Cuando recuperé nuevamente mis lentes, los cuales se habían caído durante mi mareo, un coche de época casi termina arrollándome. Logré evitarlo con suerte y me quedé en la acera con pánico. La calle era… distinta, otro carro de época volvió a cruzar la calle y comencé a observar otros detalles, como la verja dorada que podría jurar era negra ayer.
Un mal presentimiento me recorrió, pero no estaba dispuesto a reconocerlo. Respiré profundo, intentando no entrar en uno de mis usuales ataques de nervios. Algunas tiendas, como la panadería de la esquina, ya no estaban, había pocas personas con trajes de época caminando algo rápido al ser ya altas horas de la noche. Estaba más oscuro, no existían tantos postes de luz, lo cual solo hizo que el terror aumentara.
¿A quién quería engañar? No había terminado casualmente en una película de época. Sabía lo que había ocurrido, y sabía que esto era un error. JJ tuvo que haber dado este salto, no yo. Alguien cometió un muy grave error.
"Cuando llegue el momento, sabré lo que tengo que hacer". Las palabras de JJ llegaron a mi mente. Claro, JJ sabía que hacer, nadie me lo había dicho a mí. Una señora que llevaba un abrigo hasta los tobillos y una cesta me llamó tanto la atención que le pregunté en que fecha estábamos. Ella me miró como si le hubiese preguntado el color de su ropa íntima y caminó más rápido.
Recordé que mi casa tenía que existir, después de todo, nadie daba un salto mayor a 150 años. Así que, caminé a casa, no tenía nada que hacer después de todo. De camino observe todas las diferencias. Busqué al tipo de negro de la entrada 18, pero no se encontraba allí. Mi casa tenía las luces del primer piso encendidas, de hecho, mi casa era la única que no tenía cambio alguno, tal vez para que todos los que dieran saltos en el tiempo pudieran reconocerla casa. Dudé en tocar, ¿Qué diría? "Hola, soy Yuuri Katsuki, nieto de Haru Katsuki, puede que aún no haya nacido ni él ni yo, pero vengo del futuro"
Suspiré, y tomando todo el valor que me quedaba, toqué la puerta. Oí pasos acercarse y sentí mis manos sudar. Pero no pude ver quién abriría la puerta, porque en ese instante volví a sentir un tirón en los pies, como si viajase por el tiempo y el espacio antes de ser escupido en mi época. Me encontraba sobre la alfombrilla de la puerta de casa. El hombre de negro me miraba fijamente, le ignoré y toqué nuevamente la puerta.
El mayordomo me abrió, pero esta vez tenía prisa así que no le saludé. Corrí hasta donde la tía abuela Mila y aún con falta de aire le pregunté -Tía Mila ¿Cómo saben que JJ tiene el gen?- la pelirroja me miró algo extrañada.
-Angelito, la verdad le preguntas a quien no debes, soy un desastre en biología. Además, creo que ni siquiera tiene que ver tanto con su ADN, sino más bien con las matemáticas. Solo puedo decirte que JJ vino al mundo en la fecha fijada para él y calculada desde hace siglos.
JJ había nacido el 29 de noviembre y yo el 30. Solo era un día de diferencia - ¿De modo que la fecha de nacimiento determina si la persona tiene el gen o no?
-Creo que es al revés, el gen determina a qué hora nacerá. Calculan eso con gran precisión. Y algo que sabe hacer bien esa gente es calcular – Tía Mila rodó sus ojos - Después de todo, fue Isaac Newton quien lo hizo.
Pues algo tuvo que haber calculado mal - Tía Mila… solo una pregunta más, ¿Cuánto tiempo pasa desde el primer viaje al segundo?
-Nadie lo sabe, depende de su portador. Por eso es tan importante el cronógrafo. Con eso JJ no tendrá que vagar de aquí para allá, sino que lo enviarán a épocas seguras. Y no me hagas más preguntas, Yuuri. Te he contestado cosas que no debía.
-Lo sé, y te lo agradezco demasiado.
