Notas: Este es el final de mi fanfic, gracias por leerlo y seguirlo hasta este capítulo, me alegro leer todos sus comentarios, espero y hayan disfrutado leerlo tanto como yo disfrute escribirlo. Adios :3

Capitulo 4

-Vamos, ya es hora-dijo acomodando su mochila en su espalda

Abrió la puerta contraria a la que habíamos entrado y me hizo una señal para que saliera. Ya afuera era lo que parecía unos camerinos, por suerte vacíos en ese momento, Castiel después de cerrar la puerta con llave me guió hasta la salida. El lugar era muy angosto y apenas si se podía caminar entre los espejos, la ropa y los tocadores. Al final había unas cortinas moradas gruesas que cubrían la salida de la habitación, lo cual por un momento me recordó a las cortinas que había en el escenario del circo y por un momento se me figuro que estaba por salir al escenario de nuevo. Muchas cosas se me vinieron a la mente, recuerdos de ese lugar, de los espectáculos, de las burlas y gritos de la gente antes de un show, todo parecía repetirse, afuera había gente gritando, sobre todos hombres, sentados alrededor de pequeñas mesas redondas, observando con miradas llenas de perversidad hacía un pequeño escenario de madera, cerca del escenario había una barra la cual era atendida por un hombre de mediana edad, con anteojos, parecía cansado sobre todo por las canas que tenía a los costados de su cabellera ondulada y que debería ser castaña, tenía una curiosa barba ligeramente larga en la parte de la barbilla que le daba un toque más sofisticado que el de los demás hombres del lugar, y por su mirada podía asegurar que no era de su total agrado estar ahí. Por otro lado en el escenario había una mujer de cabello corto, ondulado y rosa con un fleco que le cubría toda la frente, sus grandes ojos de un curioso color amarillo los cuales cargaban con unas grandes ojeras, iba arreglada pero no maquillada, parecía que estuviera presentando el próximo acto sin demasiada alegría.
Intentaba seguir a Castiel el cual iba esquivando mesas con agilidad por suerte a nadie le sorprendía nuestra presencia y como todos ponían extrema atención al escenario ni siquiera notaron de donde salimos cosa que me alivio.
Me asqueaba la manera en la cual todo se me hacia tan parecido al circo, los gritos, los insultos, la gente ansiosa por ver el siguiente espécimen, era horrendo y yo lo sabía muy bien, pero en estos momentos no me podía quejar, teníamos que salir, esa era la meta y aun que me compadeciera de la pobre alma que estuviera destinada a salir a escena en ese momento yo no podría hacer nada.

Por fin logramos salir del burdel, y como era de esperarse la calle estaba tranquila, solo había unos cuantos hombres afuera totalmente borrachos diciendo cosas que siquiera ellos entendía.
Mi compañero con cabellera azabache se detuvo unos segundos a pensar que camino convenía seguir, al final tomo su decisión, no sé si al azar o si realmente sabía dónde ir. Yo nervioso lo seguí, realmente estaba nervioso, temía que nos encontraran los cómplices de la directora, y no era yo el único que se sentía así, Castiel aun que no dijera nada al respecto se veían tenso, miraba hacia todas direcciones esperando cualquier movimiento o ruido extraño para dejar de caminar y comenzar a correr.

Caminamos un gran tramo sin notar nada extraño hasta que de repente se escucharon pasos rápidos y murmullos que pronto se convirtieron en gritos. Entramos en pánico y nos vimos con los ojos muy abiertos el uno al otro preguntándonos si deberíamos correr o escondernos, pero sin notarlo ya huíamos por nuestras vidas.
Corrimos por las calles intentando perderlos pero cada vez que volteábamos estaban más cerca, eran casi una docena de hombres persiguiéndonos, al parecer ahora que ya nos tenían en la mira ya no se preocupaban por pasar desapercibidos, gritaban entre ellos, maldiciendo por no atraparnos, hasta que a lo lejos, en nuestras espaldas se escucho un fuerte grito lleno de lo que a mí me parecía desesperación, fue en ese corto lapso cuando nuestros perseguidores se distrajeron lo suficiente como para que nos diera tiempo de dar una vuelta y tomarles ventaja.
No sabía de dónde provenía el grito pero en ese preciso momento mi mente estaba concentrada en una meta, la cual era sobrevivir.
Castiel y yo tomamos varias desviaciones y dimos múltiples vueltas que para mi fueron eternas, mi cuerpo gritaba en silencio, y sin poder evitarlo se me salían varios quejidos de dolor. Mi acompañante también se veía cansado, no tanto como yo o eso trataba de aparentaba; de su frente escurrían gotas de sudor y varios de sus largos mechones se le pegaban a los costados de la cara por lo empapados que estaban de sudor. Seguramente yo estaba igual o peor que él, no es que mi apariencia fuera uno de mis principales preocupaciones en este momento pero si era una clara señal de que pronto llegaríamos a nuestros límites.

