Los personajes e historia de Ansatsu Kyoshitsu/Assassination Classroom pertenecen al maestro Yusei Matsui, la escritora de este fanfic no tiene derecho sobre nada excepto los OC que aparezcan y la trama del mismo fanfic.


- Puede que les hayan dicho que fueron traídos a este programa debido a que poseen "habilidades" que muy pocos poseen… - comenzó su discurso un enorme tipo de 192 cm, su complexión era entrenada y musculosa, su cabello oscuro y corto al estilo militar - …pero la única verdad es que si están aquí es por el simple y mero hecho de que dieron positivo en psicopatía. Felicidades, si tienen suerte y son de los pocos que salen enteros de aquí pueden llegar a ser los siguientes Charles Manson… o políticos, no hay mucha diferencia. – comento mordaz el hombre – Mi nombre es Terasaka Ryoma y soy su profesor de educación física. – se presentó – ¿Preguntas? -

Una chiquilla de cabello estilo "bob" de intenso color anaranjado alzo la mano.

- Shindou Masami. – reconoció Terasaka a la niña.

- ¿Quién es Charles Manson? – cuestiono con verdadera curiosidad la chica.

Terasaka se quedó callado mientras miraba a la chica sin ninguna expresión.

Los demás estudiantes de 1-E miraban al profesor curiosos, algunos queriendo saber la respuesta a la pregunta formulada ya que ellos tampoco sabían quién era el tipo ese, otros que si lo sabían miraban al profesor ansiosos de saber cómo reaccionaría.

- Soy maestro de educación física no de historia, mañana pregúntenle a quien sea que les enseñe historia del asesinato. – respondió el mayor como si fuese lo más obvio del mundo.

A todos los estudiantes de primer año les bajo una gotita de sudor incomodo por la nuca.

Entonces, ¿Sabe o no sabe? Fue el pensamiento colectivo de los estudiantes.

- ¿Alguna otra pregunta que si tenga que ver con la clase? – cuestiono de nuevo el docente.

Nadie más alzo la mano, ¿Qué debían preguntar? Es educación física por el amor de Dios! Aun si eres pésimo en deportes… ¿Qué tan difícil puede ser?

- Bien. – comenzó a hablar de nuevo Terasaka – Comencemos. – sonrió demasiado entusiasmado el profesor.

Varios alumnos tragaron pesado.

Se trataba de un recorrido a campo-traviesa alrededor de la montaña y hasta volver a la escuela, de esa forma Terasaka-sensei podría calificar la resistencia y agilidad tanto física como mental, fácil… no. Estos chicos debían sortear una cantidad considerable de trampas potencialmente mortales que si bien no los iban a matar, si los podían dejar heridos y tirados en medio de la nada.

- Es cada hombre y mujer por su cuenta, diviértanse. – concluyo su explicación el docente.

Ninguno de los alumnos se movió, todos miraban el mapa del recorrido que su nuevo docente les había mostrado y explicado como si hubiese sido sacado de una película con trama paramilitar, o mejor dicho de un verdadero campamento paramilitar.

- Que se muevan! – rugió Terasaka a espaldas del grupo de chicos.

Estos dieron un salto y salieron corriendo empezando el ejercicio.

Mana comenzó trotando ligeramente, su mente estaba ya en modo "animal-asustado-que-no-sabe-lo-que-le-espera-mientras-corre-por-su-vida-cautelosamente", mirando a todos lados con sospecha. La pelimorada miro hacia adelante y noto la verde cabellera de Tsubaki, el chico era de los pocos que estaban en la fila delantera de la carrera, Mana estaba entre los que no estaban en medio pero tampoco hasta el final, también noto a Kogami en los que iban en medio, en su cuello ya empezaba a notarse la marca de donde Kira-sempai le había estrujado con su corbata.

- Hola. – hablo alguien justo al lado de Mana llamando su atención.

Mana giro su rostro a su izquierda para encarar a una linda chica tan pequeña como ella, sus grandes y brillantes ojos verdes creando un fascinante contraste con su largo y ondulado cabello color miel que traía amarrado en una trenza algo floja, su trotar era ligero y parecía como su sus pequeños pies apenas tocaran el suelo por la gracia con la que lo hacía.

Parece un hada. Pensó Mana.

- Hola. – respondió la pelimorada al tiempo que asentía ligeramente con la cabeza.

- Kuromori Mana-chan, cierto? – cuestiono la bonita chiquilla.

