Someone To Save You.
Disclaimer: Twilight no me pertenece, al igual que sus personajes. Todo pertenece a Stephenie Meyer.
Importante: Algunas cursivas son pensamientos.
Lean y dejen review: Dirty Sexy James: 4081501 (Harry Potter)
Gifts & Curses: 4094420 (Harry Potter)
You call it Madness, I call it Love: 4190620 (Twilight)
R&R!!
º0º0º0º0º
Capítulo Cuatro: Brighter Than Sunshine.
I never saw it happening
I'd given up and given in
I just couldn't take the hurt again
What a feeling
Jacob POV.
Esperé un par de días antes de volverlas a ver. Supuse que estarían algo ocupadas. En especial Krista con su práctica de violín. Pero me había equivocado. Ella practicaba solamente diez minutos, luego se aburría y lo dejaba de lado. Y Keira pasaba las tardes sentada en su balcón, sin hacer nada más que quedarse allí con los ojos cerrados y jugar con su cabello. Pensé que Krista saldría a leer, pero su niñera no la dejaba salir.
Así que un día, me decidí a ir a verla. A ella, no a Keira. Me escabullí por el jardín, procurando que nadie me viera. Escalé la muralla y llegué a su balcón. Traté de hacerlo lo más silencioso posible, pero soy algo torpe. Me tropecé con un macetero y mi torpeza hizo que se rompiera. Krista corrió la cortina y trató de escuchar a la persona o animal que había roto el macetero. Mi respiración comenzó a agitarse. Fue ahí, cuando la vi sonreír.
-Hola, Jacob.
-¿Cómo me descubres siempre?
-¿Quieres que te diga la verdad?
-Por favor.
Ella entró a su habitación y yo la seguí.
-Primero, ¿puedes cerrar la puerta que da al balcón?
Obedecí. Ella se sentó sobre su cama y me indicó que me sentara a su lado. Pero yo me senté frente a ella. Ella rió.
-¿Qué pasa?
-Es que…
-¿Qué?
-Tu olor.
-¿Qué pasa con mi olor?-pregunté ofendido.
¿Qué tenía de malo mi olor?
-Lo siento, no quise ofenderte.
-No pasa nada.-traté de calmarme- ¿Qué tiene que ver mi olor en todo esto?
-Te puedo reconocer por tu olor.
-¿Ah, si?
-Así es.
-¿A que huelo?
-…
-Oh, vamos. Me lo puedes decir.
-No porque te vas a ofender…de nuevo.
-No me ofenderé…
-No te creo, Jacob Black.
-Te lo juro.
-Ya te confesé que sabía que eras tú por tu olor. Ahora no te voy a decir a que hueles.
-No seas miedosa.
-No soy miedosa.
-¿Entonces…?
-Es sólo que, no quiero que te ofendas.
Se paró de su cama y se dirigió a su puerta. Cerró con seguro y puso música para que no se escuchara nuestra conversación desde afuera. Volvió a sentarse sobre la cama y dirigió su mirada hacia el suelo.
-No te voy a morder ni comer.-le dije.
Ella sonrió. Quise reírme de la ironía de mi frase, pero ella interrumpió mis pensamientos con su dulce voz.
-Lo sé.
-¿Entonces…?-volví a decir.
-No lo sé…
-¿Es que no confías en mí?
-No me digas eso. Tú sabes que confío en ti, Jacob.
-Entonces, ¿Por qué no me lo dices? ¿A que huelo? No puede ser tan malo.
Jugó con sus dedos un par de segundos y luego levantó su mirada.
-A perro mojado.-se encogió de hombros rápidamente.
La miré perplejo.
-¡Lo siento, Jacob!
No dije nada. Pude notar que estaba arrepentida por lo que había dicho. De la nada, comencé a reírme a carcajadas. Y ella me miró desconcertada. No podía parar de reírme. ¿Mi olor era igual al de un perro mojado? ¿Eso era lo que ella olía? ¡Esto era muy gracioso! Nunca nadie me había dicho que olía a perro mojado. Esta era algo nuevo. Sabía que cuando se los contara a los demás, se morirían de la risa.
