Disclaimer: Los personajes de TWD ni de TVD me pertenecen, otros personajes tampoco son de mi autoría, tanto como lugares. Yo solo escribo por y para entretener.
Recordatorio:
"" pensamientos
"" recuerdos
(cursiva) canciones que recomiendo escuchar para la escena
-diálogos-
. cambio de escena
…..Capítulo 5
Hice una mueca, después de dar el primer mordisco, a la que alguna vez fue una ardilla. –No está tan mal– comenté, tratando de romper el silencio.
–Si no hubieras puesto cara de puto viviente, quizás te hubiera creído– argumentó, le miré de reojo y no pude evitar reírme de forma discreta. El sentido de humor de Dixon era bastante crudo, pero de alguna forma, realista.
–No puedo evitarlo, la ardilla no es de mi comida preferida
–Es lo que hay
–Y todo gracias al caza ardillas– comenté, quizás sintiéndome algo ridícula.
– ¿Te pegaste demasiado duro cuando el hijo de puta se te tiró encima o eres así desde nacimiento? – Giré mi rostro en su dirección y puse cara de pocos amigos.
– ¿Te insolaste demasiado cazando ardillas o es que éstas cobraron venganza y te masticaron el cerebro? –. Me mordí el labio inferior, evitando reírme de mi mal chiste. Escuche a Dixon soltar un quejido o algo semejante, pero al mirarle de reojo me di cuenta que en sus labios se había formado una casi imperceptible sonrisa.
Se pasó la mano por debajo de la nariz y siguió comiendo. Le imité, sin saber muy bien como continuar la conversación, por muy extraño que parezca, no tenía miedo, de alguna forma me sentía y me sabía protegida.
No tuve el valor de comer más de dos ardillas, me fue suficiente. Me abracé las piernas, junto a la fogata, que emanaba un calor acogedor. Me moría de sueño, pero no podía darme el lujo de dormirme a la intemperie.
–Deberías dormir–
Me sobresalté al escuchar su voz, giré mi rostro para verle. La luz que desprendía la pequeña fogata iluminaba el rostro de Dixon, lo suficiente para ver como destellaban los ojos zafiro y sobresalían, como si éstos tuvieran vida propia.
– ¿Y dejarte toda la diversión a ti?, ni hablar– comenté, de forma desinteresada, desviando mi atención hacia algo más. Sentía mis párpados pesados, pero me rehusaba a quedarme dormida. Todavía no confiaba plenamente en él. –¿Qué hacías tu solo en el bosque?
–Cazando–
–Eso lo noté a simple vista – murmuré entre dientes. –Pero no me puedo creer que estés en el bosque solo para cazar ardillas–
–Es mucho mejor que estar en el bosque simplemente para perder el tiempo
Fruncí el ceño al escucharle e hice una mueca con mis labios. –Estaba buscando provisiones para mi grupo–
–Ya, a mi parecer estabas jodida, además les estarás dando doble trabajo
Sus palabras fueron directo a mi orgullo, pero tampoco tenía armas para contradecir aquello, porque muy en el fondo, estaba en lo cierto.
–Solo trataba de ayudar, últimamente me siento bastante inútil– susurré, viendo como bailoteaba el fuego y soltaba pequeñas chispas.
–Eso tiene una solución– comentó, después de unos segundos sin que nadie dijera nada y se escucharon los sonidos nocturnos del bosque.
–¿Cuál?
–Dejar de ser una carga– le miré con vivo interés en el momento que escuché esas palabras salir de su boca, pero él no me miraba a mí, miraba un punto detrás de mí, de hecho no miraba ningún punto en específico. Mis labios se fruncieron, formando una mueca; había captado aquel mensaje de doble sentido algunos segundos después. Mi mirada se desvió al suelo, abracé mis piernas y apoyé mi mentón en ellas, escondiendo mi rostro. Era verdad, solo era una maldita carga para todos, si no fuera por Dixon no estaría viva y definitivamente él se iba a ir por su camino en cuanto amaneciera. No estaba segura de llegar a zona segura sin ningún rasguño o mordida, no sola, en medio de un bosque, de la nada, perdida.–Volverte fuerte– Se encogió de hombros, añadiendo después de unos segundos, lo que me dejó sorprendida, no esperaba que dijera nada más. Alcé un poco el rostro, solo para verle a los ojos, buscando en ellos signos de burla o mentira, pero no había nada… solo sinceridad. Se pasó una mano por debajo de la nariz y un segundo después, desvió la mirada hacia sus manos, que se encontraban ocupadas sacándole filo al cuchillo de caza.
–¿Crees que pueda dejar de ser una carga? – cuestioné, mirándole, buscando una respuesta sincera por parte suya, porque a pesar de no conocerle mucho, lo poco que llevaba de hacerlo, lo poco que me había dicho, estaba segura que no había mentido.
–Hmm, supongo– contestó de forma escueta, pero segura. Le sonreí sin poder evitarlo, sintiendo como mis ánimos subían de forma impresionante por la simple palabra de afirmación de un desconocido o mejor dicho, de aquel que me había salvado.