-A veces preferiría que no fueras tan curioso. Ten cuidado, no me extrañaría verte caer en el hielo cuando realices tu famoso axel triple. Además, ¿dónde están mis dulces?
-¿Isaac Newton?- gritó Pichit- ¿No era el de la fuerza de gravedad?
-Si, baja la voz, Pichit- miré a todos lados nervioso, ambos patinábamos sobre la pista de hielo, y a pesar de que solo estábamos él y yo, no quería arriesgarme a que alguien le escuchara. Había dejado la casa en altas horas de la noche solo para encontrarme con Pichit -Al parecer fue él quien calculo la fecha de JJ, pero tiene que estar errado. Yo nací un día después que JJ, y yo fui quien….
-Realmente tenemos que ponernos a investigar- murmuraba el tailandés mientras usaba su celular -No puedo creerlo, todo este tiempo estuvo ese horrible teatro sobre JJ y al final eras tú el que tenía el gen. Debes decírselo a tu madre, Yuuri…- tomé impulso para realizar un triple axel- ¡Puede ocurrir cuando sea! Además, ya he encontrado sobre Newton…
-A la abuela le dará algo, y a JJ… imagínate, ser preparado para algo que no te pasará…
- A la que le dará un ataque será a tu tía Nathalie -Pichit realizó un doble Loop y luego siguió leyendo- Nació en 1643 y bla, bla, bla… Acá no hay nada importante. Además, debes decírselo, Yuuri.
-Tía Nathalie dirá que solo lo hago para llamar la atención
-¿Y qué? Cuando te pase tendrán que admitir que es real lo que dices. ¡Yuuri! Puedes terminar en la época de los dinosaurios. ¿Debo dibujar un círculo de tiza por si desapareces?
-No creo que pueda viajar hasta la temporada de los dinosaurios…¿O sí?- miré a Pichit asustado- Además, he pensado que lo del círculo de tiza es estúpido. No es como si Viktor Nikiforov pudiese ir por mí, nadie sabría donde caería.
-Encontré un Viktor Nikiforov- murmuró Pichit algo más alegre de poder hallar algo - Pues… al parecer es patinador profesional, leyenda del patinaje y… no está nada mal- Pichit me enseñó al chico, tenía cabellos grises y mirada azul.
-Debo volver a casa… Mamá saldrá pronto del trabajo- tomé impulso nuevamente y recreé el cuádruple salchow.
-¿JJ ya ha…?- preguntó mamá en la cena. Tía Natha, JJ y Lady Lilia no estaban, por lo que hablar de esos temas no era un peligro.
-Supongo que no, pero creen que pasará pronto. Él está lleno de vértigos y migrañas- tía Mila se encogió de hombros.
-¿Y qué pasa si Jean no da el salto en el tiempo?- pregunté
-¡Tarde o temprano llegará!- afirmó Mari con una pequeña sonrisa de burla, imitando el tono de voz de Lady Lilia. Lo cual logró que todos riéramos un poco, relajando el ambiente.
-¿Y si se equivocaron? -continué - ¿si JJ no tiene ese don?
-¿Por qué preguntas eso, Yuuri?- murmuró mamá extrañada – Además, es imposible que haya algún error
-Lo sé, Newton era un genio que nunca se podría equivocar- murmuré.
-¡Tía Mila!- mamá la miró con enfado. Tía Mila solo se defendió diciendo que yo era muy insistente.
-¿Isaac Newton creó el cronógrafo?- pregunté y Mari notó con más interés nuestra conversación.
-¿Qué es eso de un cronógrafo? – mamá suspiró, como si temiese que llegara ese día.
-Es una máquina para enviar a JJ al pasado, y la sangre de él es como la energía para ese reloj- En eso el mayordomo entró al comedor con el teléfono en mano y mamá sonrió como si nada pasara. -¿Sí?- contestó rápidamente- Mamá, ¿eres tú? – ella salió del comedor junto con el mayordomo.
-¡Vuestra abuela lee sus pensamientos! Sabe que estamos hablando de temas prohibidos- murmuró tía Mila.