Si me hubiera dado tiempo de apreciar la ciudad tal vez hasta me hubiera gustado, tenía un ligero toque rústico que casi desaparecía por el arduo trabajo humano para que se viera como las grandes ciudades. Me preguntaba si en algún rincón de la ciudad se encontraba algún mutante como nosotros pasando desapercibido, intentando no ser visto y ocultando lo que es en realidad, tal vez asta alguno de nuestros espectadores era uno de ellos, viéndonos con lastima o con odio.

Si el rumor sobre esa nueva ley es cierta estoy seguro de que llegara día en el que podríamos dejar de escondernos.
Quería pensar tantas cosas positivas, realmente deseaba poder volar de nuevo, poder desplegar mis alas y ser libre, no necesitaba agradarles a los humanos, solo necesitaba poder andar sin preocupación de que nos persigan, nos encierren o de que nos maten, con eso sería suficiente.

Fue entonces cuando la vi, la estación de trenes a los lejos, ahora solo era cuestión de llegar. Castiel me miro unos segundos con una gran sonrisa en la boca, casi saboreando su éxito.
Ignoramos todos los gritos y ruidos que venían de nuestros perseguidores, estaban lo suficientemente lejos como para dejar de preocuparnos por unos segundos, solo nos concentramos en el grandioso sonido de la locomotora que se escuchaba a distancia, en ese momento me emocione, pero solo fue hasta que me di cuenta de la realidad, faltaba ahora el siguiente paso del plan y era saltar al tren, a un tren en movimiento, ¿cómo lograría yo eso? Comencé a imaginarme todo lo que podría salir mal, por ejemplo podría caer del tren y perder una pierna o un ala, podría romperme la cabeza, podría siquiera no llegar. Pensé en tantas cosas pero mi mente jamás se imagino lo que vimos al llegar, algo ya había salido mal, cuando estuvimos lo suficientemente cerca para ver el tren nos dimos cuenta de que el tren iba mucho más lento de lo que esperábamos. El peli negro con poderes de fuego se había equivocado, el tren por alguna razón si bajo la velocidad, y mucho.
Pude escuchar a Castiel maldiciendo enojado, su cabello comenzaba de nuevo a cambiar de color y sus ojos ardían el rabia, casi literalmente.

La estación era apenas compuesta por andenes junto a las vías y un edificio de viajeros con servicios y sala de espera, era un edificio blanco de un solo piso, fácilmente se podía subir a los andenes por los lados ya que no existía ningún tipo de seguridad.
Subimos al andén desesperados, Castiel aun furioso insistía que siguiéramos el plan original, decía que aun lo podríamos lograr, y que si subíamos al tren aun podíamos escapar, pero yo sabía que no funcionaria, el tren iba demasiado lento, era imposible que los dos saliéramos vivos de esto y yo lo aceptaba, pero estaba bien, para mi estaba bien, habíamos llegado lejos, aun que no lograra escapar me tranquilizaba pensar lo lejos que había llegado y eso me ponía feliz, había luchado, lo había intentado. Estaba tranquilo con migo mismo.
El tren se acercaba cada vez más y Castiel me gritaba que me preparara, vi como el tren pasaba frente a nosotros.

El cabello de mi acompañante estaba al rojo vivo por las ansias y la desesperación.
Cuando por fin vio un vagón abierto me gritó que saltara. El dio un gran salto decidido pero yo no lo seguí, me quede en el andén viendo como llegaba a salvo al interior del vagón, cuando notó que no había saltado se voltio con rapidez y me miro sorprendido, yo le conteste con una mirada triste pero pronto lo perdí de mi campo visual por que el tren seguía en movimiento.
Yo sabía que esta era la única forma de que uno los dos sobreviviera, no lo hubiéramos logrado de otra forma.

Mi blanco cabello se movía de un lado para otro por el viento que provocaba el tren al pasar. Escuche fuertes pasos acercándose, cerré mis ojos y espero lo inevitable, rogaba por que solo se concentraran en mi y dejaran de seguir a Castiel.
De repente algo me agarro bruscamente del cuello de la gabardina y me alzo del suelo, apreté los músculos esperando algún tipo de golpe pero nada sucedió. La persona que me agarraba salto a las vías ahora vacías del tren sin soltarme. Me sorprendió la facilidad con la que me mantenía elevado del suelo, claro que mi cuerpo estaba diseñado para volar así que era muy delgado y ligero pero aun así la persona que me tenía agarrado debía tener mucha fuerza.

Levante un poco la vista para lograr identificar mi agresor y quede pasmado al verlo, era Nathaniel, el sumiso chico rubio de antes ahora estaba frente a mí, con la ropa rasgada y sucia, en su cara una mirada de furia y utilizando su fuerza bruta, ¿qué le había pasado? Cuando por fin me volteo a ver note mucha tristeza en sus ojos y parecía que había llorado anteriormente, sus manos estaban manchadas de sangre al igual que su ropa y en su muñeca derecha estaba enredado un collar con una joya redonda azul verdosa y tres picos colgando de ella del mismo color ahora también manchado de sangre. Ese collar era de su hermana, jamás se lo quitaba y verlo ahora en sus manos no me daba a entender nada bueno.

