Hola chicos y chicas, se que ha pasado mucho tiempo desde la ultima vez que actualicé mi historia, os pido perdon, pero he sufrido un pérdida muy grande, de un ser que significó mucho para mí y es a quien le dedico este capítulo y toda la historia. Como siempre dejadme vuestros comentarios. Y sin más preámbulos comenzamos...

Capítulo III Infamia

El doctor Jaeger ya estaba de regreso en su casa, en su hogar. Llegó con los primeros rayos de sol, bajó del carruaje a toda prisa, llevando consigo su maleta. Tenía tantas ganas de ver a su familia, de estar con ellos...de repente un pensamiento hizo que se detuviera, todavía en su cabeza resonaban con fuerza las palabras de Kenny, no le había dado una respuesta, simplemente le dijo que lo tenía que consultar con su esposa e hija.

Su situación era desesperada, pero no podía vender a Mikasa como una mercancía ¿o sí?.. En su casa todavía nadie estaba despierto, por lo que decidió darle una sorpresa a Carla. Entró en la habitación sin hacer ruido y le dio un beso en la mejilla para despertarla. A pesar de los años que tenían juntos, Jaeger la seguía amando como antes, como cuando se casaron. Sabía de sobra que Carla no correspondía sus sentimientos, en el fondo algo le decía que ella estaba enamorada de otra persona cuando se casó, pero eso no le importó, ya que durante todos estos años había intentado de todas las formas posibles que ella se enamorara de él, y después de tanto tiempo por fin lo había conseguido.

Carla se despertó sorprendida por la llegada de su esposo ya que no se esperaba el regreso de su marido antes de lo esperado.

-Grisha ¿qué haces aquí tan pronto? Pensaba que ibas a tardar unos cuantos días más en regresar-

-Carla, he regresado porque la situación es peor de lo que me esperaba, fui con la excusa de ver a Kenny, pero en realidad yo... fui a pedir dinero a los bancos-

-¿Y que pasó?- preguntó Carla, intrigada por la respuesta de su marido

-Nadie nos quiere prestar el dinero que necesitamos, me han negado el préstamo en todos los bancos a los que fui- respondió el médico, mirando hacia abajo evitando el contacto con su esposa.

-Grisha, que vamos a hacer, esta situación es desesperante- contestó Carla, poniéndose de pie.

-Volveré a trabajar mujer, abriré una pequeña consulta en casa y podré...

-¿Estás loco? ¿Cómo se te ocurre?, me niego a que vuelvas a trabajar como un simple médico y aunque lo hicieras tardarías años para afrontar la deuda que tenemos- cuestionó su esposa, levantando cada vez más la voz.

-Carla es la única opción que tenemos-

-No, no es la única opción, me niego a vivir como una indigente-

-Lamentablemente, cariño no hay otra opción- respondió el médico

-Si que la hay- dijo Carla. -Debemos hacer que Mikasa se case con alguno de los pretendientes que nos han pedido su mano-

-Pero que dices mujer, eso jamás-

-Y dime ¿por qué? ¿acaso yo tuve la opción de elegir?, el mundo es así y hay que aceptarlo, ella se tiene que casar y ese matrimonio nos salvará de la ruina- dijo Carla muy convencida.

-Todos los pretendientes que han pedido su mano tienen más o menos mi edad, o incluso muchos años más que yo, son mayores para ella, ¿pretendes que de a mi hija a un viejo?.

-Si no hay otra opción. Ella lo tendrá que aceptar.-

-Me niego rotundamente Carla. No daré a mi hija a un depravado al que le gusten las jovencitas, al que tenga que cuidar y en pocos años incluso le tenga que asear. Antes de eso prefiero que se case con el hijo bastardo de Kenny…

-¿Qué hijo bastardo?- preguntó Carla con mucha curiosidad.

-No, no he es nada, olvídate del asunto- contesto Grisha, restándole importancia.

-Dime quien es, sabes que lo averiguaré tarde o temprano- dijo Carla amenazante.

