— ¿Ibas a alguna parte?—me pregunto y me pateo justo en el diafragma, haciendo que me cayera sobre el tipo que había golpeado. Mi respiración se cortó, pero no por la caída y alce la cabeza, asegurándome de que lo que tenía ante mí era real.

Por la puerta paso una joven mujer, sin duda la más hermosa que había visto en mi vida. Iba vestida de negro, con un atuendo bastante ajustado el cual acentuaba perfectamente todas las curvas de su cuerpo. Mi mirada la recorrió por completo y luego subió hasta su rostro, pasando por su largo cabello de color rubio platino y sus delicadas facciones hasta llegar a sus ojos. Ella bajo la mirada hacía todos los que estábamos en el suelo y enarco una ceja.

— ¿Qué significa esto Vincent?—pregunto.

Desvié mi mirada de ella hacia el otro sujeto, el cual sonrió mordazmente.

—Mi trabajo—contesto con tranquilidad—, levántalos Tarben.

El oso levanto primero a Greg y luego a los otros dos sin ningún esfuerzo y estos se enderezaron al instante al fijarse en la recién llegada. Finalmente me jalo de la camisa y me hizo una llave para que no pudiera moverme, antes de mirar nuevamente hacía la joven.

—Señorita... que bueno verla—dijo Greg nerviosamente.

Su rudeza se desvaneció por completo con una expresión de "trágame tierra".

—Ahórrate tus patéticos halagos Greg y dime que mierda está pasando aquí.

—Lamentamos mucho la demora—se disculpó seriamente y me miro—, tuvimos varios problemas con este.

— ¿En serio?—pregunto ella y me miro de arriba abajo. Su examen me ofusco y trate de apartar la cabeza, fracasando rotundamente por el carcelero que me impedía mover—, sería difícil de creer si no los hubiera visto a todos tirados en el suelo. Por un momento pensé que era obra de Tarben.

—Si hubiera sido yo ahora serian papilla—dijo el aludido, acompañando a sus palabras con una risa grave y algo siniestra. Su llave hizo que fuera más difícil para mí el respirar pero no tenía la suficiente fuerza para intentar quitármelo de encima.

—Hagamos esto rápido—dijo ella suspirando y se aproximó hacía mi—. Entrega rápido la plata Barr y podrás irte.

El dolor que empezaba a sentir en mi cuerpo, productos de los golpes y del aplastamiento de mis huesos por el agarre del oso hizo que mi cabeza empezara a dar vueltas y mi anterior estupor dio paso a una enorme rabia, que no fui capaz de controlar y cerré los ojos para concentrarme en mantenerme consciente.

— ¡NO SOY LA PERSONA QUE BUSCAN!, ¡MALDICION!, ¡¿POR QUÉ SIGUEN DICIENDO LA MISMA MIERDA?! ¡NO ME JO...

El tipo que me sostenía me tapo la boca antes de que pudiera terminar. La tensión de sala subió de un momento a otro, sin que nadie moviera un musculo.

—Suéltalo Tarben—dijo la mujer y el dudo un momento, antes de soltarme.

Abrí mis ojos y algo se atoro en mi garganta cuando mire la expresión de ella. Parecía más peligrosa que todos los sujetos a su alrededor y sus ojos brillaron intensamente, amenazándome con sufrir un muerte lenta y dolorosa.

—Vamos a ver si después de esto aún tienes los huevos para gritarme de esa forma—dijo tranquilamente.

No estaba seguro de si le oí decir que me desataran, hasta que alguien se acercó y me quito las cuerdas que aprisionaban mis muñecas. Me las acaricie pero de pronto un pequeño puño se estrelló contra mi mejilla, y acto seguido, cogió mi cabeza y me dio con su rodilla. Sentí como la sangre salía de mi nariz y se me olvido que mí oponente era una mujer, concentrándome solo en una cosa: derribar a mi enemigo. Mi rapidez no era tan buena para esquivar todos los ataques, por lo que me enfoque en proteger mis zonas vulnerables y esperar la oportunidad para contraatacar. A medida que avanzaba yo retrocedía. Al chocar mi espalda contra un mueble no me quedo más remedio que agacharme y rodar, escuchando una maldición sobre mí. Gire sobre mí mismo, quedando junto a la puerta pero eso no me sirvió de nada ya que el gigante la bloqueaba. Cuando lo mire sonrió y me hizo una señal de que algo venía detrás de mí. Mis reflejos fueron mi salvación ya que esta vez tuve que esquivar un lámpara que hubiera estallado en un segundo contra mi cabeza, pero que fue a dar contra la pared.

