Anya entró en la habitación de Lexa sin llamar a la puerta, como solía hacer muy a menudo. La vio colocándose una camiseta blanca de espaldas a la puerta y se lanzó encima de la cama suspirando.
-El jodido Gustus está de un humor de perros hoy-Lexa la miró por encima del hombro.
-Puedes pasar, Anya… como en tu casa-Dijo con sorna y se acercó a donde había dejado sus botas la noche anterior.
-Pero enserio. Es sábado… ¿Cuál es su problema?
-El tío Gustus odia trabajar los sábados-Contestó Lexa ya calzada y se acercó al espejo peinándose el largo cabello con la mano.
Tenía ojeras.
Eso no era muy extraño. Generalmente se desvelaba pensando en cómo llegar a fin de mes o en como comprarle ropa nueva o libros nuevos a Aden para que acabara sus estudios… pero la noche anterior había estado pensando en unos ojos azules y un lunar sexy…
-¿Y qué? Todos odiamos trabajar los sábados, pero no se puede ir por la vida con ese humor…
Lexa sonrió.
-Él lo hace.
-Y a veces tú también…
Lexa le mostró el dedo medio.
Anya había sido su amiga desde que había comenzado a trabajar para Gustus. Lexa a penas tenía dieciocho años. Había logrado graduarse de la preparatoria y su padre acababa de entrar en la cárcel. Ella y Aden no tenían casa, no tenían a penas dinero y el trabajo de medio tiempo que tenía no le alcanzaba para nada.
Gustus no era en realidad su tío, había sido amigo de su madre desde la infancia. Ambos eran originarios de Europa, de Croacia exactamente, de hecho Lexa hablaba un poco de croata gracias a su madre y a él. Recordaba las veces en las que Gustus había ido a visitar a su madre, Lexa solía disfrutar de las bromas del grandulón y casi siempre le llevaba alguna golosina… hasta que su padre se lo había prohibido a su madre. Era un hombre celoso e inseguro, y tenía arranques de ira que hacían que la pequeña Lexa se escondiera debajo de la cama.
Gustus había dejado de visitar a su madre y ella había entrado en una depresión luego de tener a Aden, y así su vida se había ido consumiendo poco a poco hasta que simplemente falleció.
Pero cuando ella y Aden se habían quedado sin nadie y sin nada, Gustus le había ofrecido a Lexa un lugar para quedarse. Ella era muy orgullosa, aún lo era, pero en ese momento el poder brindarle un techo a su hermano pequeño había predominado.
Y así había conocido a Anya.
Anya trabajaba desde hacía muchísimo tiempo con Gustus como administradora del taller. A ella le gustaba decir que eran algo así como socios. Gustus lo negaba en público, pero una vez le confesó a Lexa que Anya era la única persona en la que confiaba para manejar su negocio.
Debido a que al principio la parte de arriba del taller era usada como almacén, Lexa y Aden se mudaron con Anya durante un par de semanas. Gustus le había prometido a Lexa que habilitaría todo y que no tendría que pagarle ni siquiera alquiler.
Al principio Lexa había flipado bastante. Nunca nadie, (quizás solo su madre…) había sido así de amable con ella. Estaba bastante descolocada de que ese hombre apareciera de la nada y quisiera ayudarles. De hecho al inicio había desconfiado de sus intenciones… había aprendido a estar muy alerta con los hombres desde muy temprana edad gracias a los amigos de su padre, pero Anya le había asegurado una noche que no tenía nada que temer.
-El ayudar está en su ADN-Le había explicado mientras compartían una copa de vino. Se suponía que Lexa aún no podía tomar legalmente pero Anya no era de las que seguían las reglas-Su padre fue policía y su madre enfermera. Además tiene un hermano en la milicia…
-¿Y él decidió ser mecánico?
Anya había ladeado la cabeza.
-Creo que a estas alturas debes saber que no siempre tenemos una elección con respecto a donde terminamos en la vida, Lexa.
Y Lexa había meditado sobre eso.
