Capitulo 3:

Naruto Uzumaki.

El maldito infierno.

La primera persona que rompió mi corazón.

La última vez que lo había visto, su cabello estaba un poco largo, su brazo libre de tinta, y mediamos el mismo tamaño. Ahora su cabello se encontraba muy diferente. Su brazo derecho tenía tatuajes, y no quería saber en que otra parte de su cuerpo tenía más de ellos. Y por supuesto, ahora estaba por lo menos una cabeza más alto que yo.

Se había mudado de la ciudad con su familia, hace tres años. Y no esperaba volverlo a ver nunca más. Pero como el destino nunca esta para satisfacerte, aquí estaba él. Con la misma y estúpida sonrisa de siempre.

Nunca olvidó el rostro de una persona, y menos el de la primera persona que rompió mi corazón. Dicen que el primer corazón roto, es el más doloroso. El que siempre deja una herida abierta, imposible de cerrar. Solía pensar que era una chica inteligente, hasta que me enamore de él.

La primera vez que te enamoras estas dispuesta a todo. Dispuesta a dar todo de ti, entregar todo. Podrías aceptar los errores del otro, solo porque lo amas. Pero a veces no es suficiente. A veces, algunas personas no están hechas el uno para el otro— tan cursi como suene eso.

Ambos sabíamos que terminaríamos con el corazón roto, desde el primer momento en que nos vimos el uno al otro, y aun así lo intentamos. Nunca debimos empezar a salir. Pero la primera vez que lo vi… la misma sonrisa de siempre, que llegaba hasta los ojos y podía derretir a cualquier chica. Fue inevitable, y lo hubiera sido para cualquier chica. Los chicos apuestos, son atractivos. Pero aquellos que son apuestos y te hacen reír, madre mía, cuidado con ellos. Era inevitable no sonreír cuando lo tenía conmigo, pero no todo en una relación son rosas. Teníamos peleas, peleas que ahora que lo pienso fueron por estúpidas cosas, cosas sin sentido alguno.

Ese chico había roto mi corazón en pequeños pedacitos. Toda la ciudad parecía haberse enterado de la mudanza de la familia Uzumaki, todos menos yo. Yo era su novia, demonios, y él no me había dicho nada. Yo era la última en enterarme. Fui a su casa para pedirle explicaciones, para saber si por lo menos íbamos a seguir intentando lo nuestro. Él solo me dijo que quería algo más que una chica de pueblo que iba a quedarse estancada aquí, quería algo menos corriente. Me rompió el corazón...

Y aun así, ese día, el día que se iban, fui a su casa. Tocaba la puerta sin obtener respuesta alguna. Fue su vecina la que tuvo que decirme que se habían mudado hace un día. Nada de llamadas, explicaciones que nunca tuve. Prometí nunca volver a ser tan estúpida. Prometí no entregarle todo mi corazón a una persona que no valía la pena.

Pero cuando choqué con él en la puerta del café, cuando sentí su mirada—mirada que lograba llegar hasta la parte más profunda de mí, no pude evitar sentirme confundida. No pude evitar ir a buscarlo. Y me odie a mí misma, por ser tan débil.

Naruto Uzumaki había vuelto, y había sacudido todo mi mundo en menos de un día.

Las heridas cierran, pero quedan siempre las cicatrices. Cicatrices que te recuerdan el pasado. Y lo que yo menos quería era que Naruto volviera a mi vida, porque estaba completamente segura que todo terminaría en un desastre. Y no quería volver a ser yo la destrozada.

SSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS

—No sé porque demonios seguimos haciendo lo mismo todos los jueves. Neji tiene veinte y yo diecinueve, ya no somos niños. —se quejó Brandon mientras chequeaba las películas que papá había traído de la tienda.

—Porque es una tradición familiar, idiota. —le respondió Neji lanzándole un puñado de palomitas de maíz directamente a la cara.

— ¿Y porque Luke puede saltarse, imbécil? —le preguntó Brandon nuevamente lanzándole ahora él un puñado de palomitas.

—Chicos, como dijeron ya no son niños, compórtense como adultos. —les reprendió mi padre comenzando a colocar la película elegida para hoy en el DVD.

Esta era la injusticia de vivir en una casa donde la mayoría son hombres. Por lo menos Brandon estaba en el equipo de la mayoría, quienes en este caso eran los chicos. A mamá poco le importaba, ella realmente solo estaba sentada en el sofá leyendo la última edición de su revista favorita. Yo podría traer cualquier libro, y los chicos no se darían cuenta, pero la idea no era muy tentadora.