-¿Jacob?
-Lo siento, lo siento.
-¿Qué es tan gracioso?
-Lo que dijiste con respecto a mi olor.
-¿Eso es gracioso? Pensé que te había ofendido…
-No, nunca me ofenderás con una estupidez como esa. No te preocupes.
-Oh, ok. Como tú digas.
La risa todavía no dejaba de brotar de mis labios. Al parecer, no podía evitarlo. Tuve que usar todo mi autocontrol para calmarme un poco y seguir conversando.
-Entonces… ¿Qué has estado haciendo estos días?
Se tiró sobre la cama y suspiró.
-¿Eso es un "nada interesante"?
-Así es. Me tienen cautiva en mi habitación, practicando con mi horrible violín día y noche.
-Lo sé.
-¿Lo sabes?
-Estuve observándote por varios días. Además, te vi el otro día discutiendo con tu madre en la cocina.
-¿Viste eso?
Sus mejillas se tiñeron de rosa. Comenzó a moverse de manera incómoda sobre la cama.
-Lo siento, no debí espiarte.
-Está bien. No hay problema. Es sólo que…
-No digas nada. Ahora, por fin, te comprendo. Tu madre es horrible.
Sonrió y susurró un débil:
-Puede ser.
Nos quedamos en silencio, como siempre lo hacíamos. Sentí ganas de tirarme sobre la cama al igual que ella. Hace semanas que no dormía sobre una cama decente y ya estaba comenzando a sentir los estragos del suelo duro de la cueva. Como si estuviera escuchando mis pensamientos, Krista se hizo a un lado y me dejó un espacio en la cama.
-¿Quieres acostarte un rato?
-Por favor.-dije.
Me acosté a su lado y cerré los ojos. ¡Necesitaba sentir la suavidad y comodidad del colchón! Mi respiración comenzó hacerse cada vez más suave. Poco a poco me quedé dormido y no supe nada más. Lo único que pude sentir por varios minutos fueron las caricias de una cálida mano. Los dedos se movían delicadamente por mi rostro y lo recorrían. Sentía el calor de esos dedos, pero no podía distinguir si era un sueño o no. Me moví y solté un gruñido, pero los dedos se quedaron allí.
Abrí lentamente los ojos y la luz me cegó. Pestañeé varias veces hasta que pude acostumbrarme completamente a la luz. Fue entonces cuando la vi. Krista me miraba con una dulce sonrisa en su rostro. Su mano derecha estaba extendida hacia mí, pero la apartó de mi rostro cuando notó que estaba despierto.
-¿Cuánto dormí?
-Un par de horas.
-¿¡Un par de horas!?
Me incorporé rápidamente y observé hacia afuera. El sol se estaba poniendo. Me levanté, pero ella me agarró el brazo.
-No te vayas, Jacob.
-Yo…
¡Diablos! ¿Qué era lo que debía hacer? ¿Debía quedarme o debía irme? En ese momento alguien tocó la puerta.
-Por favor, no me abandones.-susurró ella.
-No te voy a abandonar. Es sólo que, no encuentro apropiado quedarme en la habitación de una señorita durante la noche.-susurré.
-Me estás jugando una broma, ¿cierto?
-No, ¿Por qué lo dices?
-¡Porque has estado roncando toda la tarde sobre mi cama!
-Eso es diferente.
-No lo es.
-Sí, lo es.
Se cruzó de brazos y resopló. Volvieron a tocar la puerta. Y ella volvió a ignorarlo.
-Yo quiero que te quedes.
-No me voy a quedar y no hagas un escándalo.
-¡No soy a hacer un escándalo!
-Pareciera que lo vas a hacer.
-Entonces, vete.
-¿Ahora me estás echando?-bromeé.
-No te entiendo, Jacob.-suspiró.
-Respóndeme una sola pregunta.