Y con una sonrisa, inesperadamente, pude dormir. No supe cuándo, ni cómo, pero Morfeo me llevó al país de los sueños.
.
Sentí que había pasado mucho tiempo cuando abrí los ojos nuevamente, no me di cuenta en qué momento había caído en el país de los sueños. Lo primero que distinguí fueron las estrellas saludándome, aún era de noche, pero no por mucho, había vestigios claros en el cielo, dando señales de que pronto amanecería.
Me quise tallar los ojos y en el momento en que quería hacer tal acción, algo se resbaló de mis hombros. Era un chaleco o eso creía, no me pertenecía aquella prenda.
Levanté el rostro, de espaldas a mí, se encontraba Dixon, sentado aún sobre la roca.
-¿No dormiste nada?- cuestioné sorprendida.
No me miró cuando habló. Soltando un bufido. –Como si pudiera conciliar el sueño- comentó con tono mordaz, iba a bromear con él pero no parecía tener humor para eso.
Me levanté, mientras sacudía mi ropa y además la prenda, que estaba segura, no me pertenecía. Me acerqué a él y estiré mi brazo, con mi mano agarrando la ropa con la que, podría asegurar, Dixon me había arropado durante el transcurso de la noche. –Gracias- dice de forma sincera y amable.
Su rostro se giró y aquellos ojos azules observaron los míos, con su rostro serio, pero aquellos zafiros no me provocaron la misma sensación. Asintió y tomó la prenda que se colocó un rato después. –En cuanto amanezca, cada quien se irá por su lado- comentó con despreocupación, mientras tiraba tierra sobre lo que alguna vez fue una hoguera.
-Ok- Sentí como se formaba un nudo en la boca de mi estómago, pero solo me limité a responder aquel monosílabo. Saqué unas cuantas frutillas que había conseguido en mi recorrido hacia la nada y las envolví en un pedazo de tela.
Las dejé a un lado y saqué una segunda botella de agua, que había traído conmigo, dejándola al lado de la frutilla en vuelta.
Cerré la mochila y pase las correas de ésta por mis hombros. –Oye- le llamé, tratando de obtener su atención, estirando mis brazos, puesto que en mis manos se encontraba la comida y la botella. –No es mucho, pero espero que te sirva mientras llegas a un lugar más seguro. Tómalo como agradecimiento y por ser… una jodida niñera toda la noche- Sus ojos me perforaban como analizando cada palabra, cada gesto, incluso cada movimiento que hacía inconscientemente, como cambiar de peso -balanceándome-, de un pie a otro. –Y por compartir tú secreto de mata ardillas conmigo. –añadí divertida.
Pasaron unos segundos. Dixon se pasó una mano por debajo de la nariz y desvió la mirada, como si en el horizonte hubiera algo mucho más interesante que mi ofrecimiento y el nerviosismo que me carcomía por dentro.
–No- dijo con la voz algo forzada, ¿o había sido imaginación mía?, pero ni aún en ésos momentos me dirigió una miserable mirada. –Quédatelo tú, lo necesitarás más que yo–
Sin más se empezó a alejar. Los nervios recorrieron mi espina dorsal. ¿Se iba?, ¿así de simple?, ¿podría superar esto, sola?. -¡Eh!, ¡ni si quiera un adiós!- exclamé lo suficientemente fuerte como para que me escuchara. Avancé vacilante, escasos dos pasos en su dirección; por alguna extraña razón, la idea de que no le volviese a ver, de que me quedara sola, de no saber a dónde ir hacían que mi estómago se revolviera, dejándome algo mareada.
Escuché como sus pasos contra la hierba, que eran casi imperceptibles, se detenían. –¿Es que uno no tiene necesidades, huh?. Mierda, uno que trata de ser discreto- masculló entre dientes, lo bastante alto para que lo llegara a escuchar.
Sentí como el calor subía a mi rostro y no tenía que tener un espejo para saberlo, me había sonrojado por la vergüenza. Mas sin embargo, el alivio y la tranquilidad reemplazaron aquello que, incluso hace unos segundos, me era imposible de explicar. Sonreí tenuemente.
–Ehr, lo siento- susurré, acalorada, mientras me abanicaba con la mano. No obtuve respuesta, mas sin embargo escuché como sus pasos se alejaban aún más. Aquello a pesar de todo, me causo una sensación de nervios, los cuales recorrieron toda mi médula espinal.
Miré el bosque mientras tomaba asiento donde Dixon había pasado toda la noche. Los árboles habían adquirido un aura siniestra y misteriosa, y por alguna extraña razón me pareció que se hacían más grandes y más abundantes. Sus ramas se movían a intervalos, cuando alguna ráfaga les movía; el calor se hacía notar conforme el sol salía de su escondite, anunciando también que, poco a poco, mi tiempo se agotaba y que pronto tendría que moverme, dejando aquel lugar seguro o medianamente seguro. Me mordí el labio inferior, nerviosa y ¿por qué no?, con miedo. No podía ocultarlo, lo tenía.
