Advertencias: En este capítulo, ninguna realmente. Quizá, otra vez, (sí otra vez) no muy exagerado Ooc.


¡Disfruta de la lectura!


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4章

HELADO

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Sakura veía las calles y los edificios pasar, estaba sorprendía ante ese mundo el cual no había visto desde hace años atrás. Mientras miraba, sostenía en su regazo al conejo de felpa que Naruto le había dado.

Sasuke que conducía, divisaba a la niña por el retrovisor. Naruto estando de copiloto hablaba y hablaba, según él, para no tener el ambiente tan callado.

—Y dime, Sakura ¿Qué tal la has pasado en casa de Sasuke? —inquirió el rubio enviándole una miradita curiosa a la niña.

El moreno la miró, de nuevo por el retrovisor, admitía sentir curiosidad ante su respuesta. Sakura sonrió abiertamente.

— ¡La he pasado muy bien! Todos allí son amables conmigo y siempre ando jugando…Yo, me siento muy feliz estando allí. —respondió la chiquilla, tomando a su conejo en un dulce abrazo.

—Que bueno. Espero que siempre sea así. —le deseó Naruto de manera honesta.

—Igual yo. —dijo nuevamente la niña. El Uchiha se mantuvo en silencio, escuchando la conversación con expresión seria.

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Fueron al parque "Yoyogi*" uno de los más grandes de Tokio y el más animado. El lugar era bastante extenso, donde se podían dar largas y agradables caminatas. Por ser lunes, el sitio estaba más despejado de lo usual. Había gente corriendo, comiendo, paseando, haciendo ejercicio, andando en bicicleta, paseando a su perro, jugando beisbol y un sin fin de cosas más.

Sakura se emocionó al estar en ese lugar repleto de árboles y con un vasto pasto verde. Se podría correr sobre él y no adivinar el final de este.

La niña comenzó a recorrer aquel enorme lugar, con ambos jóvenes siguiéndole el paso.

— ¿Hoy llega tu papá, cierto? — preguntó Naruto que caminaba a un lado de Sasuke.

—Sí, pienso hablar con él pase lo que pase. —afirmó el pelinegro serio.

—Será lo mejor. Ya sabes, cualquier cosa no dudes en avisarme. —recordó su amigo señalándolo.

Se detuvieron al ver a la niña pararse frente a un grupo de jóvenes que practicaban artes marciales. Sakura los miraba con atención y con cierta admiración.

— ¿Qué arte marcial es esa? —preguntó, esperando que alguno de los dos chicos le respondiera.

—Es "aikidō*"—dijo Sasuke adelantándose a Naruto. La niña no preguntó más y continuó mirando al grupo entrenar.

Siguieron caminando por varias horas más. Incluso se habían detenido en algunas de las canchas a jugar algún deporte. Cuando el trío ya estaba exhausto, optaron por irse y comprar algo que les refrescara. Pararon en la tienda más cercana a comprar helados sencillos. Se sentaron en una banca y comenzaron a degustarlos.

— ¿Te has divertido, Sakura? —le cuestionó el rubio a la niña que lamía felizmente de su helado.

— ¡Bastante! —exclamó la pequeña alegre. —Vengamos otra vez.

—Claro, cuantas veces quieras. —estimuló Naruto regalándole una enorme sonrisa. Sakura igualmente le regresó el gesto y continuó relamiendo su postre con entusiasmo. Sasuke levantó una ceja al ser la primera vez en ver a alguien disfrutar tanto de un helado.

—Que si no te gustan los helados ¿Eh? —comentó Naruto leyendo los pensamientos de Sasuke. Sakura se detuvo y se encogió de hombros.

—Es que hace tiempo que no los comía. La última vez que los comí fue cuando mi papá me llevo de compras con él. Era pequeña, pero aún logro recordarlo.—explicó Sakura de lo más normal. Naruto se incomodó al tener que sacarle aquel tema de conversación, aun sí, decidió continuar preguntándole sobre el asunto, al notar que la niña seguía imperturbable.

— ¿Y cómo se llamaba tu papá?

Sakura miró al cielo para luego volver a mirar a Naruto.

—Kazuki. Y si me acuerdo bien, su nombre completo era Haruno Kazuki.

Sasuke abrió los ojos de par en par. ¡El apellido! Que excelente pista les había dado. El chico siempre quiso preguntarle su nombre completo, pero al limitarse en decirse a sí misma "Sakura" y nada más, supuso que no tendría apellidos o no los recordaría. Naruto, por otro lado, se había quedado con la boca abierta.

—Oye tú ¿Por qué no nos habías dicho antes tu apellido? —recriminó Sasuke severo. La niña se quedó callada agachando la cabeza desanimada. El rubio empujó a Sasuke por el brazo.

