estaba lista en ese momento…

Entonces sonó el timbre.

—Iré yo— Dijo Annie. Unos minutos más tarde volvía al salón con una maleta en las manos y un sobre en la otra —Tranquila no es él, es una de sus esclavas. Puedes darme una propina si te parece, un millón o así.

— ¿De dónde has sacado la maleta? ¿Y qué hay en ese sobre? .

—Una nota, imagino.

Candy abrió el sobre y de inmediato reconoció la letra de Terry. Y, después de leer la nota, tragó saliva.

— ¿Qué dice? — exclamo Annie, quitándosela de la mano.

Mi jet privado está esperando en el aeropuerto. Clara te acompañará. Nos vemos en Corfu.

—Qué horror— murmuró Candy.

— ¿Qué horror? Estoy a punto de clavarte algo en un ojo. Anillos de cuatro millones de dólares, Ferraris, limusinas, aviones privados… dame una razón para que no muera de envidia.

—Ese hombre me dejo plantada el día de la boda

—Sí, es verdad, pero un jet privado…— murmuró annie —Seguro que hay mucho espacio. Y el asiento de delante no se te clavará en las rodillas, ni habrá comida de plástico ¿Crees que debería hacerme un implante de pechos? Podría ir yo en tu lugar.

—Puedes ir en mi lugar porque yo no tengo intención de hacerlo— Candice miró la maleta — ¿Qué es eso?

—Clara ha dicho que era para ti.

— ¿Clara? ¿La llamas por su nombre de pila? Veo que se han hecho amigas.

—No digas tonterías— Annie abrió la maleta— Dios mío… vestidos envueltos en papel de seda. Y zapatos ¿Te ha comprado un vestuario nuevo?

—Probablemente no quiere que me aparezca con mi triste falda negra— Candice acarició uno de los vestidos con expresión soñadora antes de cerrar la maleta de golpe —Devuélvesela a Clara.

— ¿Qué? Te ha invitado a Corfu, tienes que ir.

— ¿Como que tengo que ir? No tengo que hacer nada. Terrence solo quiere de vuelta el anillo.

—Pero esos zapatos eran de Christian Louboutin… ¿Tu sabes lo que valen?

— ¿Y tú has visto el tacón que tienen? No sé lo que valen, pero sé lo que costaría la operación para arreglarme los tobillos rotos.

Annie se cruzó de brazos con expresión decidida

—Si esto es por la mujer con la que lo viste en la revista, ya te he dicho que no está con ella. Salió en todas partes que habían roto y yo sé por qué: después de acostarse contigo se dio cuenta de que tú eres la única para él.

—Si quieres que suene romántico vas a tener que hacerlo mejor— replicó Candy. Pero no podía negar que desde que supo que Terry había roto con Susana se había animado un poco. Había sido como caminar en la oscuridad y descubrir de repente que llevaba una linterna en el bolsillo.

—Estás embarazada, vas a tener un hijo de Terrence. Y él tiene derecho a saberlo.

—Se lo contaré no te preocupes.

— ¿Y por qué no se lo cuentas en Corfu? Puedes contarle lo del niño y pasar unas vacaciones maravillosas en una playa griega.

Candy tragó saliva mirando la maleta

—No quiero volver a Corfú.

Todo había ocurrido allí. Allí se había enamorado. Allí le había roto el corazón.

—La vida es dura— dijo Annie, siempre tan práctica—. Pero es mucho más sencilla con cuatro millones de dólares y al menos te enfrentarás con el mundo llevando unos zapatos de Christian Louboutin.

—No creo que pueda ponérmelos con una escayola.

—Apóyate en su brazo cuando los lleves puestos. Para eso están los hombres.

—Yo no quiero un hombre.

Annie suspiró

—Sí lo quieres, lo que pasa es que te da miedo. Pero míralo de este modo Candy: las vacaciones comienzan mañana y la alternativa es quedarte aquí sola y triste. Es mejor ser rica y feliz en Grecia ¿No? Ponte esos zapatos de tacón y písale el cuello.

Un error, un error, un error.

Candy iba rígida en el asiento de la limusina, mirando hacia adelante mientras atravesaban Corfu, bajaban por una carretera estrecha rodeada de olivos. Frente a ella se encontraba el maravilloso mar azul turquesa y la arena de color dorado, pero estaba demasiado estresada como para disfrutar del paisaje.

