—Viktor… ¡Viktor!
Era inútil, por más que dijera su nombre, el otro no dejaba de seguir recargado sobre una de sus palmas, viendo perdidamente al horizonte con una sonrisa boba y moviendo con una cuchara su café ya frío.
—¡Escúchame cuando te hablo, pedazo de animal!
Una pieza de pan salió volando hasta estrellarse con la cara de Viktor, el cual finalmente reaccionó.
—Yuri, el pan es muy caro. No hagas eso —dijo, sobándose la nariz donde recibió el impacto y poniéndose de pie para recoger el pan tirado.
—¡Entonces a la siguiente te lanzaré la silla! Llevas varios días así. No escuchas cuando te hablo, te tropiezas con todo y no quitas esa estúpida sonrisa de tu cara. Me das asco.
Viktor, como siempre, fue inmune a los ataques verbales del rubio. Lo conocía desde que era una pequeña masa rosada recién nacida y, desde que Yuri fue capaz de hablar, siempre lo trató groseramente.
—Aún eres un niño. ¿Qué vas a saber tú de las maravillas del amor?
—Espera, espera… ¿Estás actuando como un verdadero idiota porque estás enamorado? —Su carcajada no se hizo esperar— ¡¿Tú?! ¡¿Enamorado?!
Yuri casi se cayó de la silla por la risa incontrolada, aunque era claro que reía más por burla y sarcasmo que por algo gracioso.
—Ya sé lo que estás pensando, pero… si tan sólo hubieras visto cómo sonreía, cómo le brillaban los ojos, cómo…
No pudo hablar más cuando sus pies se encontraron con una cubeta llena de agua y terminó causando un desastre al mojar sus ropas y el piso cuando cayó estrepitosamente.
—¡Suficiente! Voy a vomitar si te veo un segundo más. Iré a la planta baja, con suerte ya habrá llegado el mensajero que mandamos hace dos días con su informe. ¡Y más te vale que cuando el conde llegue, tú ya estarás en tus cinco sentidos!
La puerta se cerró y sólo se alcanzó a escuchar a Yuri quejándose con frases como "soy el menor, llevo sólo cinco días aquí y ya me tengo que hacer cargo de todo". Viktor sólo se puso de pie y levantó los hombros, restándole importancia a lo que el otro dijo. Se asomó por la ventana y se recargó contra el marco de ésta, viendo la calle.
Soltó otro de sus tantos suspiros que había dado desde hace ya días. ¡Pero es que simplemente no se lo podía quitar de la cabeza! Cuando llegó del carnaval, rememoró todo lo que había vivido ese día, aunque se preocupó cuando hizo lo mismo a la mañana siguiente, y durante la tarde, y dos días después. No sabía qué maldición le habían puesto esos labios que besó, pero estaba condenado a admitir que se había enamorado de él.
—¿Quién eres? ¿Cómo te llamas? ¿En qué lugar de esta aburrida ciudad estás? —Pegó con su puño el marco de la ventana, desesperado— ¡Debo encontrarte ya!
Iba a seguir diciendo más cosas, pero logró ver a un hombre corriendo desde el final de la calle, acercándose. La mirada de Viktor se puso repentinamente seria.
—Así que vienes por más.
Se retiró de la ventana y caminó a su habitación para cambiarse la ropa aún húmeda.
Yuri estaba hablando con un señor vestido elegantemente. Tal vez fuera un malhablado e irrespetuoso con Viktor, pero sabía bien cómo tratar a los clientes que llegaban.
La lógica era muy sencilla: entre mejor los tratara, más dinero recibiría. Gente de mucho dinero iba con ellos a invertir en propiedades o mercancía, y a cambio, ellos hacían de intermediarios con los negociadores y compradores. En resumen, ganaban dinero convenciendo a la gente de que no podían hacer negocios sin ayuda de ellos, recibiendo a cambio muy buena paga.
Se despidió de ese cliente, borrando la sonrisa amable de su cara en cuanto el señor salió por la puerta. No estaba acostumbrado a sonreír, pero todo era con tal de ganar dinero.
Regresó a su escritorio y comenzó a anotar cuentas en un gran libro donde registraba todo. Aún estaba entendiendo cómo funcionaban las cosas ahí y se tardaba más de lo que Viktor lo hacía, pero confiaba en su habilidad para aprender rápido. Jamás se lo diría, pero Viktor era muy bueno haciendo negocios y administrando. Tenía que admitir que para haber empezado robando en las calles, el idiota ese había llegado bastante lejos.