-Lo que desees, Jacob.
-¿Para que quieres que me quede?
Se quedó en silencio. Al parecer, estaba pensando muy bien su respuesta. Volvieron a tocar la puerta. Ella suspiró.
-¿Quién es?-preguntó.
-¡Soy yo!-dijo Keira.- ¡Ábreme ahora o llamo a mamá!
Krista se paró y caminó hacia la puerta. La abrió y Keira entró. Frunció el ceño al verme en la habitación de su hermana.
-¿Qué haces tú aquí?-me preguntó.
-Vine a hablar con tu hermana.
-¿Es por eso que no me abrías la puerta?
-Eh…no.
-Eres la peor mentirosa que conozco.-dijo Keira.
-¿Entonces?-pregunté cambiando de tema.
-Entonces, ¿Qué?-preguntó Keira.
-No te estoy hablando a ti.
-¡Que eres molesto, Jake!
-¿Jake?-preguntó Krista, pero ninguno de los dos le hicimos caso.
-Tú eres la molesta. ¿Para qué viniste?
-Tú eres el que no debería estar acá.
-No peleen…
-¿Yo? tú eres la que no debe estar acá.
-¡Déjame decirte una cosa, Jake…!
-¡Ya cállense!-gritó Krista.- ¡Por Dios! ¿Es que no se callarán nunca?
Keira y yo la miramos sorprendidos.
-Keira, Jacob ya se iba. Y Jacob, me gustaría saber más sobre ella.
-¿Ella?
-Tu chica, Jacob.
-¿Quieres saber más sobre Bella?
-¿Bella? ¿Es así como se llama? Es un lindo nombre. ¿Es guapa? Debe serlo, para que alguien tan guapo como tú se haya fijado en ella…
-No digas estupideces.-dijo Keira.- Ja, como si eso fuera cierto.
La miré molesto.
-¿Qué tratas de insinuar?-le pregunté.
-¿Yo? nada.
-No comiencen de nuevo.-nos amenazó Krista.
Me crucé de brazos, al igual que Keira. Los dos nos quedamos en silencio. Mirándonos con "odio", por así decirlo.
-¿Qué está pasando?-nos preguntó Krista.- ¿Qué están haciendo?
-La ley del hielo.-dijo Keira.
-¿Qué es eso?-le pregunté.
Keira omitió mi comentario y desvió la mirada.
-No puedo creer lo infantil que eres, Keira.-dijo Krista.
-No soy infantil.
-¿Qué es la ley del hielo?
-Krista, ¿le puedes explicar a Jake lo que es la ley del hielo? Yo no puedo hablar con él.
-Jacob, Keira quiere que te explique la ley del hielo.
-¿No me lo puede explicar ella?
-No, porque te está aplicando la ley del hielo.
-¿Y por eso no me puede hablar?
-Así es-Krista se encogió de hombros.
-¡Que infantil eres, Keira!
Comencé a reírme a carcajadas. Krista me imitó. Keira se dio media vuelta y comenzó a caminar hacia la puerta. En ese momento alguien tocó la puerta. Keira volteó y me miró haciéndome una seña con la cabeza. Me metí rápidamente al closet. Escuché como ella abría la puerta.
-¿Quién es?-preguntó Keira.
-¿Es que ya no me reconoces?-escuché decir una voz masculina.
-¡Papá!-chilló ella.
-¿Cómo está mi hermosa princesita?
-Muy bien.-dijo Keira.
-¡Papi!-dijo Krista.
-¿Cómo está mi otra princesita?
-Muy bien.
-¿De verdad?
-Te lo juro que todo está bien.-dijo Krista.
-Eso espero. Y ¿Qué me cuentan?
-Nada nuevo.-dijo Keira.
-Todo sigue como antes.-dijo Krista.
-Me sorprende que no estés en el jardín leyendo, Krista.
Abrí un poco la puerta del closet y observé al padre de Krista y Keira por un par de minutos. Se veía amable, como si fuera una buena persona. Una que comprendiera muy bien a sus hijas.