Cuatro años antes se había enamorado de aquel sitio. De sus olores, de sus sonidos, de los brillantes colores de Grecia. Y luego se había enamorado de Terry.

Si hubiera llegado allí en circunstancias diferentes habría sido emocionante, maravilloso. En lugar de eso apenas podía respirar. Lo único que sentía era miedo y ansiedad ante la idea de ver a Terry otra vez.

No se habían visto desde aquel día en la cocina. Ni siquiera sabía por qué había ido a Corfú.

¿Por qué le había pedido que llevara el anillo en persona? ¿Qué tenía en mente?

Candice se debatía entre el optimismo y la más profunda desesperación.

Según Terry le había hecho un favor no casándose con ella. Le había dado vueltas y vueltas en su cabeza durante esas semanas…

¿Qué había querido decir con eso, que entonces era demasiado joven o algo así? Candy se mordió los labios mientras miraba por la ventanilla. Con diecinueve años, una persona era demasiado joven para casarse. Tal vez había pensado que era demasiado ingenua o que no sabía bien lo que quería.

Lo único que sabía con toda seguridad era que no tenía idea de lo que pasaba por la mente de Terrence y necesitaba saberlo. Necesitaba saber qué futuro había para ella y para su hijo.

Poniendo una mano sobre su abdomen Candy se prometió que pasara lo que pasara no haría lo que su madre había hecho, no iba a aferrarse a una relación que no funcionaba.

Ella sabía lo que era tener unos padres que nunca deberían de haberse casado.

Cuando el coche atravesó la impresionante verja de hierro forjado, sintió que se le encogía el estomago. Ni siquiera la novedad de tener un jet privado para ella sola había logrado contener su aprensión. No sabía lo que Terrence esperaba de esa reunión, pero con toda seguridad no esperaría saber que iba a ser padre.

Tal vez se alegraría, pensó. Al fin y al cabo era griego y lo griegos querían mucho a los niños. En los restaurantes griegos se mostraban encantados cuando llegaba una familia, y sonreían con indulgencia cuando los niños correteaban por el lugar.

En Grecia, la familia era algo fundamental.

Y ese era su sueño ¿no? Tener una familia. Eso era lo que siempre había querido.

A pesar de que intentaba controlarse en su mente se formó una imagen navideña con muchas versiones diminutas de Terry abriendo regalos bajo un árbol enorme. Sería ruidoso, caótico, casi como un día de trabajo en el colegio… esa era una de las razones por las que había escogido tomar el trabajo como profesora y no como abogada. Le gustaba el ruido, el ambiente que se creaba en una clase llena de niños.

Tal vez Terry sentiría lo mismo.

Candy arrugo el ceño al recordar como Terrence les había hablado a sus alumnos, como si estuviera en un consejo de administración, pero seguramente necesitaría un poco de práctica. Debía entender que a los niños no se les podía hablar como si fueran adultos.

Y así tal vez, sólo tal vez, podría hacer que aquello saliera bien.

¿Cómo iba a mirar a su hijo a los ojos y decirle que ni siquiera lo había intentado?

AL menos tenía que intentarlo.

La limusina se detuvo en un enorme patio con una fuente en el centro y Candice tragó saliva. La primera vez que vio la casa de la familia Grandchester en Corfu se había quedado atónita. Ella había crecido en una casa pequeña y el lujo de aquella mansión le daba un poco de miedo.

Aún seguía siendo así.

Diciéndose a sí misma que debía intentar ser un poco ordenada y no tirarlo por cualquier parte de la inmaculada villa, Candice bajó del coche.

—El señor Grandchester está terminando una conferencia y se encontrará con usted en la terraza en cinco minutos— Clara le hizo un gesto para que entrase en la villa y Candy miró alrededor, tan intimidada como la primera vez.

Los suelos eran de mármol pulido y lamentó haberse puesto los zapatos de Christian Louboutin. "Muerte por tacón de aguja" Pensó mientras miraba el suelo.

Tal vez los aristócratas griegos recibían clases de patinaje sobre tacones desde niños.

Al ver las preciosas antigüedades decidió mantener los brazos a los lados para no romper nada. Todo estaba en su sitio, sin revistas, sin libros por todas partes, sin cartas sobre las mesas, cajas de pizza o tazas de té.