Un ruido, -a unos diez metros de distancia- hizo que me sobresaltara. Me levanté, buscando con la mirada de dónde provenía aquel sonido. Trataba de ser lo más silenciosa posible, no quería más incidentes y causarle problemas a Daryl, ya había hecho demasiado por mí. Su tarea de ser una jodida niñera terminó en cuanto la luz del día se hizo presente y las sombras empezaban a aparecer más claras en la superficie.
A lo lejos, todavía oculto entre las sombras, algo se movió. Estaba completamente segura. Busqué con la mirada el tubo de metal, -era demasiado probable que fuese un maldito caminante- sin embargo mi búsqueda fue inútil. Por más que lo buscara no estaba por ninguna parte. Miré de reojo la ballesta, me mordí el labio inferior sin saber bien qué hacer.
Si la tomaba era más que probable que Dixon se enojara conmigo, demasiado, tendría sus motivos pero… ¿y si no?, ¿y si llegaba hasta después y no me lograra ver?, era un favor mutuo, porque en definitiva, yo no iba a ir para allá. Quizá Dixon tuviese que ir a cazar, más adelante, en esa dirección y no se diese cuenta que está cerca de un muerto viviente, no era seguro, el caminante estaba demasiado oculto y prácticamente no hacía ruido. Tenía que decidir, ya, si no lo perdería de vista o podría acercarse y yo, seguramente, no reaccionaría a tiempo.
Agudicé, o trate, mi sentido del oído. Quizás pueda esperar, pensé. Sin embargo, las pisadas de Dixon no se escuchaban, inclusive los latidos de mi corazón eran lo que más se lograba oír por aquellos lados del bosque. A éste paso, sentía que, esa cosa se daría cuenta de mi presencia, tarde o temprano. –Agh, ¿cuánto tiempo se necesita para hacer… eso?-solté con cierta frustración y angustia; segundos después, me percaté que se movió algo, -en el lugar donde estaba esa cosa-, acercándose, seguramente. –Demonios-
No me importó entonces, un escalofrió recorrió todo mi cuerpo, seguramente había actuado por impulso y temor, una no muy buena combinación. Tomé la ballesta, -que ya estaca cargada con una flecha-, apunté hacia el objetivo y un segundo después, la flecha creó una ráfaga casi imperceptible a su paso, ésta cruzo de forma horizontal el espacio que separaba mi posición de aquellos diez metros que se encontraban alejados de ahí, donde estaba esa cosa.
Se escuchó como impactaba con algo, seguramente había dado en el blanco, pero para mi sorpresa, la cosa siguió moviéndose. Me sobresalté.
–Oh dios, no le di- susurré, con manos temblorosas cargué la ballesta con una segunda flecha y volví a disparar. No fue suficiente así que utilicé una más. está vez, el movimiento cesó.
Sentía mi corazón martillear furioso contra mi pecho. Me acerqué de forma cautelosa y sigilosa al lugar de origen proveniente, de ahora, acallados ruidos. Mis labios se entreabrieron levemente al notar las tres flechas clavadas en la piel del animal. –Un venado– susurré, mi voz sonó vacía, parecía que no era la propia. –Un maldito venado–
Me llevé la mano a la frente y bajé la ballesta. Entonces una pequeña sonrisa se dibujó en mi rostro. "Cazando" había dicho Dixon, al final, si podría regresarle el favor. Pero las cosas saldrían mal si no me apuraba…
–Maldita sea…– empecé a decir. No me podían dar un maldito descanso, solo había pasado una milésima de segundo cuando otro problema se ponía sobre mis hombros, tratando de hundirme. Podía escuchar los pasos de Daryl acercándose. No me daría tiempo de regresar con las tres flechas. –… mi suerte–
Regresé corriendo, con la respiración acelerada. Dejé la ballesta donde la encontré. Tan solo la había dejado en el suelo cuando sentí que algo me tumbaba. Alcé el rostro, asustada. Me topé con sus ojos azules, penetrándome, fríos y calculadores. Su cuchillo de caza acariciaba mi cuello de forma aterradora.
–¿Qué hacías con mi ballesta, tratando de huir mientras me descuido, perra? – Su voz estaba cargada de desprecio y por un segundo quizá noté… ¿desilusión?. Poco de eso me importó cuando me llamó de aquella forma. Le miré de forma dura, la verdad, claramente herida porque pensara de esa forma. –Oh, ¿te ofendí, huh?,
–Ni un poco– susurré con desprecio. Me había lastimado, después de todo no podía confiar en extraños, menos en él. De un momento a otro había saltado sobre mí, amenazándome con aquella arma blanca, sin pensarlo dos veces.
–¿Entonces?, ¿qué harás esta vez para que baje la guardia contigo?, porque ya te hiciste pasar por la niña indefensa cuando eres todo lo contrario, hija de puta, ¿quizás ahora será… un polvo? – cuestionó, burlón y sardónico.