-Está bien- resopló resignado -Es un hijo que tuvo con una prostituta hace años y al que Kenny quiere dejar toda su fortuna, está moribundo, y me ha dicho que quiere que nuestra hija sea su esposa-

-Grisha, pero ¿es enserio o es no una broma?- Preguntó Carla

-Es enserio Carla, pero no voy a vender a Mikasa como un trozo de carne, eso jamás-

-Pero cariño, si Kenny tiene todo el dinero que necesitamos, además que si se casa con su hijo, Mikasa nunca pasará por problemas económicos. Debes hablar con tu amigo y decirle que aceptamos-

-Carla nuestra situación es delicada, pero Mikasa no es una mercancía que puedo vender, entiéndelo. Ademas nuestra hija es la única que tiene la última palabra. No hay nada más que discutir.- respondió el médico a su esposa, saliendo de la habitación.

***

Por las noches como ya se había hecho costumbre, Eren se encontraba en un bar sentado, apostando y bebiendo. Jugando a otra partida de póquer, ya había sido derrotado en tres juegos antes, pero eso poco le importaba, en este tiempo había perdido mucho dinero e incluso había firmado varios pagarés. Sus amigos le decían que parase de una vez, que se retirara ya que no tenía más dinero con el que apostar, y firmar pagarés tan a la ligera… le traería problemas en el futuro con sus padres.

El joven Jaeger poco le importaba las advertencias de sus amigos, por lo que continuo con la partida. Y tal como habían previsto sus allegados en esta mano también perdió. Borracho y molesto comenzó a discutir con los demás jugadores, alegando juego sucio. Como era de esperar aquellas acusaciones del joven hicieron que todos terminaran discutiendo e incluso algunos llegaron a los golpes.

El más perjudicado fue Eren al que le acusaron de mentiroso, le dieron varios golpes, y no conformes con esto le amenazaron con ir a donde su padre personalmente si el no respondía con las deudas de juego. A pocos metros de él había una persona que lo miraba de forma curiosa, intrigada por la identidad del sujeto, se acercó de forma sigilosa hasta donde se encontraba la pelea y sí, había oído bien, la persona que se encontraba a pocos metros de él, era ni más ni menos que Eren Jaeger, el hermano de su querida novia. No lo había conocido hasta ahora, y mucho menos se iba a presentar como el prometido de su hermana, simplemente no era su mejor opción y dada en la situación que se encontraba tenía que actuar con cautela. Por lo que decidió darse la vuelta y sentarse en uno de los largos taburetes de la barra del bar, desde donde podía ver todo el revuelo que había provocado su "cuñado".

Por haber provocado el enfrentamiento al joven Jaeger lo echaron a patadas de aquel lugar. Y una vez que se fue comenzaron las murmuraciones. Varios caballeros presentes hablaron de lo mal que le iba económicamente a la familia Jaeger. Jean escuchaba atentamente todos los comentarios y no conforme con esto, motivado por su curiosidad, decidió preguntar a una de las personas que se encontraban hablando sobre el tema. Se llevó una gran sorpresa al descubrir que la mujer con la que se pretendía casar, en poco tiempo iba a estar en la ruina. Era cierto que Mikasa era hermosa, dulce y encantadora, pero eso no bastaba para él. Siempre había sido ambicioso, y dado que Mikasa no le podría ofrecer aquello que el quería, decidió desaparecer para siempre de la vida de la joven. Al fin y al cabo nunca estuvo enamorado de ella...

***

Mikasa estaba triste porque hace algunos días que no había visto a su novio, no le había escrito ninguna carta y eso era raro, le preguntó varias veces a la doncella de confianza la cual solía esconder sus cartas, pero esta vez no había ninguna. La joven se ahogaba en su casa, todo el día era lo mismo, tocar el piano, coser y bordar, y por la tarde ir a la iglesia. Necesitaba ver a su novio, por lo que decidió que en la tarde iría a verlo al cuartel. Diría que tal vez era su prima o su vecina... algo se le ocurriría.

Pronto llegó la tarde, por lo que se cambió de ropa, se puso uno de sus vestidos favoritos, un largo vestido blanco bordado con varias flores de color amarillo, por debajo de la ropa llevaba puesto un corset que ajustaba su cintura haciéndola ver más pequeña, se recogió el pelo en una trenza, puso un poco de carmín en sus labios y salió a toda prisa de su casa, con la excusa de que se iba a confesar. Su madre no sospechó en absoluto, por lo que la dejó ir sin problemas.