Porque Anya tenía razón. Allí estaba ella, ocupando la casa de una extraña que poco a poco se ganaba su confianza. No era algo que hubiese decidido o planificado hacer. Simplemente sus circunstancias la habían llevado hasta allí.
Una lección que nunca olvidaría.
No puedes evitar que las circunstancias te lleven hacia algún lugar determinado… pero si puedes elegir quedarte.
Y lo había hecho, se había quedado. Porque estas personas que ni siquiera tenían su misma sangre, se habían portado con ella y su hermano, mucho mejor que cualquier otro familiar.
Y ella los consideraba su familia.
Anya era ocho años mayor que ella, por eso, más que una amiga la veía como una hermana mayor.
Y estaba agradecida de tenerla en su vida.
Claro que no solía decir esas cursilerías en voz alta. Pero al menos se lo demostraba a Anya con hechos.
-Oye, bonita chaqueta…-Se giró y vio a Anya mirando la chaqueta de Clarke.
La había lavado quitándole los restos de sangre y la había colgado en el perchero que tenía detrás de la puerta.
En realidad su habitación tenía pocas cosas llamativas y tan caras como esa, así que no se extrañaba que Anya la viese enseguida.
-No es mía.
La mujer soltó una risita.
-No me digas que te has traído a uno de tus ligues a casa…
-Sabes que nunca me he traído a ningún ligue a casa y no pienso hacerlo.
Anya sonrió a medias.
Lexa era muy popular entre las chicas. Y ella lo sabía de primera mano.
Anya solía trabajar los fines de semana como bartender en un famoso club de ambiente (más que todo por diversión y no por dinero). Cuando Aden se quedaba con Gustus, Lexa solía ir al club a relajarse y ligarse alguna chica de la que al otro día ni siquiera recordaba el nombre. No era algo que hacía muy a menudo, pero si algo que había comenzado a hacer desde que había terminado la relación con su ex. Cosa de la que no le gustaba hablar, así que Anya no lo mencionaba.
Suponía que el ligar y luego olvidar, era algo que la chica hacía para proteger su corazón. Y no la culpaba. Solo esperaba que en algún momento lograra conseguir a alguien que la hiciera feliz… que la hiciera sonreír otra vez. Dios sabía lo mucho que ella y Aden habían sufrido a muy corta edad.
Lexa se merecía que le pasaran cosas buenas.
Se merecía amar y ser amada. No un par de ligues de una noche.
Que si, estaban bien para cubrir sus necesidades carnales… pero más allá de eso…
-Muy bien. ¿De quién es la misteriosa y cara chaqueta entonces?-La miró con las cejas enarcadas y la cabeza apoyada en una mano.
-Es de Clarke-Gruñó Lexa de forma a penas imperceptible, mientras cogía la dichosa chaqueta y la doblaba de forma pulcra.
-¿Qué has dicho?
-Que es de Clarke…-Respondió más alto.
-¿Quién es Clarke?
-La dueña del Mercedes de colección-Respondió sin mirar a su amiga.
Anya se sentó enseguida, enderezando su posición.
-¿Y por qué demonios tienes la chaqueta de la dueña del Mercedes en tu habitación?
-Es una larga historia, Anya-Lexa abrió la puerta y salió hasta el salón, con Anya pisándole los talones.
En realidad la parte de arriba del taller no era muy amplia. Pero hacía las veces de un departamento muy cómodo con dos habitaciones y un baño.
Claro que no siempre había sido así. Poco a poco, con lo que le había ido pagando Gustus por su trabajo ella había llegado a hacer algo que estaba feliz de llamar "casa".
Y estaba muy orgullosa de eso.
-Oh no. No creas que te vas a ir sin contarme…
-No hay nada que contar-Le susurró-Y baja la voz, Aden está durmiendo y no quiero despertarle. Anoche no la pasó muy bien porque le dolía la nariz.
-Pues me parece muy bien. Así aprende la lección y no volverá a pelearse con nadie.
Lexa puso una mueca sirviendo una taza de café para ella y otra para Anya.