Estaba listo para hacer mi movimiento pero volvió sobre mí, casi haciéndome caer por un largo combo de puños y patadas...maldición ¿eso era de karate?; lance puños en su dirección, acertando solo en una ocasión, y sin pensarlo atrape con mis brazos el cuerpo que estaba frente a mí. Este se retorció con una fuerza que no parecía la de mis usuales contrincantes y al acomodar mis brazos para lanzar el siguiente golpe me percaté de que lo que estaba tocando era demasiado suave para ser un cuerpo masculino. Baje la mirada y mi cabeza volvió a estar bajo mi control al acordarme de que quien me había atacado era una mujer.

— ¡No se muevan!—exclamo al ver que los demás se acercaban—, yo me encargare de esto.

— ¿Segura?—lo que salía por mi boca se asemejaba más a un gruñido que a unas palabras.

—Muy segura—contesto ella sonriendo, y al ver eso sentí que algo rebotaba en mi estómago, acompañado de un calor en el cuello y en el rostro.

No sé muy bien como pero logro sacar sus brazos de mi trampa, los alzo y me dio con fuerza en la sienes. Podría jurar que vi estrellitas y mis brazos flaquearon, liberándola por completo y recibiendo más golpes en la cara. Me tambalee de un lado a otro y cuando logre medio enfocar la vi saltando desde el escritorio, hacia mí. Mierda, ¿Acaso..., pensé pero al verla estirar el pie mis dudas se aclararon, dejándome como último recurso cerrar los ojos y levantar las manos para intentar contener el ataque. No sirvió de nada y me encontré también el aire, solo que a diferencia de ella (que llego al suelo de pie), yo caí, con la línea de dolor por los cielos.

Mi vista quedo borrosa, mis músculos muy débiles para poder moverme y mi cabeza dando vueltas. Lo que me mantuvo consciente por varios minutos fue el zumbido que sentía en la oreja, que se asemejaba a las voces humanas, unas más airadas que las otras. No intente escucharlas y cerré los ojos, sintiendo que alguien me levantaba antes de perder la consciencia.

Me desperté con más dolor del que había experimentado en muchos años e intente levantarme pero el malestar, cuya mayor concentración estaba en mi cabeza, me impidió moverme más de unos milímetros. Hice un rápido chequeo del estado en el que me encontraba. El diagnostico no era tan malo como esperaba, al parecer no tenía ningún hueso roto pero si muchas magulladuras. También fui consciente de las fuertes punzadas que sentía en el costado cada vez que respiraba. Alce una mano hasta mi rostro, descubriendo que me había roto la nariz. Mi ropa tenía una gran mancha de sangre, pero esta ya estaba seca.

¿Qué paso?, me pregunte y mire a mi alrededor, enfocando poco a poco el lugar. Parecía que estaba en una sala de estar, ya que había sillones y cojines por todas partes. Recordé un pie, mejor dicho una bota, que me pateaba el rostro. Antes de eso...ahggg duele recordar pero creo que...si definitivamente antes vi unos ojos impresionantes.

—Increíble, ¿Ya despertaste?—no me di cuenta de que había alguien más y levante mis puños, haciendo una mueca de dolor al mismo tiempo—, pensé que no lo harías hasta dentro de varias horas, días incluso—por la puerta paso un tipo, demasiado grande...casi como un...

—Un oso—murmure y mi voz salió rasposa y sin volumen.

— ¿Agua?—pregunto el tendiéndome un vaso. Mire el líquido transparente con recelo y el bufo enojado, entrecerrando sus ojos oscuros—. No lo he envenenado.

Aun con recelo tome el vaso. Me sentí vivió cuando el frio liquido paso por mi seca garganta y me lo bebí todo de un trago. A continuación me paso una toalla y con ella limpie mi cara, quedando como único rastro de mi sangrado la mancha en mi camisa.

— ¿Qué hora es?—pregunte.

—Pasan de las once y media—dijo mirando su reloj—, tuviste mucha suerte. Pocos son los que se levantan después de "la patada mortal". De hecho no recuerdo...

