Kagome is dead

En un mundo de humanos habitado secretamente por youkais, un muchacho despierta con la mente en blanco en un extraño lugar… y junto al cuerpo de una joven muerta que le da la impresión de conocerla…

Disclaimer: Los personajes de Inuyasha no me pertenecen sino a la señora Rumiko Takahashi. La historia es una adaptación de la trama de un intrigante juego de aventuras que me cautivo…ojala les guste

La bestia y el tesoro

La tierra tembló levantando una intensa polvareda que cubrió el ambiente que los rodeaba. El olor a cadáveres le hizo comprender que no todo aquello era polvo. Entre las partículas también se encontraban los restos de los desdichados pobladores que habían caído víctimas de la bruma venenosa.

- Viene… viene otro demonio – dijo el niño atragantándose con sus palabras. Su rostro había palidecido y olfateaba nerviosamente hacia un punto en el horizonte oscuro.

El joven tronó los dedos mirando fijamente donde indicaba el pequeño. Un ansia loca burbujeaba en su pecho. No había notado que sus garras habían crecido un poco más. Su aguda visión detectó el camino de tierra casi imperceptible que la criatura formaba sinuosamente. Iba directamente hacia ellos. Podía incluso escuchar el suave arrastre experto de sus miembros, deslizándose.

Un feroz gemido resurgió de las profundidades para que, en el momento siguiente, un descomunal ciempiés saliera de una gran abertura en el suelo. El monstruo pareció tambalearse por la acción tan brusca, pero de inmediato se irguió. Meneó cansinamente su largo cuerpo hacia varias direcciones dando la impresión de estar buscando con urgencia.

- Lo huelo… si… pero dónde… dónde está…. Oh, si pudiera encontrarlo - la voz del ciempiés, transfigurada por el constante chasqueo de sus mandíbulas, fue el aliciente que lo hizo abandonar la idea obsesiva de atacar. No comprendía su aletargamiento por solo destazar y verter sangre. Y, también, el especial anhelo de ese monstruo por hallar algo o… a alguien.

Además de un detalle más pequeño e insignificante… ¿Por qué no reparaba su vista en ellos?

El joven, con los sentidos aun alerta por el peligro, giro hacia el niño. El "zorrito" se encontraba temblando de pies a cabeza apoyado contra un muro. Se veía que no podía ni moverse a causa del miedo. Sin embargo, no era al ciempiés al que estaba observando con aire asustado… sino a él. Confundido, hizo un movimiento por llegar hasta el pequeño y este, nervioso como estaba, gritó.

El ruido sobresaltó al monstruo que inmediatamente se volvió hacia donde estaban. Olisqueó con fuerza y una brutal carcajada resonó en el aire.

- Lo he logrado. Al fin he podido dar con tu repugnante esencia, híbrido…- dijo el ciempiés con jadeante entusiasmo – ahora es el momento… debo llevarte hasta él o acabar contigo en el intento…

Le contesto con un fuerte gruñido que salió desde lo más hondo de su pecho ¿Qué le pasaba? Desde que había captado el hedor del monstruo no se le ocurría otra forma de comunicarse que esa. Además ¿era su imaginación o su visión se tornaba rojiza? Maldición… se estaba cabreando demasiado y lo peor es que se le hacía difícil mantener el control sobre sí mismo.

Aun en esa situación, se obligo a estar quieto. Poseía una ventaja a su favor y era la evidente ceguera del ciempiés, que se guiaba de su olfato y audición para saber su ubicación. No. No atacaría. Por lo que había escuchado, la criatura tenía una misión que le involucraba directamente y no de manera amigable. Pero si tenía que ver con él, entonces asumía asuntos con relación a sus oscuros recuerdos.

- ¿A que te refieres con eso? ¿Quién es esa persona de la que hablas? – la voz del pequeño resonó temerosa pero clara. Seguía paralizado en el mismo lugar y le lanzaba miradas rápidas al joven, quien hacía numerosos esfuerzos por mantenerse calmado.