Había tardado media hora más o menos hasta que llegó a las puertas del cuartel, vino una persona a recibirla, era un sargento que se encontraba por ahí y que casualmente había escuchado el nombre de Jean, se acercó a Mikasa y le dijo que el mencionado no se encontraba en el cuartel, dado que era su día de permiso, y que por lo general solía ir a un parque cercano a descansar y a dar una vuelta.

Mikasa, le dio las gracias por la información, se despidió del militar y acto seguido se dirigió hasta el lugar indicado por el mismo. Estaba bastante ilusionada por ver a su amado después de días sin saber de él, aunque en el fondo sentía que algo no iba bien, era muy extraño que no le dijera nada sobre sus días libres, y lo que era más raro aun: que no le haya buscado en todo este tiempo… "seguramente ha estado muy ocupado y no ha tenido tiempo" pensó Mikasa. El parque al que se dirigía estaba a unas cuantas manzanas de donde se encontraba, pero había ido tan deprisa que en pocos minutos ya había llegado a su destino.

La joven mientras caminaba buscaba con la mirada a algún militar por los alrededores. Pero no había nadie, después de una media hora se dio por vencida ya que era hora de regresar a su casa, de lo contrario tendría problemas con su madre. De camino a casa vio una escena que le llamó la atención, a lo lejos sentados en un banco, estaban dos jóvenes, se veían muy enamorados, se besaban apasionadamente, habían elegido un lugar apartado para que nadie los viera. La joven tenía el cabello rubio, y el chico tenía el cabello marrón….

No supo porqué pero Mikasa se fue acercando cada vez más y más a la joven pareja que ahora se encontraba a pocos pasos de ella. No podía creer lo que veían sus ojos. Las lágrimas no tardaron en bajar por sus mejillas, frente a ella se encontraba su amado con una conocida suya, Annie...

Mikasa se fue tan rápido como pudo de aquel lugar, de aquel maldito lugar, las lágrimas no paraban de salir de sus ojos, estaba destrozada, no podía creer que en tan solo unos instantes su "pequeño mundo" se viniera abajo. Los dos amantes se quedaron paralizados, observando como la joven de alejaba cada vez más. Por un lado Jean se quedó quieto, no supo que hacer o que decir, le había pillado por sorpresa la aparición de Mikasa, tanto su cuerpo como sus labios se quedaron paralizados... por otro lado la joven rubia, si había visto a su "amiga" acercarse pero no le importó, siguió besando a su amado. Quería que los descubriera, quería que se diera cuenta de una vez y por todas, de la relación que mantenía con el joven soldado. Mientras la azabache se alejaba, una sonrisa se formó en el rostro de Annie. Satisfecha por lo que había conseguido.

Mikasa llegó rápidamente a su casa, no había parado de llorar en todo el camino, quería ir a su habitación y tumbarse en la cama para llorar, para desahogarse, necesitaba hacerlo. Sin embargo no podía dejar que su familia y más concretamente su madre la viera en ese estado, ya que se suponía que se había ido a la iglesia. No tenía forma alguna de explicar el porqué estaba llorando como una Magdalena...

Se detuvo en la entrada de su casa, y con toda la fuerza de voluntad que tenía, limpió sus lágrimas con la manga de su vestido, arregló su cabello y se lo puso detrás de las orejas. Pasó sus dedos por su rostro, para asegurarse que no había rastros de ninguna lágrima. Y finalmente se decidió a entrar.

No se había visto en ningún espejo por lo que dudaba que su aspecto estuviera bien cuidado como siempre. Así que con pasos ligeros y para no levantar sospechas se dirigió al recibidor principal. Iba de camino a las escaleras cuando una voz detrás suya hizo que se diera la vuelta, deteniendo su avance por completo.

-Veo que ya has llegado, hoy no has tardado mucho- sentada en el sofá estaba su madre bordando un precioso vestido.

-Buenas tardes madre, hoy no había mucha gente en confesión, por eso tardé menos de lo esperado-

-No se que tanto tienes que hacer en ese lugar, una jovencita tan buena y decente como tu, no tiene pecados- dijo Carla estudiando cada gesto de su hija, ante lo que acababa de decir.