Candy suspiró aliviada cuando Clara la llevó a la terraza. Sin importar cuantas veces viera ese paisaje, siempre se quedaba sin aliento.

El precioso jardín, con adelfas de color rosa y buganvilias, descendía por una pendiente verde hasta la playa.

Candy tuvo que parpadear para evitar el sol mientras un yate se deslizaba por la superficie cristalina del mar a unos metros de ella.

Se sentía extrañamente desconectada, incapaz de creer que unas horas antes estaba en su casa de Little Molting y ahora estaba en Corfu.

Había dejado sus sueños allí, en esa playa dorada, pensó con un nudo en la garganta.

— ¿Qué tal el viaje?

Candy tragó saliva al escuchar la voz de Terry. Iba a verlo por primera vez después de su tórrido encuentro en la cocina pero, como siempre, el aire estaba cargado de electricidad y si uno de los dos hubiese tocado al otro habría vuelto a ocurrir. El brillo de sus ojos lo decía todo.

De repente, deseó que hubiera más gente en la casa. Necesitaba a alguien para diluir la concentrada tensión sexual que amenazaba con ahogarlos a los dos.

Y ella no quería ahogarse, quería pensar con la cabeza.

Candice se recordó a sí misma que aquella no era como la primera vez. Al fin y al cabo ya no tenia diecinueve años

Además, su particular cuento de hadas no había tenido un final feliz.

—Bien— Respondió por fin —Nunca había viajado en un jet privado— Candice hizo una mueca pensando: "Por favor, di algo más inteligente". Pero su lengua no respondía y su corazón latía como loco —Si quieres que te sea sincera, la verdad es que me sentía un poco rara.

Terrence levantó una ceja

— ¿Rara?

—Un poco solitaria. La persona que me ha acompañado no es precisamente muy habladora.

Él sonrió

—No se le paga para eso, se le paga para que tengas todo lo que necesites.

—Pues necesitaba charlar.

—Muy bien le diré que sea un poco más… habladora.

—No, no hagas eso. No quiero que tenga problemas. Sólo digo que el viaje no ha sido muy divertido. No tiene sentido viajar en un jet privado si no puedes reírte de ello con nadie.

Terrence la miró como si no entendiera

—La cuestión es tener el espacio y la intimidad que necesitas. Para eso están los aviones privados.

—Sí, claro. Esta muy bien no tener que esperar cola en el aeropuerto y poder tumbarte en un sofá mientras estás en el aire.

— ¿Te has tumbado en el sofá?

—Para no arrugarme el vestido. Es de lino y se arruga fácilmente. Los vestidos son preciosos por cierto ¿Cómo sabías que no tenía nada que ponerme?

—No lo sabía, pero me lo he imaginado.

—Sí, bueno… mi armario está lleno de cosas que ya no me quedan, pero me niego a tirarlas porque algún día volveré a tener talla 34.

—Espero que no— dijo él, mirando sus pechos.

Candice sintió que un cosquilleo le recorría el cuerpo, al ver que su intención de controlarse estaba siendo desafiada, abrió su bolso y sacó el anillo.

—Toma, tu anillo. Éste debe de haber sido el servicio de mensajería más caro del mundo— Candy le ofreció el diamante y frunció el ceño cuando él no se movió—Es tuyo.

—Te lo regalé a ti.

—No exactamente.

— ¿Cómo que no?

—Me lo regalaste, pero se supone que era un anillo de compromiso y no nos casamos. Además lo has comprado por cuatro millones de dólares. Y si estás esperando que diga que prefiero el anillo al dinero, olvídate. Ya he utilizado una parte para arreglar el patio del colegio. Otra persona, alguien mejor que yo, te habría devuelto el dinero y el anillo pero, por lo visto no soy tan buena. El roce con la riqueza me ha convertido en un monstruo.

Terry la estudio en silencio, intentando disimular una sonrisa.

— ¿Te encuentras con cuatro millones de dólares en el banco y te los gastas en el patio del colegio? Me parece que no sabes nada sobre las motivaciones de una buscavidas Agapi mu. Tú nunca podrías serlo.

Aunque odiaba admitirlo el término cariñoso hizo que su corazón se acelerase. O tal vez era su voz, profunda y suave. Todo aquello sería más fácil si no se sintiera tan atraída por él. Era muy difícil apartarse de algo que uno deseaba más que a nada.

