Los personajes y el mundo de Harry Potter pertenecen a su autora J.K. Rowling.
3.- REGATEO
-¿Cuánto pides?
-¿Perdón? –Neville miró confuso a Ginny Potter. Su cabello increíblemente lacio ahora poseía algunas ondas rudas por dormir en cualquier superficie plana del hospital, utilizando a su larga cabellera rojiza cual mullida almohada, dadas las circunstancias.
-Sé que odias a Ron y por ello le contestas tan cortante, pero en verdad ¿qué pides para salvar a Hermione? ¿Cuál es tu precio?
-¿Realmente crees que la estoy dejando morir por una rencilla infantil? –Neville se quedó mudo. Ella, que lo conoció más que nadie en su época estudiantil, con quien compartió su sincero y desinteresado primer amor… No, ya no reconocía a la niña de sus ojos, esa pequeña que lo conquistó con su intrepidez y energía, la joven llena de carisma y soltura.
-¡Neville! ¡Por favor, necesito de tu ayuda! ¡La vida de Hermione está en tus manos y…!
-Ginny, por todos los magos ¡si estuviera en mis manos la salvaría! ¡Qué rayos te sucede, te desconozco!
Ginny se arrastró por la pared, dejándose caer sin parar de llorar.
-Mamá ya tardó mucho… -mencionó Juno, desbaratando aún más sus abundantes rizos castaños.
-Tal vez por fin encontró a papá –susurró su hermano, evitando que su nueva familia los escuchase.
-Juno, Aiden –los llamó Harry- ¿Quieren ver a su madre? El doctor me dijo que ustedes pueden pasar a verla.
Los chiquillos lo observaron de forma serena, taladrándolo con sus ojos bronce… No les hallaba el característico dorado de los ojos de Hermione, más bien parecían tener un tinte adiamantado… ciertos resquicios de plata.
-No sabrás nada –Harry despertó de su letargo, siendo recibido con las divertidas sonrisas de los niños.
-¿Qué?
-No conocerás nuestro pasado –le decía Aiden, jugando con sus manos-. Increíble, tío Harry… ¿pretendías aprovecharte de la inocente ignorancia de unos niños?
-Intentar leer nuestras mentes es algo que nuestra madre no te perdonaría –canturreó la niña.
Harry dio unos pasos atrás. Era cierto, muchos de ellos intentaron variadas veces leer sus mentes, pero sólo hallaban pensamientos triviales y juegos, recuerdos que sólo se habían formado desde que llegaron a la Madriguera…
-No nos subestimes, tío, nuestros padres no son cualquier mago y bruja. Mucho menos nosotros.
-No los reconozco…
-Nunca nos has conocido realmente. Te niegas a darte la oportunidad de hacerlo.
-¿Quién es su padre?
-Ellos pidieron nuestro silencio y jamás los defraudamos.
-¿Por qué tanto misterio con su origen, con su vida?
-¿Por qué tanto interés? Es como si la única razón por la que quieren conocer nuestra historia es por morbo. Muy en el fondo supieron que nuestra madre estaba bien, que ella es fuerte e inteligente; supieron de algún modo que no tenían que preocuparse.
-Les pica la curiosidad… y no es para menos, si ya reconociste el aura que nos protege.
-No puede ser verdad…
-Reconócelo; esta aura mágica sólo la pueden mantener nuestros padres consanguíneos… –decía Juno con una risita juguetona- ¿creen que nuestro padre no está con nosotros, cuidándonos, resguardándonos de gente como ustedes?
-Juno –la reprendió su hermano-. Sabemos que son gente buena. Se siente la sincera amistad que le ofrecen a nuestra madre, cómo la aman y extrañaban, cuánto la necesitaron… Pero están siendo demasiado injustos con nosotros –acusó, volteando hacia Harry-. Nos siguen temiendo, lo que es gracioso; pretenden maltratarnos, excluirnos de SU mundo porque temen que nosotros hagamos lo mismo: desterrarlos de la vida de mamá… ¡pero ustedes solitos ya lo hacen!
-¡Harry! –los chicos callaron; el aludido miró hacia atrás para recibir a su esposa en brazos.
-Tía Ginny… -la chica observó por vez primera a los niños- mamá no está muriendo, esto es normal.
-No es la primera vez que mamá intenta encontrarlo…
-¿De qué hablan?
-De nuestro padre.
-Pero… ustedes me acaban de decir que su padre sigue con ustedes.
-No en cuerpo, tenemos prohibido comunicarnos con él… sólo en mente. Papá activó una maldición sobre nosotros y nuestra madre para protegernos…
-¿Maldición? –les interrumpió Ginny- ¿Su padre los maldijo?
-No, nosotros ya estamos malditos. Por ser descendientes directos de ellos, a nuestros padres también les afecta esta maldición. Lo único que hizo papá fue dejar de resguardar este poder el día en que nos separamos, sólo así nuestra magia deja huella y él sabría que seguimos bien.
-Lo que mamá busca es el alma de mi papá.
-¿Está muerto?
-No -Juno reflexionó un momento-. Cuando nosotros nacimos, nos llevamos un trozo de alma de nuestros padres. Esto no les afecta siempre y cuando los dos estén con nosotros, pues la pieza faltante se mantiene cerca de ellos en un entorno de mucho amor… Ahora que papá está lejos…
-Niños, si se refieren a las constantes recaídas de Hermione…
-Ninguna fue por el embarazo, ni la anemia que insiste Molly, ni el estrés del trabajo… Mamá sólo halló excusas para… "desmayarse a gusto".