Apenas estaba comenzando a concentrarse cuando la puerta del local abrió nuevamente. Yuri suspiró, pensando que a ese paso no acabaría a tiempo su trabajo, pero cuando levantó la cabeza, tenía de nuevo esa sonrisa bien elaborada y aprendida.
—¿En qué puedo ayudarle?
El hombre se veía nervioso, con la respiración acelerada y el sudor corriendo por su frente. Yuri borró sus sonrisa y se puso de pie lentamente.
—¿Dónde está Viktor? —La voz de ese sujeto temblaba tanto que casi no podía hablar.
—Cualquier cosa que necesite resolver con él, puede hacerlo conmigo.
Rápidamente, el hombre lo tomó de su ropa y lo acercó a su rostro, hablando aún más alterado.
—Huyó, ¿verdad? ¡Ese hijo de puta escapó y nos dejó a todos en la ruina!
Yuri colocó sus manos sobre las del otro en un intento torpe por zafarse. No tenía miedo de ese loco que lo estaba lastimando, pero no estaba seguro de si era correcto golpearlo o no.
—No he huido a ningún lado, así que cálmate.
Viktor apareció detrás de Yuri. Tenía una mirada seria e inalterable, con el cuerpo tan rígido como el de una estatua.
—Así que al fin de dignas a aparecer. —El hombre empujó a Yuri y lo hizo a un lado, ignorando por completo cómo éste caía al suelo.
—¡¿Qué te pasa?! —Yuri se levantó, estando a punto de golpearlo de no ser porque Viktor lo tomó firmemente de su muñeca para detenerlo.
—Yuri, ve a la entrada y cuida que nadie se acerque. Te prohíbo dejar que alguien entre aquí en lo que atiendo a este cliente.
Estuvo a punto de reclamarle, pero calló cuando Viktor lo vio por un segundo. Parecía que no estaba para bromas y lo mejor que podía hacer en esos momentos era obedecerlo. Ya luego le pediría una larga explicación.
Salió y miró a su alrededor. Por suerte no había nadie a los alrededores. Se colocó lo más cerca que pudo de la puerta, pues quería escuchar lo que pasaba adentro. Sólo se oían murmullos, de los cuales no entendía ni una palabra.
Creyó que tendría que esperar mucho tiempo, pero no pasaron mas que unos minutos cuando un ruido lo alarmó. Adentro del establecimiento alguien había gritado de dolor; pero cuando se dio cuenta que esa no era la voz de Viktor, supo que no tenía por qué intervenir.
Sólo pasó un instante más cuando ahora escuchó algo pesado cayendo al suelo, como un mueble. Estuvo a punto de entrar por la puerta, pero ésta fue abierta por el sujeto que había entrado, quien ahora salía corriendo totalmente alarmado y alterado. Yuri bajó la vista y vio gotas de sangre haciendo un camino detrás del hombre, el cual se perdió de vista al entrar en un callejón mientras sostenía una de sus manos totalmente ensangrentada.
Yuri entró al local y se encontró su escritorio volcado y todos sus papeles regados en el piso. Viktor estaba cerca de ahí, limpiando un cuchillo. Al lado suyo estaba la pared con una mancha de sangre y la marca de que algo filoso se clavó ahí.
—¿Se puede saber qué fue eso? —dijo Yuri recogiendo molesto los papeles del suelo. Ahora tendría que empezar su trabajo de nuevo.
—Nada que te deba preocupar. —La voz de Viktor sonaba más tranquila, pero aún así estaba serio.
—¡Oh, no! A mí no me vienes con secretos.
Yuri se levantó y empujó a Viktor hasta estamparlo contra la pared al lado de la mancha de sangre. El otro no se inmutó por la acción.
—Escapé de Albova para tener una mejor vida aquí como le prometí al abuelo. Así que, si vamos a tener que relacionarnos con la mafia, ladrones o más gente del bajo mundo, me gustaría que me lo fueras diciendo. No me importa tu vida, pero ahora que me dejaste estar en ella, por lo menos quiero saber en qué estoy metido.