—No me he gastado todo el dinero ¿Para qué iba a poner suelos de oro en el patio? Pero la ampliación va a quedar muy bonita, con columpios. Y tendrá un suelo especial para que no se hagan daño cuando se caigan… pero no digas nada, se supone que ha sido un donativo anónimo.

— ¿No saben de dónde ha salido el dinero?

—No nadie lo sabe— Candy sonrió — Sienta bien dar dinero para algo importante, ¿verdad? Me imagino que tu sentiras lo mismo cada vez que hagas un donativo anónimo.

—Yo no hago donativos personales. La empresa Grandchester tiene su propia fundación.

—Tiene una fundación?

—Donamos una parte de los beneficios, como muchas grandes empresas. Y hay un consejo que analiza y toma las solicitudes y toma las decisiones.

—Pero tu no conces a las personas que hacen las solicitudes

—Aveces, pero no siempre.

—Entonces no te sientes bien cuando ayudas a alguien.

Terrence la estudio, en silencio

—Sentirme feliz por ayudar a alguien no esta en mis expectativas profesionales.

Le resultaba raro pensar en esa nueva faceta de Terry. O tal vez era el propio Terrence quien la desconcertaba. La experiencia le decía que tuviese cuidado, pero el insitinto la empujaba a echarse a sus brazos. Seguramente porque estaban muy cerca uno del otro.

—¿Vas a aceptar el anillo o no? Me resulta raro tener en la mano algo que vale tanto. Menos mal que no lo he sabido durante estos cuatro años, me habría sentido incomoda teniéndolo en casa.

—Póntelo Candy.

Ella lo miró perpleja ¿Había dicho…? ¿Quería decir…? No, no podía ser. No podia estar pidiéndole que se casara con él

— ¿Qué has dicho?

—Quiero que te lo pongas— Terrence le quitó el anillo de la mano y se lo puso en el dedo anular de su mano derecha.

En la mano derecha, no en la izquierda como habría hecho si quisiera casarse con ella. Candice sintió una punzada de desilusión y luego, inmediatamente, se enfadó consigo misma. Aunque le hubiera pedido que se casara con él le habría dicho que no. Después de lo que pasó la última vez no iba a echarse en sus brazos como una tonta.

—Ahí está mejor— dijo él.

Candy contuvo el impulso de decir que quedaría mejor en la mano izquierda. El diamante brillaba bajo la luz del sol, mareándola como la había mareado cuatro años antes. Pero recordando que un anillo de diamantes no hacía un matrimonio, se lo quito del dedo para no hacerse ilusiones.

—Ya te he dicho que me he gastado parte del dinero. No quiero el anillo y no entiendo lo que está pasando. En realidad, no sé por qué estoy aquí.

—Quería hablar contigo. Tenemos cosas que decirnos.

Candy pensó en el niño que llevaba en su vientre

—Sí es verdad. Yo también tengo algo que decirte…— De repente, se sintió insegura —Es algo importante, pero puede esperar ¿Qué quieres decirme?

—Vuelve a ponerte el anillo, aunque sea un momento ¿Te apetece una limonada?

—Sí, por favor— Asintió Candice volviendo a ponerse el anillo. Ya hablarían del asunto más tarde, cuando estuviese un poco más tranquila —He leído en los periódicos que has terminado con tu novia. Lo siento.

—No, no lo sientes.— Terrence sonrió mientras servía la limonada en dos vasos.

—Muy bien, estoy intentando sentirlo porque no quiero ser una mala persona. Y lo siento por ella, la verdad. Yo sé lo que es que te dejen plantada. Es como olvidar que hay un último escalón y encontrarte de bruces en el suelo de repente—

Terry hizo una mueca mientras le ofrecía el vaso

— ¿Tan horrible?

—Es como si te robasen algo vital… ¿te importa que quite estas cositas? — preguntó Candy entonces señalando el vaso.

— ¿Qué cositas?

—Los trozos de limón— Murmuró ella, apartándolos con una pajita —No me gusta ver cosas flotando en las bebidas.

Terrence respiro profundamente

—Informare a mi equipo de tus preferencias.

¿A su equipo? ¿Cuánta gente hacía falta para pelar un limón?

—La verda es que esta riquísima. Todo esto está muy bien: el jet privado, la casa, los vestidos, pero no creas que te he perdonado. Sigo pensando que eres un…

— ¿Un qué?

