Pasaron varios meses más. La máxima entretención que tuvo Sirius fue la de golpear las piedras sueltas que habían en el suelo entre ellas para darles forma. Cuando estaba muy aburrido, cualquier forma e incluso hizo una snitch dorada (Su mayor orgullo). Cuando recordaba que tenía un propósito, les daba forma de flecha y con una punta muy, muy punzante y filosa. Necesitaba un arma y era lo máximo que podía conseguir además de sus propias manos.
Necesitaba un ejercicio que lo ayudara a matar tiempo. Floyd y él ya se habrían contado sus vidas unas tres veces para ese entonces. Sirius probó hablarle sobre música muggle, motocicletas, libros y demases. Su casi compañero de celda no compartía bien sus intereses… Le habló de otras cosas como que debía ejercitarse dentro de Azkaban y armar una rutina de flexiones.
Su salud y alimentación estaban en el suelo y era un milagro que no se desmayara de hambre una vez el día. A veces las celdas estaban ligeramente mejor iluminadas, probablemente porque afuera había más sol de lo normal, y ya eso era una presión enorme para sus ojos foto fóbicos. Aunque hubiese querido ejercitarse, se hubiera fatigado antes de lograr algo… Al menos ese primer año, cuando todavía era nuevo y se encontraba desadaptado.
Entonces, cuando se cumplió un año, pasó algo terrible que trajo buenas consecuencias.
Él no tenía idea de que se había cumplido un año, porque no tenía nociones de tiempo. No podía decidirse si había pasado muy rápido o demasiado lento, pero le sorprendió cuando abrieron su celda aquel día y le dijeron que ya había pasado un año. Y estaban ahí para darle una paliza: La paliza de aniversario que desde ese momento le darían cada año.
Sirius nunca había estado tan destrozado en su vida y cuando pensaba que ya no podía empeorar, llegaba a un nuevo nivel de deterioro que incluso lo impresionaba. Se podía vivir en aquel estado raquítico en que se encontraba… La paliza de los aurores había sido increíblemente efectiva para dejarlo quieto por un par de semanas por una costilla rota. Y ganas de comer algo, ni hablar. Así que adelgazó, adelgazó y adelgazó.
Como si los aurores hubiesen querido que yo cupiera entre esos barrotes.
Me transformé en perro por primera vez en más de un año, y lo sentí en todo mi cuerpo. Mis rodillas se sentían frágiles en vez de fornidas como antes… Mis almohadillas en los pies estaban completamente resecas en vez de duras y esponjosas… Mi nariz también estaba seca, y el olfato ya no era tan infalible (aunque seguía siendo más agudo que como humano). De seguro mi aspecto era horrible, pero mis dientes picados aún servían para agarrar bien la piedra, y pasé por esos barrotes como si nada.
Por suerte dudo que alguien se haya percatado de que un perro negro estaba caminando por el pasillo… Estaba oscuro, era de madrugada y supongo que ver un perro negro era una alucinación como cualquiera otra para los reos…
Mi corazón palpitaba tan fuerte y rápido que lo sentía hasta en mi cabeza, zumbando. Tuve la primera visión de Barty, mi víctima… Dormía, casi plácidamente, sobre el catre destartalado. Fui hasta un rincón y lo miré por al menos treinta minutos antes de decidirme a volver a ser yo, Sirius Black. En esos treinta minutos pensé en volver a mi celda y abortar el plan y me auto convencí de quedarme constantemente. Y pensaba en despertar a Barty, pero no lograba hacer que palabras salieran de mi boca ni movimientos de mi cuerpo…
- Hey – dijo de pronto. La oscuridad no permitía ver que tiritaba de pies a cabeza, con el rostro más turbado que de costumbre.
Barty abrió los ojos y se giró.
Lo tomé por sorpresa y lo asusté como quería, incluso más de la cuenta. Supongo que estaba ya tan delgado y esquelético que mi aspecto no era demasiado amigable, mucho menos escondido en la oscuridad de un rincón… Él ya estaba medio loco, incluso antes de entrar a Azkaban (pero yo no sabía eso en ese momento) y dentro de la cárcel se había puesto mucho peor…
- ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Cómo llegaste aquí? – gritó entre balbuceos
- Te recomendaría que bajaras un poco la voz o vas a conseguir que vengan los dementores – dijo Sirius con toda calma.