Entreabrí los labios, olvidando por un instante que estaba siendo amenazada con el cuchillo de caza de Dixon–¿Crees que fue mentira?- cuestioné incrédula. –¿Qué actúe así a propósito?, ¿arriesgando mi vida de una manera tan absurda?. Demonios, ¡si solo estaba perdida, maldita sea y aún lo estoy!, no sé cómo demonios regresar con los míos. –Le miré, sintiéndome engañada por aquella persona que creí, de alguna forma, honorable y buena. –De no serlo me hubiera evitado todo esto–
–¿Qué hacías con mi ballesta? – Cuestionó, aún sin moverse.
–¿Has escuchado algo de lo que dije? – pregunté, de retorno, con la molestia claramente palpable en mi tono de voz.
–Mira, por tu bien, será mejor que respondas lo que te pregunto
No pude más, por más que quisiera, la poca paciencia con la que cargaba y que habían dejado los nervios, - los cuales habían sucumbido en estas últimas horas- hicieron que todo atisbo de artificial tranquilidad desapareciera.
Le miré, cabreada, ya estaba cansada de él y de todo éste asunto. Con la rodilla golpeé su entrepierna, con toda la rabia que había mantenido a raya. Ésta acción causó que se doblegara y me diera tiempo para que le apartase de mí. Me levanté y tomé una de las correas de la mochila, sin si quiera mirarlo.
-Maldita perra- escuché que decía entre quejidos de dolor. Bien merecido se lo tenía.
Mis manos se volvieron puños y me giré para enfrentarle. –¡Cierra la boca!- dije con nula delicadeza. Los ojos zafiro me perforaron; se levantó, furioso, acercándose y cortando la distancia, en menos de una fracción de segundo. Noté sus intenciones, -reflejadas en sus ojos- y no dudé cuando mi mano voló a su mejilla, causando que su rostro se ladeara por la fuerza de la bofetada. –Es una lástima que desconfíes tanto de la gente, es probable que algún día eso te mate. – Le miré de arriba a abajo, con desprecio. Me acomodé bien la mochila tras mis hombros. –Y por cierto- empecé como si no fuera de gran importancia aquello que debía decir, pero inclusive yo, noté el veneno que destilaba con cada palabra que soltaba. –Tomé tu maldita ballesta para matar a un puto venado–Señalé con el dedo índice la ubicación del cadáver del animal– y todo porque no encontré mi arma– dije con cara de pocos amigos. Me giré y me encaminé hacia ninguna parte, solo tenía la firme intención de alejarme de ahí, lo más rápido posible.
–¡Eh!
Mis pasos se volvieron zancadas. Quitaba con los antebrazos las ramas de los árboles que me hacían ir mucho más lento. Alzaba los pies, con cuidado de no caer con las raíces que sobresalían de la tierra.
–¡Eh, Gilbert!
Las sombras parecían, a veces, aumentar o disminuir de tamaño, pero era solo el sol que se movía de forma lenta y pausada, según mi perspectiva.
–¡Maldita sea, Elena!
Sentí como una mano aprisionaba mi muñeca, deteniendo mi andar. Alcé el rostro y me topé con el suyo. Lo empujé e hice que soltara mi mano, sin que Dixon pusiera resistencia.
Más no dije nada y él… tampoco.
Le sonreí, sin una pizca de gracia ni, mucho menos, de amabilidad. No tenía sentido. Me dispuse a reanudar la marcha, sin embargo, solo di dos pasos cuando escuché que farfullaba un "espera".
Mi mirada estaba sobre el bosque, que parecía entretenido con la escena que armábamos, pues las ramas de los árboles se movían con más entusiasmo de lo normal en aquella parte de Atlanta, como si fueran espectadores aplaudiendo.
–¿Si? – cuestioné, arrastrando un poco las palabras.
–…–
Me giré para verlo, me crucé de brazos y negué con la cabeza, con reprobación. –Mira, si no tienes nada que decir, me voy. Se me hará tarde y todavía tengo que salir del bosque antes que anoche…–
–Lo siento– Su mirada azulada no me miró en ningún momento. Parecía que le costaba bastante decir aquello. Se pasó el dorso de la mano por debajo de la nariz e inmediatamente reparé en la marca que le había hecho en la mejilla.
–Si todo se resolviera con una disculpa– Rodé los ojos. –No habría leyes ni policías…
–No hay– dijo el hombre, con sarcasmo. Le miré con los ojos estrechados, claramente no iba a bajar la guardia con él.
–Me amenazaste con un cuchillo– Me defendí, alzando los brazos y dejándolos caer, en un claro gesto de exasperación. –¿Y quieres resolverlo con una disculpa?
–Puedo llevarte a la carretera– Ofreció con la voz ligeramente ronca. –Pero también ponte en mis zapatos. Eras una desconocida antes de ayer y que llegara, -después de unos minutos-, viéndote como corrías, dejabas la ballesta y te hacías la inocente, me hizo sospechar. ¿Cómo demonios iba a imaginarme que habías visto algo en el bosque?, si en toda la noche no hubo movimiento. –
Entonces mis labios se fruncieron, en una mueca. El enojo empezó a evaporarse, situando las prioridades y otros sentimientos, que dieron paso a pensamientos coherentes, que cruzaron por mi cabeza. A pesar de todo, Daryl me había estado ayudado, cuando estuve a punto de ser devorada por un caminante, cuando estuvo velando mis sueños, cuidándome -cuando pudo haberse ido en la noche, llevándose mis provisiones-, pero… no lo había hecho.
