Aquello era mucho más que el principio de una relación sexual entre dos hombres que se deseaban; los dos querían conquistar al otro, Dean sujetaba con fuerza la camisa de Stephen, no iba a soltarle mientras le besaba, por mucha fuerza que hiciera el otro, por mucho que tirara de él, Dean era un cazador y como tal no iba a soltar a su presa con tanta facilidad.
Por su parte, Stephen no iba a permitir ser vencido sin luchar, no consentiría ser doblegado por alguien al que él quería ver como un niñato, por no decir que era un hombre que le atraía hasta tal punto que no le dejaba pensar en otra cosa que en sus ojos verdes y en las manos que lo aprisionaban.
Con un fuerte golpe, Stephen empujó a Dean y levantándose con rapidez, lo volvió a empujar hasta la pared, donde le sujetó las manos y le separó las piernas para evitar que pudiera moverse o revolverse.
Los dos depredadores se miraron un momento, los ojos verdes del uno se encontraron con los azules del otro en un instante de complicidad y rivalidad al mismo tiempo. Las respiraciones de ambos eran aceleradas y las sonrisas en sus labios eran permanentes.
Dean acercó el rostro a Stephen, no podía pensar pasar ni un segundo más, lejos de aquellos labios entreabiertos, pero el otro cazador, apartó la cabeza impidiéndoselo. Si no conociera un poco a Dean, Stephen hubiera dicho que lo había escuchado gemir con cierta desesperación.
Eso fue demasiado para el cazador inglés, entre los ojos de cachorrillo abandonado que Dean le estaba mostrando y ese ruidito tierno, Stephen sintió que su corazón se deshacía. Se acercó al chico, pero en lugar de besarle en la boca, tal y como Dean no hacía más que rogarle, se desvió hacia su cuello y comenzó a besarlo, lamerlo y recorrerlo con suaves besos.
Dean suspiró con más intensidad de la que le hubiera gustado, pero esas cosas podían con él. Una de las manos de Stephen, subió por su brazo hasta perderse tras su espalda. Lo separó de la pared y sin que Dean pusiera resistencia retrocedió hasta la cama.
"Ya eres mío." Pensó Stephen satisfecho. Sin embargo, tan sólo hacia dos días que había conocido a Dean y la mitad de uno, el chico había estado inconsciente, había muchas cosas que todavía tenía que aprender del mayor de los hermanos.
Al llegar a la cama, Dean se revolvió por fin, notando la presión que el otro estaba ejerciendo sobre su cuerpo, cada vez era menor. Se había relajado, Dean lo había despistado. Lo tiró contra la cama y antes que pudiera moverse, se sentó sobre él, sus manos apoyadas sobre el pecho del inglés y poco a poco comenzó a moverse con sensualidad sobre las caderas de Stephen. Lo vio apretar los dientes y sonrió feliz.
Se acercó al rostro del otro. "Habrás cazado muchos dinosaurios amigos, pero la caza de amantes no parece lo tuyo." Entonces notó la mano de Stephen bajando por su vientre hasta llegar a su entrepierna y ahogó un suspiro.
"Me gusta actuar por sorpresa, cuando la presa está más distraía." Su mano acarició la zona más abultada de los vaqueros de Dean, pero este se recompuso rápidamente y deslizándose por el rostro de Stephen se apoderó de sus labios con furia y rabia.
Uno de los dos tenía que ganar y él nunca había estado dispuesto a perder, ni con su padre, ni con Sam, ni con cualquier criatura que se le pusiera por delante. Mucho menos iba a conseguirlo un simple niño pijo británico.
No le dejaba respirar, ni moverse, Stephen tan sólo tenía libre mano que acariciaba el vaquero de su amante. Se incorporó poco a poco, llevando consigo a Dean. El chico parecía extasiado con sus labios, absorto en lo que le estaba haciendo excitarse por momentos, que cuando Stephen se quedó sentado en la cama, Dean pareció no enterarse.
Pero si que lo hizo, justo en el momento en el que sus bocas se separaron, Dean agarró con fuerza a Stephen del pelo y tiró hacia atrás, lo suficiente para tener delante de sus ojos su cuello.