—No seas duro con ella, Sasuke. —reprendió Naruto frunciendo los labios y el entrecejo.

—Lo siento, pero como casi nunca me presentaban con mi apellido, simplemente deje de utilizarlo. —declaró Sakura, interrumpiendo la pequeña pelea que ambos amigos comenzaban a montar. Naruto ya se encontraba tirando de un mechón de cabello de Sasuke y este tenía la palma de su mano sobre la cara del rubio. Ambos se detuvieron y volvieron a guardar compostura. Sakura, soltó una risita divertida.

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Ya se encontraban de regreso, esta vez, sólo estaban Sasuke y Sakura, Naruto había regresado por su cuenta a su casa. En el trascurso del camino, la niña se había quedado dormida en el asiento del copiloto. Había estado corriendo por doquier, por lo que había terminado más que cansada. En los semáforos, el joven le llegaba a dirigir la mirada, contemplando como dormía plácidamente.

Haruno. —recordó en voz alta el azabache.

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En cuanto estacionó el auto frente a su casa, bajo cargando a la niña en sus brazos. Con cuidado de no despertarla, se dirigió a la habitación de ella y la deposito en su cama. Sakura se removió en cuanto toco el colchón, pero no despertó, al menos eso fue lo que Sasuke notó. Después volvió a bajar, ya que, un empleado le había avisado que su padre ya había llegado y se encontraba en su oficina.

Fue directo hasta donde su padre estaba. El chico debía admitir que no sabía que decirle con exactitud a Fugaku. Sasuke resopló antes de tocar a la puerta de la oficina de su padre y esperar su inmediata respuesta. En cuanto entro, logró ver a su padre leyendo un par de documentos, usando unos lentes de aumento.

— ¿Qué pasa, Sasuke?

Habló el hombre. Su voz era gruesa y autoritaria, incluso podría decirse que intimidante. Fugaku no le dirigió la vista a su hijo, por lo que este decidió hablar de todos modos.

—Tengo que atender un asunto muy serio contigo. Es sobre tu hermano, Madara. —soltó el joven escrupuloso. Su padre se retiró los lentes y le dirigió su atención.

— ¿Qué pasa con tú tío?

Sasuke inhaló profundo antes de proseguir.

—Padre, quiero saber si tú…Si tú estabas consciente de que Madara compró a una niña y que la ha dejado a mí cargo. —dijo sin más rodeos. Fugaku aspiró profundo y soltó un fuerte golpe sobre su escritorio con la mano.

— ¡Ese bastardo! —bramó furioso el hombre. —Creí que solo era otra estúpida broma de él.

Al instante, Sasuke supo que su padre no sabía nada al respecto, y que, efectivamente, Fugaku había tomado las palabras de Madara como un mal chiste.

El señor suspiró y pronto volvió a tomar compostura, aunque todavía se notaba que seguía enojado por su manera de respirar.

— ¿Y qué paso con esa niña, sigue aquí? —interrogó su padre mesurado. Sasuke asintió.

—Sí. Itachi y yo creímos que sería lo mejor, hasta que tu llegaras y decidieras que hacer al respecto. —explicaba el Uchiha menor, aparentemente impasible.

—Muy bien. Me pareció prudente la decisión de ambos. —alabó el hombre. Calló por unos instantes, meditando las cosas. —Bien, esto es lo que haré. —habló de nuevo el señor con expresión seria. Sasuke no pudo evitar sentirse tenso ante lo que haría su padre. —Quiero que me cuentes todo lo que sepas de esa niña, Sasuke. La regresaremos con su familia. Mandaré a investigar su caso, Y si en dado caso no encontramos ningún familiar apto, ya veremos qué hacer.

Sasuke avaló las palabras de su padre, dando una pequeña reverencia. El pelinegro le tenía un enorme respeto a su padre, por lo que, aunque en ocasiones no estuviera de acuerdo con todo lo que este hacía o decía, aún así le obedecía.

El chico le comentó todo lo que él sabía de Sakura, tanto lo que ella le había platicado, como lo que recientemente habían descubierto de su apellido. Fugaku escuchaba con atención, una vez que Sasuke terminó, este habló:

—Excelente, con eso será más que suficiente para que mande a iniciar con la investigación. Por lo mientras, esa niña, Sakura, la enviaremos a un lugar especial a que se hagan cargo de ella. —sentenció Fugaku comenzando a buscar un número telefónico en una carpeta que tenía a la mano. Sasuke, al escuchar aquello, sintió un golpeteo en el pecho.

—Padre. —cortó el azabache. —¿Por qué no dejar que la niña se quede aquí, en lo que localizamos un familiar que se encargue de ella? Sakura al parecer ya se ha adaptado muy bien. No creo que otro cambio de ambiente sea lo mejor, menos si es un caso como el suyo.