-No creo que sea tan sencillo-Le dio un sorbo a su taza-Ayer intenté convencerle de ver al consejero escolar y no quiere…
-Me pregunto a quien se parece-Lexa le hizo una mueca de burla y Anya rio divertida-No te preocupes, lo solucionaremos. Aden va a estar bien-Se acercó de nuevo a su amiga-Ahora cuéntame sobre Clarke…
Lexa puso los ojos en blanco dejando su taza de café a un lado.
-Tengo que trabajar-Anya notó que se llevaba la dichosa chaqueta debajo del brazo y sonrió llevándose la taza de café a los labios.
Bueno… esto era interesante.
Clarke lanzó una palomita de maíz al aire y la atrapó con su boca, mientras Octavia estaba sentada frente a ella en el salón, con la lista de invitados a su celebración de acción de gracias.
Pensaba que era divertido la forma en la que Octavia se tomaba todo tan enserio, tanto, que hasta había hecho un inventario de las cosas que necesitarían.
-Sabes que no sé cocinar ¿verdad?-Dijo la rubia lanzando otra palomita al aire, atrapándola de nuevo con su boca.
-Tengo más de un año viviendo contigo, Clarke. Creo que eso ha quedado bastante claro-Le respondió Octavia sin quitar la vista de su lista de preparativos-Pero Raven y yo cocinaremos mientras Lincoln y tú nos ayudáis.
-¿No es más fácil comprar todo listo?-Preguntó Clarke de forma práctica.
Octavia levantó la vista.
-¿Qué sentido tiene hacer una cena de acción de gracias si terminas comprando todo?
-Tiene mucho sentido. Sobre todo porque no me apetece pasar todo el día cocinando…
-Te acabo de decir que no cocinarás, solo nos darás una mano. Además, así gastamos menos dinero.
Clarke estuvo a punto de decirle que no se preocupara por eso, que ella pagaría, pero prefirió callarse.
Y de alguna manera Lexa apareció en su mente diciendo:
"¿Lo ves? no es necesario que yo sepa nada de ti. Tu misma te delatas"
Lexa…
No sabía porque pero no podía dejar de pensar en ella.
Bueno, sí que lo sabía.
Su último encuentro había sido un par de días atrás y ella aun podía recordar la forma en la que se sentía el cuerpo de la chica sobre el suyo y como estuvo a punto de besarla ates de que el hermano de ella apareciese y las interrumpiera.
Eso habría sido algo muy muy estúpido.
Sobre todo porque Lexa parecía tener cierta aversión hacia ella y probablemente con el carácter que se gastaba la morena, Clarke se habría ganado un puñetazo en el ojo.
Suspiró.
Estaba claro que Lexa la afectaba de una forma en la que ninguna chica, y joder, ningún chico, lo había hecho jamás.
Un cojín acabó estampado en su cara y Clarke se sobresaltó.
-¿Me estás escuchando?-Preguntó Octavia con mala leche-Deja de pensar en tonterías y ayúdame con esto-Clarke le regresó el cojín y Octavia lo esquivó-¿Qué demonios te pasa hoy?
-Estoy jodidamente cansada y he discutido con mi madre cuando le he dicho que no iré por acción de gracias-Mintió. Sí que había discutido con su madre, pero era Lexa quien la tenía así de distraída.
-Oh, drama con las madres… mis favoritos-Murmuró Octavia con sorna.
-Es la primera vez que no estaré en casa, supongo que es normal.
-¿Nunca has pasado acción de gracias fuera de casa?-Clarke negó-Bueno, eso es patético-Dijo de repente haciendo que Clarke riera.
-En realidad creo que lo he hecho para no decepcionarles. He vivido siempre intentando estar a la altura de sus expectativas…
-¿Y ya no?
-Creo que mi compañera de piso me ha influenciado de manera negativa.
-O simplemente te has cansado y vas a vivir la vida de verdad.
-Es difícil dejar los viejos hábitos.
-Tonterías-Bufó, pero Clarke pareció de pronto incomoda con el tema así que Octavia lo dejó-Entonces… ¿estos son todos los que vas a invitar? Mmm haría una lista final de diez personas.
-Me parece bien.