-Es que…hum, estuve practicando con el violín.-mintió Krista.
-¿Está todo bien, Krista?-volvió a preguntar.
Pude notar que desconfiaba de la respuesta de su hija.
-Todo bien, papi. No te preocupes.
-Como tú digas, princesita. Bueno, ahora me iré a desempacar. Las veo en la cena.
-Nos vemos.-dijeron al unísono.
El padre de las gemelas le dio un beso en la frente a cada una y se marchó. Krista cerró la puerta y yo salí del closet.
-¿Por qué no le dices la verdad?-pregunté.
-¿Con que propósito? Lo único que haré es que mi padre se enfade con mi madre.
Volvió a tirarse sobre la cama.
-Si quieres, te puedo conversar sobre Bella.
Ella sonrió.
-Me encantaría.
-¿Se han olvidado que yo también estoy acá?-preguntó Keira.
-Pensé que no podía hablar contigo.-le dije divertido.
Ella puso los ojos en blanco. Bufó y se marchó de la habitación de su hermana.
-¿Qué quieres que te cuente sobre ella?
-No lo sé…cualquier cosa.
Se concentró en mi voz. Sabía que estría pendiente de cada cosa que diría.
-Es la chica más hermosa que he visto en toda mi vida. Y también es mayor que yo. Cumple los diecinueve el trece de septiembre. Tiene la sonrisa más dulce que he visto. Y cuando se ríe… ¡Dios! Cuando se ríe, cada célula de mi cuerpo se pone feliz.
Pude notar como su rostro se entristecía poco a poco. Pero no pude distinguir la razón de su comportamiento.
-Me encanta cuando está conmigo porque me hace feliz. Y yo a ella. Pero eso no fue lo suficientemente necesario para que se quedara a mi lado. Ella eligió casarse con su novio de la escuela.
-Continúa…
-No tengo nada más que contarte. Bella es la persona más maravillosa que he conocido en mi vida y nadie podrá llegar a su nivel nunca.
No quería contarle detalles. No quería recordar a Bella. Era muy doloroso, ya que la herida todavía no se curaba. Nos quedamos en silencio, ese silencio incómodo que me molestaba mucho.
-¿Te incomodé con lo que dije?
-Para nada. Yo soy de las personas a las cuales les puedes contar cualquier cosa.
-Eres una gran amiga.
-Así es, soy una gran amiga.-pude notar que se sentía incómoda al decir eso.
-Cambiando de tema, ¿Keira se enfadó conmigo?
-No.
-¿De verdad?
-Así es, ella es algo orgullosa. Pero no está enfadada. Si lo estuviera, te hubiese pegado.
-Wow, gracias por el dato…
-De nada.
-Tengo otra cosa que preguntarte.
-Adelante.
-¿No te gustaría ver?
-Nop
-¿De verdad? ¿Ni un poquito?
-No, estoy bien como estoy.
-Sabes…yo conozco a un doctor que quizás te pueda ayudar.
-Lamento decírtelo, pero creo que es imposible.
-¿Por qué lo dices?
-Porque mis padres hicieron que todos los grandes doctores de Estados Unidos me vieran.
-Pero quizás les faltó este.
-¿Cómo se llama?
-Cullen, Carlisle Cullen.
Ella comenzó a reírse a carcajadas.
-¿Qué es lo gracioso?-le pregunté.
-El doctor Cullen fue quien me diagnosticó la ceguera. Mi madre lo odia porque piensa que fue su culpa que haya quedado de esta forma.
-¿Él fue quien te diagnosticó la ceguera?
No podía dejar de sorprenderme con eso. ¿Krista había conocido a un chupasangre? Y no era cualquier chupasangre, eran los Cullen.
-Así es, los Cullen vivieron durante dos años aquí. Yo sólo los vi un par de veces. Aún así, recuerdo lo guapo que su hijo Edward era. Recuerdo que mi niñera estaba loquita por él. ¿Cómo conoces a los Cullen?