Estuvo cuidado de mí todo el tiempo y si antes me atacó de forma física… supongo que, hasta cierto punto, le di los motivos suficientes. No se podía confiar en la gente, al menos no del todo, en estos días.
–No soy una perra– Aclaré tras unos segundos.
–No, no lo eres– se llevó una mano a la nuca, en un gesto que deduje, era por incomodidad.
–Y tampoco soy una puta–
–He dicho que lo siento– murmuró, pude notarle algo fastidiado. ¿Será que no pide disculpas a menudo?. Por su carácter, podría asegurar que era así. Me sentía afortunada, de algún modo.
–Solo quería aclararlo–Me defendí, carraspeando. Mirando hacia otra dirección. –Lamento haberte dado motivos para desconfiar de mí. No era con esa intención, solo… quería ayudar.
Solo en ése punto sentí su mirada clavada en mí. Mis ojos se encontraron con los suyos y asintió. Le imité. –¿Sin resentimientos?- cuestionó tras unos segundos.
–Solo si prometes no volver a amenazarme con cualquier arma– solté, mirándole casi calculadoramente, pero con una sonrisa bailoteando en la comisura de mis labios. Estoy segura que lo notó él, puesto que una mueca parecida a una sonrisa apareció en su rostro.
–Solo si prometes que no te dejarás atrapar por uno de esos hijos de puta–
Estiré mi mano en su dirección y él la estrechó. –Es un trato entonces– dije divertida.
–Por cierto– Me tendió el tubo de metal y yo fruncí el ceño; lo dejé pasar y no pregunté nada, ya había tenido suficiente con aquel interrogatorio.
–Y bien, ¿qué decías sobre llevarme a la carretera?
.
–Dejamos el venado en el campamento y de ahí te llevo a la carretera. –Soltó, esquivando las raíces salidas. No recordaba haber caminado tanto. –De éste punto– Daryl hizo una marca, con el cuchillo de caza, en un tronco caído, cercano al lugar donde habíamos dormido. –A la carretera no está demasiado lejos– comentó, alzó el brazo en forma horizontal, con el cuchillo de caza en mano. –Si sigues derecho, luego giras treinta grados a la izquierda y sigues derecho encontrarás el camino de regreso.
–Ya, bueno, nunca he sido buena con las instrucciones–
–Creo que ambos nos dimos cuenta de eso– dijo burlón, reanudando la marcha.
Rodé los ojos. –Lamentablemente– Comenté y luego miré a aquellas ardillas que colgaban en aquel improvisado transporte de animales. –Se ve horrible– dije en un murmullo.
–Saben mejor de lo que se ven– dijo él, mirándome de reojo. –Y lo sabes; teníamos que pasar por ellas antes de regresar al campamento, me lo agradecerán.
–Si tú lo dices…
–Mi hermano Merle me ayudará, tendrán mejor sabor entonces–
–¿Tienes un hermano? – cuestioné con viva curiosidad, pensando que probablemente sería igual de huraño que él, pero no por eso mala persona.
–Mayor, si– farfulló. –¿Tú?
–Se llama Jeremy y también tengo un tutor, Alaric–
–Al menos tienes con quién vivir ésta mierda
–Lo sé, tu igual. Siempre cuida lo que es valioso para ti– Le miré, con una sonrisa sincera. –Así que también cuídate, ¿si?.
Sus ojos buscaron los míos, sus facciones se suavizaron por una fracción de segundo, hasta que se escuchó un grito. Me sobresalté y busqué con la mirada los ojos azules de Dixon, sin embargo, éstos ya no me observaban. –Quédate aquí– Ordenó.
Me removí inquieta. Dixon se había perdido entre la maleza y ya no podía seguirle con la mirada. Más sin embargo, aún podía oírle. Se había ido justo al lugar donde se escuchaban los quejidos y también como si alguien estuviera apaleando algo o… a alguien. Me mordí el labio inferior. ¿Cómo podía quedarme ahí?.
Estaba preocupada por él.
Y solo en ése instante me di cuenta, que aquel lugar era donde había dejado al venado.
Después de que transcurrieran unos segundos, los quejidos cesaron y la voz de Dixon, a pesar de la distancia, se hizo notar.
-¡Hijo de perra!- sonaba cabreadísimo. -¡Ése es mi venado!
Solté una maldición, seguro se había encontrado con alguien que también lo quería. Necesitaría apoyo. Me mordí el labio inferior y avancé un poco. Ocultándome detrás de un ancho y viejo árbol. Desde ahí podía ver a Daryl, junto a un grupo, podría cubrirlo si era necesario. Al parecer, si era lo que sospechaba, ese grupo buscaba lo que había cazado de forma accidental…
–Roído por éste…-Daryl empezó a patear un cuerpo inerte en el suelo. –sucio, portador de mierda, ¡bastardo hijo de puta!–
Abrí los ojos desmesuradamente. Dixon se estaba saliendo de control.