El mortífago se debatía entre gritar pidiendo ayuda y entre la curiosidad de saber cómo Sirius había salido de su celda, así que pese a todo el miedo y el nerviosismo, se sentó sobre su colchón y lo miró. Su cara estaba huesuda, pálida amarillenta y sudada… Sus ojos saltones estaban fijos en él y tenía ese ridículo y desquiciante tic con su lengua que terminaba de darle un aspecto perfecto de psicópata.
- ¿Cómo llegaste aquí? – susurró, pero con tanta ferocidad que de estar despierto el prisionero de al frente, lo hubiese escuchado.
- No soy un mago ordinario – respondió aún en su rincón
- ¡¿QUÉ ESTÁS HACIENDO AQUÍ?! – gritó, temblando en su lugar y enterrando sus uñas en el camastro metálico de la cama
- Shhh – lo calló Sirius acercándose a él – Vamos a conversar, Barty Crouch
- No tengo nada que conversar contigo
- ¿Por qué no? ¿Acaso no podemos tener una discusión amigable entre mortífagos? – dijo con una sonrisa amarga e irónica.
- ¡Tú nunca fuiste un mortífago! – dijo como si escupiera veneno - ¿Cómo te atreves…?
- Que bueno que alguien lo reconozca – continuó el moreno – Dime, Barty… ¿Es cierto lo que dicen los rumores? ¿Torturaste a Alice y a Frank junto a los Lestrange?
De la cara del hombre desapareció todo nerviosismo, miedo y enojo con rapidez y una sonrisa perversa se dibujó en su boca. Su lengua pasó rápidamente por sobre sus labios como saboreando el recuerdo y posiblemente eso era lo que estaba haciendo. Barty podía sentir el olor de la sangre de los Longbottom llegando a su nariz de nuevo… Podía escuchar los gritos de nuevo. Y ese recuerdo lo alimentó lo suficiente como para ponerse de pie, de pronto confiado y arrogante, con un brillo amenazador de locura en sus ojos.
Aún no me sentía preparado para convertirme en un asesino ni sentía el deseo de matarlo, pero ya había decidido a que lo haría y no habrían excusas de por medio. Era el primer paso de la venganza que había pensado por varios meses así que no podía achicarme en el último momento. Supuse que lo mejor era lograr escuchar todo salir de su boca… Escucharlo y dejar que la ira nublara mi cerebro, mis pensamientos, mi lógica y mi debilidad.
Sólo necesitaba una razón y quería que él me la diera.
- Quiero que me cuentes lo que les hiciste - dijo Sirius
- Te lo diré si me dices cómo llegaste aquí – lo provocó Barty acercándose a él para quedar cara a cara
- Así como llegué puedo irme en cualquier momento – le dijo el moreno encogiéndose de hombros – Pero yo creo que tú realmente quieres decírmelo… Especialmente recordarlo…
- ¿Para qué quieres saberlo de cualquier forma?
- Lo que realmente les hicieron no puede ser peor que lo que mi mente imagina… - mintió
- Oh, yo creo que sí – dijo con una sonrisa relativamente lasciva, como si el recuerdo de la tortura lo excitara – No sabría ni por dónde partir… Fueron horas. Y cómo podrás hacerte una idea, los Lestrange no se andan con rodeos… Bellatrix tampoco…
"Atraparon al auror primero… Tan estúpido, tan inocente, caminando sin ninguna protección por la calle sólo porque nuestro Señor Tenebroso había desaparecido… Debió saberlo, debió saber que iríamos tras de él para buscar información… Así que lo amarramos sobre una mesa de madera podrida en una fábrica abandonada en las afueras de Londres… La gente andaba realmente estúpida, quizás tú también pudiste notarlo antes de venir aquí. Celebrando por las calles, sintiéndose felices sin esperarse que justo en la cuadra de al lado…
Detuvo su relato para pasar su lengua por sus labios nuevamente, como saboreando el momento que estaba replicando. Sirius escuchó todo con la cara seria, intentando no denotar ninguna emoción.