Mana asintió en silencio.

- Qué bueno que no me equivoque de nombre. – suspiro aliviada la de ojos verdes mientras una sonrisita tonta se pintaba en su fino rostro – Mi nombre es Ume Himeko, es un placer. Me pareció interesante eso que dijiste después de la hora de tutoría, eso de que deberíamos mesurar nuestras opciones. –

- Si, bueno… no es como si tuviésemos alguna otra opción. – dijo Mana antes de volver a mirar al frente, un ligero sonrojo decoraba sus mejillas ya que no está acostumbrada a que alguien concuerde con sus opiniones – Además, es justo como dijo Tsubaki-kun, no ganamos nada agitándonos o empezando a gritar sin sentido, después de todo no sabemos lo que esos exámenes descubrieron sobre nosotros mismos. En algún lugar leí que el ser humano desconoce mucho de su propio potencial, sumando a eso el hecho de que apenas estamos en la primera etapa de la adolescencia creo que si ellos vieron algo que nosotros no eso puede ser ventajoso para nosotros mismos, no digo que lo que ellos descubrieron sea bueno o malo, pero si estamos aquí es por algo. – argumento Mana.

- Pero yo jamás le he hecho daño a nadie. – hablo una profunda voz detrás de Mana y Himeko haciendo que las dos chicas dieran un respingo y giraron sus rostros para poder ver a su nuevo interlocutor, un tipo tan o más alto que Kogami con cejas casi imperceptibles y pequeños ojos que parecían estar enfurruñados con la vida, su masa muscular era trabajada a pesar de la joven edad y se veía intimidante – Ni tampoco he querido lastimar a nadie antes. –

- ¡Por favor no te pongas detrás de alguien y luego hables tan de repente! –

- ¡Por favor no te pongas detrás de alguien y luego hables tan de repente! –

Chillaron ambas chicas con las caras ligeramente azules haciendo que el imponente chico diera un respingo del susto.

- L-lo shiento! – se disculpó el gran chico.

Tsubaki miro hacia atrás al escuchar un escándalo en esa dirección y fijo su mirada en los parias que gritaban como locos, una sonrisa divertida se pintó en su rostro al notar a Mana en el escandaloso trio.

- Me llamo uff Kiriyama uff Osamu. – se presentó con dificultad el recién llegado a Mana y Himeko mientras luchaba por mantener el paso ligero de las dos chicas – Mucho uff gusto. –

- Anno, ¿Estas bien, Kiriyama-kun? – cuestiono preocupada Mana, ese tono verdoso en el rostro de Kiriyama no prometía nada bueno.

- Por favor no vomites. – pidió Himeko.

- Estoy bien uff, es que uff no estoy uff acostumbrado uff a correr uff largas distancias uff. – respondió a duras penas Kiriyama.

- Eso en este instante no es estar bien para nada. – reprendio ligeramente Himeko.

- Sera mejor que te detengas Kiriyama-kun, si sigues así te podrías desmayar o vomitar. – aconsejo Mana preocupada.

- No se preocupen uff, me interesa uff eso de lo que uff hablaban. – siguió Kiriyama a pesar de su obvia mala condición física - ¿De verdad creen uff que lo que nos dijeron uff es verdad? uff –

- Es demasiado elaborado para ser una simple broma y estoy bastante segura que el miedo en los ojos de Kogami-kun era bastante real cuando Kira-sempai le ataco. – respondió Mana mientras bajaba un poco más la intensidad de su trote y quedaba a la altura de Kiriyama, Himeko hizo lo mismo.

Kiriyama abrió su boca para decir algo más pero Himeko le interrumpió.

- Oigan… - llamo la adorable ojiverde - ¿No éramos más cuando empezamos a correr? –

Mana y Kiriyama entonces miraron a su alrededor notando efectivamente que la anterior cantidad de 35 alumnos había decrecido a 15 contándolos a ellos tres. Mana reconoció a Tsubaki y Kogami en la parte delantera junto con un chico alto de buen ver que Mana reconocía como Shirou Shinjirou, una chica de cabello naranja estilo bob que Mana reconocía como Shindou Masami, una chica de corto cabello rojo que Mana reconoció como Nanase Aki, un chico no muy alto pero con los brazos ligeramente marcados llamado Atsushi Natsuo, otro chico fornido que se llama Sanada Ryota, un chico serio que iba en la parte de en medio llamado Fujimori Kyokazu, una chica guapa y de aire maduro llamada Hayate Nana, un chico de cabello azul de nombre Asano Aomaru, un chico de ojos que asemejaban a los de un gato de nombre Nekosawa Mao y un sujeto llamado Amesaki Mamoru.