Al final la abuela solo había llamado para avisar que no volverían por esa noche por seguridad. -¿Dónde se quedarán?- pregunto Mari, pero mamá no le respondió, sino que miraba algo asustada a la tía Mila.
-¿Tía Mila? ¿Estás bien?
Doce columnas soportan el castillo del tiempo.
Doce animales gobiernan el castillo.
El águila está ya lista para alzarse.
El cinco es la llave y también es la base.
Así, en el Círculo de los Doce, es el dos el doce.
Y al halcón, que ocupa el séptimo lugar,
el número tres hay que asignar.
De los Escritos secretos del conde de Saint Germain
La tía Mila estaba sentada en su silla, mantenía una postura muy rígida, su mirada se encontraba perdida en el vacío y podría jurar que su piel se veía más blanca.
-Mamá, algo le está pasando a la tía Mila- Mari fue la primera en reaccionar.
-No la toques- Mamá detuvo a mi hermana antes de que ella lo hiciera- Está teniendo una visión.
-Hace frío…- murmuré.
-¡Yuri!- gritó la tía Mila, la miré asustado.
-Acá estoy, tía Mila- mamá negó, mordía su labio, estaba llena de nervios.
-No habla de ti… Habla de Yuri Plisetski.
-Yuri, mi niño. Me lleva hasta un árbol. Un árbol con bayas rojas. Oh, ¿dónde está ahora? Ya no puedo verlo. Hay algo entre las raíces. Una piedra preciosa enorme, un zafiro tallado. Un huevo. Un huevo de zafiro. Qué hermoso es. Qué valioso. Pero ahora se está agrietando; oh, se rompe, y hay algo dentro… Un pajarito sale del huevo. Un cuervo. Ahora salta al árbol -tía Mila rio, lo cual volvió más escalofriante el asunto.
Empieza a soplar viento -La risa de la tía Mila se desvaneció- Es una tormenta. Vuelo. Vuelo con el cuervo hacia las estrellas. Una torre. En lo alto de la torre, un enorme reloj. Hay alguien sentado ahí arriba, sobre el reloj, balanceando las piernas. ¡Baja enseguida, niño atolondrado! - De pronto su voz traslucía miedo y empezó a gritar - La tormenta te derribará. Es demasiado alto. ¿Qué está haciendo allí? ¡Una sombra! ¡Un gran pájaro traza círculos en el cielo! ¡Allí! Se precipita hacia él ¡Yuuri! ¡Yuuri! – Estaba seguro de que esta vez ella había dicho mi nombre.
No pude más con eso y la sacudí con cuidado. Tía Maddy me miró, su rostro comenzó a recuperar el color. -¿Estás bien?- Preguntó mamá.
-No, era una mala visión- masculló mirando a mi madre – No comprendo mis visiones. Pero vi a Yuri, se veía tan hermoso... ¿Lo has apuntado todo, querida?
-Es la primera vez que tía Mila tiene una visión frente a mí.
-Y es la primera vez que tiene una durante la cena. Pero siempre hemos de tener cuidado, aunque sean confusos. Tres días antes de que muriera tu abuelo, tuvo una visión de una pantera negra que se lanzaba contra su pecho.
- Entonces encaja con la visión, porque el abuelo murió de un infarto.
- Es lo que decía: en cierto modo, siempre encaja. Creo que tu tía ve lo que dice, pero no creo que prediga el futuro. Pasa como con tus fantasmas -mi mamá se dio cuenta de que ella había dicho algo que no debía- estoy convencida de que puedes verlos.
Me alejé un poco - ¿Dices que, aunque crees que veo fantasmas y gárgolas que hablan, no crees que existan? Te confié eso a ti porque pensé que me creerías.
-No sé si existen realmente.
-Si no existen es porque estoy loco -Tal vez no fuera buena idea decirle la noticia de mi nueva excursión- Buenas noches, mamá – le di un beso en la mejilla y me fui directo a la cama.