— ¿Qué es lo que quieren conmigo?, ya les dije que no soy el que buscan—lo interrumpí tosiendo.

—Lo sé, pero eso no te ayudara.

Muchas cosas pasaron por mi cabeza en ese momento. Estar en la universidad, Amy, las caras despectivas de los futbolistas, mi entrenamiento, varios hombres armados, un enorme edificio negro, el oso que tenía al lado y una chica rubia con los mismos ojos que antes había recordado.

—Veo que aun sigues algo aturdido—dijo el oso. Abrace mi torso y me levante, fulminándolo con la mirada cuando lo escuche soltar una risa grave—. Hey, ¿Adónde vas?

—Me largo de aquí—dije dando tumbos hacia la entrada.

El hombre me adelanto, era rápido a pesar de su tamaño, y bloqueo la puerta.

—Me temo que no puedes irte aún muchacho. Tienes que aclarar algunas cosas—dijo seriamente, sin rastro de humor.

—Váyanse a la mierda—escupí enojado, intentando pasar.

—La señorita te espera—dijo el oso sin moverse.

— ¿La que me hizo esto?—pregunte arrugando la frente, tratando de recordar bien su rostro.

—Así es. Debemos volver a la oficina—dijo y abrió la puerta, señalando el pasillo—. Vamos—no me moví—, ahggg a veces en verdad no soporto la rebeldía de la juventud—dijo y me arrastro, no tenía la fuerza suficiente para oponerme. Regresamos por el pasillo hasta llegar a la oficina, que ya recordaba, y el oso toco la puerta. Una voz masculina dio el permiso para ingresar y este me hizo entrar primero. Lo que tenía ante mi parecía más una zona de desastre que una oficina, muy lejos de lo que había visto cuando llegue. El suelo estaba cubierto de pequeños vidrios, los armarios del fondo tenían algunos agujeros y la mitad del agua de la pecera había desaparecido. Lo único que permanecía igual, y sin daño aparente, era el escritorio, a pesar de que sobre el había un mar de papeles.

Esta vez solo estaban dos personas en la sala, el hombre del portafolio y al lado de este la joven rubia. Los dos me miraron y se sorprendieron.

—Al final lograste despertarlo Tarben—dijo el hombre—. Pensé que estaría peor.

—No lo desperté—dijo y se cruzó de brazos—, él es de constitución fuerte.

Apenas si los estaba escuchando, ya que no quite mis ojos de la mujer. Ella se alejó del escritorio, mirando un papel que estaba entre sus manos. Ninguno de los dos parecía darse cuenta del estado del lugar donde estaban; ambos lucían serios como si se tratara de una importante reunión de negocios.

—Christopher Archer—empezó—. Nacimiento: 24 de abril de 1993 en Denver, Colorado. Su familia bla bla bla... termino en bla bla bla...—paso rápidamente las hojas que contenían información sobre mí—, actualmente es estudiante de segundo año de derecho de la NYU y compañero de habitación de Nathan Barr.

— ¿Qué es lo que quieren?—pregunte en voz baja, quitando de mi hombro el brazo del oso, lo cual hizo que perdiera el equilibrio y terminara sobre mis rodillas. El punzante dolor de los vidrios contra mi pantalón y mi piel fue algo suave comparado con los demás que se incrementaron por el brusco movimiento.

—No puede estar en pie pero aún tiene fuerzas para hacerse el rudo—dijo la mujer caminando de un lado para otro—, y tu diciendo que lo había golpeado demasiado—dijo mirando al hombre detrás de ella—. Siempre tan exagerado Vincent.

—Solo lo digo porque ese es el trabajo del jefe, no tuyo—apunto.

—No me lo tienes que recordar—dijo ella en voz baja y ambos se miraron, manteniendo una muda conversación.

Esta termino cuando ella volvió la cabeza hacia mí, cortó la distancia entre los dos y puso un dedo en mi mentón, levantándome el rostro y analizándome detalladamente.

— ¿Qué?—pregunte más nervioso que enfadado, dada su cercanía.