- ¿A dónde se fueron todos? – mascullo al aire Himeko.

- ¿No se dieron cuenta? – se acercó Tsubaki a Mana y compañía – Lentamente cada uno de nosotros a estado desapareciendo cuando alguien activa alguna de las trampas, han tenido mucha suerte si lo notaron hasta ahora. -

Y como si del diablo hablaran alguien jalo una invisible cuerda que activo un enorme tronco que caía colgado de un árbol y que le dio directamente a Kiriyama llevándoselo consigo a alguna parte en la copa de los árboles.

- Kiriyama-kun! –

- Kiriyama-kun! –

- Vieron. –

Fueron las respectivas respuestas de Mana, Himeko y de Tsubaki cuando Kiriyama desapareció de la vista, las dos primeras azules del susto.

Haciendo cuento largo corto, nadie completo el ejercicio, todos cayeron en alguna trampa, pocos a solo metros de completar el ejercicio (coughTsubakicough), resultando que el lugar al que iban a parar todas las trampas era una gran red que Terasaka-sensei coloco por seguridad.

Terasaka hizo que todos los alumnos se formaran en una sola línea encarándolo a él, los nuevos alumnos del primer año del edificio E estaban sucios, con las ropas rotas, con moretones formándose en alguna parte del cuerpo y sangrantes cortadas esparcidas por todo el cuerpo.

- ¿Qué aprendieron? – fue lo primero que salió de la boca de Terasaka cuando se detuvo frente a sus nuevos alumnos.

Varios alumnos se vieron confundidos entre si no comprendiendo.

- Que esto es una maldita locura. – atino a decir mordaz Kogami.

- Meh, no es incorrecto. – acepto la respuesta Terasaka – Pero no me refería a eso. Lo que este ejercicio simboliza es el nuevo mundo al cual se les ha abierto sus puertas, un mundo en el que no pueden dar el siguiente paso sin pensarlo dos veces, ¿Recuerdan cuando les dicen que piensen antes de hablar? Es el mismo principio. Uno no siempre tiene idea de lo que tiene al frente, un paso en falso y podrías caer por un foso o un enorme tronco podría noquearte y hacerte volar unos buenos diez metros en el aire, el mundo tiene obstáculos que los dejaran sucios, con la ropa deshecha, con moretones y cortadas, con espíritus sangrantes y voluntades cuestionadas. – hablo Terasaka con aire reflexivo, los jóvenes estudiantes escuchaban interesados la cátedra – Sin embargo, eso no quiere decir que no puedan volver a levantarse. – Terasaka hizo un ademan con su mano refiriéndose a sus alumnos frente a él, todos de pie – Ahora sacúdanse ese polvo! Tenemos tres horas que matar y apenas llevamos media! Muévanse! Muévanse! -

El resto de la jornada escolar fueron gritos, saltos, giros, estiramientos, carreras, lagartijas, sentadillas y abdominales, cuando al fin Terasaka-sensei les libero del infierno conocido como "entrenamiento estándar nivel 1", Kayano-sensei fue por ellos y les guió a las duchas tanto para chicas como para chicos, se pusieron el uniforme formal y se les permitió ir a casa.

- ¡Recuerden que a partir de mañana podrán comenzar a inscribirse a los clubes tanto deportivos como culturales! – informo en un grito entusiasta Kayano a sus estudiantes mientras estos bajaban cuan horda de zombis el camino que los llevaría a la entrada de la escuela.

Los alumnos entonces recordaron que Kayano también les dijo que el entrenamiento en los clubes deportivos de esta parte de la escuela era más intenso y que se llegaba a combinar con el entrenamiento de Terasaka, si antes los alumnos solo parecían zombis ahora sin duda sonaban como una genuina horda de zombis.


- Me duele todooooo. – se quejó Mana mientras bajaba el camino de montaña hacia la entrada de la escuela.

- Me están palpitando en protesta cosas que no sabía que podían palpitar. – comento adolorido Tsubaki al lado de Mana.

- Ne, Kiriyama-kun. – llamo en un gruñido cansado Himeko al enorme chico - ¿Estas bien? Ese tronco te dio de lleno. –

- Estoy bien. – respondió quedo el chico, su rostro estaba lleno de curitas y tenía una venda firme en su cabeza.