-Están viviendo en Forks.
-¿Forks? ¿Tú vivías allí?
-Así es, yo soy de allí.
-¿Qué es de Edward? ¿Ya se casó?
-Eh…sí.-respondí.
-Que bueno. Espero que se haya casado con una buena chica, ya que él era muy amable conmigo. Al igual que su hermana…
Krista se quedó en silencio un par de segundos. Al parecer, estaba tratando de recordar su nombre.
-¿Alice?
-No, la otra.
-¿Rosalie?
-¡Eso, Rosalie! Ella era muy amable conmigo. Siempre me compraba dulces y esas cosas.
-¿Ella era amable contigo?
-Así es, y Keira adoraba al hermano de Edward. Si no me equivoco se llamaba Emmett.
-Me sorprende lo de Rosalie…-dije con algo de disgusto.
-¿Por qué lo preguntas?
-Porque cuando yo la conocí, era muy amargada y pesada.
-La describes totalmente opuesto a lo que yo recuerdo.
-Quizás cambió con el tiempo.-sugerí.
-Puede ser. Aunque me sorprendería mucho si la viera amargada…
Reí con ganas. Luego miré hacia fuera. Ya era tarde.
-Tengo que irme.
-¿Volverás?
-Puede ser…
Frunció el ceño.
-Ok, mañana nos vemos. No es necesario que me pongas esa cara…
-Yo no pongo ninguna cara.
-Como digas.
Le di un beso en la mejilla y salí por el balcón. En ves de marcharme de su casa, me pasé al balcón continuo. Ésta era la habitación de Keira. Entré, porque su ventana estaba abierta. Pude notar que estaba lleno de fotos de ella con Krista. Su habitación estaba pintada de una forma extraña. Entrar a su habitación, era como estar observando un campo de girasoles. En todas las paredes había pintado un campo de girasoles con un hermoso cielo azulado. Y en el techo, estaba el sol y un par de nubes. Una puerta se abrió y apareció Keira. Estaba saliendo del baño. Me miró extrañada. Cerró la puerta ruidosamente.
-¿Qué haces acá?-me preguntó.
Caminó hacia su cama y recogió un montón de revistas que había sobre ésta.
-Venía a hablar contigo.
-Te escucho.-dijo.
Me quedé en silencio. No sabía como comenzar. Mientras yo estaba parado allí, ella ordenaba su pieza.
-Me gusta tu pared.
-Gracias.
-¿Tú la pintaste?
-Así es.
-¿Girasoles?
-Amo los girasoles. Además, esa era vista desde mi ventana en la casa de mi abuela materna.
-¿Era?
-Mi abuela murió hace tres años y mi mamá decidió vender la casa.
-Era una linda vista.
-Lo sé. ¿Para eso has venido?
-Eh, no.
-¿Entonces?
Inhalé y exhalé varias veces hasta que reuní el coraje necesario para hablar. Estas cosas no eran fáciles para mí.
-Vine a disculparme.
-¿Por qué?
-Por pelear contigo.
-Está bien, no hay problema.
-¿De verdad?
-Sí.
-¿No me quieres matar?
Ella dejó de hacer lo que estaba haciendo y me miró.
-No, no te quiero matar. Tendré mi orgullo pero, por algún motivo extraño, encuentro entretenido pelear contigo. Eres una persona fácil de molestar.
-Ay pero que chistosa.-dije con ironía.
-Acostúmbrate, Jake. Cuando me entretiene algo, no dejo de hacerlo.
-O sea, ¿me vas a llevar la contra todo el rato?
-Lo más probable.
Suspiré resignado.
-Como quieras.
-Nos vemos mañana, Jake.
-Buenas noches, Keira.
Salí de su habitación y me dirigí a mi cueva. Esas hermanas…tenían algo especial. Y esa cosa "especial" me confundía. ¿Cuál de las dos me caía mejor? ¿La tierna Krista o la arrolladora Keira?
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Surfer Babe 69