- Oh… un pequeño kitsune… mmmhhhh – el ciempiés inhaló con algo de deleite el aire – lo lamento, pero no es necesario dar explicaciones a alguien que pronto formara parte de mis entrañas…

- Será mejor que contestes, maldito infeliz… - si no le hubiera tomado trabajo llenar sus pulmones y forzar a su ahora sádica mente a maquinar todas sus dudas en una amenaza, realmente habría dudado que aquella voz escabrosa le perteneciera. Sin embargo, solo obtuvo como respuesta una agitada carcajada por parte de la criatura.

- Híbrido, mi amo te espera. Pero no tengo el menor interés de llevarte vivo hasta él… así que… - el enorme cuerpo del monstruo se lanzó con fuerza a hacia el lugar donde esperaba expectante - ¡muere!

Fue realmente fácil esquivarlo gracias a sus reflejos. Un salto que alcanzó varios metros sobre el suelo le permitió una mejor visión de su nada ingenioso oponente. En una situación normal eso habría dado un punto más a la lista de locuras que estaba viviendo desde que despertó, pero no había espacio en su mente para otra cosa que no fuera destrozar en pedazos a la criatura. Lentamente.

El ciempiés continúo atacando de manera descoordinada y torpe hacia toda dirección en que detectaba su olor, pero no llego a alcanzarlo ni una vez. Cansado de solo esquivar, consiguió darle un gran golpe en el vientre que lo dejó tumbado estrepitosamente en la tierra, lanzando un horrible chillido.

Lo que vio de pronto, lo dejó asqueado. La criatura, producto del golpe, empezó a regurgitar grandes cantidades de una sustancia oscura y repugnante. El líquido espeso tenía un olor peculiarmente letal… uno muy parecido a…

- ¡No ataques más! – grito el niño, corriendo hacia las bancas de un jardín cercano y subiéndose rápidamente a una de ellas, evitando el contacto con aquello que vomitaba el ciempiés – aléjate del veneno…

¿Veneno? ¿Ese monstruo era acaso el dueño del veneno que había contaminado todo el lugar?

El ciempiés se levantó con gran dificultad, emitiendo un lastimero quejido. Chasqueaba sus mandíbulas en un gesto amenazante, con la ponzoña aún bullendo de su boca. Se veía claramente en una situación agónica. Era ridículo pensar que minutos antes le había pedido expresamente una pelea. Sin embargo, una vocecita muy dentro de su mente le decía que no bajara la guardia por completo.

- Dime en este instante quién diablos eres, si no quieres terminar destrozado por mis garras – gruño, intimidante. Maldita sea que no entendía nada. La situación no tenía sentido por ningún lado.

Primero, aparecía este demonio extraño exaltando de manera muy concreta que un fulano reclamaba su presencia. Tal sujeto, según la criatura, lo conocía y ella estaba dispuesta a llevarlo por la fuerza sin más. Estaba claro que aquel desconocido gozaba de una buena intuición ya que previó que no accedería por las buenas y había mandado de mensajero, nada menos que, a un monstruo corpulento de más de 20 metros para convencerlo.

No cuadraba. Era imposible. Ese monstruo no estaba ni de lejos capacitado para una pelea. Tenía que haber algo más. Por acción refleja observó los chorros negro parduzcos que emergían tanto de su boca como de la herida profunda hecha por él en su estómago. Abrió a más no poder los ojos ante este hecho. Maldijo con furia.

No. Se había equivocado. La intención de ese sujeto no había sido, en ningún momento, el de llevarlo hasta su amo. O tal vez, sí, en parte, solo que con el detalle de que no estaría consciente para cuando eso sucediera ¿Por qué? Porque estaría enterrado sobre metros y metros de ese veneno.

- ¡Hey, mocoso! – gritó, observando como el pequeño Kitsune trataba con todas sus fuerzas de no ser alcanzado por el veneno. El niño levantó rápidamente la vista mirándole con temor – huye rápido de este lugar.