Pequeñas conversaciones sobre lo extraño que había sido ese primer día de clases nacieron entre los alumnos de primer año que apenas comenzaban a conocerse, desde los desesperados ¿Cómo le explico a mi mamá porque mi ojo esta morado? Hasta los clásicos ¡Por favor que esto sea una pesadilla y que despierte pronto!

Los alumnos de primer año del edificio E llegaron a la base de la montaña, lo único que los mantenía en pie era el esperanzado anhelo de llegar a casa y darse una muy larga ducha…

- ¡ESTÁN VIVOS! –

Pero eso tendrá que esperar porque ahora alguien grito con fuerza de la nada haciendo que los pobres y candados corazones de los jóvenes del 1-E dieran un salto con voltereta y sin red de seguridad.

PUM! PUM! PUM! PUM! PUM! PUM!

Se escucharon seguidas explosiones. Los pobres niños y niñas del 1-E se quedaron petrificados del susto.

- Muchas felicidades~! – anunciaron varias voces al mismo tiempo sonando como una.

Frente a los alumnos del primer año del edificio E estaban los alumnos de segundo y tercer año del mismo edificio, algunos traían grandes pancartas de BIENVENIDOS con exuberantes colores y letras divertidas, algunos traían abanicos y banderines que blandían con entusiasmo, al frente del gran grupo de alumnos mayores estaban cuatro alumnos de tercero, detrás de ellos Mana podía apreciar casi de inmediato a Mina-sempai con un megáfono en su mano…

Fue ella la que nos asustó! Acuso Mana en sus adentros mientras miraba a Mina con una expresión de incertidumbre en su rostro.

… Los ojos de la pelimorada entonces miran al lado de Mina y notan a Tetsunosuke que con aire casual sostiene una cadena.

El chico que está en medio de los cuatro alumnos de tercero al frente del cuerpo estudiantil del edificio E dio un paso el frente y con una sonrisa de ángel se dirigió a los de primer año.

- Muchas felicidades en sobrevivir a su primer día. – dijo el joven, su voz sedosa y atrayente, muy convincente – Mi nombre es Sawada Shouyo, soy el presidente de la asociación estudiantil en el edificio E y soy quien nos representa en el edificio principal. – se presentó con calma – Me acompañan los demás representantes del edificio E y por supuesto el resto del alumnado del edificio. –

- ¡¿Es aquí donde nos dicen que todo fue una broma de mal gusto y podemos volver a la vida real?! – exclamo molesto Atsushi Natsuo.

- Como bien se les ha informado desde el inicio de clases esta mañana, esto no es ningún chiste, creí que eso ya había quedado claro, en especial si contemplamos su actual estado físico. – señalo Sawada con una sonrisa que no le llego a los ojos – Si estamos aquí en este instante es para felicitarles y darles la bienvenida, créanme cuando les digo que hemos estado en sus zapatos y les puedo asegurar que por difícil que sean las primeras semanas, por doloroso y ridículo que parezca, Dios, por estúpido que suene… todo mejorara. Si miran a sus nuevos compañeros apenas reconocerán algunos rostro, apenas y recordaran algunos nombres, pero son esas mismas caras las que les ayudaran a crecer como jamás lo creyeron posible, manténganse unidos, porque solo unidos prevalecerán, lo que uno no logre hacer el otro lo respaldara, las habilidades que obtendrán de manera individual se fortalecerán cuando en grupo. – hablo solemne Sawada, el brillo serio y decidido de su mirada aplacando por un instante las dudas en las mentes y corazones de los niños de primero – Somos la clase "E", somos Especialistas, somos Exterminadores, somos una Entidad… – recito Sawada y en cuanto las última palabra salio de su boca el resto del alumnado siguió a una sola voz.

- … somos la daga que se clava en la espalda de nuestros enemigos, somos el veneno que se adentra silencioso, somos la bala que reclama sus alientos, somos la sombra que los sigue desde las tinieblas, somos el monstruo de sus pesadillas… - se escuchó como un susurro que el viento aclamaba y que lo hacía etéreo y al mismo tiempo resonante.