—Ahora que veo de cerca puede que si me haya pasado un poco—dijo suavizando la voz—. Terminaste así debido a mi impaciencia y a mis impulsos—paso su pulgar por mi labio inferior. Espera un...—. Supongo que debes estar cansado y deseas regresar—se inclinó sobre mí, con su rostro a apenas unos milímetros del mío—, dime, ¿Dónde está Nathan Bar?

Trague saliva, sintiendo que era incapaz de moverme, y mirándola fascinado. Se veía aún más perfecta a poca distancia y por unos segundos me deje tentar de tan encantadora imagen, notando cada detalle de su rostro. Pero una parte de mi mente, la que todavía funcionaba, me hizo llegar las palabras que ella había dicho, unido al problema en el que ahora estaba (sin mencionar mis recientes heridas). Al inhalar mis pulmones se quejaron y eso me hizo arrugar la frente, despejándome por completo.

—No lo sé—dije firmemente.

— ¿Estás seguro?—ella coloco su mejilla contra la mía, susurrando esas dos palabras en mi oído y mi firmeza flaqueo cuando una alarma se encendió en mi cuerpo, al sentir que mi temperatura aumentaba.

—Si—me mordí el labio. Me repetí que no podía dejarme llevar como un adolescente, cuyas hormonas lo enloquecen y lo llevan a entregarse a cualquier pasión que este a su alcance.

Ella se alejo y me miro de frente. Me sentí vulnerable ante la intensidad de sus ojos, que parecían buscar la verdad desde el fondo de mi alma.

—Respuesta incorrecta—dijo de pronto y aparto el rostro. Me doble de dolor cuando sentí que me golpeaba en la parte baja del vientre y tosí con fuerza. Idiota, me dijo una voz en mi fuero interno.

—Entonces si huyo—dijo el oso a mi espalda.

—Así es, lo confirmamos hace una hora. Tomo un vuelo hacia el sur de California, pero en su paquete solo estaba el tiquete de ida—dijo el sujeto que correspondía al nombre de Vincent.

—Entonces tendremos que usar la opción b. ¿Recuerdas esto Christopher Archer?—pregunto ella, enseñándome un documento. Reconocí en el mi firma y también la de Nathan—, fue el contrato que hizo la rata de Barr, por una suma de dinero algo grande. Y según esto si el no paga serás tú el responsable.

— ¡¿Qué demonios?! No recuerdo haber firmado algo como eso—objete enojado, limpiándome la boca.

— ¿Entonces existe otro Christopher Archer que firmo esto imbécil?—pregunto ella. Baje mi mirada al contrato y lo leí, a pesar de que lo veía algo borroso. Al final de este estaba mi firma y cuando empezaba a decir que todo era un error y a preguntarme si habría falsificado mi firma mi memoria trajo un recuerdo.

"Necesito pedir un préstamo para realizar una nueva idea que tengo, pero piden un respaldo. ¿Podrías hacerlo tu Chris?, no tengo mucho tiempo y no tengo a nadie más a quien recurrir." Esas habían sido sus palabras el día que me pidió el favor de que firmara. Le dije que me dejara leer detenidamente el documento pero dijo que debía irse para llegar al lugar antes de mediodía y me rogo que firmara, asegurando que él ya tenía todo planeado y organizado los pagos.

Maldita sea mi vida, pensé y baje la mirada.

—Ya veo que si fue así. Resulta patético que estafen así a alguien que está estudiando leyes—se burló y me di cuenta de que no había apartado la mirada de mi rostro, estudiando mis expresiones—, ahora eres tú el que está en deuda y tu única salida de aquí, vivo, es pagarla.

—Es inútil, este pobre diablo no podría conseguir el dinero aunque viviera mil años—dijo Vincent soltando una risa grave—, será mejor hacer lo de siempre. Llamar a Rox y dejar que se encargue de él.

El ambiente volvió a sufrir otra transformación y el silencio peso sobre la oficina cual muro de concreto. La joven nos dio la espalda, a mí y al tipo de los lentes, y se quedó quieta. Extrañado la mire, esperando que hiciera algo pero la única señal de movimiento que vi fue un leve temblor de su mano derecha.

—El trabajara para nosotros—soltó de pronto. Las reacciones a su declaración no se hicieron esperar. El oso soltó un silbido por lo bajo y se llevó las manos a su cabeza calva como si esperara encontrar cabello, Vincent se apartó del escritorio de un salto y se plantó frente a ella con la mandíbula apretada y con aires de ponerse a gritar en cualquier momento; en cuanto a mí no me podía mover, mis miembros no me respondían, mientras veía el pequeño enfrentamiento que se estaba formando frente a mí.