- Una persona como tú nunca va a entender el arte de la tortura – dijo con un gesto provocativo – El detalle, la técnica… Incluso en un cruciatus puede haber mucha experimentación, mucho cambio. Torturamos a Frank con cruciatus primero, sí… Pero mortífagos como nosotros tan dentro de las artes oscuras aprovechamos ese momento para probar otras maldiciones y pociones oscuras y antiguas…
"Nos dimos cuenta de que nada servía y eso sólo hizo que nuestros intentos crecieran y fueran más viles… Bellatrix hizo uso de su cuchillo de tres puntas como una verdadera virtuosa cortando justo donde más duele pero sin pasar a llevar nada vital, para alargar más y más el sufrimiento… ¿Quién iba a pensar que meter la punta del cuchillo entre cada uno de sus dedos y uñas iba a hacerlo gritar tanto?
Barty de verdad esperaba una respuesta, mientras lo miraba entretenido. Sirius le respondió con un silencio gélido y lleno de odio, utilizando toda la disposición y su mayor fuerza de voluntad para aguantar cualquier acto o comentario, y sobre todo para aguantarse las náuseas que tenía y los espasmos de rabia que recorrían todo su cuerpo, que ya de nervios o ansias no le quedaba nada…
- Lo herimos, lo hicimos sentir… ahogado, quemado, electrocutado… Nada bastó – dijo lamentándose, negando con la cabeza – Volvimos al cruciatus y nos mantuvimos en eso hasta el día siguiente, pero dejó de decir cosas coherentes y nos dimos cuenta de que lo rompimos para siempre…
Rio burlescamente y volvió a pasar su lengua por sus labios. Sirius ya se sentía asqueado y no quería escuchar más…
- Dumbledore habrá hecho un buen trabajo con ustedes… Los que prefieren volverse locos o venir aquí a Azkaban antes de decir algo… - continuó reflexionando para sí – Que estúpidos son, dedicando su lealtad y su silencio a personas comunes y corrientes que nada pueden darles a cambio por esos sacrificios…
"Luego atrapamos a su esposa… Tan bonita y pequeña. Es impresionante y a la vez fascinante lo que un hombre puede hacerle a otro hombre… Pero mucho más lo que un hombre puede hacerle a una mujer. Supongo que las torturas y vejaciones toman otro sentido cuando se trata de una mujer—
- ¿Tú la torturaste? – interrumpió Sirius
- Todos lo hicimos... Por turnos – respondió saboreando el momento, sacando su lengua una vez más – Y su esposo veía, sin poder hacer nada… ¿Sabes? Creo que quizás eso fue lo que más lo volvió loco, la impotencia… Ella en cambio, a pesar de ser mujer, resistió mucho más antes de quebrarse… Ah, sí – murmuró extasiado – Tuvimos que probar de todo con ella, todo lo que te puedas imaginar para que nos diera algo de información… Física y psicológicamente… Y cuando también enloqueció… Sólo hizo que la frustración de todos aumentara más y nos desquitáramos con ellos por ser unos inservibles, ¡Inútiles además de traidores de la sangre!
"Entonces a Bellatrix se le ocurrió que debíamos ir por su hijo… Quizás torturarlo o matarlo a él los haría volver a sus cabales y hablar—
- ¿A un bebe? – preguntó asqueado - ¡¿Torturar y matar a un bebe?!
- ¿Qué diferencia hay? – lo interpeló sonriendo burlonamente – Los gritos son aún más—
Sirius lo calló colocando sus dedos en su cuello y Barty intentó hacer lo mismo, pero no logró ser más efectivo que su contrincante. El moreno lo empujó a la cama y supo que no había vuelta atrás, porque además de que debía hacerlo, quería hacerlo. Comenzó a estrangularlo con fuerza y ganas sintiendo cada vez con más claridad los músculos tensados del hombre y sus huesos mientras lo miraba directamente a los ojos, cada vez más abiertos y cristalinos. Se estaba ahogando efectivamente, moviendo el cuerpo para intentar sacárselo de encima, tironeando sus brazos y rasguñando su cara sin mayores resultados.