—Prefiero no decirlo. En la tele ponen un pitido para tapar las palabrotas… pues eso.

—Puedes decirlo si quieres..

—No tengo costumbre. Debo ser precavida delante de los niños, así que intento nunca decir palabrotas.

—Si mal no recuerdo hace poco me llamaste canalla.

—Esa no es una palabrota. Además tú reconociste que lo eras— Candy se llevó el vaso helado a la cara— ¿Por qué me has hecho venir en persona? ¿Por qué no se llevó Clara el anillo… o algún otro empleado? No pueden estar todos pelando limones.

—Yo no quería el anillo, te quería a ti.

Candice dejó el vaso sobre la mesa por que le temblaban las manos

—Hace cuatro años no me querías.

—Si te quería.

—Pues tuviste una manera muy curiosa de demostrarlo.

—Eras la primera mujer a la que le pedía que se casara conmigo.

—Pero no la última

—No le pedí a Susana que se casara conmigo.

—Pero ibas a hacerlo.

—No quiero volver a hablar de ella. Susana no tiene nada que ver con nuestra relación— replicó Terrence

— Dime por qué tienes ojeras .

"Ah claro, cámbia de tema" Pensó ella, evidentemente no quería hablar de la flacucha.

—Tengo ojeras por tu culpa. Luchar contra ti es agotador.

—Entonces no luches contra mí.

Cany se preguntó cómo era posible que su corazón su hubiera vuelto loco cuando su cerebro no dejaba de enviar señales de alarma. Sí, Terrence era guapísimo, todo en él parecía hecho para atraer al sexo opuesto, desde sus anxhos hombros, su pelo castaño o la piel bronceada. Selección natural, pensó buscando alguna excusa. Ayudaba un poco creer que estaba genéticamente programada para sentirse atraída por el más fuerte, el mas poderoso macho de la especie. Y, Terrence Grandchester era todo eso.

Pero el que estuviera hundiéndose no significaba que estuviera dispuesta a hacerlo sin luchar.

No iba a hacer el tonto por segunda vez. No, para nada. Ni siquiera sabiendo que iba a tener un hijo suyo.

—Si esperas que me rinda, vas a llevarte una desilusión, Yo no soy sumisa.

—No quiero una mujer sumisa, quiero una mujer sincera.

—Ah, vaya, viniendo de ti eso tiene mucha gracia ¿Cuándo me has dicho tú la verdad sobre tus sentimientos?

Candy vio que apretaba los labios.

—No me resulta fácil hablar de mis sentimientos, no soy como tú. Tú siempre dices lo que sientes sin ningún problema.

—Yo soy así.

—Y yo soy de otra manera. Nunca he sentido la necesidad de confiarle a nadie mis sentimientos.

Candice volvió a tomar el vaso de limonada

—Bueno, entonces lo mejor será que regrese a casa.

—No, hay cosas que tengo que decirte. Cosas que debería haberte contado hace cuatro años.

Y, a juzgar por su tono, iban a ser cosas que no querría escuchar, pensó Candy, preguntándose se debía decirle que estaba embarazada antes de que él dijera algo que la obligase a darle un puñetazo. Ser una persona no violenta se estaba convirtiendo en un reto cuando estaba con ese hombre.

— ¿Voy a odiarte por lo que vas a decir?

—Pensé que ya me odiabas.

—Y así es. Puedes decir lo que quieras, nada va a pillarme por sorpresa.— Ridículamente preocupada, se encogió de hombros, como si nada de lo que dijera pudiese afectarla.

Pero evidentemente iba a ser algo importante. Tal vez la razón por la que la había dejado plantada el día de su boda.

—Dilo de una vez, no me gusta el suspenso. Odio esos concursos de televisión en lo que dicen: "Y el ganador es…" y luego esperan siglos o te ponen anuncios antes de decir el nombre. Por favor, me dan ganas de decir "Venga acaben ya con esta estupidez" — Al darse cuenta de que el la miraba como si fuera una demente Candy se encogió de hombros — ¿Qué? ¿Qué pasa?

Terrence sacudió la cabeza

—Nunca dices lo que espero que digas.

Ella dejó el vaso de limonada sobre la mesa

—Sólo quiero que digas de una vez lo que tengas que decir ¿Te avergonzaba? ¿Hablaba demasiado? ¿No te gustaba que fuese tan desordenada? ¿Comía demasiado?