-Cálmate hijo, no sirve de nada- sonó entonces una voz tranquila. Un hombre de barba blanca y mirada bondadosa. Llevaba un sombrero realmente simpático.
– ¿Tú qué sabes anciano? – Daryl se había acercado peligrosamente a él. Fruncí el ceño, si lo veía desde otra perspectiva, Dixon se comportaba de una forma muy distinta, casi tan diferente que no parecía la persona que yo conocí horas atrás. Más sin embargo, ellos parecían conocerlo bien. ¿Sería acaso su grupo?. Bueno, tampoco le había preguntado nada sobre eso, si estaba viajando con su hermano o con alguien más, con un grupo. –¿Por qué no te quitas ese estúpido sombrero y vuelves al "estanque dorado"?.
Daryl fulminó con la mirada al hombre que había intentado calmarle; casi podría asegurar que sus ojos azules se habían tornado sombríos y amenazadores. Dixon se giró y acercó nuevamente al venado -con una reciente mordida en el costado-; no podía mirar demasiado al animal si quería que mi estómago no regresara lo que había ingerido. Escuché como el hombre, que me había salvado del caminante, suspiraba cansinamente y quitaba, con suma facilidad, las flechas del cuerpo del animal muerto. –Vamos a arrastrarlo de vuelta al campamento–
Dixon no se daba cuenta de las miradas que le dirigían o cómo se miraban los unos a los otros, como si Daryl fuese una amenaza mucho peor que un caminante.
–Cocinamos algo de venado– comentó de forma despreocupada.
Aquellas miradas lograron asquearme más que el venado a medio comer por uno de esos bichos.
–¿Qué piensan?, ¿Creen que podemos cortar ésta parte masticada? – Daryl se agachó y señaló la parte "infectada", como si cortar aquel pedazo fuese la gran solución. –¿Justo aquí? – Su rostro se alzó, buscando miradas de aprobación, pero ninguna se acercaba a eso, simplemente podía notarse la inseguridad, el miedo o la seriedad, que iban pintadas en más de uno de los rostros presentes.
Mis labios se volvieron una línea fina. Sus ojos chocaron con los míos y pude notar como su ceño se había empezado a fruncir ligeramente. Claro, tenía sus motivos y es que lo había desobedecido, pero había sido inevitable, no podía dejarlo solo y menos con ése tipo de gente.
–Yo no correría ése riesgo– comentó un hombre de gorra, con barba y cabello negro y rizado. Al parecer ése comentario lo hizo salir de unos pensamientos nada gratos hacia mi persona.
–Es una maldita lástima– dijo Daryl, tras un suspiro. Se puso de pie, viendo al venado, como si éste fuese a levantarse en cualquier momento o como si la mordida llegase a desaparecer. –Tengo algunas ardillas, como una docena– Su mirada solo se detuvo en la mía una fracción de segundo antes de girarse al resto. –Eso tendrá que bastar– Su mirada azulada miró a las personas que lo rodeaban. Asintió discretamente en mi dirección y empezó a caminar hacia la dirección opuesta a la mía.
Maldición, me tendría que quedar ahí hasta que se dignara a regresar.
Me recargué en el árbol y suspiré, de forma silenciosa.
–Oh, Dios– una voz afeminada, cargada de asco e incredulidad, se escuchó. Fruncí el ceño y miré de reojo al grupo de gente que, para mí, eran unos desconocidos. Las dos rubias se habían ido tras ver como los ojos saltones de la cabeza, la cual había sido arrancada del resto del cuerpo, se abrían.
Por más que quise, no pude apartar la mirada de eso. Sentía como mi estómago se revolvía y tuve que aguantarme las ganas de vomitar, llevándome la mano a la boca. –Vamos, gente, ¿qué demonios? – cuestionó de forma natural Daryl. Dios, ¿cómo no le daba asco?. El castaño se agachó ligeramente y le disparó una flecha con la ballesta, dándole en el ojo izquierdo.
Tuve que girarme para que el movimiento, provocado por las arcadas involuntarias, no llamara la atención.
Escuché como la flecha era recuperada por el ojiazul y éste decía. –Tiene que ser al cerebro. ¿No saben nada? – Luego de eso, los pasos del castaño se fueron haciendo cada vez menos audibles.
Cerré los ojos, tratando de olvidar aquella espantosa y asquerosa imagen, pero me estaba costando trabajo. Me llevé una mano a la frente, no me había percatado que el sol de Georgia se estaba haciendo notar hasta ese momento, dejando mi piel perlada de sudor. Traté de quitar el exceso de sudor y dejé escapar el aire que retenía mis pulmones cuando, por fin, se escucharon el resto de pisadas alejarse.
Estaba algo frustrada, no podía esperar mucho tiempo o si no pondría en peligro a los míos. Suspiré y traté de serenarme. Si me iba y seguía las instrucciones de Daryl no era seguro que llegase a la carretera, puede que incluso me llegase a perder, de nuevo.