Se sintió como un vampiro a punto de alimentarse, aunque al fin y al cabo era eso precisamente lo que iba hacer. Estaba hambriento de esa boca que deseaba continuar besando toda la noche, de esas manos que tanto le estaban haciendo disfrutar con el mínimo esfuerzo, de esos ojos que parecían perforarle cada vez que lo miraban.
Por fin le mordió, lo estaba deseando tanto, que no pudo esperar más tiempo y cuando lo escuchó gemir y moverse con cierta violencia en el momento en el que sus dientes se incaron en su piel y que su lengua chupó las pocas gotas de sangre, Dean se sintió victorioso.
"Maldito niño pijo británico." Susurró en el oído de Stephen. Este se echo a reír y apretó con fuerza la entrepierna de Dean. "Estás jugando con fuego y vas terminar por quemarte."
Dean tiró con fuerza de la camisa de Stephen y por un momento, maldijo ver debajo una camiseta que no le permitía tocarle directamente el torso desnudo. Entonces liberó las manos del otro para meter las suyas bajo la camiseta y arañarle el pecho.
"Yo seré un niño pijo británico pero por lo que notó encima de mi y bajo tu pantalón, te pone demasiado hacerlo conmigo. ¿En que te convierte eso a ti, en un pervertido?" Aquello había sido un golpe bajo y aunque sólo fuera en apariencia, había molestado a Dean.
Por ello, empujó a Stephen contra la cama y se lanzó como un león comenzando su ataque final. Volvió a besarle, con toda la intensidad posible, moviendo su lengua con rapidez por la boca del otro, sus manos bajaron hasta el cinturón de Stephen y en menos de un segundo se deshicieron de él.
Stephen intentó zafarse, pero la forma en la que Dean le estaba besando lo estaba volviendo completamente loco e irracional. Antes de que pudiera darse cuenta, ya le había desabrochado el pantalón y estaba bajando la cremallera.
"Si, me pone mucho follar contigo y por eso lo voy a disfrutar como nunca." Stephen levantó la cabeza en busca de esa boca que le había abandonado, pero Dean le rodeó el cuello con una mano, al mismo tiempo que su mano se internaba en su pantalón, en busca del secreto mejor guardado del cazador inglés.
Para desgracia de los dos, aunque ninguno lo fuera a decir abiertamente, el teléfono de Dean sonó en ese momento. Se miraron de nuevo un momento, el instante perfecto, en que todo podía haber cambiado para ellos definitivamente, acababa de romperse.
Dean no se movió, se quedó sobre Stephen para contestar al ver que se trataba de su hermano. "¿Qué quieres?" Dijo más alterado de lo que hubiera deseado hacerlo, estaba seguro que Sam se iba a dar cuenta que ocurría algo. "Quiero que decir ¿Qué es lo que pasa Sammy?"
"¿Dean estás bien? Suenas muy raro."
"Si tranquilo, no es nada. ¿Qué ocurre?"
"Acaban de encontrar a las criaturas, la policía ha dado con ella en un edificio abandonado, nosotros vamos para allá, allí os esperamos."
"Sam espera, todavía no sabes lo que son esas cosas, espera a que nos reunamos con vosotros y vamos todos juntos." Mientras hablaba, Dean notaba las manos de Stephen recorriendo su cuerpo con cuidado, una subiendo y bajando por su espalda, la otra enredándose en su pelo poco a poco, mientras la cabeza apoyada en el hombro, le dejaba el espacio perfecto para besarle el cuello.
Stephen era una persona muy sutil en lo que al sexo se refería y ahora se lo estaba demostrando a su nuevo amante. Podía hacerle disfrutar con tan sólo dos ligeros movimientos y eso el joven cazador no podía ocultarlo pues su respiración se estaba acelerando por momentos y se le hacía cada vez más difícil controlar su voz mientras habla con su hermano.
"Dean no hay tiempo, nosotros estamos cerca, nos vemos allí, así que acabad pronto con lo que quiera que estéis haciendo y nos encontramos allí." Sam colgó a continuación, sin que Dean pudiera preguntar a que se refería con acabar pronto. Su hermano no podía saberlo, porque hasta hacía hora y media no lo sabía ni él. Cuando tuviera un momento le preguntaría.