—Me encanta tu cuerpo, tu costumbre de tirar las cosas donde se te antoja me parece sorprendentemente enternecedora, siempre me ha fascinado tu habilidad para decir lo que piensas sin filtro alguno y jamás me has avergonzado.

A unos metros de ellos una naranja cayó de un árbol y rodó por el jardín, pero ella no se dio cuenta porque estaba demasiado ocupada intentando no hacerse ilusiones.

— ¿Nunca te he avergonzado?

—Nunca, pero creo recordar que tú si te avergonzabas en muchas ocasiones.

Candy su puso colorada

—Sólo cuando lo hacíamos de día. Pero por favor, di lo que tengas que decir de una vez, el suspenso me está matando— Murmuró llevándose una mano al estomago, era como esperar el resultado de un examen. Pero lo único que tenía que hacer era asegurarle que había madurado, que sabía lo que quería. Si Terry le pedía perdón, ella lo perdonaría…

¿Qué estaba haciendo? Sin querer, empezaba a inventar finales felices.

Terrence respiró profundamente

—La mañana de nuestra boda leí una entrevista en la que dejabas claro lo que querías.

Aún disfrutando de la absurda fantasía de un futuro feliz, Candy intentó recordar qué había dicho en esa entrevista

—No lo recuerdo. Los periodistas no me dejaban en paz… aparentemente tú nunca habías mostrado interés alguno por el matrimonio y eso me convertía en una persona interesante. Y estaría encantada con el niño, pensó.

Vivirían felices para siempre. Le pediría que comprase un casa en Little Molting, así podría seguir dando clases hasta el mes de junio, y cuando naciese el niño volverían a Corfú y lo criarían allí, entre los olivos.

Candy sonrió, pero Terrence no le devolvió la sonrisa.

Al contrario, sus facciones de endurecieron hasta parecer las de una estatua griega.

—En esa entrevista decías que querías formar una familia, que querías tener cuatro hijos.

—Ah, sí es verdad— Candy se preguntó si ese sería un buen momento para darle la noticia —Al menos cuatro, si.

Murmurando una maldición, Terry se paso una mano por el cabello

—Cuando leí la entrevista me di cuenta de que no queríamos las mismas cosas.

— ¿Ah no? Pero tu eres griego y los griegos son muy familiares. Cuatro hijos no deben ser nada para ti. Podemos tener mas, no me importa. ¡En casa tengo veinte alumnos! ¿Cuántos hijos tenias en mente?

—Candy…

—A mi no me preocupa la cantidad, me encantan los niños.

—Candice…—Terrence puso una mano sobre su hombro para obligarla a escucharlo —.Yo no quiero formar una familia— Después de decirlo hizo una pausa, como para darle tiempo de que entendiera esas palabras —.No quiero tener una familia en absoluto.

—Pero…

—Estoy intentando decirte que no quiero tener hijos.


.
(N/A): Hola! aqui esta el 4to apitulo que fue muy solicitado.
Gracias a las que dejas reviews y alertas y todo eso.. enserio se los agradezco con el alma. Sin ustedes chicas, nada des esto seria posible. ( Por dios me siento como una artista en un estrado.)
La historia se esta poniendo intereante no? Apuesto mil y un dolares que esto no se lo esperaba, jaja y somo soy taaaaan ruda no les puse que se preparaban para el ataque del corazon que les ah de ver dado al principio. Muajajajaja!
Bueno, por ahi leí que querian que actualizara mas pronto, y que les gustaria que actualizara diariamente.
Mencione hace poco que no tendré mucho tiempo, pero haré lo posible. Por ahora subiendo esto me podre ah trabajas en el 5to y a ver si lo subo mas noche o en la mañana. El problema es que los capítulos se están poniendo un poco largos y pues sale mas tiempo en adaptarlos. Si se fijan este cap estuvo un tanto mas largo que los otros, y esa fue una de las razones por las cuales todavía no veía la luz en fanfiction.
Una disculpa si dije que actualizaría temprano, pero como dije, este capitulo estuvo un poquito mas largo y ademas me salieron unos compromisos por ahí

Sin mas, espero que les haya gustado y no se les haya hecho tedioso o algo así.
Nos leemos!.

Ya saben...Opiniones, criticas, comentario, tomatazos? Dadle clic a review.