Tengo que esperar, con ese pensamiento, seguí la dirección por donde ellos se habían marchado, -ocultándome detrás de otro árbol-. Me sorprendí bastante al ver un campamento bastante amplio y cómodo. Ahora sabía porque Daryl y su hermano seguían en aquel lugar, a pesar de aquellas miradas que los desconocidos les enviaban, era seguro.
–Rick Grimes– Esa era la voz de Daryl, que se elevaba una octava más de lo normal. –¿Tienes algo que decirme? –cuestionó con la voz cargada de burla y furia contenida. ¿De qué me había perdido?.
El sujeto que estaba parado frente a Dixon lucía tranquilo y no parecía inmutarse, a diferencia del resto. –Tu hermano era un peligro, para todos nosotros– ¿Qué?, esperen, ¿había escuchado bien?, no… por favor que no sea lo que estaba pensando… No a Daryl, no podían hacerle eso, era una buena persona. –Así que lo esposé a un tejado, enganchado a un metal– Sentía como mis piernas flanqueaban. –Todavía está allí–
Dixon le había dado la espalda. No había dicho nada y yo… yo todavía no podía progresar lo que había escuchado. Esa persona había perdido el juicio, ¿cómo iban a dejar a un hombre… de ésa manera?. Mi cuerpo no parecía responder y yo no sabía qué hacer, si acercarme a apoyar a Daryl o alejarme de aquella amenaza, de todos ellos.
Daryl se pasó el dorso de la mano por sus ojos. Tragué en seco y mi mirada se desvió al suelo, sintiéndome impotente. Él estaba sufriendo, pero ni aun así le falló la voz al hablar.–Espera un momento, deja que lo asimile– Cerré los ojos, no quería saberlo, no quería escuchar tampoco. – Me estás diciendo que esposaste a mi hermano en un tejado– Su voz sonó cargada de desprecio y de incredulidad, quizás solo fue mi imaginación, pero escuché como las últimas palabras habían perdido fuerza y su voz se había quebrado, ligeramente. –¿¡Y lo dejaste allí!? – Su voz sonó potente cuando gritó eso.
–Si– La voz de Grimes sonó débil, incluso arrepentida.
Hubo un momento de silencio después, luego de eso todo pasó demasiado rápido, se escucharon quejidos, como cuerpos chocaban entre sí, un sonido filoso. "Cuidado con el cuchillo" sonó una voz entre tantas que había allí.
Alcé el rostro, topándome con un Daryl enfurecido, intentado darle con el cuchillo de caza a aquel que se decía llamar Rick, quien apenas podía contenerle. Luego de eso, entre Rick y el hombre de rizos, detuvieron a Dixon y éste último de una forma u otra le obligó a mantenerse a raya. El de rizos le retenía con el antebrazo, apretando el cuello del ojiazul, podía notar como Dixon empezaba a ponerse ligeramente rojo –no sabía si de la rabia o de la presión que estaba ejerciendo el sujeto sobre él-.
–Lo mejor que puedes hacer es dejarme ir– decía entre quejidos, enfurecido. No podía más, no podía dejarle ahí, solo. Todos los demás, desconocidos, veían la escena sin ayudarle si quiera; solo intervenían los hombres para que no hicieran daño al tal Rick. Maldita sea, debía ayudarle como él me había ayudado a mí.
–No, creo que será mejor si no lo hago–
–Esa llave es ilegal– atacó Dixon, con cierto esfuerzo.
–Puedes presentar una queja…–
-¡He!, déjenlo en paz– grité, cuando me acerqué lo suficiente a ellos, con voz fuerte. Los pares de ojos que me observaron en ese instante me dejaron congelada, pero se me paso en cuanto miré los ojos azules de Dixon; aquellos ojos me dejaron ver tantas cosas en tan solo un segundo, como el agradecimiento prácticamente imperceptible reflejado en ellos. Asentí en su dirección. –Creo que ya han hecho suficiente, ¿no? – comenté con burla y cinismo. –O es que no se han cansado de meterse con él y planean seguir jodiéndole. – agregué, mirando al de rizos fijamente, éste aflojó un poco el agarre hasta que finalmente le aventó, literalmente, a un costado. Me acerqué al ojiazul, arrodillándome a su lado. –¿Estás bien? – pregunté en un susurro, para que solo él me escuchara. La pregunta no era meramente física, iba mucho más allá.
–Lo estaré– respondió de forma seca; sabía que estaba así por la situación y por las personas que le habían tratado de aquella manera desde su llegada.
Me levanté, acto seguido él me imitó. Podía sentir las miradas sobre nosotros, como un molesto mosquito por la noche.
–¿Quién eres? – la voz de Rick Grimes se volvió a escuchar entre los presentes. Rodé los ojos, fastidiada. Me giré en su dirección, con una sonrisa bastante falsa.
–Un ser humano– comenté, picándole. Le miré de arriba abajo y me encogí de hombros. –No es de tu incumbencia saber quién soy. –
– Oh, yo creo que si– dijo un molesto hombre, el de cabello rizado.