—Zombis. ¿Cuántas veces de "Jueves de película" vamos viendo películas de zombis? —me quejé ahora yo, haciendo puchero como una niña de cinco años.

—Lo siento, Hina. El próximo jueves elegirás tú. —dijo papá, y los chicos no se quejaron.

No se quejaron porque sabían que papá nunca me dejaría elegir una de las películas de los jueves, era algo sagrado para él. Y él seguía pensando que eligiria una estúpida película de como una chica cuenta su cursi historia de amor. Paso.

Por lo menos en la película de esta semana, los personajes principales no tenían sexo mientras el mundo se venía abajo. Oh no claro que no, sigan en lo suyo, el mundo se está destruyendo, pero ustedes pueden seguir teniendo sexo.

Suficiente de sesos y toda esa cosa de zombis. Me levanté del sofá y caminé hacia la cocina en medio de la película, me serví un vaso lleno de agua y me lo tomé todo de un solo sorbo. La cocina estaba hecha un completo desastre, y obviamente ni Brandon ni Neji tenían en sus planes ayudar con la limpieza. Reuní todos los paquetes de palomitas de maíz para microondas y los arroje a la basura. El contenedor estaba hasta el tope, esta casa estaba de patas arribas. Tomé la bolsa de basura negra, cuidando de que no se caya nada de desperdicios al suelo.

El aire frio de la noche golpeo mi cara cuando abrí la puerta de nuestro jardín trasero, abrí el enorme acumulador de desperdicios y coloqué la enorme bolsa ahí.

—Y yo que te iba a ayudar…

Naruto estaba recostado contra uno de los muros de la casa, sus brazos cruzados estaban sobre su pecho. Y puedo asegurarles, que a pesar de la noche sus ojos azules resaltaban entre la oscuridad. Traía puesto una chaqueta de cuero, encima de una camiseta con cuello de forma de v. Sonrió de oreja a oreja, acercándose hasta donde yo me encontraba.

— ¿Qué haces aquí? —pregunté confundida.

—Creí que como tú me habías ido a buscar al café, lo justo sería que yo te venga a visitar a ti.

—Yo no te fui a buscar. —negué fulminándolo con la mirada.

—Sigue negándolo. De todas maneras, ¿Quién era el tipo que estaba contigo en el café esa noche? —preguntó tratando de no mostrar mucho interés.

—No es tu asunto. Puedes irte. —dije, pero el simplemente ignoro mis palabras.

— ¿Te has hecho algo en el cabello? Se ve más azul de lo normal. —dijo sosteniendo un mechón de este entre sus dedos. Me aleje lo suficiente haciendo que el mechón entre sus dedos cayera, y dejara mi cabello libre. —Me gustaba más cuando estaba oscuro.

—Lárgate. —dije y me di vuelta, dispuesta a entrar a mi casa, pero no caminé lo suficientemente rápido, porque Naruto posó su mano en mi cintura, me dio vuelta y atrajo mi cuerpo al suyo. Y todo eso paso muy rápido.

— ¿Me extrañaste, Hinata? —preguntó en un susurro contra mi oído.

—No—mentí en parte.

Hubo un tiempo en que lo hice. Lo extrañe realmente y fantaseaba que algún día podría regresar, pero pensé que si a él le hubiera estado interesado en saber de mí, simplemente hubiera marcado un numero en su teléfono y haberme llamado. No era tan difícil. Pero el obviamente nunca había marcado, ni enviado ningún mensaje. No había oído hablar de Naruto Uzumaki, hasta que lo vi hace una noche.

No sabía que el cantaba, nunca lo había hecho. Tal vez fue una de las miles cosas que nunca quiso compartir conmigo.

Pero aquí estábamos, nuestros cuerpos sin que nos sepárese la mínima distancia, podía sentir sus respiraciones en mi oído y sentir el latido de sus corazones. Inhalé y todo su aroma llego a mí, olía delicioso. Dolorosamente delicioso. El perfume de Jackson, mi novio, me daba ganas de vomitar, nunca se lo había dicho, pero cada vez que estaba cerca lograba marearme por lo fuerte que era. Un hormigueo me recorrió al recordar donde se encontraba su mano, en la parte más baja de mi cintura. Mi mente le ordenaba al resto de mi cuerpo que se alejara, era lo más inteligente realmente, pero el resto de mi cuerpo no parecía dispuesto a aceptar esa orden. Se quedó completamente inmóvil.