—Esta decido Vincent—dijo ella con firmeza y este dejo de pelear, volviendo a su posición cerca del escritorio.

Debe estar bromeando, pensé. Por primera vez aparte la vista de ella, para enfocarme en el semblante de Vincent, que repentinamente estaba algo pálido.

—Como si fuera a hacerlo—dije y sonreí, pese a las punzadas en mi rostro.

—No estás en posición de objetar—dijo Tarben.

—Tal vez deba hacerlo recapacitar de nuevo—dijo la mujer cerrando los puños.

En el escritorio se encendió un celular y empezó a vibrar, atrayendo la atención de ella. Vincent lo cogió y entrecerró los ojos

— ¿Quién es?—no contesto, solo le tendió el celular. Al ver la pantalla ella abrió los ojos y su rostro cambio por completo—. Encárgate—fue lo único que dijo antes de salir de la sala. Vagamente escuche su voz al contestar el teléfono pero no supe de lo que hablaba.

—Supongo que no hace falta preguntar—dijo el oso murmurando unas palabras en otro idioma, sonaba como italiano. Unos segundos después fue llamado desde el pasillo y este salió, medio preocupado.

—Ahora terminemos con esto—dijo Vincent y se inclinó sobre mí—. Escucha bien insecto—bajo la voz—. Podríamos matarte, eso no sería difícil. Pero perder tanto dinero no está dentro de nuestros planes por lo que supongo que no es mala idea utilizarte hasta que encontremos a Barr.

— ¿Trabajar para ustedes? JAMAS. No existe manera en que acepte eso—dije sintiéndome algo mejor, ahora que ella no estaba presente.

—Debes saber lo que estás diciendo sucio mocoso—dijo Vincent—. Meterte con nosotros podría ser el peor error de tu vida.

—No les tengo miedo.

— ¿Tú... mmm...puede que tu no pero...—a medida que hablaba caminaba por la oficina, hasta que se calló y tomo la carpeta que aun reposaba sobre el escritorio—.Esto es interesante. Posiblemente podremos usar esto. ¿Qué me dices de tu familia?—pregunto y un interruptor pareció accionarse en mi interior—, tal vez ellos puedan colaborar con trabajo entonces.

—Bastardo—fue lo único que dije apretando los dientes.

— ¿Arriesgarías sus vidas?—Pregunto, abriendo uno de los cajones y sacando una pistola negra.

—Si algo les pasa juro que...

De tres zancadas atravesó la estancia y me planto el arma en la sien, haciendo bastante presión.

—Inmunda rata más te vale aceptar la oferta que te van a hacer o yo mismo me encargare de visitar a tu familia. ¿Entendido?

—Adiós—la joven volvió, terminando la llamada y contesto una pregunta del oso. Vincent se guardó la pistola en menos de dos segundos y volvió a darme la espalda.

—Sera mejor regresar ya. La agenda de mañana es bastante pesada—le dijo a la joven, sin mirarla y deteniéndose junto a la pecera—, pediré el servicio de limpieza a primera hora.

—No hemos terminado aquí—dijo ella y me miro—, todavía quiero golpearlo.

—Apuesto a que sí. Pero no tenemos mucho tiempo y dudo que sea tan imbécil para no aceptar el trabajo—dijo y ambos me miraron.

Cerré los ojos, concentrándome en los rostros de mis padres y mis hermanos. Si ellos supieron que pasaba por esto una segunda vez se decepcionarían mucho...pero no puedo permitir que les pase algo.

—Yo acepto trabajar para ustedes—conteste con firmeza, que no saliera ni una nota de duda en mi voz. No les daría el gusto de verme derrotado o asustado.

—Bien—dijo la joven y sonrió ampliamente, descubriendo una perfecta dentadura—tenemos que llamar a Rox y decirle que tiene un nuevo Asociatto—nuestros ojos se encontraron. El pensamiento de que, de todos los que había visto era ella la más peligrosa fue ratificado por el enorme peso que sentí en mi pecho.


Para aclarar, el termino Asocciatto dentro de la mafia es aquella persona que no es de la familia pero tiene una relación con ella.