Fugaku se le quedó viendo a su hijo con cierto recelo.

—Sasuke, te doy este consejo. Sera mejor que no te encariñes con esa niña. Ella no se puede quedar aquí permanentemente, y sabes perfectamente porqué.

—Lo sé, sólo fue una sugerencia. Sé que por ser el primer ministro, tanto tu imagen como la de tú hermano, puede verse afectada si los medios se llegaran a enterar. —reconocía el pelinegro, consciente de la situación, pero aún sabiendo el riesgo, no podía permitir que aquella niña pasara por más cambios y traumas. —Pero, es sólo una niña, otro ser humano que es capaz de pensar y sentir. Por eso digo, que más cambios no sería lo más recomendable.

Fugaku escuchó a su hijo, manteniendo una pose autoritaria y rigurosa.

—Está bien, tú ganas. Permitiré que esa niña se quede aquí, hasta que encontremos a alguien que se haga cargo de ella. —accedió el hombre no de muy buena gana—. Pero a cambio pido que sean lo más discretos posibles. ¿Estamos?

Sasuke volvió a asentir, su padre ordenó que se retirara y este obedeció al instante. Antes de irse, pudo mirar como Fugaku iba al teléfono. Cuando salió pudo escuchar que decía el nombre de "Madara" en no un muy buen tono de voz. Furioso, así de sencillo se oía. No se quedo a escuchar más, ya que, era algo que tenían que arreglar entre su padre y su tío, nadie más.

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Sasuke fue directo a su habitación. Hizo lo habitual, tomó una rápida ducha, se cambio y repasó un poco los apuntes de la escuela. Supuso que Sakura seguiría durmiendo al mirar la puerta que conectaba ambos cuartos.

Sin más y con los ojos cansados se fue a acostar, su cama no estaba hecha, lo cual le extrañó, pues Matsuri, era quien hacia las camas a diario. Las cobijas estaban hechas bolas, jaló una de ellas para cubrirse. Se sorprendió al ver a Sakura bajo de ellas, durmiendo de lo más tranquila.

— ¿Qué haces aquí? —profirió Sasuke airado, despertando al momento a la niña. Sakura se incorporó y talló su ojo izquierdo.

—Es que no encontraba a mi conejo. Entonces, recordé que lo deje en el auto, por eso fui a buscarte y decirte si podías abrir tu coche y dármelo. Pero como no te encontraba por ningún lado, decidí esperarte aquí. Después me empezó a dar mucho sueño y me quedé dormida —explicaba la chiquilla entre bostezos.

Sasuke hizo una cara de incomodidad.

—Mira, ahora ya es tarde como para que baje a buscar tu conejo al auto, mañana lo hago. Por ahora vete a dormir a tu cuarto. —ordenó el azabache tajante. Sakura emitió un quejido y se volvió a acostar, cubriéndose con las cobijas.

—No, tengo mucho sueño. No quiero levantarme.

Sasuke gruñó. Al parecer esa chiquilla era más molesta de lo que creía, a ese paso ella terminaría por acostumbrarse a dormir con él, cosa que el joven no deseaba por ningún motivo. No tuvo más remedio que resignarse. Al igual que ella, estaba un tanto fatigado como para ponerse a discutir. Apagó las luces y se tapó con la colcha.

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Sintió su cuerpo más pesado de lo normal, abrió los ojos lentamente. Sakura estaba sobre su pecho, durmiendo como si nada. El joven la apartó enseguida de un sólo empujón, notó como en su camisa de dormir había una mancha de baba, una mancha de baba de ella. El azabache soltó un ruidito de disgusto. Se giro a verla, dispuesto a reprenderla, pero la chiquilla seguía durmiendo, como si aquel empujón que le había dado, no fuera más que la brisa de la mañana.

Sasuke resopló, conformista. Se levantó y al instante se cambio para ir nuevamente al instituto. Justo antes que el joven abandonara la habitación, ya listo; Sakura se había despertado.

—Sasuke ¿A dónde vas?...Oh, cierto, a la escuela. —se respondió ella misma, para después estirace.

—Vuélvete a dormir, yo regreso más tarde.

Después de esto, el joven salió del cuarto y bajó a la cocina, donde su hermano mayor, de nuevo estaba tomando café y leyendo el periódico.

—Buenos días. —saludó Sasuke, tomando asiento frente a él.

—Buenos días, hermanito. —regresó el saludo, para luego darle un sorbo a su café. —Papá ya regreso. ¿Ya has hablado con él? —añadió Itachi, dejando a un lado el enorme papel que leía.

—Sí, ya lo hice. Como era algo seguro, papá mando a investigar si Sakura contaba con otro familiar que cuidara de ella. Por lo mientras ha permitido que se quede aquí, hasta entonces.