-Por supuesto yo me encargaré de la bebida.
-Por supuesto-Rió Clarke llevándose un puñado palomita de maíz a la boca.
El timbre sonó y Octavia se levantó como resorte.
-Ese debe ser Lincoln.
Abrió la puerta y saludó a su novio, que a su vez saludó a Clarke.
Lincoln era unos cuantos años mayor que Octavia. Trabajaba como bombero y la primera vez que Clarke lo había conocido, había pensado que Octavia lo había sacado de un calendario de ropa interior.
Era alto, fornido y tenía una sonrisa por la que Clarke estaba segura que muchas chicas habían caído rendidas a sus pies. Sin embargo Lincoln no era solo físico. Era un tío de lo más gracioso y además la forma en la que trataba a Octavia, con adoración absoluta y cariño, le decían claramente a Clarke que era un buen chico y un buen novio.
-Tu novia me está torturando con los preparativos de la cena de acción de gracias-El chico rió sentándose en el salón con Clarke.
-Octavia suele tomarse enserio estas cosas-Respondió mirando con cariño a la susodicha que estaba escribiendo más cosas en la lista.
-Cuando nuestra cena sea genial me lo agradecerás-La miró-Es nuestra primera cena como anfitrionas, no podemos hacer una cutrada.
Clarke puso los ojos en blanco y se puso de pie dejando el bol, que apenas tenía unas cuantas palomitas de maíz restantes, a un lado.
-Tengo cosas que estudiar y aún no me he duchado, así que si me disculpas…
-No creas que vas a salvarte de esta-Le susurró Lincoln y Clarke vio como Octavia le pagaba en el brazo.
Ambos rieron.
Mientras caminaba hacia su habitación el timbre sonó.
Clarke caminó tranquilamente hasta la puerta y la abrió mientras Octavia le contaba a Lincoln alguna cosa divertida que hizo que el estruendo de su risa se escuchara en todo el departamento.
-Hola, Clarke.
Bueno.
Definitivamente no se esperaba que fuese Lexa la que estuviera detrás de la puerta.
Lexa con su endiablado olor y su extraño magnetismo.
Enseguida se arrepintió de no haberse duchado antes.
¡¿Por qué demonios no se había duchado?! Eran las seis de la tarde por amor a dios.
Encima estaba vestida como una vagabunda y no sabía si su pelo se veía moderadamente presentable.
Deseó cerrar la puerta e irse a mirar a un espejo, pero eso hubiese sido extraño y grosero.
-Ho… hola… ¿Qué…?-Pudo balbucear en medio de los frenéticos pensamientos de su mente.
Lexa simplemente estiró algo y Clarke bajó la vista.
Era su chaqueta favorita. La que había dejado en el taller.
Oh.
Lexa había venido a devolvérsela.
Pero el auto estaría listo en nada.
¿Por qué Lexa iba a tomarse la molestia de ir hasta su casa…?
¿Y cómo era que Lexa sabía dónde vivía?
Estaba confundida.
Se dio cuenta de que Lexa aún tenía la chaqueta tendida así que la tomó, rozando sin querer los dedos de la morena.
Electricidad.
Cerró la puerta a su espalda y la miró.
Sus ojos verdes se veían inescrutables.
-Gracias. No debiste molestarte...
-No fue ninguna molestia. Vine a buscar un pedido para Gustus por aquí cerca.
-¿Cómo…?
-¿…supe dónde vives?-Sonrió a medias y Clarke lo adoró, adoraba cada gesto de esa malhumorada chica-Dejaste tu dirección entre tus datos y le eché una ojeada. Pensé que la extrañarías…-Le dijo señalando la chaqueta y Clarke se dio cuenta de que se veía algo apenada.
Era adorable.
-Lo hacía. Es mi favorita-Sonrió y notó que los ojos de Lexa se iluminaban-Pero de todas formas iría a buscar el auto el lunes, podrías habérmela dado ese día…
-No quería que pensaras que iba a robármela o algo.
-Nunca pensaría eso de ti-Dijo casi sin pensar y Lexa pareció sorprendida.
