-Vas a mojarte, Rukia.-

-Voy protegida.-

-Hace un día espantoso.-

-Sí. Hasta luego.-

-Hasta luego, Rukia.-

Le dio rabia y se consideró absurda. ¿Por qué le molesaba que Ichigo le hablara con tanta indiferencia?

Los días pasaron. Una noche, cuando Rukia salió del trabajo, Kaien la estaba esperando. Era un chico alto, cabello oscuro, distinguido, de mirada sarcástica. Matsumoto los vio marcharse y sintió temor. A ella no le gustaba el novio de su amiga. Presentía que iba a desilusionarla y que la haría sufrir.

Ya en el auto, Rukia le dijo a Kaien:

-Estás muy callado.-

-Es que estoy pensando en nosotros dos. Mis padres se enteraron de nuestra relación contigo y no les agrada.-

Rukia se estremeció . Pensó que Kaien no tenía que haber sido tan rudo para decírselo, pero no se lo reprochó.

-¿Qué objeciones ponen?-

-Tu condición social y económica.-

-Soy una muchacha decente.-

-Lo sé, pero eso no les importa.-

-Está bien, Kaien. ¿Y tú que piensas de todo esto?-

Kaien la miró con aburrimiento. Rukia era bellísima, pero demasiado decente y él estaba cansado de la monotonía. ¿Sus padres? Ni siquiera sabían de sus relaciones con la muchacha del barrio. A la hora de casarse, él haría con una chica de su clase, pero mientras tanto podría divertirse con cualquiera.

-Kaien, ¿has dejado de quererme?-

-Por supuesto que no, Rukia, pero tendremos que vernos un poco menos.-

-¿Menos? Esta semana has venido solo dos veces a verme. Si a tus padres no les gusto, lo siento, pero eres tú quien se va a casar conmigo, no ellos.-

Rukia no hubiera querido haber dicho eso, pero no pudo evitarlo. Kaien la contempló de modo raro.

Kaien no llegó a buscarla en toda la semana y Rukia sintió una terrible humillación. Era una buena muchacha, pero tenía dignidad y la ofensa era muy grande.

-¿Qué les ha pasado a ustedes dos? –le pregunto Matsumoto, extrañada.-

-No lo sé. Esta semana Kaien no ha venido a buscarme.-

Empezaron los chismes en la oficina. Todos le preguntaban a Matsumoto qué pasaba con el novio de Rukia.

-¿Se cansó de ella el hijo del coronel?- le dijo Renji, un compañero de trabajo, quien estaba enamorado de Rukia.

-No lo sé ni me interesa- respondió Matsumoto, molesta.

Días después, Renji le dijo directamente a Rukia.

-Vi a tu ex con una chica muy guapa, de la alta sociedad.-

Rukia no respondió, pero se hizo el firme propósito de tener novio. No le importaba quién fuera, lo haría por desquite y no sería ningún compañero de oficina.

Rukia no le contó a Matsumoto su propósito. Era su mejor amiga, pero incluso ante ella se sentía humillada por Kaien.

Ese día, al regresar del trabajo, Rukia y Matsumoto caminaban por luna calle céntrica cuando vieron que Kaien salía de una cafetería con una chica muy guapa. Rukia sintió como una bofetada en plena cara. La pareja pasó a su lado y Kaien las ignoró como si jamás las hubiese conocido. Las jóvenes siguieron silenciosas su camino. Matsumoto, nerviosa, le dijo a Rukia:

-Hay que ser fuerte. No merece la pena sufrir por ese tipo.-

-¿Sufrir? No sufro, Matsumoto. ¿Te gustaría ir al cine mañana?.-

-Sí, por supuesto.-

-Hasta mañana entonces.-

Las dos caminaron en direcciones opuestas. Rukia iba lentamente, y al acercarse a su casa vio a Ichigo. ¿La esperaba? Nunca lo supo, pero era demasiada coincidencia encontrarlo siempre a la misma hora de la noche, cerrando el taller.

De pronto, algo cambió dentro de Rukia. Al ver a Ichigo se detuvo. ¿Por qué no? No era elegante ni pertenecía al mundo de la alta sociedad, pero era un hombre en todo el sentido de la palabra y serviría para ocultar su humillación.

-Buenas noches, Rukia.-

-Hola, Ichigo.-

Siempre lo saludaba sin detenerse, pero esta vez fue diferente.

-¿Tienes planes para mañana? -le pregunto Ichigo-.

-No.-

-¿Lo hacemos juntos?-le sonrió-.

-Podemos ir a tomar una copa a Barajas por la tarde y después a la parilla de Rex. ¿Te parece?-

"¿Vestido así?", pensó Rukia, "Si Kaien me ve con Ichigo así, se reirá de mí".

-Está bien. Acepto.-

-A las 12 iré a buscarte.-

-Hasta mañana, entonces.-

Rukia siguió su camino. Le dolía la espalda, como si los ojos de Ichigo la taladraran en la oscuridad.

Al llegar a su casa llamó a Matsumoto.

-No podré ir contigo al cine, Matsumoto, Ichigo me invitó a ir a la parillada de Rex.-

-¿Quieres ir con nosotros?-

-Vaya…Eso es un lujo.-

-Por supuesto que no.-

Cuando colgaron, Matsumoto quedó pensativa. ¿Estaba Rukia usando a Ichigo como desquite? No le agradó. Era un hombre bueno y sencillo. No se merecía que lo utilizaran y se lo diría a Rukia.