— ¿De verdad? Porque yo sí te extrañe a ti. —me estremecí. Era sorprendente como solo diciendo eso, podía afectarme de esa manera.

— ¿Hinata, no te han comido los zombis o algo por el estilo no? —la voz de Brandon me devolvió a la realidad.

Me alejé completamente de Naruto. Quien ahora observaba con una sonrisa arrogante en los labios a Brandon. Este se encontraba con el ceño fruncido, mirando a Naruto y a mi varias veces. No sabía si Brandon era capaz de reconocer a Naruto con los años, con toda la melena que tenía como cabello y los tatuajes por su brazo, lo hacia una tarea un poco difícil. Brandon se encogió de hombros, y cerró la puerta trasera de la casa, dejándonos a ambos solos nuevamente.

— ¿Jueves de película? —preguntó devolviendo sus brazos a su posición original.

—Aun lo recuerdas.

—Por supuesto que sí.

— ¿Qué estás haciendo de vuelta en la ciudad, Naruto? —pregunté de una vez. Porque la duda me estaba consumiendo viva. —Dudo que sea por mí.

— ¿Por qué dices eso? —preguntó claramente confundido.

—Si hubieras querido saber de mí, hubieras llamado hace—hice como estuviera calculando el tiempo en mi cabeza, —tres años.

Su rostro se quedó paralizado, sin reflejar ninguna emoción.

—Estoy aquí con mi banda. Estamos haciéndolo bien, tenemos contratos con una cadena de bares y cafés por todo el estado.

—Eso suena bien. Me gustaría quedarme a conversar contigo…no, en realidad no me gustaría quedarme a hacer nada contigo…como sea, tengo una película que terminar que ver.

—Cuando dije lo que dije hoy en la mañana, no estaba bromeando. No eres más mi Hinata. Ahora pareces…una modelo plástica. —comentó cuando estaba a punto de llegar a la puerta, haciendo que volviera a donde él se encontraba. La forma en que lo dijo, me hizo sentir como si fuera un reclamo contra mí.

— ¿Acabas de llamarme plástica? —fruncí el ceño. Él era la persona que menos derecho a criticar lo que era y lo que no era. Él había perdido ese derecho cuando se fue.

—Dije "Modelo plástica". ¿Por qué las mujeres solo escuchan la parte mala?

—Adiós, Naruto. Espero que seas feliz, o lo que sea que quieras hacer con tu vida. Ya te superé.

— ¿Enserio? ¿Lo hiciste? Creo que me acabas de romper el corazón. —se burló.

"De la misma manera que tu rompiste el mío—pensé."

—Si ya me superaste, —dio un paso acercándose más a mí. — ¿Por qué sigues llevando esto?

Levantó el pequeño dije en forma de "H" que llevaba colgado de mi cuello. Sonrió de oreja a oreja, haciéndome sonrojar. Me sentí estúpida, y…avergonzada. Sabía que tenía que haberme deshecho de ese collar hace mucho tiempo, pero seguía llevándolo a todos lados conmigo.

Aún recuerdo claramente la noche que me lo regalo. Cumplíamos apenas un mes, nada de tiempo. Pero aun así me lo dio. En ese momento el collar me parecía lo más hermosos sobre la faz de la tierra. Él me había hecho prometer que nunca me lo quitaría, y me pareció estúpido que a pesar de todo seguía llevándolo en mi cuello. En este instante tenía ganas de arrancarlo de mi cuello y tirarlo al suelo.

—Porque yo si mantengo mis promesas.

—Dulce Hinata, tu mejor que nadie…sabes que yo también. —viré los ojos y me aleje completamente de él. —Solo dame una noche, responderé todas tus preguntas. Solo una noche.

La idea de aceptar era muy tentadora, digo, podría obtener la respuesta a la pregunta que me he estado haciendo desde la noche que abandono la cuidad. Pero eso llevaría mi orgullo hasta el suelo.

—Vamos Hinata, solo será una noche. Prometo portarme bien.

Liberé un largo suspiro y asentí. No sabía en qué me estaba metiendo. Porque con Naruto Uzumaki, solo puedes esperar lo inesperado...

SSSSSSSSSSSSSSSSSSSS

Continuará, comenten :)