Noté que había sido el peor error. Con la oscuridad me entró el miedo, de manera que me puse a recitar el abecedario. En algún momento me quedé dormido y cuando desperté, con el corazón palpitándome como loco, recordé el sueño de un gran pájaro, empecé a sentir ese horrible vértigo y corrí a la habitación de mamá. Pero no llegué más allá del pasillo, sentí el tirón en mis pies y cerré los ojos fuertemente.
Cuando los volví a abrir, todas las cosas de mi familia no estaban. Unas voces se acercaban por lo que, al darme cuenta de que estaba de rodillas, me levanté con rapidez para esconderme en un armario. Cuando pasaron dos personas, salí con cuidado. El sol podía comenzar a verse salir y yo no tenía ni idea de que hacer, de pronto un hombre me miró y comenzó a gritar.
-¡Ladrón!- sin pensar muy bien mis actos comencé a correr, por dicha conocía bien mi propia casa. Aproveché el pasillo derecho para tomar más ventaja de la carrera, dos chicas gritaron al verme, pero me dio igual, no detuve mi carrera hasta que me encontré escondido detrás del trastero, escondiéndome de ese hombre. Al notar un cocodrilo disecado frente a mí no pude contener un par de lágrimas por la rabia que sentía, y todo porque Newton se había equivocado al hacer sus estúpidos cálculos.
Y entonces, volví a sentir el tirón en el estómago, nunca me había sentido tan feliz de notarlo. El cocodrilo se perdió de mi vista y volvió la oscuridad. Respiré profundo, no había razón para entrar en un ataque de ansiedad. Pero a pesar de que me repetí eso en todo el camino hacia mi cama, no podía parar de temer el que volviera a pasar.
De los Anales de los Vigilantes
12 de julio de 1851
A pesar del registro concienzudo efectuado en la vivienda de lord Okukawa (Círculo Interior) en Bourdon Place, el ladrón que había sido
sorprendido en el interior de la casa a primera hora de la mañana no pudo ser
localizado.
Probablemente escapó por una de las ventanas del jardín.
El ama de llaves presentó una lista con los objetos sustraídos:
cubiertos de plata y valiosas joyas de lady Okukawa, entre las que se encontraba
un collar obsequiado del duque de Wellington a la madre de lord Okukawa.
Lady Okukawa se encuentra en estos momentos en el campo.
-Estás hecho un asco- rio Pichit al ver la nueva foto que nos habíamos tomado para sus cuentas- Pero te quedan bien las ojeras, tus ojos parecen más… oscuros. -Yo le sonreí, sabía que él solo quería que me sintiera mejor, ambos doblamos en la esquina hacia la clase de inglés que daba el profesor Giacometti- Ay, Yuuri. Tuviste que haberle dicho a tu madre. ¡Imagínate lo que hubiera podido llegar a pasar en tu aventura nocturna! Piensa en la profecía de tu tía abuela: solo puede significar que te amenaza un grave peligro. El reloj representa los viajes en el tiempo; la torre alta, el peligro, y el pájaro… el pájaro… ¡No tendrías que haberla despertado! Probablemente la interrumpiste en el momento en que el asunto iba a ponerse realmente emocionante. Esta tarde lo investigaré todo a fondo. ¿Tienes vértigo?
-Me dará si me sigues preguntando eso, ahora comprendo cómo se sentía JJ – susurré al entrar al aula y sentarnos lo más atrás posible-
-Esto es peligroso, Yuuri, tienes que decirle a tu madre. Así podrán ayudarte con el cronoloquesea.
-Lo haré esta noche.
Durante la clase de inglés escuché como dos chicos hablaban sobre la ridiculez de usar un anillo. Pichit se unió a la conversación murmurando que era genial usarlos.
-Está enfermo del estómago…- dije al notar que el profesor Giacometti miraba el asiento de JJ.
-El señor Leroy está disculpado hasta que todo se haya… normalizado- luego continuo con su clase.
-¿Qué ha querido decir con eso de "normalizarse"? -le susurré a Pichit.