-Si lo que dicen es cierto –comenzó Harry-, parece ser que separarse de su padre trajo más problemas… ¿qué razón tuvieron para separarse, entonces?
-Eran infelices ¿cierto? Hermione, tan terca como la conozco, intenta tener una separación normal con su padre… pero hay muchos inconvenientes y…
-No, Ginevra –Ginny se sonrojó e inconscientemente se colocó tras su esposo- No nos alejamos de él por eso –les decía Juno de forma agresiva-. Mis padres se aman. Si te pones a pensar un poco, la mayor prueba es que mi papá está pagando los platos rotos; y mi mamá, ella pasa la mayor parte de su tiempo con nosotros, cuando le hacemos recordar a papá.
-Ustedes se parecen a Hermione y a nadie m…
Juno y Aiden sonrieron y, cual espejismo, Ginny y Harry observaron en un parpadeo los ojos grises de los niños… momento ¿grises? Quisieron revisar mejor, pero su color seguía siendo el mismo castaño claro… ¿qué acaso…?
-Nos parecemos a papá –declararon con simpleza.
-¿Y los niños?
-Los recibo en la tarde –mencionó Evans distraído.
-No seas tan duro con ellos…
-Saben la magnitud del problema y siguen sin acostumbrarse a ellos… Y con Hermione en deplorable estado…
-¿Crees que lo sepan?
-No. Siguen siendo niños, Xanders. Por muy especiales que sean, aún tienen la idea infantil de que sus padres estarán con ellos por la eternidad. Pero es mejor así –susurró lo último para sí mismo.
-Evans, te estás muriendo ¡ahora también Hermione! ¿No me digas que piensan dejarlos con los Weasley? ¡Los odian! Cuando se enteren de lo que realmente representan los niños… tantas cosas les van a hacer… y más indefensos.
-Ellos, sí así lo prefieren, les ganarían fácilmente.
-Ellos siguen siendo niños, Evans –le reiteró.
La pequeña jugaba con el agua de la fuente. Entrecerrando sus ojos para disfrutar el contacto de las gotitas en su rostro; alzando las manos en alto con un puñado de ese chorro cristalino.
-¡Juno!
La niña seguía sosteniendo ese mar fresco entre sus manos.
-¿Cariño? ¡Ven, debemos irnos!
Hermione buscaba a su pequeña traviesa en el enorme jardín de la casa. Acababa de pillar a su hijo entre los arbustos y su padre se encargaba de él en esos momentos. Escuchó sus risillas cerca de la fuente.
-Mi vida…
Se quedó muda. De las pequeñas palmas de su bebé salían manantiales claros de agua.
-Sanador Evans, aquí le traigo a los niños… de verdad agradecemos su apoyo en estos momentos. No sabría cómo…
-No se preocupe, señora Potter, es un placer ser de ayuda. ¿Hay algo más?
-¡Oh, no, no! Gracias de nuevo –la mujer se retiró del despacho, dejando a los mellizos con el sanador.
-Mamá no despierta… ya me está preocupando –susurró Juno con el rostro descompuesto.
-Tranquila, pequeña… tu mamá es fuerte.
-Quiero ir con ella… -sollozó Aiden. Las lágrimas límpidas y constantes caían de los ojos plata del niño. Con asombro, Evans se dio cuenta del cambio.
-Aiden… tus ojos…
Juno observó a su hermano con horror.
-Eso significa… ¡No, Merlín santo, por favor no! –la niña no soportó más y se fue a los brazos de Evans, queriendo hallar resguardo.
-Mi mami no, no ella… mi mami noo… -repetía Aiden una y otra vez, con el nudo en la garganta y la vista nublada.
Evans sólo atinó a sostener a los niños con fuerza. Acuclillado frente a ellos, rodeándolos a cada uno con un brazo, acercándolos a su pecho para hacerlos sentir protegidos.
Evans también reconocía el significado. Hermione era quien soportaba el hechizo de los ojos de ellos, por lo que verlo inactivo no auguraba nada bueno.
-Tranquilos… -les susurraba Evans, con lágrimas cayendo de sus ojos grises- Estoy aquí, tranquilos…
-Estoy aquí –se escuchó al mismo tiempo en una habitación lejana a la oficina; donde una mujer morena con abundantes rizos castaños se aferraba débilmente a las sábanas de la cama del hospital- Estoy aquí…
-Tranquilos.
Draco Malfoy no pudo soportar por más tiempo el hechizo. La debilidad de Hermione le golpeaba directamente. Sus piernas se debilitaron y tuvo que arrodillarse para evitar el mareo, aún con los niños pegados a su cuerpo.
La pálida piel del rubio se había vuelto cetrina, con un notorio tinte ceniciento… Estaba perdiendo la conciencia… no, no podía…
-T-tranqui…
-¡Papá! –reaccionaron los niños al reconocer a su padre tirado en el suelo…
-E-Estoy… aq-aq…
-¡Emergencia en la habitación 53! ¡El paciente ha perdido signos vitales!
-Papi no…
Los niños se aferraron a su padre y pensando fervientemente en su madre, la sintieron cerca de ellos. Con un poderoso estruendo, los tres desaparecieron del despacho.
-¡Sanador! ¡La paciente del 53 ha desaparecido!