La mano de Grimes se alzó, como dándole una señal de que se callara o que se tranquilizara. Daba igual. Si las cosas eran como las pintaban, aquel hombre apenas había llegado, pues Daryl no le conocía y enseguida éste había asumido el liderazgo. –Lo que hice no fue un capricho– se excusó él. Abrí ligeramente los labios para contradecirle, pero sus ojos reflejaban la honestidad. Más sin embargo, no podía fiarme de él después de lo que había escuchado. Los ojos del hombre se detuvieron en los azules de Dixon–Tu hermano no trabaja bien con los demás
Una mueca se formó en mis labios. No dije nada, pero estaba segura que mi mirada dejaba en claro que ésa respuesta no era ni si quiera suficiente para excusarse de tal acción.
–No es culpa de Rick. Yo tenía la llave–Una voz que no había escuchado, y por lo tanto que no reconocí, se hizo notar. Un hombre prácticamente calvo, de piel oscura, alto, un poco robusto y que vestía una camisa de manga corta y blanca intercedió por Grimes. –Se me cayó
–¿No la recogiste? – cuestionó incrédulo, con la voz contenida. Miré de reojo a Dixon podía notar, por las facciones de su rostro, como poco a poco perdía los estribos, aunque tratase de hacer un esfuerzo.
–Bueno, se me cayó en un desagüe
Daryl bufó. – Si se supone que me quieren hacer sentir mejor, no funciona– el ojiazul fulminaba con la mirada al que había hablado.
– Bueno, tal vez esto lo haga– volvió a hablar. Entrecerré los ojos, con cierta desconfianza. – Encadené la puerta del tejado. Así los caminantes no podrían llegar a él. Con un candado– Arqueé ambas cejas; mi mirada se debió hacia los del grupo. Parecían incómodos, pero de alguna manera, transmitían tensión y algo de pena. Fruncí los labios.
– Servirá de algo– Rick habló, tratando de sonar condescendiente.
Se instaló un silencio. Miré hacia el suelo, mientras de reojo mi atención se centraba en Dixon; de nuevo, él se pasó el dorso de la mano por los ojos, mientras las facciones de su rostro demostraban lo que de sus labios no salía.
–Al diablo con todos ustedes– su voz trató de sonar fuerte, pero pude notar como se quebraba a la mitad. –Solo díganme dónde ésta. Así podré ir por él–
–Él te lo mostrará– la voz afeminada, con pocas ganas y reticencia en aquellas simples palabras, provino de una mujer de cabello castaño ondulado. –¿No es cierto?
–Volveré– soltó Rick, después de compartir una mirada significativa con aquella mujer, quien después de escuchar esas palabras se metió a la RV.
Dixon se fue y yo le seguí, no podía quedarme en medio de todo esto y ver como se desboronaba solo. Puse una mano sobre su hombro, para detenerle, cuando habíamos dejado atrás el campamento.
–Hey, hey– dije con voz suave. Él movió su hombro bruscamente, dejé caer la mano a un costado mío.
–¿Qué quieres, huh? – cuestionó él, con el enojo a un palpable en su voz. Se giró y su rostro quedó a centímetros del mío. –No quiero tu compasión–prácticamente escupió. Me alejé unos pasos y tomé un poco de aire. Paciencia, paciencia, la necesitaba; cualquiera estaría así después de una situación de ese calibre.
–No es compasión– solté, cruzándome de brazos.
–¿No, entonces? – cuestionó burlón. –¿Querías quedar bien delante de mí para que luego te llevase de vuelta? –arqueó ambas cejas y sus labios mostraron una mueca cargada de ironía, que ocultaba muchas otras cosas, lo sabía. –Por si no te has dado cuenta tengo cosas más importantes que llevar a una niña extraviada en un paseo por el puto bosque–
Mis labios se volvieron una línea fina. Cerré los ojos unos breves momentos. –Defiendo lo que creo correcto– susurré, dejando salir el aire que retenía en mis pulmones con un suspiro. –Creo que me llevarás con ellos, pero no antes de ir a por tu hermano; yo en tu lugar haría lo mismo– Abrí los ojos y me encontré con los suyos, estaban ligeramente enrojecidos. –Confió en ti y sé que lo traerás de regresó– agregué, dando pasos vacilantes hacia su dirección, atenta de cualquier reacción o rechazo por su parte. Llegué hasta él y rodeé con mis brazos su cuello, como muestra de apoyo.
–¿Cómo estás tan segura? – cuestionó él, sonaba más tranquilo, algo que en definitiva me alivió.
–Porque eres un Dixon– comenté, tratando de sonar bromista. –Y sé que tu hermano, como también lo es, sabrá mantenerse con vida–
Y solo entonces sus brazos me rodearon y su frente se recargó en mi hombro.
N/A: Holaaaaa, pues si guest, la mordida afecta a los vaampiros o: y si Ninna, fue una idea bastante loquita que se me ocurrió y pensé: ¿por qué no?. Y he aquí el nuevo capi. espero les haya gustado :´)
Todavía no sé si va a ser un ElenaxDamon o ElenaxDaryl, ustedes deciden(:
Bueno ñamñam me despido!
con cariño
BCM