- … Somos el fin. – concluyo Sawada el cántico – Pero justo ahora, ustedes están empezando. – la sonrisa en el rostro del representante del edificio E se volvió sincera y cálida – Y hablando de empiezos, creo que una compañera mía tuvo uno muy malo con un compañero suyo, Tetsu-san, la cadena por favor. – Tetsunosuke se acercó a Sawada y le entrego la cadena, entonces Sawada comenzó a jalar de la cadena, lo que sea que estuviera al otro extremo oponía resistencia pues el joven jaloneaba y jaloneaba para finalmente jalar de entre la multitud a una molesta y sonrojada Kira-sempai del mar de gente, la cadena amarrada alrededor de su cintura y sus manos sujetas por unos grilletes con aspecto de que los sacaron de una película de ciencia ficción – Podría alguien por favor traer a Kogami Tora. – pidió Sawada mientras sujetaba la cadena con fuerza para que Kira no huyera.

Entre varios alumnos del 1-E Kogami fue empujado hasta quedar al frente de Sawada y de Kira, el nuevo alumno de secundaria miro a la chica como se de la peste se tratara. Sawada jalo de nuevo de la cadena e hizo que Kira quedara frente a frente con Kogami.

- Kira. – llamo Sawada - ¿Qué le decimos a la gente a la que traumatizamos de por vida? –

Kira le dedico una mirada venenosa a Sawada que el joven ignoro de manera olímpica, luego Kira redirigió su atención a Kogami, la hostilidad en sus ojos para nada menguada, de repente la personalidad de la chica dio un giro de 180° y una sonrisa tan dulce que te sacaría caries decoro su rostro, Kogami y sus compañeros del 1-E dieron un respingo que combinaba el asombro, el miedo y un poco de asco.

- Lamente mucho mi comportamiento de esta mañana, Kogami-chan. – el tono dulce que uso Kira solo hizo que los alumnos de primer año se sintieran aún más incomodos - ¿Me perdonas? – dijo Kira con su mejor cara de perro pateado a mitad de la calle.

Pero que rayos…?! Fue el pensamiento que cruzo la mente de Kogami y varios otros.

- Y una mierda. – fue la acertada respuesta de Kogami antes de pasar de largo y salir de lleno del camino de la montaña para volver a la más o menos normal civilización.

- Etto… Kogami él… emh… necesita tiempo. – dijo Kurosawa Hanamaru, un chico alto y de apariencia sensata que también estaba en el 1-E.


Mana llego al edificio departamental donde residía con su abuela por pura fuerza de voluntad. Sus pobres piernas se negaban a alzarse para que la pelimorada pudiera dar un paso decente así que arrastro sus pies todo el camino, espalda encorvada y cabeza gacha, brazos caídos con la mochila arrastrando, Mana jamás creyó que la parte más tortuosa de ese día seria subir las escaleras hasta su piso.

Me pregunto ¿Se sentirá así una puerta que no ha sido aceitada en al menos cien años cuando es abierta de nuevo luego de todo ese tiempo? Se cuestionó Mana en sus adentros.

Maldición, ya estoy delirando. Se dijo en su mente la joven pelimorada al tiempo que por algún milagro llego al piso donde estaba el departamento donde vivía.

Luego de la partida de Kogami al aceptar el pésimo arremedo de disculpa de Kira-sempai varios de los alumnos de los grados superiores se retiraron deseándoles a los nuevos reclutas buena fortuna, algunos incluso les regalaron botecitos llenos de pastillas para el dolor de músculos y aspirinas, Las van a necesitar, les dijeron con una sonrisa comprensiva, Mana entonces recordó que ella misma cargaba con dos botecitos entregados por Mina-sempai y Mihara-sempai respectivamente, la pelimorada se recargo contra la pared del departamento que estaba antes de donde ella vivía y alzo con dificultad su mochila, sus pobres brazos temblaban por el esfuerzo de mantener el peso de la mochila y sus dedos se sentían como fideos que apenas y podían sujetar el zipper para abrirlo. Mana saco del interior de su mochila un botecito con la leyenda Para Mana-chan, bienvenida a la clase E escrita con un marcador azul con brillantina y una calcomanía carita feliz al final.

"Tomate dos antes de acostarte o se te dificultara bastante levantarte mañana." Recordó Mana lo que le dijo Mina-sempai.

- Me tomo una ahorita. – se dijo Mana con voz queda mientras abría el botecito – Y la otra me la tomo justo antes de dormir. – saco una pequeña pastilla de color rosa y con curioso diseño, parecía una especie de emoticón con sonrisa pervertida y ojos sospechosos.