-Todos tenemos pecados madre, ninguno de nosotros está libre de ellos-respondió un poco nerviosa

-Bueno, vamos a dejar la religión para otro día, tu padre ya está devuelta en casa. Así que hoy vamos a preparar algo especial para él. Me ayudarás en la cocina, le vamos a preparar su platillo favorito-

-Si madre, como usted diga-

La joven subió las escaleras con desgana, no tenía ganas de hacer nada, pero sabía que tenía que aparentar frente a su familia. Llegó a su habitación y cerró la puerta tras de sí. Dio un profundo suspiro y se dejó caer. Las lágrimas no tardaron en aparecer, la escena que contempló hace algunos minutos no dejaba su cabeza, su corazón estaba destrozado. Y lo peor de todo es que tenía que sufrir en silencio, ya que nadie de su círculo entendería que una jovencita como ella, haya estado viéndose a escondidas con un militar de bajo rango. Y que encima de eso, le haya engañado con una "amiga" suya, se sentía realmente estúpida y tonta.

Annie nunca había sido su amiga, es más siempre le había visto como a una rival, era muy soberbia, orgullosa y bastante mala. Había tenido un pequeño romance con su hermano Eren, nada serio, pero lo suficiente para saber lo manipuladora y falsa que era. Tenía que saludarla y tener conversaciones por cortesía, al fin y al cabo podía convertirse en su cuñada. Por lo que su madre obligaba a Mikasa salir a dar paseos con su "amiga". Los paseos siempre los daban por el parque, hablaban de cosas sin importancia. Y el poco tiempo que compartieron juntas, Mikasa la llegó realmente a apreciar. Pero parece que Annie no compartía ese sentimiento.

-Sabía que estarías llorando, crees que soy tan tonta como para no darme cuenta de lo que estabas haciendo en mis narices-

-Madre... ¿qué hace en mi habitación?- respondió Mikasa sorprendida, por la aparición de su progenitora.

-Lo sé hace algunas semanas, no creía que tú fueras tan devota, al punto de ir casi todas las tardes a la iglesia- dijo con sarcasmo -Se puede saber ¿quién te crees que eres para ir detrás de un militar de clase baja, sin ningún tipo de distinción y sin fortuna?-

-Madre, puede estar tranquila, el y yo jamás volveremos a estar juntos, si eso es todo lo que me quería decir le ruego que me deje sola-

-No, no solamente es eso lo que te tenía que decir, te vengo a exigir que de una vez y por todas te cases, tu padre ha vuelto con la peor de las noticias. Nadie en este maldito país nos quiere prestar dinero, en poco tiempo vamos a estar en la calle. Y mientras tú que haces, llorando por un miserable, que seguramente prefirió a otra antes que a ti-

-Ya basta madre, no voy a permitir que me siga insultando, estoy harta de usted. Quiero que se vaya ahora mismo de mi habitación-

-No, no me iré Mikasa, hasta que aceptes de una buena vez casarte. Porque si no lo haces le contaré todo a tu padre, lo de tu aventura con el militar ese, y te juro por Dios que tu padre no descansará hasta que lo rete a un duelo, por la falta tan grave que ha cometido, al fijar sus ojos en alguien como tu. Seguramente, lo mate o peor aún maten a tu padre-

Mikasa estaba asimilando todo lo que su madre le estaba diciendo, no podía entender cómo la vida, su vida se estaba jodiendo en tan poco tiempo. Todo se estaba viniendo abajo, pero las palabras de su madre calaron fondo, sabía que no podía poner en riesgo la vida, y el honor de su padre y de toda la familia, que diría la gente si se enterase de que la hija de buena familia, había tenido un romance clandestino y que la cabeza de familia se iba a enfrentar a un militar de bajo rango, por el honor de su hija. Seguramente las habladurías no tardarían en llegar, y pensarían que incluso pasó "algo más" entre ellos dos.

-No tengo elección verdad, madre- la joven se puso de pie, mirando fijamente a su progenitora.