La adrenalina explotó en su cuerpo como si se la hubiese inyectado a la vena, y a la vez se le hizo tan natural la situación una vez que estaba ocurriendo que si el corazón le palpitaba tanto era por algo involuntario… Él estaba curiosamente tranquilo, pensé a estar utilizando toda su fuerza física en estrangular a un hombre. Era algo extraño e imposible de explicar, pero se le estaba haciendo fácil y quizás hasta innato en él… Estaba ocurriendo como algo instintivo, como comer, como dormir… Como si hubiese nacido para matar.
No sentía ni una pizca de lástima. Sólo sentía asco… Y control. Mucho control.
Escuchó como el hombre bajo él comenzaba a soltar sonidos ligeramente grotescos y secos por falta de aire y el forcejeo, su cara estaba roja y su cuerpo ya no se movía con el fin de sacárselo de encima sino como espasmos involuntarios de su cuerpo ante la situación. Intentó gritar, aunque no tenía demasiado control sobre los propios sonidos que emitía… Y de cualquier forma Sirius lo cayó apretando más y más fuerte.
Las extremidades sufrieron sus últimas convulsiones mientras sus ojos llenos de lágrimas se fijaban en el techo y éstas caían hacia los lados siendo atraídas por la gravedad.
Estaba muerto, por fin.
Sirius miró la escena por un segundo sin saber que sentir. Una vez que las emociones y la comenzaban a bajar y la imagen se grababa más en su cabeza… Que dimensionaba que estaba hecho de verdad, empezaban a llegar los pensamientos cuerdos. Los pensamientos contradictorios de una persona que acababa de pasar de ser un animal a un ente más racional… Todo seguía tan oscuro como siempre, pero sus ojos se habían adaptado tan bien a la oscuridad que podía ver la cara de Barty a la perfección, hasta con sus más mínimas arrugas y marcas en la cara.
Era una imagen que nunca iba a olvidar.
Tomó un largo respiro y sintió una presión fuerte en su pecho. Quería llorar por haber asesinado, pero a la vez quería soltar una enorme carcajada. Sin duda había algo delicioso en el acto de quitarle la vida a otra persona, en especial con una idea de venganza de por medio… Y sabiendo que Barty se lo merecía…. Luego, sentía algo de miedo por tener esa clase de pensamientos… De que le hubiese gustado matar y de la sensación de poder y control que eso le había dado, aún en un lugar como Azkaban.
Avanzó hasta el cuerpo frío e indiferente y vio su cara, algo azulada e inexpresiva, pero no sintió remordimiento alguno. Cerró los ojos del cuerpo inerte, inyectados de sangre, y jugó con la piedra en sus manos. Luego tiró de sus ropas para cubrirle el cuello. Ya se notaba que le aparecerían las marcas y cardenales de sus dedos alrededor del cuello… Y no quería que se dieran cuenta de ello al menos hasta que fuera inevitable.
Yo ya no era el mismo. En una hora, el nuevo Sirius había enterrado al viejo Sirius. Matar a Crouch junior fue el primer paso para dejarme atrás a mí mismo y transformarme en alguien que era capaz de cualquier cosa. Eso era lo que quería y no había dejado de quererlo. No me arrepiento, sinceramente… Ni sacaba mucho con arrepentirme, porque ya estaba hecho. Barty Crouch estaba muerto.
Un par de horas después lloré, y lloré mucho. Floyd supo decir las palabras precisas para consolarme. Al día siguiente se sentía más bien irreal, como si hubiera sido un sueño o algo que hizo otra persona y no yo. Las imágenes seguían claras en mi mente, como si viera una película, pero parecían ajenas a mí… Y no me quedó más que esperar y ver cuándo se darían cuenta los dementores de que había un muertito entre los demás prisioneros.