Mana reviso el interior del botecito y se dio cuenta de que las pastillas venían en diferentes colores y con diferentes caras.

- Diferentes colores, diferentes sabores, supongo. – razono Mana antes de lanzar la pastilla a su boca, de inmediato el sabor de la fresa lleno su boca y un sonidito de placer emano de la pelimorada.

Mana inspiro hondo y luego exhalo, volvió a más o menos erguirse y siguió avanzando en dirección de su departamento.

- Abuela~! – llamo la pelimorada después de abrir la puerta con su llave – Ya llegue~! –

Una vibración que sintió la pelimorada en el bolsillo de su saco la hizo dar un saltito, olvido por completo que traía un flamante celular, Mana metió su mano al bolsillo y tomo el celular, lo abrió y una sonrisita decoro su rostro.

- Bienvenida a casa, Mana-chan~! – exclamo su abuela mientras salía de un pasillo y caminaba en dirección de su nieta - ¿Cómo estuvo tu primer-oh cielos! – exclamo al final la dama cuando noto el estado en el que su nieta se postraba frente a ella.

El corto cabello de Mana estaba alborotado, lleno de hojas, varitas y tierra, manchas de tierra pintaban en diferentes direcciones la cara y manos de Mana, una pequeña cortada en su mejilla izquierda y un pequeño chichón en la frente, la abuela de Mana estaba segura de que debajo del uniforme había aún más daño.

- Querida ¿Estas bien? – cuestiono preocupada la dama mientras se acercaba a su nieta y comenzaba a quitar la basura de su pelo - ¿Cómo te hiciste todo esto? – interrogo.

- Me caí durante educación física. – respondió la pelimorada a su pobre abuela mientras disimuladamente guardaba otra vez su celular en el bolsillo de su saco. No era la verdad completa, pero tampoco era una mentira – Muchas veces a decir verdad. – eso si era una verdad completa.

- Oh, querida. Tu coordinación nunca ha sido muy buena. – acepto la abuela de Mana su explicación – Quitando eso de la lista ¿Tuviste un buen día en tu primer día como estudiante de secundaria? – cuestiono con entusiasmo la señora a su nieta.

- Fue… un día lleno de experiencias inesperadas. – atino a decir la pelimorada – Pero, supongo que no estuvo tan mal. –

Mana noto que su abuela dudaba en preguntarle algo, la pelimorada no es tonta y supo que era lo que hacía que su abuela se sintiera tan incómoda de preguntar.

- Hice… - empezó Mana no muy segura de sí decir lo que iba a decir – Creo que hice nuevos amigos. – compartió la menor.

Los ojos de la abuela de Mana se abrieron ligeramente de la sorpresa, un brillo de emoción los ilumino dejando ver de dónde había sacado Mana su color de ojos.

- ¿En serio? – cuestiono la dama mientras miraba a su nieta como si fuera el tesoro más precioso del mundo, Mana asintió en silencio, sus mejillas sonrojadas – Ve a ducharte y quítate toda esa mugre mientras preparo la cena, así podrás contarme con más calma sobre tus nuevos amigos! – propuso entusiasta la dama a su nieta.

Mana asintió en agradecido silencio y se dedicó a realizar las indicaciones de su abuela.

Cuando la pelimorada llego a su cuarto lo primero que hizo fue colgar su mochila en el respaldo de la silla frente a su escritorio, saco los dos frascos con pastillas y los coloco sobre el escritorio, luego metió su mano en el bolsillo de su saco y extrajo su nuevo celular, lo abrió y volvió a leer el mensaje que hacía poco le había enviado Tsubaki.

*Las pastillas de mis botecitos tienen caras ridículas, ¿Las tuyas también?*

El mensaje venía con una foto de la mano de Tsubaki llena de pastillas de diferentes colores y caritas.

Mana tomo otra pastilla de los botecitos y la sostuvo entre sus dedos, alzo el celular y le tomo una foto.

*Las mías también*

Escribió la pelimorada en el mismo mensaje que contenía la foto que recién tomo y se la envió a Tsubaki.

Mana y Tsubaki habían intercambiado números y correos electrónicos luego de la bienvenida de los otros alumnos del edificio E, también intercambio correos electrónicos y números con Himeko, Kiriyama, Mina-sempai y Mihara-sempai.

- Si… no estuvo tan mal. – susurro Mana para sí antes de volver a cerrar el celular y dirigirse al baño para tomar una merecida ducha caliente.