- ¿Qué?... ¿qué estás diciendo…?

- Todo esto es una trampa – le interrumpió el joven, mientras observaba con otros ojos la verdadera "misión" de su oponente – ¡huye mientras puedas!

El monstruo rió histéricamente lanzando otro contenido del poderoso líquido que emanaba de su cuerpo.

- Vaya… ¡¿con que lo has descubierto?... ya me parecía que no estás actuando normalmente… antes no demorabas tanto en deducir los planes de mi amo – las últimas dos palabras fueron pronunciadas como una caricia. El joven no tuvo dudas de que estaba ante un potencial informador… y un potencial cadáver cuando llegara el momento de que no le sirviera para nada más.

- ¿Es eso para lo que fuiste enviado… un grandulón medio muerto para hundirme en la hediondez de su ponzoña? – a pesar de su sarcasmo, su cuerpo temblaba de ira. En lo poco que llevaba consciente se daba cuenta de que nadie… nadie… le debía tomar por tonto. Empezaba a descubrir una faceta muy violenta dentro de él, y muy lejos de horrorizarse, empezaba a acostumbrarse a ello.

- Oh, híbrido, mi amo es generoso. Prefiere que no mueras en su presencia. Ya es de por sí un espectáculo indigno de ver a un asqueroso medio demonio… mucho peor si este agoniza preparándose para dejar su patética existencia – su nueva carcajada se ahogó por el líquido repugnante que salía por su garganta. Toda ella patética, débil – pero al contrario que tú, yo no me pudriré en el infierno.

- Me gustaría comprobar eso – dijo, mientras chasqueaba sus garras.

- Es muy simple. Y ya que te quedan pocos instantes de vida… - empezó a decir en un jadeo – no importará que gaste palabras contigo un poco más. El tiempo corre, híbrido… y el veneno también…

- ¿Quién es tu amo? ¿y por qué se toma tantas molestias para matarme? – gritó. A la mierda si sus pulmones reventaban con el hedor. Todo sea por terminar con aquella ignorancia sobre él.

- Mi amo, el demonio más poderoso de todos los tiempos, considera que tu presencia es una molestia para su insurrección – explicó con voz mortal - Te has rebelado contra tu propia raza y sangre, híbrido traidor, y debes morir por ello. Todo monstruo que se jacta de serlo jamás se aliaría con humanos. Y tú, aún debiendo reparar la mancha de tu nacimiento con lealtad, enlodaste más tu sucia reputación con tu elección por los humanos.

Un gruñido infernal se coló de nuevo en su pecho. El maldito se estaba pasando del límite. La furia no le permitió asimilar a cabalidad el mensaje de sus palabras, pero aun así logró pensar… "Así que era de los demonios que se mezclaban entre las personas… tal vez… esa chica…"

- No te preocupes, híbrido, este lugar será tu tumba y no llevarás más deshonra a nuestros semejantes – al joven le dio un vuelco el estómago al solo concebir ser parecido a ese monstruo – morirás bajo el veneno de mi amo y yo… - mostró una mueca horrible al mostrar sus fauces sanguinolentas – y yo me quedaré con el premio a mi obediencia… el preciado fragmento de la Perla de Shikon

Tanto el joven como el niño, que no había hecho caso de su advertencia anterior, jadearon. "¿Por qué?... ¿por qué me resulta tan familiar aquello?... maldita sea… ¿qué mierda tengo que ver con todo esto?"

