Las clases te parecen tan monótonas. A veces piensa que todo aquello no le sirve mucho para convertirse en una mejor mano derecha.

Se recuesta sobre el banco apoyando su cabeza en su antebrazo mientras sus ojos vagan en el aire entre su puesto y el pizarrón. La voz del profesor de matemáticas viaja por el espacio sin ser notada por él. Sabe que no le dirá nada porque tiene calificaciones perfectas.

Sus pensamientos vuelven a centrarse en el paso del tiempo y en aquella sensación que le invade de nuevo.

Recuerda por un instante la pequeña misión que tuvo que hacer hace dos noches. Nada que debiera ser comunicado al Décimo.

Reborn-san sabía que él guardaría ese tipo de información para sí mismo, mientras Tsuna no estuviera preparado para aceptar la verdad que le esperaba al aceptar ser el Jefe Vongola.

Por otro lado, quería seguir manteniendo la imagen que el Décimo tenía aún de él. Sabía que en algún momento tendría que darse realmente cuenta de que su mano derecha era nada menos que un asesino, quizás el peor de todos.

Sintió una pequeña opresión en medio del pecho. Volteó levemente el rostro hacia atrás. Contempló la cara del Décimo y la de Yamamoto, perdidos en sus cuadernos mientras trataban de entender los ejercicios de la clase.

"Tengo que protegerlos…" Repitió una voz dentro de su cabeza. Sus ojos por un momento dolieron. Cerró sus párpados con rapidez y volvió a esconder su rostro entre sus brazos, esta vez aprisionando su mentón y nariz en la dura superficie de la mesa.

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DC

Octubre 2010.