Clarke se dio cuenta de que estaba vestida con una camiseta de manga corta de color blanco que dejaba entrever un sujetador negro, unos vaqueros desgastados y unas botas negras. Y no había rastro de grasa o suciedad por ninguna parte.
Dios, que preciosa eres...
Como siempre le quitaba el aliento.
-Siento mucho si crees que fue un atrevimiento…
-No, no-Se apresuró a decir Clarke-De verdad te lo agradezco.
Lexa miró su brazo.
-¿Está mejor?-Estaba usando un jersey de manga larga así que la herida no estaba a la vista.
Clarke asintió.
-Te dije que no era nada-Ladeó la cabeza-¿Tu hermano está mejor?
Lexa pareció complacida por esa pregunta.
-Sí, los antinflamatorios hicieron efecto y ya está mucho mejor.
Se miraron y Clarke tuvo que apartar la vista por la intensidad de la mirada de la morena.
-Eh… debo irme y supongo que tienes cosas que hacer…-Comenzó a decir Lexa.
Clarke asintió.
-Gracias otra vez. Supongo que nos vemos el lunes.
-No lo creo. Debo ir a San Bernardino a buscar algunas cosas para el taller-Pareció molesta-Gustus no confía en nadie más para hacerlo.
-Oh.
O sea… que no volvería a verla.
No tendría otra excusa para volver a verla…
No.
No quería dejar de ver a Lexa.
No quería dejar de ver sus ojos ni sus labios que eran una tentación…
La escuchó suspirar.
-Adiós, Clarke…-Dio un par de pasos atrás.
-Lexa, espera-La aludida se giró mirando a Clarke-Yo… eh… bueno, ¿Tienes planes para acción de gracias?
La morena se llevó la mano a la parte de atrás del cuello de forma pensativa.
-Sí, supongo que tengo planes.
Clarke asintió una vez.
-Porque… si te apetece… mi compañera de piso y yo haremos una cena, que en realidad es una excusa para emborracharnos… así que si quieres puedes pasarte luego de la cena… habrá gente y tal... -Se mordió el labio-Si quieres y puedes, claro.
No quería sonar desesperada. No quería sonar como si su corazón latiera muy rápido y estuviera a punto de sufrir un colapso. Pero aparentemente no estaba haciendo demasiado para ocultarlo.
Por favor di que sí.
Di que sí…
-Muy bien. Intentaré pasar luego de la cena-Dijo la chica sin más y la comisura de sus labios se elevó casi imperceptiblemente en una pequeña sonrisa.
-Muy bien, te agregaré a la lista de invitados.
Las cejas de Lexa se elevaron.
-¿Hay una lista?
-Es una larga historia. Pero no te preocupes, no hay nada formal ni protocolar.
La otra chica se encogió de hombros.
-Solo me cercioraba, con las princesas nunca se sabe.
Clarke no pudo evitar sonreír.
-Nos vemos entonces.
-Adiós, princesa.
Cuando Lexa se marchó Clarke entró en su departamento con una gran sonrisa y miró la chaqueta que aun tenía en las manos.
No tenía rastros de sangre.
La olió y se dio cuenta de que olía muy bien. Como a suavizante.
Lexa había lavado su jodida chaqueta.
Lexa "la seria" se había tomado la molestia de lavar su chaqueta y traerla hasta su casa.
Se recostó en la puerta sintiendo su corazón latir muy rápido.
Quizás se estaba haciendo ilusiones de una forma tonta y sin sentido.
Pero Lexa se lo ponía jodidamente difícil haciendo cosas como traer su chaqueta completamente lavada y caminar por la vida con esos labios y esa mirada que prometía cosas que solo habitaban en la imaginación de Clarke.
-¿Buenas noticias?-Lincoln la miró apoyado en el marco que dividía el salón de la cocina.
-Muy buenas-Le respondió Clarke de forma criptica y pasó a su lado dando saltitos, haciendo reír al chico.
Siento si el capitulo esta vez fue muy largo jajaja. Esto va tomando forma ^^ dejenme saber que les parece! y mil gracias por cada comentario.