Una vez que Matsuri colocó la taza de café frente a Sasuke, este la tomó y bebió, esperando respuesta de su hermano.

—Ya veo. Bueno, lo más seguro es que papá llame a Ren.

El azabache alzó una ceja, no sabiendo quien era aquel sujeto mencionado.

—Es un detective privado, papá le tiene mucha confianza a ese señor. Y mucha razón, pues es muy bueno en su trabajo. —dijo Itachi, aclarando las dudas de su hermano.

Sasuke miró el líquido café obscuro que había dentro de su tasa. Si ese tal Ren era tan bueno, el chico tenía que hacerse la idea que la niña no permanecería mucho tiempo allí. Se reprendió mentalmente al dejarse sentir una punzada de tristeza ante la idea. Lo que menos tenía que hacer y evitar a toda costa, era encariñarse con ella.

—Sabes, me gustaría que Sakura, pudiera quedarse aquí. Parece ser una buena niña. —comentó Itachi, que estaba observando a su hermano menor desde hace rato. Sasuke desvió la mirada.

—Eso no pasara, papá ha sido muy claro con ello. —replicó el moreno severo. Itachi mostró una escueta sonrisa.

—Claro que si, tan sólo fue un comentario.

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La rutina de la escuela, era para él pelinegro, de nuevo monótona y aburrida. Ahora mismo se encontraba tomando la clase del profesor Iruka, el tema era geometría analítica. Al finalizar su hora, el profesor había formado parejas para un trabajo. Para su suerte, al chico lo habían emparejado con una chica, Karin, una pelirroja de lentes. Sasuke no dijo nada cuando esta se le acercó.

— ¡Tú, Uchiha! Más vale que te tomes este trabajo en serio. No permitiré fallas. —le gritó demandante. —Este trabajo se necesita hacer en casa, así que propongo la tuya. —sentencio Karin, cruzándose de brazos. El azabache se mantuvo indiferente ante la insolencia de aquella pelirroja.

—Te veo entonces en la salida. Esperare en mi auto. —respondió Sasuke, para luego pasar de la chica y dirigirse hacia donde estaba Naruto. El rubio se encontraba platicando con otro alumno de la clase, poniéndose de acuerdo para reunirse.

— ¡Teme! ¿Qué hay? —saludó el chico, cortando conversación con el otro muchacho. —Veo que te toco con la loca de Karin. —señaló Naruto una vez que este se acercó lo suficiente.

—Hmph, ni lo menciones. —contestó Sasuke con algo de fastidio. Y es que, de todas las chicas, sin duda alguna Karin era la más rara. Ya que primero lo trataba mal y a los cinco minutos se le insinuaba, simple y sencillamente no entendía a esa mujer.

—Ya, te entiendo. —apoyo el rubio, sabiendo a lo que su amigo se refería. — Por cierto ¿Qué te ha dicho tu padre, ya hablaste con él, no?

El moreno suspiró y no tuvo más remedio que contarle todo lo que había ocurrido. Naruto al final mostró una expresión afligida.

— ¡Pues qué va! A disfrutar a Sakura el tiempo que este aquí. —profirió el rubio optimista.

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Como habían quedado, Sasuke esperó a Karin a la hora de la salida, en su auto. La chica subió y una vez que arrancaron, la mujer se quito sus anteojos comenzándole hacer conversación al azabache. El tono mandón y autoritario de la chica, había sido sustituido por una voz melosa y seductora. Eso era precisamente lo que al joven más le frustraba.

En cuanto llegaron a casa del moreno, Karin volvió a colocarse sus lentes, bajando y siguiendo al chico, que la guió hasta la entrada de la casa.

Cuando ambos ya estaban dentro, Sasuke logró distinguir a una pequeña cabeza rosada correr hacia su dirección.

— ¡Sasuke!

La chiquilla estaba a punto de abrazarlo de no ser porque paró en seco, notando la presencia de Karin. Sakura se le quedó viendo detenidamente…


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Parque Yoyogi*:Es uno de los mayores parques de Tokio, Japón. Está situado junto a la Estación de Harajuku y el Santuario Meiji en Shibuya.

Aikido*: El aikidō ( "el camino de la energía y la armonía") es un gendai budō o arte marcial tradicional del Japón. Fue desarrollado inicialmente por el maestro Morihei Ueshiba (1883-1969), aproximadamente entre los años de 1930 y 1960.1

La característica fundamental del aikido es la búsqueda de la neutralización del contrario en situaciones de conflicto, dando lugar a la derrota del adversario sin dañarlo, en lugar de simplemente destruirlo o humillarlo. El Aikido busca formar a sus practicantes como promotores de la paz.