"Supongo que tendremos que seguir esto en otro momento." Dijo apartándose de Stephen, pero este tiró de él y le susurró al oído.
"Ten por seguro que lo acabaremos."
- o -
Nunca dos cafés en un bar de carretera, habían dado para tanto. Durante aquellas dos horas de conversación, Nick y Sam habían hablado de las familias, de los amigos, de los trabajos, las anécdotas personales, las parejas que ninguno de los tenían y las que los dos habían perdido; pues ambos compartían demasiadas cosas como para no haberse dado cuenta antes.
En poco rato, parecían conocerse como si fueran amigos íntimos de toda la vida, aunque los dos sabían, que dos amigos no se miraban así, que allí había algo mucho más intenso
"¿Qué te parece si luego nos vamos a cenar y dejamos hasta la mañana la búsqueda de esas criaturas?" Dijo Cutter tras mirar su reloj y ver como se había pasado volando el rato.
"¿Deberíamos decírselo a Dean y Stephen?" Preguntó Sam con toda la picardía que fue capaz de sacar de su interior.
"Si quieres si claro, pero estaría bien seguir con este ambiente de… intimidad, a mi me gusta estar a sola contigo." Al ver la sonrisa en la boca de Sam, Nick supo que iba por el buen camino para cazar al chico, aunque no estaba seguro quien estaba cazando a quien. "Igual conoces algún sitio tranquilo por aquí."
"Lo puedo buscar en el ordenador." Sam se levantó y salió de la cafetería hacia el coche, había dejado allí su ordenador.
Sin embargo, tan sólo llegó a sujetar la manilla de la puerta del coche, pues antes de poder abrirla, una mano rodeó su cintura y lo echó hacia atrás, mientras una segunda mano le acarició la mejilla, haciéndole, poco a poco volver el rostro hacia el profesor que le esperaba.
"Sam…" escuchó el chico en su oído, seguido de una intensa respiración. La mano que lo sostenía por la cintura lo apretó contra el otro cuerpo y una boca se posó sobre su cuello. "¿Por qué no nos saltamos la cena y nos vamos directamente a la habitación de una vez por todas?"
Sam soltó una pequeña risilla, la mano que había desaparecido debajo de su ropa y recorría, jugueteando su vientre y su pecho, le daba ganas de darse la vuelta allí mismo, en mitad de la calle y abalanzarse sobre Cutter como cualquiera de las criaturas que este debía de haber cazado ya.
"¿Y que hay de Stephen y Dean?"
"No creo que les importe dejarnos solos un rato." Volvió a besar el cuello de Sam, más repetidamente esta vez. "Stephen siempre me está repitiendo que tengo que encontrar alguien que me ayude a olvidar los desastres de mi vida amorosa. Tal vez lo haya encontrado aquí."
Sam volvió a reír. "Dean siempre me está repitiendo que soy gay. Parece que al final va a tener razón después de todo." Por fin se dio vuelta, puso sus manos a ambos lados del rostro de Nick y le besó con decisión.
Sam Winchester nunca había besado a un hombre, ni siquiera en la universidad, pero, pese a no haberse atrevido, lo había pensado muchas veces, tal vez se estaba perdiendo algo realmente bueno y ahora se daba cuenta, que al menos con este hombre, así hubiera sido sino lo hubiera hecho.
Nick rodeó por fin el cuerpo del chico con las dos manos. Hacía mucho rato que deseaba besarle tal y como lo estaba haciendo. Por todo ello al principio, ninguno de los dos escuchó el continuo zumbido del pequeño aparato que le había proporcionado Connor a Cutter para encontrar a las criaturas.
"Mierda." Dijo Nick al cabo de un minuto. "Supongo que tendremos que dejar la cena para otro momento, el deber nos llama." Sam suspiró pero todavía besó una vez más a Nick, no fuera a ser que la magia se rompiera para siempre y no pudiera volver a hacerlo.
Después de eso cogió el teléfono y llamó a su hermano para decirle donde estaba la criatura, porque si le decía lo que estaba haciendo hasta ese momento, seguramente no le creería.