-Siento lo de tu hermano-me dijo mirándome lleno de pesar aun sin soltarme

El estaba a punto de decirme algo más cuando notamos a nuestros perseguidores ya muy cerca, Nathaniel al dar se cuenta de ello me lanzo con gran fuerza y salí disparado hacia donde estaba el tren que había avanzado unos cuantos metros. Asustado cerré mis ojos con fuerza sin saber cuál sería mi destino ahora y después de unos segundos por fin sentí el fuerte golpe que me causo el aterrizar, abrí los ojos con dificultad y me di cuenta de que algo había amortiguado mi caída, era Castiel que de alguna forma había llegado al furgón del final tren donde Nathaniel me había lanzado y aun que por un momento creí haber perdido un ala cuando aterrice violentamente, rápidamente descarte esa idea ya que por reflejo las intente mover por debajo de la gabardina para revisar que todo estuviera en su lugar, estaba dolorida pero no rota y ello me aliviaba. No pude pensar mucho, ya que rápidamente me acerque al borde del caboos para saber que había pasado con Nathaniel que ahora estaba rodeado de hombres listos para lastimarlo.
El rubio enojado dio un gran alarido como el que habíamos escuchado anteriormente y comenzó a ser atacado, por lastima a pesar de su gran fuerza sobre humana no podría escapar de todos ellos, el se había sacrificado por nosotros y siempre se lo agradecería
Mire a Castiel con tristeza mientras el aun observaba la violenta escena de Nathaniel intentando liberarse los hombres que lo intentaban atrapar con fuertes cadenas.
Pude ver que uno de ellos no estaba intentando capturarlo, era el Señor Fárres, el cual nos miraba mientras nos alejábamos pero no hizo nada, tal vez si nos hubiera intentado perseguir en ese momento nos hubiera alcanzado pero no lo hizo, solo nos miro por unos minutos y luego se volteo a ver a Nathaniel.
Mi acompañante que hasta ahora no había dicho nada decidió dejar de ver tal violencia y se volteo para caminar hacia la entrada del tren. Yo lo seguí resignado pero cuando estaba a punto de entrar escuche un último alarido de dolor de Nathaniel el cual fue tan desgarrador que me puso la piel de gallina, tuve que utilizar toda mi fuerza de voluntad para no voltear y seguir adelante.
Logramos encontrar un vagón de carga vacío donde nos pusimos a descansar. Nadie decía nada, no había nada que decir, ya era oficial, éramos libres pero no podíamos celebrar después de ver esa terrible escena.
Castiel se veía acongojado mientras fumaba su último cigarrillo, y yo permanecía sentado en el suelo del vagón mientras pensaba todo lo que había pasado hasta ahora.

Me preguntaba cómo sería andar por las calle ahora que tenía la oportunidad, todo mi físico era anormal, yo era muy alto, más que la mayoría de los hombres, mis cabello blanco y mis ojos bicolor era aun más llamativos y mis alas emplumadas ahora tendrían que estar siempre escondidas, sería un poco difícil acostumbrarse pero si había tantos mutantes escondidos en todo el mundo sin que la mayoría de la gente lo supiera entonces seguramente yo encontraría la forma de lograrlo.
Castiel tenía experiencia en ello y ahora estábamos juntos en esto.

-¿Adónde iremos ahora?-pregunte sin levantarme de mi lugar

-Lejos de aquí, muy lejos, seguiremos con nuestro plan y viajaremos hasta que encontraremos un lugar en donde podamos existir en paz-dijo tirando el cigarrillo ya apagado-estoy seguro de que en algún momento muy próximo evolucionaremos, el mundo evolucionará y comenzaran a aceptarnos-dijo decidido mirando el obscuro paisaje nocturno de afuera del vagón

Entonces entendí a lo que se refería mi hermano cuando dijo que el mundo aun no era seguro para nosotros, el tenía razón, aun no lo es, pero como dijo Castiel el mundo está cambiando, la sociedad también está cambiando, no nos pueden temer siempre, algún día abra alguien que se atreva a hablar, alguien con un ideal diferente, y a él se le unirán más y más hasta que se logren cambiar las cosas. Somos diferentes, y seguramente a muchos no les gustara pero no estamos solos, afuera hay más como nosotros, más fuertes, más inteligentes, y gente como la directora no podrá controlarnos a todos, pronto lugares como ese horrible circo serán destruidos, los mutantes se cansaran de estar escondidos y sumisos y se darán cuenta de que tenemos derecho de ser libres y felices. Castiel y yo no seremos ni los primeros ni los últimos en querer vivir mejor, y aun que mi hermano y Rosalya no lo hayan logrado, nosotros seguiremos hasta encontrar un lugar donde existir en paz.