-Más bien te estoy dando una oportunidad, hija. Hazlo por el bien de la familia. Y también hazlo por mantener nuestro buen nombre-

-Nunca he sido su hija preferida, eso lo sé, es más he llegado a pensar que tal vez nunca deseó que naciera. Pero pensé que tal vez mi madre se compadecería de mi, que me entendería. Me han roto el corazón y no he escuchado ninguna palabra amable de su parte, ninguna muestra de afecto- las lágrimas de Mikasa no paraban de salir, aún así mantenía la vista firme y no titubeaba.

-Mikasa, no me vengas con sentimentalismos. Somos mujeres y nuestro deber es obedecer, primero a tus padres y luego a tu esposo, solo te pido que cumplas con el rol que la sociedad ha querido para nosotras, si te has enamorado de un "don nadie" es tu culpa, y de nadie más, así que asume las consecuencias de tus actos, y dame una respuesta de una vez-

La joven azabache se sentó en su cama, todo lo que había expresado a su progenitora no sirvió para nada. La persona en quien había confiado a quien había entregado su corazón le había traicionado. Y el tener que soportar a su Madre era un verdadero martirio. Nunca pensó que diría esto, pero dentro de lo malo, era el mal menor…

-Está bien Madre, yo me casaré, y espero que ese día llegue pronto. Ya que no quiero ver su cara nunca más-

Afueras de París

-Señor esta carta acaba de llegar para usted, la envían desde Lyon-

-Está bien, ahora retírate, voy a leerla-

-Si señor como usted diga-

Lyon, diciembre de 1825

Estimado Kenny, te escribo esta carta porque tú eres la única persona que nos ha tendido la mano y nos quiere ayudar. Sabes de sobra de nuestros problemas económicos, tanto los derroches de mi hijo así como las malas cosechas y la mala gestión en las haciendas, han hecho que nos veamos envueltos en esta mala situación económica. Hemos considerado tu oferta y tanto mi marido así como mi hija y yo hemos decidido aceptarla. Estamos a tu disposición, así que en cuanto tú nos digas nos reuniremos para la pedida de mano y para fijar la fecha de la boda. Espero que te mejores y que pronto nos veamos.

Un saludo

Carla Jaeger

"Así que al final aceptan mi propuesta, es hora de hablar con el notario" Kenny llevó su mano a la mesita y agitó con fuerza la campana, haciendo que rápidamente uno de los sirvientes entrara en la habitación.

-Si señor-

-Avisa inmediatamente a mi notario, y también que alguien vaya a buscar a Erwin-

-Si señor, como usted ordene-

París, varias semanas después

Tres semanas habían pasado desde que conoció a su padre, en todo este tiempo no había dejado de pensar en él, se parecían y mucho: los dos eran arrogantes, soberbios, el azabache se vio claramente reflejado en su progenitor. Pero no iba aceptar de ninguna forma ser su hijo, nunca se ocupó de el, Levi había tenido incluso que buscar en la basura para comer. Mientras que su padre y toda su familia, se daban banquetes, vestían bien, tenían una vida sin preocupaciones...Para Levi buscar una nueva vida era imposible, por un lado su fama y por otro lado las deudas que tenía con un grupo de mafiosos, hacían que su vida no fuera para nada fácil.

Caminaba de vuelta a su hogar, había sido un día muy duro, había conseguido algo de dinero de varios robos, pero no era suficiente como para saldar su deuda, pero por lo menos le serviría para que le concedieran un poco más de tiempo. Estaba oscureciendo y pronto la noche caería, en unos cuentos pasos estaría en la entrada de la pensión, levantó la mirada y a pocos metros de él, vislumbró a un individuo, bien vestido con traje negro, corbata y zapatos relucientes. Bastante alto y bien parecido. Parecía que estaba esperando a alguien, era raro ver a gente tan bien vestida por aquellos suburbios... Levi le quitó importancia y siguió su camino. Se paró frente al portal con la intención de entrar.

-¿Señor Ackerman?- dijeron a sus espaldas, haciendo que Levi se diera la vuelta.

-Buenas noches señor Ackerman, soy Smith, Erwin Smith, el abogado de su padre-

-No me interesa como se llame, ahora apártese de mi vista- respondió el azabache

-Lamento comunicarle que su padre a muerto y es mi deber informarle que ahora usted es su único heredero….-

Continuará …..