-En cualquier caso, no me ha dado la sensación de que estuviera hablando de la enfermedad de JJ - respondió también en un susurro.
-A mí tampoco.
-Además, ¿alguna vez has visto de cerca su anillo? -susurró Pichit.
-No, ¿tú sí?
-Tiene una estrella encima. ¡Una estrella de doce puntas!- le miré sin comprender- Doce puntas, Como un reloj.
-Un reloj no tiene puntas - Pichit rodó sus ojos.
-¿No hay nada que te llame la atención? ¡Doce! ¡Horas! ¡Tiempo! ¡Viajes en el tiempo! Te apuesto lo que quieras a que… ¿Yuuri?
Otra vez las montañas rusas en el estómago, Pichit me miró asustado, aunque realmente yo me sentía igual o peor que él.
-Creo que voy a…- no pude ni terminar la frase porque ya estaba saliendo del aula, escuché al profesor Giacometti darle permiso a Pichit de acompañarme a enfermería y ambos empezamos a correr hacia los baños más cercanos. Pero la vista se me empezó a nublar y la voz de Pichit se distorsionó. Luego, estaba solo en el pasillo. Al ver por la ventana se veía el atardecer y en las paredes había candelabros con velas.
No quedaba nada del segundo piso de mi secundaria. Pensé en que hacer, tal vez si me quedaba acá volvería con Pichit. Mis saltos no duraban más que unos minutos. Pero el sonido de la música llamó mi atención al igual que pasos en la escalera. Alguien subía y lo primero que se me ocurrió fue ocultarme tras la cortina rojiza que había allí, era tan larga y gruesa que nadie sabría de mi existencia.
-¿A dónde vas? – preguntó un hombre algo furioso.
-Lejos de ti- respondió otra voz. Un chico, tal vez menor que el otro, indignado- Déjame en paz.
-No puedo, cada vez que lo hago te dejas llevar por tus impulsos y actúas incoherentemente. Siento lo que ha ocurrido.
-¡Pero lo hiciste! Solo tenías ojos para ella.
El mayor rio bajito -Estás celoso
-Sueñas alto.
Genial, era una pareja peleándose. -El conde debe estar preguntándose donde estamos.
-Da igual, tú solo quieres ver a esa chica… ¿cómo se llama?
-He olvidado su nombre- explicó sin dejar de sonreír, con curiosidad, me asomé un poco por la cortina. Pude ver al mayor, pero al más chico no le podía ver bien.
-Siempre olvidas lo que no te conviene- el chico se volteo y le pude ver la cara al fin. Me asombré, él se parecía tanto a ...mi
Era imposible tanto parecido, el chico me miró asombrado, pero enseguida recuperó el control y me hizo una señal que solo podía significar algo. Escóndete. Claramente eso fue lo que hice.
-¿Qué fue eso?- dijo el mayor, tenía el cabello castaño y la mirada café oscura- En la ventana, podría haber alguien detrás…- pero la frase murió. Sin pensarlo, aparté la cortina a un lado, el chico había apretado sus labios contra el otro joven. Primero él se dejó hacer, pero luego le rodeó la cintura al menor y le estrechó contra su cuerpo. Sentí nuevamente esas mariposas en el estómago y volví a aparecer en el pasillo. Pichit me estaba dando la espalda y había hecho una marca de tiza en el suelo.
Pero no pude hacerle ninguna broma, estaba demasiado asombrado. Ese chico… era imposible que existiera un parecido como aquel.
Ópalo y Ámbar forman el primer par,
Ágata canta en si, del lobo el avatar,
Dueto —Solutio! — con Aguamarina.
Siguen poderosas las Esmeralda y la Citrina,
las trillizas cornalina en Escorpión,
y Jade, el número 8, digestión.
En mi mayor: negra Turmalina,
Zafiro en fa se ilumina.
Y casi al mismo tiempo el Diamante,
11 y 7, del León rampante.
¡Projecitio llega! Fluye el tiempo,
Y Rubí constituye el final y el comienzo.
De los Escritos secretos del conde de Saint Germain.