- ¿Lo oyes, miserable hanyou?... la perla ahora le pertenece a mi amo… y comparte su poder con todos aquellos que les son fieles a él. Tu necedad te cegó al creer que oponiéndote a él ibas a conseguirla más fácilmente. Tu alianza con las sacerdotisas cayó en picada. Ahora mírate, abandonado a tu suerte y sin nadie apoyándote. Puede que mi amo haya inyectado veneno en mí para hacerme más fácil el trabajo de matarte, pero él, a cambio, me ha otorgado la inmortalidad con este pequeño fragmento – y como muestra de su discurso, un pequeño destello refulgió en lo más profundo de su corazón, una luz purpúrea y enfermiza que se confundía con el aura maligna del monstruo – tu suerte está echada, Inuyasha

Al oír aquel nombre nominándolo, en boca del ciempiés, algo se rompió dentro de él. Como si un contenedor enorme liberara una retahíla de pensamientos hacia un mismo punto de quiebre, haciendo ebullición.

Él era Inuyasha. Aquella nota encontrada junto al cuerpo de esa joven… ¿una sacerdotisa? ¿Acaso también esa humana había buscado matarlo... además del monstruo dueño del veneno… además de aquel repugnante ciempiés?

Kagome iba directo a por su vida… ¿y él la había matado?

¿Por qué había matado humanos, a esa humana… si supuestamente se había aliado a ellos?

¿Su supuesta ambición por aquella perla tenía algo que ver? Hablando de ella…

Miró en dirección al monstruo… más específicamente, a ese lugar dónde brillaba, resguardada aquella pieza tan querida… latía por él… lo llamaba… tal vez la criatura no se equivocaba al nombrarlo semejante a él. Aquel fragmento evocaba algo oscuro en su ser, y él no podía hacer oídos sordos a su deseo de poseer el fragmento de aquella perla también. Su sangre corría agitada por sus venas, preparándolo para algo que, inconscientemente, temía dejar salir.

- Se acabó la hora de las explicaciones, híbrido – el ciempiés, nuevamente, regurgitó gran cantidad de veneno fétido por todas las ruinas de aquel pueblo fantasma, llevándose los último escombros, extinguiendo las huellas de todo ser vivo que habitó alguna vez aquel lugar.

- "Llegó la hora de morir"- una voz escabrosa afloró en su mente haciéndola plenamente dueña de su voluntad. Y su objetivo era una pequeña iridiscencia oculta, tentadora, dentro del cuerpo de aquella criatura, que a sus ojos no era más que un estorbo impidiéndole lo más preciado.

El niño, viendo con horror su vida en peligro y la inmovilidad de aquel sujeto extraño que conoció minutos atrás, se quedó acurrucado esperando el final en un poste alto al que había conseguido trepar. Cerró los ojos, resignado a sentir en cualquier momento la quemante desazón del veneno devorando su piel y sus huesos. Pero lo que sintió, en cambio, fue el viento zumbando en sus oídos. Levantó la vista y su sorpresa fue enorme al ver a aquel mismo sujeto, con el rostro cruel y transfigurado que tanto miedo le había dado al aparecer el ciempiés, saltando y llevándolos a ambos fuera de la zona del líquido purpúreo.

Una vez fuera del alcance de los ataques venenosos del ciempiés, el hanyou soltó descuidadamente al niño en el suelo y giró la vista a su oponente. El último resquicio de conciencia desapareció como el pueblo entero bajo la ponzoña. La bestia en su interior gruñó por sangre… y ya no pudo detenerla. Lo último que oyó fue el desgarramiento de la carne y la visión de un cuerpo cercenado...

E.D.A

¡Lo siento! A todos aquellos que esperaban una continuación pronta y se vieron en un fiasco… en verdad lo siento. Me he sentido culpable en dejar de lado esta historia y la he continuado. No pregunten por favor las razones de mi larga ausencia, simplemente, la inspiración no avanzó y no tarde en abandonar. Ahora a poco de un año de eso, me siento mejor de ánimo (soy extraña lo sé U_U)… no dejare este proyecto de lado y lo llevaré hasta acabar… así me tome otro año je je je… trataré de no dejarlos esperando.

Muchas gracias por su comprensión

Yarumi-chan

PD: ¡disfrútenlo! ¡Con mucho cariño para ustedes!