IV

Las manos de Emma reposan en las sienes de Erik. Ambos están sentados sobre la cama azul. Emma le advierte: "Esto nos dolerá, más a ti que a mí, Erik. Quiero que lo sepas, porque vas a sentir que te fríen en aceite" Dice mirándolo a los ojos.

"No estás exagerando, ¿verdad?" Dice riendo suavemente.

"Ojalá" Sonríe, Emma.

"¿Por qué todo lo bueno duele, Emma?" Dice mirando a Charles.

"Porque todo lo que vale la pena, lo hace" Y Erik grita, los utensilios de metal vuelan como moscas en la habitación.

"Erik, calma tu mente. Nos matarás" Dice entrecortada.

"N-No puedo, Emma. Ayúdame" le dijo agarrando sus hombros.

"Piens-sa en Ch-Charles" Dijo llorando por la intensidad que compartían. Estaban desnudos, él veía su infancia, ella veía lo que Erik sentía por Charles.

Y en ese huracán de sentimientos, ambos abrieron los ojos.

Estaban en la misma cama, pero algo había cambiado. Todo había cambiado. La luz del cuarto se difuminaba desde la amplia ventana, todo olía a limpio. Y a té.

Olía a Charles. "Ya llegamos" Dijo Emma. La habitación de Charles. ¡Habían estado en la habitación de Charles todo este tiempo! Hank había dejado que se pudriera la habitación por dentro. La cama era impecable. Los libros apilados en la mesa. Una foto de Raven. Una foto de Hedy Lamarr. El piso de madera relucía con la luz del sol. Todo era como antes.

"Para Charles nada cambió" Emma se sorprendió. Las paredes azul claro dejaban ver cuadros de Dalí y Rembrandt.

Erik se asomó por la ventana y vio el jardín más verde que ha visto en su vida. Emma le respondió: "Recuerda que estamos en un mundo inventado, varias cosas no van a tener sentido" Dijo viendo el cielo con nubes de nácar.

"¿Dónde está Charles, Emma?" Dijo mientras tres árboles se prendían en fuego azul y nadie se inmutaba.

"Erik, he gastado una cantidad inmensa de energía para traernos aquí. Es la primera vez que hago esto. Ni siquiera sabía si esto iba a funcionar, corazón. Al parecer mi telepatía no funciona muy bien aquí, las voces parecen habladas al revés"

"Me lleva el infierno, carajo" Dijo Erik abriendo la puerta.

Los pasillos eran los de siempre. Pero lo que impactó a Erik fueron los ojos de los demás estudiantes, eran totalmente blancos. Tampoco parecían notarlos.

"Ellos son proyecciones de Charles. Ellos no nos verán como una amenaza hasta que hagamos algo fuera de lo común, Erik. Sígueme y haz lo mismo que yo. Sé natural" Dijo Emma haciéndolo un lado para seguir adelante.

Hicieron un recorrido por la mansión y Charles no estaba. Encontraron un salón lleno de jóvenes comiendo sándwiches. A un mutante cantando solo en otro salón. La cocina estaba repleta de revistas y periódicos. "No te sorprendas al ver que no me encontrarás aquí, Erik. Sé que no soy de importancia para Charles. De seguro, al ser la mansión a encontrarás a algunos amigos de ustedes" Dijo Emma dándose por vencida, tumbándose en un sillón.

"¡Raven!" Gritó Erik al ver una chica de azul a la distancia del pasillo, y corrió hacia ella.

"¡Erik, no seas estúpido!" Trató de levantarse Emma al gritar, pero lo encontró tan difícil que ni pudo hacer el intento. Entonces, Charles estaba consciente de lo que pasaba. Estaba oculto.

Pero Erik le hizo caso omiso y al voltear a Raven, encontró que ella no tenía cara, pero aun así, Raven lo abrazó y le dijo: "Tú me abandonaste".

Erik se dio cuenta de la mala pasada que le hacía la mente de Charles, se separó de esa cosa, y se dirigió hacia Emma, pero Emma ya no estaba.

Se dirigió hacia la puerta y salió. Cayó directamente al mar. A un mar frío, tan frío que daría hipotermia en cuestión de minutos. Erik recordó las palabras de Emma, debía calmarse.

Mientras la mansión se alejaba, empezaba a nevar, Erik se daba por muerto. Erik nadó hacia la casa, pero mientras más se acercaba, más ésta se alejaba.

"Verdammt" Maldijo Erik. Trató de llamar a Emma con su mente, pero ella no respondía, así que se recordó de sus labios cuando dijeron que todo parecía estar al revés.

"Amme…¡Amme!" Decía tratando de no ahogarse.

"K-kire…" Le respondía el fondo del mar. Recordó que muchas cosas no tendrían sentido, así que se adentró en el mar, esperanzado de encontrar a Emma. Pensando en las altas posibilidades de morirse aquí y despedirse de ambas realidades para siempre. De eso estaba claro Erik, sabía que si moría aquí, eso sería muerte cerebral.

Erik estaba asustado.

Desesperado, entre tanta oscuridad marina, logró discernir un submarino. No sabía quién iba adentro, pero era mejor que andar solo. Así que trató de detenerlo con sus poderes todo lo que pudo. Se sentía desolado ante tanta impotencia; hasta que unos brazos lo enredaron por la espalda, lo hicieron subir, y ahí, en esa eterna confusión, se oyó decir en su oído:

"No estás solo".