El silencio reinó por un rato, tiempo en el que Yuri no aflojó su agarre ni un momento. Viktor lo contemplaba y se dio cuenta de que no estaba lidiando con ningún niño como hace años. Yuri había crecido y tenía que comenzar a ser más franco con él.
—No era mi intención terminar en esto, pero hay negocios que se deben hacer para que llegues a lo más alto si no tienes un apellido o una fama que te respalde.
—Creí que habías dejado esa vida.
—Y lo hice. Créeme, esto no es nada. He logrado que hasta ahora ninguna vida se pierda.
Yuri soltó el agarre y se puso a limpiar el desorden que había. Tenía mil preguntas qué hacerle a Viktor, pero le preocupaba que alguien entrara al negocio y viera ese desastre.
No hablaron en ese tiempo, cada uno hacía sus cosas. Para cuando acabaron, parecía que nada extraño había sucedido.
Justo cuando Yuri estaba regresando a sentarse en su escritorio, la puerta volvió a abrirse. Maldijo internamente todo lo que se le ocurrió. Ya había desperdiciado su mañana y no había hecho absolutamente nada de su trabajo ya acumulado.
Vio a un hombre rubio entrar. Era bastante alto, de ojos verdes. Iba elegantemente vestido y no parecía ser de ese reino.
Antes de que Yuri pudiera decir algo, el otro hombre sonrió y caminó directo a Viktor, que también se emocionó al verlo.
—No puedo creer que aún sigas en este lugar abandonado por la civilización. Te dije que vinieras a trabajar conmigo en cuanto llegaste a la ciudad, pero nunca me haces caso.
—Chris, ¿qué te trae por aquí? Supongo que debe ser algo importante para que vengas a este "lugar abandonado por la civilización".
—Vengo a hacerte una oferta y, esta vez, no tendrás modo de decir que no.
El rubio se acercó lo más que pudo a Viktor y lo tomó del mentón, usando un tono más seductor en su anterior frase. Se detuvo cuando escuchó una expresión de asco proveniente de un escritorio cerca de ahí. Volteó y vio a Yuri fingiendo no haber hecho ninguna expresión mientras regresaba a trabajar.
—¿Y esta niña?
—¿Niña? —Yuri estuvo a punto de ir a buscar el cuchillo que Viktor había acabado de limpiar.
—Es mi ayudante, Chris. Es de toda mi confianza, así que puedes hablar enfrente de él. —Viktor trató de intervenir antes de que un homicidio sucediera.
—No preguntaré, aunque me extraña de ti el que tengas un ayudante. —Dejó de ver a Yuri para volver con Viktor. —Como decía, sabes bien que soy una persona muy ocupada. Como dueño del banco, tengo mil clientes que atender y contar más dinero del que soy capaz.
—El punto es…
—Que me hicieron la oferta de ser el asesor económico del rey. Desafortunadamente, no puedo hacer a un lado mi propio banco para un trabajo como ése, pero nadie puede decirle que no al rey cuando necesita algo.
—Y yo tengo algo que ver aquí porque… —Viktor bostezó en señal de que estaba aburrido.
—Seré directo. Te recomendé para ser el asesor del rey.
Por primera vez, Viktor se quedó sin palabras. Sólo atinó a ver a su amigo mientras que éste sonreía de satisfacción al haber dejado al otro mudo.
—¿Yo?
—Sí, tú.
—¿Asesor del rey?
—Efectivamente.
—¿Yo? ¿Con el rey? ¿En el palacio?
Chris tuvo que darle una ligera cachetada a Viktor para que reaccionara.
—¡Acepto! ¡Definitivamente acepto!
—Recuerda que tendrás que dejar tu actual trabajo. Las demandas del palacio son muy grandes y vas a tener que…
—¿Dejarlo? ¿Estás loco? ¡Jamás dejaría este negocio que tanto me costó crear!
—Viktor, ni siquiera tú vas a poder con ambas cosas.
—No, pero para eso esta Yuri.
Yuri intentó salir corriendo, pero Viktor lo atrapó antes de que saliera por la puerta.
—Chris, tengo que arreglar unas cosas primero. Le enseñaré a Yuri todo lo que necesita saber para manejar este negocio sin que yo tenga que estar tan seguido aquí. ¡Pero dile al rey que se prepare! Porque en un mes el palacio entero conocerá mi nombre.