&.&.&
Barty Crouch padre pasó caminando frente a la celda de Sirius siendo escoltado por dos aurores. Rápidamente reconoció que uno de ellos era Kingsley, antiguo compañero de la Orden del Fénix, y sintió un dejo de alegría y nostalgia que no duró más de un segundo… Se dio cuenta de que el hombre de piel negra le dio una mirada de reojo, no a propósito, y que posiblemente ni siquiera lo reconoció. También se dio cuenta de que Crouch seguía con el mismo aspecto intolerante y represor que tenía cuando lo encarceló a él, aun llevando ese bigote tieso y recto, y el ridículo sombrero de hongo sobre su cabeza…
Indudablemente iban camino a la celda de su hijo, a quien Sirius había matado dos días antes. Según había podido notar de los acontecimientos y lo poco y nada que podía ver entre los barrotes, los dementores tardaron un poco en descubrir que había muerto pero desconocía si ya se habían dado cuenta de que había sido un asesinato y no una muerte natural.
Barty había ido a reconocer el cuerpo solo, su mujer no hubiera sido capaz de soportarlo. Aunque no quería ni podía demostrarlo, enviar a su propio hijo a Azkaban lo había destruido, y saberlo muerto le producía una extraña mezcla de tristeza, arrepentimiento y también relajo. Relajo y falta de culpabilidad ante saber que ya no existía y ya no sufría encerrado allí por culpa de él…
Cuando entró a la celda le fue difícil mostrarse entero. El cuerpo ya presentaba las primeras muestras de que el tiempo estaba pasando y la descomposición comenzaba… Se llevó una manga a la nariz tapando sus orificios pasa no oler el olor asqueroso que se imponía en la celda, que de por sí ya era suficiente por la falta de aseo, pero ahora se mezclaba con la putrefacción del cuerpo muerto…
- Hay que ver si está todo en orden – murmuró Kingsley haciéndole un gesto al otro auror, quien fue inmediatamente a examinar el cuerpo – Es sólo un procedimiento de rutina, usted lo entenderá señor Crouch
El hombre asintió tranquilo, aunque en sus ojos se notaba que estaba horrorizado.
Y más horrorizado estuvo cuando el segundo auror se hizo para atrás en un impulso brusco, tras remover las ropas delgadas, gastadas y sucias de reo, viendo primero su cuello estrangulado y luego descubriendo su pecho y abdomen delgado con un escrito hecho a través de cortes…
ENCERRASTE A HOMBRES INOCENTES AQUÍ
BARTY CROUCH, QUIERO JUSTICIA
A pesar de los trazos rústicos y rápidos hechos con un objeto corto punzante no muy pulcro, la sangre ya se había secado formando una costra enorme que permitía que el mensaje se viera con mayor claridad. La cara de Crouch se deformó radicalmente en una mueca de pavor y angustia, y comenzó a gritar mientras se llevaba las manos a la cabeza, tiritonas, y cerraba sus ojos con fuerza mientras los otros dos aurores se miraban con desconcierto.
- Un asesino – murmuró Kingsley - ¡Tenemos un asesino suelto dentro de Azkaban!
Sirius los vio pasar de nuevo frente a su celda, pero esta vez corrían en pánico en vez de caminar tranquilamente, al igual que todos los demás aurores que llegaron por el resto del día y de la semana para dar con alguna pista sin lograrlo. Era un escándalo, por supuesto, el más grande en la historia de Azkaban.
En algún momento hicieron que todos los reos de todas las secciones de la cárcel se formaran en el pasillo, uno frente a otro, y tuvieron que desplegar a la mayor cantidad de aurores y dementores que se había visto para mantenerlos a ralla y que no se levantara un motín. Pero estaba todo en orden… No faltaba ningún prisionero… Ninguno tenía un arma o algo sospechoso dentro de su celda…
Sentado en el suelo contra la pared mirando todo el espectáculo no pudo evitar poner una provocadora sonrisa de medio lado. Todavía no obtenía su venganza, pero había puesto a todos los aurores de cabeza y ridiculizado al Departamento de Seguridad Mágica y al Ministerio.
Barty Crouch renunció días después y nunca más volvió a mostrar su cara por la comunidad mágica.
